Grupo Antimilitarista Tortuga
Desde el Grupo Antimiltarista Tortuga lamentamos no haber podido animar a través de Facebook a nuestros amigos para que participen en la celebración del Día Mundial por la Paz y la Noviolencia. Ésta tendrá lugar hoy viernes 28 de enero a las 20:30, en la Plaça i Baix de Elx y también está convocada por Asociación de Vecinos “Barrio Obrero” de Altabix y por Plataforma d’Entitats Musicals Puentegramas. Según la red social, un usuario ha denunciado como ofensiva la convocatoria de tal evento y, en consecuencia, han decidido prohibirnos mandar invitaciones.
Si nos atenemos a la Declaración de Derechos y Responsabilidades de la propia red social, sus usuarios se comprometen a no publicar “contenido que resulte hiriente, intimidatorio o pornográfico, que incite a la violencia o que contenga desnudos o violencia gráfica o injustificada”. Nuestra convocatoria (que podéis ver aquí) nada tiene de pornográfica; mucho menos de intimidatoria; no incita a la violencia, sino todo lo contrario... ¿acaso tendrá algo de hiriente?
Nuestra única intención es compartir un rato agradable y festivo, reflexivo y que nos ayude a tomar conciencia de la realidad de nuestro planeta y de nuestra responsabilidad social. Si algo caracteriza a esta convocatoria es que no pretende ser autocomplaciente, sino divertida y crítica. Y la crítica si resulta hiriente sólo demuestra que reconocemos nuestros errores, que vivimos y sentimos.
No obstante, si los responsables de Facebook con el término “hiriente” vienen a definir aquello que falta al respeto a otra persona, no entendemos absolutamente nada. ¿O tal vez sí?
Bien mirado, Facebook no es más que otra empresa parte del poder, otro medio con su propia capacidad de censura.
Un hecho característico de nuestra sociedad es que la credibilidad de sus medios no reside en la verdad de su información o en la integridad de las opiniones expresadas en ellos, sino en el hecho de que puedan decir lo que quieran. Por lo tanto, si en ellos no tiene cabida todo el mundo, ejercen la censura.
El caso de Facebook es especialmente significativo y perverso. Teóricamente da su espacio de expresión a todo aquel que pueda sentarse delante de un ordenador. Famosas son las declaraciones de su rostro bonito, Mark Zuckemberg, en las que afirma que la privacidad cada vez tiene menos valor. Pero estas declaraciones están manchadas de hipocresía: este buen chico no va a dejar que su privada cuenta corriente deje de serlo y, mientras tanto, Facebook promueve lo privado y censura -sí, censura- lo público. Nos permite y nos anima a que colguemos datos que sólo nos afectan realmente a nosotros y a nuestro círculo cercano (gustos personales, manías, anécdotas...) e impide bajo peregrinas excusas que difundamos lo público (aquello que nos atañe a todos, lo que trata sobre cómo vivimos y cómo nos organizamos). Mientras tanto facilita nuestros datos a grandes multinacionales para que, así, recibamos publicidad personalizada.
La conclusión final es que la libertad de expresión que nos proporciona Facebook no deja de ser ficticia, pues puede ser amputada fácilmente en cuanto deje de airear lo privado para inmiscuirse en lo público. Al fin y al cabo Facebook convive con (y vive de) esas grandes empresas que se anuncian en él, aquellas mismas que tienen el poder, que deciden qué compramos, qué información recibimos y qué información publicamos.
Sin embargo, resulta gratificante comprobar que hay pequeñas islas de resistencia ajenas al poder, en las cuales los que nos oponemos a él tenemos voz. Esta web, como muchísimos otros medios, acciones y organizaciones a lo largo y ancho del planeta, sólo pretende ser una de estas islitas. Nuestra celebración pública del Día Mundial por la Paz y la Noviolencia hoy en Elx, también.
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