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La enseñanza inolvidable de la Escuela Serena

Domingo.7 de agosto de 2011 1339 visitas - 2 comentario(s)
Experiencia pedagógica desarrollada en Rosario (Argentina) entre 1935 y 1950 #TITRE

INVESTIGARTE
Página elaborada por Aldo Ruffinengo
Laboratorio Multimedia - U.N.R. - Postítulo en Periodismo y Comunicación

La enseñanza inolvidable de la Escuela Serena

La base de un país que quiere expresarse en libertad debe residir en un buen sistema educativo. Con programas que brinden a los alumnos claras oportunidades para pensar con independencia de criterio y sin descuidar los objetivos finales de la enseñanza tradicional. En ese sentido, uno de los proyectos más importantes que se desarrolló en nuestro país surgió en el barrio Alberdi de la ciudad de Rosario. Más precisamente en la escuela fiscal Nº 69, "Dr. Gabriel Carrasco", ubicada en la esquina de las calles Agrelo y Larrechea. Todos la conocimos como La Escuela de la Señorita Olga, aunque ella y su hermana Leticia ya se habían encargado de ponerle un título a la idea: la nombraron la Escuela Serena.

En ella no se estimulaba la competición evaluando logros individuales, ni se especulaba con las notas de la libreta de calificaciones. En la escuela de las Cossettini había espacio para todos ya que el aprendizaje se inducía partiendo de experiencias directas proporcionadas por el medio circundante. Cada una de las actividades que se desarrollaban le daban al alumno cabida para que adquiriera los conocimientos marcados en los programas oficiales pero adecuándolos a su interés, a su desarrollo de pensamiento y a su madurez emocional.

Todo esto desde una escuela primaria, pública, gratuita y mixta... demostrando que todo proyecto serio, como aquel que comenzó en 1935 y terminó en 1950, sólo necesita empuje y capacidad para desarrollar sus ideales.

A través de este simple recorrido homenajeamos la memoria viva de Olga Cossettini y la presencia emocionante de su hermana Leticia, quien hoy engalana a la humanidad disfrutando de sus flamantes 100 años...

1- Cuando la creatividad hace escuela

En la escuela Carrasco el edificio respondía a las características formales con que el Estado cubría las necesidades educativas de principios de siglo. Una fachada austera, amplios salones para las aulas y galerías con arcos enmarcando el patio donde se disfrutaba del recreo. Poco a poco se fueron habilitando las distintas dependencias para las actividades que inquietaban a la Señorita Olga y que ya había comenzado a idear en la Escuela Domingo de Oro, en la ciudad de Rafaela: la biblioteca, el laboratorio, el taller de carpintería y encuadernación, consultorios y un aula para preescolar. Además el patio pronto empezó a reflejar el esfuerzo diario: nuevos árboles, un estanque para peces, el apiario, huerta, granja, cancha de basquet y amplios espacios para jugar, sin desaprovechar la cercanía de las barrancas y playas del Paraná -a sólo cuatro cuadras- que eran un propicio ambiente para desarrollar nuevas experiencias. En la Escuela Serena, personas y paisaje mantenían un encuentro profundo para el aprendizaje de la vida misma. Por ello jugaron un papel importantísimo el laboratorio de ciencias, la biblioteca, la cocina, el horno de cerámica, el teatro, los títeres, la revista escolar, los conciertos, las excursiones, las visitas a los vecinos, las misiones culturales y los talleres de arte.

Gracias a las Cossettini todo interactuaba de una manera fluida para que el alumno disfrutara del aprendizaje y se transformara en un recuerdo indeleble. Si eso se daba el objetivo se había cumplido. Y una muestra de ello es la nostalgia permanente que sienten aquellos chicos de ayer/grandes de hoy, que mantienen inalterable la pasión que les supo despertar la enseñanza de su querida escuela primaria. Infantes maduros que actualmente se sienten orgullosos de haber sido parte de aquel proyecto y que añoran las horas de estudio compartidas con sus compañeros en clase, las conversaciones con sus maestras a la sombra de los árboles del patio y las visitas ilustres de numerosos personajes que regularmente llegaban a la escuela para admirar un emprendimiento educativo ejemplar.

Porque en la Escuela de la Señorita Olga se trenzaban armoniosamente las más diversas tareas con el desarrollo tradicional de los contenidos oficiales. Siendo esta una de las máximas virtudes de las hermanas Cossettini: buscar permanentemente la forma de innovar con recursos naturales pero a la vez cumpliendo con lo que les exigía el Ministerio. Lamentablemente esa "picardía" de Olga fue duramente criticada mientras se llevó a cabo la experiencia... y previsiblemente esos palos en la rueda apuntaban a no dejar seguir una idea tan revolucionaria. Por eso el sueño duró hasta 1950, cuando un artero decreto arruinaría todo...

Lo que no recordaron los burócratas de turno es que el sol no puede taparse con las manos... por eso la luz de aquel modelo aun sigue brillando y será reconocido siempre por su ejemplaridad.

Palabras de otro maestro...

Para graficar el respeto que supo inspirar esta escuela podemos recordar las palabras de un grande como Julio Cortázar, quien avaló con su opinión lo ejemplar de la experiencia educativa. Por aquel entonces era todavía un escritor inédito que siendo profesor en la escuela Normal de Chivilcoy le envió una carta a Olga Cossettini en donde le expresaba su fascinación de la siguiente manera:

"He leído ’El niño y su expresión’ y sentí de inmediato la necesidad de escribirle, para que supiera usted de mi admirado reconocimiento ante la obra que se lleva a cabo en la escuela de su dirección. Obra que se alza como una excepción, como un ejemplo solitario que ignoro si será escuchado... y es triste tener que afirmarlo en esta tierra joven donde todo parece viejo. Yo no puedo olvidar a sus chicos y a usted. Leí y vi esos milagrosos frutos de la espontaneidad bien encaminada y creí comprender la viva lección que de todo ello surge. No sé si esta carta, alejada de cánones retóricos, le expresará a usted mi aprecio y mi admiración. Pero pienso que sí, porque usted vive plenamente y busca que sus alumnos logren esa total expresión del ser virgen de postulados y preconceptos. Por eso, que queden estas frases mías como claro testimonio de amistad y comprensión"

2- El Coro de Pájaros

Una de las tantas actividades surgidas en la Escuela Serena, y que tal vez más referencias admirativas ha recibido, es esa creación única que significó el denominado Coro de Pájaros. Una muestra palpable de la calidad estética que se puede lograr con los chicos y una acabada demostración de la sensibilidad con que se manejaban las actividades en la escuela de las hermanas Cossettini. Cierta vez Leticia contó con su dulzura habitual cómo y porqué surgió el coro. Estas son sus palabras:

"El Coro de Pájaros nació como una pequeña célula en 1936. Yo tenía entonces un grupo de chicos inquietos, nerviosos, inestables. Por ello, con frecuencia los sacaba al patio, bajo los árboles y los distraía de alguna manera: conversando de las flores, de las hojas, del río. Un día me piden un cuento y acepté. Como eran chicos a los que nadie les contaba cuentos en su casa, todos se agruparon los más cerquita posible, porque uno cree que acortando las distancias se ve y se escucha mejor. Se me ocurrió un viejo cuento tradicional donde la protagonista era una niña cautiva en una torre y que debía hilar una cantidad inmensa de cáñamo porque si no caería sobre ella un maleficio. La niña llora desconsolada y comienzan a aparecer pájaros por las ventanas de la torrecilla para ayudarle a trabajar. Entre aleteos, bisbiseos y trinos hilaron todo el cáñamo. Todo estuvo listo y la niña se libró del maleficio, gracias al encanto de los pájaros"

"Los chicos se quedaron callados. Y en ese momento, uno de esos momentos en la vida en que uno dice justo lo que hay que decir, yo les pregunté: ¿Ustedes saben imitar el canto de algún pájaro?... Yo sí sé - dijo alguien - sé hacer la paloma... ¿Y cómo hace la paloma?, le pregunté. Y entonces él imitó una paloma y yo lo observaba. Escuché y sugerí que la paloma podía cantar distinto cuando sale el sol, al atardecer, si está triste o si llama a sus pichones. Les dije que el sonido cambiaría de intensidad si estaba lejos o cerca. Entonces propuse dirigirlos sin palabras, tan solo con mis manos. Yo indicaba quiénes tenían que hacer el canto, si correspondía más alto, más bajo o si debían hacerlo todos juntos. Y allí surgieron otros cantos... El gorrión y la pirincha se fueron incorporando y el proceso era siempre el mismo: afinación y armonización. Lo interesante fue que esas criaturas, ese grupo de chicos, considerados con cierto alejamiento porque eran menos brillantes, porque eran más rudos, a partir de allí se sintieron personajes. Y en años sucesivos se fueron abriendo nuevos registros. Yo entreví que esto podía alcanzar a ser una cosa más vasta, más sensible, entonces abrí la invitación a todos los niños de la escuela. Se anotaban por año sesenta o setenta chicos y había que elegirlos. Entonces el jurado se formaba con los mejores imitadores de pájaros. Por ejemplo un día se citaba: Mañana a las nueve de la mañana en el salón de música se va a hacer el concurso... Y era conmovedor verlos. Porque estaban como los ejecutantes de una orquesta, afinando el pico de cada uno. Incluso algunos estaban tan emocionados que al principio el canto no les salía... Llegó a integrarse con más de sesenta chicos.. Yo he visto mucha gente emocionada hasta las lágrimas escuchando este coro. Lástima que no se grabara ninguna actuación ya que la escuela no tenía recursos para ello. En cambio las fotografías que yo tengo, estupendas, son por la generosidad de Hilarión Hernández Larguía. Él fue quien las hizo tomar..."

Esta hermosa anécdota refleja fielmente la ternura y la sapiencia de las hermanas Cossettini. Ni siquiera el duro golpe que significó el cese de la experiencia pudo hacerles olvidar a aquellos pequeños intérpretes el honor de haber sido partícipes de un coro tan especial... Por el contrario, tanto los alumnos como Leticia, con sus 100 lúcidos años, siguen rememorando hoy las deliciosas anécdotas que les marcó la vida.

Gracias a ésta y tantas otras actividades la Escuela Serena demostró con mucha simpleza que un maestro abierto, sin prejuicios, dejándose crecer cada año con su grupo y tratando de encontrar justo lo que hay que decir, encuentra tantas posibilidades como niños tiene a su cargo...

3- El final de un sueño

Olga Cossettini llegó a la escuela Gabriel Carrasco en 1935 trasladada desde Rafaela por el Gobierno Provincial del Dr. Luciano Molinas, con el objetivo de tomar a su cargo la dirección de la escuela. Al finalizar el primer año de trabajo ya había demostrado con los hechos la posibilidad de cambiar el proceso de aprendizaje y la dinámica de la escuela oficial convirtiendo al alumno en protagonista de su propia historia y no como un simple depositario de datos.

Muy poco tiempo le fue suficiente a Olga para lograr una transformación en la escuela tan rotunda que las autoridades educativas la reconocieron como una experiencia piloto. Ello le posibilitó una mayor autonomía y un aval oficial para distintas iniciativas. Claro que el poder de inventiva de las Cossettini superó ampliamente lo que las autoridades estaban dispuestas a tolerar. Entonces se confirmó una vez más lo que tantas veces sucedió en nuestro país: el sistema educativo argentino se cierra a toda persona o institución que se escapa de lo preestablecido. Por eso un día la experiencia educativa de la Escuela Serena tuvo que terminar.

La historia cuenta que en 1944, seis años antes del real cierre de la Escuela, comenzaron las piedras en el camino de la Señorita Olga. Siendo interventor del Consejo de Educación el escritor Leopoldo Marechal, se suprimió el decreto que reconocía a la escuela su carácter de experimental, sin juicio previo ni pruebas que lo justificaran. Un detalle casualmente no reflejado en las biografías del literato porteño.

En 1947 se intentó un compulsivo traslado que afectaba a Olga Cossettini a otro establecimiento intentando sacarse de encima a esta maestra revolucionaria. El exilio no pudo efectivizarse en esa oportunidad ya que padres, alumnos y gran parte del barrio se movilizaron en contra del desarraigo, porque la comunidad ya sentía como propia la experiencia de la Escuela Serena. Cada alumno llevó la noticia a su hogar y la comunicación boca a boca comenzó a funcionar para que en menos de una semana el barrio lograra la derogación del decreto.

Significó sin lugar a dudas un triunfo de aquellos que siempre quisieron contar con una educación que estuviera familiarizada con las realidades del pueblo. Una batalla ganada a los burócratas de la educación y que le permitió a las hermanas Cossettini seguir prestigiando la enseñanza santafesina por unos años más...

Pero el tiempo pasaría rápido y el desenlace sería inevitable. El 28 de agosto de 1950, por la fuerza, Olga fue separada de su Escuela Serena. De esa manera se terminaron quince años de plenitud y armonía, cortando con un decreto esta vez inapelable el arduo trabajo que significa la construcción de ideales solidarios y formativos.

Las fuertes paradojas eran notables pero no alcanzarían para torcer el rumbo: Por un lado Olga Cossettini recibía invitaciones para disertar en congresos, conferencias y cursos. También se editaban sus libros y recibía visitas de artistas, pedagogos y pensadores relevantes... Pero por el otro, los personeros de la mediocridad le negaban permisos para las actuaciones del coro, el teatro para niños o se le rechazaban propuestas para la evaluación cualitativa. Con estas piedras en su camino quedaba claro que el rumbo elegido por la Escuela Serena interfería con los intereses políticos del Ministerio de Educación. En consecuencia, el proyecto modelo debía ser cortado, ya que era muy chocante para ciertos funcionarios rígidos y autoritarios ver cómo más de seiscientos chicos tenían tan cerca la posibilidad de pensar con libertad... Lo que nunca entendieron los mediocres es que lo bueno siempre perdura en un lugar que es intangible. Por eso quienes fueron actores de esas vivencias y quienes hoy son sus admiradores se encargarán siempre de mantener viva la llama de un recuerdo imborrable.

El cine nos ayuda a recordarlas...

El excelente trabajo documental del cineasta rosarino Mario Piazza, titulado La Escuela de la Señorita Olga, le regaló a la humanidad la posibilidad de deleitarse con los testimonios más sentidos de aquella experiencia educativa...

En la pantalla podemos ver a Leticia recordando con tristeza el cese del proyecto. Allí se pregunta y nos invita a pensar algo muy cierto:

"¿Porqué se acaba todo, porqué no sirven las experiencias de los demás para conducir eso a un plano más alto, más acorde con la sociedad y con los hombres? ¿Será posible que siempre resulte peligroso abrir los ojos de alguien para que se encuentre con la verdad?"

Olga, fiel a sí misma, nos brinda su ternura... sin rencores. Allí la podemos ver orgullosa y tranquila por su entrega plena, rememorando una simple anécdota que resume con simpleza todos sus logros:

"Cuando aquellos niños fueron hombres, crearon una Cooperativa para ellos: Cooperativa de adultos. Y cuando se les preguntó ¿cómo habían tenido esta idea?, respondieron... lo aprendimos en la Escuela de la Señorita Olga"

Fuente: http://www.galeon.com/investigarte/


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  • La enseñanza inolvidable de la Escuela Serena

    9 de agosto de 2011 22:36, por Lic Aldo Ruffinengo

    Gracias por reflotar este trabajo que realicé hace algunos años... Cuando lo preparé para la red de redes quise precisamente que la experiencia educativa de las hermanas Cossettini siguiera trascendiendo a través de la web, tanto con publicaciones como la elaborada por mí oportunamente, como así también por las referencias y citas hechas por colegas como ustedes en este caso... Muchas gracias por tener en cuenta este trabajo... Saludos desde Rosario, Santa Fe, Argentina. Lic Aldo Ruffinengo

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