En el último número de la revista El Viejo Topo, el editorial nos deja un título sugerente, “La CIA y el PSOE”. En él nos habla de la ingerencia continua y continuada de la Agencia de inteligencia americana durante los últimos 60 años.
Emilio Sales
En el último número de la revista El Viejo Topo, publicación adictiva, el editorial nos deja un título sugerente, “La CIA y el PSOE”. En él nos habla de la ingerencia continua y continuada de la Agencia de inteligencia americana durante los últimos 60 años. El devenir político de nuestra nación ha sido preparado y autorizado desde las cavernas de los servicios secretos norteamericanos.
De todo esto da cuenta el libro de Alfredo Grimaldos “La CIA en España. Espionaje, intrigas y política al servicio de Washington”, editado por DEBATE y cuya primera edición se puso en marcha en octubre de 2006.
Tiene buena pinta. Está meridianamente claro que no será un best-seller, ya se encargan oportunamente de hacer la menor publicidad posible (siempre dejando el margen que nos haga parecer una democracia donde no hay censuras).
Grimaldos es periodista, madrileño de nacimiento, y tiene una dilatada carrera en varios medios de comunicación. Otra obra suya es “La sombra de Franco en la Transición”.
De la introducción podemos sacar algunas partes donde nos da somera idea por donde han ido y van las intervenciones de las autoridades para controlar el proceso de la transición y la política independiente de nuestro estado. Hay algunas consideraciones ya conocidas, al menos por un grupo de personas más o menos informadas, pero hay otras que parecen sacadas de alguna película de espionaje, pero que dan verosimilitud a cuantos ponen en solfa la santificada Transición y su control para que fuera adecuadamente pactada.
Así nos explica que “los hombres de la CIA (Central Intelligence Agency) están detrás de casi todos los principales acontecimientos políticos y militares de nuestra historia reciente. La sede central de la Agencia, en Langley, tiene poco que ver con el edificio donde entra y sale a su antojo Faye Dunaway en la película Los tres días del Cóndor. Las recientes escalas en aeropuertos españoles de aviones de la CIA, con prisioneros que son trasladados a centros de tortura distribuidos por arios países de la órbita norteamericana, constituyen sólo un eslabón más en la cadena de actuaciones clandestinas que la Agencia inició en nuestro país durante la Guerra Fría. La sólida infraestructura que hoy permite continuar trabajando a sus hombres aquí comenzó a construirse a principios de los años cuarenta.
La CIA interviene en la instalación de las bases militares estadounidenses en nuestro suelo, la transición del franquismo a la Monarquía, el golpe de Estado del 23-Fla definitiva integración del Estado español en la estructura de la OTAN. La permanencia de la dictadura franquista, durante cuatro décadas, y la evolución controlada hacia un sistema parlamentario están condicionadas por la actividad de los espías norteamericanos.
En esa oscura tarea de mover los hilos desde la sombra colaboran con los servicios estadounidenses miembros del Ejército español, destacados políticos y diplomáticos, empresarios, hombres de la banca y personajes de la cultura y el periodismo”
El autor nos cuenta que las personas que colaboran son, en general, <
La participación en el Golpe de Estado del 23-F es un tema que, sería deseable algún día pudiéramos saber la verdad. Aquí nos cuenta que “una anécdota hasta ahora inédita resulta muy ilustrativa para entender algunos aspectos de la trama del 23-F. Pocos días después de que se resuelva momentáneamente el asunto, con la liberación de los diputados y el encarcelamiento de Milans, Tejero y unos cuantos militares más, tiene lugar una reunión de oficiales de los servicios españoles de inteligencia para tratar algunos aspectos relacionados con el intento del golpe. La preside Javier Calderón, en ese momento secretario general del CESID. Todo parece indicar que se quiere dar carpetazo al tema sin rebuscar más de la cuenta ni apretar las clavijas a nadie. Cuando va a disolverse la sesión, el teniente coronel Guitián enseña un telegrama y pregunta: <
Hay una historia que me ha venido a la mente al leer estas líneas precursoras del libro. Hace unos años, un compañero, viejo militante antifranquista, comentaba en una charla distendida respecto a los acontecimientos del pacto entre Felipe González con Convergencia i Unió, que nada le extrañaba. Entonces contó un suceso que le había ocurrid cuando era enlace sindical y estaba dentro del sindicato vertical. Dice que un día le citaron junto a otros enlaces a una reunión en Madrid en la sede de Sindicatos. Estando a la espera de un alto personaje apareció Dionisio Ridruejo y, acompañándole, un joven que sostenía una cartera. El asegura que ese joven era el que después sería presidente del Gobierno y dirigente socialista Felipe González. Tuvimos una reacción de cierta incredulidad. Pasados los años y leyendo que “otro aspecto clave para entender el diseño de la política española realizado por los servicios norteamericanos es la toma del poder, dentro del PSOE, de Felipe González y los suyos en Suresnes, en 1974. El político sevillano acude a esta pequeña localidad francesa situada cerca de París escoltado por oficiales del SECED, el servicio de información creado por el almirante Carrero Blanco. Ellos son también quienes le proporcionan el pasaporte”. Pero no solamente aparecen datos de “Isidoro”, hay otros políticos de nombres ilustres. Enrique Múgica o Santiago Carrillo, tienen un protagonismo que se debería aclarar.
Para finalizar otro tema que sangra en la conciencia de aquellos que defendimos y defendemos la libertad del pueblo saharaui. Una de las mayores villanías cometidas por nuestros responsables políticos. En los informativos de estos días aparecía la noticia de la situación crítica que los refugiados saharauis en los campos, dada la escasez de víveres. En las líneas de esta introducción al libro de Alfredo Grimaldos se puede leer como “los norteamericanos mantienen hilo directo con Laureano López Rodó y apoyan también la Operación Lolita, que prepara a Juan Carlos de Borbón para suceder al Generalísimo. Inmediatamente después de subir al trono, el primer viaje oficial del monarca le lleva a Estados Unidos, donde recibe el espaldarazo del Imperio. El rey mantiene siempre excelentes relaciones con sus mentores del otro lado del Atlántico. Colabora con ellos en la entrega del Sahara a Marruecos, cuando todavía es el <
En definitiva, espero que estas líneas sirvan para dar a conocer un libro que merece ser leído, sobre todo en estos momentos donde a los demócratas se les llena la boca alabando a la santísima transición y al espíritu que la gestó. Un espíritu de barras y estrellas.
Emilio Sales Almazán.
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