Textos muy interesantes que hemos extraído de la web de este nuevo partido político y más en concreto de su periódico “Octubre” Sin entrar a valorar los calificativos que se hacen en estos dos artículos sobre colectivos que emplean estrategias diferentes a las de estos señores, sí nos pueden ayudar a reflexionar sobre quien es quien, sobre la llamada “Unidad Anticapitalista” y sobre el destino que se puede o no alcanzar según con qué acompañantes se haga el camino, nota de Tortuga.
La izquierda "virtual", su "pureza" ideológica y sus delirios. Dejadlos ladrar y babear: no dan para más.
LA “IZQUIERDA VIRTUAL” CRECE EN SU ESTERCOLERO
La dureza de la batalla ideológica que se ha desarrollado durante los últimos quince años en el campo de la izquierda, unida a una práctica particularmente corrosiva en materia de organización que sacralizó el carrillismo, basada en la sustitución de la lucha ideológica por un duelo intestino, personal y marrullero entre camarillas, ha traído como secuela un florecer de determinadas corrientes y gentes que se apoyan en una concepción tan falsamente “democrática” en las formas, como sectaria en el fondo y cuya única actividad práctica es la comidilla, el ataque personal y la difamación.
«La humanidad sueña desde hace muchos siglos, incluso muchos milenios, con destruir “de una vez” toda explotación. Pero esos sueños siguieron siendo sueños hasta que millones de explotados comenzaron a unirse en todo el mundo a fin de sostener una lucha consecuente, firme y múltiple para transformar la sociedad capitalista en la dirección del propio desarrollo de esta sociedad.» .
Es lo que podríamos llamar “izquierda virtual”, un subproducto marginal, parecido en su método de actuación, diletante y “conspirativo”, a la “gauche divine” que hace y deshace su revolución particular, en el telar de sus delirios pequeño burgueses.
La izquierda virtual, desarrolla su particular versión del proceso revolucionario en la cabeza, analiza “sesudamente” la realidad política, traza hipotéticos planes de actuación no contaminados por la realidad, puros, nuevecitos, sin los molestos problemas que aporta la pelea política: Si el mundo real no coincide con su esquema, simplemente se le niega y sustituye por su imagen ideal, falseada a la medida.
Les basta para mantenerse, el utilizar los medios que el desarrollo del capitalismo avanzado pone a su alcance, particularmente, internet, que les permite exponer a las “masas virtuales” lo que son incapaces de decir a las masas reales. No es, como vemos, un enemigo temible, aunque sí molesto.
Ya hemos dicho en alguna ocasión que la reconstrucción del PCE (m-l) ha sido una magnífica noticia, saludada por los comunistas de todo el mundo, que ha acercado a muchos comunistas españoles al campo de la revolución.
Pero la reconstrucción de nuestro Partido ha sido también la peor de las noticias no solo para nuestros enemigos de clase, sino para una cierta izquierda miope y triste, que, incapaz de trabajar lealmente por la unidad, nos ve como competidores y aprovecha la baba delirante de los revolucionarios imaginarios, para decir lo que no se atreven a decir directamente.
El caso es que parte de esta ponzoña sectaria, que se ha convertido en el alimento exclusivo de la izquierda virtual, se está vertiendo con especial saña sobre nuestro Partido y sus dirigentes. En diversos foros, anónimos cerebros del “comunismo de café” se entretienen en lanzar todo tipo de descalificaciones e insidias; animados por el anonimato, se atreven a sostener las estupideces y las deformaciones históricas más sangrantes, en la seguridad de que no es nuestro estilo bajar a la casquería de pandilla, para “debatir” con semejantes tertulianos.
Bien es cierto que, como recientemente afeaba un compañero a tales elementos, debieran emplear al menos parte de sus esfuerzo, no ya en trabajar por el avance de la lucha popular sobre unas bases unitarias y fomentar el debate y la consolidación del campo comunista, sino en atacar al enemigo de clase y su régimen. Pero es claro como el agua que nuestra izquierda virtual no está para esos bajos menesteres y continuará con su labor hasta que el mundo cuadre con su esquema o considere saldadas sus ruines cuentas personales.
Hay camaradas y amigos que se indignan con razón, cuando comprueben que entre los revolucionarios de salón, mantienen particular inquina algunos ex camaradas. Muchos sabemos por experiencia que los traidores siempre se han escudado en cuestiones formales, personales y “democráticas”, para atacar los principios sobre los que se sostiene el Partido del proletariado.
A ellos les recordamos lo que escribiera Lenin: “Nos hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, al pantano vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un principio el que nos hayamos separado en grupo aparte y el que hayamos escogido el camino de la lucha y no el de la conciliación. Y de pronto, algunos de entre nosotros comienzan a gritar: ¡Vamos al pantano! Y cuando se intenta avergonzarlos, replican: ¡Qué gente tan atrasada sois! ¿Cómo no os avergonzáis de negarnos la libertad de invitaros a seguir un camino mejor?¡Ah, sí señores, libres sois no sólo de invitarnos, sino de ir a donde mejor os plazca, incluso al pantano...! ¡Pero en tal caso soltad nuestras manos, no os agarréis a nosotros, ni ensuciéis la palabra libertad, porque nosotros también somos “libres” para ir donde nos parezca, libres para luchar no sólo contra el pantano, sino incluso contra los que se desvían hacia él!" “Qué hacer”
No es nuestra intención, como decimos, polemizar con la izquierda virtual, intentamos solo dejar anotados los síntomas que le aquejan, pero si algo hemos aprendido los comunistas, tras muchas y dolorosas experiencias, es que no hay que bajar la guardia y que, en muchas ocasiones, la mejor prueba de nuestra fuerza la tenemos en los gritos de odio de quienes se han situado en el campo de la miseria política. O, como dijera, D. Alonso Quijano: ladran, luego cabalgamos.
Guinovart

Los comunistas, el “radicalismo”y las luchas populares
Se les puede ver vociferando consignas rojas -muy rojas- en las manifestaciones; sosteniendo las posturas más “radicales” y lanzando las proclamas más incendiarias en los frentes unitarios; echando pestes de los «sindicatos reformistas», de los «jóvenes consumistas» y de los «trabajadores alienados », pero rehúyen la lucha ideológica con los nacionalistas e incluso con los anarquistas. Se apuntan a cualquier propuesta “rompedora”: son los radical- oportunistas.
No hay partido, por grande que sea, que se salve del aislamiento si, fruto de un análisis erróneo, desarrolla una práctica marginal. De este progresivo aislamiento, además, se sigue la imperiosa necesidad de diferenciarse radicalizando las posturas, las propuestas y las formas. Se inicia entonces una huida hacia delante en la que, al precio de destruir no sólo los objetivos políticos generales y comunes, sino también la coherencia con los principios ideológicos, se intenta salvaguardar la propia “unidad”. La estrategia se sacrifica a la táctica: el radicalismo ha dado paso al oportunismo.
Llevados de las prisas y de las “modas”, muchos compañeros olvidan el doble carácter de la lucha que sostenemos los comunistas, a pesar de que ya Lenin señalara que «Es absurdo confundir las tareas y las condiciones de la revolución democrática y de la revolución socialista, que son heterogéneas, tanto por su carácter como por la composición de las fuerzas sociales que participan en ellas.» . Es comprensible, así, que aborden el trabajo con consignas ruidosas, pero ineficaces, y sacrificando los objetivos de la una para destacar -que no lograr- los de la otra. Olvidan la complejidad de las tareas de la lucha democrática, la pluralidad de los posibles aliados y la diversidad de situaciones, con tal de conseguir el mayor protagonismo y de brillar (?) con luz propia en el universo de la izquierda... Sobre todo, de la izquierda “virtual”, la del ordenador, la que tiene que ver a los obreros para explicar, dar la cara, etc. Y de ello se derivan propuestas tácticas y estratégicas que yerran el tiro porque obvian el carácter de clase de todo movimiento revolucionario. Así pues, y una vez supeditados los intereses de clase a la defensa de unas siglas o de un conjunto de ellas, han puesto las bases para el aislamiento respecto a las masas. El problema es que, como señalara José Díaz, «todo el que pretenda saltarse etapas, con nombres rimbombantes, queriendo hacer lo que no es posible hacer, se estrellará contra las dificultades de la situación. Pero no es lo malo que ellos se estrellen: lo malo es que, con su incomprensión, comprometen la causa de todos».
Así es. Cuando la iniciativa y el análisis serios son sustituidos por proclamas dirigidas únicamente a autoafirmarse, sólo se recoge división y desconfianza. Cuando no se reconoce abiertamente el papel de los intereses de clase de cada uno de los grupos implicados en la lucha democrática y las bases de la alianza entre sus expresiones políticas, el único “método” de trabajo posible es el oportunismo.
No entienden que la lucha por la democracia implica a la mayoría explotada y oprimida del pueblo, y que es de aquí de donde se deriva una propuesta política -la República Democrática, Popular, Federativa- para la construcción de una sociedad en la que se vean reflejados los intereses y aspiraciones económicas, nacionales y culturales de la mayoría de la población. No comprenden que la forma en que los comunistas planteamos las cuestiones relacionadas con la lucha por la democracia no es la boutade, sino que damos una definición vinculada a la lucha revolucionaria general por el socialismo, en cada cuestión democrática.
¿Es más acertada la política de los radical-oportunistas, entonces, en la lucha por el Socialismo, en el trabajo con la clase obrera?
Que cada cual juzgue: Si, como decía Lenin, la bandera roja es también «la bandera de lucha por las reivindicaciones inmediatas y vitales» de los obreros industriales y agrícolas y de los pequeños agricultores ; si entre las tareas del Partido están el «dirigir la lucha de clase del proletariado, desarrollar la organización y la disciplina entre los obreros, ayudarlos a luchar por sus necesidades económicas inmediatas» , los “radicalotes” desdeñan las movilizaciones por problemas concretos o sólo las utilizan para distribuir sus hojas de afiliación (porque, obviamente, quien no lleva sus siglas no es un digno compañero de filas); se enfrentan a los obreros que militan en los «sindicatos reformistas»; pero renuncian a organizar y educar a los trabajadores más atrasados si vislumbran en ellos algún «prejuicio burgués », etc. Mil prejuicios burgueses entorpecerán la toma de conciencia de los obreros, en tanto no derribemos el capitalismo; ¡pero serán varios miles si los comunistas despreciamos el trabajo entre los trabajadores por su falta de conciencia de clase!
Los marxistas-leninistas tenemos la obligación, por tanto, de combatir las tendencias aventureras que comprometen la organización de los obreros y el avance de las masas y del movimiento de ruptura con el régimen.
Muchas veces será necesario trabajar con los vociferantes, pero tengamos presentes en todo momento las conclusiones que se derivan de un análisis marxista de la realidad concreta; y, ante todo, recordemos con Lenin que, «a fin de servir a las masas y expresar sus intereses correctamente comprendidos, la organización debe realizar toda su actividad entre las masas».
V.I. Lenin, Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletario, 1905.
El Socialismo y el campesinado, 1905.
Por la unidad, hacia la victoria, 1937.
V.I. Lenin, El proletariado revolucionario y el derecho de las naciones a la autodeterminación,
1915.
El proletariado y el campesinado, 1905.
Tareas de los socialdemócratas rusos, 1897-1905.
Cómo Vera Zasúlich acaba con el liquidacionismo,
1913.
Santiago Baranga
Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
RSS