Miguel Ángel Llana Suárez
La Nueva España
Pues sí, y además no hay truco, tan sólo un matiz, después de Estados Unidos es el país que mayor porcentaje, respecto al Producto Interior Bruto, destina a investigación militar y además en proyectos de armas ofensivas, como son los aviones de combate, helicópteros artillados, carros, proyectiles y submarinos, todo para uso militar y de ataque. La cifra anda por el 0,26 por ciento del PIB, cuando la media europea no llega ni a la mitad, el 0,12 por ciento. Le siguen muy de cerca el Reino Unido y Francia.
Los Presupuestos Generales del Estado en 1995 destinaron al total de la investigación civil y militar, 1.244 millones de euros, de los que 291 millones fueron para la investigación militar el 23 por ciento. A partir de 1996, los gastos destinados sólo al I+D militar alcanzaron porcentajes crecientes y desmesurados, llegando en 1999 al 54 por ciento, con 1.493 millones del total de los 2.768 millones destinados a toda la investigación.
Para el presente año 2004 estamos en el 31 por ciento y para el 2005, los Presupuestos dicen destinar 1.330 millones, pero desmaquillando las cuentas hay que añadir una partida de 316 millones del Ministerio de Defensa, siendo el total para la investigación militar 1.645 millones, lo que supone subir al 33 por ciento de los 4.972 millones del total del gasto estatal dedicado al conjunto de la investigación. Este pequeño barullo de cifras viene, además, en el resumen estadístico sobre ciencia y tecnología de la OCDE y en el informe de la Fundación por la Paz.
Si analizamos el conjunto y reparto de las asignaciones destinadas a la investigación, la cosa se complica más aún y a peor. Para el I+D de las Universidades y el CSIC, se han destinado en el presente año 457 millones (10,4 por ciento) y en los Presupuestos para el 2005 sube a 494 millones, pero baja el porcentaje al 9,9 por ciento.
Pero, para ubicar bien la situación, hemos de recurrir a las odiosas comparaciones. Para la investigación agrícola, 58 millones (1,2 por ciento); para la oceanográfica y pesquera, 42 millones (0,8 por ciento), y para la investigación sanitaria, 244 millones (4,99 por ciento). La investigación de las energías renovables pasa desapercibida en los Presupuestos, como si nuestra enorme dependencia energética fuera una broma con la que compensar la gigantesca factura que hemos de pagar por las importaciones de energía. Claro que comparar estas cifras con los 1.645 millones -el 33 por ciento de todo el I+D- destinados a investigación militar y de ataque, creo que nos ha de dar qué pensar.
A la distribución de las partidas que están sesgadas hacia lo militar, hemos de añadir que los porcentajes respecto al PIB destinados al conjunto de la investigación son de lo más corto y raquítico. En los Presupuestos del Estado, es decir del Gobierno y del Parlamento que los aprueba, apuestan y valoran la investigación en el 0,7 por ciento del PIB de la que destina un tercio a lo militar y belicista. Para el conjunto de la investigación, incluyendo la privada, España apenas llega al 1 por ciento del PIB, mientras que la media europea se acerca al 2 por ciento, el doble. Con esto ni pensar en aproximarnos al nivel de los países con los que pretendemos codearnos, con lo que volvemos -menos en lo bélico- a lo de «que investiguen ellos» y «más cañones y menos mantequilla».
* Miguel Ángel Llana es ingeniero y diplomado en Ciencias Empresariales.
Nota: los comentarios podran ser eliminados segun nuestros criterios de moderacion
RSS