NANCLARES // INSTITUCIONES PENITENCIARIAS NO INVESTIGÓ LAS INCIDENCIAS
Las denuncias de varias presas contra el ex subdirector de Seguridad por ofrecer beneficios penitenciarios a cambio de relaciones sexuales avanzan en un juzgado de Vitoria, ahora respaldadas por el testimonio de un grupo de funcionarias del centro.
Jara Calvo
Iruñea
En septiembre de 2004, el entonces director de la cárcel de Langraitz (Nanclares de la Oca, Vitoria), Jesús Moreno, recomendó al subdirector de Seguridad del centro,
un cargo de confianza con el
que mantiene una relación personal,
que se abstuviese de entrar en
el Módulo de Mujeres. Corrían rumores
de que este funcionario ofrecía
beneficios penitenciarios a las
presas a cambio de relaciones sexuales
y que las que se negaban
eran represaliadas. Mariano Merino,
ex guardia civil apodado El
Tuerto, desoyó la recomendación
no era una orden expresa- y volvió
a los módulos I y II por lo menos
en 33 ocasiones hasta abril de
2005. Pueden haber sido más porque
su presencia en estos módulos
no debiera ser considerada un hecho
extraordinario a registrar pero
algunas funcionarias comenzaron
a anotarlas, junto al nombre
de cada presa que visitaba, tras el
comienzo de los rumores. Algo debían
suponer puesto que ahora,
durante la instrucción del juicio
que se sigue contra Merino, algunas
de ellas, además de corroborar
las denuncias de las presas,
han tildado al ex subdirector de
“babosillo”. Y también han declarado
que su comportamiento afectaba
por igual a funcionarias y reclusas
en Langraitz, una cárcel de
560 celdas donde entre 700 y 800
personas viven bajo quejas de hacinamiento,
plagas de ratas o malas
condiciones higiénicas y de alimentación.
Sin embargo, aunque
Mariano Merino, tras varias denuncias,
es el único imputado por
delitos de coacciones económicas,
extorsión sexual, torturas, amenazas
e inducción al suicidio, hombres
y mujeres presos hablan también
de otros funcionarios que siguen en
sus puestos y que, según ellos, les
han pegado palizas, agredido sexualmente
o amenazado.

El sumario, que ha sido dividido en dos partes diferenciadas para tratar las denuncias de los módulos de hombres y mujeres, está alumbrando, débil e intermitentemente, el interior de los patios y txabolos (celdas) de una cárcel cuyas condiciones según la organización de apoyo a personas presas, Salhaketa Bizkaia “podrían equipararse a las de cualquier cárcel media del estado”. Luces sobre unas estructuras penitenciarias que amparan, según este mismo colectivo, “la impunidad de la que nacen las situaciones de abuso que sufren las presas y presos”.
Luces también sobre la situación de trece mujeres -podrían ser más pero son los casos en los que coinciden funcionarias y reclusas- que en algunos casos habrían aceptado, supuestamente, el chantaje sexual; otras que por rechazarlo habrían sido amenazadas, (“me llama y me dice que me porte bien con él que si no mandaba a mi marido a 1º Grado”); una posible violación y la fuga de una presa que, según declaran, no podía aguantar más las presiones. Todo un cuadro relatado por funcionarias y reclusas (el testimonio de éstas validado por psicólogos), anotado en los cuadernos de incidencias de la propia prisión... y que no fue detectado por Instituciones Penitenciarias en un informe de febrero de 2005, meses después de que comenzasen los rumores y poco antes de que una presa presentara la primera denuncia judicial.
Miguel Penido, preso en Langraitz, puede que esté, en estos momentos, comenzando una nueva huelga de hambre y sed. En esta ocasión no para protestar por las supuestas amenazas y represalias sufridas tras denunciar Mariano Merino por coacciones económicas e inducción al suicidio (“Recuerda a los ahorcados. Es muy fácil colgarte o asfixiarte: dentro del artículo 72 quedas enteramente en nuestras manos”) sino en solidaridad con Francisco M.O., que fue encontrado solo, colgado de una sábana, el 11 de marzo en Nanclares. Francisco, además de apoyar los testimonios de sus compañeras presas, había denunciado torturas y una agresión sexual por parte de cinco funcionarios. Es una de las nueve personas que según Salhaketa han muerto en el centro desde 2004 (15 si se tiene en cuenta los fallecimientos de personas recién excarceladas), seis de ellas por suicidio.
Salhaketa Bizkaia cuestiona algunos suicidios: “no es que digamos que entran los funcionarios a las celdas y les cuelgan, pero sí que se les presiona de tal modo que se puede decir que no son suicidios voluntarios sino inducidos”. El propio Francisco, en una carta-denuncia al Juzgado de Vitoria en septiembre del 2005, lo relataba: “cogen a un interno que esté un poco deprimido y empiezan los malos tratos psicológicos, luego pasan a los físicos, más tarde empiezan las vejaciones y demás faltas de respeto y humillaciones. Más tarde te empiezan convencer de que eres la oveja negra de la familia, de la sociedad... Cuando te tienen hundido, que te ven derrotado, llorando y arrepentido, te dan soluciones y la que más te dan es que te suicides... Te dan un cúter, como me dieron a mí...” con estas palabras que nunca olvidaré: “empieza por el cuello que acabas antes” [Para leer la carta, ver DIAGONAL nº 27].
Ante las denuncias, la posterior y reciente dimisión de Mariano Merino, y el alto número de muertes, Instituciones Penitenciarias puso en marcha un “Plan de Choque” para Langraitz. Un plan que, según Salhaketa, ha consistido en unas charlas de formación de ocho horas a los presos de “acompañamiento”. Esta nueva figura creada por Instituciones Penitenciarias para la prevención de suicidios agrupa a presos que están, durante las 24 horas, con los reclusos a los que se considera susceptibles de quitarse la vida. Desde entonces, en Langraitz un preso ha muerto y ha habido cuatro intentos de suicidio.
“Recuerda a los ahorcados... Es muy fácil colgarte o asfixiarte; quedas enteramente en nuestras manos”
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