Boletín de Derecho Penitenciario
DIARIO DE JEREZ (ARANTXA CALA).- El hijo de Carmen se inició en el mundo de la droga, que le terminó llevando a la vida en la cárcel durante más de diez años (entró con 18). Ya hace dos que salió y ahora no quiere verse entre rejas ni en pintura (...). Carmen se siente ahora feliz porque su hijo "ha encontrado un trabajo y vive con una muchacha normal", pero no puede olvidar estos diez años que ha pasado su hijo en prisión. "Allí no les tratan bien ni los médicos cuando se ponen enfermos a media noche, y encima, los funcionarios hartan a palos a los muchachos". Esta madre, viuda, y con dos hijos más, ha tenido que, de su pequeña paga, comprarle ropa y mandarle algo de dinero a su hijo a lo largo de estos diez años. "Ha estado en Puerto 1 y Puerto 2, Huelva y Córdoba y yo muchas veces no he podido ir a visitarlo porque no tenía dinero. He llegado a estar tres años sin verlo. Él me llamaba por teléfono los domingos y así yo lo escuchaba. En Huelva y el Córdoba es donde más le han pegado".
En la situación de Carmen se encuentran numerosas madres y padres de presos que llevan años y años reivindicando una mejora en el trato a sus hijos en prisión por parte de los funcionarios. En la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), que tiene una delegación en Jerez en el centro de barrio Pedro Palma, han encontrado un apoyo. Allí organizan asambleas en las que intercambian experiencias y donde hallan la comprensión de otras personas que se encuentran en situación similar. Asimismo, reciben formación sobre derechos de las personas presas y familiares. Desde la entidad han hecho un llamamiento a aquellos familiares de presos para que acudan a esta asociación (956 182209) si necesitan ayuda. De hecho, ya se están preparando actividades para el próximo curso.
APDHA ha realizado un decálogo de peticiones de mejora de la situación de presos en nuestra Comunidad Autónoma. Los puntos son la mejora de la sanidad como la excarcelación de los enfermos con padecimientos incurables y terminales; alimentación de calidad; de las relaciones entre instituciones penitenciarias y familiares con un mejor trato a las familias; acercamiento a los presos por parte de las familias; un mejor tratamiento penitenciario con menos cárceles de máxima seguridad y más centros de máxima atención; cumplimiento de los beneficios penitenciarios; el cese de los malos tratos; supresión del régimen FIES (Ficheros de Internos de Especial Seguimiento) y de los aislamientos para evitar una cárcel dentro de la cárcel; supresión de las condenas de más de 20 años para evitar una cadena perpetua enmascarada y mejora de los centros de tratamiento. (...).
Según un informe elaborado por la Coordinadora para la Prevención de la Tortura, a la que pertenece la APDHA, ya sea en cárceles como en actos públicos, manifestaciones, etc., en Andalucía se denunciaron durante el año 2005, 52 casos de tortura con un total de 132 denunciantes, muchos de ellos dentro de las propias cárceles andaluzas. Aunque estos datos no reflejan, obviamente, denuncias que pudieran hacer los propios reclusos. "Si pegan palizas los policías en la propia calle, cómo no lo van a hacer en prisión", apunta Carmen, que subraya que durante el tiempo que ha estado su hijo en prisión, "yo no he sentido lástima por mi hijo, sino por todos los que estaban allí, tanto los que han hecho cosas como los que no. Hemos visto lo que hacen con los presos por ahí, en otros países, y esto aquí puede ser peor".
Carmen asegura que no miente en ninguna de sus declaraciones: "Esto lo digo aquí, a ti, y a cualquier político a la cara. Si me tienen que llevar presa que lo hagan, pero he dicho la verdad. Hombre, como que es así. Habría que preocuparse menos por el Estatuto de Cataluña y más por las cárceles".
Carmen, como todos los padres y madres, exige que los chavales tan jóvenes no entren en la cárcel, sino que se les enseñe un oficio porque "el sitio para un drogadicto no es la prisión, es una enfermedad y hay que tratarla como tal". Hay que tener en cuenta que casi un 80% de las personas que entran en prisión lo hacen por asuntos de drogas. "Nadie habla de las cárceles, a nadie le interesa porque es una cosa muy fea. Hasta que le toca vivirlo a uno", dicen desde la APDHA, y añaden que la cárcel "no reinserta ni resocializa a nadie, porque no cuenta con los medios. De hecho la reincidencia está a la orden del día. Las cárceles no tienen sentido. Lo único que se hace es meterlos allí para apartarlos de la sociedad".
Luisa (nombre ficticio de una de las madres) tiene a su hijo en prisión. Allí lleva más de diez años, tiene ahora 33, y ya le quedan tan sólo dos meses para salir. "Madre mía, allí ha pasado media vida. No ha sido una persona conflictiva y sin embargo, no ha recibido ningún tipo de beneficio, todo lo contrario. La condicional, por ejemplo, porque debería haber estado en la calle desde hace lo menos cuatro años".
Luisa, separada y con cinco hijos, ha vivido esta experiencia sola. "Saliendo adelante, nunca le ha faltado su giro (de dinero) y jamás le he fallado. Siempre he ido a verlo. Así todos los años". Esta madre dice que las cosas que le cuenta sus hijos, "no se las cree nadie, claro, quién lo va a creer si cuenta lo que le hacen. Lo han llegado a tener en aislamiento un mes, cuando lo máximo creo que son cinco días". (...)
Las madres se quejan del entorno que les rodea, de droga y delincuencia. "Esta zona está cada vez peor pero nadie se atreve a denunciarlo. Los políticos no pasan por aquí". María Sánchez, viuda, tiene ocho hijos, y uno de ellos en el centro de desintoxicación de Monteverde. También ha estado diez años en prisión. Ahora tiene 33 años. A los cinco años de internamiento le dieron permiso y "quebrantó la ley al verse libre. Pero ahora está a dos meses de salir a la calle". La droga lo llevó también a la cárcel y todo lo que la rodea, "porque si no hay dinero, hay que que conseguirlo de alguna manera. Y eso hizo. Pienso que empezó en el instituto. Ahora ha cambiado, no es callejero, no me da problemas como antes".
El hijo de María ha estado en Huelva, en El Puerto, en Santander y ahora en Botafuegos. "La vida de mi hijo ha sido dura, pero para nosotros ha sido horrible. El cuenta que siempre lo han tratado fatal, sobre todo, con la comida y la sanidad, porque se ha puesto malo y no lo han escuchado. Donde peor lo está pasando es en Botafuegos. Ahí le han hecho de todo. A la segunda que salió con permiso, al regreso lo humillaron como persona porque los funcionarios pensaban que llevaba droga. A raíz de aquí le quitaron los permisos, sin haber hecho nada. Aunque hubiera llevado droga, no tenían derecho a tratarlo así. Con lo que está cumpliendo ya tiene bastante. Diez años son muchos, años. ¡Estamos hablando de años, no de días!". (...)
Llega el momento de charlar sobre el regreso de su hijo, "totalmente recuperado". De esto casi que no habla María, lo único que apunta es que está contenta, sobre todo, por sus dos nietas, que por fin, van a poder ver a su padre en casa y no entre rejas. Aunque María denuncia ahora los malos tratos que ha recibido su hijo, asegura que lo seguirá haciendo cuando el salga, "una vez que esté fuera. Sólo queremos que cumplan su condena como personas no como animales. Cuando entran ahí, pierden todos sus derechos, cuando lo único que deberían perder es la libertad". Un dato más. La saturación en las cárceles resurge. Con, por ejemplo, 850 presos el pasado fin de semana en Puerto 2. Donde duermen dos, caben tres. Pero de qué manera, con colchones tirados en el suelo, delante del inodoro. Condiciones tercermundistas para un mundo olvidado.
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