Por que si no resultara una realidad tan dramática para tanta gente, habría que reirse ante tan burdo sainete.
Primer acto.
Insignes propietarios norteamericanos de la industria de los hidrocarburos, junto a los principales dirigentes políticos de La Potencia y sus principales aliados, durante alguna cumbre, o en conversaciones de vete y ven en oscuras embajadas de EEUU, debieron considerar en su día lo bonito que sería que las protestas a favor de la democracia sucedidas en el mundo árabe se dieran también en Libia. Allí, haber habíalas, pero en evidente menor magnitud que en otros países como Egipto, Túnez o Báhrein. De menor magnitud y también con pinta de tener menor proyección y posibilidades de éxito. No obstante los servicios de inteligencia norteamericanos siempre tienen sus “recursos” para echar leña al fuego y alimentar mucho o poco los “vientos de la libertad”, sobre todo en lugar de tanta riqueza petrolífera y gasística no controlada por los colosos empresariales norteamericanos.
Segundo acto.
Siembra que te siembra anhelos de libertad y cambio, “alguien” logró poner de acuerdo en la necesidad de acabar con la siniestra y terrible dictadura de Gaddafi a una parte significativa de la propia gobernación del estado libio. Porque como uds. quizá sepan, aunque no sea dato preferente en la divulgación que hace en estos días nuestra independentísima e imparcialísima prensa, no se trata de una revuelta de parias y desheredados, sino de altos funcionarios y miembros del ejército. Es decir, quienes ahora dicen ser poco menos que los estandartes de la democracia y reciben nuestra justísima “ayuda” militar, hasta ayer eran conspicuos miembros de la diabólica y descarnada dictadura que hoy tanto se delata. Éstos se las han arreglado para colocarse a la delantera y tomar en sus manos las banderas de los grupos populares que, efectivamente y de forma sincera, realizaban en las principales ciudades libias, y a imitación de lo sucedido en los países vecinos, protestas de eminente carácter noviolento para reivindicar un sistema político similar al de los estados europeos. Y tal cosa es interpretable, claro, pero por aquí pensamos que su motivación tenía, o tiene, tanto de esperanza en vivir en un sistema político más democrático, como de esperanza en salir de la pobreza y de la crisis. Cosas ambas que desde luego no obtendrán cambiando a Gaddafi por estos otros. Pero bueno…
Tercer acto.
Esta inyección externa para multiplicar la protesta social y para incluir en ella a buena parte del propio régimen podía haber hecho caer a la familia Gadaffi. La realidad mostró que los apoyos que ésta tenía dentro del propio estado, pero también entre la población, eran mayores de lo previsto. Tras unas jornadas de incertidumbre y extraños rumores pareció quedar claro que Gaddafi no era Mubarak y que simples protestas en calles y plazas no solo no iban a provocar su renuncia sino que podían desencadenar una fuerte represión. Los grupos organizados en la desde ya denominada “oposición” movieron ficha y, materializando una especie de golpe de estado, trataron de hacerse con el control de determinados órganos de gobierno e instalaciones del estado. La revuelta triunfó en algunas ciudades, especialmente Bengasi, pero tampoco logró la renuncia o huída del dictador.
Cuarto acto.
Nuevamente en acción esa mano que mueve la cuna en las sombras, el grupo de burócratas y militares que se autoconstituyen en Bengasi como “gobierno” de los sublevados comienza a recibir apoyo internacional por parte de países desde un primer momento intevencionistas, como Francia o como España, y de forma más disimulada por EEUU. Las instituciones mundiales controladas por La Potencia se van posicionando paulatinamente en su favor, y grandes cantidades de dinero procedentes de diversas fuentes del exterior van afluyendo hacia la parte de Libia no controlada por Gadaffi. Tras el fracaso de la “revolución pacífica” ahora se apuesta por la vía militar. Para ello se procede a financiar, alimentar, legitimar y también armar a la facción rebelde para que se encargue de “hacer el trabajo” (esta opción suele ser preferida antes de involucrar a los propios ejércitos en largas y costosas guerras). Las operaciones militares se ponen en marcha y el ejército rebelde “milagrosamente” improvisado en cuestión de unos días, obtiene claras victorias sobre las tropas gubernamentales que hacen prever un rápido desenlace.
Quinto acto.
Sin embargo queda en evidencia un nuevo error de cálculo de los agresores, y las tropas gubernamentales no solo resisten sino que emprenden una fulgurante reconquista que amenaza a su vez con provocar también un rápido desenlace. Como resulta más que evidente que tal tipo de desenlace no es el deseado por los agentes que han puesto en marcha toda la dinámica, toca correr, quitarse a toda prisa la careta, e improvisar de urgencia todo el argumentario que justifique la agresión bélica extranjera que logre el objetivo pretendido y que impida que se escape la presa. Batiendo records de rapidez, las instituciones internacionales controladas por EEUU se ponen de acuerdo entre sí y acuerdan la creación de la “zona de exclusión aérea”. Tal fórmula es el recurso “técnico” para poder hacer papilla el potencial militar y económico de la parte que desean destruir e inclinar la balanza bélica hacia el otro lado, y hacerlo además con la excusa de que se pretende proteger a la población civil. Triste excusa que consiste en bombardear para evitar bombardeos. De hecho la actualidad demuestra que las tropas agresoras no se han limitado a impedir vuelos de la aviación libia sino que han procedido a la destrucción también del material militar terrestre, dejando intacto el arsenal de los rebeldes e incumpliendo flagrantemente su propia resolución. Por supuesto se mentirá lo necesario para hacer creer que tales bombardeos son quirúrgicos y que no alcanzan víctimas civiles. Es sabido que tal cosa no se cumple jamás.
Sexto acto.
En caso de que ni aún así la facción rebelde lograra vencer militarmente, el sexto acto vendría ser la invasión terrestre del país, a imitación de lo sucedido en Bosnia, Iraq, o Afganistán y el establecimiento permanente de tropas extranjeras. La función de tales contingentes militares permanentes es detentar el control político y económico del país hasta que sea exprimida su última gota de riqueza o hasta que la propiedad de la misma en manos de multinacionales haya quedado consolidada de forma irreversible.
Epílogo.
Las protestas sociales y prodemocráticas en Libia son propias, pero es indudable que la fuerte alimentación externa es la que las ha llevado a la exacerbada dimensión bélica que solo en este país, con respecto a su entorno, han llegado a cobrar.
Hay suficientes datos anteriores y actuales para adquirir, más allá de la sospecha, la fundada certeza de que intereses económicos de los países occidentales en relación con las materias primas de Libia son una vez más la causa del desarrollo de un conflicto social que ha desembocado en guerra civil y finalmente en agresión militar extranjera.
Esta nueva guerra promovida por los países occidentales en procura de sus intereses calca en todo su guión algunas de las anteriores. Nos recuerda mucho al caso de Kosovo. En aquella ocasión EEUU financió secretamente una guerrilla independentista que se enfrentó al ejército de Serbia. Dicha guerrilla fue reclutada entre elementos mafiosos y, entre otras actividades paralelas y posteriores a la guerra, se dedicó al asesinato para el tráfico de órganos. Los países europeos que finalmente irrumpieron militarmente en Kosovo, tal como hoy hacen en Libia, en apoyo de la insurgencia por ellos creada conocían perfectamente estas circunstancias, pero se guardaron muy mucho de que llegaran a la opinión pública. Kosovo fue finalmente ocupado por tropas “internacionales”, segregado de Serbia y colocado definitivamente bajo el patrocinio estadounidense. Por cierto que su actual presidente, en su día líder de la guerrilla financiada por EEUU, está señalado como el máximo responsable de la red de tráfico de órganos.
El régimen del coronel Gadaffi desde luego es indefendible y sumamente criticable se mire por donde se mire. Sin embargo cabe mantener en marcha todas las alarmas con respecto a la autodenominada “oposición, la cual está liderada por antiguos miembros de ese régimen y financiada por fortunas ajenas al país. Además existen documentos gráficos que han podido sortear estos días la censura que evidencian el nulo respeto a los derechos humanos por parte de dichas fuerzas opositoras.
Como ha sucedido en guerras anteriores (Iraq, Afganistán, Kosovo…) la campaña de intoxicación a nivel de medios de comunicación es descomunal. La parte a la que se desea agredir (Gaddafi) es demonizada hasta el paroxismo y su oposición es bendecida, al tiempo que se oculta de forma deliberada cualquier tipo de dato o de argumento que ponga en cuestión la supuesta justicia y necesidad de la agresión bélica. Se llegan incluso a inventar informaciones falsas, que se divulgan masivamente y sin pudor. La más corriente, es la de explicar que todo se hace por el pueblo y para protegerle. Para ello se deforma y exagera interesadamente la descripción de la situación que se desea supuestamente paliar, al tiempo que se esconde de forma no menos exagerada el alcance del daño sobre civiles que provocan las operaciones militares “benefactoras”. Prueba de ello es que en este caso el simple “no hacer nada” por parte de terceros países parecía apuntar a un inminente final de la guerra, y por ende, de las consecuencias soportadas por la población civil a causa de ella. En Iraq se hablaba de "destruir los arsenales de destrucción masiva". Aquí se habla de "detener la masacre". No hay datos claros para saber si la "masacre" es como nos cuentan quienes dicen querer detenerla o si acabaremos por descubrir que es tan irreal como lo fueron las armas de destrucción masiva. En todo caso era una supuesta masacre a la que le restaban unas pocas horas, las que tardara Bengasi en ser tomada o en rendirse a las tropas estatales.
Tal como sucede siempre con esta estrategia, ya varias veces empleada por EEUU y sus aliados, quien resulta gravísimamente perjudicada es la población civil, la cual, a todas sus penurias ha de añadir el tener que soportar una guerra. Ella es quien muere en los bombardeos de los unos y los otros, ella es quien pierde sus hogares, se ve obligada a desplazarse, queda mutilada etc. Y todo ello sin razón y sin sentido, puesto que pase lo que pase al final, seguirá alejada del nuevo poder y del nuevo sistema de propiedad de la riqueza que resulte de la guerra.
No a la guerra. Otra vez: http://www.grupotortuga.com/No-a-la...
Enlace imprescindible para conocer qué está pasando exactamente en la parte Libia bajo control gubernamental: http://leonorenlibia.blogspot.com/
Documentación sobre la génesis del conflicto e interesante debate: http://dizdira.blogspot.com/2011/03...
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