Universidad
Trashumante. Territorios, redes, lenguajes
Prólogo
I
Este libro tal vez se parezca más a un diario de viaje. Abundan
crónicas de encuentros y desencuentros, de percances y contingencias.
Varios textos tienen entre sí una relación temporal: casi
encadenados por esa misma sucesión de territorios, lenguajes, redes...
La composición de escritos que aquí se presenta tiene, a
su vez, una historia propia, hecha también de viajes y correspondencias.
En febrero de este año (2004) fuimos a San Luis a encontrarnos
con la Universidad Trashumante. Como preparativo de una conversación
que llevaría dos largos días elaboramos primero una serie
de preguntas y, poco antes de nuestra partida, un conjunto de hipótesis
para preparar la discusión.
En el momento de formular la invitación lo que teníamos
en mente era el despliegue de un trabajo de más largo alcance sobre
el modo en que se venían desarrollando experiencias de contrapoder
que, en diversos planos, continuaban elaborando –incluso luego de
serenada la ola del 19 y 20– hipótesis concretas de trabajo.
Fue en ese contexto de preocupaciones que nos acercamos a la Universidad
Trashumante –UT– con la propuesta de un encuentro para abrir
una discusión (es decir, una elaboración) sobre los procedimientos
involucrados en el armado de una red de educación popular.
La primer respuesta de la UT fue que ellos deberían debatir en
su lista cuál sería su disposición y, en todo caso,
decidir cuáles serían –de interesarse– sus propias
condiciones para desarrollar el encuentro. Aquella deliberación
fue para nosotros de lo más extraña, ya que a la vez que
esperábamos con ansiedad una respuesta, éramos testigos
–casi partícipes activos– de sus devaneos. Al punto
que ante ciertas objeciones que aparecían en la lista de la red,
se nos permitía argumentar sin miramientos.
Cuando el encuentro tuvo fecha y lugar, y comenzaron los preparativos
de ambos lados, nos vimos ante un dilema práctico: ¿cómo
afrontar un encuentro con un conjunto de compañeros que, aunque
admirados por nosotros a la distancia, no serían esos días
sino personas a las que en su mayoría desconoceríamos completamente?.
¿Cómo hacer de esas 48 horas algo productivo? Esta interrogación
es la que nos llevó a formular un primer conjunto de preguntas
para organizar un poco la labor del primer día.
Esas preguntas –que fueron enviadas con cierta anticipación
a la red, y no pasaban de ser articulaciones del conocimiento previo que
teníamos sobre su experiencia– fueron las siguientes: ¿cómo
entienden la educación popular?, ¿qué modificaciones
piensan que ha tenido esta práctica con respecto a la noción
con que se trabajaba en los años setenta y en los ochenta?. ¿Y
qué diferencias perciben con la manera en que "normalmente"
se la usa? ¿Qué significa para el trabajo que hacen la idea
de que existe, aquí y ahora, "otro país"? ¿Qué
implicancias tiene para la educación popular la hipótesis
de la trashumancia? ¿Cómo trabaja la red trashumante, qué
tipo de problemas tiene, y cuál es la potencia de los vínculos
que han producido? ¿De qué se trata el proyecto de formación
de maestros rurales con el MoCaSe? ¿Qué han aprendido de
la composición que han ido produciendo entre educación popular
y prácticas artísticas populares? ¿Qué es
el Circo Criollo?¿Qué relaciones con otras experiencias
de resistencia han cultivado y qué les aportan? ¿Qué
valoración tienen de las experiencias surgidas o que se han vuelto
visibles luego del 19 y 20 de diciembre? ¿Perciben un reflujo de
este nuevo protagonismo social en los últimos meses? ¿Qué
otras formas de coordinación han experimentado y qué límites
o potencialidad tienen para ustedes? ¿Cómo viven los "nuevos
aires" que corren en el sistema político a partir del gobierno
de Kirchner?
Al final del texto enviábamos una aclaración: "si a
ustedes les interesa, también podríamos conversar acerca
del trabajo que hacemos nosotros, y que hemos llamado investigación
militante". Es decir: no se trataría de una entrevista, sino
de un intercambio originado en nuestra insistencia por conocer su experiencia.
La idea de que esos días juntos fuesen más un diálogo
que una entrevista se fue imponiendo de ambas partes, en la medida en
que la inminencia del encuentro se expresaba en la preparación
de cada detalle. La idea sería la siguiente: en un primer momento,
y un poco en base a nuestras preguntas, los compañeros de la UT
nos contarían los pormenores de su propia experiencia. Después
nosotros haríamos lo propio, y luego intentaríamos organizar
un intercambio sobre un conjunto de preocupaciones comunes, con un final
–inevitablemente– abierto. Por último, cada grupo registraría
las impresiones a su modo.
Esta nueva dinámica nos empujó a elaborar –casi a
último momento– un nuevo texto, preparatorio de la última
reunión, en la que ya no hablaría cada quién por
su propia historia, sino que discutiríamos preocupaciones comunes,
sin posibilidad de acudir a guión previo alguno. Estos puntos –que
llegamos a enviar sólo un día antes de salir para San Luis–
se proponían ser una orientación básica, algo así
como un puñado de hipótesis de partida para tener en cuenta,
unas coordenadas de ubicación. Eran las siguientes:
1-Nuestra experiencia con respecto a las redes y coordinaciones ha puesto
el énfasis en la constitución de un nodo, y no tanto en
la construcción de una red como tal. Ustedes, por su parte, han
avanzado más en la construcción de una red, nacional, y
organizada alrededor de un problema específico. Quizás se
podría desarrollar qué tipo de tareas, de criterios y de
problemas ha implicado cada una de estas experiencias, sobre la base de
que parece
tratarse de vías diferentes.
2-Nos parece percibir que un problema que surge siempre cuando se trata
de construir relaciones entre experiencias es la existencia de dos niveles
distintos de intervención: uno muy ligado al territorio donde se
trabaja, y otro más relacionado con aspectos no directamente territoriales,
como la trashumancia misma, o la militancia de investigación. La
manera en que esto se piensa influye bastante en el tipo de vínculo
que se crean con trabajos claramente territoriales.
3-Cada vez que hemos participado en redes, hemos constatado que surge
una especie de contradicción, entre los problemas específicos
que aparecen al nivel de la red como tal y los problemas que presenta
cada experiencia singular. De hecho, las tareas que requiere la red son
otras que las que precisan cada uno de los nodos. ¿Se trata de
dos niveles, cada uno con sus problemas? ¿Hay cierta jerarquía
entre estos niveles? ¿O no?
4-Quizás cuando se trata de iniciativas de pensamiento y producción
de saberes, las relaciones entre lo que se hace en un nodo y lo que circula
en la red se complejiza aún más. Porque podría decirse
que los saberes se producen siempre en los nodos, y luego circulan, ya
hechos, por la red. ¿Cómo, entonces, evitar que se transforme
en técnicas lo que surgió como pensamiento vivo y actuante
en una situación concreta?
5-Un problema bastante extendido es el de cómo evitar que surjan
centros que terminen convirtiendo la red en una pirámide. Una y
otra vez, incluso allí donde se extreman las precauciones, se re-centran
las dinámicas. ¿Se pueden detectar motivos?, ¿hay
formas concretas de evitarlo? Por otra parte, muchas veces se utiliza
la imagen de una "red de redes" para hablar del "movimiento"
del que participamos. Sin embargo, nos parece muy importante distinguir
entre las redes que se construyen de manera concéntrica (es decir,
alrededor del mismo problema, y con la misma lógica), de aquellas
en que más bien se elimina toda posibilidad de centro.
6-Se insiste mucho en que las redes son formas de vincularse alternativas
a las institucionales. Sin embargo, las relaciones con instituciones existen,
a veces son conflictivas, y otras no. ¿Qué experiencias
hay al respecto, y cómo se pueden pensar estas relaciones?
7-Normalmente se ha pensado la articulación política como
la necesaria unidad o alianza para enfrentar al enemigo común.
Así, se prioriza la "formación", y la coordinación
gira alrededor de este problema central del enfrentamiento. Sin embargo,
ha emergido otra imagen de los vínculos políticos que enfatiza
la "construcción", el desarrollo y la afirmación
de las propias experiencias. Y esta otra imagen supone otras prioridades,
otros criterios y una lógica distinta, que habría que desarrollar.
II
En San Luis nos esperaba un grupo de compañeros y compañeras
de edades heterogéneas que venían de varios lugares del
país. Nos recibieron en el Sindicato Docente, en el centro de la
ciudad. La reunión empezó un sábado soleado, de mañana,
más bien temprano, con un largo relato que comenzó llevando
el Tato Iglesias pero terminó narrado, de modo casi coral, por
el conjunto de los Trashumantes.
A medida que el mediodía se acercaba nosotros buscábamos
resquicios de sombra, y el olor de la comida que los compañeros
de la organización estaban cocinando comenzó a distraernos.
Para entonces, y atendidos por una puntillosa destreza rítmica,
que nos hacía llegar –durante horas y horas– unos mates
puntuales y calientes, ya estábamos absortos, entregados a un relato
mágico, con animales, pueblos maravillosos y desconocidos, con
personajes esquivos y un modo circense, teatral, literario de acceder
a ellos. Durante ese lapso de tiempo, al fin y al cabo mucho más
largo que aquel que el reloj pudo registrar, nos fuimos hundiendo en una
pormenorizada historia de la Universidad Trashumante.
La historia que esa mañana nos contaron –y que constituye
toda la primera parte del diálogo que presentamos como apertura
y texto principal– fue operando sobre nosotros, de modo casi inmediato,
una apertura perceptiva casi –diríamos– violenta: Buenos
Aires, su centralidad destellante, interesante, constitutiva de nuestras
propias afecciones, no aparecía siquiera como dato secundario.
Ni como referencia implícita. Pero sobre todo, no parecía
marcar el estilo mismo del relato. De a poco, el lenguaje iba adquiriendo
rasgos definidos: la crónica y el anecdotario.
Párrafos enteros dedicados a cronicar detalles minúsculos,
dándose tiempo para recorrer lentamente nombres y fechas que sólo
adquieren su valor por esa estrategia temporalizante que economiza en
nociones abstractas y se alarga hasta la crispación en impresiones
en las que nosotros, en otras ocasiones, no hubiéramos reparado.
El énfasis anecdotista, por su parte, llevaba a subrayar un gesto
o una frase hasta otorgarle un aspecto grandilocuente. Un relato así
aburre, o cautiva si es capaz de producir una nueva disposición
de escucha.
¿A qué se debía semejante minuciosidad que parecía
no querer más que pulir al infinito esa suerte de inventario de
situaciones?. Una primera impresión –primera pero duradera–
nos indicaba que se trataba de un monumental esfuerzo de visibilización
de lo que cotidianamente queda al margen, sin ser visto ni contado. Cierto,
pero insuficiente; parecía haber algo más. La catalogación
de anécdotas no refería de modo simple a una voluntad de
mostrar lo periférico sin que, a la vez, no diera curso a una operación
más sutil, a una compilación de criterios en apariencia––y,
suponemos, con cierta intención–– arbitrarios; al punto
que, llevados al extremo, constituían algo así como una
antología disparatada, evidenciando que toda antología es
en sí misma un disparate, y por tanto, que frente a ella no vale
tanto la corrección de estilo como el interés que pueda
suscitarnos.
El anecdotario –una especie de yacimiento ambulante que carga cada
trashumante– no tiene pretensiones exclusivamente ilustrativas.
Su sentido no es una moraleja que brota con espontánea pedagogía,
casi sin esfuerzo, de la coherencia del relato; sino que más bien
trabaja presentando una pregunta cuya tarea es colocarnos frente a otra:
¿qué dignidad tiene este episodio para ser contado?, ¿de
dónde surge el criterio de validez de su narración? Sólo
indagando en la construcción de estos puntos de vista, de estos
modos de percepción ajenos a la síntesis, al efecto conclusivo,
a la pretensión analítica, se logra captar el flujo de imágenes
y de pensamiento puestos en juego.
El relato de viaje del Quirquincho (el colectivo con que Tato Iglesias
inicia el periplo, y que ilustra la tapa del libro) no fue hecho al modo
heroico, como si se tratase de una nueva Odisea, en la que cada parada
en el camino es un peligro del cual salir fortalecido y un casillero adelante
en el recorrido hacia el destino final. No surgía del relato ninguna
omnicomprensión capaz de auto percibirse como zurciendo la contingencia
de las pequeñas historias. Sí aparecía, en cambio,
una forma de ser del Quirquincho: la del empecinamiento, o dicho en su
literalidad, la del "doblemente empecinado".
Romanticismo fácil, se dirá. Y sin embargo, no hemos percibido
que en esas historias de "pueblo chico" se reivindicase una
pureza en vías de extinción en las grandes ciudades: la
investigación que dio curso y vida al Quirquincho se orientó
desde el comienzo a seguirle el rastro al fatalismo. Una pasión
triste, desmovilizadora.
Las crónicas de la llegada del Quirquincho a los pueblos tenían
algo de carnavalesco. Por los modos en que se anunciaba a los visitantes,
por las reacciones desairadas que generaba, por la sospecha y la curiosidad.
Pero también por el clima logrado en ciertos talleres que imprimían
una tonalidad festiva y sensible a las conversaciones, las actuaciones
y las despedidas: los trashumantes, entonces, despliegan una virtud artística,
montando escenas capaces de arrojar nueva luz sobre lo que de otro modo
–suponemos– sería monótona repetición.
El relato del origen, entonces, desfilaba en un estrecho sendero en que
lo mítico no aparecía como mistificación de la propia
experiencia realizada, sino como invocación capaz de condensar
imágenes movilizadoras. El trayecto comenzaba con el protagonismo
personal del Tato, que –entonces– relataba una parte de esta
historia en primera persona: "Entré a ese pueblo porque me
habían dicho que ahí había un profesor interesante",
decía el Tato, como toda explicación para una decisión
que hacía torcer la ruta, bifurcando situaciones al infinito, hacia
nuevos pueblos escogidos por este singular modo de la cartografía.
En otro trecho sería una maestra que le había mandado una
carta, en otro el novio de una hija, un sindicato de electricistas o simplemente
un dato cualquiera. El mapa de ruta se tornaba completamente aleatorio.
La secuencia de personajes que se multiplicaron en las crónicas,
que aparecían y desaparecían, nos hablaban –sobre
todo– del modo en que la Red Trashumante se fue forjando, deshaciendo
y volviendo a surgir. Pero no se trataba aquí de un relato intimista,
a la manera de un diario personal. Porque además de los compañeros,
los acompañantes momentáneos, los grupos que recibían
a la UT o los que quedaban armados tras su paso, el relato de la trashumancia
incorpora en un mismo pie de igualdad paisajes, animales, reflexiones,
humoradas, comidas, objetos, rituales. Por eso un modo de ser de la UT
es el enredo, en el doble sentido que enuncia el término: porque
pone en red todo lo que va encontrando y, a la vez, se instituye a partir
de este despiole sin pretender desenredar –a partir de criterios
de jerarquización– el orden mismo de su auto producción.
III
Así, se iba pasando de un lado al otro, de la aleatoriedad a la
silueta, y de allí al enredo y a la red, para recaer en un nuevo
y disparatado zigzagueo, como modo de convocar –en un ritual no
rutinizado– el otro país.
¿Pero qué es este otro país en el que tanto insisten?
No se trata del país del interior. Este es un pobre modo de nombrar
desde la ciudad. Es una imagen desafortunada para quien no percibe desde
el centro, pero también para el centro mismo, ya que no permite
experimentar el juego de cercanías y lejanías que emerge
cuando el mapa se dibuja desde otro punto que el centro.
Otro país, entonces, quiere decir otro modo de pensar, de recorrer,
de conectar, de comunicar, de poner de relieve las prácticas constituyentes
del país. Un trazo en red, que no es convocado desde la estática
de un centro jerarquizante, ni desde la valoración de una fluidez
dispersante, sino desde la labor del trashumante –que va tras los
mejores humus. El trashumante busca las mejores tierras, pero no para
afincarse allí, sino para extraer virtudes aún no percibidas
de la tierra misma. Lo que equivale a decir que la trashumancia puede
ser descripta –no sabemos si ellos también lo dirían
así– como la potencia que media un territorio con sus poderes
no-territoriales. No es el nómade, que desregla el sitio de su
morada –y por tanto no admite la modalidad del viaje– sino
un viajante cuasi nómade dispuesto a dejarse modificar por la contingencia
que lo desvía hacia un pueblo desconocido.
De allí que la Universidad Trashumante constituya una experiencia
profundamente política. Su invocación a la pedagogía
popular –de insistente cuño freireano–, a la tradición
del circo criollo y al nuevo folklore de los artistas populares con que
llegan a los pueblos, da lugar a una disposición corporal inédita
para convocar a la labor de construcción y conceptualización
(después de todo hablamos de una Universidad, que se traslada hasta
donde las universidades nacionales, en sus clásicas modalidades,
jamás soñaron con llegar) inherentes a la producción
de un pueblo por venir.
Esta suerte de prólogo no es un estudio sobre la Universidad Trashumante,
ni sobre tal o cuál aspecto de su experiencia, sino nuestro relato
(diferente a sus crónicas, incluso a la que ellos mismos realizaron
de este encuentro y que se publica en el presente libro) de un diálogo
común, que presentamos a partir de nuestras impresiones tal y como
en este instante las recordamos y decidimos contarlas.
En la tarde de aquel mismo día, luego de almorzar todos juntos,
nos tocó a nosotros el turno de hacer el relato del desarrollo
de la experiencia del Colectivo. Estuvimos varias horas conversando, contando
historias, respondiendo atentas preguntas y recibiendo oportunas observaciones.
No hemos grabado esta parte de la conversación, pero aún
si lo hubiéramos hecho, no hubiera tenido ningún sentido
agregarlo en esta publicación. Pero sí puede resultar importante
retener que la segunda parte del diálogo, que se orienta según
las hipótesis transcriptas más arriba, están llenas
de referencias a "lo que se dijo ayer", o "como dijo x",
circunstancias éstas que no obstaculizan la comprensión
de lo dicho. Lo mismo ocurre en algún tramo de la conversación,
cuando se hace referencia al asado con guitarreada de la noche del sábado.
El lector se verá afectado, sin dudas, por verse privado de ciertos
sabores, pero nada de lo que allí transcurrió mejoraría
la comprensión del texto.
El segundo y último día de trabajo, domingo, lo dedicamos
–queda dicho– a trabajar sobre iniciativas y cuestiones de
interés común. En el texto se registra el relato de la Escuela
de Formación de Maestros Campesinos, las cuestiones relativas a
la coordinación, sobre las redes, la dimensión territorial
de la construcción, los modos de encarar talleres, etc. Allí
el diálogo se torna más activo y las voces se interrumpen
con más frecuencia.
Aún así hemos mantenido los nombres propios para las voces
de los miembros de la UT, respetando el modo en que ellos mismos editan
sus materiales, reenviando a notas al pié para indicar referencias
de la persona nombrada; y hemos puesto "Colectivo Situaciones"
cada vez que habla alguien del Colectivo, sin que –según
un criterio ya establecido en nuestras anteriores publicaciones–
agregue nada a la comprensión del texto el nombre de quien hace
uso de la palabra.
Hacia el final de la conversación (y previo al clásico saludo
caracol de la UT) hubo una devolución de cada quién al grupo
en su conjunto, que tampoco fue grabada en su totalidad. Aquí no
primó una decisión sino el azar, que tiene motivos que no
siempre podemos desentrañar. De todos modos hemos decidido poner
lo que sí alcanzamos a grabar claramente.
IV
La noche de la vuelta a Buenos Aires fue –ya– de inmediata
elaboración. Volvimos excitados, con muchas cosas que decirnos.
De hecho, una de las sensaciones más fuertes que nos quedaron es
que el conocimiento de estas historias trashumantes nos empujaba por caminos
que no habíamos decidido de antemano. En las devoluciones alguien
sintetizó lo que de alguna manera todos sentíamos: dijo
algo así como "con esta gente tenemos que hacer algo".
Así que volvimos a Buenos Aires llenos de impresiones y cassettes,
dispuestos, precisamente, a hacer algo.
Y lo primero que hicimos fue escribir un texto al que espontáneamente
llamamos "Apuntes sobre redes" (y que incluimos al final de
la conversación). Luego comenzamos a desgrabar y a editar la conversación
para que los compañeros de la UT la corrigiesen a su vez y decidieran
qué querían hacer con ella. De modo paralelo los miembros
de la UT redactaron una crónica del encuentro para enviar a la
red, que también incluimos luego de la conversación. De
alguna manera estábamos ya decidiendo una publicación conjunta.
V
En algún tramo de la charla la gente del grupo Sendas –uno
de los grupos de la Trashumante de San Luis– contó que –por
razones políticas, es decir, por las condiciones fuertemente represivas–
nunca habían trabajado demasiado como grupo en su provincia, y
que estaban pensando en dar un giro y comenzar más decididamente
a intervenir en este territorio, entre otras cosas, porque percibían
que se abría una nueva situación en la que valía
la pena participar. A las pocas semanas, si no días después
de aquel anuncio, estalló un violento –y complejo–
conflicto en la provincia que contó –de un modo u otro–
con su participación.
Con el agravamiento del conflicto de San Luis –que sigue abierto
al momento de cerrar este prólogo– surgió la idea
de viajar nuevamente para entrevistar a toda una serie de protagonistas
de las luchas que allí se vinieron desarrollando, y que alcanzaron
máxima visibilidad durante la primera mitad de este año,
con el objetivo de ver la posibilidad de una publicación al respecto.
Un encuentro de formación de la Red de la Universidad Trashumante
en San Luis celebrado durante el mes de julio nos brindó la posibilidad
de unir varias tareas pendientes en un único y febril fin de semana.
Así, en una reunión en donde participaron decenas de miembros
de la Red, se decidió la publicación de este libro y se
acordaron los últimos detalles de edición. Como resultado
de estos meses de coordinación con los compañeros de la
Red publicamos, en la segunda parte del libro, una serie de fotos, dibujos
y textos producidos por los Trashumantes a lo largo de este año.
Por redundante que parezca, queremos agradecer muy especialmente a todos
los compañeros de la Red que en cada momento de la producción
del libro se mostraron alegremente dispuestos a trabajar juntos, apostando
a que –precisamente– en la diferencia de estilos se producen
las mezclas más bellas.
Colectivo Situaciones,
Bs. As., 17 de septiembre de 2004
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