SECCIONES
La incidencia anarquista en la historia venezolana ha sido menos marcada
que en otros lugares de Latinoamérica, donde se manifiesta vigorosamente
a través de luchas colectivas, publicaciones, personajes y debate de
ideas. Sin embargo, merece evocarse pues no ha dejado de tener influencia
en nuestra evolución social y cultural.
Del siglo XIX al primer tercio del XX, algunos intelectuales locales fueron
simpatizantes o lectores tolerantes del anarquismo, pero sin nada parecido
a un Flores Magón, Barret, Oiticica, González Prada u otros
de sus exponentes conocidos en el pensamiento continental. Los pocos que exploraron
la senda libertaria apenas dejaron referencia escrita y luego optaron por
el positivismo o el marxismo; sólo valdría mencionar a Pío
Tamayo, que en la cárcel instruyó a jóvenes luchadores
antigomecistas en el "socialismo de Bakunin y Marx", hasta poco
antes de morir en 1936. Considerando las luchas populares, historiadores de
la Guerra Federal (1859-1863) -la mayor conmoción social en Venezuela
entre la Independencia y la era petrolera- destacan la influencia que tuvieron
Proudhon y el socialismo francés en Ezequiel Zamora, el General del
Pueblo Soberano. El programa del federalismo zamorista es claro: "horror
a la oligarquía, libertad de hombres y tierras, igualación social",
expresando una intención radical que sólo se pudo detener con
su asesinato.
A comienzos del siglo XX, emigrantes anarcosindicalistas europeos contribuyeron
a que la organización obrera asomara pese al atraso económico,
social y cultural. Esos esfuerzos -formación de mutuales y gremios,
huelgas, propaganda, etc.- fueron algo más notorios al iniciarse la
industria petrolera, pero la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935)
persiguió con saña toda actividad sindical, impidiéndole
desarrollarse como en otras latitudes. Los escasos y acosados militantes sociales
dentro del país intentaban con muchas dificultades hacerse de un pensamiento
político, mientras la mayoría del exilio antigomecista era ajeno
a influencias radicales. Entre la minoría, el atractivo en expansión
del bolchevismo ruso resultó demasiado fuerte para que el anarquismo
ganase adeptos. Cuando esa fracción marxista regresó tras la
muerte del tirano, ocupó totalmente el campo de la izquierda, absorbiendo
al puñado de lectores y discípulos clandestinos del ideal libertario,
que estuvieron incluso entre los fundadores del Partido Comunista de Venezuela
(1936) y Acción Democrática (1941), partidos que controlaron
el proceso de organización política de masas en el período
posterior. Adicionalmente, la represión anti-anarquista tenía
rango constitucional y se instrumentó en la llamada "Ley Lara",
vigente entre 1936 y 1945.
En los años 40 y 50 llegaron muchos exilados anarquistas ibéricos,
que afrontaron no sólo el peso de la derrota en la Guerra Civil española,
sino un medio adoptivo donde sus ideas eran vistas como extrañas. La
perentoria necesidad de subsistir y tener que adecuarse al ambiente de cerril
autoritarismo fueron obstáculos adicionales para dificultar la organización
de potenciales simpatizantes criollos; sin embargo, se hicieron esfuerzos
palpables, particularmente tras 1958 al finalizar 10 años de dictadura
militar, cuando se estableció la Federación Obrera Regional
Venezolana (FORVE) -afiliada a la Asociación Internacional de los Trabajadores
(AIT-IWA), agrupación mundial anarcosindicalista fundada en 1922-,
se formaron algunos grupos específicos, se editaron publicaciones periódicas,
folletos y libros, pero poco de esta actividad trascendió fuera de
los círculos más concieciados de emigrantes peninsulares.
La oleada de impugnación sociopolítica que se vivió mundialmente
a fines de los años 60 -especialmente el mayo francés de 1968
con su indudable raíz libertaria- también llegó al país.
Su huella fue evidente en la Renovación Universitaria que conmocionó
a las principales instituciones de Educación Superior entre 1968 y
1970, para mantenerse presente en movimientos estudiantiles y de cultura alternativa
posteriores. Sin embargo, salvo la menguante presencia de los veteranos españoles,
pasarán años para que existan agrupaciones que se identifiquen
con el ideal y la práctica anarquista, pues en los 70 el marxismo aún
se consideraba soporte ideológico insustituible de cualquier propuesta
revolucionaria en Venezuela.
Entre 1980 y 1995 emergieron intentos de organización cabalmente anarquistas
buscando conectarse con luchas y movimientos sociales, siendo el Colectivo
Autogestionario Libertario (CAL) el más visible. Se editaron El Libertario
-9 números entre 1985 y 1987, a cargo del CAL- y Correo A -28 números
entre 1987 y 1995-, periódicos que fueron referencia y punto de reunión
para algunos activistas, donde hubo quienes venían del marxismo, exiliados
ácratas latinoamericanos y, principalmente, jóvenes que llegaban
al anarquismo desde la escena punk. También se hizo notar la actividad
académica y divulgativa de Ángel Cappelletti, anarquista argentino
que laboró en Venezuela por 26 años. Pese a las dificultades
para hacer comprender e impulsar propuestas anarquistas de autogestión
y acción directa en un medio donde era casi absoluto su desconocimiento
o mala interpretación, poco a poco se despejaron caminos para llegar
a diversos ámbitos donde se expresaban iniciativas afines. Además,
ocurrió el estallido popular del 27de febrero de 1989, "El Caracazo",
que junto a otros eventos nacionales (en especial, la crisis del rentismo
petrolero y del modelo político establecido en 1958) e internacionales
(como el derrumbe de las burocracias del Este de Europa), abrieron espacios
para propagar el ideal libertario.
El esfuerzo por asociar anarquismo y luchas colectivas concretas se hizo más
patente al reaparecer El Libertario desde 1995, cuyo grupo responsable se
identificó hasta 2007 como Comisión de Relaciones Anarquistas
(CRA), para luego denominarse Colectivo
Editor de El Libertario. Es la publicación más perdurable en
la historia ácrata local, editando unos 5 números cada año,
con una difusión significativa al comparar con empeños semejantes
del país o del continente. Junto a ella, hay núcleos e iniciativas
anarquistas con áreas de intervención varias y ubicadas en diversas
regiones, destacando el funcionamiento de locales específicos (como
el CESL en Caracas, el CEA en Mérida y el Ateneo La Libertaria, primero
en Biscucuy y después en el área rural al suroeste de Lara),
la organización en enero de 2006 del Foro Social Alternativo en Caracas,
la actividad de la Cruz Negra Anarquista, la edición persistente de
variados materiales de divulgación, y el impulso dado a distintos eventos
de protesta social y agitación cultural. Este proceso ha debido superar
la prueba de la "revolución bolivariana", acaudillada por
Hugo Chávez, que para los anarquistas representa una tramoya demagógica,
corrupta, militarista e ineficiente ante la cual ha alucinado buena parte
del socialismo local y mundial, dificultando en mucho el desarrollo de movimientos
populares autónomos, línea de acción que promueve el
anarquismo venezolano.