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Un nobel de la paz muy belicoso


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La autopromoción, como todo el mundo sabe, es la clave del éxito: de este modo el presidente Obama ha afirmado merecerse un 8 como nota por su primer año en la Casa Blanca; por otra parte, para ilustrar esta benevolencia, le ha sido concedido el premio Nobel de la paz.
Un galardón muy discutido y criticado, incluso por la América liberal, tanto como para ser saludado por las protestas de los pacifistas europeos con ocasión de la ceremonia oficial en Oslo.
Pocas semanas después, el pasado 15 de diciembre, al menos 120 personas perdían la vida en el norte de Yemen a consecuencia de un bombardeo llevado a cabo por la aviación norteamericana, flanqueada por la saudí, contra poblados y campos de refugiados: la noticia, aunque gravísima, fue ignorada.
Sin duda las opciones de cada gobierno implican más ámbitos, desde el sector económico al de los gastos sociales, pero es innegable que Obama durante la campaña electoral a la presidencia construyó un consenso en gran parte ligado a la posibilidad de sacar a EE UU de una guerra permanente que dura ya nueve años.
Una guerra que, cada año, consume en sus dos frentes principales alrededor de 150.000 millones de dólares.
Si en Iraq la presencia militar norteamericana viene progresivamente reemplazada por fuerzas armadas mercenarias, según una actualmente sólida lógica de privatización de la guerra, en vista del fin de la "misión de combate" prevista para el 31 de agosto de 2010, Afganistán ha vivido el año más violento en el plano militar y el más mortífero para los civiles desde el inicio de la operación Libertad Duradera.
Frente a tal carnicería, Obama, precisamente mientras prometía el final de la intervención norteamericana para 2011, decidía el envío de 32.000 soldados a Afganistán, a pesar de la contrariedad que supuso para la mayoría de los americanos, reclamando refuerzos consistentes incluso a la OTAN.
Por eso, la desilusión puntualmente seguida a la ilusión y al entusiasmo que cierta izquierda y cierto pacifismo estaban manifestando solo podía ser evitada escuchando y leyendo todo cuanto el propio Obama estaba afirmando en los discursos programáticos previos a su elección.
Desde este punto de vista no encontramos ninguna ambigüedad, mientras que habría que preguntarse seriamente sobre las razones de un autoengaño colectivo e irracional que ha arrastrado incluso a sectores de la izquierda que se considera alternativa y radical. El abandono de la crítica anticapitalista tiene sin lugar a dudas un peso de relieve en esta inmotivada confianza hacia las posibilidades de cambiar la sociedad eligiendo un jefe de Estado, diferente por el color de su piel pero no por ello menos convencido de la supremacía estadounidense en el mundo. Pero esta es solo una parte, aunque crucial, de la cuestión en la que parece entrar en juego también una fuga generalizada de la sunción racional de responsabilidad política, ética y social que el actual naufragio de la humanidad debería por el contrario imponer. En otras palabras, se continúa queriendo creer que cualquier otro nos salvará o nos preservará de los efectos de una crisis global de la que se están comprobando solo los primeros movimientos sísmicos. Y esta fuga ciega del saber lleva sin duda a negar las evidencias.
La evidencia en el orden de las palabras de Obama. En su intervención durante la campaña electoral prometía: "He considerado un grave error descuidar nuestra atención de la lucha contra Al Qaeda y contra los talibanes (…) Iraq no es el frente principal en la guerra contra el terrorismo, no lo ha sido nunca. Como ha dicho recientemente el almirante Mike Mullen, jefe de Estado Mayor interaliado, no tendremos recursos suficientes para llevar a término nuestro trabajo en Afganistán hasta que no reduzcamos nuestro esfuerzo en Iraq. Si soy elegido presidente, llevaré adelante una nueva estrategia y comenzaré reforzando nuestro esfuerzo en Afganistán con al menos otras dos brigadas de combate: allí hacen falta más soldados, más helicópteros, más infraestructura y más asistencia civil para llevar a buen término la misión".
En el acto de su proclamación, el 20 de enero de 2009, Obama confirmaba: "Nuestra nación está en guerra contra una red de violencia y de odio de amplio alcance (…) Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, nos damos cuenta de que la grandeza nunca nos ha sido fácil. Hay que ganársela. Nuestro recorrido nunca ha sido hecho de atajos. Nunca nos hemos contentado (…) El problema no es que el mercado sea una fuerza del bien o del mal. Su poder de generar bienestar y de expandir la libertad se mantiene intacto (…) Recordemos que las generaciones precedentes han destruido el fascismo y el comunismo no solo con misiles y tanques, sino también con alianzas sólidas y con convicciones tenaces (…) No pediremos perdón por nuestro estilo de vida sino que pelearemos para defenderlo".
En el discurso pronunciado en Praga el 5 de abril de 2009, Obama precisaba, para alegría de ambientalistas, que "Debemos aprovechar toda la potencia de la energía nuclear, con el fin de perseguir nuestro objetivo de contrastar el cambio climático y llevar adelante la oportunidad de paz para todos los pueblo".
Nuke? Yes we can (¿Nuclear? Sí, podemos).

Anti
(Umanità nova)


Acaba de fallecer a los 98 años de edad Irena Sendler. Durante la Segunda Guerra Mundial, consiguió un permiso para trabajar en el gueto de Varsovia como especialista de alcantarillado y tuberías. Pero sus planes iban más allá... Siendo alemana, sabía cuáles eran los planes de los nazis para los judíos. Sacaba niños escondidos en el fondo de su caja de herramientas y llevaba un saco de arpillera en la parte de atrás de su camioneta (para niños de mayor tamaño). También llevaba en la parte de atrás un perro al que entrenó para ladrar a los soldados nazis cuando salía y entraba del gueto. Por supuesto, los soldados no querían tener nada que ver con el perro y los ladridos ocultaban los ruidos de los niños. Mientras estuvo haciendo esto consiguió sacar de allí y salvar a 2.500 niños. Los nazis la cogieron y le rompieron ambas piernas, los brazos y la pegaron brutalmente. Irena mantenía un registro de los nombres de todos los niños que sacó y lo guardaba en un tarro de cristal enterrado bajo un árbol en su jardín. Después de la guerra, intentó localizar a los padres que pudieran haber sobrevivido y reunir a las familias. La mayoría habían sido llevados a la cámara de gas. Aquellos niños a los que ayudó encontraron casas de acogida o fueron adoptados. En 2008 Irena fue propuesta para recibir el Premio Nobel de la Paz... Pero no fue seleccionada. Se lo llevó Al Gore por unas diapositivas sobre el calentamiento global. En 2009 se lo concedieron a Obama sólo por buenas intenciones.

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TIERRA Y LIBERTAD
ENERO DE 2010