C. CALVAR. COLPISA/MADRID
Incorporación de la mujer
El Ministerio de Defensa prepara una reducción drástica del Ejército para ocultar su incapacidad para alcanzar las cifras de soldados que fijó el Parlamento cuando acordó suprimir el servicio militar: mínimo 102.000 y máximo 120.000 efectivos. José Bono avanzó esta semana que situará el ’objetivo de fuerza’, el número de soldados precisos para garantizar la defensa, «en torno a 90.000 efectivos».
Espera que el diseño de ese mini ejército -podría ser hasta un 25 por ciento menor- y la subida de sueldos que prepara posibiliten que las cifras de soldados se acerquen al fin a las fijadas por las leyes.
El titular de Defensa cifró el cupo actual de soldados y marineros en 71.000, cantidad insuficiente y que hace que muchas unidades -las operativas, que precisan gente joven- funcionen a medio gas. Eso a pesar de que una de sus primeras decisiones como ministro fue incrementar del dos al siete por ciento el porcentaje de inmigrantes, que después podrán acceder a la nacionalidad.
La cifra actual de soldados refleja además el fracaso de las campañas de reclutamiento impulsadas por José Bono en su primer año de mandato, pues en enero de 2004 había ya 70.666 militares. Las últimas campañas se basaron en ofertas propagandísticas como ’más sueldo’ y ’más formación’, medidas que ni siquiera han entrado aún en vigor.
22 años de servicio
Defensa negocia su proyecto con otros partidos con los que Bono aspira a pactar su contenido. Salvo modificaciones posteriores, la norma permitirá a los militares prestar servicio hasta 22 años con un máximo de edad de 42, frente a los 12 de servicio y 35 de edad actuales.
Tendrá carácter retroactivo, por lo que abrirá la puerta a la reincorporación de muchos soldados que ya habían sido enviados a casa al superar los actuales límites. Otra novedad es que, cumplidos los 42 años, aquellos que se licencien tendrán una paga de algo más de 600 euros como complemento de reserva, que además será compatible con cualquier otro ingreso salvo el subsidio de desempleo.
Un portavoz del Partido Popular destacó que el propósito del Gobierno es adaptar la legislación a los números existentes y recurrir a un «mecanismo del pasado» -la subida de sueldos- para tratar de mejorar las cifras de soldados. El principal partido de la oposición denunció que ese incremento salarial «no está en el presupuesto», y Defensa tendrá que sustraer el dinero de las inversiones en marcha si quiere ponerlo en práctica.
Ejército «de viejos»
El principal problema derivado de la reforma podría ser -denuncia el PP- que al permitir permanecer en filas a los que hoy se rechaza por edad, España podría encontrarse en unos pocos años con «un ejército de viejos». El argumento tiene su lógica, pues las medidas ya descritas beneficiarán a personas que podrán sin dificultad ocupar destinos burocráticos o mandar, pero las unidades de choque -la Brigada Paracaidista o la Legión- precisan de gente joven y en plenitud física. «No puede haber soldados o cabos con 40 años en primera línea», destacan los detractores de esas iniciativas.
La cifra de 90.000 soldados tiene el beneplácito del general Félix Sanz, jefe del Estado Mayor de la Defensa, figura que la nueva ley de Defensa Nacional consagrará como el máximo responsable de la conducción de las operaciones militares.
Félix Sánz señaló hace unos días que la cifra le parece «idónea» para las necesidades de España.
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