PUEBLOS ORIGINARIOS // EN DEFENSA DEL RECONOCIMIENTO DE LA TIERRA
Treinta y ocho indígenas han muerto asesinados en 2005, la cifra más alta en los últimos 11 años.
Decio Machado
Redacción
La COIAB, que representa a indígenas de toda la cuenca amazónica, está reclamando la dimisión de Mércio Pereira Gomes, presidente de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), tras sus declaraciones a la agencia Reuters reclamando que los indígenas del Brasil deberían poner límites a sus reivindicaciones, dado que tienen “mucha tierra”. Singular declaración, si se tiene en cuenta que solamente cinco territorios indígenas han sido reconocidos oficialmente durante 2005. Desde comienzos de año, las movilizaciones indígenas en Brasil son constantes. A primeros de enero, unos 200 indígenas de la etnia pacanova ocuparon el edificio de la FUNAI en Guajará-Mirim (a 350 kilómetros de Porto Velho), en señal de protesta por el accidente de un camión fletado por la propia FUNAI que mató a seis indígenas (dos eran bebés).
También otros 500 indios de las etnias tupinambá y pataxo invadieron a finales de enero una finca en Itajú de Colonia, a 499 kilómetros de Salvador, en protesta contra la decisión de la Justicia de conceder la reintegración de la finca a los grandes hacendados de la región. Ésta fue la octava invasión de propiedades en el sur de Bahía en una semana.
Otros 800 indígenas guaraniscaiuás protestan desde mediados de enero en Douradas, a 221 kilómetros de Campo Grande, contra la falta de tierra y la disputa por terrenos de los que fueron desalojados en diciembre. Paralelamente, una veintena de indígenas tupinikim y guaranís resultaron heridos de gravedad cuando más de un centenar de policías federales intentaron desalojarlos de sus tierras en los poblados de Córrego Dòuro y Olho Dágua en el Estado de Espíritu Santo. Estas comunidades indígenas, hartas de oír promesas, habían reocupado en mayo de 2005 tierras que en la actualidad están en manos de la empresa Aracruz Cellulose, la cual proporcionó a la Policía la maquinaria para derribar las casas indígenas que se habían construido en dichas tierras.
El asesinato de Dorvalino Rocho, dirigente guaraní-kaiowá, por parte de pistoleros a sueldo el pasado 24 de diciembre, elevó la cifra de indígenas asesinados en 2005 a 38, la cifra más alta en los últimos once años.
La comunidad de la que Rocho era líder fue expulsada de su tierra, Ñanderú Marangatú, por la Policía el pasado 14 de diciembre. La tierra fue oficialmente reconocida como perteneciente a la comunidad indígena en marzo del año pasado, si bien los terratenientes recurrieron a este reconocimiento ante la Corte Suprema de Brasil. Esta comunidad vive en la actualidad en los bordes de una carretera cercana.
Según el Consejo Indigenista Misionero (CIMI), la mayor parte de los asesinatos (28)se han dado en aldeas de Mato Grosso del Sur. Esta entidad atribuye el alto índice de asesinatos a la disputa de tierras entre los indígenas y los terratenientes, cuya responsabilidad última recae en el incumplimiento por parte del Gobierno de Lula al no reconocer las tierras indígenas.
El CIMI denuncia que en diez años 240 indígenas fueron asesinados. En Mato Grosso del Sur, Estado que alberga a 65.000 indígenas, la disputa por la tierra es considerada la más turbulenta, pues las regiones en litigio están en manos de terratenientes muy violentos. Hay 850 demarcaciones de tierras en todo Brasil que, a pesar de ser consideradas indígenas, continúan con propiedad indefinida.
UN PAÍS CON DECENAS DE PUEBLOS ABORÍGENES
Se estima que los indígenas en Brasil hace 500 años alcanzaban la cifra de 5 millones. Hoy sobreviven sólo 350.000, cientos de tribus han sido diezmadas. Los indígenas brasileños comprenden una gran diversidad de pueblos que viven en la selva pluvial tropical, en sabanas, bosques bajos y desiertos. Muchos de ellos son apenas distinguibles entre las capas pobres de la población. Otros, a pesar de haber mantenido durante siglos contacto con la población blanca, aún conservan su identidad distintiva. Los hay también que no han tenido contacto alguno con no-indígenas.
Brasil es el único país sudamericano que posee un departamento gubernamental de asuntos indígenas, la actual FUNAI. Pero ha fracasado en impedir la desaparición de las tribus indígenas a un ritmo de una tribu cada año durante el trascurso del siglo pasado.
Los indígenas brasileños sólo pueden aspirar a “reservas” que pueden usar, sin ser de hecho propietarios de ellas, a pesar de lo establecido por el derecho internacional . En la última década ha crecido un movimiento indígena que ha generado decenas de organizaciones que reivindican por sí mismas sus derechos.
De los aproximadamente 70 pueblos no contactados en el planeta, Brasil alberga en su territorio 50 de ellos. Mantenerse fuera de contacto no es fácil, y retirarse a zonas más alejadas es una decisión deliberada, tomada para evitar los ataques de nuevas enfermedades, hombres blancos armados, madereros, tratantes de esclavos o misioneros.
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