Mientras se acercan las fiestas he estado pensando mucho acerca de nuestros muchachos que están en las fuerzas armadas de servicio en Irak. He recibido cientos de cartas de nuestros soldados en Irak, y en ellas me dicen cosas bien distintas de lo que vemos en los noticieros nocturnos.
Lo que me dicen, a veces de manera elocuente y en palabras que llegan al corazón, es que les mintieron, y que esta guerra no tiene nada que ver con la seguridad de Estados Unidos.
Les he contestado y he hablado por teléfono con muchos de ellos y a unos pocos les he preguntado si me permitirían publicar sus cartas en mi sitio web y dijeron que sí. Su aceptación implica un gran riesgo personal (ya que pueden enfrentarse a medidas disciplinarias por ejercer su derecho de libre expresión). Les agradezco su valentía.
El cabo George Batton del Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos, quien regresó de Irak en septiembre (después de servir en la Compañía Alfa de Policía Militar) escribe lo siguiente:
"Usted se sorprendería de cuánta gente con las que hablé en mi compañía y otras creían que el argumento por parte del presidente acerca de las ADM (armas de destrucción masiva) de Saddam era un montón de porquería y que la motivación real para esta guerra era sólo el dinero. También había muchas quejas de que muchas compañías, no sólo de la Infantería de Marina, tuvieron que sufrir las consecuencias de no recibir suficiente equipamiento para cumplir sus misiones cuando cruzaron la frontera. Fue un milagro que nuestra compañía hizo lo que hizo en dos meses que pasó en Irak durante la guerra. Nos prometieron que nos iríamos a casa el 8 de junio, y descubrimos que era mentira y tuvimos que cumplir misiones por otros tres meses. Hasta los conservadores más radicales de nuestra compañía, incluyendo al sargento primero, tenían un mal sabor acerca de la Infantería de Marina y quizás hasta del presidente Bush".
Esto es lo que me escribió el Especialista Mike Prysner, del Ejército de EEUU:
"Estimado Mike:
Le escribo sin saber si esto llegará a sus manos. Lo escribo desde las trincheras de la guerra (que aún continúa), sin saber por qué estoy aquí o cuándo me marcharé. He derribado estatuas y destrozado retratos mientras usaba una bandera norteamericana en mi manga, y luchaba por aprender a entenderlo. Me uní al ejército en cuanto tuve el mínimo de edad -rechacé una beca de escritura en una universidad estatal para servir a mi país, listo a morir por los ideales que aprendí a amar. Dos años después me encontré a punto de desembarcar en una pista aérea negra como la noche, listo a atacar a un país en el cual yo no creía que debía estar. Con sus palabras (de la ceremonia de los Oscar) dándome vueltas en la cabeza. Durante todo el tiempo que he estado en Irak he estado buscando ideas para convencerme de que puedo sentirme orgulloso de mis actos, que yo era parte de algo justo. Pero no importa qué argumento encontraba a favor de la guerra me venía a la cabeza la imagen de mi comandante en jefe que sonríe con presunción mientras piensa que ha engañado a un país".
Continúa leyendo el artículo original en corrent @ltern
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