SECCIONES

Hay sorpresas que dejan una marca en la memoria que poco a poco se van convirtiendo en un recuerdo indeleble. Así nos ocurrió el sábado 19 de abril; ha-bíamos sido invitados a presentar un libro, Villa Cisneros. Deportación y fuga de un grupo de antifascistas, en la isla de Fuer-teventura, isla alejada, periférica, ultrape-riférica, desconocida, ultradesconocida, una isla en donde la lucha histórica para sobrevivir dio lugar a formas imaginativas en donde el ser humano se adaptaba a sus
formas abrazadas, en donde un medio agreste dio lugar a una gente grande
de corazón, abierta a lo externo, no encerrada sobre sí misma,
ansiosa por conocer, por aprender.
Durante la charla pudimos comprobar que esta situación no es cosa del
pasado, que es muy actual, reuniéndose más de 20 personas para
escuchar lo que teníamos que decirles, a pesar de que la presentación
del libro se había organizado para las 12 de la mañana, hora
intempestiva, o eso pensábamos. Pudimos hablar, meditar, intercambiar
y compartir, enriqueciéndonos entre todos y todas, demostrando que
bastardas ideas que pretenden encumbrar a una élite intelectual por
encima del vulgo sólo son eso, bastardas ideas que no tienen sentido
cuando hablamos del ser humano, de la humanidad.
Fue una sorpresa comprobar las ansias de conocimiento entendido como compartir
experiencias y cómo un colectivo puede, imaginativamente, construir
espacios libres para personas libres. Fue una sorpresa encontrarnos con ese
espacio llamado Caligrama, librería-y-todo-lo-que-quieras-hacer-entre-sus-cuatro-paredes,
espacio abierto a la imaginación. Fue una sorpresa encontrarnos con
Carolina, con Carla, con Jesús, con todos y todas las que participan
de este espacio comunitario (perdonen si no recuerdo sus nombres), y que luchan
a brazo partido por demostrar una frase que para algunas personas es una novedad
pero que muchos siempre han tenido presente: el ser humano es maravilloso;
y es tan maravilloso que será capaz de mantener, contra la lógica
del Capital, este lugar. Esperemos que el aliento individual se convierta
en un huracán de solidaridad que empuje las velas de este navío
hacia ese mundo que todos y todas soñamos con los ojos bien abiertos,
demostrando que podemos cambiar sin necesidad de grandes revoluciones, simplemente
cambiando las personas.
Reciban los amigos y amigas que dejamos en Fuerteventura, un fuerte abrazo
de recuerdo y cariño.