Correo Tortuga - Domingo.6 de marzo de 2005 - 1989 visitas

Testimonio de una cooperante española sobre Luis Eduardo, ante la campaña de desprestigio de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, realizada por el Gobierno colombiano en la prensa y en los distintos ámbitos nacionales. Se ruega distribuir y reenviar.

"Sabemos que cien o mil muertos son mera estadística, aquella que anestesia el dolor, humanizar la historia, volver a ponerle piel....es nuestra tarea para que cada lector conserve la sensibilidad que lo hace digno de llamarse humano"

Patricia Verdugo, periodista chilena.

Desde la indignación y el dolor escribo esta carta abierta, testimonio con el que quiero dignificar la persona y vida de Luis Eduardo Guerra y la Causa por la que luchó.

A los que hemos trabajado en los últimos cinco años en Urabá, aunque nuestro dolor no tiene consuelo, no nos extraña que el ejército lo haya asesinado vilmente. Luis Eduardo era un líder natural, inteligente, honrado, un hombre de fe que creía y luchaba por un hermoso proceso de Paz construido desde abajo.

Mientras escribo estas palabras el dolor y la rabia me embargan, sobre todo al ver el círculo de mentiras vertidas sobre su persona y sobre la comunidad, por ello, lo mínimo que puedo hacer es dar mi testimonio para mostrar la credibilidad de Luis Eduardo y del Proceso de Comunidad de Paz de San José frente a la falsedad y doblez de los que constantemente acusan y atacan el proceso con tanta mentira y tanto caos.

Para que no se me acuse de subjetividad y de sesgar la realidad a favor del proceso, diré que tan sólo soy una trabajadora de la cooperación española y que durante el largo periodo que permanecí en Urabá, Colombia (Enero 2000-Diciembre 2004) trabajé en diversos proyectos que la Asociación Navarra Nuevo Futuro (ANNF) tenía en la región con la población desplazada, incluido San José, los cuáles no tenían nada que ver con procesos políticos, sino con las consecuencias del conflicto, en áreas como educación, apoyo alimentario, producción agropecuaria, Vivienda, etc.

Los últimos acontecimientos y el cúmulo de mentiras me han decidido a tomar partido para contribuir al esclarecimiento de los hechos y arrojar un poco de luz sobre tanta oscuridad inequívocamente planeada.

De todos los Atentados sufridos por la comunidad, por suerte o desgracia he sido testigo presencial y sufrido yo misma, muchos de ellos: diré brevemente que en varias ocasiones he sido víctima de persecuciones realizadas por individuos durante el ejercicio de mi trabajo en la ciudad de Apartadó y de forma muy evidente en las gestiones bancarias realizadas con miembros de la comunidad, también he sufrido la vigilancia por vehículos de la policía y DAS estacionados junto a mi residencia, de igual modo, las dificultades para la contratación del transporte han sido incontables debido a la amenaza directa sobre los transportistas, he sido perseguida por hombres en moto, en la vía hacia San José cuando transportaba materiales de construcción.

En mayo de 2004, durante la crisis de las acusaciones de Uribe a las ONG’s que trabajamos en San José, me cortaron la comunicación telefónica con el exterior.

También me ha tocado vivir las incesantes y variadas acciones de bloqueo económico que se han desarrollado contra la comunidad, mediante el asesinato de proveedores, transportadores, tenderos de San José, el robo de dinero procedente de la venta del cacao y el primitivo, todo lo cual ha ocurrido en la vía de San José-Apartadó donde existe una fuerte presencia del ejército. Las últimas acciones de bloqueo permanecen tan vivas en mi memoria por los titánicos esfuerzos que hubo que realizar para lograr por fin la salida de cacao almacenado desde noviembre de 2003 hasta febrero de 2004, con las consiguientes pérdidas económicas; así mismo, desde septiembre hasta noviembre de 2004 la comunidad estuvo sometida a un bloqueo alimentario, el asesinato y amenaza a tenderos y proveedores mantuvo durante esos dos meses a la población al borde del colapso alimentario, las acciones creativas de la comunidad y el apoyo de ONG’s permitieron la vuelta a la normalidad en lo que la comunidad llamó la Caravana por la vida, en la que más de 1000 personas de todas las veredas bajaron caminando en un acto simbólico, desde el corregimiento de San José hasta la plaza de mercado de Apartadó para realizar pacíficamente sus compras de alimentos.

Las ONG’s que trabajamos con la Comunidad de Paz pudimos darnos cuenta de forma evidente de la persecución de que éramos objeto los que trabajábamos en ella, situación que nos hizo temer por nuestra propia seguridad.

Se acusa a Luis Eduardo de participación en la bomba de Apartadó, cuando, ni siquiera en ese tiempo vivía en la Comunidad, sino en Bogotá como refugiado. Luis Eduardo y su familia han sido víctimas directas de la acción terrorista del ejército; en agosto de 2004, su esposa, Luzelein y una niña murieron por la explosión de una granada del ejército, su hijo Deiner, asesinado ahora por el ejército, quedó malherido entonces. En esta ocasión también fui testigo en el hospital Antonio Roldan de Apartadó de cómo el ejército, fiscalía y DAS impidieron que los heridos fueran trasladados inmediatamente a Medellín por el servicio aéreo de salud, la falta de asistencia médica adecuada ocasionó la muerte de la esposa y la niña, eliminando a dos de los principales testigos.

Los montajes judiciales, colocación de pruebas, falsos testimonios, torturas, detenciones ilegales, etc han sido innumerables durante el periodo en que permanecí con la comunidad. Unos días antes de salir para España, el coronel Duque de la decimoséptima brigada del ejército hizo unas declaraciones en una radio local en la que manifestaba su satisfacción con la comunidad, según dijo "gracias a las informaciones de la comunidad y de las ONG¨s que trabajan con ella, se había detenido a muchos guerrilleros", para nosotros era clara su intención de generar desestabilización involucrándonos en el conflicto como informantes y poniéndonos así en el punto de mira de la guerrilla. Para ellos todo sirve en su guerra sucia.

La mañana del día 13 de diciembre de 2004, bajaba por última vez de San José, me había despedido de la comunidad y me dirigía al aeropuerto acompañada por Luis Eduardo y otros miembros de la comunidad, poniendo fin a cinco años de intenso trabajo de campo en Urabá; el mando del retén militar que permanentemente se encuentra en la vía que de San José conduce a Apartadó en el sitio llamado la Balsa, inquirió la identificación de Luis Eduardo de forma abusiva y resentida, negándose a su vez éste a identificarse, ya que no portaba la reglamentaria identificación en el uniforme militar. La tensa situación que se produjo sembró temores que se clavaron en mi corazón como sospecha del crimen que terriblemente ahora se ha cometido contra él.

Luis Eduardo deja cuatro hijos menores de diez años, que pasan a engrosar la larga lista de huérfanos de San José y Urabá; a sus asesinos no les ha bastado con su eliminación física, el ensañamiento en la matanza pretende además sembrar el terror para dejar a la población en la más absoluta apatía política y humana, ensuciar su dignidad y avanzar en el exterminio del proceso creando confusión mediante la mentira. Para algunos paranoicos "el fin justifica los medios", su muerte forma parte del "costo de la Paz" y sería así mismo el costo de su negativa a aceptar al Estado (un Estado que los masacra)

Los que se callan frente a esta barbarie también son responsables no sólo de lo que ha sucedido, sino de lo que suceda en adelante.

Mi carta es una acción de Solidaridad. Con mi testimonio quiero dejar claro que las instituciones del Estado y la prensa nacional colombiana están mintiendo, que tengo la certeza de que la Comunidad de Paz no es la guerrilla, que sólo quieren vivir con Dignidad en su tierra y que los que mienten tienen un propósito, liquidar el proceso.

Esta comunicación quiere sencillamente denunciar la mentira y defender la justicia por encima de ideologías políticas.

A su familia e hijos les digo que Luis Eduardo ha sido un ejemplo que la atrocidad de los asesinos no podrá borrar.

A los asesinos les digo que con su acción criminal han conseguido el efecto contrario a su deseo, al convertir en mártir de la comunidad a uno de sus miembros han fortalecido los lazos de solidaridad.

A los actores armados, sociales y políticos les digo que las sociedades no deben fundamentarse nunca sobre el sacrificio y la opresión de los hombres, ni aunque estas medidas se presenten como necesidades transitorias de la historia para una utopía de futuro.

Sabremos que "otro mundo es posible" solo si tenemos fe y que ese otro mundo puede ser mejor si lo construimos TODOS.

La grandeza de San José reside en su fe y en su lucha: es su forma de resistir, porque la fe sin lucha no es nada.

La vida es lucha y el final de la lucha, significa la muerte, ellos lo saben bien, así que TODOS creen en su proyecto y luchan encarnizadamente por él. Es por esto un proyecto vivo y con futuro.

Su lucha no sólo está en su discurso, sino en la acción como tan bien han demostrado.

San José es un regalo para un mundo donde parece que ya todos perdimos la fe y la capacidad de crear, y superándose una y otra vez, resurgen como el ave fénix, una y mil veces de sus cenizas.

María José Rodríguez Hernández.

A 1 de marzo del 2005

Comentar este artículo
Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.