Hace muchos años escuchaba un poema de un autor desconocido que le da título a esta reflexión, y la verdad es que la pura realidad estremece más que la ficción.
Según un informe de UNICEF, unos 150 millones de niños en el mundo están desnutridos, casi 6 millones mueren de hambre al año, unos 16.000 al día... Espantoso. Mientras la tabaquera Hispano Francesa vendió en el primer trimestre del 2006 unos 930 millones de euros, lo que equivale a un total de 3.720 millones de euros al año. Estas cifras cuando las aplicas al resto del mundo son increíbles, pero si le añades el gasto en alcohol, drogas, etc. estamos hablando de muchos cientos de millones y «mientras tanto muere un niño en una choza de barro».
Con unas pocas migajas de todo este dineral podría hacerse mucho, pero mucho por este problema. Pero los seres humanos estamos anestesiados ante al hambre y el sufrimiento y mucho más preocupados por los resultados de Fernando Alonso, o si pierde o gana el Barça o el Madrid, o de aquel gigante catalán que juega en USA y se forra aquí, o de lo que gana Capello, o quizás del precio de mercado de Ronaldo o de Ronaldinho, que creo que anda por los 2.500 millones de pesetas.
A todo esto funcionan, y no lo hacen mal las instituciones, ONGs, que gestionan y reivindican la praxis de la Declaración de los Derechos del Niño, el Año Internacional del Niño, la cumbre a favor de la Infancia, etc. Pero todo esto evidentemente es insuficiente ya que la prueba de resultados denuncia la situación mencionada.
No sólo es insuficiente sino que tapa una gran hipocresía y cauteriza las conciencias de una sociedad mal llamada cristiana. ¿Cristianos de qué Cristo Nosotros estamos más preocupados de los males de la política, del deporte, de los personajes mediáticos banales que de la solidaridad y del amor «ágape», que es aquel que sufre con los que sufren y llora con los que lloran.
Si fuéramos la mitad de la mitad de lo que decimos ser, y practicáramos una octava parte de los preceptos éticos que nuestra cultura tiene como suyos, otro gallo cantaría en este corral. Porque más que un mundo moralmente organizado, el nuestro parece un corral de desafectos tribales e insolidarios.
Celebramos la semana del hambre en el mundo, es correcto, pero al tiempo cerramos las manos y el corazón a los pobres del tercer mundo a los que expoliamos de materias primas, de cultura y de posibilidades. A todo esto en el nombre de una civilización que se define con todo el autobombo de crisol y medida de todo lo humano y de referencias divinas.
Hace casi 4.000 años decía Moisés, algo que no hemos alcanzado ni en la teoría ni en la práctica: «Si hay entre los tuyos un pobre no endurezcas el corazón ni cierres la mano a tu hermano pobre, ábrele la mano y dale la medida de su necesidad». Deuteronomi 15,7.
«Si un hermano tuyo se arruina y no puede mantenerse, tu le sustentarás...». Levític 25,35.
Tenemos la tendencia en nuestra civilización posmoderna a dejar toda la responsabilidad a la maquinaria del Estado, toda la culpa a las transnacionales y a los grandes clubs financieros. Sin duda tienen mucha. ¿Pero y nosotros, y tú y yo, ¿Quedaremos impunes de toda la culpa ¿No será eso como lavarse las manos como Pilatos
Uno ingenuamente creía hace no muchos años en aquella dialéctica hegeliana, el progreso como inevitable, pero me parece que es todo mentira. Miren el mundo, en que sentido gira...
Emili Boix es ceramista
Diario Información de Alacant