Partimos de que Vicenç Navarro, quien hoy parece ser el experto en economía más tenido en cuenta por la izquierda en el estado español, con respecto a esta crisis se está expresando desde un punto de vista no rupturista con el sistema capitalista, sino más bien de defensa del mismo, y en concreto de su variante llamada “estado de bienestar”. De esta forma se alinea en este tema con posturas no muy lejanas a las de Attac, CCOO-UGT, Izquierda Unida o los grupos que defienden desde hace tiempo la Renta Básica, sin olvidar al 15M, por poner algunos ejemplos de esta triunfante visión de las cosas entre la izquierda actual de España y del primer mundo en general. Algunos nombran a los expertos y expertas en economía que piensan así “neokeynesianos”.
La teoría de Navarro sobre la crisis no entra a valorar los fundamentos del sistema económico, es decir la mundialización de la economía y el comercio y la acumulación de riqueza en unas zonas del planeta en detrimento de otras, el neocolonialismo etc. No ve en ella oportunidad alguna para un cambio radical de modelo a nivel global. Incluso adentrados en un debate ya entre economistas y aficionados defensores de la economía capitalista, ni siquiera plantea gran cosa la cuestión de la competitividad de economías tomando como referencia los índices de crecimiento y penetración comercial de los países llamados emergentes.
La discusión se sitúa íntegramente dentro de los límites del estado español (con un tentáculo que incluye en el análisis a la UE) e íntegramente dentro de los límites del capitalismo, el cual, como decimos, no se cuestiona.
Propuestas:
Frente a las teorías y análisis de los economistas del sistema –tildados no me queda claro del todo si con razón o sin ella de “neoliberales”- que estos días aplican en la práctica gobernantes de todos los países occidentales (incluida Islandia, sí), las principales recetas de Navarro y otros estudiosos de la economía con los que coincide ideológicamente son:
Aumento de ingresos del estado mediante la elevación de los impuestos a las rentas altas de la sociedad y a las empresas. Ello se haría con incrementos de IRPF para esos tramos y del impuesto de sociedades para empresas, así como recuperando impuestos abolidos y creando otros nuevos, siempre pensando en gravar a estas personas físicas y jurídicas privilegiadas. La guinda del pastel la pondría una lucha “eficaz” contra la evasión fiscal. En esta línea Navarro cuestiona la poca progresividad del sistema impositivo, que hace que una persona trabajadora acabe pagando proporcionalmente muchos más impuestos que un millonario. Su propuesta es la de corregir esta falta de progresividad elevando los impuestos a las clases altas.
Ahorro en gastos que define como “no populares”, por ejemplo disminución del presupuesto militar o de las subvenciones a la educación religiosa.
Aumento del gasto estatal en temas sociales: parados, sistemas sanitario y educativo, personas dependientes… Esto supondría una fuerte creación de empleo en la administración, que acabaría con las tasas del paro. El objetivo sería llegar a que una de cada cuatro personas trabajadoras lo hiciera en la administración.
Fuerte regulación estatal de las actividades financieras (de los bancos).
Creación de una banca estatal.
Apuesta por el avance de la Unión Europea hacia una mayor centralidad que traería consigo un Banco Central Europeo con más competencias, el cual debería ante todo emitir moneda con la que comprar masivamente la deuda de los países con problemas, como España, para evitar la famosa especulación de “los mercados”.
Lo que dicen los otros
No creo que sea necesario explicar que las recetas de las escuelas económicas que están siendo estos días aplicadas por nuestros gobiernos son bastante diferentes a las enunciadas. Por hiperresumir podríamos decir que se trabaja en dos líneas. Por una parte se trata de sanear la administración del estado, la cual se encuentra en una situación de grave déficit y cada vez mayor endeudamiento. La vía principalmente escogida es la de recortar el gasto público, sin olvidar la elevación de algún que otro impuesto indirecto y no progresivo, como es el caso del IVA, el precio de la gasolina, el tabaco... La otra línea trata de mejorar la competitividad de la economía “nacional” ante el empuje de otras economías, principalmente las de los países emergentes. Para ello, por un lado se evita gravar impositivamente a las rentas altas y a las empresas buscando así el estímulo a la actividad empresarial y su mayor rentabilidad con el fin de hacerlas competitivas con las de otros estados. Tal medida se complementa con una reforma del mercado laboral (facilidad de contratación y despido) que persigue el mismo objetivo.
Se diferencian en:
La principal diferencia entre ambas propuestas sería de enfoque. Mientras que los economistas “oficialistas” ven el motor de la economía y la posible salida a la crisis en la fortaleza de la empresa privada y del sistema bancario, para los neokeynesianos la iniciativa privada es prácticamente irrelevante y es el estado quien ha de hacerse cargo prácticamente de todo: de concentrar la riqueza (se supone que obteniéndola de la empresa privada, que es quien la genera), tanto como de proveer empleo, y por supuesto de ofrecer a la ciudadanía unos servicios a la altura de los escandinavos. Esa apuesta por el estado como ente económico omnímodo se redondea con el deseo de fortalecer las instituciones económicas de la Unión Europea. Para Navarro y sus colegas de escuela la crisis apenas existe, puesto que bastaría que los gobiernos occidentales aplicaran sus recetas para que desapareciese de un plumazo el desempleo y los servicios públicos no solo no sufrieran recortes sino que resultaran netamente mejorados.
Un apunte más. Los “oficialistas” arguyen que de aplicarse esas subidas de impuestos a las empresas que proponen Navarro y los expertos de su cuerda, se produciría un fenómeno de pérdida de competitividad de las mismas (con lo que muchas quebrarían), y de deslocalización (o sea, que muchas de esas empresas se pirarían a países donde les cobrasen menos impuestos). Ello tendría el efecto de aumentar las tasas de desempleo por un lado y por el otro de restar ingresos al estado, el cual no solo dejaría de ingresar el suplemento impositivo propuesto sino que incluso perdería lo que venía cobrando. Sobre esta cuestión no he leído grandes cosas –quizá las haya- a los neokeynesianos. Su argumento principal es que la cuenta de beneficios de esas empresas y personas físicas es tan abultada que hay margen de sobra para subirles los impuestos sin hacerles perder competitividad. ¿Será así? Quién sabe…
¿Entonces?
Cigala News no es economista ni futurólogo y no puede saber cual de las dos propuestas es la más atinada para resolver esta crisis –que es del capitalismo, no lo olvidemos-. Ambas tienen lógica, y ambas han sido desarrolladas históricamente con “excelentes” resultados, especialmente para las clases dominantes de nuestras sociedades occidentales. Con la aplicación de las medidas “oficialistas” hoy día sabemos cómo nos va la cosa –nada bien-. Ignoramos qué ocurriría si se aplicaran las recetas neokeynesianas. Quizá se salvaría el capitalismo de bienestar y nuestra capacidad de consumir, hipotecarnos hasta las cejas e irnos de vacaciones en avión volvería a ser la de antes. O quizá nuestra economía se hundiría estrepitosamente ante la falta de competitividad con otras, cundiría aún mucho más el desempleo y acabaríamos comiéndonos masivamente los mocos. ¿Estarían los y las devotas lectoras de Navarro y colegas dispuestas a correr tal riesgo? Por nuestra parte perfecto. Si quienes se esfuerzan denodadamente en defender el injusto estado de bienestar al final acaban con el capitalismo merced a sus probatinas, pues mejor que mejor, ¿no?
Ver también:
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