Antes en Tortuga...
¡Soy un Fascista!
¡Soy un Fascista! II
Otra de las razones por las que se supone que un servidor es ultramegafascista sería porque me producen arcadas las patadas que los progres le propinan a nuestro idioma. Los izquierdistas más iletrados (normalmente ocupando cargos públicos) intentan eliminar el epiceno del español. Epiceno es el nombre común que en los seres animados designa a ambos sexos. Por ejemplo, al saludar a un grupo de personas diciendo “bienvenidos todos” se sobreentiende que nos referimos indistintamente a hombres y mujeres. No es machismo, es economía en la expresión. Estos tíos no reparan en que el epiceno también define machos y hembras utilizando el femenino (ratas); pero como vivimos en el edén de los gañanes es evidente que también a los progres les resulta ofensivo y sexista, por lo que prefieren pronunciar un discurso farragoso tipo: “bienvenidos y bienvenidas todos y todas”, o patear la lengua escrita mediante el obsceno uso de las barras “bienvenidos/as”, o la arroba:”bienvenid@s, tod@s”. Muy progresista, pero después de un rato de lectura acabas mareado y con hemorroides.
Hace unos meses la izquierda en general comenzó a poner de vuelta y media a la Real Academia de la Lengua por las correcciones que sugirieron en el texto de la ley sobre el matrimonio homosexual. Es una antigua costumbre de los padres de la patria, mayormente analfabetos, que cuando pergeñan una ley se la envíen a la Academia para que adecente el texto antes de su publicación. Hasta ahí lógico, pero ocurrió en el caso que nos ocupa que los académicos osaron sugerir otras alternativas a la palabra “matrimonio”, no por prejuicios políticos o morales, sino porque el diccionario de la RAE todavía no contempla como matrimonio la unión de personas del mismo sexo. Ahí fue cuando se lió: los progres comenzaron a enjuiciar (como grandes filólogos y lexicógrafos que son) que la Academia estaba anclada en el pasado, que si homófobos, etc, etc, olvidando convenientemente que algún académico de tendencia izquierdista manifestó abiertamente su homosexualidad. Pérez Reverte explicó maravillosamente tal decisión de la RAE señalando que el idioma español no es posesión del Partido Socialista, sino de unos cuatrocientos millones de hablantes de muchos países y que la Real Academia no se inventa el idioma, sino que hace de notario de los cambios que se producen en él.
Un ejemplo: hasta hace poco “chatear” significaba únicamente irse de vinos con los amigotes y no se contemplaba en el Diccionario el uso informático del término al ser palabra extranjera y existir un equivalente en español (charlar); cuando la Academia constata que “chatear” se usa masivamente por los hispanohablantes para definir una charla vía teclado... ¡magia! En ese momento sí se introduce esa nueva acepción el Diccionario. Nuestro gobierno demostró ahí su verdadero talante: no presentaron el texto para corregirlo, sino para que la academia dijera “sí bwana” y a callar, que si no se iban a enterar.
Papá Stalin decía que el diccionario era un arma revolucionaria y así lo utilizaba, cambiando el uso de las palabras por decreto según la conveniencia del partido. Observo que el socialismo tan dialogante que nos gobierna así lo entiende: ¿para qué esperar a que la gente acepte paulatinamente un término mientras se puede obligar a que encaje con calzador en la sociedad? Porque el pueblo... ¿qué van a saber ellos? ¿para qué han de decidir sobre algo si lo puede hacer el estado por ellos? No sé vosotros, pero a mí no me gusta que me pastoreen.
Cuidaros mucho, cada día os veo más sexys.
P.S. ¡Che Guevara, feo!
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