En su número de noviembre de 2009, el 262 para más señas, la revista "El viejo topo" dedicó una pequeña carpeta a la denuncia de la prostitución. Los textos allí reunidos tienen un enfoque abolicionista, enfoque que el que suscribe comparte a grandes rasgos - pero destilan una enorme confianza en la adopción de medidas represivas y autoritarias para ’resolver el problema’, confianza que inspira mi desconfianza. No cuento con suficientes conocimientos como para enjuiciar tajantemente las medidas que se proponen, quizás viciadas por un exceso de definiciones a priori y/o de compulsión por encontrar soluciones a corto plazo; pero sí que creo que tomarlas en cuenta puede ayudarnos para hacer más precisa la polémica sobre las conexiones entre feminismo y política estatal represiva, polémica que en los últimos tiempos aflora en esta página. Esperando ayudar a la reflexión sobre si esas conexiones son inevitables o son indeseables -o si son inevitables e indeseables, o si no son nada de ello-, transcribo uno de los textos de la carpeta (Crates).
Abolicionismo, Regulacionismo, Prohibicionismo / Entrevista a Lara Padilla, por Miguel Riera.
Abogada, portavoz en Cataluña de la Plataforma de Organizaciones para la Abolición de la Prostitución, Lara Padilla explica aquí cómo la reglamentación legal de la prostitución conduciría inexorablemente a un aumento de la trata de mujeres y a la consolidación de las mafias.
—¿Cómo y por qué se crea la Plataforma?
—La Plataforma está compuesta por casi setenta organizaciones. Algunas trabajaban ya con mujeres prostituidas y otras lo hacíamos en temas de malos tratos, violaciones… Y todas coincidíamos en que lo que está sucediendo con la prostitución no se corresponde ni con lo que aparece en los medios de comunicación ni con lo que se está poniendo sobre la mesa respecto a la libertad de las mujeres que deciden ejercer la prostitución.
—¿A qué te refieres exactamente?
—A que se presenta la prostitución como una actividad que puede llevarse a cabo como cualquier otra, cuando nuestra experiencia nos dice que afecta a mujeres que presentan una situación de vulnerabilidad y precariedad mucho mayor que las demás, cuando además vemos que sufren secuelas muy graves, porque a algunas de nosotras nos piden ayuda también por malos tratos, por violaciones... de modo que las personas que trabajamos en estas organizaciones empezamos a ver que lo que se nos está diciendo desde los mass media no se corresponde para nada con nuestra experiencia personal… Entonces empezamos a intercambiar opiniones entre diversas organizaciones de mujeres en Congresos de distinta índole en los que nos reunimos para tratar la violencia de género y tomamos conciencia de que existe la necesidad de replantear públicamente e ideológicamente la posición que hemos de adoptar como ciudadanos ante la prostitución, y también la de conocer fehacientemente cuál es la realidad de la prostitución hoy en día…
—La Plataforma se declara Abolicionista, y rechaza el Regulacionismo y el Prohibicionismo. ¿En qué se diferencian esos tres conceptos?
—A diferencia del Prohibicionismo, el Abolicionismo considera que la mujer prostituida no puede ser objeto de persecución ni de sanción, sino que tiene que ser protegida y se deben articular mecanismos para darle la opción o la oportunidad de que pueda reinsertarse laboralmente, o de recibir un tratamiento psicológico y social para que pueda salir de esa situación de la cual es víctima. También se caracteriza por tener una línea de actuación contra el cliente a través de unas sanciones. Por ejemplo, en el caso de Suecia las sanciones son básicamente pecuniarias, con una multa, y en determinados casos se puede llegar a castigar penalmente con penas de hasta seis meses, lo cual no implica el ingreso en prisión pero obliga a reflexionar al cliente. El cliente es una pieza fundamental que normalmente queda opacada a lo largo del proceso de prostitución. Sólo tenemos claro que existen los proxenetas, aunque cada vez menos, porque ahora nos dicen que lo que hay es empresarios del sexo, o que los dueños de prostíbulos no son proxenetas, dignificando situaciones que no tienen nada de dignas, porque abrimos los periódicos y vemos que se hacen redadas y que en ellas encuentran mujeres en situación de trata, etc. A través de los mensajes de los mass media se disocia la realidad de la prostitución del proxenetismo y se invisibiliza al cliente, que al fin y al cabo es el causante de que exista prostitución y de que exista trata.
Porque en la situación actual, con los fenómenos de la globalización y la inmigración, no puede desvincularse la prostitución de la trata. Eso lo han afirmado ya organismos como Naciones Unidas o la Coalición contra el Tráfico de Mujeres, mujeres que son inmigrantes que provienen de países pobres y que se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema. Son capaces de jugarse la vida en una patera para venir e igualmente van a ser capaces de vender su cuerpo y de someterse a todas las secuelas que les produzca su actividad, porque lo que se juegan es la supervivencia… Estamos hablando de personas, de seres humanos que estarían dispuestos a firmar un contrato de esclavitud por cinco años si eso les posibilitara la entrada en Europa, y lo sabemos, porque ahora se están jugando la vida sin ninguna seguridad… De ahí a la compra-venta de órganos no va nada, es el mismo discurso. Habrá gente dispuesta a vender un órgano porque puede vivir con el resto. Si regulamos la prostitución o la venta de órganos estamos desvalorizando lo que es el ser humano. Confirmaremos legalmente la existencia de dos clases de ciudadanos, de dos clases de personas. Unas podrán ser mutiladas, sometidas, etc., para el beneficio, el placer o la salud de otra clase social…
—Vemos con mucha frecuencia en la televisión a los proxenetas presentados como empresarios respetables, miembros de una asociación legal, portavoces, etc… ¿Qué opináis de ese intento de darles apariencia de respetabilidad desde los medios de comunicación? —Hay algo evidente. En los medios de comunicación escritos existe un claro interés en sostener que la prostitución puede ser una actividad respetable, siendo ya público y notorio que muchos de esos medios obtienen unos ingresos importantes procedentes de los anuncios de prostitución, y los anuncios son mayoritariamente sufragados por los clubes. Es decir, existe un claro interés económico. Y eso lo han hecho notar no sólo las organizaciones de la Plataforma, sino la propia ministra de Igualdad o la Comisión del Congreso que estudió el tema de la prostitución, sugiriendo que los medios de comunicación deberían replantearse su conducta. España es uno de los pocos países donde la prensa escrita tiene ese tipo de anuncios; en el resto de Europa los medios serios ni siquiera se lo plantean. Aparte de todas las contradicciones que supone estar denunciando la trata en la página 3 y encontrarte en la página 25 “Jovencita de 18 años, asiática, sumisa, dispuesta a todo…” Realmente ahí hay una contradicción que seguro que son capaces de ver los propios directores de estos periódicos, pero que no quieren abordar. La participación que tienen esos medios de comunicación en las televisiones también es evidente, pues suelen formar parte de los mismos grandes grupos. Y no sólo hay intereses por parte de los periódicos, si no que hay determinados sectores que se van a ver beneficiados con esa actividad.
—¿A qué sectores te refieres?
—Establecer medidas para ayudar a esas mujeres a salir del pozo, o luchar contra las mafias, constituye un gasto para el Estado. Para las distintas administraciones supone gasto, pero si la actividad se regula, en lugar de gasto proporciona ingresos. Desde las licencias que van a dar los ayuntamientos para la apertura de esos locales, hasta la contribución que se pueda hacer en IRPF, seguridad social… El posicionamiento político que tenga un Estado ante la prostitución va a suponer ingresos o va a suponer gastos. La cuestión es si queremos que los Estados se lucren con la trata, como un proxeneta más que está sometiendo a todas estas mujeres, como hacen todas las redes que están sacando beneficio de su explotación sexual.
—Eso nos lleva a otro tema: el de la policía. Es llamativo que habiendo una cantidad enorme de prostitutas en España, en su mayor parte procedente de la trata de mujeres, la policía no tenga una actuación más diligente. ¿A qué causa obedece, es que no hay recursos legales?
—El principal problema nace en la confusión que se generó en su momento a partir de la aprobación del Código Penal de 1995. El Código Penal de la democracia, con Belloch. Ahí se despenalizó el proxenetismo que no era coercitivo, aquel que no comportaba engaño o coacción sobre la mujer prostituida. Es decir, todo aquel que pudiera darse con el consentimiento de la mujer prostituida. España tiene suscrito el convenio de Naciones Unidas contra la trata de personas, calificada como una nueva forma de esclavitud, y en el que se dice que los Estados se comprometen a perseguir todo tipo de proxenetismo, incluido el que cuenta con el consentimiento de la persona prostituida. Sin embargo, el Código Penal del 95 despenaliza ese tipo de proxenetismo. Entonces la policía se encontró un poco atada de pies y manos, porque cuando se detiene a los dueños de los locales, al no obtener la declaración de las mujeres conforme han sido coaccionadas, los proxenetas quedan impunes. A partir de 1995, por tanto, se empezaron a instaurar las mafias en nuestro país, que antes en general sólo era un lugar de paso de las mujeres traficadas.
—¿Y eso sigue siendo así?
—No exactamente. Fruto de toda la presión que hacía todo el movimiento feminista, se introduce la reforma, en marzo de 2003, del artículo 188 del Código Penal, mediante la cual se vuelve a añadir, para estar de acuerdo con el convenio de Naciones Unidas, que todo proxenetismo podrá ser perseguido, incluso aquel que cuente con el consentimiento de la mujer prostituida. Con lo cual no se está prohibiendo la prostitución, pero sí que cualquier persona se lucre de la prostitución ajena.
Sin embargo, no ha habido interés por parte de las autoridades en hacer cumplir esta modificación del Código Penal. No ha habido órdenes directas por parte de las correspondientes fiscalías, con lo cual los fiscales no han puesto especial interés en perseguir a los proxenetas… Con el Código Penal en la mano hoy no podría haber en nuestro país un local de prostitución abierto, pero no sólo los hay sino que incluso se está planeando abrir más, en franca contradicción con las leyes que tenemos aprobadas y los convenios internacionales que tenemos suscritos.
—En la Plataforma vinculáis la prostitución con la violencia de género. ¿Podrías abundar en esa idea?
—Contrariamente a lo que se dice en algunos sectores, está absolutamente acreditado que la práctica de la prostitución comporta, en la mayoría de los casos, una serie de secuelas físicas y, siempre, secuelas psicológicas y emocionales. La Asociación Nacional de Psiquiatría en uno de sus Congresos concluía que las mujeres prostituidas presentaban trastorno por estrés postraumático en un 68%, mientras que los veteranos de Vietnam, que fueron con quienes se diagnosticó este tipo de trastorno, presentaban un 5%… las prostitutas están sometidas a una violencia implícita en su actividad muy, muy superior a la de los soldados en guerra.
Cuando hablamos de mujeres prostituidas, es muy cómodo pensar que hay un tipo de personas a las cuales esa actividad no les afecta lo mismo que a las demás… Porque todos hacemos cosas que no nos gustan, vale, sí, pero pongamos que por una cuestión económica circunstancial en nuestra vida nos toca ser limpiadoras en el peor lugar del mundo durante tres meses… El ejercicio de esa actividad podrá no ser agradable, pero desde luego no afectará a nuestras emociones, a nuestra vida de pareja, a nuestra sexualidad… será una cuestión que no dejará secuelas de por vida en todos nuestros mecanismos emocionales y psicológicos. Pero si nos planteamos, cualquiera de nosotros, tener que estar practicando durante tres meses la prostitución, con todo lo que conlleva… pensando bien lo que es la prostitución, que no es acostarse con quien uno quiere y que además te paguen, sino que comporta realmente tener que realizar cinco felaciones, tres sodomizaciones y dos coitos al día sometida a los ritmos, a la higiene y a todo lo que plantee el cliente prostituidor... Si realmente nos plantea mos en serio lo que es el ejercicio de la prostitución y si lo tuviéramos que hacer nosotros, todos tendríamos claro que conllevaría secuelas psicológicas y emocionales.
Pensar que hay un tipo de seres humanos en los cuales eso no causa mella alguna es carecer absolutamente de empatía respecto a nuestros y nuestras congéneres.
—También rechazáis que la prostitución sea una forma de relación sexual, en los términos en que suele entenderse corrientemente... —Cuando nos están diciendo que se trata de una relación sexual mediante pago nos están engañando, porque cualquier tipo de relación sexual se produce en un ámbito de libertad, donde las dos partes van en búsqueda del placer, el placer propio y el del otro… En la prostitución no se trata de eso, porque una de las partes cede y cualquier búsqueda o apetencia ha de ser utilizada para el placer del otro. Ese es un papel al que se nos ha remitido a las mujeres a lo largo de la historia durante muchísimo tiempo, desde las políticas más patriarcales y los distintos frentes religiosos. Se ha llegado incluso a la negación absoluta de la posibilidad de que la mujer pueda tener y desarrollar su propia sexualidad para estar siempre sometida al placer del hombre. Ha sido así durante muchos años en el matrimonio, en el cual se le negaba que ella pudiera buscar su propio placer sexual, y se está haciendo nuevamente ahora a través del pago, utilizando a las mujeres más pobres, para poder sostener una sexualidad machista y patriarcal que comporta violencia, porque está generando las secuelas a las que ya he aludido. La prostitución no sólo plantea la violencia frente a esa mujer prostituida a la que se somete, sino frente a todas las mujeres.
Nosotras queremos y creemos en una sexualidad libre, igualitaria en la cual hombres y mujeres puedan pactar, experimentar en un contexto de libertad, sin que ninguno de los dos pueda someter al otro.
—Supongo que como Plataforma tenéis relación con las organizaciones políticas. ¿Alguna ha asumido vuestros planteamientos?
—Si podemos salir adelante con un plan teamiento político será mediante un gran pacto de solidaridad entre mujeres y hombres dispuestos a apostar por una nueva sociedad, que es lo que más o menos pasó en Suecia. Allí las mujeres de los distintos partidos políticos se fueron uniendo y contemplando esta opción cada vez más como la única viable para llegar a una igualdad real entre hombres y mujeres. En Cataluña el único partido que ha asumido una posición abolicionista ha sido el PSUCViu, según los planteamientos que tiene aprobados por asamblea. En Cataluña realmente la situación está muy cruda, y es bastante duro ver cómo desde las izquierdas se están difundiendo unos posicionamientos francamente retrógrados, conservadores y que a mí me dejan espeluznada. Posicionamientos que en el fondo consisten en llevar el capitalismo salvaje a su máximo: todo es susceptible de ser comprado y vendido dentro de la ley de la oferta y la demanda, por encima de cualquier derecho humano fundamental. Fuera de Cataluña creo que tampoco se ha acogido el posicionamiento abolicionista como tal, pese a que hay distintas mujeres en todas las formaciones políticas que están por esa labor y que realmente ven que es una cuestión no sólo de género, sino de derechos humanos.
—¿En qué posición está el ministerio de Igualdad?
—Todavía estamos lejos de conseguir que adopte un posicionamiento valiente. A nivel personal creo que sí que lo tienen claro, pero por ahora es muy difícil que se atrevan a plantear abiertamente una apuesta por el modelo abolicionista. Van a intentar introducir esos posicionamientos dentro de la lucha contra la trata, pero de una forma que acabará siendo equívoca, porque entonces la gente dice, bueno, hay que acabar con la trata, pero piensa que hay una prostitución libre que se debe regular. Todo el mundo tiene interés en regular, en vez actuar eficazmente contra la trata. Si no son más claras y más francas con el discurso real de lo que es la prostitución, de que la prostitución no se puede desvincular de la trata, no se avanzará.
—Mujeres de izquierda que defienden inequívocamente los derechos de la mujer defienden también la regulación, sobre la base de que por encima de todo está la libertad de la mujer, y que hay que respetar su voluntad.
—Claro, pero como ya he dicho es la misma libertad que reclamaría un individuo para vender a otro un riñón. Si eso se permitiera, tendríamos una larguísima cola de personas llegadas de países del Tercer Mundo en los cuales la situación económica, social, etc., es precaria, y el acceso a sus derechos por parte de sus ciudadanos es prácticamente inviable. Serían poco más que carne de cañón. Frente a eso, que en sus países de origen no exista protección de sus derechos es grave, pero que nosotros, que somos países donde se supone que los derechos están garantizados, articulemos un sistema para complacer a algunos de nuestros ciudadanos utilizando el cuerpo de los que llegan tratando de sobrevivir, es terriblemente grave..
—Por último, ¿qué te tenía que haber preguntado y no he hecho?
—Me gustaría señalar que el asunto de la prostitución no es un tema de hombres contra mujeres, sino un tema de mujeres contra una determinada ideología, machista y patriarcal, que se ceba ahora con las más débiles. Las mujeres hemos ido avanzando en la protección de nuestros derechos, tenemos leyes que defienden la igualdad, pero en Suecia, las suecas habían conseguido la igualdad, habían alcanzado prácticamente la paridad política, realmente podían acceder tanto al mercado laboral como a las tareas del hogar, etc., en igualdad de condiciones, pero muchos de los maridos, de los ciudadanos suecos que habían votado esas leyes de igualdad, querían seguir manteniendo privilegios y a través de un precio seguían sometiendo a mujeres de países pobres. Esta fue la decisión de las suecas: quisieron los derechos de los que ellas gozaban para todo el resto de mujeres. Creo que es lo que deberíamos plantearnos hoy en día, si nos creemos realmente que esos derechos de igualdad deben prevalecer o no. Si creemos que deben prevalecer deberíamos apostar porque todos los ciudadanos y las ciudadanas del mundo pudieran acceder a ellos.