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NOTA de Tortuga Internacional: impagable artículo del diario Hoy Digital. ¿¿¿De que va el CSIC, por cierto???
El ministro de Defensa presentó “Los espacios naturales del Ministerio de Defensa”.
El ministro de Defensa, José Antonio Alonso, presentó el 2 de junio en el Real Jardín Botánico de Madrid el libro “Los espacios naturales del Ministerio de Defensa”, con el que se quiere divulgar la riqueza ambiental de los espacios utilizados por las Fuerzas Armadas y los esfuerzos de conservación y regeneración encaminados a la mejora del patrimonio del Departamento. También participaron en el acto el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Carlos Martínez Alonso, el director del Real Jardín Botánico y autoridades de los Ministerios de Defensa y de Medio Ambiente.
En la redacción del libro han intervenido los especialistas, zoólogos, botánicos y ecólogos Benigno Varillas, Miguel Delibes de Castro, Silvia Jaquenod de Zsögön, Joaquín Araújo, Luis Miguel Domínguez, Juan Luis Arsuaga, Eduardo de Juana, Francisco Gan Pampols, Manuel Toharia, Emilio Blanco Castro, Jorge Moreno y Javier Zapata Salgado. Las fotografías que lo ilustran son obra de Carlos Sánchez Alonso y Vicente García Canseco. José Antonio Alonso destacó el esfuerzo de su Ministerio por hacer compatible la actividad militar con la conservación y buenas prácticas medioambientales (formación y evaluación ambiental, concienciación del personal, ahorro energético, uso de energías alternativas, prevención y extinción de incendios forestales, repoblación, lucha contra la contaminación marina o atmosférica, etc.).
Asimismo, los ecosistemas de los campos de entrenamiento y maniobra son escasamente agredidos y en ellos las especies animales y vegetales encuentran mejores condiciones de supervivencia que en otros lugares. Actualmente, 24 instalaciones y acuartelamientos militares cuentan con la certificación medioambiental ISO 14.000, y otras 150 están en proceso de implementación de un sistema de gestión ambiental y las restantes se espera que lo tengan a lo largo de los próximos cuatro años.
Campos de entrenamiento, polígonos de tiro y otros terrenos de uso militar han preservado su riqueza biológica precisamente gracias a la protección castrense El Ministerio muestra en un libro sus espacios naturales
’Zona militar. Prohibido el paso’. Se crea o no, esta interdicción, a menudo inquietante para el ciudadano, tiene alto valor ecológico. Ha sido el conjuro que ha preservado la riqueza biológica y paisajística de enclaves únicos en la geografía española. Las Bardenas Reales, digno escenario para una película sobre Marte; el archipiélago de Cabrera, donde el Mediterráneo asediado resiste virgen; las dunas de Médano del Loro (Huelva), mecidas por el Atlántico; el mítico monte Teleno (León), hogar de divinidades romanas; las Islas Chafarinas, reserva de las últimas focas monje del Mediterráneo... son parajes con un punto en común. Todos ellos alojan áreas de uso militar donde, por eso mismo, la naturaleza ha podido conservar todo su esplendor.
«Donde se construía un campo de tiro o de maniobras, no se han construido autopistas, ni bloques de apartamentos, ni centros comerciales», recuerda el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Carlos Martínez. El desarrollo urbanístico, el turismo, las infraestructuras, la agricultura, la caza... han retrocedido ante los espacios protegidos por el marchamo militar. A cambio, unas pocas veces al año disparos, detonaciones y marchas castrenses perturban la paz de estos lugares. En alguna de estas parcelas, ni siquiera eso porque su utilidad es más estratégica que funcional. En cualquier caso, el balance es positivo. Lo percibe un buen número de especies, que se sienten a salvo de la presión humana ’civil’ y buscan refugio en áreas de milicia.
«Algo deben de tener los campos militares cuando los naturalistas los rondamos tanto», conviene Miguel Delibes de Castro, biólogo, investigador del CSIC con un sinnúmero de incursiones -«pidiendo permiso o sin pedirlo»- en zonas de control militar para hacer seguimientos de lobos, ginetas, lechuzas, halcones peregrinos, incluso linces. Es uno de los doce naturalistas y científicos de renombre -junto a Joaquín Araújo, Benigno Varillas o Juan Luis Arsuaga, entre otros- que glosan la riqueza biológica de estos ’Espacios Naturales de Defensa’, compilados ahora en un libro monumental recién salido del horno.
Teide y Atapuerca
Con prólogos del Príncipe de Asturias y del nuevo titular de Defensa, José Antonio Alonso, incluye fotografías espectaculares de los 33 ecosistemas de gran riqueza ecológica gestionados por el Ejército. Algunos en desuso, como el archipiélago de la Cabrera, primer parque nacional marítimo terrestre de España, y un paraíso de aguas prístinas para la avifauna marina del Mediterráneo. Otros operativos, el campo de maniobras de El Teleno, uno de los mayores y más hermosos, con más de 6.000 has. de superficie; el área de adiestramiento de la Sierra de El Retín, cuajada de alcornoques; el valioso monte mixto mediterráneo -encinar, madroñal, alcornocal, quejigar...- de Cerro Muriano, en la serranía cordobesa; el campo de las Cumbres del Teide (Tenerife), subido a la cima del país... incluso varios de los yacimientos de Atapuerca, orgullo de la paleoantropología internacional se enclavan dentro de la base de Matagrande (Burgos).
Los 33 parajes repartidos por 26 provincias son las auténticas joyas de la Defensa, mucho más que portaaviones, fragatas o aviones F-18. Son una bendición para el medio ambiente y, en medio de la ola de edificación que recorre buena parte del país, un verdadero ejercicio de salvaguarda nacional. «La seguridad, hoy, supone conservar los espacios de la vida», subrayó Joaquín Araujo en la presentación del libro. El naturalista, premio Nacional de Medio Ambiente, reclamó al actual titular de Defensa que el Gobierno «no atienda a los cantos de sirena» para enajenar un patrimonio común irreemplazable. «No los cedan nunca. No los privaticen», pidió. «Ya nos defienden a los ciudadanos así como están». Alonso se comprometió a atender el ruego.