El proceso de “disolución” de las guerras es muy llamativo. Por ejemplo, los conflictos que está afrontando España en diversas partes del mundo, podrían ser misiones encomendadas a la Guardia Civil si este Instituto tuviera suficiente personal. Me explico: los conflictos que estamos tratando de resolver ahora tienen cada día más componente policial y menos componente guerrero.
En la inolvidable (y recomendable) película “La batalla de Argel”, de G.Pontecorbo, el coronel francés Philip Mathieu dice en un momento a sus oficiales al llegar con su Brigada Paracaidista a Argel: “El cariz propiamente militar de todo el problema es puramente secundario, el cariz más evidente es el policiaco. Ya se que esta palabra no nos gusta, pero es la única que indica exactamente el trabajo que tenemos que realizar” La película es de 1966. Una película que hoy se sigue analizando en todos los Estados Mayores del mundo.
Los límites entre lo militar y lo policial se están difuminando. Voy más allá: los límites entre la Protección Civil y la protección militar también vamos a verlos desaparecer. Ahí está la Unidad Militar de Emergencias. Entonces ¿qué nos pasa?.
Pues nos pasa que tenemos que aceptar que el concepto que va a primar en el siglo XXI es el de Seguridad. A los ciudadanos les va a dar igual que, ante un peligro o una amenaza, aparezca un policía municipal, un policía nacional, un guardia civil o un soldado, lo que va a exigir es que se le resuelva su inquietud y su miedo.
Ha de ser el Estado, el Gobierno, el que diseñe cómo aplica su fuerza en cada momento. Y, además, tiene que definir esa fuerza cada día con menor rotundidad. Va a ser complicado durante algún tiempo esta falta de definición.
Que un paracaidista tenga que hacer labores policiales en Kosovo, un guardia civil dirigir el tráfico en Haití, un miembro de la UME quitar nieve de la carretera, un infante de marina repeler agresiones con mortero en Afganistán y un bombero retirar escombros en no se dónde junto a un legionario, son escenas reales y que vamos a repetir; que tenemos que incorporar a nuestra cultura de Seguridad y Defensa.
En Canadá han intentado hasta unificar todos sus Ejércitos. No voy por ahí. Eso es no entender que hay historias y orgullos que forman parte del por qué un militar hace lo que hace.
Pero que el Ministro de Defensa de turno y el JEMAD de turno no se equivoquen: no se les pide que se preparen para ganar guerras, se les pide que trabajen para aportar Seguridad. ¿Guerras incluidas? Naturalemente. Pero eso ya no es prioritario.
¡Cómo me gustaría que esto lo aceptasen los militares y los civiles, los guardias civiles y los policías, lo políticos de aquí y de allá!
Los ciudadanos ya lo tienen asumido.
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