EL MOVIMIENTO DE RESISTENCIA DE LAS MUJERES RUSAS
En 1989, un pequeño grupo de madres de reclutas se organizó para socorrer a sus hijos, enrolados a la fuerza en el Ejército Rojo. Clandestinamente daban refugio a los que huían de los cuarteles, los curaban, los escondían e incluso iban a buscarlos a los cuarteles. Fueron las mujeres las que iniciaron el movimiento por una reforma militar y, 17 años después de la caída del muro de Berlín, siguen siendo las mujeres las que denuncian las violaciones de derechos humanos en y por el Ejército. Fueron ellas las primeras en denunciar la intervención rusa en Chechenia, y esta lucha las convirtió en un movimiento de resistencia al poder federal que se bate por la reforma del Estado.
Empezaron con acciones para liberar a sus hijos: pocos soldados cada vez, una decena, quizás un centenar en 1994, mientras 2.000 marineros morían por las condiciones y los malos tratos en la isla de Russky. Las madres lograron convertir el hecho en un escándalo nacional, hasta que lograron suficiente fama para hacerse oír por el Gobierno. Su primera victoria fue volver a traer a la universidad a 176 estudiantes integrados a la fuerza en el Ejército. Otra acción obligó al Gobierno a nombrar una comisión para investigar los muertos fuera de combate. Y en el ‘93 lograron que la Duma fijara pensiones para familias de muertos y Seguridad Social para los soldados. Yeltsin concedió en el ‘98 una amnistía general para 11.000 desertores.
Ahora reclaman la abolición del servicio militar obligatorio, una definición legal de la tortura, sanciones legales en casos de tortura o corrupción y juicios justos para los desertores.
Según la asociación, “cada año mueren entre 4.000 y 5.000 soldados fuera de acciones militares: por torturas o maltrato, a lo que se añade el frío, la falta de atención médica, el hambre”. Mientras la asociación lucha por un cambio legislativo, mujeres de los 107 comités locales hacen lo posible por otros 3.000 o 4.000 soldados que desertan cada año. “El comité trabaja en una tensión permanente: cada día llegan a las oficinas de 20 a 40 soldados que huyeron para salvar la vida. Recibimos miles de cartas. Participamos en los juicios como defensoras”. Resulta casi imposible obtener compensaciones o la condena del culpable, por lo que las mujeres agitan la amenaza del escándalo público hasta conseguir un certificado de invalidez que evite al soldado el regimiento disciplinario.
Chechenia y censura
Desde el inicio del segundo conflicto checheno en 1999, las Madres quedaron cada vez más aisladas frente al poder ruso. La mayoría de los medios de comunicación ya no pueden rechazar la versión oficial de los hechos; la información no oficial ya sólo pasa por algunas organizaciones civiles como las Madres, el Memorial o el museo Sajarov, cuyo trabajo es cada vez más difícil. Primero, porque ya no circulan datos: por razones de seguridad las ONG internacionales no pueden operar en Chechenia y los periodistas sólo tienen acceso mediante viajes organizados y escoltados por el Ejército. Además, según Aude Merlin, profesora en la universidad de Bruselas, “aunque el control de los medios desde la elección de Putin en 1999 tenga otras razones que la de esconder las barbaridades en Chechenia, la guerra contribuyó mucho a esto. El creciente control de la información permite mantener una guerra a puerta cerrada, mientras ésta da motivos para nuevas restricciones a los medios. Se asiste a manifestaciones de censura pero también de autocensura”.
En 2002, la Duma aprobó una enmienda a la Ley de terrorismo que prohíbe la difusión de información “que pueda obstaculizar el buen desarrollo de una operación antiterrorista” o que “haga propaganda a favor de la oposición a dicha operación”. Además, la mayoría de los medios han “asumido la responsabilidad de autocensurarse”, según la Nezavisimaya Gazeta.
El 23 de octubre de 2002, un comando tomó como rehenes a los espectadores de un teatro de Moscú. Al día siguiente, cerraba la cadena de televisión Moscovia por “violación de la ley antiterrorista”, se prohibía la difusión de entrevistas de miembros del comando y se sancionaba a la Rossiskaya Gazeta. El mismo año cerró la última televisión independiente y el general del Servicio Federal de Seguridad Zdanovitch fue nombrado para encabezar la principal cadena pública, mientras operaciones de compra y fusión van agotando los periódicos alternativos. A las Madres de Soldados les resulta más fácil esquivar las leyes restrictivas: “Cumplimos un papel de vigilancia muy importante, no dejamos al poder engañar a la gente porque conocemos la verdadera situación”.
Las expediciones clandestinas a Chechenia para liberar a sus hijos también permiten acumular pruebas y testimonios para seguir oponiéndose al discurso oficial. “Tenemos contactos muy próximos con las mujeres chechenas, compartimos un mismo dolor y pensamos superarlo juntas”, dice Ludmila Obraczova. “Cuando las madres rusas vamos a Chechenia, las ayudamos como podemos, traemos medicinas, y nos llevamos el listado de sus muertos para publicarlo”. Con estas estadísticas no oficiales, los 10.000 muertos civiles de tres años de guerra pasan a ser 60.000. Aunque el impacto frente a la desinformación organizada es una gota en un vaso de agua, la epopeya de las Madres es una bandera para la oposición.