Correo Tortuga - Tirs Llorens
Los hechos sucedieron a las 14.15 horas cuando la aeronave empezó a descender ante la mirada atónita de las personas que allí se encontraban. El aterrizaje se produjo tras los pilares que delimitan la reserva marina del Cabo de Sant Antoni. Mientras el piloto acababa sus maniobras y las aspas del «vehículo» daban los últimos giros, en tierra le esperaban unas seis personas para ir a comer a la conocida marisquería «El Pegolí». Todos juntos, incluido el propietario del restaurante, Pepe Piera, se dirigieron tranquilamente al establecimiento para deleitar sus paladares con las sabrosas delicias del mar.
El espectáculo fue tal que cerca de veinte personas llamaron durante los cinco minutos posteriores al descenso para denunciar los hechos a la policía. De inmediato tres coches de la Local y dos de la Nacional se personaron en el lugar.
Los efectivos hicieron salir de la marisquería al piloto, que sólo había tenido tiempo de «pegar un mosset» en compañía de sus amigos, para decirle que allí no podía dejar «su vehículo» estacionado porque es un espacio protegido y sobre todo público.
Tras identificarse como mando militar, el piloto explicó a los policías que había demandado permiso para dejar el autogiro en Dénia y que le habían notificado que no era posible porque no había espacio. El piloto dijo que llamó a Pepe, quien le propuso aterrizar allí. Los efectivos tomaron sus datos para denunciarle. Mientras tanto, Pepe Piera, había salido de su restaurante dirigiéndose hacia los policías para explicarles que justamente los terrenos en los que se encontraba estacionado el helicóptero eran suyos y que por esta razón le había dado permiso al militar.
Los vecinos que allí se encontraban no daban crédito a los que estaban oyendo y chillaban indignados que esos terrenos «son del ministerio y por tanto de todos». Otros, menos enfadados, aprovechaban la ocasión para hacer posturitas delante del helicóptero y tomar fotografías.
Aclarado lo sucedido uno de los amigos del piloto, que había interrumpido la comida para ver qué es lo que estaba ocurriendo, le preguntó «¿Oye, entonces te vienes a comer o qué?». «No, tengo que irme», contestó el militar. «Desde luego ya te han dado la comida», concluyó su compañero de mariscada. La policía obligó al militar a despegar, ahora sí, con las precauciones necesarias.
El dueño de «El Pegolí» le dijo que podía descender en la zona protegida y los vecinos le increparon .
Diario Información de Alacant
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