He descubierto a la dibujante y escritora Phoebe Gloeckner -y sus obras "Vida de una niña" y "Diario de una adolescente"- gracias a un artículo de "Diagonal" (nº 106) sobre ’cómic feminista’:
La infancia, la adolescencia, el alcohol, las drogas y el sexo son parte de la ambientación. Phoebe, de nuevo, denuncia el abandono emocional y los abusos sexuales que sufrieron muchas de las niñas que crecieron durante la llamada ‘revolución sexual’, muy conseguido esta vez vía el sórdido realismo de sus ilustraciones. Y nuevamente, es la crónica de un proceso de madurez que se consigue incluso desde las condiciones más traumáticas.
Aquí va algo de información reunida desde la web http://www.entrecomics.com. Por mi parte, recomendar estas obras editadas en castellano por editorial "La Cúpula" -en 2005 y 2007, respectivamente-: no todos los días podemos dar con libros que tratan de una persona que camina hacia al mundo adulto sin frenos, sin pausas y sin ninguna guía, y lo hacen sin asomo alguno de moralina ni de hipocresia posesiva. Ojo también a los textos finales sobre el proyecto dedicado a los crimenes contra mujeres en Ciudad Juárez.
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Lecturas: "Vida de una niña", por Sergio Morales.
Phoebe Gloeckner es una autora de cómics desconocida. Normal, cuando su producción se limita a las dos recopilaciones Vida de una niña y Diario de una adolescente. En el libro que nos ocupa se recogen las historias cortas que ha realizado la autora a lo largo de veinte años. Sin ánimo de ser publicados, sólo como instrumento para expulsar los demonios internos, Phoebe Gloeckner descubre en sus dibujos una vida desgarradora, un sentimiento angustioso, con el nudo en el estómago y la rabia contenida, el ansia de canalizar todos sus ahogos hacia el exterior. No hay coherencia argumental entre los distintos relatos, el único nexo común es el de mostrarnos las distintas etapas de la mujer moderna. La niña que sufre abusos por parte de un padrastro aborrecible, la adolescente que se interna en el mundo de las drogas y el libertinaje propio de finales de los 60 y principios de los 70, y la mujer casada insatisfecha con su vida. Tres periodos que reflejan de forma cruda y sin alardes, sinceramente reales, el desasosiego y la inconformidad de una autora que se sirve del cómic para dar un puñetazo en la mesa y mostrarnos la parte más vil de una sociedad condescendiente con la misoginia. Gloeckner nos asesta un certero golpe en lo más profundo de nuestra hipocresía. Ataca al hombre, pero tampoco disculpa a la mujer sometida a los caprichos. No deja títere con cabeza para dejar bien a las claras cuánto miserable se aprovecha de la inocencia.
Sorprendente la capacidad de análisis y la madurez que una jovencísima Gloeckner nos muestra en sus historias más primerizas. Dibujados a escondidas, ocultados al resto de gente, estos dolorosos garabatos servían a la pequeña niña para expulsar toda su incredulidad y, posteriormente, su odio hacia un padrastro abusivo. La turbia y agitada adolescencia de la autora le lleva a integrarse en un mundo underground muy propio de la época, y con aquel estilo de dibujo que despuntaba en la América más indie consigue presentarnos una urbe y una forma de vida sucias. Se dedicaría después profesionalmente a la ilustración médica, tal como se demuestra en varias ilustraciones incluidas al final del libro. No hay que buscar, pues, teniendo en cuenta que las historias se han creado desperdigadas a lo largo de veinte años de la vida de la autora, una coherencia gráfica. Gloeckner dibuja lo que y cómo le pide el cuerpo.
La obsesión por las drogas y el sexo le atenaza durante toda la obra. El miembro viril está siempre presente, más que como aparato reproductor, como alegoría de la depravación del hombre. Tanto en las historias de niñez, donde descubre a su padrastro en el cuarto de baño y ya reza "běž do peklo, čuraku!" (si no me equivoco: "¡corre al infierno, cacharro que mea!"), como en las historias adolescentes donde unos chicos se sirven de las drogas para abusar sexualmente de una inconsciente sosias. Las ilustraciones finales desgranan la utilidad del pene, le restan el peso de poder sexual para mostrárnoslo como un simple órgano compuesto de glándulas y cuerpos cavernosos. Al final, todo se reduce a vísceras, y desde las entrañas de una mujer dura y lúcida podemos leer esta Vida de una niña.

Entrevista, por Rebecca Bengal (copio aquí algunos fragmentos).
... No me costó encontrar mi estilo (prefiero llamarlo “voz”, porque creo que la palabra sugiere más complejidad, implicando la cualidad de la forma y el contenido). Sin embargo, me cuesta hacer mi trabajo “trabajo”, y no puedo predecir si lo voy a conseguir con calma o con una feroz evisceración de la psique.
Mi interés en la medicina, la biología y otros aspectos de la ciencia me llevaron a centrarme en la ilustración médica en la universidad. Estaba bastante segura de que no quería se científica o médico, pero quería cultivar mi comprensión de lo que es el ser humano, corpóreo, de una forma que fuera natural para mí –mediante la observación. También había admirado siempre el dibujo médico antiguo, habiendo estado en contacto con él a través de mi abuelo, un chatarrero que amaba los libros y relojes antiguos, y por otra parte mi abuela, que era médico.
... Quería decir que no me gusta estar limitada dentro de ningún medio. Me gusta sorprenderme y entretenerme (y sobre todo, torturarme) a mí misma zigzagueando delante y atrás entre las imágenes y las palabras de todo tipo, y tratando de crear un trabajo que al final parezca “de una pieza”. Por eso me resisto a llamarme a mí misma “autora de cómics” ["cartoonist"]. No parece que describa lo que yo hago. Hablé con Gary después de terminar The Diary of a Teenage Girl, y en ese momento, sentía que había tenido éxito dando lo mejor de mí para crear un libro que era un híbrido de distintas formas [artísticas]. Y, al límite de mi habilidad, había logrado hacerlo de una forma que no parecía un batiburrillo de cosas. Al menos, eso es lo que esperaba.
Cuando dije que sentía que estaba dispuesta para algo más, supongo que quería decir que no pretendía continuar ese libro con otro con la misma forma. Quería trabajar con medios más plásticos que la tinta y el papel.

... Aline Kominsky y Diane Noomin están obsesionadas con el detalle visual — diseños minuciosos, hebras de cabello. Cada una de estas artistas tiene un oido agudo para las idiosincrasias del diálogo y los gestos, aunque su trabajo es bastante diferente. Los personajes de Aline son física y psicológicamente desgarbados, enfrascados en un incesante diálogo interior. El personaje temperamentalmente nervioso de Diane, Didi Glitz, está camuflado en el gráficamente efervescente ambiente que [Diane] redecora constantemente. Su libro [de Aline y Diane], Twisted Sisters, que leí a mediados de los ’70, con 14 años, me llevó a considerar intentar hacer cómics yo misma.
Este tipo de libro ya me era familiar –había estado leyendo en secreto las copias de mis padres de Zap Comix desde los 10 años. Los cómics underground eran producidos por individuos –eran de la variedad “de autor”, más que el tipo de cómic producido en serie enfocado a agradar a una gran audiencia en general. Los cómics mainstream nunca me gustaron: me parecían estériles en su consistencia estilística, y eran consumidos rápidamente, las historias tenían interés sólo durante el tiempo que estabas leyéndolas.
Los cómics underground eran llamativos porque parecía que nunca antes se habían editado –en un libro típico, con historias de cinco a diez autores, algunas historias podían ser sorprendentemente malas, y otras asombrosamente brillantes. Era una combinación animada y excitante. El dibujo y las historias, buenas y malas, eran todas muy diferentes –me quedaba contemplando las páginas y perdía la noción del tiempo. Me encantaban The Checkered Demon y Star-Eyed Stella (S. Clay Wilson), Big Bitch (Spain Rodriguez), y todas las historias de Robert Crumb, especialmente Pete the Plumber y The Adventures of Whiteman. Era un mundo donde todo podía pasar, y yo quería ir allí.
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Beca para un trabajo sobre Ciudad Juarez

Phoebe Gloeckner acaba de ganar una beca Guggenheim por su trabajo utilizando técnicas tridimensionales en Perla, girl of Ciudad Juárez sobre el asesinato de una chica mejicana. Según afirma aquí, la autora usará la financiación para terminar el proyecto. En este vídeo pueden verse imágenes de dicho trabajo.
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Entrevista, por "Palabras de arena" (copio aquí algunos fragmentos).

... Ha sido un largo camino. No sé por qué se insiste tanto en darle carpetazo al feminismo. Se piensa erróneamente que la mujer está liberada y, por ende, que la mujer profesionista, la intelectual y la económicamente favorecida se encuentran en la cima de todo el género, con un sinfín de posibilidades para elegir. Lo cierto es que no.
Por ejemplo, cuando me invitan a una convención de cómics muy importante, como la Alternative Press Expo en San Francisco, o a cualquier otra de la misma envergadura al lado de los grandes como Matt Groening (creador de Los Simpson), sólo lo hacen para cubrir la “cuota” de género, porque nunca, NUNCA, me incluyen en las ponencias magistrales o los talleres, etc., en fin. No toman en serio mi trabajo como artista. Yo estoy ahí en mi stand, la gente pasa, ve mi obra (o la de cualquier otra chica) y dice: “Wow, una mujer entre tanto artista e intelectual, hombro a hombro con los creadores masculinos más importantes. ¡Viva la liberación femenina!”. Pero no.
Las artistas siguen en el estúpido escaparate de exhibición decorativa… Si nosotras no hemos avanzado como debiera ser, y eso que se supone somos las “liberadas”, ¿en qué condiciones estarán las demás mujeres?. Piénsenlo.
... Entonces, cierto día vengo a Juárez, no puedo decir que no estaba intrigada por el tema del feminicidio, pero ése fue un segundo motivo. Cuando camino por las calles y los lugares donde se han perdido tantas mujeres y donde han encontrado los cadáveres de otras tantas, ¿sabes lo que es eso?, ¿lo impactante para una “gringa” con la carga sociocultural que ello implica, bajo circunstancias receptivas tan familiares y a la vez tan distantes? Saber que en el mundo existen atrocidades tan asquerosas e injustas como mutilar a una mujer durante el acto sexual…
... Lo primero que me pregunté fue: ¿Por qué dar muerte por medio de un acto con el que se supone corresponde dar vida y placer?. Entonces, claro que se me cuestionó, incluso much@s mexican@s fueron l@s primeros en señalarme por ello. Se me acusó de ser una gringa que no tenía por qué meter su cuchara. Sin embargo yo soy mujer, tengo hijas y creo que si dentro de mis posibilidades está gritar para que las de mi género no sufran esas vejaciones, y si una manera de hacerlo es por medio de los ecos internacionales, sin pensarlo lo haré.
Además el problema de los feminicidios no sólo envuelve un hecho local. Desde el momento en que se habla de la migración como uno de los factores intrínsecos. Por lo tanto, al dejar de ser un hecho aislado se convierte en un problema de salud pública y como tal nos compete a TOD@S.
... P. de A.:¿Entonces también crees en la escritura como un acto político?
Claro, y quien diga que no lo es seguramente escribe en el viento o lo hace para su diario íntimo…
... Ésa es una respuesta importante, creo que todo artista quisiera encontrarse con el Lector Ideal, pero desgraciadamente eso no lo podemos controlar. Ahora que visto desde una perspectiva personal me ha creado conflictos porque he querido regalar mis libros a personas que estimo, sin embargo, por los tabúes sexuales de los que hablamos me da miedo que no entiendan la obra desde una perspectiva crítica y analítica, y al hacer una lectura superficial me malinterpreten a mí como persona y como amiga, no como artista.
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