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Rompamos el Silencio okupa en Madrid una antigua sede del Instituto Nacional de Empleo

Sábado.30 de abril de 2011 785 visitas - 1 comentario(s)
Correo Tortuga - Rompamos el Silencio #TITRE

Hoy, 30 de abril de 2011, hemos abierto las puertas olvidadas del número 20 de la calle Alberto Aguilera. Las puertas de un edificio que, como tantos otros, la Administración, y más concretamente el Ayuntamiento de Madrid, mantenía cerrado. Un edificio, por tanto, común, que nos pertenece a todos y a todas, y cuyo uso nos era usurpado por un amasijo de cadenas, candados y hojas secas. No vamos a esperar años a que el descuido y abandono de este edificio, con vida hasta hace no mucho tiempo, permitan al Ayuntamiento, bajo la excusa de su deterioro forzado, a mantenerlo errado, a cederlo o, directamente, a venderlo al mejor postor.

Desde luego, podíamos haber elegido cualquier otro de la larga lista de los edificios que tanto la Administración Pública como -sobre todo- grandes especuladores mantienen vacíos. No hay que preocuparse: ya les llegará su turno. En la víspera del Primero de Mayo, Día del Trabajo, hemos querido elegir un lugar simbólico que nos ayudara a expresar un malestar que ya no soportamos más. Hasta hace dos años y medio, este edificio era una oficina del Instituto Nacional de Empleo. Esta ha sido una de las tantas oficinas que entonces como hoy rebosaba paro y precariedad. Hoy es ya humedad y vacío.

Mantener y colorear este espacio abierto durante el Día del Trabajo es un modo visible y simbólico de mostrar nuestro rechazo a las lúgubres reformas que nos están siendo impuestas desde hace aproximadamente un año. Entre ellas, la reforma laboral, que abarata el despido, reduce salarios y elimina garantías en la contratación; la reforma de las pensiones, que ha empleado gran parte del fondo para nuestro retiro en aumentar el beneficio empresarial, pretendiendo ocultar el dato obvio de que si hay riqueza es porque alguien trabaja, de que esa riqueza que nos quitan, entonces, es de suyo nuestra.

Y no nos engañemos. Estas reformas son por supuesto las de este Gobierno, pero también las de la oposición, las del Parlamento, y las de los grandes medios que las justifican a base de una retórica vacía y alarmista. Y son también las reformas de las centrales sindicales CC OO y UGT, que con su apoyo tácito a las reformas y la vergonzosa y ya definitiva firma del Pacto Social del 2 de febrero han conseguido pervertir y envenenar la percepción que buena parte de la sociedad tiene del sindicalismo. Hoy queremos señalar, por ello, que éste no se reduce al par CCOO-UGT, que hay otras formas de acción sindical, y que éstas también estarán presentes mañana en Madrid. No obstante, nosotros no decimos a nadie qué ha de hacer ni qué ha de elegir. Sólo queremos animar a no caer en la trampa ilusoria de valorar a UGT y CCOO por su tamaño, ni en la trampa nostálgica de valorarlas por lo que pudieron ser en el pasado. Más nos vale, por nuestro propio bien, valorarlas por lo que son hoy. Por eso, en la medida en que recuperar nuestras vidas tiene siempre algo de experimentación, animamos también a experimentar mañana con alguna de las diversas formas bajo las cuales el anticapitalismo saldrá a Madrid, desde las movilizaciones de sindicatos alternativos a las acciones convocadas por pequeños grupos y plataformas independientes. Que cada cual se mueva según lo que le pida el cuerpo.

Que no se nos malinterprete, no protestamos sólo por las 4.910.200 personas paradas que registraba la Encuesta de Población Activa ayer publicada, no protestamos sólo por las altas tasas de paro registradas. El titular que escriba mañana “Jóvenes protestan en Madrid contra el elevado paro” no sólo será inexcato, sino que será, además, muy pobre. Entendámonos: somos bastante más peligrosas.

Ya es imposible, sin embargo, entender nuestra peligrosidad bajo la caricatura cómica y banal del radical vago y maleante. Situémonos en el ejemplo más cercano en el espacio y el tiempo. A pocas calles de aquí, el pasado 14 de marzo la Policía Nacional, a instancias del Ayuntamiento, desalojaba el número 20 de la Corredera Baja de San Pablo. Suspendía así, sin mayor problema, un proyecto vecinal abierto, transparente y autosuficiente que pretendía rehabilitar un edificio histórico y generar un espacio de encuentro entre múltiples sensibilidades. La propuesta del Ayuntamiento, a día de hoy, es arrebatarlo para que una inmobiliaria reconvierta el lugar en pisos, como si en esta ciudad y en este país no se hubiese construído ya bastante. ¿Bajo que pretexto se echa a patadas a un grupo de gente que dedica su esfuerzo y tiempo libre a barrer, pintar, cocinar, plantar lechugas, reparar bicis o organizar actividades para todas? ¿Dónde está el malvado radical antisistema? ¿Va a operar de igual modo el Ayuntamiento esta vez? El desalojo sistemático no sólo es represivo y autoritario, sino que es una burda estrategia con la que el Ayuntamiento sólo va a conseguir que, uno por uno, vayamos tomando y enumerando la larga lista de edificios patrimonio público condenados al abandono y a la especulación.

No destruimos nada. Los delitos por los que se nos persigue están en el desarrollo de nuestra vida creativa, colectiva y autónoma. Creamos cuando nos negamos a pagar a un especulador para usar un espacio. Creamos cuando montamos cooperativas porque nos negamos a tener un jefe. Creamos cuando formamos grupos de consumo que huyan de una alimentación industrial e insípida. Creamos cuando diseñamos redes virtuales para compartir y generar cultura. Creamos cuando adecuamos un lugar para recuperar un ocio rico y gratuito. Y creamos cuando nos rompemos la cabeza para tejer redes de apoyo mutuo.

Todo esto implica un gran trabajo, pero es ya un trabajo jovial que es un fin en sí mismo, un trabajo con el que disfrutamos. Oíd por tanto las estruendosas carcajadas que se producen cada vez que alguien nos llama vagos, cada vez se nos presenta como violentos. La corrosión y la violencia no viene de nosotros, sino de esa otra cultura del trabajo gris y mecánico separado de la vida y del placer, de ese trabajo aburrido, largo y mal pagado que se nos trata de imponer a través de un modelo económico y unas leyes que ya nadie se cree. Contra él nos posicionamos en este Primero de Mayo.

Rompamos el Silencio

En Madrid a 30 de abril de 2011

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  • Hola, enhorabuena por la acción y por vuestro esfuerzo permanente de lucha. Dicho esto voy a decir un par de cosas que quieren ser constructivas.

    No estoy de acuerdo en la frase “un edificio que, como tantos otros, la Administración, y más concretamente el Ayuntamiento de Madrid, mantenía cerrado. Un edificio, por tanto, común, que nos pertenece a todos y a todas, y cuyo uso nos era usurpado”.

    En mi opinión es un craso error creer que lo que es propiedad del estado, en cualquiera de sus rostros administrativos, es “de todos”. Lo que es de la administración es de ella, de esa élite que nos gobierna. No es nuestro. Otra cosa es que nos lo haya robado, pero lo que es de ellos es de ellos y lo que es nuestro es nuestro. Otra cosa será que nos parezca injusto que la administración (el estado) se haya apoderado de esas cosas y deseemos recuperarlas para la gente. Pero eso habrá que hacerlo con argumentos de arrebato y expropiación, no con un discurso reformista estatista de obligar al estado a hacer una buena gestión de esos recursos “públicos”. Mientras sigamos pidiendo al estado que administre así o asá estaremos renunciando perpetuamente a hacerlo por nosotros mismos, al tiempo que estaremos justificando su poder coactivo en toda su extensión.

    Por otra parte, aunque no me gusta mucho el tono francamente victimista del comunicado, sí que me parece bien planteado y necesario que junto con la crítica a políticos y sindicatos corruptos se planteen propuestas alternativas. El siguiente párrafo me parece muy importante:

    “No destruimos nada. Los delitos por los que se nos persigue están en el desarrollo de nuestra vida creativa, colectiva y autónoma. Creamos cuando nos negamos a pagar a un especulador para usar un espacio. Creamos cuando montamos cooperativas porque nos negamos a tener un jefe. Creamos cuando formamos grupos de consumo que huyan de una alimentación industrial e insípida. Creamos cuando diseñamos redes virtuales para compartir y generar cultura. Creamos cuando adecuamos un lugar para recuperar un ocio rico y gratuito. Y creamos cuando nos rompemos la cabeza para tejer redes de apoyo mutuo.”

    Diría que falta una única cosa: “Creamos cuando las personas nos organizamos en cualquier tipo de asamblea para decidir sobre todas las cosas que nos afectan y luchar por nuestra libertad a poder hacerlo. Creamos cuando construimos la verdadera Democracia”.

    Salut.

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