SECCIONES
Funerales
de Estado, amnesia y anarquismo
Respuesta a la declaración de la FAU
ante la muerte de Chávez
Fechada al día siguiente del deceso del presidente venezolano, se divulgó la declaración titulada "La muerte de Hugo Chávez. Su repercusión en América Latina y el mundo", publicada y mantenida (hasta el momento de escribir estas líneas) en lugar destacado de la página web de la Federación Anarquista Uruguaya - FAU, agrupación que firma como responsable de ese texto. Allí se proponen diversas consideraciones sobre la personalidad del fallecido, sobre su rol histórico en Venezuela y Latinoamérica, sobre el gobierno y el movimiento político que encabezó, y sobre el proceso político-social contemporáneo venezolano, apuntando a una valoración y a unas conclusiones ante las cuales nos ha parecido obligatorio expresar nuestra réplica, pues esa declaración, en base a estimaciones erradas y desinformadas sobre Chávez y Venezuela, apunta a un juicio positivo, no sólo ajeno a lo que desde el anarquismo cabría decir, sino además sugiriendo un curso de acción (el así llamado "apoyo crítico") ante esa clase de figuras y sus gobiernos que, según entendemos, desnaturaliza totalmente al ideal y la práctica ácrata, que por esa vía termina por convertirse en remedo del marxismo, especialmente en cuanto a limitaciones y fallas.
Tropezar con la misma piedra 50 años después
Se repite un recorrido similar al que en la década de 1960 llevó
al "apoyo crítico" brindado por la FAU al castrismo en Cuba,
que tuvo resultados tan negativos para la propia FAU, para el anarquismo latinoamericano
en general y para el anarquismo cubano en concreto. En ese entonces, y a decir
de Daniel Barret en "El movimiento anarquista uruguayo en los tiempos
de cólera", la Federación Anarquista Uruguaya, fundada
en 1956 y reconocida como expresión importante del movimiento socialista
libertario en esta parte del mundo, terminó convirtiéndose en
"la FAU sin puntitos", donde las definiciones anarquistas -al igual
que los puntos de las siglas- iban perdiéndose a fuerza de repetir
discursos, acciones y errores del marxismo latinoamericano en aquellos tiempos.
No es el caso escudriñar aquí lo que terminó significando
aquella postura de la FAU, pero para quien desee información y análisis
al respecto hay, además del ensayo mencionado, otro texto de Barret:
"Cuba y la revolución latinoamericana", en particular la
sección "Cuba, el socialismo y la libertad". También
se discute el tema en el libro "El anarquismo en Cuba" de Frank
Fernández; en "Los 'extravíos' teórico-ideológicos
del pensamiento ácrata contemporáneo", de Gustavo Rodríguez;
en el artículo de Nelson Méndez "Anarquismo en América
Latina: consideraciones en torno a su historia, rasgos y perspectivas";
y en el panfleto (en inglés, con varios autores) "The Federation
Anarquista Uruguaya (FAU): Crisis, Armed Struggle and Dictatorship".


Más adelante, en los años 80, cuando la organización uruguaya empieza a reconstruirse de la feroz represión bajo la dictadura militar, parecía que esas visiones ambiguas quedaban atrás; pero cuando llega el siglo XXI vemos como éste y otros grupos de sesgo plataformista/especifista en el anarquismo continental van a posicionarse con un extraño silencio y neutralidad frente a gobiernos "de izquierda antiimperialista" como la añeja dictadura cubana y la flamante "revolución bolivariana", aunque en el segundo caso y con el correr de los años la neutralidad ha dado paso a diversas expresiones de simpatía o hasta respaldo, algunas ensayando sin éxito a ser más matizadas, como en el documento de la FAU y en el que con similar prédica suscribe Manu García desde Chile, otras en adhesión apologética y delirante (véase la proclama de la Organización Comunista Libertaria de Chile). El resultado es que, a fin de cuentas, terminamos respirando un aire de familia deplorable entre enfoques suscritos por la FAU con medio siglo de diferencia, hoy sobre Venezuela y otrora ante Cuba, como si la historia y la experiencia valiesen para muy poco o nada.

Mito y discreción
desde la Banda Oriental
Es imprescindible reproducir letra por letra el primer párrafo de la
declaración de la FAU, dado que allí se recoge de un modo patente
la apreciación que sus redactores tienen sobre Chávez, su actuación
como gobernante y el legado que deja:
"Una fuerte conmoción se paseó por el mundo, había
muerto un gobernante y militante de características singulares. Bastante
controvertido, polémico y polemista, de afirmaciones políticas
vigorosas, creativo, incansable en su decir y proponer, de potente carisma.
Trajo a la escena social política el nombre de socialismo
cuando ya pocos o casi nadie, a nivel de gobiernos en una estructura capitalista,
hacía mención a tal nombre, mucho menos después de la
caída del llamado socialismo real. Con Marx y Dios en su boca lanzó
un original socialismo del siglo XXI. Todavía se discute qué
contenido tiene tal concepto. Estaba entonces, como sigue estando, en el trono
de la infamia el modelo neoliberal. Su hacer político lo marcó
con sello muy personal. Gobernante paternalista, personalista, autoritario
fueron las definiciones más frecuentes que se usaron para su accionar.
Creó mística y esperanza en gran parte de su pueblo y también
en parte de otros pueblos de América Latina. Con energía gritó
fuerte, con ciertas contradicciones, su antimperialismo, acerca de la Patria
Grande latinoamericana, de la Independencia, sobre Poder Popular creado fundamentalmente
desde arriba. Tejió desde su gobierno, con bastante de su impronta,
relaciones políticas con varios gobiernos del mundo. Hizo efectiva
una política solidaria con países latinoamericanos e incluso
más allá de esta área: venta de petróleo en condiciones
ventajosas, y otras ayudas, a tren de ejemplo, para recuperación de
industrias que llevarían adelante obreros, como en nuestro país.
De la misma forma propuso y perseveró en la construcción de
nuevos organismos a nivel latinoamericano fundamentado que con ello se lograría
más independencia que traería mejorías importantes para
el nivel de vida del pueblo."
Ante esa descripción, nuestra reacción inicial fue de incredulidad.
¿Es de esperar, desde una agrupación que se reclame dentro del
anarquismo, parecida descripción indulgente del cabecilla de un Estado
capitalista, para más señas de profesión militar, que
siempre se presentó (por él mismo y por sus seguidores) como
una suerte de líder con sabiduría absoluta e intenciones por
definición positivas al que sólo cabía obedecer? Sin
duda hay allí algunas calificaciones críticas al personaje,
pero quien redacta es cuidadoso en no presentarlas como opinión de
la FAU, sino asignándose a voces indeterminadas pero que, se presume,
serían de maliciosos adversarios de Chávez. Pasa lo contrario
con la adjetivación positiva, que se tributa al difunto en extenso
y sin ninguna de las cautelas de redacción, disculpas de simpatizante
o recelos ideológicos que hay para anotar algo en su contra. Lo cierto
es que a cualquiera que lea ese párrafo le resulta claro el tono general
de alabanza y que para quienes lo suscriben Chávez tiene lugar asegurado
en el panteón revolucionario continental, pues habría sido un
magno paladín responsable de la resurrección del socialismo,
voz del antiimperialismo y rostro de las esperanzas latinoamericanas.
Desmenuzando el panegírico
Examinemos las afirmaciones en torno a las cuales el documento de la FAU traza
esa mirada laudatoria, contenidas en las palabras citadas y en otras partes
del texto, que desde nuestra visión son insostenibles y del todo refutables
al contrastarlas con hechos y procesos reales:
Comienza la FAU con una lista de lo que exaltan como "características
singulares" del personaje: una de ellas sería su condición
de "polemista", lo que ciertamente jamás vimos en Venezuela,
donde este incansable monologuista nunca aceptó participar en debates
frente a sus contendientes en elecciones presidenciales (una de sus excusas
se hizo con una frase recordada: "águila no caza moscas");
otro rasgo es la capacidad de "creativo", de la que nos ocuparemos
luego al describir el engendro más connotado del cual sería
autor: "el socialismo del siglo XXI".
Además, se dice de Chávez que "creó mística
y esperanza en gran parte de su pueblo". ¡Lo que fomentó
fue la demagogia, la ilusión mesiánica y el clientelismo sustentado
en el auge de la renta petrolera!, algo que por lo demás no es nuevo
en la historia nacional, pues ya en el pasado medios parecidos sustentaron
el respaldo popular que en la mayor parte del siglo XX recibió Acción
Democrática, el partido político cuyos caudillos más
significativos fueron Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez.
La diferencia con el chavismo es que se sustituyó el agotado discurso
del populismo socialdemócrata de A.D. por verborrea con tonos marxistoides
y "antiimperialistas", pero manteniendo tantas semejanzas respecto
al lenguaje del viejo partido, con las prácticas que le caracterizaron
en el ejercicio del poder, así como en las conductas personales de
sus dirigentes y muchos de sus militantes, que ya es lugar común en
Venezuela identificarlos como "adecos con boina roja", lo que no
es para nada un halago.
Hay una insistencia reiterada en el documento, condensada en la siguiente
frase para describir al Comandante-Presidente: "Con energía gritó
fuerte, con ciertas contradicciones, su antiimperialismo". Aparentemente
serían menores -y ni siquiera vale la pena describir esas "ciertas
contradicciones"-, pues para la FAU lo deslumbrante es el supuesto rugido
antiimperialista. Pero resulta que hay abrumadora evidencia en que la pirotecnia
verbal de Chávez fue sólo cobertura para disimular una vergonzosa
cesión del patrimonio del país al capital transnacional, que
es el mayor soporte y beneficiario de ese imperialismo contra el cual vociferó
tanto. Ejemplos sobran en el renglón de hidrocarburos, fundamental
en Venezuela: las empresas mixtas, donde el Estado -que tenía control
total de esos recursos desde 1976- cede a sus socios extranjeros la propiedad
de hasta un 40 por 100 en los yacimientos petroleros y 80 por 100 en gas;
el amoroso trato y excelente rendimiento económico del cual han disfrutado
corporaciones yankis como Chevron, Halliburton y Schlumberger; los acuerdos
que atan volúmenes crecientes de la futura producción venezolana
al pago de deudas contraídas con China en términos de usura;
o las enormes erogaciones con que la petrolera estatal PDVSA agracia a sus
competidores al comprarles crudo para sus refinerías del exterior y
gasolina para el mercado nacional.
Pero tampoco faltan las pruebas en otras áreas: los EE UU como principal
exportador e importador en el mercado venezolano; el negocio más que
redondo hecho por la banca especuladora transnacional con los títulos
de deuda emitidos por el gobierno chavista; la admisión de tratados
contra la doble tributación que son una delicia para el capital foráneo,
donde no sólo siguen vigentes 17 convenios internacionales que venían
del anterior gobierno de Caldera, sino que se han suscrito 19 tratados más;
la sumisa entrega de la prospección minera en todo el territorio venezolano
a la empresa china Citic Group; las macro-compras de armamentos a capitalistas
españoles y rusos; los más que lucrativos contratos a favor
de compañías constructoras como las brasileñas Odebrecht
y Andrade Gutiérrez o la española Essentium; la creciente presencia
de pulpos transnacionales para controlar áreas en expansión
y tan rentables como telecomunicaciones (DirectTV, Digitel, Movistar) o seguros
(Liberty Mutual, Mapfre, Zurich); y así podría seguirse con
una larga lista de esas "ciertas contradicciones" que la FAU con
mucho tacto prefiere desestimar o silenciar, aun siendo hechos de tal peso
que desnudan como pura hipocresía al tal grito antiimperialista.
Para más detalles sobre estos y otros compromisos entreguistas pasados,
presentes y futuros de la "revolución bolivariana" con el
capital transnacional, desde El Libertario hemos divulgado un mapa titulado
"Venezuela, transnacionales, militarismo y resistencias", donde
se representan y describen tanto muchos de esos compromisos como las luchas
de resistencia que han enfrentado.
Gobernar al gusto de la FAU (y de ciertos autócratas)
"Tejió desde su gobierno, con bastante de su impronta, relaciones
políticas con varios gobiernos del mundo". ¡Vaya manera
elegante y comedida para referirse a los tratos de Chávez con tantas
autoridades estatales impresentables, que han alegado ser antiimperialistas
por romper el aislamiento internacional o por necesidad de petrodólares!
Citemos a algunos de esos amigos entrañables que se fueron acercando
al ahora difunto: el gobierno teocrático de Irán, la sangrienta
familia Al Assad de Siria, un amplio surtido de dictadores africanos (por
ejemplo: Mugabe de Zimbawbe, Jammeh de Gambia, Obiang de Guinea Ecuatorial
o el occiso Gaddafi), el grotesco Lukaschenko de Bielorrusia, el capo mafioso
Putin de Rusia, y -¡cómo olvidarlos!- los hermanos Castro de
Cuba. Por lo demás, en este punto y en lo referido en líneas
anteriores, la FAU parece ver al imperialismo sólo como el imperialismo
yanki, así que termina por creer que todo lo que se diga o presente
en contra de los gringos es un progreso, aunque sea a costa de silenciar -por
pretendidas razones tácticas- los abusos, la opresión y la explotación
que perpetran otros imperialismos y otras formas de dominio brutal.
De modo explícito en ese primer párrafo repetidamente citado,
y reiterándose en otras partes del documento, se resalta la importancia
histórica de Chávez a cuenta del empleo demagógico y
tramposo que hizo de términos como socialismo, antiimperialismo o poder
popular. De ser así, ¿esa excusa vale también para otros
usuarios de esas voces como la dictadura de los Castro en Cuba, el despotismo
hereditario-militarista que reina en Corea del Norte, o el capitalismo salvaje
hoy imperante en China o Vietnam? Eso por no hablar de hasta dónde
llegó la gestión del finado en cuanto a la construcción
concreta del socialismo en Venezuela, respecto a lo cual el economista Víctor
Álvarez, quien ha ejercido de alto funcionario y es notorio simpatizante
chavista, resume los resultados en los datos estadísticos -claros en
sentido, aunque confusos en aritmética- que aportó en declaración
al diario Ultimas Noticias del 7 de junio de 2010: "El capitalismo [privado]
en Venezuela aumentó de 64,7 por 100 del PIB en 1998 a 70 por 100 en
2009, mientras que el sector público cayó de 35 a 30 por 100.
La economía social no llega al 2 por 100". Y si como vocifera
la propaganda oficial, se pretende la condición de socialista a cuenta
de logros originales y épicos en el bienestar colectivo, el espejismo
se deshace al examinar a conciencia y con ojo crítico los resultados
proclamados, como lo verifica Rafael Uzcátegui en la segunda parte
de su libro "Venezuela: la Revolución como espectáculo",
obra cuyo documentado enfoque se continúa en diversos artículos
de posterior publicación en El Libertario, siendo el más reciente
ejemplo "Estadísticas, falsificación y académicos
progres", incluido en el número 69 de abril-mayo de 2013.
En otro orden de la acción gubernamental chavista, la descarada compra
del apoyo de otros caciques políticos de nuestra área (recordar
la maleta de dólares para la campaña electoral de la fashion
Cristina Kirchner, las donaciones navideñas para el turbio Ortega de
Nicaragua, o la entrega de guerrilleros al gobierno colombiano) se disimula
dentro de lo que el documento de la FAU bautiza como "política
solidaria con países latinoamericanos", sugiriendo que han sido
los pueblos y no el respectivo Estado y el Capital -privado o burocrático-
los beneficiarios principales e inmediatos de los vínculos con Venezuela.
Se da como ejemplo de esa solidaridad para Uruguay haber provisto recursos
para la "recuperación de industrias que llevarían adelante
obreros", obviando que la gran tajada de los intercambios entre ambos
países correspondió a la burguesía uruguaya y los boliburgueses
bolivarianos (por ejemplo en la importación de carne a Venezuela y
en el fraude de las casas prefabricadas). Además, parece que la FAU
desconoce que ese apoyo a la creación de puestos de trabajo industrial
en el exterior se hace al mismo tiempo que la industria venezolana vive una
situación de crisis, donde aquellos capitalistas enfrentados al gobierno
van abandonando esa actividad (en muchos casos cerrando fábricas y
saliendo afuera), mientras que la boyante boliburguesía -que engorda
corrupción mediante en las finanzas, los servicios y el comercio importador-
prefiere ramos de rentabilidad más pronta y que impliquen menos ajetreos
para enriquecerse. También habría que recordar a la FAU lo acontecido
en Venezuela con la "recuperación de industrias que llevarían
adelante obreros", un resonante fracaso de la burocracia a cargo sobre
el cual invitamos a ver lo descrito en la versión impresa de El Libertario
y en los apartados "El Cooperativismo bolivariano" y "Las 'fábricas
tomadas' venezolanas" del libro de Uzcátegui.
No hay que ser especialista en relaciones internacionales para darse cuenta
que a semejantes Estados y gobiernos les aflige perder un amigo tan conveniente
a sus intereses de poder, así que eran de imaginarse los alardes luctuosos
que han desplegado; pero lo que sí resulta inesperado es que desde
una federación anarquista se presente eso como indicio a favor del
interfecto. En cuanto al "dolor del pueblo" como signo del papel
positivo de Chávez, recuérdense las escenas en Corea del Norte
a la muerte de Kim Il Sung, en la vieja URSS con Stalin, en China con Mao,
en Egipto con Nasser, en Argentina con Eva y Juan Domingo Perón, por
sólo mencionar a algunos déspotas estatales cuyas exequias fueron
caracterizadas por la presencia y el llanto de multitudes. Es de suponer que
para la FAU serían válidos argumentos de admiración parecidos
hacia estos u otros gobernantes autoritarios, marxistas o populistas, que
se las arreglen para morir con las riendas del poder en sus manos y un apoteosis
fúnebre masivo y lacrimógeno.
El deferente y prolijo párrafo de apertura cierra aleccionándonos
en cuanto a que Chávez: "
propuso y perseveró en la
construcción de nuevos organismos a nivel latinoamericano fundamentado
que con ello se lograría más independencia que traería
mejorías importantes para el nivel de vida del pueblo". Esto sonaría
muy convincente y aun enternecedor, de no recordar que la esencia de esos
"nuevos organismos" se manifiesta en la Iniciativa IIRSA (Iniciativa
para la Integración de la Infraestructura Regional de Sur América)
y el Plan Mesoamérica (antes Plan Puebla-Panamá), dos convenios
donde, con absoluto descaro, los gobiernos adherentes -entre ellos el de la
"revolución bolivariana"- se comprometen a hacer lo que de
ellos se requiere para fortalecer el modelo de capitalismo extractivista que
las transnacionales y los poderes imperiales promueven en este continente.
Fundamentos teóricos del anarco-estatismo
La vocación del texto por levantar mitos no sólo se refiere
al protagonista, sino también a su escenario. De ese modo, más
adelante hay otro párrafo que también vale citar íntegramente:
"En estos años, especialmente en los de abajo al mango de Venezuela,
se fueron desarrollando una gama de actividades populares. Esto fue tomando
formas organizativas: colectivos, consejos comunales, comunas etc. Esto, en
su conjunto fue denominado Poder Popular. La burocracia partidaria fue creciendo
en injerencia y cada vez más desplazando a los auténticos representantes
de estas formaciones populares."
Esto no es más que armar una fábula sobre el modo en que desde
el poder estatal se concibieron e impusieron los consejos comunales y otras
instancias de control social parecidas. Se pinta allí la imagen mítica
de cómo en Venezuela, a partir del ascenso de Chávez a la presidencia,
se fue forjando desde abajo un poder de los oprimidos, que surgió autónomamente
y de algún modo perdura a pesar del ulterior intento burocrático
por someterlo. Lo cierto es que hemos padecido el montaje de un aparato creado
y siempre regulado por el Estado, para cuya imposición no se ha dudado
en abatir o maltratar a dignas y combativas organizaciones populares de previa
existencia, y donde lo de "Poder Popular" es básicamente
un nombre que se ha calcado de la estructura gubernamental cubana. Sobre los
detalles de este proceso de construcción desde arriba y control burocrático
a los supuestos órganos de poder popular, ver lo publicado en diversos
números de El Libertario, en el libro de Uzcátegui y en los
trabajos de investigación de María del Pilar García disponibles
en la sección 'textos' de nuestra web www.nodo50.org/ellibertario.
Si la historieta del impulso que con la "revolución bolivariana"
habría experimentado la organización popular autónoma
no fuese suficiente, el documento recuerda con beneplácito la ocasión
en que el Amado Líder citó públicamente a Kropotkin,
lo cual aparentemente acreditaría la afinidad o simpatía presidencial
hacia algunas concepciones anarquistas. Con ese pretexto, se quiere ignorar
que en la práctica concreta y cotidiana de su gobierno hubo infinidad
de hechos evidenciando que Chávez era el principal responsable y agente
de los rasgos burocráticos, centralizadores y autoritario-militaristas
de un régimen que ha sido del todo opuesto a las aspiraciones del socialismo
libertario. Ejemplo de ello es cómo se ha tratado a las organizaciones
sindicales total o parcialmente independientes del control oficial, para cuyo
acoso e intentos de anulación siempre hubo el aval y la inspiración
del Comandante, de acuerdo a evidencia como la recopilada en el informe "Trabajo
y Sindicalismo en Venezuela", disponible también en la web antes
citada. Ese hostigamiento permanente contra sindicalistas y otros activistas
autónomos hizo posible el clima en el cual han ocurrido asesinatos
de luchadores sociales como Richard Gallardo, Luis Hernández, Carlos
Requena, Argenis Vásquez, Jerry Díaz, Joe Castillo, Mijail Martínez
y Sabino Romero, por solo citar los casos de más impacto; crímenes
ante los cuales la ambigua respuesta del gobierno chavista y su incapacidad
para dar con los responsables se parecen demasiado a la tolerancia o complicidad.
En cuanto a citar personajes para dar legitimidad a alguna posición,
recuérdese el oportunismo reiterado del Comandante-Presidente en cuanto
a referencias teóricas, declarándose marxista, cristiano, bolivariano,
maoísta, indigenista, trotskista, gramsciano, castrista, peronista,
guevarista, etc., en un descomunal enredo ideológico que hace del todo
incoherente a su socialismo del siglo XXI, creación atribuida al personaje
a la que antes la FAU había calificado diplomáticamente de idea
original sobre la cual: "Todavía se discute qué contenido
tiene tal concepto". Por lo demás, frente a esa referencia positiva
a Kropotkin, igual podrían traerse al tapete las repetidas exhortaciones
de Chávez o sus pajes doctrinarios contra el anarquismo, sus principios
y prácticas básicas. Sobre esto, remitiremos a tres artículos
de El Libertario: "Un cierto panfleto bolivariano", en el número
29, del año 2002; "El socialismo chavista", número
42, 2005; y Chávez y el anarquismo, número 53, 2008.
¿Por qué obstinarse con piedras, tropiezos y mitos autoritarios?
La sección final del texto de la FAU, subtítulada "Una
ideología para el poder popular", expone un sumario de concepciones
básicas del actual plataformismo/especifismo en América Latina,
que a primera vista luce desconectado con el título y aparente objetivo
central que el documento asoma en su inicio. Dado que lo central de esta réplica
a la FAU es discutir su visión sobre Hugo Chávez y Venezuela,
no nos ocuparemos acá del análisis crítico que merecen
esas concepciones, evaluación que por lo demás ya ha sido bien
desarrollada -en términos que en sus puntos comunes compartimos- por
Patrick Rossineri en "Entre la Plataforma y el Partido: las tendencias
autoritarias y el anarquismo" y en "La aceptación del concepto
de Poder como negación del anarquismo", por Daniel Barret en su
libro "Los sediciosos despertares de la anarquía" y en "El
movimiento anarquista uruguayo en los tiempos de cólera", por
Gustavo Rodríguez en "Los 'extravíos' teórico-ideológicos
del pensamiento ácrata contemporáneo", y por Rafael Uzcátegui
en "Grupos libertarios y poder popular: Dinamitando el anarquismo desde
dentro".
Pero si esa sección final está allí debe ser por algo,
y considerando lo que hemos comentado, estimamos que para los redactores era
necesario dejar constancia de esa profesión de fe en sus propuestas
teóricas como acompañamiento a la previa descripción
de lo mucho de positivo que cabe extraer de la experiencia de Hugo Chávez
y su "revolución bolivariana", pues de esa clase de mixturas
entre el anarquismo, por supuesto en el canon plataformista/especifista, y
otras "experiencias de lucha" -como la inspirada por el Comandante-
vendrá en nuestro continente la "ideología de ruptura"
que, por supuesto, no podrá ser otra que "Una ideología
para el poder popular". Entonces, es muy probable que ese empeño
en convencerse, y convencernos, respecto a que lo ocurrido en Venezuela de
1999 a 2013, bajo la ilustre guía del susodicho, ha sido una experiencia
de lucha positiva que ha enriquecido la cantera ideológica del continente,
tiene que ver más con la aspiración de hacer a la realidad calzar
la horma de esquemas previos que con la realidad misma, pues si no se demuestra
que bodrios autoritario-burocráticos como el chavismo ahora -y el castrismo
antaño- son parte necesaria del rumbo a la revolución social,
¿de qué modo se justificaría el curso político
cuasi frentepopulista de la FAU y sus homólogos en estas tierras?
Por ello, ese empeño en negarse a reconocer los múltiples hechos
que desmontan las pretensiones por presentar al chavismo como revolucionario,
socialista, antiimperialista, y tolerante o aun afín con el anarquismo.
Tal obstinación de rechazar lo evidente no es exclusiva de la FAU,
siendo compartida por grupos análogos, que sistemáticamente
callan o se ciegan ante cualquier visión crítica sobre la actual
situación venezolana proveniente del anarquismo y otras voces de izquierda
radical (sin olvidar que tampoco suelen opinar nada que cuestione al "hermano
gobierno" de los Castro), siendo un buen ejemplo de esa actitud la elocuente
ausencia de documentos con esas visiones críticas en las páginas
web plataformistas/especifistas de América Latina, al tiempo que dan
cabida y promocionan a curiosos "anarcos" cuyo mensaje se centra
en hacer propaganda a presuntos éxitos alcanzados o por venir a la
sombra del Estado venezolano, en profetizar las plagas que lloverían
sobre el país si faltase el gobierno chavista, y en calumniar al anarquismo
que no recibe subvenciones ni consignas oficiales.
Si la FAU y similares son consecuentes en seguir sosteniendo esa valoración
positiva hacia Chávez y su legado plasmada en el documento comentado,
lo menos que cabe esperar es que desmientan la certeza de los hechos y procesos
que hemos presentado como argumentos para refutar la pretendida condición
progresista de ese caudillo y su gobierno, ya que bajo su tutela no ha ocurrido
nada en esencia diferente a lo que padecen los de abajo con cualquier otro
de los actuales Estados latinoamericanos. De hecho, un gobernante como él
ha sido más que apropiado para los intereses del poder transnacional
en este continente hoy, pues se ajustó del todo al modelo de capitalismo
extractivista y globalización económica. Cerrar los ojos ante
la evidencia demostrativa de cómo esta o cualquier "revolución"
autoritaria termina siendo sustitución de una opresión por otra
-generalmente peor-, volviendo a embelesarse con promesas grandilocuentes
y palabras inflamadas, es repetir torpemente la experiencia catastrófica
de la década de 1960.