En la Amazonia se está construyendo una carretera de 1.780 metros de longitud, que ha sido bautizada como BR163.
Esto es algo que debería preocupar profundamente a toda persona bienpensante de este planeta, puesto que dicha carretera provocará una mayor deforestación de ese pulmón mundial que el pueblo brasileño tiene tan sólo en usufructo, pues la propiedad pertenece a la humanidad global, a todos y cada uno de los seres humanos que respiran oxígeno en este pobre, viejo y maltrecho mundo.
Además, para que dicha carretera pueda realizarse deberá ser desalojada y reubicada la comunidad indígena Mundurukú, que actualmente habita en esa zona, a lo cual ellos lógicamente se han negado.
Entiendo que el gobierno brasileño deba velar por el bien de la economía de su país, y que esta obra será sin duda un acicate para los beneficios. Pero, ¿a costa de qué se deben obtener esos beneficios? ¿A costa de dejar sin hogar a las muchas familias que viven en esa zona tan sólo por haber tenido la mala suerte de haber nacido allí? ¿A costa de contaminar más el planeta, hacer el aire aún más irrespirable, y el agua aún más tóxica? ¿A costa de sacrificar nuestro futuro en aras de su presente? Créanme todos cuando afirmo que eso es pan para hoy, hambre para mañana.
El Amazonas no pertenece al gobierno brasileño, ni aún al su pueblo. Pertenece a toda la humanidad. Todos deberíamos poner nuestro grano de arena para que esta locura no siga adelante. No tengo ni idea de qué podemos hacer, pero algo debemos hacer.
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