Fue un servidor
elegido por Dios
en quien se complació su alma.
No gritó
ni hizo oír su voz;
su aliento hizo llegar a todo el Pueblo.
Creo en Jesús de Nazaret. Soy un cristiano. Además soy de esos cristianos que un día descubrieron que el sentido de la fe no está en seguir costumbres y rituales, o en sujetarse a morales intocables, sino en vivir una existencia que se intenta ofrecer por amor a cada persona y a todas las personas de la humanidad. Porque ya lo decía el Dios del Antiguo Testamento: “Misericordia quiero y no sacrificios”.
Pertenezco a ese grupo de cristianos que intentaron realizar el seguimiento de Jesús de Nazaret en una participación mucho o poco abundante -según momentos- en el mundo de lo social y de lo político. En la búsqueda del bien para personas desfavorecidas en el activismo social, o del bien para tod@s en el compromiso político me encontré con personas que ofrecían su amor y su ilusión a las mismas causas que yo, pero desde otras referencias. En el mutuo compartir e intercambiar con estas personas de buena voluntad fui descubriendo y amando como a la mía a algunas de esas referencias. Con ellas aprendí muchísimas cosas y enriquecí hondamente mi ser cristiano. Por eso hoy me sitúo entre los cristianos que por practicar su fe no en un invernadero confesional sino en el ancho mundo no soportamos los límites, las cortapisas, las normas, las contradicciones, las contemporizaciones, las rebajas del Mensaje que se dan en las diferentes congregaciones cristianas. Soy un cristiano que por no pertenecer a ninguna iglesia puedo sentirme a todo pulmón miembro de la gran asamblea convocada por Jesús de Nazaret, esa en la que estamos sin conocernos y sin necesidad de carnet alguno todas las personas que nos esforzamos en que nuestras vidas sean anuncio de la Buena Noticia.
Por último soy un cristiano que en este viaje catártico y a la vuelta de tantas vueltas no he perdido mi fe, sino que la he enriquecido en el crisol de la vida y de la calle.
Es por ello por lo que para mí la llegada de la Navidad es una buena noticia.
Por supuesto que a mí me carga como a cualquier persona sensible la apropiación que el mercantilismo capitalista ha hecho de la Navidad. Me parece un auténtico despropósito que la Navidad sea una cuestión relacionada con Coca Cola, El Corte Inglés, perfumes, juguetes, comilonas, borracheras y todo eso. Me agota como a tanta gente la sensiblería, el derroche de electricidad, la decoración de los escaparates, la omnipresencia de los villancicos... Respetando y entendiendo a quienes sienten la Navidad simplemente como un momento emotivo o de encuentro familiar al cabo del año, no es de esa Navidad de la que yo hablo.
Los cristianos con la Navidad conmemoramos el nacimiento de Jesús de Nazaret. Sabemos que no es la fecha histórica. Sabemos que las narraciones sobre este nacimiento están adornadas con un buen número de leyendas míticas. No importa. El hecho importante es que Jesús estuvo en esta tierra; como cualquiera de nosotros anduvo sobre ella, trabajó para ganarse la vida, predicó su mensaje, amó, sufrió y murió ejecutado por las autoridades. Nosotr@s creemos además que esa crucifixión no acabó con su existencia. Creemos que él de algún modo permanece con nosotros y tiene parte en nuestra Historia y en nuestras vidas. A esto le llamamos Resurrección.
Las leyendas que intentan describir cómo fue la llegada al mundo de Jesús y que se encuentran redactadas en algunos de los Evangelios, relatan acontecimientos de carácter mágico o sobrenatural para tratar de dar lustre a este nacimiento anónimo perdido en la noche de los tiempos. Sin embargo todas ellas insisten en algo que contrasta fuertemente con lo anterior: Jesús nace pobre, de una familia humilde, fuera de su casa, de noche, en un lugar que es casi como nacer en la misma calle, sin ningún tipo de medio que pudiera mejorar las condiciones del parto. La teología presente en el recuerdo de los primitivos cristianos que redactaron los Evangelios tenía clara esta idea. La Buena Noticia de Jesús es de pobres y para pobres y excluidos.
En Navidad los cristianos celebramos que Dios está en nosotros y con nosotros (Enmanuel quiere decir justamente eso). Celebramos la Buena Noticia de que todos los cambios y todas las revoluciones son posibles, y lo son en el interior de cada uno de nosotros/as y en el mundo entero. Que estamos aquí para “prenderle fuego a la Tierra”... Celebramos nuestra propia esperanza, nuestro optimismo. Celebramos nuestra propia alegría a pesar de tantos pesares.
En Navidad recordamos que nuestra debilidad es nuestra fuerza. Que nuestro partido es el del arado y no el de la espada. Que sólo siendo niños podremos cambiar la Historia. Es decir, desde abajo, sin violencia, desarmados, sin dinero ni propiedades, sin odio, sin líderes, sumando y no restando...
En Navidad retomamos el testimonio de Jesús que nos muestra a un Dios que se hace niño, un todopoderoso que se hace tododébil y se pone a tiro del sufrimiento y del dolor, un Creador de la Vida que se deja asesinar injustamente en el patíbulo de los delincuentes.
En Navidad se nos hace claro que sólo amando y dándonos somos felices y transformamos la realidad.
Feliz Navidad y Paz a todas las personas de buena voluntad, crean en lo que crean.
Pablo San José
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