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¿Habrá un Alexis Tsipras español?

Domingo.27 de mayo de 2012 717 visitas - 10 comentario(s)
A propósito de los resultados de la coalición de izquierdas "Syriza" en las votaciones griegas #TITRE

Me escribe un amigo en un mensaje privado por el twitter: «¿Por qué no tenemos un Tsipras español? ¿Quién es?». Le contesto que no lo tenemos... aún. Pero que llegado el caso, lo tendremos, y le digo que le enviaré un correo explicándole mejor lo que pienso. Al final, no es un correo, sino entrada..

Es evidente que hay diferencias entre la sociedad griega y la española, pero ambas, como el resto de las sociedades europeas coinciden en algo fundamental: son sociedades de clase media. Por definición, las clases medias son egoístas y sus miembros creen que la salida a los problemas sociales y económicos es individual. Los miembros de la clase media no tienen conciencia de clase, no consideran que mejorando la situación de sus iguales mejoran su propia situación: más bien compiten con sus iguales por los recursos. Son depredadores exhibicionistas. La clase media se compone de diferentes subestratos y lo más parecido que hay a la conciencia de clase es la envidia entre estos subestratos. Habitualmente, los miembros de la clase media imitan y tratan de comportarse como el estrato social que tienen inmediatamente por encima en cuanto a poder adquisitivo. De ahí la pasión de ciertos sectores de la clase media por llevar a sus hijos a colegios concertados, manteniendo la ficción de que «eligen» una «buena educación», por hacerse seguros privados médicos para usarlos una vez al año yendo al mismo y «exclusivo» ginecólogo o pediatra que les atendería en el centro de salud de su barrio, o por votar a los partidos políticos que luego, cuando ejercen el poder, gobiernan en realidad contra sus intereses económicos, pero siguiendo el ritual que la clase media espera de ellos. Vil y servil: mano dura con los parados que hacen sus chapucillas -que por cierto, también son de clase media y hablan con desprecio de sudacas y moros que han venido en patera para robarles el trabajo y hacer quebrar la sanidad operándose compulsivamente-, pero hombre, por Dios, cómo quiere usted que le haga una factura por esto, que ya sabe usted que entonces le tengo que poner el IVA...

Esa es la clase media. Y esa clase media, es la misma o muy parecida en España, en Grecia, en Portugal, en Alemania, en Irlanda... en general, en todos los países de la UE. Que en cada país tenga sus peculiaridades no significa que no sea exactamente el mismo fenómeno. Una característica intrínseca a la clase media es la corrupción moral, social y económica. La sociedad de clase media se mantiene por una especie de pacto tácito entre subestratos, sobre todo entre los subestratos más altos de la misma: yo no miro demasiado lo que haces tú por ahí arriba, pero a cambio, me dejas hacer por aquí abajo. Legiones de pequeños empresarios que pagan y cobran «en B», o no cotizan por sus trabajadores, parados que hacen chapuzas, honrados profesionales que se jactan en los eventos familiares de su habilidad para la ingeniería contable y para ocultar parte de sus ingresos a Hacienda, colegios concertados de piadosas monjitas que falsean los baremos para que entren los niños de las «familias bien» y no se les cuele un solo negro que no sea hijo del embajador de Namibia, que para esa gentuza ya están los coles públicos... Mientras todo esto funciona, mientras este equilibrio de ilusiones, ficciones y pequeñas o no tan pequeñas corruptelas funciona, todo va bien. El problema es cuando todo este castillo de naipes mojados se desmorona, que es lo que está ocurriendo en Grecia de manera acelerada, y en España, Italia y Portugal de forma más tranquila.

Me decía otro amigo que España es un país en el que la gente pasa de comerse los santos a quemar las iglesias, del inmovilismo más absoluto, a la revolución más descarnada, casi sin solución de continuidad. No es España: es la clase media, otra de cuyas características es su falta absoluta de principios; por eso, cuando ve que peligra su modo de vida, cuando se cae el castillo de ilusiones que les hacía creer que eran más de lo que eran, de pronto, todas las normas que hasta entonces les parecían incuestionables, pierden validez. Así, en la política, la clase media, cuando su mundo se desmorona, opta por grandes giros, y convierte en partidos de gobierno a partidos que antes no aspiraban a representar a más del 10% de la población. Eso, y no otra cosa es lo que ha ocurrido en Grecia. ¿Es malo? No es bueno llegar de esa forma al conocimiento de la verdad, pero es sin duda lo mejor que nos puede pasar, porque perfectamente podían haber girado al revés, y haber mirado hacia la extrema derecha. Muchos lo han hecho hoy mismo, en Grecia, y en otros momentos históricos, las clases medias han optado mayoritariamente por el fascismo para conseguir la vida que creen que les corresponde. Los griegos de hoy han podido recurrir a un líder político (Alexis Tsipras) y un partido (Syriza) que no estaba manchado de ninguna manera por la colaboración con las consignas alemanas, y que por lo tanto tenía credibilidad. No está tan claro que esa combinación se dé hoy en España.

De una forma u otra los griegos de clase media -ante el repentino hundimiento de su mundo- se han dado cuenta de que sólo mediante políticas de izquierda, sólo mediante políticas que ataquen los problemas desde lo colectivo, sólo mediante políticas que restablezcan la capacidad del estado de intervenir en la economía para ponerla al servicio del desarrollo económico y de la lucha contra las desigualdades, se pueden resolver sus problemas y pueden recuperar una vida digna.

Por eso, creo que no hay que idealizar las cosas. El debate de si la sociedad griega es una sociedad corrupta o no, sobre si los griegos han vivido por encima de sus posibilidades o no es un debate fantasma, falso, y que tiene por objeto quitar la mirada del verdadero problema. La respuesta a todo ello es sí: la sociedad griega estaba corrupta, y los griegos han vivido por encima de sus posibilidades. Exactamente igual que ha pasado y pasa aún hoy en el resto de los países de la Unión Europea. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es que los griegos sean los culpables de la crisis. A estos, hay que buscarlos en otra parte.

Los culpables de la crisis, los que la han provocado son quienes han tomado y ejecutado la decisión poner en marcha una enorme operación de recogida de beneficios y reestructuración del reparto de la riqueza tras la desaparición de la amenaza soviética. Una operación que en realidad empezó un poco antes, que se puede remontar a cuando Tatcher y Reagan se inventaron aquello del capitalismo popular. Para poder llevar a cabo esta desproporcionada operación de desmantelamiento del estado como garante de los servicios públicos y convertirlo en un conglomerado de negocios privados con clientela cautiva han buscado la complicidad de las clases medias europeas, permitiéndoles dar sus pequeños mordisquitos al pastel en forma de pequeñas corruptelas, hipotecas que todo el mundo sabía que no iban a pagar y microparticipaciones en el negocio mediante acciones, fondos de inversión y pensiones.... Pero ahora la merienda se ha terminado, y hay que recoger la mesa. El pastel está ya repartido, nos hemos comido nuestras migajas, y las grandes porciones van camino de la nevera, para que las disfruten sus afortunados poseedores cuando les venga bien...

Así las cosas, vuelvo al principio: ¿Hay un Alexis Tsipras español? No, no lo hay, porque la situación no ha llegado aún al nivel de descomposición que ha alcanzado en Grecia. Mi opinión es que llegaremos, y que entonces las cosas se aclararán políticamente y aparecerán nuestra Syriza y nuestro Tsipras. Lo que no tengo tan claro es que, necesariamente, vaya a aparecer en el ámbito de la izquierda radical. Pero ese es tema de otra entrada, que ya veremos si escribo, porque soy de natural perezoso.

Fuente: http://www.asueldodemoscu.net/2012/...

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  • ¿Habrá un Alexis Tsipras español?

    28 de mayo de 2012 19:17

    Probablemente una de las más precisas reflexiones que he leido últimamente.

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  • ¿Habrá un Alexis Tsipras español?

    29 de mayo de 2012 00:40, por Pablo

    Yo no digo que el artículo sea malo, pero coincido poco con la línea ideológica de quien lo escribe. Me gusta su definición-generalización de lo que entiende como “clase media” en nuestros estados europeos, y cuáles son sus comportamientos, deseos y necesidades, lo cual me parece acertado frente a visiones todavía instaladas en esquemas decimonónicos de la lucha de clases. En cambio su opción por el estado administrado por una política que llama “de izquierdas” como posible solución a la crisis me resulta poco seria además de poco radical. Y de hecho incongruente con lo que venía diciendo antes en su mismo artículo. Al final siempre van las aguas al mismo molino; el estado es un ente benefactor (sólo que está mal gobernado), a diferencia de las grandes empresas capitalistas que son el mismo diablo. Incluso aunque sean Bankia, que hasta hace día y medio eran unas cajas de ahorro gobernadas por los mismos políticos del estado. Hace unos siglos los súbditos poco informados del reino decían aquello de “que buen rei sería si oviese buenos ministros”. Lo mismo dicen algunas izquierdas hoy del estado.

    Y luego la semblanza que traza del devenir de las últimas décadas en occidente, tras la caída del muro de Berlín, en el que los que demagógica y simplistamente llama “los culpables de la crisis” se han dedicado a una especie de imprudente y prematura “recogida de beneficios” también me resulta más que cuestionable. En su lugar planteo la interpretación más general que se propone en este artículo: http://www.grupotortuga.com/Un-apun...

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  • ¿Habrá un Alexis Tsipras español?

    10 de junio de 2012 07:00

    Vídeo. - Entrevista en directo (castellano) con Costas Isychos, de Syriza: http://www.asueldodemoscu.net/2012/...

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  • Enlace: 21-0, la bomba gallega

    Desde hace algún tiempo Esquerda Unida (IU en Galicia) y Anova (el partido escindido del BNG liderado por Xosé Manuel Beiras) llevan proponiendo la unidad de la izquierda gallega: de esa izquierda que se planta ante las recetas de la troika, de la izquierda que no traga, de la izquierda que pretende construir la democracia, de la izquierda, vaya. Las tradiciones son distintas pero tanto Yolanda Díaz, coordinadora de EU (y uno de los referentes en los que la izquierda debe mirarse desde ya mismo) y Beiras tuvieron la inteligencia de entender la radicalidad del momento que vivimos.

    Beiras señaló que el único requisito en materia nacional era reconocer el derecho de autodeterminación, algo que IU en su conjunto y singularmente Esquerda Unida tienen más que incorporado. Y Yolanda Díaz tomó el toro por los cuernos, bregó contra los palos en la rueda que pudieran poner los más miopes, superó la urgencia que introducía el adelanto electoral y condujo a la situación actual en la que, a falta de la ratificación de las bases gallegas de IU, se pone en marcha el acuerdo para lo que ya se conoce como la Syriza Galega. Por diversos factores en los que es mejor no detenerse (el retrovisor no debe amargar una buena noticia) otros partidos más pequeños que en el pasado rechazaron posibilidades parecidas han anunciado ya su incorporación (en el caso de Equo) o su valoración positiva (en el de Izquierda Anticapitalista): probablemente ello contribuya sobre todo a mostrar que la importancia del acuerdo no es sólo aritmética sino mucho más honda y a hacer de Galicia el primer paso hacia lo evidente en todas partes.

    Beiras avisó ayer de que la Syriza galega será una bomba electoral. Y mucho más que eso. Una de las razones por las que más cabe aplaudir el encuentro de la izquierda gallega es que no era imprescindible en términos electorales. Esquerda Unida lleva tiempo con unos resultados muy esperanzadores, entrando incluso en el ayuntamiento de A Coruña el año pasado y multiplicando el resultado en el conjunto de Galicia en las generales (pese a la práctica imposibilidad de que tal voto se concretara en escaños, lo que lo hace más importante aún).

    Las encuestas que ha habido señalaban que EU obtendría representación parlamentaria en las autonómicas. Pero Yolanda Díaz aclaró (en esta estupenda entrevista de hace un mes) que la apuesta por la unidad de la izquierda era algo estratégico, no un mero cálculo numérico:

    No se trata de entrar o no en el Parlamento, porque nosotros vamos a entrar igual. Se trata de algo más profundo e importante, de largo recorrido. Hay una guerra entre los de abajo y los de arriba, y es necesario desbancar las políticas neoliberales y ayudar a los de abajo. Para ello es necesario todo pensamiento crítico y una nueva herramienta política. Se trata de construirla.

    Sólo el adelanto electoral ha impedido llegar a las urnas con un encuentro más estructural que el mero “acuerdo técnico” que se anuncia, pero el mismo hecho de que tal adelanto electoral no arruinase la valiente apuesta es una muestra de la audacia de Yolanda Díaz y de Beiras superando el más serio inconveniente con el que se han encontrado hasta ahora.

    Galicia abre un camino en el que debe mirarse toda la izquierda: el de la respuesta estratégica, mucho más ambiciosa que los pequeños cálculos electoralistas. La crisis en la que estamos no es una más entre las crisis cíclicas del capitalismo. Es una crisis radical, una crisis de civilización. Espero que, como anuncia Beiras, además acarree una bomba electoral. Pero su importancia trasciende el resultado electoral: es un ejemplo de inteligencias, valentías y generosidades. Es un ejemplo de cómo la política a veces se pone al servicio del país. Es un ejemplo para toda la izquierda

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  • Galiza antes del 21-O: análisis previo

    19 de octubre de 2012 20:16

    Enlace: Galicia antes del 21-0: análisis previo

    El BNG puede mantener una base electoral sólida, con el apoyo de los trabajadores urbanos y villas medias, pero su voto es un voto defensista contra el PP, incapaz de generar entusiasmo en torno a propuestas para romper con los modelos socio-económicos y de Estado. Parece que esta campaña apostaron en por una perspectiva identitaria: la defensa de un soberanismo "light", la defensa de los sectores productivos y de la lengua y cultura propias. En su lugar, AGE sí parece que va a conseguir movilizar un voto antineoliberal, descontento con el PP, pero también desconfiado de BNG y PSdG. En el caso de que Feijoó no repitiera la mayoría absoluta, el panorama se presentaría incierto. AEG no se ha pronunciado sobre las alianzas electorales. A pesar de su retórica, no ha establecido un cortafuegos entre los partidos del régimen (PSdG y PP) y los antineoliberales. Visto el caso de Andalucía, no habría que descartar que un sector de AGE, principalmente IU, abogase por entrar en un gobierno de "progreso", lo que pondría a prueba la escasa solidez de una coalición diseñada para el terreno electoral, pero que carece de estructuras orgánicas que le den continuidad más allá de estas citas.

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    • Enlace: http://www.crisisenergetica.org/art...

      ... La cosa comenzó con la publicación por parte de la ’Asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo’ de un completo documento a modo de programa de acción política para que Galicia se enfrentase a las inminentes consecuencias del peak oil. El documento fue publicado con el objetivo expreso de que las diversas fuerzas políticas que se presentaban a las elecciones lo incorporasen a sus programas electorales.

      ... La coalición Alternativa Galega de Esquerdas apostó por la transformación progresiva del sector eléctrico, hacia las energías renovables, mediante un mix de eólica, hidráulica, solar y maremotriz, que se canalizarían a través de la creación de una Empresa Gallega de Energías Renovables, encargada de generar energía suficiente para autoabastecer los servicios administrativos, y que promoviese la eficiencia energética y la autoprodución en empresas y hogares.

      La coalición sostiene que la creación así de una empresa pública de energía supondría la dinamización del sector gallego de las energías renovables y convertiría la comunidad en un referente mundial, y permitiría la reactivación de la economía y la generación de empleo, y situaría a Galicia en una posición de ventaja competitiva ante el cénit del petróleo.

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