Guerra Eterna - Martes.3 de octubre de 2006 - 755 visitas

Guerra Eterna

Empezaron a olérselo con las entrevistas a Rumsfeld. La Casa Blanca supo que el tercer libro de Bob Woodward sobre la Administración de Bush no iba a ser tan benévolo como los anteriores. Tanto Bush como Cheney declinaron el ofrecimiento de ser entrevistados. En esta ocasión, les convenía mantenerse alejados del proyecto.

Los extractos publicados en The Washington Post y Newsweek demuestran que no andaban equivocados. Al menos por lo leído hasta ahora, "State of Denial" se une a la lista de los libros publicados en los últimos meses. Todos ellos componen un acta de acusación sobre el manejo de la guerra de Irak desde los despachos de la Casa Blanca y el Pentágono.

El retrato de Rumsfeld no sorprenderá demasiado a los que han leído los periódicos en los tres últimos años. Ya habíamos comprobado su carácter arrogante y engreído. Lo que ofrece el libro de Woodward es la constatación de que ni siquiera cuando comenzaron a llegar las malas noticias de Irak el jefe del Pentágono aceptó cambiar de estrategia.

Y no es que esas informaciones procedieran de los detestados medios de comunicación. Al poco de ser elegida secretaria de Estado, Condoleezza Rice recibió en febrero del 2005 un informe de uno de sus principales asesores. “En este momento, Irak continúa siendo un Estado fracasado marcado por una violencia constante y en proceso de sufrir un cambio político revolucionario", decía.

Estos avisos, y otros de personas más cercanas al Pentágono, fueron recibidos por Rumsfeld con desdén. El libro relata que la Administración de Bush contaba, y probablemente aún cuente, con el asesoramiento de una persona muy asociada con otro fracaso bélico: Henry Kissinger.

Muchos análisis críticos con lo que ocurre en Irak han comparado esta guerra con Vietnam y los partidarios de Bush no han cesado de resaltar que el símil es tan equivocado como contraproducente. Resulta ahora curioso que uno de los grandes arquitectos de esa guerra haya utilizado la experiencia de entonces para convencer a Bush, Cheney y Rice de la necesidad de mantener el rumbo:

Kissinger told Rice that in Vietnam they didn’t have the time, focus, energy or support at home to get the politics in place. That’s why it had collapsed like a house of cards. He urged that the Bush administration get the politics right, both in Iraq and on the home front. Partially withdrawing troops had its own dangers. Even entertaining the idea of withdrawing any troops could create momentum for an exit that was less than victory.

La Casa Blanca no estaba en condiciones de aceptar más consejos que los que les confirmaban en su estrategia. Como se puede apreciar en el libro, ni Jay Garner (primer virrey en Irak) ni el asesor de Rice ni otro consejero de Rumsfeld tuvieron ningún éxito cuando hicieron sonar las alarmas.

Tampoco tuvo mucha suerte el director de la CIA, George Tenet, cuando pidió audiencia de forma inesperada a Rice dos meses antes del 11-S. Tenet estaba convencido de que se acercaba el momento en que Al Qaeda se decidiera a atacar en suelo norteamericano. Es cierto que el jefe de la CIA no podía ofrecer pruebas concluyentes, pero tampoco pedía invadir un país, sino una estrategia definida para acabar con los líderes de Al Qaeda.

Rice tenía otras prioridades.

La comisión de investigación del 11-S no fue informada de esa reunión.

Posted by Iñigo at Octubre 2, 2006 06:10 PM

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