Una iniciativa impulsada por una política holandesa de enviar prostitutas junto a las misiones militares en el exterior para evitar que los soldados recurran a la violación de mujeres locales, está destinada a levantar polvareda.
Annemarie Jorristma, alcaldesa de la localidad de Almere, asegura que "el Ejército debe considerar formas de que sus soldados encuentran vías para desahogarse".
En verdad, la idea no es nueva. Iniciativas para que la satisfacción del los instintos sexuales de las tropas estacionadas no causen problemas siempre han existido -aunque no se lo admita públicamente- más no sea para evitar la propagación de enfermedades venéreas.
Incluso en el plano literario, el escritor Mario Vargas Llosa ya había hecho de esta idea el centro de su novela "Pantaleón y las visitadoras", en la cual el comando militar peruano organizaba un escuadrón de trabajadoras sexuales para detener una ola de violaciones protagonizada por los soldados en destacamentos alejados de los centros urbanos.
También es una dato de la realidad el que allí donde hay concentraciones militares importantes florecen los burdeles y los casos de abuso.
Sólo para mencionar dos incidentes recientes, basta con recordar las violaciones que terminaron por provocar el traslado de bases militares norteamericanas en Japón o los abusos a mujeres y niñas adjudicados a soldados uruguayos destacados en Congo.
¿Es razonable apostar a la abstinencia? ¿Qué alternativas se te ocurren?
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