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Primero de Mayo


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Como en anteriores ocasiones, se va a celebrar el Primero de Mayo con manifestaciones por todo el país; manifestaciones que, en la mayoría de los casos, más parecen procesiones religiosas con sus cofrades y santones que expresiones de la rabia obrera. Porque, con el paso de los años, lo que debía ser una jornada de agitación revolucionaria mundial, ha sido convertido por los dirigentes de los sindicatos reformistas en una mera afirmación de su espíritu de entrega a la patronal y al Estado. El objetivo es sepultar cada vez más en el olvido la gesta de los trabajadores anarquistas de hace ya 122 años. Pero, ¿qué sucedió en esa fecha?
En 1886 se decide en Chicago (EE UU) realizar una huelga general el primer día del mes de mayo para conseguir la jornada de ocho horas. La patronal responde con una represión feroz y la policía, siempre a sus órdenes, colabora de una forma especialmente asquerosa: hace estallar varias bombas en un mitin anarquista y culpa de los muertos y heridos a los oradores. El resultado es el ajusticiamiento en la horca de varios anarquistas. Nace por ello el día internacional de lucha obrera en recuerdo de los mártires de Chicago y por la jornada de ocho horas. La represión que se desató en el contexto de estas luchas obreras buscaba impedir que los trabajadores alcanzaran sus reivindicaciones y, sobre todo, frenar el avance que las ideas anarquistas estaban experimentando en el seno de la clase obrera y de su exponente organizativo: la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT).
A pesar de la represión sufrida, ha sido la lucha la única forma eficaz que ha tenido y tiene la clase trabajadora par conseguir sus reivindicaciones. Esto lo tienen muy claro las fuerzas del Estado y del capital y, por ello, combaten a sangre y a fuego todo lo que signifique acción directa de los oprimidos contra sus opresores. De igual forma, crean toda una tropa de traidores a su servicio dentro de la clase obrera: sindicalistas profesionales y sus acólitos que tratan por todos los medios de yugular las reivindicaciones obreras imponiendo pactos, comités, convenios y demás zarandajas para atontarnos.
Los anarquistas rechazamos lo que desde el poder se nos trata de imponer: no participamos en el reparto de migajas que suponen las elecciones sindicales y la existencia de liberados y profesionales del sindicalismo, que están más cerca del patrón que del trabajador.
Creemos que el Primero de Mayo debe ser una jornada de afirmación revolucionaria donde los trabajadores manifiesten sus anhelos de libertad. Por ello salimos a la calle con el resto de trabajadores de la Confederación Nacional del Trabajo (sección de la AIT), único sindicato verdaderamente revolucionario, donde las decisiones se toman entre todos y donde no hay profesionales ni dirigentes.
Los anarquistas no pedimos más pan y menos horas de trabajo: luchamos por la transformación de la sociedad desde sus cimientos, una sociedad de seres libres, iguales y solidarios. En una palabra, la anarquía.

F. G. Subir

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IERRA Y LIBERTAD
MAYO DE 2008

Una tarde de huelga, Eugène Laermans, 1893