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Ciudadanos: ¿milagro político
o un producto creado a la medida de
las necesidades de Estado?
El triunfo de los medios de comunicación

Si bien el actual proceso electoral en el que estamos inmersos este año 2015, viene marcado por un desencanto generalizado con los partidos políticos y con las políticas que éstos han impulsado en estos años de crisis económica, donde el progresivo aumento de las desigualdades sociales y la pérdida de de derechos y libertades parece haberse convertido en el único método para paliarla. Y donde la corrupción institucional e institucionalizada se ha revelado como la lógica que ha dirigido durante décadas, como continuación del sistema político anterior, la vida política, financiera, empresarial y sindical de España. Dos formaciones políticas, Podemos y Ciudadanos, han emergido con fuerza dentro de la esfera institucional, al reconducir el creciente desencanto con esta clase política corrupta y dominada por los intereses del mercado, e ilusionar con la posibilidad de establecer el cambio político necesario para revertir dicha situación y dirigir la política y las instituciones del Estado hacia los intereses comunes. Pero más allá de la discusión de las posibilidades de cambio que pueda ofrecer, hoy día, la conquista del poder político mediante la participación electoral, en una sociedad completamente mediatizada e individualizada, y prescindiendo de una base social sólida que comparta los medios y el contenido de dicho cambio ¿qué posibilidades reales existen de alcanzar dicho poder político-institucional? ¿Qué papel juega Ciudadanos en estas elecciones?
Comenzando por el final, este vertiginoso ascenso de Ciudadanos se da en este momento donde el creciente descrédito hacia los partidos clásicos ha llevado a Podemos a situarse como tercera o incluso segunda fuerza política en intención de voto, donde el declive de partidos como IU, UPyD o CIU, perdían sus clásicas posibilidades de constituir una bisagra de gobierno, y donde la ciudadanía reclama algo nuevo como forma de corregir los grandes males que inundan por completo la escena política. En este contexto, el papel que parece vaya a jugar ciudadanos en esta competición por alcanzar el poder institucional, es el de preservar el status quo del actual sistema de gobierno, que sitúa a PP y PSOE al frente de la mayoría y las más importantes instituciones del Estado. Cubriendo de esta forma, la necesidad de encontrar un socio de gobierno plenamente fiable y acorde con los intereses de Estado y de los grupos dominantes. Y alejando, al mismo tiempo, el fantasma de la necesidad de establecer un hipotético pacto entre los dos grandes partidos, donde la dualidad ilusoria derecha/izquierda que les sitúa como dos formas diferentes de entender la política y la realidad pudiera verse dañada.
La importancia que han tenido los medios de comunicación para situar a la formación de Albert Rivera en esta posición, que ahora se disputa la tercera plaza con Podemos, ha resultado crucial. En los últimos meses el tratamiento positivo que han recibido ha contrastado con el de Podemos, mientras el partido de Pablo Iglesias ha sido tratado, en cierto sentido, como un peligro a la sociedad que conocemos, marcado por sus luchas internas, la supuesta corrupción de sus líderes y por su relación con el chavismo venezolano. El partido de Albert Rivera, que más parece un exitoso producto de marketing, es representado en los medios como la alternativa sensata que necesita nuestra sociedad. Pasando de puntillas u obviando tanto su falta de estructura, como su falta de programa, como su relación con Libertas (agrupación en la que se integró para las elecciones europeas y que aglutinaba a varias formaciones de extrema derecha), o los casos de corrupción en los que se han visto mezclados algunos de sus dirigentes, o los problemas de fiscalidad que han aparecido con las tres fundaciones que dependen del partido. Así, un partido como Ciudadanos ha conseguido en algo más de dos meses auparse como tercera fuerza política en el parlamento andaluz, desbancando a IU y después de reconocer en enero de este año que para Andalucía, no tenían ni estructura de partido, ni lideres claros, ni un programa concreto. Así parece que por más esfuerzos que ha hecho Podemos por presentar su cara más amable con la lógica dominante, limitando el poder de los círculos y suavizando su discurso en torno a cuestiones como la deuda, la renta básica o el reparto de la riqueza, los medios de comunicación han apostado por la garantía que ofrece Ciudadanos a los intereses dominantes.
En este sentido, dentro del proceso político que se lleva viviendo desde hace unos años, si bien Podemos ha representado, en cierto modo, la ilusión y las posibilidades de reconstruir un sistema político corrupto y dominado por los intereses de los mercados. Ciudadanos, por su parte, ha venido a constatar la continuidad de las políticas desarrolladas hasta ahora, la inercia que seguirá ahondando en el aumento de las desigualdades sociales y en la primacía de los intereses del mercado frente a los intereses comunes. Entre tanto, con la lucha política por alcanzar las instituciones y la esperanza honesta que muchos militantes de diferentes organizaciones han depositado en ésta, la lucha que realmente es necesaria (como ejemplo, la PAH consiguió realojar en estos últimos años a más desahuciados que las leyes impulsadas desde las instituciones para este fin) para dirigirnos hacia un cambio social relevante y que elimine las estructuras de dominación que nos separan entre hombres y mujeres, blancos y negros, ricos y pobres, se ve relegada y frenada por el sueño electoral.

C. Lorenzo Subir


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TIERRA Y LIBERTAD
MAYO DE 2015