Acompaz - Martes.17 de octubre de 2006 - 1008 visitas

Fotos de la fiesta de bienvenida a Yolanda en Rivas

Yolanda es una voluntaria de Acompaz que ha decidido donar 12 meses de su vida para apoyar, acompañar, aprender y vivir la cotidianidad de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Regresa a España con una maleta cargada de recuerdos, de lágrimas, de risas, alegrías, temores por los que se quedaron y esperanzas por lo que todos y todas podamos hacer para continuar apoyando a este ejemplar proceso de resistencia civil a la guerra y al desplazamiento forzado.

BIENVENIDA YOLANDA: GRACIAS POR TUS DOCE MESES DE TRABAJO EN LA COMUNIDAD DE PAZ DE SAN JOSE DE APARTADO

Nuestra compañera Yolanda Rodríguez Villegas, regresa después de haber compartido el último año con la comunidad de paz de San José de Apartadó.

Breve descripción de contexto

La comunidad de paz de San José de Apartadó fue creada en marzo de 1997 con el propósito de proteger a la población civil de las inclemencias de la guerra, está conformada por 1.300 campesinos y campesinas que decidieron iniciar un interesante proceso de resistencia noviolenta a la guerra y al desplazamiento forzado como medio para defender la vida y el territorio. Los integrantes de la comunidad de paz se comprometen a no portar armas, no colaborar directa o indirectamente con ningún grupo armado (legal o ilegal), ser neutrales frente a todos los grupos armados, denunciar las violaciones cometidas por cualquiera de los actores armados, luchar por una solución política del conflicto.

En estos casi 9 años de resistencia civil, la comunidad ha pagado un precio muy alto, más de 170 miembros de la comunidad de paz y pobladores de la zona, han sido asesinados por los actores armados, también han sido victimas de persecuciones judiciales, robos, incendio de casas, torturas, detenciones arbitrarias, violación de mujeres, difamación a través de los medios masivos de comunicación, etc.

El 21 de febrero de 2005, 8 miembros de la comunidad de paz fueron salvajemente asesinados en las veredas Mulatos y La Resbalosa, entre ellos se encontraban 3 niños de 11, 6 y 2 anos de edad y el líder histórico Luis Eduardo Guerra. La comunidad acusa al ejército como autor de la masacre. Seguidamente, se desarrolló una fuerte campaña de difamación de la comunidad de paz por parte de altos funcionarios estatales, incluso el mismo Presidente Álvaro Uribe, señaló públicamente a los líderes y acompañantes de la comunidad de paz como colaboradores de la guerrilla y ordenó a la Policía Nacional, hacer presencia permanente en la aldea de San José de Apartadó, hecho que viola el principio de neutralidad de la comunidad de paz, que decide entonces trasladarse a un terreno de su propiedad para salvaguardar precisamente su derecho legitimo a la neutralidad.

El nuevo asentamiento fue bautizado “San Josesito de la Dignidad” y allí se ha refundado la aldea principal de la comunidad de paz. Así entonces, la gente abandonó sus casas, que aunque modestas, contaban con los servicios básicos de energía eléctrica, agua y alcantarillado. En San Josesito, la situación era dramática, las prisas del traslado llevaron a que la gente se hacinara en casas sin paredes y con piso en tierra, carentes de los servicios elementales, continuaban las amenazas y crecía la incertidumbre.

Yolanda viaja a San Josesito

Fue en este contexto en el cual, Acompaz empezó su caminar solidario con la comunidad de paz, respondiendo a varias de las solicitudes planteadas por el Consejo Interno de la comunidad, entre las cuales estaba la de una profesora para la aún inexistente escuela de San Josesito. Desde el mismo momento en que se le formuló la propuesta, Yolanda aceptó, conocedora de las dificultades de infraestructura, enfermedades y seguridad, partió para Colombia en octubre de 2005.

En estos 12 meses de trabajo, Yolanda se ha desempeñado como cooperante polifacética:

Ha dado forma a la nueva escuela de San Josesito (que por ahora funciona en kioscos de paja). Ha trabajado con los niños y niñas de la comunidad que por motivos de seguridad no van a la escuela de la aldea de San José, pues temen nuevos ataques de la guerrilla a la policía allí destacada; varios de sus alumnos ordinarios trabajaban en el día, por lo cual Yolanda, en horario extraescolar, dedicaba tiempo de su inexistente periodo de descanso, para actualizarlos con los contenidos académicos; ha colaborado en actividades de alfabetización de adultos, ha formado jóvenes de la propia comunidad para que sean los profesores de educación básica.

Actividades de acompañamiento: la sola presencia permanente de Yolanda en la comunidad de paz era ya una importante actividad de acompañamiento internacional. Además, ha acompañado a miembros de la comunidad, pero especialmente a sus líderes, quienes están constantemente amenazados, a visitar diferentes zonas humanitarias, a preparar nuevos retornos en sitios de donde familias de la comunidad de paz han sido expulsadas por los actores armados, a visitar otras experiencias de resistencia civil en diferentes zonas de la región.

Apoyo en salud: Yolanda se convirtió en confidente, amiga y enfermera, de los miembros de la comunidad de paz. A su casa llegaban frecuentemente personas en busca de algunos medicamentos esenciales, acompañó a personas enfermas en sus frecuentes visitas al hospital de Apartadó, prestó el servicio fundamental de escuchar las historias tristes de quienes lo han perdido casi todo por causa de la violencia.

Nuestro compañero Mario González, quien hizo un interesante escrito sobre su reciente visita a San José de Apartadó, se refiere a Yolanda en los siguientes términos:

“Yolanda es la maestra del poblado. Aparenta tener treinta y tantos años. Es española, voluntaria, en excedencia de su trabajo de bibliotecaria. Casi siempre está rodeada de niños. En las horas de clase es normal, pero los niños la siguen y persiguen, en la calle y en la casa. Cuando no está con niños, entonces hay algunos jóvenes, que no asisten a clase porque trabajan y quieren aprender en horario nocturno o en fin de semana, o también porque se están formando para profesores. Y cuando no hay jóvenes, pues la ves con mujeres del pueblo o con hombres adultos que también la buscan para hablar con ella. Le cuesta decir “no, no puedo” o “no tengo tiempo”. En la casa se levanta la primera y se acuesta la última. Es la gran madre de todos”.

GRACIAS YOLANDA POR TU GENEROSIDAD, POR TU SERVICIO HUMILDE Y TU PERMANENTE DISPOSICION DE APRENDER, PORQUE A PESAR DE LOS TRES PALUDISMOS, EL DENGUE Y ALGUNOS MALESTARES MENORES, NO CONSIDERASTE SIQUIERA LA POSIBILIDAD DE ANTICIPAR TU PARTIDA, POR LOS RIESGOS ASUMIDOS, POR TU CAPACIDAD PARA ADAPTARTE A LAS CIRCUNSTANCIAS, POR SER UNA MARAVILLOSA COMPLICE DEL DIGNO Y DIFICIL PROCESO DE RESISTENCIA CIVIL ADELANTADO POR LA COMUNIDAD DE PAZ.

BIENVENIDA A TU OTRA CASA.

ACOMPAZ.


"HOMENAJE A YOLANDA"

Por LUIS ALBEIRO TUBERQUIA (joven de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó)

Desde que llegó a nuestra comunidad fue querida y respetada por todos. Su trabajo fue ejemplar porque hizo salir niños adelante y que la comunidad tuviera nuevos propósitos y con una visión nueva sobre la educación.

Fue una compañera de trabajo excelente, siempre supo expresar sus ideas claras y con un sentido de pertenencia que servía a todos. Educó a niños y niñas y dio nuevas esperanzas en su crecer, en su empeño por hacer las cosas, y en valorar lo que ellos llamaban “una escuela chiviada”.

Supo entender lo que la gente quería decir y se preocupaba y hasta se ponía de mal humor cuando no le decían las cosas o le cambiaban la respuesta a sus preguntas. Tuvo fallas como todos los seres humanos, quizás no dio todo lo que ella hubiera deseado y quizás muchos no la entendimos como ella nos entendía a nosotros.

Su manera de vivir y la forma de ayudar a los demás hicieron que las personas la admiraran más, por que nunca se negó la posibilidad de acompañar un enfermo hasta el hospital, traer payasos de circo para alegrar la vida a las personas, gastar de su dinero para darle gusto a los niños parea ir a la playa, daba lo que tenía, y aunque muchos pasaban de confianza, ella poco a poco supo entenderlo y a decir las cosas para que la otra persona mejorara, amó a los niños con intensidad y lo más admirable d ella era que siempre tenía un ánimo acogedor para que los demás lo hicieran así, teniendo ella tristeza que un pequeño ladrón le haya robado su corazón y no se lo haya devuelto.

Supo acompañar en la tristeza a los que se acercaban a ella para contarle sus cosas y por casualidad del destino encontró amores, amigos, personas que no estaban de acuerdo con ella y con sus ideas, y hasta tuvo la gran idea de ser una monja porque no habían devuelto su corazón.

De parte de todos se le agrace su valentía y el gran trabajo que hizo en nuestra comunidad.

MIL GRACIAS.

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