La gente de Cajas Negras, imprescindible programa de Radio ELO, son amiguetes desde hace tiempo. Una vez nos contactaron preguntando por gente para una serie de programas sobre sexualidad que estaban haciendo. Les hablamos de Sandra Uve y... el resto es historia: una de las entrevistas más desternillantes e interesantes que hemos oído nunca. La noticia de Tortuga donde colgamos dos de los programas de Cajas Negras sobre sexualidad son de las noticas más visitadas en esta web CON DIFERENCIA. No nos extraña, la selección de entrevistadas y entrevistados lo merece. Puede que por esa vía (los audios colgados en Tortuga) a la gente de LDNM se le ocurriera transcribir esta impagable entrevista... ya ves, "he conocido colegas a los que no les gustaban nada las eyaculaciones faciales y las han tenido que meter por miedo a que la película no se fuera a distribuir bien. Esa persona tiene un problema, claramente".
¿Cómo empezaste a dirigir películas porno?
Pues de una manera bastante rara, y casual. Yo hacía un fanzine
titulado Anabel Lee, una revista alternativa de cómics, literatura y
cine canalla, que tenía una sección de porno. José María Ponce, por
entonces director del Festival Erótico de Barcelona, nos permitió tener
un stand en el festival, cuando se hacía en el Pueblo Español, que era
mucho más freak que ahora. Allí empecé a conocer a las personas que se
dedican a la industria del porno. En el año 1999 la responsable de una
empresa que producía películas porno independientes de bajo presupuesto
me propuso escribir y dirigir una película. Fue una llamada muy corta,
me dijo: “Sandra, ¿quieres ser directora de cine porno?”. Le dije que
sí y al cabo de un mes ya estaba rodada la película... [le da la risa].
Así de sencillo.
Tus películas escapan un poco a la dinámica mecánica, simple y
acrítica de muchas de las películas porno. ¿Es importante el guión en
una película porno?
Sí, pero no se trata buscar guiones elaborados sino más bien de cosas
sencillas. A diferencia de otros directores escribo guiones para evitar
caer en los personajes arquetípicos del cine porno: el butanero, la
putita barata, etc. Para mí es mucho más cómodo, más útil y más
divertido rodar, por ejemplo, una historia sencillita de luchadores
mexicanos, que no la clásica trama de tu-marido-se-ha
ido-y-con-la-excusa-a-los-dos-minutos-te-la-estoy-metiendo [se ríe]. Si
tuviera que rodar eso, “gonzo”, no lo haría: tengo compañeros que lo
hacen muchísimo mejor que yo.
¿Crees que evitando caer en las rutinas del cine porno convencional
se puede llegar a construir un nuevo universo erótico más “amigable”
que el del porno comercial puro y duro?
Creo que no se puede romper lo que hay, es muy difícil. Además, yo no
trato de inventar nada nuevo. Pero sí creo que es posible atraer a un
sector del público que quizás haya dejado de ver porno porque está un
poco harto de la rutina del mete-saca, el látex, la chica operada y
todo eso. Creo que sí se puede hacer algo más “amigable”, o al menos
meter guiños y referencias contraculturales a las que no están
acostumbradas las personas que consumen porno. Eso sí es posible, pero
lo que no se puede pretender es cambiar al espectador de cine porno. El
cine porno es cine porno, y ya está. Tiene un uso y un consumo
determinado que es masturbarse en público, en privado, en pareja, o
como sea. Yo no pretendo nada más. Ahora bien, conseguir que entre las
25.000 películas que se ruedan al año en todo el mundo haya una o dos
que sean un poco diferentes tampoco está mal.
Se suele decir que el porno convencional es bastante machista. ¿Cómo
afrontas esa circunstancia cuando tratas de evitar los clichés
habituales del porno?
Es complicado porque, como espectadora, siempre he defendido que el
porno no es machista. Creo que hay que ver las cosas con un feminismo
bien entendido. A mí me gustan las felaciones, igual que a cualquier
hombre. A muchas mujeres les gustan las corridas en la cara, igual que
a cualquier hombre. Y a muchas nos gustan los anales. Me refiero a
verlos... ¡y a practicarlos! No creo que todo esto sea machista, el
problema es que en ocasiones se saca de madre. A mí me molesta más que
en una película porno digan “¿te gusta como te follo, putita?”, que
cualquier práctica sexual. Deberíamos tener claro que hay muy pocas
prácticas sexuales machistas dentro de una película porno, pero que la
manera de exponerlas o tratarlas sí que lo es. Y que el mundo del cine
porno como industria también lo es: siempre preferirán contratar a un
director que a una directora. Como espectadores, en cambio, creo que
deberíamos ser un poquito más sinceros con nosotros mismos. Muchas de
las películas que se han hecho desde los setenta, o incluso desde
principios del siglo pasado, están dirigidas por igual a hombres y a
mujeres.
¿Existen personas dentro de la industria que reflexionen sobre la relación entre la sexualidad, la sociedad y el cine porno?
[Se
ríe] No, no existe ningún tipo de reflexión. ¡Qué va! Creo que mis
compañeros ruedan por inercia a partir de lo que el mercado exige.
Quizás yo pueda hablarte acerca de las causas que me llevaron a decidir
rodar una escena en vez de otra, o de los motivos que me llevaron a
decidir que dos actrices se follaran a un actor en un determinado
momento. Pero, en general, no ha lugar a este tipo de dilemas
“morales”: ofrecemos lo que nos pide el mercado. De hecho me preocupa
responderte a esta pregunta porque las veces que he hablado sobre estas
cosas con otros directores he comprobado que no les interesa en
absoluto [se ríe de nuevo].
Te refieres a colegas que entienden el porno como tú.
No, más bien a los que entienden el porno como una especie de trabajo funcionarial.
Entonces, ¿la inercia es total?
He conocido colegas a los que no les gustaban nada las eyaculaciones
faciales y las han tenido que meter por miedo a que la película no se
fuera a distribuir bien. Esa persona tiene un problema, claramente.
Sí, sí, desde luego [risas]. Estás obligado a hacer algo que no quieres hacer...
Bueno,
recuerdo que en una película quise que las chicas esquivaran las
eyaculaciones faciales [más risas]. Cuando se lo dije al productor
abrió los ojos como platos y se produjo el siguiente diálogo:
Pero eso, ¿sirve de algo?
Pues sí. Por un lado, evito repetir lo mismo que las otras
veinticuatromil películas y, además, los chavales se reirían al verlo:
es una escena completamente inesperada.
¿Te das cuenta que si haces eso le vas a cortar la paja a alguien?
Sí, y además me parece muy divertido.
Hombre, las películas porno no son para putear sexualmente a nadie.
Al final llegamos a un acuerdo: se corrían, pero no en la cara... y nadie
esquivaba nada. Esta conversación no la tienen otros directores con su
productor. Yo al menos llegué a tenerla. No quería meter ninguna
eyaculación facial porque no me gustan.
Entonces, el mero hecho de tener una concepción distinta del porno
puede generar conflictos a la hora de producir las películas y
distribuirlas...
Sí, totalmente. Tienes que tener en cuenta un montón de cosas a la hora
de rodar. Mis distribuidores han podido tener problemas por emitir una
película en versión original. Para mí es importante que no se doblen
las películas. Una escena de sexo doblada pierde muchísimo. Canal Plus
se niega a emitir películas porno en versión original. Siempre salen
con ese doblaje, con ese horrible reverb de fondo. Ahí sí que se altera
tu trabajo como creadora. Y como eso, muchísimas otras cosas. Por
ejemplo: para entrar en el mercado estadounidense te piden que hagas
tres versiones de la misma peli: X, XX y XXX. Y te envían un listado de
cosas que no pueden aparecer en la versión X (la más blanda): no pueden
salir más de dos dedos introducidos en cualquier orificio, las escenas
se tienen que ver en un plano general, “de lejos”, sin que se vea
ningún pene. El productor me pasó la lista en el rodaje y le dije:
“Mira, yo paso de rodar esto. Si quieres ruedo una película erótica y
luego una porno. Lo que no voy a hacer es cortar y echar la cámara
hacia atrás en un mismo plano porque en EE UU no quieren que se vea la
polla”. Hay un montón de condicionantes a la hora de rodar. Es mucho
más funcionarial de lo que la gente se piensa.
Entonces, ¿se trata de una industria rígida que hace uso de la censura?
Sí. A mí me costó muchísimo convencer de algunas cosas a los
productores. Pero por favor, ¡si no estamos rodando una película de
gran prepuesto! ¡Que mi película ha costado treinta mil euros! Esto no
lo cuesta ahora mismo ni un cortometraje cutre. ¡Vamos a hacer lo que
nos de la gana, por Dios! Ya que ganamos tan poco al menos tratemos de
divertirnos y que el resultado sea algo de lo que más o menos estés
orgullosa. Pues nada, pese a todo, cuesta mucho hacer algo diferente. Y
que conste que no es que quiera hacer algo diferente para romper moldes
o convertirme en la persona más original del mundo.
Además de esas dificultades, ¿te has encontrado alguna dificultad por
el hecho de ser mujer? Porque supongo que no es muy habitual.
No, no es nada habitual. Y las poquitas que hay vienen de dentro.
Son actrices...
Sí, suelen ser actrices que, cuando se
retiran, se pasan a la dirección. En EE UU pasa mucho. Es una especie
de estrategia comercial que sigue funcionando no sé muy bien por qué.
En realidad, en muchos casos, aparecen sus nombres en los créditos pero
no se ponen detrás de las cámaras jamás. A mí me han tratado bastante
bien. Los únicos problemas que me he encontrado, como el resto de
directores, son los legales: no te hacen ningún tipo de contrato. Es
una industria muy poco regulada. Esa es la parte que menos nos gusta.
Te sientes un poco como si trabajaras por amor al arte. Si tienes
diecinueve o veinte años, pues vale. Pero la mayoría de los directores
estamos en la treintena y queremos que se regule todo esto.
Esta precariedad laboral, ¿afecta por igual a todos los
profesionales del porno? ¿Se podría decir que, a pesar de ser una
industria económicamente muy potente, los que participan de ella viven
en la marginalidad social?
No, los productores y los distribuidores no viven en ningún tipo de
marginalidad social [risas]. Pero sí el resto del equipo. Con la
salvedad de las estrellas, como Nacho Vidal.
Ya pero, imagino que no tendrás oportunidad de trabajar con este tipo de actores...
Sí,
sí que podría trabajar con Nacho, pero no hemos coincidido. Es una
persona que se porta excelentemente bien con sus colegas. Nunca nos
exigiría el caché que le exige a un director estadounidense. En todo
caso, el resto de las personas tenemos que luchar por los sueldos, que
son impresionantemente bajos, por las condiciones laborales, por tener
un puto cuarto de más en una película, por lograr que el rodaje de tu
película no dure tres días sino cinco. Os aseguro que rodar una
película en tres días es una pesadilla. Sobre todo cuando las supuestas
sesenta escenas se quedan en treinta y la película hace aguas por todas
partes. A los actores también les afecta esta cutrez: nunca tienen un
camerino donde poder cambiarse, los pobres... Las condiciones son de
cortometraje hiperindependiente. Te da mucha pena porque piensas,
ostias, estas películas producen una cantidad alucinante de dinero.
¿Por qué no tendrán la decencia de portarse un poquito mejor con todos
nosotros? Es que cuando te da por mirar las ventas de tu peli, que son
estratosféricas, te entra un cabreo brutal. Pero luego te sigues
haciendo pajas con pelis porno. Ahí reside el dilema. ¿Qué hago? ¿Sigo
o lo dejo?