Mientras los presos comunes se hacinan en las prisiones argentinas, los genocidas cumplen su condena en centros penitenciarios con “cancha de tenis, televisor con DVD, móvil, balcón, ventana con vista al río” y otros privilegios, tal y como informa Público. La muerte de Héctor Febres, un conocido torturador argentino, ha destapado el trato de favor que reciben algunos condenados por delitos de lesa humanidad.
ELPLURAL.COM.- Febres era conocido como Selva, porque “era más bestia que todos los animales juntos” cuando torturaba. Sin embargo, podía dar órdenes a los guardias, disponer del casino de oficiales para recibir a sus familiares y celebrar sus propias fiestas en la prisión. De hecho, el bautizo de una de sus nietas fue celebrado en el interior del lujoso centro penitenciario donde se alojaba.
DENUNCIA
“Estas condiciones irregulares de detención no son casualidad”, afirma Álvaro Peirola, abogado de la asociación HIJOS. “Los jueces que formaron parte de la maquinaria sangrienta siguen en sus cargos. El juez Sergio Torres” matiza Periola “deriva a los genocidas a unidades especiales de detención, como la Prefectura, Campo de Mayo y otros centros, alegando que no hay lugar en las cárceles comunes o que los represores corren riesgo”. La presidenta argentina, Cristina Fernández, ha ordenado ya la detención del jefe de la Prefectura, Carlos Fernández, después de que se haya hecho público el lujoso encarcelamiento del que gozan los genocidas.
CONTRASTES
Ambientes abiertos, espacios verdes y el colorido de las paredes destacan en las cárceles que ocupan los genocidas argentinos. Disfrutan de celdas individuales en edificios en buen estado y además gozan de privilegios como los de Héctor Febres, que podía dar órdenes a los guardias. En el otro extremo, el resto de presos argentinos cumplen sus condenas en condiciones mucho peores. Tal y como recoge Público, el caso más emblemático de esta situación es el del centro de Santiago de Estero, donde murieron asfixiados 32 reclusos cuando incendiaron colchones para protestar por el hacinamiento el pasado mes de noviembre.
“DA MIEDO”
El abogado Álvaro Periola considera que “da miedo” el que los de la “lesa” humanidad se hayan juntado ahora en los centros penitenciarios de lujo, donde cuentan con televisor, teléfono, cuatro baños con duchas, mesas y sillas. Una calidad de vida que difícilmente pueden alcanzar el resto de presos argentinos.
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