Un gupo de iberos bosquimanos, asentados en reservas urbanas y ghettos postindustriales, han decidido soltarse la melena y ocupar la tierra de sus ancestros, por dos votos a uno.Su mayoria absoluta declaró su deseo de vivir en paz con la tierra que los vio nacer, a ellos y a sus antepasados.Sientiéndose desplazados a vivir en metros cuadrados como si estuvieran incrustados en diamantes, y a que cuesta trabajar toda una vida para arrancarle a una roca el valor de una vida presente y futura, que al parecer también está sujeta a los precios de mercado;éstos han decidido ocupar la dura tierra de los desiertos para encontrar los auténticos diamantes inagotables que sus ancestros transmitieron: que una vida frugal en un desierto es sólo posible desde los valores-diamante que fueron transmitidos.Ama como ellos lo hicieron, pues te dieron el camino, la verdad y la
vida.Pues sólo los que escribieron en piedras nos hablaron del vergel que sería y fué, cuando cazábamos y recolectábamos amaneceres y arco iris.Cambiado el frío gris por el color de los cielos encuentra el ser su esencia amante.La laboriosidad de vivir
frente a una tierra cuyos diamantes crecen arrancándole cada gota de rocío a ese cielo que la acaricia cada día, donde flores brotan en el desierto y escorpiones reinan la más insignificante y estéril sombra.Donde la vida no es información, ni sólo conocimiento, sino Experiencia de vida.Por sí, por que hasta los escorpiones velan por sí más diamantes que los que la tierra cristaliza bajo toneladas de esfuerzos.A
este paso la cuenta naranja, roja y azul
del rosario del alba, nos alojará en su hosting global, tras haberle arrancado todo el cristal a los desiertos con el sudor de nuestros padres, que ya sabían vivir del aire, del sol y de la sombra, del rocío y la mañana.Del olivo de la paz, que alimenta a los trigos y a las vides.Del incienso del amor, que se cobra con amor, bueno que me tengo que ir a trabajar, a buscarme la vida, a pagar con sudor la leña que me calienta cuando no sudo para buscarme la vida, por que ya la encuentro.Me "estresa" ir a por leña, cuando paso frío en mi morada
gélida en los corazones.Clocalaxila, me huele la axila.Los bosquimanos no pasan frío.Y la tierra los calienta cada día.Y la noche les amamanta cada mañana, con el amanecer de sus hogueras.Allí te agachas tranquilo a coger la leña.En este gélido y gris barrio de asfalto cada metro cuadrado me recuerda que ya no quedan muchas pesebres donde cobijarse en una fria noche donde protegerse de los escorpiones que en la noche habitan las sombras y la vida después.Esta vaca nunca se acaba, pero cuando se dé la vida, pues de la vaca de oro no brota leche dorada, ni de la gallina muerta huevo alguno.Ese hombre pastor nómada, que de las bestias te proteja, y que de tambor madera y fuego te caliente cuando el sol no te acompañe.Y que la danza de la noche del fuego caliente el pesebre de los que nacen en la cálida natividad de esos hombres sencillos que ven nacer la esperanza cada año que ven la estrellas
errantes guiar su camino una noche más.
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