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Hace escasamente un año en el debate público se argumentaba que la actual crisis económica era el resultado de la codicia sin límites del capitalismo, de la avaricia incontrolada de demasiados buitres carroñeros cuya única intención es enriquecerse a costa de los trabajadores y el pueblo, sin importarles el daño humano y social que provoca su afán de lucro… Muchos "medios de comunicación", casi todos los "tertulianos" de la tele y la radio, cualquier intelectual, economista o comentarista que se preciara, diferentes instituciones, partidos políticos, sindicatos, hasta el propio gobierno del Estado, hablaban de que se imponía un cambio de rumbo en el sistema económico, que esto no podía seguir así, que la economía no podía estar en manos de unos cuantos plutócratas y que las relaciones económicas deberían tener un contenido mucho más justo y social. Eso decían…
Y ¿en qué ha quedado todo lo que dijeron? En agua de borrajas.
Hoy día, por arte de birlibirloque, resulta que los mismos que hablaban de esa manera son los que aceptan tranquilamente que el Gobierno entregara gentilmente a los bancos y a las empresas cientos de miles de millones de euros (dinero público = dinero de todos); son los mismos que estiran el cuello diciendo que "lo que hay que acometer son reformas estructurales en la economía y en el mercado laboral"… La traducción de esas altisonantes palabras ya la conocemos: somos, una vez más, el pueblo trabajador los que tenemos que apretarnos el cinturón, ser sometidos y despedidos por las empresas, aceptar dócilmente una reforma laboral que nos recortará otros cuantos derechos laborales y sociales; todo en aras del desarrollo del capitalismo para que esos ricos y poderosos sigan forrándose a manos llenas a costa del resto de la población. En eso consiste el supuesto "derecho a la propiedad": aceptar resignadamente que siempre habrá gente que debe hacerse de oro robándonos legal o ilegalmente a los que poco o nada tenemos. Y, lamentablemente, buena parte del pueblo se ha creído esa mentira un millón de veces repetida.
Los "sindicatos" pactistas, que supuestamente están ahí para defendernos de estos atropellos, callan sumisamente (cuando no aplauden) a cambio de subvenciones multimillonarias y cientos de miles de liberados sindicales, que les son ofrecidos gustosamente por los empresarios y los gobiernos para que acepten con naturalidad este estado de cosas tan antinatural (en ello les va su propia existencia).
Nos recortarán derechos laborales, retrasarán la edad de nuestra merecida jubilación, nos despedirán más fácilmente aún, nos controlarán y explotarán todavía más: quieren que nos sometamos y aceptemos sin rechistar su orden y sus leyes. Nuevamente, otro gobierno del PSOE, apoyado por esos sindicatos amarillos, sella otra traición a los trabajadores y al pueblo… nos suena a historia conocida. La denominada "derecha" política junto con los banqueros y empresarios están felices: el sistema sigue como ellos desean que siga.
¿Qué podemos hacer ante todo este lamentable panorama?
Ante todo, defendernos con uñas y dientes de este ataque contra nuestra integridad y dignidad, desenmascarar a los tramposos y mentirosos, y exigir que todos los usurpadores (políticos, capitalistas y chupones diversos) devuelvan lo robado al pueblo. Y, al mismo tiempo, podemos y debemos empujar para que esta sociedad sea más justa y menos hipócrita. Cualquiera de nuestros actos -individuales o colectivos- es absolutamente válido en este sentido.
Para ello, los anarquistas consideramos que es fundamental la organización del mismo pueblo, de los oprimidos y los explotados: sin ella no conseguiremos absolutamente nada. Pero debemos organizarnos de una forma horizontal, sin líderes (que al final acaban por traicionarnos), donde todos seamos libres e iguales a la hora de decidir, teniendo el apoyo mutuo como mecanismo de solidaridad… Ya existen organizaciones con este carácter: en el plano sindical está la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que funciona sin liberados sindicales y no recibe subvenciones del Estado ni de las empresas; en la lucha social e ideológica existen los grupos anarquistas, así como todo tipo de organizaciones autogestionadas y de estructura no jerárquica.
Lo importante es no dejarse arrastrar por la resignación, la desidia y la derrota; dejar de ser como corderos que llevan al matadero sin remedio, y devolver golpe por golpe a todos los que sacan provecho y disfrute de nuestra opresión, de nuestra explotación y de nuestro engaño.

Grupo Tierra Subir

TIERRA Y LIBERTAD
ENERO DE 2010