Universidad Trashumante.
Territorios, redes, lenguajes


Autores: Universidad Trashumante y Colectivo Situaciones.


El trashumante busca las mejores tierras, pero no para afincarse allí, sino para extraer virtudes aún no percibidas de la tierra misma. La trashumancia puede ser descripta como la potencia que media un territorio con sus poderes no-territoriales. No es el nómade, que desregla el sitio de su morada -y por tanto no admite la modalidad del viaje- sino un viajante cuasi nómade dispuesto a dejarse modificar por la contingencia que lo desvía hacia un pueblo desconocido.
De allí que la Universidad Trashumante constituya una experiencia profundamente política. Su invocación a la pedagogía popular, a la tradición del circo criollo y al nuevo folklore de los artistas populares con que llegan a los pueblos, da lugar a una disposición corporal inédita para convocar a la labor de construcción y conceptualización de un pueblo por venir.
La composición de escritos que aquí se presenta tiene una historia propia, hecha también de viajes y correspondencias, encuentros y discusiones entre el Colectivo Situaciones y la Universidad Trashumante.


Indice

Prólogo
Palabras... ¿previas?, por el Colectivo Situaciones

Parte I
Conversaciones del Colectivo Situaciones y la Universidad Trashumante. San Luis, 14 y 15 de febrero de 2004
1. En la Senda de la Trashumancia
2. Del nomadismo a la trashumancia: trayectos y conceptos
3. Crónicas del tejido de una red
4. La red de redes: coordinar resistiendo la centralización
5. El proyecto de la Escuela de Formación de Maestros Campesinos con el MOCASE
6. El Circo Criollo: los lenguajes trashumantes
7. La mirada interior
8. Los enredos de la red
9. Territorios y lenguajes
10. El Taller: una política del pensamiento
11. Las aventuras de Nerón
12. El devenir trashumante de la militancia de investigación. Breve balance del encuentro.
Crónica del encuentro, por la Universidad Trashumante
Apuntes sobre las redes, por el Colectivo Situaciones

Parte II
Cambios y discusiones en la Red, por la Universidad Trashumante (agosto de 2004)
Educación popular y coyuntura, por la Universidad Trashumante (agosto de 2004)

El arte en los talleres…el arte de dar talleres, por la Universidad Trashumante (septiembre de 2004)
Apuntes sobre el taller Trashumante, por el Equipo de Teatro Popular (1998)

Universidad Trashumante. Territorios, redes, lenguajes
Prólogo

I
Este libro tal vez se parezca más a un diario de viaje. Abundan crónicas de encuentros y desencuentros, de percances y contingencias. Varios textos tienen entre sí una relación temporal: casi encadenados por esa misma sucesión de territorios, lenguajes, redes...
La composición de escritos que aquí se presenta tiene, a su vez, una historia propia, hecha también de viajes y correspondencias. En febrero de este año (2004) fuimos a San Luis a encontrarnos con la Universidad Trashumante. Como preparativo de una conversación que llevaría dos largos días elaboramos primero una serie de preguntas y, poco antes de nuestra partida, un conjunto de hipótesis para preparar la discusión.
En el momento de formular la invitación lo que teníamos en mente era el despliegue de un trabajo de más largo alcance sobre el modo en que se venían desarrollando experiencias de contrapoder que, en diversos planos, continuaban elaborando –incluso luego de serenada la ola del 19 y 20– hipótesis concretas de trabajo. Fue en ese contexto de preocupaciones que nos acercamos a la Universidad Trashumante –UT– con la propuesta de un encuentro para abrir una discusión (es decir, una elaboración) sobre los procedimientos involucrados en el armado de una red de educación popular.
La primer respuesta de la UT fue que ellos deberían debatir en su lista cuál sería su disposición y, en todo caso, decidir cuáles serían –de interesarse– sus propias condiciones para desarrollar el encuentro. Aquella deliberación fue para nosotros de lo más extraña, ya que a la vez que esperábamos con ansiedad una respuesta, éramos testigos –casi partícipes activos– de sus devaneos. Al punto que ante ciertas objeciones que aparecían en la lista de la red, se nos permitía argumentar sin miramientos.
Cuando el encuentro tuvo fecha y lugar, y comenzaron los preparativos de ambos lados, nos vimos ante un dilema práctico: ¿cómo afrontar un encuentro con un conjunto de compañeros que, aunque admirados por nosotros a la distancia, no serían esos días sino personas a las que en su mayoría desconoceríamos completamente?. ¿Cómo hacer de esas 48 horas algo productivo? Esta interrogación es la que nos llevó a formular un primer conjunto de preguntas para organizar un poco la labor del primer día.
Esas preguntas –que fueron enviadas con cierta anticipación a la red, y no pasaban de ser articulaciones del conocimiento previo que teníamos sobre su experiencia– fueron las siguientes: ¿cómo entienden la educación popular?, ¿qué modificaciones piensan que ha tenido esta práctica con respecto a la noción con que se trabajaba en los años setenta y en los ochenta?. ¿Y qué diferencias perciben con la manera en que "normalmente" se la usa? ¿Qué significa para el trabajo que hacen la idea de que existe, aquí y ahora, "otro país"? ¿Qué implicancias tiene para la educación popular la hipótesis de la trashumancia? ¿Cómo trabaja la red trashumante, qué tipo de problemas tiene, y cuál es la potencia de los vínculos que han producido? ¿De qué se trata el proyecto de formación de maestros rurales con el MoCaSe? ¿Qué han aprendido de la composición que han ido produciendo entre educación popular y prácticas artísticas populares? ¿Qué es el Circo Criollo?¿Qué relaciones con otras experiencias de resistencia han cultivado y qué les aportan? ¿Qué valoración tienen de las experiencias surgidas o que se han vuelto visibles luego del 19 y 20 de diciembre? ¿Perciben un reflujo de este nuevo protagonismo social en los últimos meses? ¿Qué otras formas de coordinación han experimentado y qué límites o potencialidad tienen para ustedes? ¿Cómo viven los "nuevos aires" que corren en el sistema político a partir del gobierno de Kirchner?
Al final del texto enviábamos una aclaración: "si a ustedes les interesa, también podríamos conversar acerca del trabajo que hacemos nosotros, y que hemos llamado investigación militante". Es decir: no se trataría de una entrevista, sino de un intercambio originado en nuestra insistencia por conocer su experiencia.
La idea de que esos días juntos fuesen más un diálogo que una entrevista se fue imponiendo de ambas partes, en la medida en que la inminencia del encuentro se expresaba en la preparación de cada detalle. La idea sería la siguiente: en un primer momento, y un poco en base a nuestras preguntas, los compañeros de la UT nos contarían los pormenores de su propia experiencia. Después nosotros haríamos lo propio, y luego intentaríamos organizar un intercambio sobre un conjunto de preocupaciones comunes, con un final –inevitablemente– abierto. Por último, cada grupo registraría las impresiones a su modo.
Esta nueva dinámica nos empujó a elaborar –casi a último momento– un nuevo texto, preparatorio de la última reunión, en la que ya no hablaría cada quién por su propia historia, sino que discutiríamos preocupaciones comunes, sin posibilidad de acudir a guión previo alguno. Estos puntos –que llegamos a enviar sólo un día antes de salir para San Luis– se proponían ser una orientación básica, algo así como un puñado de hipótesis de partida para tener en cuenta, unas coordenadas de ubicación. Eran las siguientes:
1-Nuestra experiencia con respecto a las redes y coordinaciones ha puesto el énfasis en la constitución de un nodo, y no tanto en la construcción de una red como tal. Ustedes, por su parte, han avanzado más en la construcción de una red, nacional, y organizada alrededor de un problema específico. Quizás se podría desarrollar qué tipo de tareas, de criterios y de problemas ha implicado cada una de estas experiencias, sobre la base de que parece
tratarse de vías diferentes.
2-Nos parece percibir que un problema que surge siempre cuando se trata de construir relaciones entre experiencias es la existencia de dos niveles distintos de intervención: uno muy ligado al territorio donde se trabaja, y otro más relacionado con aspectos no directamente territoriales, como la trashumancia misma, o la militancia de investigación. La manera en que esto se piensa influye bastante en el tipo de vínculo que se crean con trabajos claramente territoriales.
3-Cada vez que hemos participado en redes, hemos constatado que surge una especie de contradicción, entre los problemas específicos que aparecen al nivel de la red como tal y los problemas que presenta cada experiencia singular. De hecho, las tareas que requiere la red son otras que las que precisan cada uno de los nodos. ¿Se trata de dos niveles, cada uno con sus problemas? ¿Hay cierta jerarquía entre estos niveles? ¿O no?
4-Quizás cuando se trata de iniciativas de pensamiento y producción de saberes, las relaciones entre lo que se hace en un nodo y lo que circula en la red se complejiza aún más. Porque podría decirse que los saberes se producen siempre en los nodos, y luego circulan, ya hechos, por la red. ¿Cómo, entonces, evitar que se transforme en técnicas lo que surgió como pensamiento vivo y actuante en una situación concreta?
5-Un problema bastante extendido es el de cómo evitar que surjan centros que terminen convirtiendo la red en una pirámide. Una y otra vez, incluso allí donde se extreman las precauciones, se re-centran las dinámicas. ¿Se pueden detectar motivos?, ¿hay formas concretas de evitarlo? Por otra parte, muchas veces se utiliza la imagen de una "red de redes" para hablar del "movimiento" del que participamos. Sin embargo, nos parece muy importante distinguir entre las redes que se construyen de manera concéntrica (es decir, alrededor del mismo problema, y con la misma lógica), de aquellas en que más bien se elimina toda posibilidad de centro.
6-Se insiste mucho en que las redes son formas de vincularse alternativas a las institucionales. Sin embargo, las relaciones con instituciones existen, a veces son conflictivas, y otras no. ¿Qué experiencias hay al respecto, y cómo se pueden pensar estas relaciones?
7-Normalmente se ha pensado la articulación política como la necesaria unidad o alianza para enfrentar al enemigo común. Así, se prioriza la "formación", y la coordinación gira alrededor de este problema central del enfrentamiento. Sin embargo, ha emergido otra imagen de los vínculos políticos que enfatiza la "construcción", el desarrollo y la afirmación de las propias experiencias. Y esta otra imagen supone otras prioridades, otros criterios y una lógica distinta, que habría que desarrollar.
II
En San Luis nos esperaba un grupo de compañeros y compañeras de edades heterogéneas que venían de varios lugares del país. Nos recibieron en el Sindicato Docente, en el centro de la ciudad. La reunión empezó un sábado soleado, de mañana, más bien temprano, con un largo relato que comenzó llevando el Tato Iglesias pero terminó narrado, de modo casi coral, por el conjunto de los Trashumantes.
A medida que el mediodía se acercaba nosotros buscábamos resquicios de sombra, y el olor de la comida que los compañeros de la organización estaban cocinando comenzó a distraernos. Para entonces, y atendidos por una puntillosa destreza rítmica, que nos hacía llegar –durante horas y horas– unos mates puntuales y calientes, ya estábamos absortos, entregados a un relato mágico, con animales, pueblos maravillosos y desconocidos, con personajes esquivos y un modo circense, teatral, literario de acceder a ellos. Durante ese lapso de tiempo, al fin y al cabo mucho más largo que aquel que el reloj pudo registrar, nos fuimos hundiendo en una pormenorizada historia de la Universidad Trashumante.
La historia que esa mañana nos contaron –y que constituye toda la primera parte del diálogo que presentamos como apertura y texto principal– fue operando sobre nosotros, de modo casi inmediato, una apertura perceptiva casi –diríamos– violenta: Buenos Aires, su centralidad destellante, interesante, constitutiva de nuestras propias afecciones, no aparecía siquiera como dato secundario. Ni como referencia implícita. Pero sobre todo, no parecía marcar el estilo mismo del relato. De a poco, el lenguaje iba adquiriendo rasgos definidos: la crónica y el anecdotario.
Párrafos enteros dedicados a cronicar detalles minúsculos, dándose tiempo para recorrer lentamente nombres y fechas que sólo adquieren su valor por esa estrategia temporalizante que economiza en nociones abstractas y se alarga hasta la crispación en impresiones en las que nosotros, en otras ocasiones, no hubiéramos reparado. El énfasis anecdotista, por su parte, llevaba a subrayar un gesto o una frase hasta otorgarle un aspecto grandilocuente. Un relato así aburre, o cautiva si es capaz de producir una nueva disposición de escucha.
¿A qué se debía semejante minuciosidad que parecía no querer más que pulir al infinito esa suerte de inventario de situaciones?. Una primera impresión –primera pero duradera– nos indicaba que se trataba de un monumental esfuerzo de visibilización de lo que cotidianamente queda al margen, sin ser visto ni contado. Cierto, pero insuficiente; parecía haber algo más. La catalogación de anécdotas no refería de modo simple a una voluntad de mostrar lo periférico sin que, a la vez, no diera curso a una operación más sutil, a una compilación de criterios en apariencia––y, suponemos, con cierta intención–– arbitrarios; al punto que, llevados al extremo, constituían algo así como una antología disparatada, evidenciando que toda antología es en sí misma un disparate, y por tanto, que frente a ella no vale tanto la corrección de estilo como el interés que pueda suscitarnos.
El anecdotario –una especie de yacimiento ambulante que carga cada trashumante– no tiene pretensiones exclusivamente ilustrativas. Su sentido no es una moraleja que brota con espontánea pedagogía, casi sin esfuerzo, de la coherencia del relato; sino que más bien trabaja presentando una pregunta cuya tarea es colocarnos frente a otra: ¿qué dignidad tiene este episodio para ser contado?, ¿de dónde surge el criterio de validez de su narración? Sólo indagando en la construcción de estos puntos de vista, de estos modos de percepción ajenos a la síntesis, al efecto conclusivo, a la pretensión analítica, se logra captar el flujo de imágenes y de pensamiento puestos en juego.
El relato de viaje del Quirquincho (el colectivo con que Tato Iglesias inicia el periplo, y que ilustra la tapa del libro) no fue hecho al modo heroico, como si se tratase de una nueva Odisea, en la que cada parada en el camino es un peligro del cual salir fortalecido y un casillero adelante en el recorrido hacia el destino final. No surgía del relato ninguna omnicomprensión capaz de auto percibirse como zurciendo la contingencia de las pequeñas historias. Sí aparecía, en cambio, una forma de ser del Quirquincho: la del empecinamiento, o dicho en su literalidad, la del "doblemente empecinado".
Romanticismo fácil, se dirá. Y sin embargo, no hemos percibido que en esas historias de "pueblo chico" se reivindicase una pureza en vías de extinción en las grandes ciudades: la investigación que dio curso y vida al Quirquincho se orientó desde el comienzo a seguirle el rastro al fatalismo. Una pasión triste, desmovilizadora.
Las crónicas de la llegada del Quirquincho a los pueblos tenían algo de carnavalesco. Por los modos en que se anunciaba a los visitantes, por las reacciones desairadas que generaba, por la sospecha y la curiosidad. Pero también por el clima logrado en ciertos talleres que imprimían una tonalidad festiva y sensible a las conversaciones, las actuaciones y las despedidas: los trashumantes, entonces, despliegan una virtud artística, montando escenas capaces de arrojar nueva luz sobre lo que de otro modo –suponemos– sería monótona repetición.
El relato del origen, entonces, desfilaba en un estrecho sendero en que lo mítico no aparecía como mistificación de la propia experiencia realizada, sino como invocación capaz de condensar imágenes movilizadoras. El trayecto comenzaba con el protagonismo personal del Tato, que –entonces– relataba una parte de esta historia en primera persona: "Entré a ese pueblo porque me habían dicho que ahí había un profesor interesante", decía el Tato, como toda explicación para una decisión que hacía torcer la ruta, bifurcando situaciones al infinito, hacia nuevos pueblos escogidos por este singular modo de la cartografía. En otro trecho sería una maestra que le había mandado una carta, en otro el novio de una hija, un sindicato de electricistas o simplemente un dato cualquiera. El mapa de ruta se tornaba completamente aleatorio.
La secuencia de personajes que se multiplicaron en las crónicas, que aparecían y desaparecían, nos hablaban –sobre todo– del modo en que la Red Trashumante se fue forjando, deshaciendo y volviendo a surgir. Pero no se trataba aquí de un relato intimista, a la manera de un diario personal. Porque además de los compañeros, los acompañantes momentáneos, los grupos que recibían a la UT o los que quedaban armados tras su paso, el relato de la trashumancia incorpora en un mismo pie de igualdad paisajes, animales, reflexiones, humoradas, comidas, objetos, rituales. Por eso un modo de ser de la UT es el enredo, en el doble sentido que enuncia el término: porque pone en red todo lo que va encontrando y, a la vez, se instituye a partir de este despiole sin pretender desenredar –a partir de criterios de jerarquización– el orden mismo de su auto producción.
III
Así, se iba pasando de un lado al otro, de la aleatoriedad a la silueta, y de allí al enredo y a la red, para recaer en un nuevo y disparatado zigzagueo, como modo de convocar –en un ritual no rutinizado– el otro país.
¿Pero qué es este otro país en el que tanto insisten? No se trata del país del interior. Este es un pobre modo de nombrar desde la ciudad. Es una imagen desafortunada para quien no percibe desde el centro, pero también para el centro mismo, ya que no permite experimentar el juego de cercanías y lejanías que emerge cuando el mapa se dibuja desde otro punto que el centro.
Otro país, entonces, quiere decir otro modo de pensar, de recorrer, de conectar, de comunicar, de poner de relieve las prácticas constituyentes del país. Un trazo en red, que no es convocado desde la estática de un centro jerarquizante, ni desde la valoración de una fluidez dispersante, sino desde la labor del trashumante –que va tras los mejores humus. El trashumante busca las mejores tierras, pero no para afincarse allí, sino para extraer virtudes aún no percibidas de la tierra misma. Lo que equivale a decir que la trashumancia puede ser descripta –no sabemos si ellos también lo dirían así– como la potencia que media un territorio con sus poderes no-territoriales. No es el nómade, que desregla el sitio de su morada –y por tanto no admite la modalidad del viaje– sino un viajante cuasi nómade dispuesto a dejarse modificar por la contingencia que lo desvía hacia un pueblo desconocido.
De allí que la Universidad Trashumante constituya una experiencia profundamente política. Su invocación a la pedagogía popular –de insistente cuño freireano–, a la tradición del circo criollo y al nuevo folklore de los artistas populares con que llegan a los pueblos, da lugar a una disposición corporal inédita para convocar a la labor de construcción y conceptualización (después de todo hablamos de una Universidad, que se traslada hasta donde las universidades nacionales, en sus clásicas modalidades, jamás soñaron con llegar) inherentes a la producción de un pueblo por venir.
Esta suerte de prólogo no es un estudio sobre la Universidad Trashumante, ni sobre tal o cuál aspecto de su experiencia, sino nuestro relato (diferente a sus crónicas, incluso a la que ellos mismos realizaron de este encuentro y que se publica en el presente libro) de un diálogo común, que presentamos a partir de nuestras impresiones tal y como en este instante las recordamos y decidimos contarlas.
En la tarde de aquel mismo día, luego de almorzar todos juntos, nos tocó a nosotros el turno de hacer el relato del desarrollo de la experiencia del Colectivo. Estuvimos varias horas conversando, contando historias, respondiendo atentas preguntas y recibiendo oportunas observaciones. No hemos grabado esta parte de la conversación, pero aún si lo hubiéramos hecho, no hubiera tenido ningún sentido agregarlo en esta publicación. Pero sí puede resultar importante retener que la segunda parte del diálogo, que se orienta según las hipótesis transcriptas más arriba, están llenas de referencias a "lo que se dijo ayer", o "como dijo x", circunstancias éstas que no obstaculizan la comprensión de lo dicho. Lo mismo ocurre en algún tramo de la conversación, cuando se hace referencia al asado con guitarreada de la noche del sábado. El lector se verá afectado, sin dudas, por verse privado de ciertos sabores, pero nada de lo que allí transcurrió mejoraría la comprensión del texto.
El segundo y último día de trabajo, domingo, lo dedicamos –queda dicho– a trabajar sobre iniciativas y cuestiones de interés común. En el texto se registra el relato de la Escuela de Formación de Maestros Campesinos, las cuestiones relativas a la coordinación, sobre las redes, la dimensión territorial de la construcción, los modos de encarar talleres, etc. Allí el diálogo se torna más activo y las voces se interrumpen con más frecuencia.
Aún así hemos mantenido los nombres propios para las voces de los miembros de la UT, respetando el modo en que ellos mismos editan sus materiales, reenviando a notas al pié para indicar referencias de la persona nombrada; y hemos puesto "Colectivo Situaciones" cada vez que habla alguien del Colectivo, sin que –según un criterio ya establecido en nuestras anteriores publicaciones– agregue nada a la comprensión del texto el nombre de quien hace uso de la palabra.
Hacia el final de la conversación (y previo al clásico saludo caracol de la UT) hubo una devolución de cada quién al grupo en su conjunto, que tampoco fue grabada en su totalidad. Aquí no primó una decisión sino el azar, que tiene motivos que no siempre podemos desentrañar. De todos modos hemos decidido poner lo que sí alcanzamos a grabar claramente.
IV
La noche de la vuelta a Buenos Aires fue –ya– de inmediata elaboración. Volvimos excitados, con muchas cosas que decirnos. De hecho, una de las sensaciones más fuertes que nos quedaron es que el conocimiento de estas historias trashumantes nos empujaba por caminos que no habíamos decidido de antemano. En las devoluciones alguien sintetizó lo que de alguna manera todos sentíamos: dijo algo así como "con esta gente tenemos que hacer algo". Así que volvimos a Buenos Aires llenos de impresiones y cassettes, dispuestos, precisamente, a hacer algo.
Y lo primero que hicimos fue escribir un texto al que espontáneamente llamamos "Apuntes sobre redes" (y que incluimos al final de la conversación). Luego comenzamos a desgrabar y a editar la conversación para que los compañeros de la UT la corrigiesen a su vez y decidieran qué querían hacer con ella. De modo paralelo los miembros de la UT redactaron una crónica del encuentro para enviar a la red, que también incluimos luego de la conversación. De alguna manera estábamos ya decidiendo una publicación conjunta.
V
En algún tramo de la charla la gente del grupo Sendas –uno de los grupos de la Trashumante de San Luis– contó que –por razones políticas, es decir, por las condiciones fuertemente represivas– nunca habían trabajado demasiado como grupo en su provincia, y que estaban pensando en dar un giro y comenzar más decididamente a intervenir en este territorio, entre otras cosas, porque percibían que se abría una nueva situación en la que valía la pena participar. A las pocas semanas, si no días después de aquel anuncio, estalló un violento –y complejo– conflicto en la provincia que contó –de un modo u otro– con su participación.
Con el agravamiento del conflicto de San Luis –que sigue abierto al momento de cerrar este prólogo– surgió la idea de viajar nuevamente para entrevistar a toda una serie de protagonistas de las luchas que allí se vinieron desarrollando, y que alcanzaron máxima visibilidad durante la primera mitad de este año, con el objetivo de ver la posibilidad de una publicación al respecto. Un encuentro de formación de la Red de la Universidad Trashumante en San Luis celebrado durante el mes de julio nos brindó la posibilidad de unir varias tareas pendientes en un único y febril fin de semana.
Así, en una reunión en donde participaron decenas de miembros de la Red, se decidió la publicación de este libro y se acordaron los últimos detalles de edición. Como resultado de estos meses de coordinación con los compañeros de la Red publicamos, en la segunda parte del libro, una serie de fotos, dibujos y textos producidos por los Trashumantes a lo largo de este año.
Por redundante que parezca, queremos agradecer muy especialmente a todos los compañeros de la Red que en cada momento de la producción del libro se mostraron alegremente dispuestos a trabajar juntos, apostando a que –precisamente– en la diferencia de estilos se producen las mezclas más bellas.
Colectivo Situaciones,

Bs. As., 17 de septiembre de 2004