SECCIONES

El pasado 2 de octubre se celebró el acto de elección de
la ciudad que organizará los Juegos Olímpicos de 2016 y, como
sabréis, Madrid estaba entre las candidatas. Y digo "como sabréis"
por que el acto no dejó indiferente a nadie. Todos los grandes medios
de comunicación enviaron a Copenhague a sus lectores de noticias
(antes conocidos como periodistas), ya que dicha ciudad albergaba el fastuoso
acto.
Hasta aquí todo normal pero yo, que soy una mente bastante inquieta,
empecé a mirar más allá de lo que los medios de comunicación
me querían contar.
Por un lado me pregunté por la naturaleza del Comité Olímpico
Internacional (COI). El COI, es un organismo que se regula mediante la "Carta
Olímpica", que tiene como principio rector "El respeto
para los principios éticos fundamentales universales". Curioso
esto, ya que me pregunto si la organizadora de los JJ
OO de 2008, Pekín, los cumplía. Más allá de
esto, los miembros del COI, son personajes tan populares y cercanos como Alberto
II de Mónaco (olímpico por la popular actividad monegasca de
bobsleigh), la princesa Ana de Inglaterra, Enrique de Luxemburgo, la infanta
Pilar de Borbón, Juan Antonio Samaranch (con un pasado abiertamente
falangista del que nunca ha renegado, ni lo hará, ya que se siente
orgulloso de ello), Borislav Stankovic (conocido en el mundo del baloncesto
por gobernar de manera fraudulenta la FIBA), y un largo etc. de antiguos deportistas
lucrados por el deporte de élite.
Este "democrático" comité ha estado siempre envuelto
en un halo de polémica relacionada con la corrupción de sus
miembros, que aceptaban sobornos por parte de las ciudades candidatas. Este
suceso tiene su punto culminante en 1999, cuando el propio organismo se ve
obligado a cambiar toda su estructura ante la avalancha de miembros corruptos.
Pero no nos creamos que la corrupción ha acabado, ya que ¿cómo
se explica que, tras la elección de Londres 2012, el propio Tony Blair
reuniera a todos los representantes del COI en su fiesta privada? Estaba en
deuda con ellos y se lo tenía que agradecer.
Dejando de lado (aunque veréis que es inevitable) la organización
del COI, me centraré ahora en la "gala" de elección
de Copenhage. Las cuatro ciudades candidatas, previamente, han recibido un
numeroso contingente de miembros del COI, a los cuales se les intenta agasajar
durante la visita, enseñándoles el estado de las infraestructuras
olímpicas. Es de entender que cada miembro con derecho a voto llegue
con una idea bien clara de su elección ya que, además, se les
facilitan dosieres con todo tipo de información. Habiéndoos
facilitados estos datos, os extrañarán los siguientes.
La ciudad de Madrid desplegó un amplio contingente humano (unos 299
españoles, 300 con la Reina, del mundo del deporte y de la farándula
que tanto nos gusta). Y digo yo, ¿para qué hace falta esto?
¿No tendrían que estar los miembros del COI totalmente informados
y convencidos de su ciudad favorita? No es raro pensar que ante tal presión
de "personalidades" (qué tendrá que ver Mariano Rajoy
con la elección) no todo esté decidido y aún haya algún
voto que comprar (perdón, convencer
a veces me falla el subconsciente).
En total, se estima que 31 millones de euros fueron invertidos en la fallida
candidatura ya que, como también sabréis a estas alturas, Madrid
no salió elegida, sino que fue Río de Janeiro.
El dato de la inversión económica me viene al pelo para introducir
mi siguiente aspecto de análisis y, por qué no decirlo, el más
crítico. Alrededor de un 70 por 100 de esta inversión fue realizada
por empresas privadas. Estas empresas tienen un gran interés en financiar
cualquier cosa que "huela" a olimpismo ya que eso se traduce en
beneficios
privados. Si una empresa como Sacyr (por poner un ejemplo)
"dona" una cuantiosa suma de dinero a la elección de Madrid
como sede olímpica, puede que reciba la concesión de la construcción
de alguna de las infraestructuras. El negocio es redondo. Los madrileños,
salvo que tengamos un hotel en el centro, un gran comercio o un destino turístico
en propiedad, no veremos ni un euro en concepto de beneficios. Eso sí,
disfrutaremos de unos espectáculos deportivos a unos precios seguro
desorbitados (ya que hay que amortizar la inversión que se ha hecho
con nuestros impuestos). Aunque una de los puntos positivos que podría
ver de unas olimpiadas en territorio chulapo podría ser la mejora de
ciertas infraestructuras de carácter colectivo aunque este aspecto
sería también matizable.
En tiempos de crisis (sea oficial o no, ya que para mí mientras exista
un ser humano muriéndose de hambre habrá crisis) es totalmente
irracional plantear un despilfarro de dinero público como este, además,
sabiendo de las contradicciones estructurales que alberga Madrid y que muchos
de nosotros sufrimos en mayor o menor medida (obras continuas, lamentable
proyección urbanística, falta de eventos culturales accesibles
al todos los públicos
).
Otra cuestión que me surge en torno a la fallida corazonada madrileña,
es cómo se reutilizarían las instalaciones que durante quince
días alberguen los diversos deportes. No creo que Madrid pueda ofrecer
una oferta económicamente aceptable para el uso de los numerosos espacios,
pudiendo quedar éstos deshabitados (como pasó en Barcelona y
en otras tantas ciudades) ante la falta de eventos o, simplemente, ante la
falta de utilización popular (reitero el tema de los elevados precios
en el alquiler de los espacios deportivos). La excusa de la reutilización
de los espacios en centros de alto rendimiento (para deportistas de élite)
tampoco me convence debido a las escasas partidas presupuestarias que para
estos menesteres se disponen (véase el ejemplo de los atletas becados
por el programa ADO, que malviven si no consiguen oros en eventos de carácter
mundial, cosa bastante compleja teniendo en cuenta el elevado nivel actual).
Por último, y antes de acabar, los movimientos sociales de Madrid,
aunque en general de toda España, hemos de estar avergonzados por la
nula respuesta crítica que ha tenido la posible elección de
Madrid 2016. En ningún momento, ningún colectivo u organización
ha levantado la voz en contra de lo que a todas luces es un claro caso de
especulación, malversación y amiguismo. Que sirva de "lección"
y que los compañeros zaragozanos se animen a plantar cara a la más
que posible candidatura de Zaragoza a albergar los JJ OO de invierno en 2020
(sí, no es broma, al Sr. Belloch se le ha ido la cabeza a otra dimensión).
Como conclusión, creo que hemos de preguntarnos hacia dónde
conduce el olimpismo en la actualidad y qué verdaderos fines se esconden
tras él. Atrás queda el positivo espíritu de sana competición
que los antiguos griegos tuvieron en épocas pretéritas. Quizás
el olimpismo se haya convertido en una máquina traga-recursos públicos
que cada vez ha de funcionar con más y más capital ya que las
ciudades pugnan por superarse unas a otras. Quizás otro olimpismo sea
posible, ¿no? Yo, personalmente, pienso, espero y deseo que así
sea.
NOVIEMBRE DE 2009