Correo Tortuga - Bleda - Viernes.15 de junio de 2007 - 2881 visitas - 3 comentario(s)

Descripción literaria de los antecedentes, la detención y la noche en el calabozo, a cargo de una de las dos personas represaliadas (respetamos su ortografía) Nota de Tortuga.

Todo comenzó una tarde soleada; en la primera semana del mes de Mayo. Hacia ya bastante calor aunque no demasiado para ser la que se suponía “primavera del año más caluroso del siglo XXI”.

Eran las 15:30 y en mi movil un mensaje de mi amiga Eva me proponía: “ola spro k sts muy bien ahora k ace buen tiemp podriams ir algun dia a 1 playa nudista bsts cielo.muak”

Guiado por mi instinto, el calor y las ganas de vivir me puse en camino. Anduve por el campo unos 6 km. hasta el primer teléfono que encontré para quedar con mi amiga esa misma tarde.

A las 18:00 me planté en la estación de autobuses de Elche, no sin antes patear un par de km. más por calles ilicitanas. Una hora más tarde y más cansado llegué a la estación de buses de Alicante, donde me esperaba mi amiga con un bolsito playero.

Después de preguntar los horarios de autobuses para Arenales (la playa nudista más cercana) decidimos quedarnos en Alicante; porque ya no nos daba tiempo de ir y volver ni tampoco nos apetecía quedarnos a dormir allá.

Paseamos por la explanada; sin prisas, disfrutando de la tarde; cogidos de la mano o de la cintura; charlando, mirando, sintiendo: viviendo conscientes el maravilloso momento.

Un encuentro casual; más alegría; otra gran amiga que trabaja en un puesto jipi; “la Flavia de Elche”; besos, abrazos, palabras...recuerdos, planes, ilusiones... Continuamos caminando y llegamos a la playa del postiguet (sobre las 19:30).

Sin hablarlo ni pensarlo; de modo natural la cruzamos y nos dirigimos a la parte más alejada y desierta. Llegamos a la última cala con arena; más allá solo hay rocas. Sobre la arena apenas un par de parejas tomando el sol; nadie en el agua; Toda la cala para nosotras. Dejamos nuestra ropa en la orilla y nos bañamos. El agua está caliente y cristalina; nos metemos por lo menos 20 metros y apenas nos cubre por la cintura. No hay olas, hay algas y alguna piedra; a unos metros de nosotras hay un banco de peces que a penas se mueven. No nos temen; apenas nos movemos. Es un momento mágico; en un instante con los ojos cerrados consigo sentir todo lo que me envuelve; el agua, los peces, el cielo...pese al sonido de los coches y otros ruidos urbanos. Despertamos; ella tiene frío; nos abrazamos; corremos, jugamos; apuramos los últimos rallos de sol que se esconden tras los edificios.

Una media hora más o menos estuvimos en el agua. Al salir; la sorpresa: dos policías que se acercan. Que mala espina...Todavía no nos habíamos vestido del todo cuando nos asaltan;

- Buenas tardes
- Buenas
- Les han denunciado por exhibicionismo.
- Pues nosotros no hacemos de eso. Solo nos bañamos desnudos.
- Si pero había menores delante.
- ¿Delante a 50 metros?
- Pues tendremos que detenerles.
- ¿Por qué?
- Porque les han denunciado. Acompáñenme al coche.
- ¿es necesario? ¿No basta con que nos identifiquen?
- A ver denme el carnet y (levantando la voz) acompañenme al coche.

Todavía descalzo comienzo a caminar junto al policía mientras Eva acaba de vestirse y el otro policía habla con personas que hay junto a una torre de cuerdas a unos 30 o 40 metros de donde estábamos. Como veo que la cosa va poniéndose seria y que nos llevan a comisaría necesito expresar mi indignación ante todo este atropello:
- ¿Quién es el hipócrita que nos ha denunciado? ¿Ese? (digo señalando hacia las cuerdas)
- No señales. ¡¡no ves que está con sus hijos!!
- ¿Entonces ha sido ese quien nos ha denunciado?
- A ver: pon las manos en la espalda. Sus ojos se encienden de rabia; como si hubiese matado a su madre o algo peor; y antes de darme tiempo a reaccionar ya me había esposado la mano que señalaba al hipócrita.
- vale, vale; tranquilo, esto es innecesario.
- mira, esto va a ser por las buenas o por las malas. ¡¡Trae la otra mano!! (Pero antes de que pudiera hacerlo ya me la estaba retorciendo y esposando junto a mi otra mano).
- ¿pero qué hacéis? Dejadlo!! El no ha hecho nada... Decía mi amiga Eva casi llorando.

Con las manos esposadas a la espalda y todavía descalzo; el policía me cogió por el pescuezo obligándome a caminar agachado hasta que llegamos al coche patrulla.

- Vale, vale; estoy tranquilo; esto es innecesario!!
- Yo decido lo que es necesario; a mi no me hacen falta motivos para hacer lo que hago. Un tío que estaba mirando desde el paseo dijo:¡¡No te resistas hombre; que es peor!!
- será gilipollas (pensé) cómplice del sistema-tarugo aborregado... Y entonces lo entendí todo: Estábamos siendo parte del burdo teatro que lleva a cabo esta absurda sociedad para justificar la existencia de los cuerpos represores como el de la policía y la guardia civil. Yo era el malvado librepensador desmoralizante que no respetaba las normas y ponía en peligro la moral y la fe en las normas de los ciudadanos-borregos; ese comportamiento libre y sin miedo debía ser castigado en público para disuadir a otr@s; para ejemplificar y educar con el miedo a la represión.

En el coche patrulla me di cuanta de lo indefenso y vulnerable que estaba y sentí en propias carnes toda la impotencia y la rabia que otras personas me habían contado. En aquel momento podían habernos hecho cualquier cosa y no podríamos hacer nada por impedirlo. Pedí a Eva que me pusiera las botas. Ella lo hizo muy cariñosamente. Todavía tenía los pies doloridos por el arresto(me dolieron los talones casi una semana) pero ya me sentía mucho más seguro. Por un momento pase mucho miedo; pero comprendí que eso era parte de su juego; y que por lo tanto tenerles miedo es solo hacerles más fuertes. Comencé a aceptar lo que nos estaba pasando. Me serené; me centré y decidí sacar provecho de aquella experiencia que todavía ahora me sigue pareciendo totalmente injustificable; pero siempre podemos aprender y enriquecernos de cualquier experiencia.

Llegamos a comisaría; era casi de noche. Al parecer estábamos detenidos y teníamos que permanecer allí hasta prestar declaración (al día siguiente). Lo que significa que nos iban a secuestrar por una noche. Sentados en el banco de uno de los pasillos de la entrada empecé a temblar. No sentía miedo ni frío; más bien era una especie de ansiedad. Curiosamente intentaba calmar y tranquilizar a mi amiga; tomando su mano; pero en ese momento no podía transmitir seguridad porque no me encontraba nada seguro. Poco a poco me fui calmando; aceptando; respirando.

El otro policía que nos detuvo nos estuvo acompañando en todo momento; parecía más honrado que su compañero. Llegó a decirnos que si por el fuera nos dejaría en libertad; pero que el otro policía no quería y el denunciante quería mantener la denuncia.

Al parecer el denunciante es un guardia civil que estaba en su día libre. Para más coña resultó que el poli “txungo” que nos detuvo es el más macarra del cuartel (como no; con la cabeza rapada y cuerpo de armario).-un inspector bromeó con el acerca de nosotros y refiriéndose a mi dijo “no sabes con quien te has metido”-.

Nos pasan a las celdas; nos requisan todas las pertenencias incluidos los cordones de los zapatos; nos registran; cacheándonos y nos hacen bajar los pantalones y ropa interior. Otra vez me siento violado y humillado; totalmente forzado y vulnerado en lo más sagrado de mi integridad. Esto lo hicieron en una celda vacía y con la puerta abierta. Primero me registró a mi un policía y después a ella una policía. (conste que soy nudista; me siento a gusto desnudo; pero no me gusta que me inspeccionen el cuerpo sin mi consentimiento; ni vestido ni desnudo).

Todo es muy legal; el trato muy impersonal; muy distante. A continuación nos meten en las celdas; a mí en una de chicos; a ella se la llevan a otra (supongo que de chicas).

En mi celda hay solo dos personas; los dos árabes. Uno está tumbado y no habla. El otro; un hombre de mediana edad (Mustafá); con voz serena y mirada sincera me cuenta su historia: había estado antes en prisión y ahora le habían jugado una mala pasada para que volviese a la cárcel; pero según él tenia cuartada...

Me ofrece parte de su cena mientras yo le cuento mi historia; él me dice que no me preocupe; que no me pasará nada. Allí dentro me siento seguro junto a él. Poco después me traen la cena (más galletas; un zumo y una natilla).

La noche es muy larga. Con una colchoneta y una manta sobre el duro suelo; en una habitación de 3X2 metros sin ventanas ni luces de ningún tipo intentamos dormir tres personas; pero no es fácil. En alguna celda próxima alguien grita pidiendo la hora. Recuerdo (de textos leídos sobre presos) que no saber la hora es una de las maneras de desorientación a las que juegan en las celdas de las comisarías. Es desgarrador escuchar los gritos de otros presos. Por suerte siempre he tenido un buen reloj biológico.

A eso de la 1 de la madrugada traen un africano; probablemente negro (por su tono de voz). Creo que el tío ha venido voluntariamente y no sabe que lo están deteniendo. Cuando lo meten en la celda no quiere coger colchoneta ni manta. Al poco tiempo grita pidiendo una manta. No se la dan. Pasa más de una hora gritando y luego deja de pedirla y comienza a insultar a los carceleros; pero éstos no le hacen ni caso; me da la impresión de que están muy lejos y no se enteran de todo esto.

En mi celda todo está tranquilo, los tres dormimos o al menos lo intentamos. Recuerdo la meditación; la relajación, la visión tántrica de las cosas... pero pronto escucho algo que me da muy mala espina; los guardias pronuncian el nombre y apellidos de mi amiga, acompañado de: “bueno, está en su derecho; si ella lo ha pedido...” Silencio; me acerco a la puerta; solo escucho silencio entrecortado por los gritos del africano(a quien no hacen ni caso). Me tortura la idea de que le estén haciendo algo a mi amiga; me consume la impotencia de saber que no puedo preguntar por ella y aunque lo haga no obtendré respuesta. Solo puedo confiar en la honestidad de los carceleros...

Después de un rato me tranquilizo; recuerdo que Eva es diabética y probablemente pediera un médico que le suministre insulina...Aun así no me quedo tranquilo. Comprendo entonces el enorme tormento que supone estar preso; el no saber ni tener posibilidad de comunicarte y enterarte de las cosas te desintegra; te desespera; te vuelve paranoico, te hace enfermar mental, física y espiritualmente.

La noche pasó muy lenta. Fue una sutil agonía la que me llevó al sueño; calculo que sobre las 6 de la madrugada. Con los primeros rayos del sol me despierté; tal vez por algún grito de otro preso preguntando la hora. Me tranquilizó mucho oír toser a Eva. Cualquier cosa que pasara por la noche ya había terminado.

Comienzo a pensar en mi declaración; en cada pequeño detalle del suceso; en la conveniencia de mencionar la brutalidad de mi arresto (al final no lo hice)...de pronto me asalta el recuerdo de que había quedado con mi familia (madre, padre y hermanas) para comer; incluso era yo quien debía hacer la comida...Menuda casualidad más inoportuna...

Comienzo a pensar lo que iba a decir al carcelero para que nos llevasen a declarar y nos soltaran de una vez. “Le diré que soy cocinero y tengo que ponerme a trabajar a las 11” (en realidad no era mentira). Pensando en esto me entran unas ganas de mear terribles. Entonces llamo a los guardias para ir al wc. Las limpiadoras me dicen que están cambiando de turno. Así que tengo que esperar casi una hora para poder mear.

Mustafá y yo hablamos para pasar el rato; mientras, el chico que no habla nos mira con cara de preocupación. Yo enseño a Mustafá a contar los compases del ritmo flamenco y el me enseña palabras en árabe; reímos; damos palmas; cantamos...esto nos alivió muchísimo la estancia; en una situación así relacionarse es fundamental.

Al poco nos sacan de la celda; meamos y nos llevan a fichar; dedo por dedo; fotos de lado y de frente; echar una firmita y antecedente policial creado. Al fin veo a Eva en un pasillo, le toco fugazmente la mano y le pregunto como ha pasado la noche. Me dice que por la noche la llevaron al hospital y que la trataron muy bien. Claro; a pesar de todo los policías también son humanos y no todos son unos cabrones desalmados (aunque con el tiempo...)

Después de ficharnos nos cambian de celda a una más grande. Aquí somos ocho personas; siete son árabes; cuatro están completamente desquiciados; con la mirada perdida; andando de un lado al otro de la celda sin rumbo. Me doy cuenta entonces de que ninguno de ellos es culpable; sino solo diferentes; incomprendidos; desheredados; perdidos; solos; y sobretodo sin dinero. Media hora más tarde escucho como sueltan a Eva; me acerco a la puerta; al instante me sueltan a mi. Nos llevan a declarar; con la emoción ni me despido de Mustafá; solo puedo decir ¡¡Salud!! A uno de mis compañeros que me mira con envidia desde la celda de la que yo acabo de salir.

El policía que nos toma declaración se disculpa por haber tardado tanto en sacarnos. Supongo que siente que aquello (secuestrarnos) es una terrible injusticia. Es un hombre de mediana edad; corpulento y de pelo cano; nos presenta a nuestro abogado de oficio y nos toma declaración por turnos.

Como ironía final el abogado (un chico de unos treinta años y una corta melena relamida con raya al lado) tararea el “cara al sol” durante la declaración. Por suerte ya hemos contactado con un abogado afín a nosotras que se ha ofrecido a defendernos de manera altruista.

Bueno; todavía está pendiente el juicio; y no sabemos como acabará; pero esta es mi denuncia y quería que lo supierais. A mi esta experiencia me ha servido para muchas cosas, he aprendido sobre mi; sobre mi comportamiento y sobre los centros de secuestro y desintegración de las personas. Me reafirmo en lo que ya antes opinaba de esta parte del sistema y gano fuerza y energía para luchar contra él (a mi manera). Espero que a vosotros/as que habéis leído esto os halla hecho sentir cuanto menos un poco de lo que yo he sentido; para así poco a poco, por contagio; ir cambiando el sentir del resto de la sociedad.

Un abrazo muy fuerte a todos y todas. Salud y libertad para todo el planeta.

Dani

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