Para Guatemala, el Día Mundial del Medio Ambiente transcurre en medio de severas amenazas y atentados precisamente contra el medio ambiente, provenientes tanto desde las políticas que se impulsan desde el Estado de derecha y neoliberal, como desde la codicia sin límites que han puesto en evidencia las grandes empresas y empresarios nacionales y extranjeros.
La creciente presencia de iniciativas de exploración y explotación minera, la voluntad de imponer proyectos hidroeléctricos que lesionan a las comunidades y al ambiente, la determinación de incrementar la exploración petrolera, la ausencia de políticas que siquiera limiten la contaminación de aguas nacionales y la atmósfera, entre otros hechos afines, se constituyen en claras muestras de que, en Guatemala, en este Día Mundial tenemos poco, muy poco, que celebrar.
Lo importante es reconocer, de manera clara, la actitud digna y combativa que, en defensa del ambiente, han mantenido numerosas comunidades a lo largo de los últimos años. Sipakapa, Río Hondo, Santa Eulalia, Ixcán, son sólo algunas de las comunidades en las que la población ha dicho un rotundo NO a la acción depredadora de diferentes empresas y empresarios que han pretendido apropiarse de la riqueza nacional, dejándole al país sólo la destrucción de su suelo.
Recientemente, la población de San Juan Sacatepéquez, Guatemala, se ha unido en una sola voluntad para rechazar la decisión de las autoridades locales de permitir que las empresas cementeras Novella instalen allí una planta productora que afecta el manto acuífero, deteriora el aire y genera basura que afecta a 12 comunidades cercanas. De igual manera, en La Unión, Zacapa, así como en Camotán, Jocotán y San Juan Ermita, el pueblo chortí ha cerrado filas, como un solo hombro, en defensa de las montañas del Merendón, amenazadas por un proyecto deforestador que, bajo la excusa inaudita de la protección de la naturaleza.
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