El general Vjekoslav Luburic fue brutalmente asesinado en su casa de Carcaixent el 20 de abril de 1969. La policía buscó sin éxito a Ilija Stanic en lugares tan remotos como Australia. El crimen está prescrito penalmente desde 1996.
La productora valenciana Malvarrosa Media financió una investigación de tres años del periodista Francesc Bayarri con el objetivo de realizar un documental televisivo sobre el caso. El documental se encuentra actualmente en fase de preparación, pero Bayarri ha escrito un libro, titulado «Cita a Sarajevo», que la editorial L’Eixam pondrá en las librerías la próxima semana.
Vjekoslav Luburic vivía en España protegido por el régimen franquista, que le había facilitado documentación falsa a nombre de Vicente Pérez García. Poseía una imprenta en la calle de Santa Ana de Carcaixent, donde tenía contratados trabajadores croatas y españoles. Allí se imprimían revistas y documentos en lengua croata, destinados a combatir con propaganda a la Yugoslavia comunista del mariscal Tito. Ilija Stanic era un joven empleado de la imprenta que se había ganado la confianza del ex general. Tras el hallazgo del cadáver de Luburic, en la mañana del lunes 21 de abril, la policía centró sus investigaciones únicamente en Stanic, quien desapareció con dirección a Barcelona en la tarde del mismo domingo. Los agentes interrogaron a los testigos clave, pero todo el rastro se perdía a las 20 horas del domingo en la Estación de Francia de Barcelona. En 1975, la Interpol comunicó al juez de Alzira que Stanic «había sido encontrado» en Australia. El caso se reabrió durante un año, pero la ausencia de más noticias llevó al juez a archivar de nuevo el expediente en 1976. En realidad, Ilija Stanic nunca pisó suelo australiano. Regresó a Yugoslavia y ha vivido en diferentes ciudades. Desde hace años reside en Sarajevo, donde ha formado una familia y tiene un empleo estable. Vivió de forma trágica el sitio de la ciudad durante la reciente guerra civil, pero ningún integrante de su familia murió en la guerra. El próximo 19 de octubre, Ilija Stanic cumplirá 61 años. El periodista Francesc Bayarri logró hablar con él en Sarajevo durante el verano de 2003. Las conversaciones posteriores para conseguir que Stanic accediera a ser entrevistado se prolongaron durante meses. Finalmente, un equipo de la productora voló a Sarajevo para grabar la entrevista. «Cita a Sarajevo» es tanto un relato de la investigación periodística llevada a cabo para localizar a Stanic, como la reconstrucción del crimen de 1969 a partir de los nuevos datos obtenidos. El libro incluye fragmentos del expediente policial de los servicios secretos de la Yugoslavia de Tito, la versión ofrecida por el propio Stanic, y una hipótesis del autor sobre la realidad de los hechos. Hasta ahora, las informaciones periodísticas sobre el caso y las páginas web sobre los genocidios de la Segunda Guerra Mundial coincidían en afirmar que Stanic era un espía comunista al servicio de Tito. Las atrocidades de Luburic en los Balcanes y las actividades opositoras efectuadas posteriormente desde España explicaban el crimen del año 1969, según las mismas fuentes. El expediente oficial de los archivos de la ex Yugoslavia comunista parece confirmar esa versión, aunque incurre en una larga lista de errores y sospechosas afirmaciones.
Stanic admite ahora que se benefició de privilegios al regresar a Yugoslavia, y que gozó de protección y de documentación oficial falsa para evitar ser localizado. Su versión de los hechos, sin embargo, presenta lagunas y contradicciones.
Después de tres años de investigación, el autor de «Cita a Sarajevo» afirma que nada es lo que parece detrás de este crimen. Stanic no resulta ser un superagente perfecto, tal como se desprende de las informaciones divulgadas hasta ahora. Tampoco la imagen de Luburic coincide con algunos de los clichés difundidos. Finalmente, la huída de Stanic hacia la impunidad no se ejecutó siguiendo un plan estudiado al milímetro. Para acabar de complicar la historia, la vida más reciente de Ilija Stanic nada tiene que ver con la clandestinidad total que se le supone a un espía y, menos aún, a un perseguido por un asesinato.
La tumba de Luburic continúa presidiendo hoy día el cementerio de Carcaixent. Un grupo de extremistas croatas, llegados desde la capital, Zagreb, visitó hace unos años la tumba del ex general, a quien rindieron homenaje. Sin embargo, la Croacia independiente actual, con un sistema democrático y candidata a ingresar en la Unión Europa, reniega de la etapa negra de los años cuarenta del siglo pasado. El principal campo de concentración croata fue el de Jasenovac, donde pudieron ser asesinadas unas 150.000 personas (Luburic fue responsable de ese campo durante meses). Un recuerdo incómodo para un país de la Europa del siglo XXI.
La imprenta de la calle de Santa Ana cerró sus puertas pocos años después del crimen, y los cuatro hijos de Luburic se marcharon poco después de Carcaixent.
El general croata estaba separado de su mujer, Isabel Hernáiz. La mayoría de los dirigentes de la Croacia independiente huyeron a la Argentina de Perón y a la España de Franco. En Madrid murió en 1959 el mismo Ante Pavelic. Esa protección explica la presencia en Carcaixent de Luburic.
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