Casi cincuenta helicópteros es el pedido de armamento que el estado español ha realizado a cuenta de nuestros impuestos. De ellos unos 35 son para los tres ejércitos. Además compran ocho para que se los repartan entre la policía nacional y la guardia civil, y sólo quedan cuatro para tareas de apoyo civil y humanitario (a cargo del ejército también).
Es ilustrativo, además de conocer el nuevo derroche en artefactos para matar que se hace con nuestro dinero, ver la importancia que se le da a las tareas humanitarias. 35 helicópteros armados hasta los dientes para usarlos en las guerras de invasión donde está el ejército español defendiendo los intereses de nuestras multinacionales, y sólo cuatro para tareas civiles y humanitarias.
¿No habíamos quedado en que nuestro fantástico ejército sólo se dedicaba a hacer el bien y a socorrer a damnificados de catástrofes humanitarias? Pues no, resulta que se dedica al ataque y la agresión en primer lugar. Con esta compra se les ve bien el plumero.
Luego faltan vehículos de extinción de incendios, faltan calefacciones en los institutos de secundaria, la ayuda humanitaria que se envía a las catástrofes internacionales es de risa de la tía Basilisa. Pero eso sí, los generales van a poder ir de aquí para allá en sus sofisticados helicópteros bien artillados, y las inversiones petrolíferas de Repsol en países pobres van a estar bien vigiladas desde el aire.
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