Capítulo 8 de “Breve historia de la Noviolencia”, Jesús Castañar Pérez (Cthuchi Zamarra) - Domingo.12 de septiembre de 2010 - 806 visitas

Cuando Thoreau recuperó el conflicto entre legitimidad y legalidad esbozado por La Boétie y perfilado por Rousseau, hubo de romper necesariamente con esa forma “esencialista” de enfocar el poder. Para ello, Thoreau se fijó en los desafíos lanzados por anarquistas y cristianos a esas formas de entender el poder, sobre todo prestando atención a un fenómeno que ya existía en su realidad y que, en su época, el siglo XIX, se había manifestado varias veces en forma de insumisión al servicio militar o negación a pagar impuestos municipales.

Su aportación fue, por tanto, más teórica que práctica, a pesar de la famosa noche de julio que pasó en el calabozo por negarse a pagar impuestos. Tras esa experiencia Thoreau escribió un pequeño libelo, llamado “Del deber de la desobediencia civil” justificando su renuencia a colaborar con un Estado que permitía el esclavismo, hacía la guerra a México y sometía a la población nativa americana. Al hacerlo, inventó el concepto de desobediencia civil y esbozó la idea de no-colaboración dando la vuelta a las ideas de su época sobre el Estado como un contrato social en el que los ciudadanos suscriben leyes y gobernantes. Thoreau lo expresó del siguiente modo: "En su “Duty of Submission to civil Government” Paley, autoridad común con tantos otros sobre cuestiones morales, reduce toda obligación civil al grado de conveniencia; y viene a decir, que “en tanto el interés de la sociedad toda lo requiera, es decir, mientras el Gobierno establecido no pueda ser rechazado o cambiado sin inconveniencia pública, es la voluntad de Dios que aquél sea obedecido, y nada más”... Con la admisión de este principio, la justicia de cada caso particular de resistencia se reduce a un cómputo de la cantidad de peligro y trastorno, de un lado, y de la probabilidad y coste de remediarlo, del otro. Al respecto, añado, que cada hombre juzgue por sí mismo. Parece no obstante, que Paley jamás ha considerado aquellos casos en que no rige la regla de lo utilitario, aquellos en los que un pueblo, al igual que el individuo, debe hacer justicia a cualquier precio. Si yo le he arrebatado injustamente el leño salvador a un hombre que se ahoga, debo devolvérselo aunque perezca yo. Según Paley, tal sería inconveniente. Pero el que salvaría su vida, en tal caso, debe perderla. Este pueblo debe dejar de tener esclavos y de hacer la guerra a Méjico, aunque le cueste la existencia como pueblo."25

De este modo Thoreau situaba a los principios morales por encima de las leyes o el gobierno, poniendo de relieve la innecesaria concordancia entre la legitimidad y legalidad que reclama para sí falsamente el legislador. Al hacerlo construyó la base para una acción política desde el punto de vista ético en que la desobediencia se convertía en una obligación moral del ciudadano. De esta forma, inevitablemente acababa con la tradición de la esencia del poder y exigía una demanda democrática de legitimidad en el mismo.

Sin embargo, a pesar de este énfasis en la moralidad no hay que considerar a Thoreau como antecedente de la corriente ética de las teorías de la noviolencia, sino más bien de la estratégica. Thoreau no consideraba la noviolencia de una forma holística, aunque hablara de la desobediencia civil como una "revolución pacífica"26. Por el contrario apoyó tanto a John Brown, un guerrillero abolicionista que se dedicaba a asaltar haciendas para liberar esclavos, como a Abraham Lincon en su cruenta guerra contra el esclavismo27. Thoreau simplemente consideraba que cuando el sistema político no da opción al ciudadano a decidir en la vida política, éste tiene el derecho y la obligación de realizar todas las acciones que estén a su alcance para acabar con la injusticia que esté presenciando, incluso con violencia, como hacía John Brown. Sus ideas sobre la desobediencia civil como “revolución pacífica” fueron recuperadas entre otros por Lev Tolstoi, Bertrand Russell, Bart de Ligt, Mohandas Gandhi o Luther King y aún siguen siendo directamente recuperados por muchos y muchas activistas que ponen en marcha campañas de desobediencia civil. Por lo tanto, Thoreau simplemente teorizó sobre una forma de acción que ya se venía practicando en su tiempo, pues a lo largo del siglo XIX había habido ya campañas de desobediencia netamente pacifistas, por ejemplo la de los objetores de conciencia de algunas sectas cristianas, y otras de corte más estratégico o pragmático, como la de los revolucionarios nacionalistas en imperios como el británico, el ruso o el austro-húngaro. Además, el movimiento sufragista, había estado empleando también la acción directa noviolenta en sus campañas para pedir el voto femenino, pues ya desde sus inicios el movimiento feminista había venido planteando una renovación de los métodos de acción política al reproducir muchos de ellos pautas patriarcales. En ese tiempo, no obstante, era la extendida propuesta de huelga general existente en el movimiento obrero europeo antes de que ésta se legalizase la propuesta más firme de desobediencia civil.

Sin embargo, salvo algunas excepciones que veremos más adelante, estas propuestas pacíficas de acción política no inspiraron elaboraciones teóricas sobre las propias técnicas de acción política hasta mucho después y las siguientes aportaciones, tanto a la idea de desobediencia civil como a la de acción política sin violencia, se hicieron principalmente como legitimación de campañas de objeción de conciencia en diferentes partes del mundo. Desde Rusia, el famoso escritor Lev Tolstoi, sumido en una profunda crisis espiritual que marcó la última parte de su vida, teorizó sobre el poder sacando a la luz su lado oscuro de represión y dominación y dotó de un sentido político a la negativa a realizar el servicio militar de algunas sectas protestantes. Su llamamiento a la desobediencia fue ampliamente recogido durante la Primera Guerra Mundial cuando, como veremos más adelante, la objeción de conciencia se convirtió en un fenómeno de masas al negarse decenas de miles de jóvenes y no tan jóvenes de todos los países en conflicto a convertirse en soldados (aunque simultáneamente otros millones sí lo hacían). Gracias a Tolstoi, la objeción de conciencia dejó de ser, en muchos casos, un asunto de coherencia personal y pasó a convertirse en todo un desafío al orden establecido. Veamos pues algo más detenidamente la gran aportación del maestro ruso y la importancia que tuvo en su momento histórico.

Notas

25 Thoreu, Henry David: “Del deber de la desobediencia civil” Ediciones del Valle. Buenos Aires Argentina, 1997. pág 27.

26 Thoreu, Henry David: “Del deber de la desobediencia civil” Ediciones del Valle. Buenos Aires Argentina, 1997. pág 35.

27 Para ampliar datos vitales de Thoreau, ver: Casado, Antonio: “Thoreau. Biografía esencial”. Ediciones Acuarela. Madrid. 2005.

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