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DOCUMENTOS DE LA
INTERNACIONAL DE
FEDERACIONES ANARQUISTAS
(I.F.A.)

INTRODUCCION

Desde que las maquinaciones del bloque autoritario en el seno de la Asociación Internacional de los Trabajadores dieron al traste con los anhelos revolucionarios y emancipadores de la clase obrera mundial, los antiautoritarios de todas las latitudes han intentado coordinar sus esfuerzos para abatir el sistema social existente de dominio y explotación.
En 1872, delegados de varios países se dieron cita en Saint-Imier para celebrar un congreso que fijaría las líneas de acción del anarquismo social y revolucionario: organización al margen de la política burguesa, mediante la solidaridad de la acción revolucionaria; todo poder político presuntamente revolucionario es falso, por tanto hay que ir a la destrucción de cualquier clase de poder político; pacto de solidaridad, amistad y apoyo mutuo; la sociedad ha de fundarse en el trabajo y la libertad: libre organización del trabajo contra las tiranías política y religiosa; todo Estado es injusto y tiránico y debe ser sustituido por la libre federación de los grupos productivos fundada en la solidaridad.
En el mes de julio de 1881 se celebró en Londres el que sería el primer congreso anarquista internacional. Asistieron delegados de Africa, América, Asia y Europa en representación de alrededor de 50.000 militantes anarquistas. Es un congreso clandestino. Se `parte de los acuerdos de Saint-Imier y se trata, fundamentalmente, de dos asuntos: la violencia revolucionaria y la creación de una organización internacional específicamente anarquista. Si bien se llegó a crear un organismo relacionador, la oleada de represiones gubernamentales desatada en la época, impidió la celebración del congreso que daría carta de naturaleza a la internacional anarquista.
Hasta 1907 no se pudo reunir otro congreso. Fue celebrado en Amsterdam durante el mes de agosto. Convocados por los grupos belgas y holandeses, acudieron delegados de América, Asia y Europa. Se habló, sobre todo, de sindicalismo y de organización anarquista. Se tomaron decisiones muy flexibles, con las que quedaba clara la realidad del anarquismo en sus diferentes facetas. Se perfilaron dos grandes corrientes: la que daba a la acción sindical preponderancia sobre las demás acciones a emprender y la que, sin quitar importancia a la acción obrera, declara que ésta es un medio para llegar a la anarquía, nunca un fin en sí misma. Hubo unanimidad, en cambio, a la hora de afirmar que anarquismo y organización son ideas complementarias. Se llegó a la creación de la internacional anarquista con una oficina de relaciones, con sede en Londres. Esta oficina desarrolló su trabajo durante unos años. Tras la Primera Guerra Mundial y el estallido de la Revolución de Octubre en Rusia, hubo otras reuniones internacionales. Su corolario fue la reactivación en 1922 de la Asociación Internacional de los Trabajadores, heredera de la Primera Internacional y del Congreso de Saint-Imier. Diseñada como internacional del sindicalismo revolucionario (anarcosindicalismo), su actividad llega hasta nuestros días.
En plena Guerra Fría se llevaron a cabo otros intentos de organización internacional estable. El congreso de Londres, celebrado el verano de 1958, reactiva las relaciones internacionales y, por medio de un boletín interno de aparición frecuente, se intercambian opiniones entre las diferentes federaciones anarquistas. De esta forma se organizará el congreso de Carrara de 1968.
Marcado por la explosión del movimiento juvenil y por la represión desatada tanto en el bloque capitalista como en el soviético, este congreso supondrá el inicio de una organización universal estable: la Internacional de Federaciones Anarquistas. Además de los estatutos de dicha organización, el congreso debatirá sobre una serie de asuntos: movimiento obrero, revoluciones del siglo XX, bloques imperialistas, religiones, economía revolucionaria… Las bases ideológicas y orgánicas para el trabajo internacional estaban aseguradas.
Las federaciones anarquistas se vuelven a dar cita en París en 1971. Si bien en este congreso no se llegó a conclusión alguna, los debates resultaron reveladores de la problemática por la que atravesaba el movimiento anarquista.
En 1978, y de nuevo en la ciudad de Carrara, se celebra otro congreso. De él salen interesantes acuerdos sobre bases ideológicas, cuestiones científicas en relación con la revolución, el movimiento estudiantil, el terrorismo y el marginalismo.
París será otra vez, en el otoño de 1986, sede de un nuevo congreso. Se debatió sobre los problemas del momento: luchas de liberación nacional, política de bloques, militarización… y se trazaron las perspectivas de transformación social y lucha anarquista.
En Valencia, en 1990, un congreso analizará la situación mundial y tomará un acuerdo sobre la posición de los anarquistas en el movimiento obrero, además de debatir cuestiones de organización y redactar un nuevo pacto asociativo de la I.F.A.
El, hasta la fecha, último congreso, se celebró en Lyón en 1997. Allí, entre otras cuestiones, se analizaron los mecanismos de dominación y explotación mundiales.
Hemos seleccionado una serie de documentos de estos seis últimos congresos, los propios de la I.F.A. El criterio ha sido elegir textos que sean idóneos en las luchas actuales. No queremos decir con esto que los que aquí no aparecen carezcan de utilidad; en absoluto. Simplemente han sido superados por los acontecimientos o por otros acuerdos posteriores. Por idéntica razón, hemos suprimido algunos párrafos de los acuerdos publicados.
En cualquier caso, que nadie pretenda encontrar en estos textos recetas magistrales. Los congresos anarquistas internacionales no determinan ninguna línea fija y obligatoria. Son reuniones donde todo el mundo aporta cuanto sabe y los acuerdos se toman por unanimidad.

Mayo de 2000 Subir


BASES IDEOLOGICAS DEL ANARQUISMO SOCIAL,
ORGANIZADOR Y REVOLUCIONARIO

El Congreso Internacional de Federaciones Anarquistas, confirmando la posición histórica del movimiento anarquista organizado, tomada en la Conferencia de Saint-Imier, y las resoluciones del Congreso de Carrara de 1968, tomando en consideración las aportaciones de las Federaciones y de los grupos anarquistas adherentes a la I.F.A., considera, después del estudio sobre las bases ideológicas, tácticas y de organización establecidas por nuestros teóricos (Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Rocker y otros) históricamente confirmadas por las experiencias de las luchas sociales y revolucionarias de los pueblos y los trabajadores, particularmente por la Comuna de París, la Revolución rusa y la Revolución española, son valederas y de actualidad.
Estos principios son los siguientes:
- Negación de toda autoridad y de toda clase de poder.
- Negación de la jerarquía.
- Negación de las leyes jurídicas.
- Libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, pacto libre, libre iniciativa, ateísmo, antimilitarismo, internacionalismo, descentralización, autonomía, federalismo, autogestión y comunismo libertario.
La negación de la autoridad y de toda clase de poder es el principio esencial y el signo distintivo del anarquismo y del movimiento anarquista. Los otros principios libertarios resultan de esta negación de la autoridad y del poder.
El poder asume tres formas distintas en la sociedad actual:
- Poder económico representado por la propiedad y por el capital.
- Poder político expresado por el Estado, los partidos políticos y los grupos de presión.
- Poder espiritual y moral ejercido por las religiones y las iglesias, igualmente por todos los organismos e instrumentos de información, de educación, de instrucción, de orientación y de dominación espiritual, cultural y moral.
El poder, toda clase de poder, se traduce por la explotación del hombre por el hombre y por la opresión del hombre por el hombre, opresión y dominación material, espiritual, moral y también física. Estas tres formas de poder están orgánicamente ligadas entre si y a los privilegios que condicionan su existencia y de los que, a su vez, derivan.
Por esta razón la posición social y revolucionaria del anarquismo se expresa por la lucha irreductible contra todo privilegio, para la igualdad, asegurada por la posesión social de las riquezas naturales, de los medios de producción, de transporte, de intercambio y de reparto de los productos frutos del trabajo colectivo, por la autogestión de la vida social, política, económica y cultural.
La libertad, condición imprescindible para el funcionamiento normal de todo organismo social y sano; la solidaridad garantizando la fuerza por la unión y la justicia social: principios únicos de una verdadera moral, determinan la estructura realmente viable de la futura sociedad libre.
Los principios del anarquismo no sufren cambio alguno, afirman la incompatibilidad del anarquismo con el marxismo, ya sea éste dogmático o no, ya que no cuestiona la cadena lógica del pensamiento que, partiendo de la teoría conduce a la practica o al reconocimiento del poder estatal, así como todas las teorías autoritarias representadas bajo una forma liberal, estos principios básicos del anarquismo reafirmados, reconocemos la posibilidad de efectuar un nuevo análisis anarquista, siguiendo las condiciones socio-económicas contemporáneas.
Este análisis, concebido como crítica anarquista y no como crítica al anarquismo, puede enmarcarse en el cuadro siguiente no limitativo: análisis diferente del siglo XIX, estimando la función actual del Estado, de la composición y de las relaciones entre las clases, de la evolución de la ciencia y de su vulgarización, la función de esta última en el refuerzo de la alienación, de la utilización de medios de comunicación de masas por el Estado y los partidos políticos, de formas alternativas tendentes a transformar la vida cotidiana.
La realización, la edificación y funcionamiento armonioso de esta sociedad, no puede ser sino la obra de los hombres directamente interesados, es decir de los individuos que por su situación social o por motivaciones de carácter ideológico, son solidarios con la clase trabajadora.
A la hora de escoger los medios de realización de las aspiraciones a la emancipación total del hombre, el anarquismo social rechaza el parlamentarismo y el reformismo. La emancipación social no podrá ser alcanzada mas que por la acción directa sostenida que conduce a la revolución social, es decir la transformación radical de la sociedad y de todas sus estructuras.
La espontaneidad revolucionaria es un fenómeno natural y necesario, pero una de las condiciones esenciales para la realización de la meta final es la existencia de organización revolucionaria antes y durante la revolución.
Esta necesidad exige la organización de fuerzas ideológicas, la creación de grupos libertarios, territorialmente federados, nacional e internacionalmente, de igual forma que la organización de los trabajadores por ellos mismos, en la empresa, el taller, por profesiones y ramos de producción, así como territorialmente a todos los niveles.

(Carrara, 1978) Subir


EL ANARQUISMO Y EL MARXISMO ANTE LA PRUEBA DE
LA EXPERIENCIA REVOLUCIONARIA DEL SIGLO XX

Preliminar. - El desarrollo del tema, tanto en sus aspectos analíticos como en los críticos, reclamaría un volumen y una extensión que necesariamente habrían de rebasar los limites prudenciales de un estudio-dictamen sometidos a discusión y elaboración colectiva en un comicio anarquista.
Nos ceñiremos, pues, a algunos puntos que consideramos interesantes y esenciales, por varios conceptos, situando el problema del anarquismo y del marxismo y, por ende, del marxismo-leninismo, tras análisis, teniendo en cuenta las realidades de nuestro siglo, de la experiencia de las revoluciones más importantes habidas en su transcurso y hasta nuestra fecha, e intentaremos hacerlo de la manera más objetiva y sin detenernos largamente en honduras de disquisiciones doctrinales, filosóficas e ideológicas.
El marxismo, desde Marx a nuestro tiempo, ha sido presentado por sus exégetas con varias interpretaciones novedosas, con la pretensión de remozarlo y de que pudiera mejor resistir al desgaste y a los impactos de la crítica.
El marxismo se ha visto obligado a retroceder en su absoluta concepción mecanicista de la Historia, producto, en parte, de la abstrusa y contradictoria filosofía hegeliana. Se ha visto obligado a hacer concesiones al factor humano en la historia y al papel que juega en sentido voluntarista y también a dorar, matizándolo superficialmente, su esquema del homo faber y del hombre nuevo.
Pero entre las aportaciones novedosas al marxismo, después de la exégesis de Plejanov, figuran los remedios de lo que se ha llamado "leninismo", que representa todavía una interpretación más rígida y más cerrada de lo que hay de jacobinismo revolucionario en el marxismo. Si éste en sus orígenes acepta al decaimiento de las formas de Estado y hasta su desaparición en lontananza, el leninismo, a pesar de ciertas reticencias teóricas en cuanto a la perdurabilidad del Estado, afirma y consolida la existencia de éste, en forma sui generis de transitoriedad y su permanencia. Y en la degradación estalinista la dictadura del proletariado, en su manifestación estatal, es presentada como la "forma más justa y poderosa del poder estatal que jamas haya existido".
Por principio el anarquismo, en su negación completa de la autoridad y del Estado, sienta una afirmación vital y perenne de libertad y de la necesidad de la construcción de una sociedad nueva basada en ella.
Hace resurgir al hombre, al individuo libre, como elemento básico y vital de la sociedad, fomentando un permanente movimiento renovador que tiende constantemente a liberarla de toda superestructura ajena que la envuelva, que sea extraña a sí misma y que dificulte su desarrollo.
No hace de la economía un ente mitológico. La reduce a la dimensión y a la escala del hombre y de la sociedad tal como racionalmente pueden concebir en su evolución y fases más optimas de desenvolvimiento.
El anarquismo se subleva contra el determinismo mecanicista como motor de la historia. Dando la importancia debida al materialismo histórico y filosófico, mantiene la tesis de las autonomías esenciales y funcionales, de la presencia de factores cuánticos oponiéndose a la unicidad del pensamiento, de forma y de estructuras, no poniendo punto final al progreso ni a la revolución y admitiendo la espontaneidad y las mutaciones bruscas revolucionarias. Sostiene que la autoridad nunca puede ser revolucionaria. Que puede cambiarse de tiranías y de cadenas, pero que, aunque los tiranos y las dictaduras sean nuevas y nuevas las cadenas, vivirán también encadenados los hombres.
El anarquismo es la insurrección y la rebeldía permanentes y creadoras. Un caudal de energías renovadoras abriendo vía y camino progresivo desbordando todos los diques de contención políticos, sociales, económicos, étnicos, culturales, ideológicos y filosóficos; barriendo todos los prejuicios y convencionalismos; sacudiendo todo estancamiento y constituyendo una revolución permanente demoledora y constructiva de su propio mundo, en perenne mutación y floración.

Antagonismo fundamental entre el marxismo-leninismo y el anarquismo

Para la burguesía liberal y democrática, clase hoy dominante en los regímenes capitalistas, el Estado es necesario. Para los absolutistas y las derechas reaccionarias lo es también. Igualmente lo apuntalan los partidos políticos de izquierda y de derecha al aspirar a gobernar y a ocupar el poder, aunque sea por la plataforma de elección al sufragio universal y la del parlamentarismo que conducen directamente a integrarse al aparado estatal y a hacerse funcionarios de sus diversos engranajes.
Para los marxistas-leninistas también el Estado, aún adoptando la adjetivación de "proletario" o "popular", representa una necesidad, si bien admiten su carácter transitorio, por tiempo indeterminado; y aunque con la denominación de "Estado democrático popular", esa etapa transitoria se convierte en "dictadura del proletariado", o sea, de hecho, en dictadura del Partido Comunista único, trasformándose éste en "dirigente" y en poder permanente, por encima de la sociedad, de todas las demás organizaciones sociales y sindicales y ejerciendo el papel de dueño, de inspector y de observador de todos los organismos, del aparato represivo, de las fuerzas armadas y policiales, etc.
Sólo el sindicalismo revolucionario y el anarquismo niegan de plano y la necesidad del Estado, del gobierno, del parlamentarismo. Por parte del anarquismo la negación de la autoridad, su rechazo, su posición antagónica frente a ella es total, radical, absoluta, bajo forma y carácter que se presente, en todo tiempo y aún durante los periodos revolucionarios y los llamados de "transición".
El Estado, como institución, no ha existido, como se sabe, en todos los tiempos. El Estado moderno ha emergido con el hundimiento de los regímenes feudales y el desarrollo del sistema burgués y capitalista, de sus estructuras económicas, de la propiedad privada, de sus instituciones jurídicas, de las ideologías burguesas y de la moral basada en el respeto a la ley, de la desigualdad de clases, pero sobre todo de la propensión al poder, al autoritarismo y a su centralización.
La supresión del poder-autoridad es indispensable para la liberación de la sociedad, para su desenvolvimiento. Lo es para la libertad del hombre.
Aún admitida la premisa equívoca de que el poder fuera de todos, del pueblo, para que no se reconstituyera, nadie debería disponer de él sobre su semejante, ni por consentimiento de éste, ni por delegación temporal, ni nadie debería abdicar de su parte ante nadie. Menos equívoca, más clara, es la formula anarquista: nada de Autoridad, nada de Gobierno, inexistencia de poder-mando, del Estado, lo que significa, de hecho, ausencia de toda coerción, de toda opresión y de toda explotación.

Ninguna revolución hasta la fecha ha suprimido el Estado, el poder

La realidad histórica demuestra que ni la Revolución inglesa, con Cromwell, ni la Revolución francesa de 1789-93, ni la de 1848, ni la Revolución mexicana de 1910, ni la Revolución rusa de 1917, ni las revoluciones de los países del Este llamados de "democracia popular", ni la Revolución china, ni la Revolución cubana, ni la misma Revolución española de 1936-1939, han suprimido ni abolido el Estado-poder.
Las corrientes revolucionarias anti-estatales y anarquistas en esos países en medio de esas grandes conmociones históricas, han sido minoritarias, aún allí donde han tenido más fuerza e incremento los anarquistas. No han podido ejercer una influencia decisiva por causas complejas. Y menos cuando no han querido caer, como se da el caso en la Revolución española, en la tentación dictatorial ni dejarse encerrar en el círculo autoritario.
Los marxistas-leninistas (incluidos maoístas y trotskistas), en cambio, aunque ello supone su condenación irremediable ante el porvenir que, pese a todo, será de libertad por ser ésta una necesidad biológica, ética y esencial en el hombre, en el individuo y vital en la sociedad, aplicando sus métodos autoritarios han conseguido un triunfo de poder transitorio, no de revolución, que les ha llevado a la instauración de la dictadura sobre cada pueblo en que se han adueñado de las riendas del Estado y sobre el proletariado y los trabajadores. Éstos siguen siendo clase dominada, sometida, divididos en categorías y controlados por la nueva clase dirigente a través de la omnipotencia de los partidos comunistas y de las minorías que los dirigen, condicionan y manipulan, teniendo en sus manos en esos países llamados de democracia popular socialista y comunista, todos los resortes claves de dominación y encuadramiento.
A grandes rasgos, como definición de cada una de las más importantes revoluciones producidas en nuestro siglo, llegamos a la siguiente síntesis:

La Revolución rusa

La Revolución rusa, con todo lo que pueda representar de paso adelante dado bajo el impulso del pueblo ruso alzado contra la tiranía zarista y sus estructuras, es una revolución traicionada por el marxismo-leninismo y su excrecencia del más feroz y exacerbado jacobinismo.
En la U.R.S.S. existe un super-Estado todopoderoso. El Estado interviene en todo. En la U.R.S.S. existe la desigualdad. También el asalariado y las diferencias de salario: las categorías salariales.
En la U.R.S.S. existe el dinero. La compra y la venta. El mercado acaparado por el Estado.
En la U.R.S.S. existe la propiedad estatal. La sola excepción de los koljoses, con relativa autonomía, no hace la regla.
El monopolio de la producción se halla en manos de los cuadros del Partido. La planificación es estatal. Las finanzas las monopoliza el Estado.
En la U.R.S.S. el poder lo ejerce la "nueva clase": el Partido Comunista, no el pueblo ni tampoco la clase obrera ni las masas populares. Y este poder es la dictadura del Partido Comunista sobre todos los demás.
A través de la experiencia de la Revolución rusa se puede afirmar que, en la practica, el marxismo-leninismo ha degenerado en un absolutismo ideológico y en un sistema concentrado político-económico.

La revolución marxista-leninista en los países satélites

Las "democracias populares", inspirándose del marxismo-leninismo, con relación a la U.R.S.S., como se da el caso en Polonia, Hungría, Bulgaria, Alemania del Este, Rumania, Checoslovaquia - ésta a pesar de su evolución reciente - y la misma Albania, presentan pocas variantes, en lo esencial del sistema, de los métodos, de las estructuras y de la vertebración autoritaria de que es modelo tipo el llamado país de los soviets.
La "democracia popular", la "democracia revolucionaria", como la "democracia burguesa" o, simplemente, la "democracia" sin adjetivo, tiene un vicio de origen y un punto esencial común: cracia, es decir, autoridad, Estado, gobierno. Sea la autoridad blanca, roja, negra, azul, del color que fuere, es autoridad, negación o limitación de la libertad; algo absoluta y fundamentalmente incompatible con la anarquía, como lo es el Estado, no importa como se denomine, y algo igualmente incompatible con el socialismo de libertad y con el comunismo libertario.

La Revolución yugoslava

Del caso de Yugoslavia se ha querido por algunos hacer mención aparte en el contexto del marxismo-leninismo. Pero si es cierto que en Yugoslavia existe un mecanismo estructural y funcional menos rígido, no por eso deja de tener el defecto común de ser profundamente autoritario.
Existe, sí, la autogestión en las empresas de producción, pero bajo la inspección estatal y sin poder salirse del mecanismo de Estado y de economía estatal planificada.
Puede comprobarse claramente que, a través de los comités populares, de la Constitución, de las leyes existentes y de la reglamentación y procedimientos que se aplican, hay una mayor integración de las masas al mecanismo gestor del Estado, alienándolas, y una centralización burocrática que, de forma centrífuga, absorbe poco a poco la autonomía local y encuadra la gestión de las empresas y organismos económicos.
El dominio reservado y superior del Estado desarrolla el poder efectivo de éste último sobre los demás organismos y la Federación entera. La autogestión está sujeta a caución y dependencia. Y confiesan los propios gobernantes yugoslavos que todavía existen en ese país injusticias patentes.

La Revolución china

Bajo el impulso maoísta y a la vez la inspiración nacionalista y marxista-leninista, y en la que predomina el elemento campesino como fuerza de masa potencial, apoyando a los "dirigentes" -en el fondo bastante pragmáticos a pesar de su barniz marxista- adolecen de taras parecidas a las de la Revolución rusa.
La estructura del poder estatal ha seguido, bajo la dirección guerrera y dictatorial, un proceso autoritario y centralizador incontestable. La comuna autónoma ha sido sacrificada. Y la burocracia de los llamados "comités revolucionarios", aún a través de la "revolución cultural", ha extendido las redes autoritarias locales, provinciales y centrales. China es un país "civilmente" militarizado. El Partido Comunista, desmembrado por sus mismas luchas intestinas, ha perdido influencia. El fraccionalismo armado más o menos vinculado al "maoísmo", es el que predomina por ahora. Cuadros "activistas" nuevos y representantes del ejército, poco permeados por el marxismo ortodoxo, preparan sus escaladas al poder. La Revolución china, considerada como revolución social y emancipadora, es también una revolución abortada.

La Revolución cubana

La Revolución cubana no es una revolución de inspiración marxista-leninista en su inicio como tampoco lo fue la revolución mexicana de 1910. Pero la Revolución cubana, en parte propiciada por elementos de formación más o menos pequeño burguesa y nacionalista, poco a poco ha caído en la órbita teórica del marxismo-leninismo, sin verse totalmente absorbida por él.
El Movimiento del 26 de Julio, con Castro a la cabeza, junto con Cienfuegos, Che Guevara y otros, tiene más poder y dinámica revolucionaria que el Partido Comunista cubano. Pero la Revolución cubana está infectada también por el virus autoritario. Diversas circunstancias han influido en la implantación de un marxismo-leninismo heterodoxo en Cuba, aún así, la mentalidad y la psicología cubana son bastante reacias a asimilar las tesis y las dosis doctrinales específicamente marxistas.
La revolución cubana es una revolución de más pan y de más libertad, impulsada por una minoría desde la cúspide, en cuyas directivas han hallado eco entre el campesinado y entre las capas populares. Es una revolución bastante pragmática, sobre un fondo autoritario y en cierto modo "paternalista". Ella puede difícilmente desembocar en la emancipación efectiva del pueblo y de la clase trabajadora cubana.
Ni el sindicato, ni los trabajadores industriales y campesinos organizados tienen una influencia determinante en Cuba. La dictadura del castrismo, que no puede ejercerse en nombre del proletariado, es la que dispone de todos los resortes autoritarios en el país y la economía se halla en sus manos, siendo sujeta, por otra parte, a vaivenes y dependencias de la fluctuación internacional. Hoy en día la economía cubana es principalmente tributaria de la U.R.S.S.
En Cuba existen también las diferencias de salarios, aunque no tan importantes como en la U.R.S.S. y en otros países satélites entre las categorías salariales.
Cuba es un régimen estatal, bajo la dependencia de una minoría, a pesar de que, al parecer, quiere defenderse de la plaga parasitaria de la burocracia.
El poder local en Cuba no es autónomo. Y se halla viciado también por un mecanismo "activista" que reduce, inspecciona y monopoliza sus funciones.
No obstante, Cuba es un país más permeable a las teorías y experimentaciones de tipo comunista libertario que lo son la U.R.S.S. y países satélites.

La Revolución española

La Revolución española de1936-1939 es la revolución de mayor contenido, sentido y significación libertarias de las que se han producido en el siglo XX, y podríamos decir, sin exageración, en el curso de la historia. Lo es ya como lucha consciente de un pueblo y de la clase trabajadora organizada por su independencia y contra el fascismo. Lo es por la orientación y finalidad que se la imprime desde abajo y por la realización directa del pueblo de un tipo netamente libertario, por los organismos que crea, como las colectividades y las socializaciones, al margen del Estado. Lo es por la toma de posesión de las tierras, de las fabricas, de los instrumentos de trabajo. Por la organización de una economía en manos de los trabajadores. Por la autogestión en fábricas y talleres, en el campo, en los servicios de transportes y comunicaciones, etc. Por la organización no comercializada del intercambio de productos, abastecimiento y consumo. Por la creación, de hecho, de la comuna autónoma local. Por la federación de ellas de común acuerdo. Lo es por el federalismo funcional de organismos e instituciones, desvinculadas del Estado. Lo es por la abolición de la propiedad privada, hecha efectiva en muchas partes. Lo es en fin por la responsabilidad directa que asume la organización sindical de los trabajadores aliados C.N.T.-U.G.T. independientemente del Estado y de los partidos políticos en la autogestión, administración y funcionamiento de los órganos más vitales de la sociedad.
La Revolución española adquiere este carácter libertario y esa responsabilidad revolucionaria social verdadera debido principalmente a la densidad de penetración y de saturación anarquista en el pueblo español y en la parte más dinámica y consciente del proletariado organizado en la Confederación Nacional del Trabajo, organización sindicalista revolucionaria, federalista, anti-estatal y de finalidad comunista libertaria y debido a la presencia activa de la Federación Anarquista Ibérica, del movimiento libertario español y de los anarquistas y simpatizantes en general.
Pero así como la C.N.T. y la F.A.I. se esforzaban en imprimir carácter y contenido fundamentalmente libertario a la Revolución española, los partidos políticos hacían todo lo posible para frenarla, y el Partido Comunista para sabotearla.
Los partidos, republicanos y democráticos, incluido el Partido Socialista Obrero Español, no querían ir más lejos de una revolución de signo pequeño-burgués. El Partido Comunista por otra parte, viendo que no podía controlar la revolución, ni darle un carácter marxista-leninista, cosa que tampoco le interesaba a la U.R.S.S. en aquella coyuntura histórica, se dedicaron a destrozar las realizaciones colectivistas y a revalorizar los organismos estatales que el impulso revolucionario popular había quebrantado y que todavía se hallaban en pie.
La Unión General de Trabajadores, central sindical reformista, influida por los socialistas, por su parte seguía reticente a las audacias e iniciativas revolucionarias de la C.N.T. encaminadas a una transformación social efectiva. Eran más bien los propios obreros de la U.G.T., que prescindiendo de las consignas oficiales de los dirigentes ugetistas, secundaban con cierto entusiasmo las iniciativas de la C.N.T. No obstante, el anarquismo, el anarcosindicalismo, no llegó nunca en España, a pesar de su potencialidad, a poder ser una fuerza determinante para que la revolución pudiera triunfar.
Lo realizado por la Revolución española, bajo el impulso del anarcosindicalismo y de la parte más dinámica de los trabajadores y del pueblo español, en materia social, económica, cultural y de organización básica de la nueva sociedad, tiene profunda significación libertaria y deja huella indeleble en la Historia. Es una cantera de estudio y de reflexión para todos los revolucionarios sinceros.
La Revolución española no pudo dar toda la medida de sí misma. Le faltó tiempo material. Fue aplastada, aunque no vencida, por la cruzada reaccionaria y el fascismo internacional, antes de que pudiera adquirir mayor volumen y extensión y dar frutos más maduros.
La Revolución española es la que ha tenido menos densidad autoritaria gracias al potente movimiento de la C.N.T. y de la F.A.I., de los anarquistas organizados, gracias a su dinámica de actuación, a su sentido realista (sin dejar de incurrir en algunos errores, en parte explicables), influyendo en las masas populares y estimulándolas en la gestión directa de la economía y de la vida social, en las nuevas formas sociales de convivencia libre y solidaria.
La Revolución española no ha adquirido carácter jacobino o totalitario marxista-leninista, sobre todo a causa de la presencia y de la acción del movimiento libertario español y de su enfrentamiento constante con el Partido Comunista.
La Revolución española, aún subsistente el Estado republicano en la zona geográfica de España libre de las garras del fascismo, es una revolución que tiende a la anulación del Estado, a la instauración de una sociedad de productores libres, administrada directamente por los trabajadores, por sí mismos, sin exclusivas directivas o dirigentes de partidos, sin el totalitarismo de un partido único y sin una dictadura transitoria a base de él o de otros. Tanto en la finalidad, como en la plasmación real y su orientación, la Revolución española va más allá de lo que fue y significa histórica, social y revolucionariamente la propia Comuna de París de 1871 y cuantas revoluciones posteriores se han producido.
La Revolución española es una revolución inacabada y latente, que conservará perennemente sus características singularmente originales y su sentido profundo libertario.

La defensa de la revolución

La defensa de la revolución no debe ser cosa exclusiva del proletariado revolucionario estableciendo una dictadura. Ella ha de interesar a todo el pueblo y a él debe ser confiada. De esa defensa, se quiera o no se quiera, se manifestará, naturalmente, el papel de cada una de las fuerzas o minorías revolucionarias más activas y capaces de hacer sentir su presencia. La eliminación de las mismas por la más potente, con miras a la obtención y al monopolio del poder revolucionario exclusivista, originará siempre el quebrantamiento del impulso revolucionario verdadero; el debilitamiento de la acción directa masiva popular y, por otra parte, desencadenará las luchas intestinas más feroces, la marcha galopante hacia la dictadura. Una revolución, para ser tal y salvarse, sin frustraciones ni retrocesos, debe evitar la creación del poder político, de la dictadura transitoria y de la institucionalización de los mismos.
La existencia de las minorías revolucionarias debe ser respetada y llegarse a una coexistencia sobre el convenio formal de supresión de todo poder, autoridad u organismo estatal y de gobierno.
La revolución social, para ser revolución social verdaderamente transformadora y emancipadora, que termine con las diferencias de clase, con la esclavitud económica y con la opresión política, debe arrancar de esta premisa esencial. El postulado axiomático anarquista de que la existencia de la autoridad es la antítesis de la libertad, tuvo ayer, tiene hoy y tendrá mañana validez permanente.
Toda revolución que tenga que recurrir a la dictadura o al poder estatal para manifestarse, será ahogada o degenerará.

¿Ejército o pueblo en armas?

Lo mismo para un pueblo que para una revolución, aunque parezca paradójico, la amenaza mayor constituye su llamado aparato de defensa, si éste es el ejército. El ejército, si no lo utiliza directamente o por vía interpuesta, tiene los resortes de un poder permanente en potencia. Su subordinación al aparato civil dominante es de circunstancia y nunca incondicional. Y detrás del ejército asomará siempre el perfil del dictador, siendo el dictador muchas veces teledirigido por conocidas u oscuras fuerzas o grupos de presión financiera o por coaliciones de poder enarbolando estandartes de ideologías fascistas, "patrióticas", racistas o "revolucionarias". Toda democracia sucumbe finalmente, en los momentos cruciales y difíciles, bajo la bota del golpismo militar. Toda revolución ha de chocar y de enfrentarse a lo largo de la historia con el ejército y la fuerza armada, con el aparato represivo estatal o dictatorial. Perdurará en la U.R.S.S. y en China más el ejército que el proprio Partido Comunista. Y los golpes contrarrevolucionarios -no decimos contra-totalitarios- lo mismo en esos que en otros países, vendrán de mandos militares coaligados, tan peligrosos para el pueblo, para los trabajadores y para las libertades humanas, como las mismas "direcciones colegiales ejecutivas" de los partidos marxistas-leninistas.
El ejército "popular", profesional y permanente, sus cuadros en activo o en reserva, constituyen siempre una emergencia autoritaria, un dispositivo de poder generador de prepotencia liberticida. Pueblo que tenga formado un ejército nunca podrá considerar seguras ni garantizadas sus libertades.
Si los marxistas-leninistas exaltan las virtudes del ejército "popular", los anarquistas no podemos hacerles coro. Debemos rechazar toda forma de ejército, toda militarización, aunque se llame revolucionaria. Debemos rechazar sistemáticamente las estructuras militares o paramilitares.
En las milicias populares civiles armadas, no permanentes, las guerrillas de voluntarios, los grupos o comités de defensa y de vigilancia, bajo la vigilancia directa de los trabajadores y constituidos por ellos sin estructuras contradictorias, pueden responder a las necesidades de defensa armada de la revolución y contra el "golpismo" contrarrevolucionario, sin perder de vista nunca que, aún así, no pueden dejar de ser consideradas como un mal menor.
La misma formula vaga de "pueblo en armas" hará comprensible que la revolución no se halla consolidada ni segura. Solo estará cuando el pueblo pueda vivir libre y en paz y armonía, sin estamentos armados que los defiendan, por ser él consciente y efectivamente capaz de defenderse por sí mismo de todo enemigo interior y exterior.

Relatividad de la eficacia

Frente a los anarquistas, los marxistas-leninistas, ante lo que consideran un triunfo de sus métodos en la U.R.S.S. y en otras partes, esgrimen el argumento de la validez y de la superioridad de los mismos, de su eficacia, desde el punto de vista revolucionario.
Los anarquistas, aseveran, no han ganado ninguna revolución. Sus métodos de lucha son infantiles. Nosotros, dicen, podemos presentar los ejemplos de una revolución triunfante en la U.R.S.S., gracias sobre todo al Partido Comunista y a su papel de dirigente.
Este argumento es falso. Primero, porque la revolución rusa no es la obra exclusiva del Partido Comunista, sino del pueblo ruso. Segundo, porque el Partido Comunista se ha impuesto al pueblo con su dictadura. Tercero, porque el triunfo es del Partido Comunista estrangulando a la revolución rusa popular y encadenando de nuevo al pueblo, después de haber abatido el zarismo.
Nadie puede afirmar seriamente que el marxismo-leninismo haya liberado el pueblo ruso ni al ciudadano ruso.
A la distancia de cincuenta años de su triunfo, el Partido Comunista no ha podido todavía reconocer algunas libertades esenciales y derechos elementales reconocidos hasta en los mismos regímenes estatales y capitalistas, como por ejemplo, la libre expresión del pensamiento, el derecho de asociación libre, el de reunión, el de propaganda, etc.
La eficacia de los métodos marxistas-leninistas-estalinistas, desde el punto de vista de la Libertad y del respeto a la personalidad humana, después de cincuenta años de experiencia real marxista-leninista-estalinista, queda desmentida prácticamente.
El anarquismo, es cierto, no ha triunfado aún en ningún país, pero no puede triunfar si el pueblo y el individuo no triunfan, si los hombres y la sociedad no se liberan por sí mismo y demuestran su capacidad, su aptitud y su voluntad de ser libres y, por tanto, no podría achacársele fracaso semejante.
La experiencia de la eficacia de los métodos de libertad preconizados por el anarquismo, el valor de los mismos en sus aplicaciones parciales, reales y practicas, allí donde se han ensayado, en condiciones ambientales aún no suficiente maduras para una plena y vasta experimentación anárquica popular, manifestándose conscientemente y de manera espontanea, no dirigida, queda intacta. Su valor permanente representa una promesa y una esperanza, una confianza, también sobre el devenir humano y sobre un porvenir formado y forjado por la razón, la consciencia, la ciencia, la capacidad, el equilibrio sano y vital del hombre integralmente considerado, dueño de sí mismo y de su destino, de las propias revoluciones que desencadena, de las transformaciones que crea, y no mecanismo o autómata de las fuerzas ciegas y fatales, de los mitos o de las instituciones, de las estructuras esclavistas y autoritarias que hasta hay han predominado en la historia e impedido a la humanidad vivir en paz, libre y feliz, en medio de la abundancia y practicando la solidaridad y el apoyo mutuo.

Marxismo y anarquismo

Es necesario puntualizar que el anarquismo y el marxismo son diferentes y totalmente opuestos desde sus orígenes, no pudiéndose plantear un marxismo bueno con el que podríamos encontrar alianzas y lugares comunes. La aplicación actual del marxismo no es ninguna desviación, es la realidad del marxismo.
Por su carencia de nueva moral y su destrucción del individuo en beneficio de una clase privilegiada, el marxismo es incapaz de ofrecer soluciones válidas a la humanidad. El anarquismo en su universalidad, posee una economía, una política y una moral que le caracterizan. Querer mezclar el marxismo y el anarquismo es desconocer profundamente el anarquismo.
En este sentido, no concebimos ninguna similitud entre el anarquismo y el marxismo.

Conclusiones

El marxismo ha contribuido, sin duda, a la crítica de la economía y de la sociedad burguesa, política y jurídica, de lo que no tiene la exclusiva, pues otros críticos no marxistas, entre ellos los llamados socialistas utópicos y los pensadores y sociólogos anarquistas y de otras escuelas, han contribuido también seriamente a ella e incluso algunos se han anticipado a Marx y a Engels y, naturalmente, al mismo Lenin, en esa critica y en la formulación de algunas de las teorías de las cuales el mismo marxismo se ha apropiado o desarrollado. Pero el marxismo, aún dentro de su crítica al régimen burgués, ha contribuido a levantar el culto de la economía política, deus ex machina para él, del desarrollo de la Historia, despreciando el factor humano y subordinándolo al mecanismo y al determinismo fatalista de las fuerzas económicas.
El marxismo-leninismo-estalinismo ha sido un destructor de "ideologías" para convertirse, en la practica, en un monopolizador de un super-monismo ideológico permanente y estereotipado.
El marxismo ha sido incapaz de crear, de formar, de engendrar, de cimentar, de definir, y de hacer vivir nuevos valores humanos de libertad, de dignidad individual, de ética libre, sin sanción ni obligación, de humanismo solidario y de convivencia social sin autoridad.
¿Se puede hablar de bancarrota y de fracaso del marxismo-leninismo?
Desde el punto de vista revolucionario de instauración del socialismo y del comunismo por medio de la "dictadura del proletariado" y del ejercicio del poder o gobierno por los marxistas leninistas, la respuesta es afirmativa. Su fracaso es rotundo.
Ni los métodos, ni las tácticas, ni la estrategia marxista-leninista, ni su línea de conducta, ni sus esquemas y fundamentos doctrinales conducen al socialismo ni al comunismo libres ni a la liberación efectiva de los hombres y de los pueblos. Su fracaso es tan patente y evidente como el de la social-democracia reformista y de la democracia burguesa para crear una sociedad justa y libre de respeto total a la personalidad humana y de dignificación del individuo.
El anarquismo sigue y seguirá asumiendo, cara al porvenir, un papel considerable y trascendente dentro de la Humanidad y en las transformaciones y revoluciones sociales del futuro.
El anarquismo, sin ignorar las influencias del materialismo histórico, coloca al hombre como factor primordial y esencial de su proprio destino individual y social como impulsor y motor de la Historia. Como ser pensante y consciente, como voluntad actuante, como poder transformador, en biología social, para crear su proprio medio, con los recursos de la Naturaleza de que dispone, con la utilización y transformación de los mismos, por medio de su esfuerzo y de su trabajo, de su saber, de su técnica y de su ciencia, apoyándose en una nueva moral humanista y solidaria e imprimiendo al desarrollo histórico su intenso ritmo voluntarista avivándolo con sus propias fuentes de inspiración y plasmando en lo real las formas modélicas de las nuevas estructuras sociales perfectibles, siempre en progresión ascendente hacia el más allá ilimitado de bienestar y armonía universal.
Pero el error más fuerte de los anarquistas sería adormecerse o detenerse sobre la marcha; perder su combatividad de luchadores por la libertad; dejar mellar su voluntarismo revolucionario y desconocer el valor ofensivo, defensivo y creador del movimiento anarquista en acción permanente, de la organización federativa y autónoma específicamente anárquica, del impulso individual y colectivo mancomunado en un medio ambiente anárquico o por anarquizar.
Los anarquistas han de manifestarse en el presente y en el futuro con mayor impulso y energía anárquicos, para hacer frente a las realidades nuevas, a la vanguardia de todos los otros movimientos revolucionarios, dando pruebas constantes de su capacidad constructiva y fieles eficazmente a los principios fundamentales del anarquismo, que tiene valor actual y perenne.
Solo así los anarquistas estaremos a la altura del gran papel histórico llamado a jugar por el anarquismo militante. Solo así contribuiremos a que sea realidad la aguda, lúcida y esperanzadora profecía de Bovio: "Anárquico es el pensamiento y hacia la anarquía va la historia". Que esto sea realidad en la humanidad y en el tiempo, depende principalmente de los propios anarquistas y de su permanente e incesante acción y esfuerzo anárquico en los días venideros.

(Carrara, 1968) Subir


PERSPECTIVA PARA UNA REVOLUCION SOCIAL
DE INSPIRACION ANARQUISTA


El sindicalismo contemporáneo y el anarquismo

El sindicalismo actual en el mundo entero (excepción hecha del anarcosindicalismo y como ejemplo la C.N.T. de España), se ha convertido en una estructura de integración al sistema capitalista, privado o estatal: Correa de transmisión de los partidos políticos (Francia, España, Italia), engranaje estatal (países del Este y Escandinavia), corporativo sin perspectivas generales ni siquiera reformistas (USA), o las tres opciones a la vez como en Alemania.
La finalidad de los anarquistas es la revolución social y el comunismo anarquista, utilizando la acción directa antiparlamentaria y el federalismo autogestionario.

Las comunidades y las cooperativas rurales y urbanas
en el marco de la sociedad actual y su cometido.

La filosofía y la acción revolucionaria anarquistas tienen por finalidad la liberación del individuo y la emancipación de la humanidad.
Existen dentro de nuestra sociedad, dos fenómenos que forman parte de la expresión y de la acción libertaria: las comunidades y las cooperativas.
- Las comunidades libertarias buscan la forma de suprimir las relaciones autoritarias entre los individuos sobre el plano afectivo y humano.
- Las cooperativas están limitadas a la producción y al reparto de bienes de consumo. Se conocen dos formas:
a) Las cooperativas del siglo pasado, por ejemplo los falansterios, creadas con el fin de intentar esbozos de socialismo libertario, han degenerado por una burocratización interna impuesta por el medio capitalista que finaliza por digerirlas.
b) Hoy día, en ciertos casos, los trabajadores están forzados en crear una cooperativa con el fin de salvaguardar sus empleos. Con esta situación, el carácter tomado por el fenómeno cooperativista, puede ir de la autogestión hasta la burocracia la más compleja, pasando por la convivencia de los dos aspectos.
Es importante demostrar la convergencia entre esos dos fenómenos sociales cuyos límites no son estrictos y se barajan con frecuencia.
Las cooperativas y las comunidades demuestran que la anarquía no es una utopía, sino que es viable, en el plano de las relaciones entre individuos, como en el de relaciones de producción. Por consiguiente esas cooperativas y esas comunidades son interesantes como valor de ejemplo y permiten a algunos sustraerse temporalmente de una parte de nuestra opresión cotidiana. Estos islotes de libertad y de igualdad, no derrumbarán ellos solos la sociedad capitalista y estatal, que han sabido y en el transcurso de la historia y por varias veces, dejarlas vivir, cuando éstas no las han puesto en peligro.
Evidentemente, por el hecho de poner en causa la autoridad, las tentativas comunitarias y cooperativistas son molestas para el poder del capital y del Estado, por ello nuestros opresores harán todo lo que puedan para destruirlas o bien integrarlas en sus ruedas jerárquicas.
Estas formas de liberación precaria y parcial no hacen de la economía de una revolución social, que queda como el primer puntal indispensable a nuestra emancipación. No condenamos las cooperativas y las comunidades, se puede comprender que anarquistas participen en ellas, pero su presencia, aún muy desarrollada, no bastará para concretar nuestro ideal. Estos intentos libertarios no son incompatibles con la penetración del anarquismo social en el movimiento obrero, condición indispensable de la revolución social y total.

La juventud y los estudiantes (moción sobre la educación)

La cultura actual, para nosotros anarquistas adheridos a la I.F.A., es la expresión y el principal vehículo de los valores morales e intelectuales de la clase dominante. A estas estructuras autoritarias y represivas, los anarquistas proponemos ciertas críticas y ejes de lucha frente a la educación y a la escuela.
La escuela, además del sistema selectivo (favoreciendo a los jóvenes de la burguesía) tiende a servir de vía muerta para los jóvenes que esperan incorporarse al trabajo.
La sociedad, por conducto de la familia y de la escuela, moldea al individuo a fin de inculcarle el reflejo de obediencia que aumentarán y utilizarán posteriormente el ejército y la fábrica.
Partiendo de este análisis, la Internacional de Federaciones Anarquistas:
- Estimula las iniciativas de la lucha radical para contrarrestar la función y la estructura de la escuela, desechando particularmente su contenido ideológico, la separación entre la escuela y el trabajo, la limitación, a un período de la vida y a una minoría, de la instrucción.
- Preconiza el desarrollo de una cultura específicamente anarquista.

Sobre los problemas de las mujeres y su movimiento

La Internacional de Federaciones Anarquistas apoya la rebelión de las mujeres porque entre los movimientos de protesta, éstas llevan una parte muy importante de la potencialidad libertaria. Por la doble opresión que a las mujeres se les impone en nuestra sociedad -explotación económica y dominación falocrática- sus luchas ponen en evidencia lo nefasto de las bases fundamentales de la sociedad dominadora:
- El patriarcado y su corolario, la estructura familiar.
- La educación.
- La sexualidad.
La I.F.A. incita al conjunto de sus militantes a emprender una intensa actividad para impulsar una toma de conciencia poniendo en tela de juicio la sociedad desde una óptica libertaria. La I.F.A. demanda un trabajo real por todos los grupos federados, de los problemas fundamentales que plantean las mujeres a través de sus luchas; la I.F.A. no relega a un segundo plano el problema de la mujer y no se conformará con una discusión teórica sin una aplicación en la vida cotidiana.

Esperanto

El Congreso sugiere el estudio y la práctica del esperanto para las relaciones internacionales y para ser utilizado conjuntamente con los otros idiomas empleados hasta aquí.

(Carrara,1978) Subir


ACTITUD DE LA I.F.A. FRENTE AL TERRORISMO, A LAS DIFERENTES FORMAS DE VIOLENCIA, AL "MARGINALISMO" Y A LAS MANIFESTACIONES "REVOLUCIONARIAS" FOLKLORICAS.

La Internacional de Federaciones Anarquistas proclama, para los anarquistas, la libertad de escoger todo medio de acción que no esté en contradicción con los principios libertarios y las finalidades perseguidas por el movimiento. Que sea individual, minoritaria o de masas, violenta o pacifica, reivindicativa o revolucionaria, legal o clandestina, la acción anarquista debe reflejar en ella misma la altura moral de los postulados fundamentales del anarquismo.
El derecho, individual y colectivo, a la insubordinación, a la revuelta y a la insurrección es imprescriptible e incodificable. Es un hecho natural y espontáneo.
Los anarquistas, organizados en la I.F.A., que se interesan verdaderamente por el problema de la revolución, es decir, la supresión del privilegio económico, social y cultural, tienen conciencia de que se emplazarán en una situación de violencia.
Para los anarquistas, existe un problema ético en la utilización de una violencia que no puede confundirse con la fuerza pública, legalizada por el poder del Estado y del Capital; no tiene equivalente con la brutalidad que los referidos imponen diariamente y de forma sistemática contra los individuos. Esta violencia del Estado, cuyo fundamento cultural debe buscarse en el patriarcado, causa de otra violencia, encuentra su expresión más consumada a través de la militarización creciente de la sociedad.
La I.F.A. rechaza las formas de acción política fundadas sobre la violencia ciega e innecesaria, la ausencia del respeto a la dignidad humana de sus enemigos mismos y mucho más de los neutros e inocentes. Denuncia toda forma de manipulación, violencia y terrorismo militarista y estatal, que se profundizan con frecuencia en la acción de organizaciones políticas, las cuales, hoy perseguidas y luchando en pro de causas justas, aspiran la mayor parte de ellas, pos sus métodos e ideologías, a constituirse en futuro poder de Estado.
El recurso a la lucha armada traduce la transformación de enfrentamiento de clase en enfrentamiento militar, por una práctica de guerra entre aparatos especializados, grupos armados y bandas represivas del Estado. La extensión cotidiana de tales prácticas no demuestra sus éxitos, al contrario, contribuye al refuerzo de medidas de represión del Capital y del Estado, quienes después de hacer pagar los gastos de la crisis a los trabajadores, hacen pesar sobre ellos una represión acentuada. Y resulta suicida esta práctica cuando no se ha trabajado por la creación de una capacidad ofensiva en el movimiento obrero. Los anarquistas no creen que la propaganda por el hecho, concebida como el despertar mítico de la conciencia del proletariado siempre dispuesto a la réplica, pueda tener el menor éxito. Si esta línea política se afirmara, no podría más que profundizar el foso entre activistas y la población.
La radicalización de los enfrentamientos tiene su punto de partida tras las grandes esperanzas suscitadas por las luchas de 1968-69, cuando la creatividad popular chocaba contra el muro de su propia impreparación a la autogestión, permitiendo el renacer de burocracias neorreformistas de grupúsculos. La incapacidad de hacer la revolución "enseguida y a no importa qué precio" ha llevado a numerosos compañeros y militantes de izquierda o de extrema izquierda, a una práctica cotidiana hecha de compromisos a la sombra de la política parlamentaria, a un repliegue individualista del "dejad hacer", a un repliegue basado en una concepción de clandestinidad. Esto es el fruto de concepciones que sólo pueden conducir a un reformismo oportunista o a un extremismo militarizado.
Decimos que es hora de empezar de nuevo la actividad del revolucionario en el terreno que es suyo, en el seno de las luchas de los trabajadores y paralelamente de darle cuerpo a la propaganda específica anarquista, buscando hacer reconocer la profunda validez de nuestro pensamiento.
La solidaridad de los anarquistas significa ante todo defender a todos los que combaten al Capital y al Estado, practicando correctamente la crítica y no la calumnia hacia estos militantes. Solidaridad y crítica son los dos aspectos de nuestra ética, porque somos conscientes de que a partir de la liquidación física de estos militantes, el Estado emprende el ataque contra todas las actitudes antirreformistas y antiautoritarias.
Los anarquistas afirman que la revolución social es imprescindible para la instauración de una sociedad sin clases, sin Estado ni patriarcado, donde la violencia haya desaparecido. Por lo tanto, no creemos que las clases dominantes renuncien a sus privilegios económicos, sociales y culturales, sin que estén obligadas a hacerlo. El enfrentamiento violento está por tanto inscrito en la fase insurreccional, violencia que no puede ser mas que colectiva, como siempre han sido las revoluciones pasadas.
En tanto que movimiento organizado, el anarquismo debe establecer una estrategia de lucha, basada en la inteligencia, capaz de analizar con lucidez las lecciones de la historia y la situación y devenir de nuestra sociedad. En esto reside el interés fundamental del concepto de acción directa, ya sea violenta o pacífica, medio de acelerar la toma de conciencia de las capacidades de auto-organización y de auto-emancipación colectivas.
Como Errico Malatesta, no estamos de acuerdo con los opuestos a toda violencia ni con los compañeros partidarios de cualquier violencia. Ni aprobamos ni condenamos en bloque toda forma de "terrorismo".
Estamos inducidos a constatar que estos actos terroristas son motivados por otro terrorismo: el que hace prevalecer una clase dirigente sobre el pueblo; constatamos igualmente que las consecuencias serían negativas o nefastas sobre el movimiento obrero en general y el movimiento anarquista en particular.
Pensamos que la práctica de la violencia revolucionaria no puede ser comprendida y aceptada mas que cuando existe paralelamente un potente movimiento obrero organizado y ampliamente partidario de las ideas libertarias.

Marginalismo

Marginalismo es un término demasiado genérico. Es necesario que con este término entendamos los fenómenos que abarcan una vasta capa popular compuesta de jóvenes que, por su elección ideológica de vida o por las condiciones objetivas en las que están obligados a vivir, están situados al margen de la sociedad "oficial".
Los marginales no van más allá del rechazo de la sociedad en la que viven, plantean solamente un problema de resistencia y supervivencia en el plano individual, buscando refugio en fenómenos como la droga, el misticismo, etc. Existen no obstante marginales que van más allá de esta simple "resistencia" y buscan nuevos modelos de vida, nuevos sistemas de comunicación, nuevos lenguajes y nuevos métodos liberadores para remontar algunas de las miserias cotidianas.
En el primer caso, existe entre estos marginales potenciales revolucionarios, si consideramos su práctica de rebelión y de resistencia cotidiana. En el segundo caso, existe ya un embrión revolucionario libertario.
Si el marginalismo no se plantea el problema esencial de la transformación social, al menos aporta una enorme contribución al cambio en las relaciones humanas.

(Carrara, 1978) Subir


LA ORGANIZACION DE LA ECONOMIA EN UNA SOCIEDAD ANARQUISTA O DURANTE LA ETAPA DE TRANSICION REVOLUCIONARIA HACIA LA ANARQUIA


Revolución social libertaria indispensable

La organización de la economía con orientación y finalidad libertarias y su desarrollo hace indispensable un cambio radical del sistema capitalista y estatal y asimismo del llamado comunista de Estado imbuido de todos los principios marxistas-leninistas. Este cambio implica necesariamente abolir y superar ambos y asentar las bases fundamentales de la nueva economía y de la sociedad anarquista o del verdadero socialismo en marcha hacia ella.
Ni la sociedad anarquista ni siquiera la comunista libertaria se van a realizar por arte de encantamiento en un día, ni de manera sincronizada en el plano mundial, en una fase concreta de la historia universal. La revolución social no será simultánea en todos y cada uno de los países del mundo a la vez. Ni tampoco podrá ser uniforme, a base de un tipo o patrón único, pues las condiciones geográficas, climáticas, étnicas, demográficas, de desarrollo industrial, de riquezas naturales, de existencia o no de materias primas, de posibilidades agrícolas, de ambiente, mentalidad, cultura, etc., influirán en las variantes constructivas de esta revolución, bajo la influencia libertaria. Según su implantación y los caracteres específicos señalados, el sistema aparecerá en cada país con estructuras nuevas bajo perfiles y aspectos múltiples y diversos, en una búsqueda incesante de perfeccionamiento y armonía.
Las características esenciales de la sociedad anarquista y de los medios y procedimientos prácticos y eficaces para llegar a ella, deben manifestarse clara y vigorosamente para prender en la realidad desde hoy con miras a las eclosiones futuras.
La finalidad de la nueva economía libertaria y de la sociedad anarquista debe ser la libertad y el bienestar de todos, en un medio de igualdad social y de solidaridad humana.
Para realizar este fin se hace indispensable la desaparición del Estado, así como toda dictadura, aunque se llame transitoria. Hay que suprimir todas las instituciones autoritarias del capitalismo, la propiedad privada, todas las formas de explotación y de opresión del hombre por el hombre, las clases sociales, jerarquías, privilegios y el salariado.
Aunque la revolución social en un país no puede ir, desgraciadamente, en sus primeras fases, más allá de ciertas condiciones determinadas que impondrán inevitablemente las características del proprio país y los medios con que el mismo cuente en el momento que estalle o se produzca aquella, al menos en el orden económico, pues la economía globalmente considerada no se crea ni desarrolla en un instante, desde el primer momento, imprimiendo su huella fecunda y su voluntad realizadora firmemente definida, por parte de los anarquistas se ha de tener la preocupación de plasmar en la realidad la máxima esencia, realizaciones y desarrollo libertarios.
El lema debe ser: libertad, pan, vestido, vivienda, cultura y recreo para todos. "De cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades". Habrá que destruir y borrar todos los obstáculos interiores que se opongan a la libre organización de la sociedad nueva.
No se podrá contar mucho con la solidaridad revolucionaria mundial apoyando la revolución social del país que fuere, sobre todo si se presenta con tipología preponderante definidamente anarquista. Toda ayuda de los bloques mundiales predominantes tenderá a la satelización.
Además, hay que contar que en todo cambio revolucionario profundo se produce un periodo de marasmo económico, de tanteo experimental, de ajuste de las estructuras, y todo ello pone a prueba la capacidad revolucionaria de un pueblo, sobre todo su capacidad de construir.

Asegurar la existencia y el libre funcionamiento de la sociedad

Desde el primer momento se hace necesario asegurar la producción, el abastecimiento, incrementar al rendimiento, la productividad, sin explotar al hombre productor, sin extenuarle, sin aprisionarle en normas de trabajo alienadoras.
El triunfo inmediato de la revolución social y su consolidación y las fases futuras de su desenvolvimiento progresivo dependerá en mucho de la propia capacitación social, económica, cultural e ideológica de los trabajadores, de la que podríamos llamar capacidad específica revolucionaria y libertaria, individual y globalmente considerada. El factor esencial del orden nuevo debe ser el hombre libre y consciente de sí mismo.
Ningún tipo de economía, desechando todo cuanto puede suponer sistema capitalista estatal o comunista de Estado, es consustancial con el anarquismo.
Nuestro fin es vivir en libertad y hacer todo lo posible para que todos los seres puedan disfrutar de ella y gozar, en igualdad de condiciones, de cuanto la Tierra, la naturaleza y el esfuerzo solidario de los hombres pueda proporcionar a todos y a cada uno indistintamente.

Concepto del anarquismo social

Por las mismas razones nuestra concepción del socialismo integral es simple y no exhaustiva, ni uniforme en sus posibilidades y modalidades de aplicación práctica. Y si nuestras preferencias van hacia el comunismo libertario, como sistema abierto y perfectible, no rechazamos absolutamente, aparte de los sistemas burgueses y autoritarios, otras modalidades de organización social, ya sean de tipo mutualista, colectivista, cooperativista, siempre que quede excluida toda explotación del hombre por el hombre. La libertad de experimentar diferentes sistemas económicos en una sociedad en vías de transformación, según principios anárquicos, se debe asegurar a condición de que una planificación libre y federativamente elaborada, así como libremente aceptada, garantice la producción de los bienes necesarios y el funcionamiento normal de los servicios esenciales, a fin de satisfacer las necesidades de todos según las posibilidades de la época.

Libertad de experimentación

La experimentación y coexistencia de diferentes tipos de socialización: mutualista (Proudhon), colectivista (Bakunin-Mella), comunista (Kropotkin-Malatesta), cooperativista (no comercializados), a escala local, comarcal, regional o nacional, puede ser posible, dentro del sistema libertario, salvaguardando el principio anárquico esencialmente antiautoritario, fundamentalmente autónomo y federalista. Y máxime si se entiende, como es lógico, que la evolución humana y la de las formas sociales no se estanca y que ninguna estructura económica podría considerarse definitiva e inmutable. Crear siempre más libertad, más bienestar, más abundancia de todo, mayor perfección, y las más óptimas condiciones para el pleno desarrollo del individuo, del grupo social, del conjunto humano, tal debe ser la orientación y el fin de la sociedad anarquista.

Esbozos sociales y económicos del pensamiento libertario

La economía no puede desarrollarse sin base social. Y donde existe el ser o el grupo humano, surge la sociedad, de la misma convivencia. Las necesidades de la vida en sociedad hacen que los hombres se vean en la obligación de buscar un principio regulador para hacerla al menos compatible. Es preciso un pacto o contrato libre y conscientemente aceptado, y aplicado de igual forma.
En la concepción anarquista -al menos en la que admite la base organizadora por pacto libre- el comunismo libertario es el sistema mas adaptado al desarrollo de una sociedad que quiere vivir sobre los principios citados.

Base de la nueva sociedad: la comuna libre

La idea de comunas independientes para las agrupaciones territoriales y de grandes federaciones de oficio para las agrupaciones con funciones sociales -ambas relacionadas y prestándose apoyo para satisfacer las necesidades de la sociedad- permite a los anarquistas concebir de una manera concreta, real, la organización posible de una sociedad libre. No hay mas que añadir las agrupaciones por afinidad personal -innumerables, efímeras o de larga duración, surgiendo según las necesidades del momento y para todo lo imaginable- agrupaciones que ya vemos surgir en la sociedad actual, aparte de los grupos políticos y profesionales.
Estas tres maneras de agruparse, entrelazándose como una red, permitirán la satisfacción de todas las necesidades sociales: el consumo, la producción y el intercambio; las comunicaciones, la sanidad y la educación; la protección contra las agresiones, el apoyo mutuo y la defensa del territorio; en definitiva, la satisfacción de las necesidades científicas, artísticas, literarias y recreativas. Todo lleno de vida y siempre listo para responder a nuevas necesidades y a las nuevas influencias del medio social e intelectual.
Si una sociedad de este tipo se desarrollara en un territorio tan amplio y poblado que permitiera la necesaria variedad de gustos y necesidades, se corroboraría que la coacción por la autoridad, sea cual sea, sería inútil.

P. Kropotkin: Ciencia moderna y anarquismo

La piedra angular de la nueva organización social libertaria además del individuo, del grupo, de la colectividad, del sindicato, es la comuna libre.
La comuna libre, constituida por todos y cada uno de los ciudadanos, puede tener la función de coordinación social general, en el aspecto simplemente administrativo, nunca un papel de poder o de institución política, sino de servicio social, en el plano local. Sus funciones deben ajustarse a aquellas resoluciones y decisiones que las propias asambleas libres comunales hayan tomado de consenso mutuo. De la organización comunal ha de desterrarse todo autoritarismo y toda burocracia.
Las federaciones comarcales, regionales y nacionales de comunas libres podrán constituirse en el plano general de un país o zona geográfica y étnica determinada, y confederarse internacionalmente.
La comuna no debe concentrar en sí el poder político, y menos militar, que debe desaparecer absolutamente. Ni siquiera poder revolucionario. Todo poder político debe ser abolido y nadie debe ejercerlo. Tampoco debe haber en la comuna propiedad económica, que haga de su término geográfico e histórico un coto cerrado o un feudo. Toda comuna debe estar abierta a la solidaridad, practicarla y recibirla, basándose en el principio de que toda riqueza natural, creada o fabricada, todo producto, herramienta o material, es patrimonio común y permanece a disposición de todos, siendo su usufructo regulado por las normas colectivas establecidas por todos libremente.

Del sindicato revolucionario y de sus funciones

El organismo que en la sociedad socialista mejor puede asegurar la organización del trabajo, es el sindicato de carácter sindicalista revolucionario, constituido por los trabajadores libres de la industria, del campo, de la mina, de los laboratorios, de los centros de investigación, los de especialidades técnicas. Los sindicatos, agrupados por ramos de industrias, en federaciones locales, comarcales, regionales, nacionales e internacionales y administrando directamente, bajo su responsable control, fábricas, talleres, campos, minas, puertos, institutos científicos y tecnológicos, son organismos aptos para asegurar la producción de todos los artículos y cosas indispensables a la sociedad y a sus componentes, a tenor de las necesidades que se hagan sentir y se presenten, persiguiendo el objetivo de crear la abundancia con la aportación de cada uno al esfuerzo común, según sus fuerzas y capacidades y sin explotación de nadie ni privilegio alguno. Todos los recursos materiales, económicos y técnicos, los artículos manufacturados, los productos agrícolas, ganaderos, de pesca, etc., habrán de ponerse a disposición de todos, por medio de los organismos adecuados, para la distribución, el cambio y el reparto más equitativos.
Las federaciones de sindicatos podrán formarse por categorías de producción, ya sea industrial, agrícola, etc., o de servicios públicos: correos, comunicaciones, transporte y demás.
La revolución social, con la desaparición de la burguesía y de las estructuras capitalistas y autoritarias, deberá establecer un nuevo orden económico, que implicará necesariamente otras modalidades de trabajo, reajuste de fabricación, reconversiones profesionales, especialidades distintas de producción.
Los sindicatos por profesión o industria tampoco habrán de disponer de poder político ni de propiedad de fábrica, de maquinaria o de productos elaborados. No se debe dejar germinar la propiedad corporativa en la sociedad anarquista o comunista libertaria.
La autogestión ha de tener por base asegurar la mayor y más racional organización del trabajo y la función productiva, controladas por un elevado sentido de responsabilidad individual y profesional consciente y voluntario.
Los comités o comisiones de autogestión de fábrica, empresa, taller o colectividad productora serán nombrados directamente por el propio personal ocupado en las mismas estando sujetos a renovaciones periódicas y siendo revocables en todo momento.
La burocracia debe desterrarse de los comités y de todas partes. Al mismo personal técnico no ha de conferírsele en ninguna circunstancia, categoría de mando.
Nos manifestamos contrarios a admitir el principio de "todo el poder a los sindicatos", como el de concederlo a cualquier persona técnica o especializada, encargada responsablemente de un trabajo, quien deberá considerar a los demás trabajadores en un plano de igualdad moral y efectiva, como hombres y como productores, cooperando en las labores de una empresa común al servicio del bien general.

Sobre el salario o remuneración

Si los anarquistas nos hemos fijado como finalidad el suprimir la explotación del hombre por el hombre, el abolir las clases y el salariado, lógicamente no podríamos pronunciarnos por el mantenimiento de un tipo de salario o de categorías salariales por el trabajo efectuado.
Indudablemente son muchos y numerosos los problemas que supone la supresión del salario. Y buscar procedimientos de remuneración por concepto de trabajo o unidades y especialidades del mismo, tampoco sería una solución libertaria y todavía menos compatible con un alto sentido de justicia y de solidaridad humana.
Partiendo de este razonamiento, nos manifestamos partidarios de la aplicación del principio "de cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades", considerando que el trabajo de cada uno le da derecho a la satisfacción de sus necesidades personales y a procurarse libremente el abastecimiento de cuanto sea indispensable, en los almacenes, cooperativas o centros de distribución común.
El hecho de ser trabajador o productor -como los enfermos, inválidos, ancianos o niños- dará derecho a beneficiarse de todos los servicios comunes. La socialización de los mismos, como también los de la vivienda, sanidad, espectáculo y recreo, ha de considerarse como una de las fórmulas más accesibles para atender este objetivo.
Cada ser humano válido debe tener asegurada una plaza, un empleo, en la organización común o colectiva del trabajo. Es un derecho inalienable e imprescindible reconocido y establecido por la sociedad anarquista, por la nueva organización social comunista libertaria.

Distribución y consumo

El fin de la organización social que defendemos y preconizamos, no debe ser el beneficio o el provecho industrial o comercial, manipulado o monopolizado por un grupo, clan, entidad u organismo cualquiera, sino el bien común, dentro de la federación o asociación de comunas libres y solidarias.
Por otra parte entendemos que las formas y mecanismos económicos de la sociedad anarquista no deben encajarse en una rígida armadura, en un régimen monolítico y de estructuras inamovibles.
Respetando el principio fundamental de no explotación del hombre por el hombre, de comunidad de riquezas, bienes, tierras, máquinas y productos, todo ha de ser puesto a la disposición, consumo y utilización individual y común.
Y así la libertad, el pan, la cultura y la independencia dentro de la unión solidaria quedarán mejor garantizados y asegurados para todos.
La distribución general coordinada y detallada de productos agrícolas y manufacturados podrá ser asegurada por las asociaciones o federaciones de consumidores, mediante almacenes de abastecimientos y suministros al por mayor, donde los sindicatos de producción y colectividades podrán suministrar y depositar los productos, y por medio de las cooperativas de consumo y de los economatos o centros calificados para la distribución al consumidor, exentos de todo mercantilismo.

Organismos de la revolución: las colectividades

Las colectividades de producción, y hasta las mixtas de producción y consumo, sobre todo en el medio rural, pueden ser también un factor importante entre los medios eficaces de asentamiento de la nueva economía, como organismos vitales funcionando sobre el principio de libre cooperación en la nueva economía solidaria, sin mercantilismos ni competencias.
Hasta la fecha, experimentalmente, como ejemplo práctico y eficaz de realización colectivista-comunista, puede ofrecerse el de las colectividades de tipo libertario durante la Revolución española, en una situación dada de trascendental realismo histórico, manifestándose como organismos eficaces para asegurar el desarrollo económico de un pueblo, sobre todo porque funcionaron vinculadas a los sindicatos y demás organismos comunales, complementarios unos de otros y atendiendo las necesidades económicas y sociales de la nueva sociedad.

Consejos económicos y sociales

Para completar las informaciones y las acciones necesarias para el buen funcionamiento de esta economía, se pueden añadir a estas colectividades consejos de economía de ámbito local, regional y nacional. El conjunto desembocaría en el consejo general de la economía nacional federada. Estos organismos permitirán una organización más perfecta, una mejor coordinación de las informaciones sobre experiencias nuevas y mayores posibilidades para el desarrollo económico y la explotación de nuevas riquezas en común.
Los consejos económicos no tendrán mas que un carácter consultivo y de investigación, jamás ejecutivo.
Los componentes de estos consejos, que podrían ser denominados consejos sociales y económicos, serán designados con carácter temporal y revocable. Podrán ser elegidos por la comuna, los sindicatos, las cooperativas y centros de consumo, los organismos técnicos y culturales.
Podemos citar los siguientes consejos sociales y económicos: alimentación, vivienda, vestido, producción, agricultura, minería, pesca, transporte, comunicaciones, prensa, ediciones, industria metalúrgica y siderúrgica, agua, electricidad, energía, industrias químicas y los diversos ramos del vidrio, la cerámica, la madera, la construcción, la sanidad, la cultura, artes y oficios, ciencia, investigación, técnica, intercambios, relaciones exteriores, importación y exportación. Todos estos consejos conforman, con sus diversas ramificaciones y sin ningún tipo de centralismo, un consejo general de coordinación y solidaridad.
Este consejo funcionará de abajo a arriba y sin ninguna función ejecutiva.
Por descontado que esta lista de posibles consejos no es definitiva: según las necesidades de las diversas especialidades se crearán los consejos oportunos; todo de común acuerdo entre los interesados, directamente y sin ninguna imposición.

Consideraciones generales

Al esbozar esta serie de fórmulas lo hacemos con la preocupación principal de evitar las influencias y reminiscencias autoritarias, las tendencias centralizadoras y el deseo de dar a la libertad, a la autonomía, contenido viviente, estructurado, funcional, práctico y estimulante para un progreso incesante.
Tomamos al ser humano como fundamento de la dinámica social, considerándolo como unidad autónoma asociado voluntariamente a la comunidad.
En las etapas de realización del comunismo libertario, cuando la producción todavía sea insuficiente, será necesario regular la distribución lo más racional y justo que sea posible.
Durante cierto tiempo se puede mantener un sistema de remuneración, siempre que sea igualitario, ya que si no resurgirían el egoísmo y la desigualdad y, a la larga, se caería en la injusticia, el rencor y volvería la desigualdad.
La existencia del dinero, tan controvertida, debe acabar. Con el establecimiento de un sistema de bonos se evitará la centralización de un organismo de tipo bancario. Estos bonos, emitidos por la comuna, no deben tener un valor de adquisición general.
Hay que evitar la acumulación, de la naturaleza que sea. Acumulación de una comuna, de una colectividad o de una empresa poderosa, una región más desarrollada, así como la centralización y el monopolio.
Cuando se haga sentir la necesidad de un plan económico general, no se podrá realizar más que por el acuerdo de todas las partes interesadas. Pues si la voluntad general se manifiesta y se impone, con la omnipotencia de un poder eficaz e indiscutible, se crearían las condiciones para que se diera un nuevo régimen de opresión, surgiendo la revuelta como reacción defensiva inevitable.
La sociedad debe ser como un organismo vivo en el que todos los órganos cumplen sus funciones para asegurar la vida. Pero con la diferencia esencial de que en este organismo social el hombre se manifiesta de forma autónoma, contribuyendo con su individualidad a enriquecerlo, a darle vida y conciencia con su inteligencia, su razón y sus conocimientos; dándole un desarrollo armonioso y creciente.
Lejos de nosotros la idea de definir de manera inmutable las bases sociales, éticas y económicas del anarquismo. Nuestras definiciones escapan al menos de un gran peligro: no utilizamos la palabra política a causa de las confusiones que puede provocar.
Sabemos que la historia no sigue una línea continua ascendente sino que avanza de forma discontinua resolviendo sus contradicciones. Las formas sociales y el desarrollo del pensamiento humano pasan y se renuevan sin parar.
La propia dialéctica de la vida crea el germen que hace avanzar a la humanidad.
Conscientes de ello, nosotros, anarquistas, luchamos por los logros sociales y mantenemos vivo y activo el espíritu revolucionario. No trazamos límites a este desarrollo.

(Carrara, 1968) Subir


DINAMICA TECNOCIENTIFICA DE LA PRODUCCION EN EL PLANO ECONOMICO Y SOCIAL (PAPEL DE LAS MULTINACIONALES), EN RELACION CON LA LUCHA CONTRA EL CAPITALISMO Y EL ESTADO Y LA SOLIDARIDAD DE LOS OBREROS EN EL MUNDO

El Congreso de la I.F.A. confirma las causas originales de los problemas sociales que el anarquismo denunció en todo momento.
El empleo de nuevos términos y conceptos correspondientes a la nueva evolución de las técnicas no significa en modo alguno que haya habido ningún cambio en los orígenes y evolución de la crisis social permanente de la sociedad capitalista y del Capitalismo de Estado.
Nuestro análisis confirma la vigencia de los principios básicos de la lucha que el anarquismo mantiene, así como sus tácticas de combate contra la alienación permanente del ser humano.

Producción de los bienes de consumo

La ciencia y la técnica no pueden, solas, condicionar la totalidad de las estructuras internas de una sociedad. Sin embargo pueden intervenir como un factor material determinante en la formación de las clases y de sus luchas.
Si el elemento tecno-científico principal del siglo XIX fue la máquina del vapor, hoy estamos asistiendo a la intervención progresiva de otros factores materiales que nos obliga a considerar alguno de los conceptos que teníamos de la sociedad burguesa. Tenemos cada día una conciencia más clara del cambio de forma (no de esencia ni de fondo) de las presiones, de las enajenaciones que sufrimos en nuestra vida cotidiana.
La categoría técnica que se sustituye a la máquina de vapor como eje en torno al que se articula la estructura de la sociedad, se definen los grupos sociales, es la electrónica, elemento central de la producción de las riquezas materiales, sustituyéndose por ejemplo a la imprenta, instaura el reino de la imagen y de la palabra televisada, creando así para una ideología dominante nueva, un medio de difusión. Con la utilización de la máquina electrónica se pueden delimitar tres conjuntos sociales en función de las relaciones que se establecen con ella.
1°) El conjunto de los que utilizan el computador electrónico.- La complejidad técnica y la extremada especialización que implica su utilización ha condicionado la aparición de un grupo social específico: los tecnócratas. Hijos de la burguesía o del proletariado, indiferentemente, formados por el Estado en sus escuelas especializadas, son los que dirigen, "programan", planifican el conjunto de la producción ya que son los únicos en dominar completamente las computadoras. Son ellos los que dan la totalidad de las directivas que rigen, en los niveles inferiores, la producción: en consecuencia son ellos los que ejercen el poder activo, real, sin poseerlo; en efecto, si saben utilizar el computador electrónico (mediatización moderna del poder) no lo poseen.
2°) El conjunto de los que poseen el computador electrónico.- Capitalistas en el sentido clásico del término, ya que son propietarios de los medios de producción, son sin embargo, totalmente diferentes de los burgueses de las épocas anteriores. Completamente anónimos, poseedores del capital, en migajas, con "acciones" de sociedades o bancos, no intervienen en ningún nivel decisivo de la producción. Si siguen poseyendo el poder, no lo ejercen. Su potencia tiene origen en la posibilidad que tienen de barrer en todo momento al equipo tecnocrático que ejerce el poder.
3°) El conjunto de los que obedecen a los computadores.- Compuesto por los proletarios en el sentido estricto de la palabra, este grupo reúne a todos los que ejecutan órdenes transmitidas, codificadas y racionalizadas por los computadores. Lo que les diferencia esencialmente de los proletarios del siglo pasado es la ausencia de relación personal en los antagonismos sociales. La división del trabajo ha despersonalizado la lucha de clases.

Observaciones sobre el papel de la tecnocracia en el terreno social

Materialmente, la tecnocracia está totalmente integrada en el ciclo de la producción. Asimismo puede considerarse que el técnico es, como el último de los braceros, un proletario, ya que se encuentra en la imposibilidad de ejercer el menor poder sobre el fruto de su trabajo y el empleo de su vida. Sin embargo su nivel cultural, las posibilidades económicas de que dispone y la propaganda de la ideología dominante le inducen a pensar que es un miembro de ésta o por lo menos un aliado de la clase dominante. La tecnocracia se encuentra pues, objetivamente, en un estado de subdeterminación social ya que, por otra parte dispone de un nivel de vida incomparablemente superior al de los obreros. El trabajo del proletariado consciente es el de convencer a esta clase intermedia de su condición esencialmente proletaria, señalándole el carácter real de su alienación e ilusorio de su bienestar. Este proceso de proletarización de una parte de la tecnocracia ha podido verse en el Mayo parisino y en el "malestar de los cuadros".
Está claro que el capitalismo, hoy como ayer, intenta por todos los medios dividir a sus explotados para lograr sus fines. De no realizarse esta unión entre obreros y técnicos, los conflictos sociales se limitarán a una lucha entre estos dos grupos dejando en paz a sus enemigos comunes: el capitalismo y el Estado. La tecnocracia vendría a ser así un dique de contención para la clase dominante.

Sobre el papel de la burguesía

La clase burguesa existió antes que el Estado burgués. El proceso de conquista del Estado por la burguesía no fue sino la instalación de un aparato de represión disimulado por algunas funciones de carácter social y que estaba atento a las órdenes de la clase dominante. Su función era impedir por todos los medios, brutales o sutiles, los anhelos emancipadores del proletariado. Durante toda esa época, época del capitalismo puramente liberal, el Estado forma parte del aparato doméstico de la burguesía. Más tarde, las propias contradicciones del capitalismo, la competencia, impuso al Estado un papel de regulación y de hecho, el ejercicio de un poder en el seno mismo de la burguesía.
Cada vez más planificador y centralizador, el Estado va interveniendo cada día de manera más visible en todos los órdenes de la producción, lo que nos lleva a afirmar que hoy más que nunca el capitalismo y el Estado están confundidos y que la lucha contra uno es inseparable de la lucha contra el otro. Este doble combate contra el capitalismo y el Estado reúne en un mismo movimiento histórico a los proletarios del mundo entero, porque las oposiciones entre los Estados con pretensiones socialistas y los Estados occidentales no son más que mascaradas, si se tienen en cuenta las buenas relaciones que existen a menudo entre ellos, para perpetuar el sistema de explotación de los pueblos.
En relación con el desarrollo del problema de la electrónica podemos ver que, por una parte el Estado ejerce el monopolio de la formación intelectual de los técnicos, y por otra ese mismo Estado está compuesto por hombres que poseen y ejercen el poder. Lo que nos permite apreciar el formidable desarrollo de la potencia del Estado. Aunque ganan mucho dinero, sólo se reúnen una vez cada año para discutir la gestión de una empresa que desconocen por completo, y para renovar su confianza, puramente interesada, en el equipo dirigente.

El verdadero poder

La asfixia del capitalismo tradicionalmente liberal y la dominación del mundo occidental por el Estado capitalista queda perfectamente ilustrada con la disminución de la importancia del dinero en la estructura social. Con el desarrollo enorme de los cheques para el pago de los sueldos y de las mercancías, el Estado reconoce implícitamente lo que ya sabíamos desde años: el verdadero poder está en la producción de mercancías y no en la posesión pasiva del oro o de cualquier otro valor muerto. El cheque que, no es sino un bono equivalente a una cierta cantidad de bienes de consumo, pone en evidencia al capitalismo en estado de bancarrota permanente, ya que no dispone de la equivalencia monetaria de los valores bancarios que pone en circulación. Sin embargo, este sistema le permite ejercer un control estricto de las posibilidades mercantiles de cada uno y preservarse de las fluctuaciones del patrón monetario, eliminando así una de las principales contradicciones propias. El revés de la moneda es que el proletariado, productor de todos los bienes, ve confirmada por sus propios enemigos la potencia del conjunto de los productores de las riquezas sociales.

Dependencia de la tecnocracia frente al capitalismo y al Estado

Teniendo en cuenta que el poder equivale para una empresa a la producción de una cierta cantidad de mercancía, ésta se obliga a producir de una manera desenfrenada. Si, durante algunos decenios (de hecho durante un siglo entero) la producción del capitalismo -teniendo como motivación el provecho- tendía a cubrir necesidades efectivas del conjunto de la población, hoy -cuando todavía podemos considerar que el pueblo está en estado de subdesarrollo permanente- la producción ha dejado de tener un carácter utilitario. La democracia estudia qué producto daría el margen máximo de beneficios en función de las posibilidades de su empresa y después, sin preocuparse de saber si este producto es útil o no, se empuja a través de la publicidad al público a comprarlo.
La competencia entre empresas consiste en encontrar de qué manera la gente consumirá lo que producen. Esto nos confirma cómo la clase dominante impone sus opiniones al pueblo.

Producción de la ideología dominante

El Estado, según Marx, tiene por función esencial la representación simbólica e ilusoria del interés general. Pero no siempre, a través de la historia, ha tenido la potencia de que dispone hoy, aunque la creación de ilusiones acompañe siempre al poder.
Estas ilusiones corresponden, en el terreno ideológico, a los órganos represivos de los que pueden disponer las clases dominantes. Cada categoría de ilusión o de ficción pertenece propiamente a una clase dominante de tal forma que su caída implica la caída de la ilusión que la caracteriza.
La religión, ilusión propia de las sociedades feudales, era el cemento que ligaba los siervos a la nobleza. La resignación, virtud esencial de las religiones cristianas, impedía al siervo rebelarse contra el señor so pena de comprometer su ascensión al paraíso. La religión motivaba por otra parte, una estructura mental que situaba al señor en condición esencialmente diferente y superior a la del siervo.
La burguesía, tras de haberse apoderado del Estado y haber instalado su poder de hecho en la posesión de la totalidad de los medios de producción, ha intentado destruir la ficción religiosa o por lo menos reducirla a un papel subalterno. Era inconcebible que la burguesía, habiendo liquidado el poder monárquico en todos sus aspectos, dejase subsistir la preeminencia de la ideología que le acompañaba. Por esta misma razón intentó simultáneamente limitar la influencia de la religión e imponer la nueva forma de ilusión que le es propia: la ilusión política.
Pero, en este doble movimiento, siempre hay un cabo difícil de franquear, cuando la ideología anterior ha muerto y la nueva es poco segura. Se notará con interés que la primera época revolucionaria (Comuna de París, acontecimientos de 1.917 en Rusia) se sitúa en este lapso de vacío ideológico y que precisamente la contrarrevolución cogió la forma de ofensiva social-demócrata. Sin embargo, debemos notar que la ficción política no tiene las mismas cualidades que las diversas religiones, ya que en estos últimos años hemos asistido al desgaste progresivo de la política. La oleada de insatisfacción general que se va concretando en los hechos, acompañada por la defección hacia el electoralismo, la irrupción de la acción directa en la lucha de clases, son toques de atención para la burguesía y el Estado.
Al margen de las posibilidades que se abren en el terreno de la producción material, la electrónica ha permitido la implantación de un sistema de difusión de ideologías totalmente nuevo. Elemento central de la difusión de la ideología estatal, la televisión ha relevado a todas las ideologías del pasado ya que permite imponer fragmentos ideológicos en cualquier lugar instantáneamente. La televisión ha conseguido destruir completamente todas las formas de agrupaciones humanas, hasta la más antigua: la familia.
Cada individuo establece relaciones unilaterales con el Estado a través de su televisor. El Estado dispone en cada familia de un propagandista eminente que distrae el espíritu combativo de los pueblos con las ficciones políticas que transmite y la invención de polos de interés con la publicidad. El hombre moderno corre el riesgo en breve plazo de transformarse en una máquina atontada con las mentiras de los políticos y perpetuamente buscando un objeto inútil que comprar.
La burguesía, que nunca tuvo una ideología suficientemente fuerte para resistir a la presión de los hechos, ha tenido la suerte de encontrar una fuerza técnica que le permite imponer fragmentos ideológicos suficientes aunque insignificantes, al mismo tiempo que le da posibilidades, a través de la publicidad, de ocultar su máxima contradicción: la producción de objetos inútiles. La burguesía compensa la debilidad de su ideología con la fuerza de su medio de transmisión.
Creer, como lo han creído y siguen creyendo los marxistas ortodoxos, que el capitalismo morirá asfixiado bajo el peso de sus propias contradicciones, es un error en el cual no debemos caer. El capitalismo, basándose en el fantástico desarrollo de los medios técnicos, va resolviendo sus propias contradicciones o por lo menos las va ocultando tras la aceleración de la producción de bienes de consumo y de mercancías ideológicas. Si el movimiento revolucionario comprende que la fuerza del capitalismo moderno reside en el desarrollo de la electrónica y de sus aplicaciones en el terreno de las riquezas y de la ilusión ideológica, si sabe desviar la totalidad de estos medios técnicos para utilizarlos en provecho, no ya de una clase particular, sino de la totalidad del pueblo, se le abren perspectivas ilimitadas ya que el desarrollo técnico tal vez sea el argumento definitivo que pueda asegurar el triunfo revolucionario. La electrónica permitirá y favorecerá a una sociedad revolucionaria la realización de las ideologías "utópicas" que soñaron los revolucionarios del pasado.

A modo de conclusión

Hoy como ayer, la utilización particular de los logros científicos y tecnológicos por la organización de la clase burguesa y estatal ha dado, como resultado concreto y contrario a los objetivos humanos, una dependencia permanente y cada vez más estrecha del hombre a la máquina, del individuo atado a las técnicas determinantes y absolutas del sistema social.
La revolución social anarquista, en concordancia con los objetivos humanos que la guían, entiende y propugna que el progreso de las técnicas deberá colocarse al servicio del hombre y que aumentando las posibilidades de producción de riquezas necesarias, le liberará progresivamente de parte de las obligaciones, para permitirle relacionarse mejor con sus semejantes, aumentando a la vez su independencia en tanto que individuo.
Para ello es fundamental que la revolución revista las características que el anarquismo mantiene en sus principios, suprimiendo -con la eliminación del capital y de la coacción represiva del Estado- la ley del provecho financiero, palanca motora de la sociedad moderna.

(Carrara, 1978) Subir


PERSPECTIVAS DE TRANSFORMACION SOCIAL Y LUCHA ANARQUISTA

Para la Internacional de Federaciones Anarquistas la realidad social actual, en el Este como en el Oeste, en el Norte como en el Sur, se estructura a la vez alrededor de la explotación del hombre por el hombre y de la opresión del hombre por el hombre.
Pensamos que un cambio social pasa de forma ineludible por un cambio económico y por consiguiente por la destrucción de la estructura económica del capitalismo. Pero pensamos igualmente que nuestra intervención en el terreno económico, en la fábrica, en la oficina, en el campo, debe integrar todas las luchas tendentes a cambiar la vida en un sentido libertario (antimilitarismo, luchas contra la opresión religiosa, ecología, luchas de las mujeres, luchas de liberación sexual...).
El combate de la I.F.A. se apresta a destruir las estructuras económicas, políticas, sociales, ideológicas... del capitalismo, a multiplicar las alternativas a este sistema en el plano económico, político, social... para que, una vez destruida la estructura económica del capitalismo, estas alternativas, que hoy no pueden resultar más que embrionarias, puedan abrazar la totalidad del campo social y estructurar la construcción del mundo nuevo que llevamos actualmente en nuestros corazones.

Antimilitarismo

La militarización no se reduce al sólo problema del ejército o de la guerra. Hoy, en el Este como en el Oeste, la militarización abarca la totalidad del espectro social (refuerzo de los cuerpos represivos, de las instituciones estatales, del autoritarismo, de la jerarquía... en la vida social).
Por ello estamos contra todos los ejércitos, contra todos los imperialismos - tanto los grandes (USA, URSS) como los pequeños (Europa, Sudeste asiático...).
Por ello no creemos en tratados de paz o de desarme establecidos entre los Estados.
Por ello, asimismo, creemos en la solidaridad internacionalista de los pueblos que se desembaracen del capitalismo y del Estado.
Por ello nuestro antimilitarismo se sitúa en el interior y en el exterior de los cuarteles.

Ecología y nucleares

El capitalismo, privado o estatal, no se contenta con explotar y oprimir a los hombres. Explota igualmente la naturaleza hasta destruir las condiciones mismas de la vida (aniquilación de los recursos naturales, poluciones de todas clases...).
Por ello oponemos a esta lógica un sistema donde la producción estaría basada en las necesidades reales de la gente. Este sistema, que excluiría el despilfarro energético, no tendría ninguna necesidad de energía nuclear.
Por ello oponemos a la lógica actual un sistema autogestionario basado en el federalismo. En efecto: un sistema autogestionario federal no tendría ninguna necesidad de una producción energética centralizada, en la que las nucleares son el ejemplo típico.

Ateísmo

Las religiones, confesionales y laicas, por su creencia absoluta en un ser supremo o en un paraíso futuro, son un obstáculo para el cambio de la realidad social actual. Siempre hay un contacto estrecho entre las religiones y el poder. Actualmente las ideas laicas están de capa caída y las religiones confesionales, por medio de un vistoso aparato externo, aprovechan para captar a una nueva juventud.
Por ello rechazamos todas las religiones y combatimos las estructuras de alienación que ellas vehiculan.

Educación

La escuela, privada o estatal, tiene como objetivo, en tanto que institución, el mantenimiento y consolidación de la estructura social dominante. Lo realiza con la imagen de una educación muy determinada que considera al individuo y al niño como una esponja.
La escuela produce una ideología; su función es permitir al niño insertarse en el sistema existente.
El objetivo final de la educación actual no es ayudar al individuo a ser feliz, sino hacerle aceptar la explotación y la opresión que sufre. Los anarquistas han creado, desde hace mucho tiempo, espacios de autogestión del saber, de desenvolvimiento autónomo del niño, de permisividad sexual...
Estas experiencias de educación libertaria permiten al niño expansionarse libremente y desarrollar la autogestión de su propia vida, no han querido ser jamás "islas de libertad" en un océano de opresión. Todas se han producido en relación estrecha con los momentos de lucha contra el capital, el Estado, la Iglesia, etc. No son utopías, sino elementos de un enfrentamiento social e instantes de madurez de la humanidad en marcha hacia su emancipación.

Opresión sexual

La sociedad capitalista (en el Este como en el Oeste) es una institución patriarcal, dominada por los valores del machismo (opresión de la mujer por el hombre, asimilación de comportamientos no conformes con las normas del machismo como desviaciones: homosexualidad...). El poder (Estado, religión, etc.) produce y explota esta situación que le permite dividir a los explotados y oprimidos.
La I.F.A., que está por la libertad y la igualdad entre todos los individuos, rechaza y combate toda discriminación y opresión sexual.
Por ello, estamos por la abolición de la familia patriarcal en tanto que institución y por la reconstrucción de relaciones humanas basadas en el libre acuerdo.
Por ello la I.F.A. denuncia y se opone a todas las violencias sexuales hachas contra las mujeres. La I.F.A. lucha para que las mujeres en el mundo entero puedan disponer libremente de su cuerpo (contracepción e interrupción voluntaria del embarazo libre y gratuitamente) y de su porvenir (igualdad económica y social).

Racismo

El capitalismo, privado o estatal, coloca siempre los problemas de las diferencias entre los individuos en términos de desigualdad. Y esto con el fin de dividir a los explotados y oprimidos. Actualmente, y no por casualidad pues la crisis económica se muerde la cola, el racismo encuentra un nuevo vigor. La I.F.A. afirma que el racismo no es más que una consecuencia de la división de la sociedad en clases.
Por ello combate todos los racismos y proclama que, por encima de las diferencias que pudieren existir entre los seres humanos, todos son iguales.

Antiestatismo y federalismo

El sistema capitalista, ya sea privado o estatal, es una fórmula por la que se explota y oprime a la mayoría. La institución estatal es uno de los métodos que le permiten reprimir a los explotados y oprimidos y, de esa manera, perpetuarse. La institución estatal es a la vez causa y efecto de la división social.
Por ello la I.F.A. quiere destruir el capitalismo y el Estado por medio de la acción directa, de la autogestión de las luchas, del antiparlamentarismo, de la insurrección, etc. Lucha en favor de un sistema social federal basado en la libre relación de los individuos y los grupos sociales: el comunismo libertario.

(París,1986) Subir


POSICION DE LOS ANARQUISTAS SOBRE
EL MOVIMIENTO OBRERO

La I.F.A. constata que el movimiento obrero organizado juega un papel preponderante en el desenvolvimiento, y no solamente bajo el aspecto de las reivindicaciones inmediatas, sino también para crear en el seno mismo de la sociedad capitalista, lo que mañana serán las formas revolucionarias de la sociedad futura.
Fueron los sindicatos, en España y otros países que han atravesado periodos revolucionarios, los instrumentos más adecuados para la reconstrucción social.
Los hechos históricos muestran que aún cuando el sindicalismo se limite a una función puramente defensiva de los intereses de la clase obrera, éste se enfrenta con el capitalismo y con el Estado, y se ve obligado a hacer frente a situaciones revolucionarias.
Debemos también señalar la situación de una buena parte del movimiento obrero caído en numerosos países en el reformismo que, de hecho, ha convertido a los sindicatos en instrumentos del Estado y del capitalismo privado o estatal. Señalamos, para ilustrar esta comprobación, lo que son algunos sindicatos en los países del Este, en los Estados Unidos, en las diversas repúblicas de América Latina y en otros países. A esto debemos añadir la dependencia en que se encuentran numerosas centrales sindicales, dirigidas y dominadas unas por los partidos políticos, otras por la Iglesia.
La I.F.A. declara que los anarquistas no han jugado nunca en las organizaciones sindicales un papel director o de mando, ni siquiera en los países en que ellos consiguieron crear organizaciones o sindicatos anarcosindicalistas. Los anarquistas trabajan como obreros manuales o intelectuales en el seno de los sindicatos, e intentan convencer a los trabajadores por la propaganda y por el ejemplo, orientándoles en el sentido revolucionario, mostrándoles el camino a seguir para llegar a la emancipación integral, respetando siempre la plena independencia de las organizaciones.
En este sentido es preciso reconocer la obra realizada por las organizaciones sindicales en España, en Bulgaria, en Italia, en Argentina, en Francia (no debemos olvidar que la CGT fue fundada por los sindicalistas revolucionarios), y en otros países, antes la Primera Guerra Mundial. La AIT, continuadora de la Primera Internacional, aunque aminorada por la destrucción de alguna de sus secciones por el fascismo y el autoritarismo, continuó defendiendo los principios y las tácticas de la Primera Internacional, siendo la sola organización de carácter sindical internacional que haya escapado a las desviaciones reformistas o totalitarias.
La I.F.A. emplaza a sus federaciones adherentes a participar en las luchas obreras bajo todas las formas correspondientes a la realidad de cada país. Esta participación no podrá naturalmente desenvolverse más que sobre la base de los principios generales del anarquismo, es decir, acción directa, federalismo y finalidad de revolución social libertaria.
Partiendo del principio de acción directa, entendiendo por tal la solución de los conflictos entre el capital y el trabajo tratando directamente patronos y obreros, prescindiendo de la mediación de cualquier burocracia o autoridad. La I.F.A. aconseja que los compañeros de las diferentes federaciones no realicen trabajos de gestión o burocráticos remunerados en el seno de los sindicatos.
A partir de las situaciones en que cada sección de la I.F.A. se desenvuelva, ésta acción podrá ser de las siguientes formas:
- Acción en los sindicatos anarcosindicalistas miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores, AIT.
- Acción no burocrática en otras organizaciones sindicales con objeto de desarrollar concepciones anarcosindicalistas.
- Acción en los comités de lucha, consejos obreros u organizaciones de parados y de trabajadores precarios, con objeto de crear un movimiento autónomo autogestionario.
Las federaciones de la I.F.A. no perderán de vista la necesaria solidaridad en consideración a los compañeros de otras secciones de la I.F.A. en las luchas obreras que impulsen.
Las federaciones de la I.F.A. se comprometen a sostener con su solidaridad a las secciones de la AIT y a los movimientos sociales que puedan surgir, siempre que éstos desarrollen una actuación anarquista en las luchas obreras.
La I.F.A. constata, a través de los hechos, que cuando las masas laboriosas están reunidas en organizaciones sindicales independientes y con finalidad revolucionaria, y que también, cuando los anarquistas puedan apoyarse en la acción obrera e impulsando otros movimientos sociales, será posible transformar la condición social de los trabajadores y de todos los seres humanos en general.


(Valencia, 1990) Subir

ASPECTOS DE LA DOMINACION
Y LA EXPLOTACION MUNDIALES

La mundialización del capitalismo y la puesta en marcha de organizaciones estatistas supranacionales (F.M.I., Banco Mundial, etc.) no se han producido para satisfacer las necesidades de la humanidad. No están concebidas ni estructuradas para ser controladas por la población mundial.
En el plano económico, este sistema está sostenido por un número cada vez más restringido de empresas que constituyen oligopolios: las multinacionales. Estas orientan y rigen el sistema económico mundial, evidentemente para obtener el máximo de beneficios.
Para lograrlo se apoyan en la capacidad de control social, militar, policial y religioso de los Estados y en el control ideológico ejercido por los medios de comunicación. Estos controles garantizan de hecho la estabilidad política y, por tanto, la estabilidad económica.
La mundialización del capitalismo es el logro a escala mundial del movimiento secular de concentración de capital inherente a todo sistema de competencia. Hoy asistimos a un crecimiento global de los intercambios comerciales y financieros en el planeta. No obstante, este crecimiento global permanece al menos en parte en el dominio de lo virtual, concerniendo únicamente a los títulos de propiedad financieros (obligaciones y acciones) y a la moneda.
Se constata en efecto una cierta desconexión entre, por una parte, los intercambios financieros organizados a escala planetaria y, por otra, los intercambios comerciales y un sistema productivo más o menos estructurado a escala continental. Esto revela las tensiones de competencia que existen a escala planetaria por el control de la producción y los intercambios. Por otra parte, esta economía de "casino" nos hace pasar de un capitalismo con crisis de producción más o menos cíclicas a un capitalismo de crisis permanente.
Lejos de desembocar en un sistema monolítico, en la constitución de algunas superempresas fordistas, este movimiento se ha dotado de una estructura extremadamente flexible y móvil. El aumento del poder de los holdings va parejo con un desarrollo de las pequeñas y medianas empresas. Esto no significa que se esté asistiendo a la puesta en marcha de una economía a dos niveles. Desde la más pequeña de las empresas hasta el holding más poderoso, existen vínculos, pero, como debe ser en el sistema capitalista, esos vínculos son las relaciones de dominación y explotación.
El sistema económico actual es un sistema de explotación en cascada. Este mecanismo no es nuevo. Ya había sido puesto de relieve por Elisée Reclus a finales del siglo XIX a propósito de la explotación colonial de los indios por los capitalistas británicos a través de los marajás hindúes. De hecho el sistema capitalista se basa en una jerarquización de los estatus sociales y los ingresos.
La mundialización del capitalismo no reduce en absoluto las diferencias entre zonas geográficas ni entre clases sociales. Lejos de unificar el planeta y la sociedad en una mítica sociedad de consumo y una hipotética clase media, la mundialización del capitalismo genera de hecho una fragmentación sin precedentes entre espacios geográficos y clases. Acentúa las desigualdades económicas y sociales, incrementa el número de proletarios y los empobrece cada vez más.
En resumen, la mundialización del capitalismo genera un sistema de explotación complejo, generalizado en el conjunto del planeta, basado en relaciones de clases y de poder, oponiendo el proletariado (los que sólo tienen su fuerza de trabajo) a la burguesía (los que poseen y controlan los medios de producción y de intercambio), pero también enfrenta a los proletarios entre ellos y a las diferentes facciones de la burguesía entre sí.
Sin duda, la burguesía de la triada (América del Norte, Europa Occidental y Asia del Sudeste) domina actualmente el sistema capitalista mundial. Explota al conjunto del planeta en función de los beneficios que pueda obtener de él. No obstante, para lograrlo, no están solos en el mundo. Se apoyan en una red espesa de burguesías locales presentes en todos los países, tanto los de la triada como los demás.
Esta jerarquía global no está determinada del todo. Las relaciones de fuerza que existen en el seno de los diferentes estratos de la burguesía no están fijadas para siempre. Las nuevas burguesías pueden surgir tanto a nivel local como a escala internacional. En este último caso, se incorporan simplemente a las oligarquías existentes, se convierten por un tiempo en las nuevas dominadoras del mundo.
En definitiva, en lo que concierne a la situación mundial, pensamos que es muy importante subrayar los siguientes puntos:

1.- La competencia económica mundial y la reducción de los márgenes de maniobra de las empresas se acentúan paralelamente provocando el deterioro de las condiciones de vida de las clases sociales proletarias, pobres o marginadas por todo el mundo. La desigualdad social aumenta, incluidos los países llamados desarrollados.
En la situación actual, el mantenimiento del sistema capitalista depende cada vez más del consumo de la mercancía bélica, de las guerras y siempre las guerras. A pesar de las instancias supranacionales (Unión Europea, A.L.E.A.N., A.S.E.A.N., etc.), el desarrollo de la ideología y las políticas nacionalistas, militaristas y racistas es una necesidad vital del sistema capitalista en su época actual para dividir y crear rivalidades en el proletariado del planeta.

2.- La situación de dependencia en la que se encuentran todas las regiones del planeta frente al mercado capitalista mundial y el nivel de centralización alcanzado por la economía capitalista han transformado el nacionalismo "revolucionario" tercermundista en un simple instrumento de las luchas interimperialistas.

3.- En este periodo de totalitarismo democrático-mercantil, se asiste a una deriva completa de las diferentes corrientes del "socialismo" autoritario o estatista (la derecha y la izquierda se confunden y son intercambiables) y a la transformación de los sindicatos burocrático-reformistas en instrumentos de aplicación de los planes represivos de los gobernantes y los capitalistas. Es decir, en instrumentos de la contrarrevolución.
Los sindicatos reformistas, retomando en esto papel ancestral de las religiones, vienen a gestionar ellos solos o con estas últimas la asistencia pública social, es decir, una parte del control social.
Debemos hacer una crítica radical, rechazando el modelo sindical impuesto por los Estados, basándonos en una propaganda que los denuncie constantemente.
Debemos defender un modelo sindical diferente, basado en las asambleas generales de los trabajadores, en la acción directa y la solidaridad, así como en el apoyo a las diferentes iniciativas que puedan aparecer con vistas a crear organizaciones anarcosindicalistas por el mundo.
En este período, el capitalismo recupera todas las luchas sectoriales, transformándolas en simples piezas de teatro políticas o politico-"revolucionarias".

4.- Particularmente en los países de la periferia del capitalismo mundial, la democracia representativa y el reformismo son, en el periodo actual, medios decisivos para impedir la eclosión y el desarrollo de la guerra social de los explotados y los oprimidos contra los explotadores y los opresores. La democracia y el reformismo son las dos grandes armas ideológico-políticas de los centros dirigentes del capitalismo mundial.

5.- En el marco actual del capitalismo, los problemas ecológicos, sin duda muy graves, tienen aún tendencia a agravarse más. Sin embargo, los proletarios no pueden ser considerados responsables del deterioro del medio ambiente. La responsabilidad es de todos los que gestionan el sistema económico: los capitalistas.

6.- La organización de la violencia contrarrevolucionaria constituye uno de los objetivos prioritarios del conjunto de los gobiernos totalitarios, fascistas o democráticos, de izquierda o de derecha, en el periodo actual.

7.- Los problemas económicos y sociales de las clases pobres y proletarias, así como el conjunto de las consecuencias de la guerra económica entre capitalistas, constituyen la base sobre la que puede fundarse una guerra social, oponiendo directamente a los pobres y a los gobernados a las clases gobernantes y explotadoras. Eso nos conducirá a la revolución mundial anarquista.
El combate de ideas es indispensable para unir a los proletarios contra la burguesía, pero no basta por sí solo. Debemos también favorecer la formación de organizaciones de lucha múltiples y plurales. No obstante, no puede tratarse de un esfuerzo único que pretenda construir un solo tipo de organización. Debemos favorecer la creación y el desarrollo de un conjunto coherente de estructuras específicamente anarquistas, pero también sindicales, territoriales (comités de barrio y de municipio) y de los diversos sectores de lucha (organización de mujeres, de jóvenes, antimilitarista, anticlerical y antirreligioso, etc.), respondiendo a las diferentes preocupaciones del proletariado.
Al igual que la lucha sindical no debe conducir al reformismo sindical, está claro que las luchas ecologistas y territoriales (especialmente municipales) no deben en ningún caso confundirse con la simple lucha medioambiental o con la participación en elecciones locales, a las que nos oponemos como quiera que sean.

(Lyón, 1997) Subir

PACTO ASOCIATIVO DE LA INTERNACIONAL
DE FEDERACIONES ANARQUISTAS

La I.F.A. es una organización internacional de federaciones anarquistas que se vincula, por su pacto asociativo y su acción, en los principios de la Primera Internacional anarquista, constituida en Saint-Imier en 1872.
La I.F.A. lucha por:
- Abolir toda forma de autoridad, cualquiera que sea, económica, política, social, religiosa, cultural, sexual, etc.
- Construir una sociedad libre, sin clases ni Estados ni fronteras, fundada sobre la base del federalismo libertario, la ayuda mutua y la solidaridad.
La acción de la I.F.A. se basará siempre, tanto en la teoría como en la práctica, en la acción directa contra el parlamentarismo y el reformismo.
Las federaciones adherentes a la I.F.A. se comprometen a desarrollar entre ellas la solidaridad más eficaz en todos los campos, a apoyar y coordinar todas las iniciativas, a suministrar una ayuda regular y constante a la I.F..A. y a su secretariado, a desarrollar, a escala mundial, la acción anarquista. Cada federación es autónoma en su desenvolvimiento y en el desarrollo de la propaganda.
Para adherirse a la I.F.A. una federación debe:
- Identificarse con el pacto asociativo y la acción definidos en sus congresos.
- Presentar su petición al secretariado de la I.F.A., que se encarga de comunicarlo a todas las secciones. A falta de oposición por parte de las federaciones adherentes, formulada en el espacio de seis meses, la adhesión es efectiva inmediatamente. Deberá ser ratificada, por unanimidad, en el congreso siguiente. En caso de oposición, sólo el congreso puede re-examinar la petición de adhesión. La condición de sección de la I.F.A. implica el pago de una cotización, cuyo importe será determinado en congreso.
La I.F.A. desea la existencia de una sola federación por país, pero no reconociendo la geografía política, impuesta por los Estados, acepta la formación de otras federaciones en un mismo territorio, siempre y cuando la federación ya adherente no formule oposición.
La I.F.A. acepta la adhesión de federaciones plurinacionales que entienden, de esta forma, desarrollar en el interior de un área geográfica o lingüística contigua, la práctica del internacionalismo anarquista.
En caso de constatación por el secretariado de falta de actividad durable y confirmada por parte de una federación adherente a la I.F.A., éste se encarga de comunicarlos a todos los miembros de la I.F.A. En ausencia de oposición por parte de las federaciones adherentes, formulada en el espacio de seis meses, la baja será considerada efectiva; deberá ser ratificada, por unanimidad, en el congreso siguiente. En caso de oposición, sólo el congreso puede re-examinar esta baja.
En el caso de una vuelta a la actividad que fuese constatada, esta federación puede volver a proponer su adhesión a la I.F.A. conforme al pacto asociativo.
Ante la inexistencia de organización federada de ámbito nacional, pueden adherir a la I.F.A. también grupos que se comprometen, en el área del territorio de referencia, a crear federaciones. Esta adhesión no puede ser más que provisional. Las federaciones de la I.F.A. se reservan el derecho de reconsiderar esta adhesión en el marco de su congreso, si el grupo en cuestión no ha llegado aún a constituir una federación. En caso contrario, la nueva federación deberá hacer su petición de adhesión a la I.F.A.
La I.F.A. mantiene lazos cordiales con el conjunto del movimiento libertario mundial en su lucha contra todas las formas y estructuras de dominación (cambio de información, solidaridad, etc.) y puede invitar a delegaciones para asistir a sus trabajos.
La I.F.A. se reúne en congreso por lo menos cada tres años; el congreso decide las orientaciones y los ejes de acción de la I.F.A. por unanimidad. Un año antes de su celebración, una reunión conjunta del secretariado con los delegados encargados de relaciones internacionales de las diferentes federaciones, define el orden del día, la fecha y el lugar del congreso de la I.F.A.
El congreso delibera bajo las iniciativas propuestas por la organización y confía, por unanimidad, el secretariado de la I.F.A., encargado de la aplicación de los mandados del congreso, a una federación adherida que nombrará sus miembros. El secretariado, además, tiene por tarea mantener los contactos con los encargados de relaciones internacionales en sus diferentes federaciones adheridas, que se reúnen, conjuntamente o por áreas geográficas, por lo menos cada seis meses.
El secretariado representa a la I.F.A. y tiene la tarea de trabajar a la vez por su difusión y por su desenvolvimiento. Además:
- Estimula los contactos y el debate interno en la I.F.A.
- Indica los casos en que es necesario desarrollar la ayuda mutua y solidaridad internacionales.
- Edita el boletín internacional con referencias para la correspondencia y el debate interno de la organización.
- Se ocupa de la edición de propaganda referida a las resoluciones y la acción de la I.F.A.
- Percibe y administra las cotizaciones que las federaciones pagan regularmente para el mantenimiento de la actividad de la I.F.A.
- Informa de sus actividades y de su gestión.
El secretariado presenta su dimisión en los congresos.
El no el respeto de los compromisos materiales y éticos que preceden constituye una puesta en causa efectiva de la adhesión a la I.F.A., que será ratificada en el congreso siguiente.
Toda proposición de modificación del presente pacto asociativo debe ponerse en conocimiento de todas las federaciones adherentes por lo menos un año antes del congreso que deberá examinarlas.

(Valencia, 1990) Subir


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- Introducción

- Bases ideológicas del anarquismo social, organizador y revolucionario

- El anarquismo y el marxismo ante la prueba de la experiencia revolucionaria del siglo XX

- Perspectiva para una revolución social de inspiración anarquista

- Actitud de la I.F.A. frente al terrorismo, a las diferentes formas de violencia, al "marginalismo" y a las manifestaciones "revolucionarias" folklóricas.

- La organización de la economía en una sociedad anarquista o durante la etapa de transición revolucionaria hacia la anarquía

- Dinámica tecnocientifíca de la producción en el plano económico y social (papel de las multinacionales), en relación con la lucha contra el capitalismo y el estado y la solidaridad de los obreros en el mundo

- Perspectivas de transformación social y lucha anarquista

- Posición de los anarquistas sobre el movimiento obrero

- Aspectos de la dominación y la explotación mundiales

- Pacto asociativo de la Internacional de Federaciones Anarquistas