Raúl Calvo Trenado
El 14 de octubre salió a la venta el álbum número 33 del héroe galo simultáneamente en 27 países y en varios idiomas (incluidos el catalán[1] y el castilla). Tras un largo período de promoción y secretismo, “El cielo se nos cae encima” veía por fin la luz con una tirada mundial de ocho millones de ejemplares.
"Tengo prohibido revelar el contenido de la historia, porque queremos dar una sorpresa a los lectores", declaró su autor. Tal vez, pero también porque así ha interesado para la presentación de la nueva obra; la saga, que ha sido traducida a más de 100 lenguas y dialectos, es todo un fenómeno mediático.
Se ha realizado una gran campaña publicitaria que incluye una exposición itinerante (que pasará por Madrid) o la Gran Place de Bruselas convertida por unos días en la aldea gala. Recordemos que la capital belga lo es también del cómic europeo y que la gran alternativa comercial a la historieta norteamericana (y ahora también a la japonesa) es el cómic francófono: Astérix, Tintín, Blake y Mortimer, el teniente Blueberry...
Y es que Astérix produce mucho dinero en mercadotecnia, unos 200 millones de euros anuales repartidos en videojuegos, discos, películas, etc. Sin olvidar el parque temático.
La portada de esta nueva aventura recuerda a propósito la del primer álbum de la serie, “Astérix, el galo”, lo que unido a rumores sin confirmar, ha propiciado la sospecha de que nos encontramos ante la última historieta del galo. ¡Que así sea, por Tutatis!
Ya sabemos que tras la muerte de Goscinny[2], la serie bajó mucho de nivel. ¡Pero esta vez ha sido espantoso! Astérix merecería sin duda otro final pero será preferible que Uderzo, a sus 78 años, piense en jubilarse y deje de arrastrar a su personaje por una agonía creativa.
Creo recordar que, hace unos años, Uderzo confesaba en una entrevista que era consciente de que había caído la calidad de la serie tras la muerte de su compañero pero que él continuaba la serie por divertirse. La verdad es que así en abstracto hasta parece una buena excusa: sigamos regocijándonos con la serie aunque el nivel se resienta, que un Astérix es un Astérix. Pero es que el nivel se resintió mucho, muchísimo, y eso se advertía aun más al tratarse de una de las mejores series de la historia del cómic.
Le tengo mucho cariño a las aventuras de Astérix. La aldea del pequeño galo y su combate contra los romanos siempre me pareció una metáfora de la lucha contra el imperialismo; no quiero llevar muy lejos esta idea pues no dudo que se pueda hacer una lectura chovinista sobre la grandeur de la France o de los particularismos nacionales, pero consciente o inconscientemente Astérix es un resistente contra la globalización que representa Roma.
Quizá también consideréis que me excedería si le considerase antimilitarista pero sus aventuras apuntan en esa dirección; por cierto, me parece genial “Astérix legionario”, una de mis favoritas. O si le considerase anticapitalista en “Obélix y compañía”, penúltima obra que crearon juntos los dos autores. ¿Hacia dónde se hubieran dirigido desde ahí los guiones de Goscinny?
Desde luego no a este nuevo álbum. Lo más atractivo de esta aventura es su título, un guiño a las lectoras y lectores habituales, que son muchos, de las hazañas de Astérix. En efecto, el pensamiento favorito del jefe de la aldea gala, Abraracúrcix, es recordar que sólo deben temer a una cosa: que el cielo caiga sobre sus cabezas. ¿Y quién va a resistirse de ver como se les cae el cielo en la cabeza a nuestros amigos galos?
Sin embargo, ya son muchos los guiños insulsos que ha usado Uderzo desde que realiza la serie en solitario. Sabe que su personaje es un clásico y saca partido de ello: antes de la salida de “El hijo de Astérix” se rumoreó acerca de la supuesta paternidad del protagonista en este álbum. Con “El mal trago de Obélix” se conocía uno de los asuntos fetiches de la saga: ¿qué pasaría si Obélix bebía más poción?, eliminando así una duda que recorría toda la serie. En “Astérix y Latravita” conocemos a los padres y madres de los dos protagonistas, que es lo más atrayente de una historia cuyo guión es pésimo, quizá el peor hasta la aparición de éste último.
En “El cielo se nos cae encima”, la aldea gala recibe al visita de los extraterrestres, una idea que queda totalmente fuera de lugar en una serie con ciertas pretensiones históricas; los anacronismos humorísticos de Goscinny eran sin duda mucho más sutiles. Toda la obra pretende ser una metáfora pero su resultado es de lo más burdo:
A la aldea llega un extraterrestre con aires de Mickey Mouse llamado Kar Tun, procedente de Dyswaltlandia, con un ejército de superclones (unos supermanes con la cara de Arnold Schwarzenegger) para avisar de que un terrible peligro se cierne sobre ella, la llegada de los namgas, otros extraterrestres con aspecto de Mazinger Z que pretenden hacerse con la poción mágica. Este será el comienzo de un despropósito de 48 páginas.
¿Cuál es la intención de esta obra? ¿Un guiño a los mercados norteamericano y japonés? Con respecto al primero se podría ingenuamente pensar pues recibe una crítica relativamente amable, a diferencia del segundo. ¿O el cabreo de un Uderzo que reconoce como enemigos de sus criaturas no a los romanos sino a la competencia de Disney y los superhéroes estadounidenses y el manga japonés? Desde luego, este último tiene una cuota de mercado cada vez mayor en Francia.
En todo caso, insisto en que Goscinny fue más agudo en sus sátiras.
Por último comentar el dibujo. Hasta ahora no se podía censurar la técnica de Uderzo; en realidad de lo que le acusábamos era de hacer viñetas sin alma. ¡Pero en esta ocasión hasta el dibujo es netamente peor!, o bien por responsabilidad suya o de los ayudantes que dice el álbum que ha tenido.
¡A las seguidoras y seguidores de Astérix sí que se nos ha caído el cielo encima!
Raúl Calvo Trenado
[1] Una anécdota: en Cataluña se ha publicado con el título mal escrito en la portada. Dice “El cel s’ens cau al damunt!” cuando debería decir "El cel ens cau al damunt!". Se ha retirado la edición y ya he visto vender por internet ejemplares de la edición con errata para coleccionistas.
[2] René Goscinny (guionista) y Albert Uderzo (dibujante) son los creadores de Astérix. Tras el fallecimiento del primero en 1977, Uderzo se hizo cargo en solitario de la serie. Juntos crearon 24 álbumes.
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