La I guerra mundial (1914-1918) fue la conflagración liberal-progresista por antonomasia, la consecuencia de la militarización de Europa que llevaron a efecto todos los regímenes liberales, surgidos precisamente con tal fin. Aquella fue una espantosa carnicería, algo nunca visto anteriormente, con 8,5 millones de muertos militares y unos 8,7 millones mas de fallecidos civiles (sin incluir los óbitos por enfermedades resultantes del conflicto); con batallas que dejaron más de un millón de bajas (como la del Somme), y una guerra de trincheras espeluznante.
Pues bien, es inobjetable que las instituciones responsables en primera instancia de tal atrocidad fueron dos. Una la escuela primaria estatal, que al asegurar a millones de niños, desde el ultimo tercio del siglo XIX, el “derecho a la educación”, y al realizar “la democratización de la cultura”, alteró sus cerebros con un patriotismo homicida que se manifestó luego como fanática determinación de pelear en aquella guerra injusta, imperialista, por ambos lados.
La otra fue la gran prensa masiva que, según exponen los devotos del sistema, debía formar a las gentes en el civismo y los valores democráticos, pero que en realidad envenenó las mentes con un sinfín de embelecos y mendacidades, logrando que la juventud marchara contenta al campo de batalla y en él permaneciera.
Las dos entidades constituidas por la revolución liberal para “educar al pueblo”, la escuela y la prensa, fueron la causa de la catástrofe, junto con el parlamento, los partidos políticos y los intelectuales, hirvientes de odio chovinista en todas partes. Si a éstos sumamos los nuevos elementos de combate proporcionados por la gran industria moderna, y el ferrocarril, sin el que no habría podido mantenerse una lucha tan encarnizada durante mas de cuatro años, encontramos que la I guerra mundial fue una primera manifestación, bien expresiva sin duda, de la modernidad triunfante, como totalidad.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).
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