
SECCIONES
Anarqlat es un foro para usuarios de correo electrónico, constituido
en torno al tema del anarquismo en América Latina. El objetivo central
es crear un espacio abierto a los interesados en conocer la práctica,
intercambiar información, difundir análisis y promover debates
en referencia al ideal libertario, que en la actualidad se ha convertido en
objeto de renovada atención por parte de gente de muchos lugares, quienes
coinciden en la necesidad de ahondar en conocer las dimensiones históricas,
socio-políticas, intelectuales y culturales de un fenómeno cuya
relevancia en el pasado, el presente y el futuro de los países latinoamericanos
comienza a rescatarse del menosprecio y la ignorancia tanto en la teoría
como en la acción.
Con anarqlat nos reunimos a conversar sobre las ideas, experiencias e impacto
del socialismo libertario en el escenario latinoamericano, pero eso no excluye
que se toquen temas conexos (por ejemplo la teoría o la historia general
del anarquismo mundial, debates sobre otros tópicos concernientes a
la realidad de América Latina, etc.), pues ellos proveen de un marco
referencial indispensable para nuestro tema específico. Esto implica
que en anarqlat vemos al anarquismo continental tanto en el contexto de sus
particularidades, como en los vínculos con un movimiento y un ideal
que ha tenido expresiones en todo el planeta
En febrero de 1997 arrancamos -con 30 inscritos desde 6 países- este
foro virtual que ha desarrollado a través de los años una rica
dinámica de información e intercambio. Somos actualmente 150
participantes residentes en Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Colombia,
República Dominicana, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia,
Israel, Italia, México, Perú, Paraguay, Reino Unido, Uruguay
y Venezuela; no obstante, queremos que se incorporen más suscriptores,
pues la aspiración es fortalecer aún más este instrumento
de comunicación interactiva entre quienes se interesan por el presente
y futuro del anarquismo latinoamericano.
Para conocer los detalles sobre el modo de funcionamiento y cómo unirse
a anarqlat, escribir a mendezn@camelot.rect.ucv.ve
¿Qué
pretenden?
¿Qué consiguen?
Nos encontramos abriendo la puerta del siglo XXI, en plena Tercera Revolución
Industrial, ante el avance, progreso y empleo tecnológico más
significativo de toda la historia, sin embargo, a nivel social recurrimos
a tiempos precedentes para homenajear aquello que luchas populares previas
conquistaron, como por ejemplo, en cuestión militarista evocamos la
Comuna de París, en cuestión obrera, a aquellos cinco anarquistas
neoyorquinos; en referencia a la violencia de género, a las hermanas
Mirabal, bien porque consideramos que la historia es inolvidable, bien porque
nos faltan acciones, o quizás, como si se tratase de a título
póstumo, tendrá que pasar un transcurso temporal relevante para
que lo que realicemos tenga su peso. Es decir, metafóricamente, estamos
recogiendo la cosecha de lo que otros y otras sembraron, y otros y otras recogerán
la cosecha de nuestra siembra. O, como en enología, con el paso de
los años, la misma sustancia ganará firmeza y fuerza.
Pero nosotros y nosotras, el pueblo, no somos los únicos que recurrimos
a precedentes para continuar, también ellos, esos oligarcas neoliberales,
a pesar de sus excelsas formaciones académicas, recurren a estrategias
previas. Lo que sí mantienen inalterable son las ansias de poder, el
afán por oprimir, por sembrar y esparcir miedo. De igual forma, nosotros
y nosotras no cesamos en nuestra lucha libertaria, como medio y como fin.
Hace unos años, no sabríamos decir cuántos, quizás
ya se haya completado el período de dos décadas, y sea suficiente
para extrapolarlo a otras zonas planetarias, en EE UU fueron creados los "deathclock"
(relojes de la muerte). Estos, eran expuestos en zonas céntricas y
visibles de las urbes, donde los viandantes pudieran comprobar el número
de muertos que iban surgiendo en la ciudad, una forma de fomentar el individualismo
y el consumismo, y acrecentar el miedo.
Con este tipo de estrategias, fomentan que los individuos salgan al centro
comercial, compren víveres y aventajados aparatos electrónicos
para instalar en sus hogares, los cuales intentan equiparar a todo confort,
aunque para ello tengan que realizar horas extras laborales. Ni que decir
tiene que todo esto no lo compartirán con vecinos u otros allegados,
"porque a saber con qué loco podrían topar, con la de cosas
que hoy en día se escuchan", menos mal que tienen contratado un
sistema de seguridad con conexión directa a los agentes de la ley.
Nos puede parecer irrisorio pero, ¿qué son en realidad esos
letreros digitales que todos los días nos recuerdan en el metro que
no dejemos nuestras pertenencias fuera de nuestro alcance? ¡Por supuesto,
para nuestros oligarcas medidas de prevención y seguridad antiterrorista!
Pero, ¿quién dejaba antes del 11M su bolso, mochila, riñonera,
monedero o bolsa de plástico en mitad del vagón?
Hace algún tiempo también, no recordamos cuánto tampoco,
el novelista inglés George Orwell escribía una metáfora
futurista con fecha concreta: "1984". En esta novela pronosticaba
la presencia de video-cámaras en nuestra vida cotidiana. Años
más tarde, y a posteriori de otros países, llegaba al Estado
español esta "innovación" en forma de reality-show,
para mantener "entretenidos" a unos cuantos, y que otros "se
sacasen un dinerillo". En realidad se trataba de un modelo de telebasura
que embotaba a los telespectadores, retirando de sus sistema cognitivo todo
aquello relacionado con la coherencia, la lógica y la reflexión,
se podría definir como una especie de barricada para no pensar. No
obstante, era posible apartarlo de nuestro repertorio cotidiano, se podían
buscar otras alternativas, hasta el punto que lo hemos ignorado de tal forma
que nos han colado el reality-show, no en nuestras pantallas, sino en nuestras
vidas, en nuestros centros públicos, en nuestros centros formativos,
en nuestros medios de transporte, y ahora no sólo para entretenernos,
sino para protegernos. ¡Mentira! Todo este montaje es para que temblemos
de miedo pensando que el enemigo está entre nosotros y nosotras, para
sembrar la desconfianza y evitar la unión que en otros tiempos al menos
consiguió la sublevación: 18 de marzo de 1871, 1 de mayo de
1886, 25 de noviembre de 1960
(Comuna de París, Mártires
de Chicago, crimen trujillista contra las hermanas Mirabal, respectivamente).
Fue otro novelista inglés, Aldous Huxley, quien escribió también
una metáfora futurista ("Un mundo feliz") donde no tenía
cabida el desarrollo integral del individuo, y la sociedad se dividía
en castas. A una de las que hacía referencia, en la etapa neonatal,
le exponían de forma simultánea ante un conjunto de libros,
sonidos melódicos y luz natural. Cabe pensar que ante este tipo de
estímulos estos neonatos podrían ser mañana los señores
y señoras intelectuales de la sociedad, sin embargo, una vez más
habría que tener en cuenta que el populacho es más numeroso
que unos cuantos neoliberales, por lo que las medidas a desarrollar habrían
de ser demagógicas y democráticas. A esta casta denominada privilegiada
se le dotaría de posibilidades para viajar, acudir a cines y teatros,
cursar estudios universitarios y de postgrado llevando una vida de estudiante
sosegada, con el fin de que ante la salida al mundo laboral se incluyeran
en la cabecera de las listas competitivas que les permitiera acceder a excelentes
cargos laborales y así continuar realizando la relación de cultura-estímulo
agradable.
A otra de las castas a las que hacía referencia Huxley, también
desde la etapa neonatal, se les exponía ante un conjunto de libros,
pero estos de forma simultánea se encontraban con un ambiente lúgubre
y sonidos estridentes. Son los denominados no privilegiados, que han desarrollado
el rol de contentos ante la paga semanal, con la cual si vas al cine el domingo,
no sales a compartir conocimientos el sábado con los coetáneos,
o bien optas por alcanzar con tu paga el viernes y el sábado, un estado
de embriagadez que no sea necesario acudir el domingo al cine, porque antes
de empezar el fin de semana tienes garantizado el género de la película:
tragicomedia. El teatro, los libros y los conciertos pueden pasar a ser el
maná conseguido en materia prima en festividades navideñas y
en celebridades de aniversario de nacimiento, y los viajes
quizás
sea mejor dejarlos para una etapa más madura de la vida, en la que
puedas extraer enriquecimientos mayores, y por supuesto no tengan que correr
con los gastos tus progenitores, pero entonces tú tampoco podrás
porque estarás enfrascado en el maravilloso mundo de la macrohipoteca,
aunque para ello el Estado en coordinación con el Capital, organizarán
viajes del Imserso a Benidorm, en la etapa de la jubilación.
Propongo tomar a la Iglesia católica como lo que verdaderamente es.
Una enorme multinacional. De hecho es posible que tengamos que considerarla
la multinacional primigenia, pues su implantación planetaria se adelantó
unos cuantos siglos a las grandes empresas mercantiles. Y sin duda sus pautas
organizativas han sido copiadas, o han servido de aprendizaje y reflexión
a las grandes mentes de la economía de la empresa (al igual que muchos
estrategas militares modernos aprendieron de la experiencia de Julio César
o Napoleón).
El movimiento antiglobalización tiene a las corporaciones transnacionales
como uno de sus enemigos principales. Luchar contra ellas es hacer frente
a la desmesurada concentración de poder que atesoran sus dirigentes
y a los efectos negativos que genera su búsqueda, a toda costa, del
enriquecimiento. La responsabilidad de estas grandes empresas es diversa,
en función del tipo de actividad que desarrollan pero, en todo caso,
su impacto es importante.
Hace pocos días, un experto internacional en márketing entrevistado
en las páginas de La Vanguardia (de España) ponía el
ejemplo del Vaticano por su capacidad de generar una marca local, con su olor,
su música, sus rituales... entrando por los cinco sentidos. ¿Qué
otra cosa sino propaganda son los excesos dorados del barroco, claramente
opuestos a la austeridad protestante?
Si algo diferencia a la Iglesia del resto de multinacionales no es su organización
compleja, su afán de expansión universal, sino el tipo de actividad
en la que pretende alcanzar la hegemonía. No es que la Iglesia desdeñe
la riqueza (aunque su discurso sobre la pobreza pueda parecer lo contrario),
sino que ésta se sitúa en un plano más accesorio. Su
objetivo principal no parece ser otro que conseguir el control de los comportamientos
individuales, especialmente en aquellos aspectos más íntimos
como el de la sexualidad o el control de la vida.
Su conocida misoginia no resulta baladí. El control de la sexualidad,
la reproducción humana y la vida está en el centro de la lógica
del patriarcado. Y la Iglesia católica es, al menos en las sociedades
donde está implantada, uno de los pilares básicos del patriarcado.
Basta comparar la laxitud y benevolencia con que la jerarquía eclesiástica
aborda otro tipo de "pecados" (en especial la codicia) con el comportamiento
radical con el que actúa cuando se trata de temas como la familia,
la homosexualidad, o la eutanasia. Ahí no hay margen para los matices.
El anatema suele ser fulminante. Excepto cuando los "pecadores"
son los miembros de su propia burocracia, a los que se les toleran pederastias
y otros excesos a cambio de mantener el dogma. Porque para la Iglesia lo crucial
es mantener una fuerte presencia en los espacios donde se genera ideología,
como es la escuela o los medios de comunicación.
El Vaticano está agitado. Son malos tiempos para promover la abstinencia
sexual y decirle a la gente cómo debe morir. Hace tiempo que la Iglesia
perdió la batalla con la ciencia y ésta ha dotado a la humanidad
de medios que permiten un cierto control sobre decisiones vitales. No es casualidad
que algunas sectas religiosas vuelvan a la carga con pseudoteorías
como el creacionismo para minar la fuerza de un enemigo ancestral. Aunque
resulte paradójico, el consumismo capitalista ha jugado también
su papel, al promover un modo de vida en el que la busca del placer a corto
plazo, la promoción del "todo es posible en el mercado",
y la oferta de que es posible evitar el sufrimiento influyen sobre las percepciones
y los comportamientos humanos. Por eso la Iglesia tiene un discurso anticonsumista.
Y por ello los críticos al capitalismo debemos hilar fino en este campo,
evitando la seducción de un falso aliado. Hay que combatir el despilfarro
y la desigualdad inherentes al modo de vida del capitalismo maduro, pero ofreciendo
respuestas que verdaderamente permitan a la gente gestionar su propio devenir
vital.
Y sin duda han sido las largas luchas emancipatorias de la humanidad, las
demandas igualitarias de hombres y mujeres las que más han hecho por
minar el insoportable cerco represivo con el que la burocracia eclesial ha
intentado moldear el devenir individual. De ahí que todas las ideologías
y todos los movimientos que han tratado de articular este esfuerzo emancipador
(liberalismo, comunismo, anarquismo, feminismo, movimiento homosexual, etc.)
hayan padecido en algún momento la feroz respuesta del aparato católico.
No parece que a largo plazo esta reacción haya tenido éxito,
como lo expresa el dato irónico de que es en los países del
sur de Europa, los tradicionalmente "católicos", donde los
comportamientos demográficos están más alejados del ideal
de la procreación incontrolada que defiende el Vaticano.
Reconocer a la Iglesia católica como una multinacional peligrosa no
supone situar a todos los creyentes en el mismo saco. Como toda gran construcción
moral, la religión católica permite lecturas muy diversas y
bajo la misma se arropan personas de distintos talantes. Y no es por tanto
difícil encontrar en ese contexto tanto a personas verdaderamente comprometidas
con la libertad y el bienestar humanos como a individuos que buscan un camino
personal en, por ejemplo, las experiencias místicas. Muchas de estas
personas han sido esenciales en los procesos de emancipación humana.
Pero resulta patente que a menudo han sido estas personas las primeras que
han experimentado en carne propia las reacciones represivas de su propia curia.
Basta leer la historia de algunos de los grandes místicos españoles
o analizar lo ocurrido con las figuras más prominentes de la "teología
de la liberación".
Hoy la Iglesia vuelve a estar de cruzada. Éste y no otro es el contenido
de los principales discursos de Ratzinger: conseguir que la religión
vuelva a estar en el centro de la política. Empezando por introducir
la "esencia cristiana" en la Constitución europea. Y sobre
todo realizando implacables movimientos en aquellos países donde se
están adoptando medidas que atentan a sus intereses. La reciente crisis
del Gobierno italiano se explica en parte por los movimientos de senadores
afines a la Iglesia. Y el principal resultado de la crisis no ha sido otro
que eliminar del calendario legislativo un cambio en las leyes sobre matrimonios.
En España esta intervención es directamente obscena, con una
emisora de radio como la COPE que defiende abiertamente posiciones antidemocráticas
un día sí y el otro más.
La insoportable presión antidemocrática del Partido Popular
tiene sin duda razones diversas, la principal la recuperación del gobierno.
Pero uno de sus componentes más evidentes son los intereses de la Iglesia
(que constituye además uno de los medios de enrolamiento al partido)
en temas como la regulación del matrimonio, la presencia de la religión
(católica por supuesto) en la escuela, su propia financiación
o la regulación de la eutanasia. La movilización de la Iglesia
ya le ha permitido sacar buenas tajadas, como el nuevo esquema de financiación
pública, el generoso mantenimiento de la escuela concertada, o el mantenimiento
del control sobre los profesores de religión (sentencia del Tribunal
Constitucional incluida). Pero como al resto de multinacionales esto le parece
poco y va a más. En el fondo, lo único que frenaría este
empuje reaccionario sería la consecución de algún sistema
de nacionalcatolicismo en el poder similar al de los clérigos chiítas
de Irán, o al de cualquier otro país donde la burocracia religiosa
controla aspectos esenciales de la vida política.
Hoy la multinacional vaticana se erige como una de las mayores amenazas a
las libertades. No sólo por las ideas que propugna. También
por pactar interesadamente con quienes dinamitan cualquier avance democrático.
Su crédito es en parte posible por la tibieza y el temor de sus oponentes.
Al menos desde los años setenta, la izquierda no ha sido abiertamente
laica. Quizás porque en los años finales del franquismo todos
debíamos gratitud a los muchos curas que a menudo con mucho valor nos
prestaban infraestructuras básicas para la acción clandestina.
O por el simple hecho de que mucha gente de la izquierda provenía de
corrientes cristianas progresistas con las que seguía manteniendo vínculos.
O simplemente porque este fue otro de los grandes temas que quedó aparcado
en busca de tiempos mejores. Pero hoy, que muchas de las demandas "morales"
de la sociedad son básicamente laicas y que la Iglesia católica
está jugando un papel de primera línea en el ataque a las libertades,
resulta imprescindible recuperar la exigencia de la separación Estado-Iglesia,
de defender en todos los terrenos unos derechos que nos protejan del poder
de una de las multinacionales más poderosas y persistentes.
Hace años participé en una manifestación antifascista
en Madrid en respuesta a lo del 20N. Para mí simplemente era una excusa
para ver a mis amigos que venían desde otros lugares. Aquel año
todo era igual que otros años: multitud de color y de siglas, estábamos
todos, pero también estaban los de la litrona, los de la faja hasta
los ojos. A diferencia de otras veces, a la mitad del recorrido se desconvocó.
Los organizadores empezaron a recorrer toda la manifestación comunicándolo
a los asistentes. Ante tal barullo, mis amigos y yo decidimos irnos de cañas,
que era más provechoso que seguir en una rara situación. La
verdad es que no sabíamos los motivos por los que la Coordinadora Antifascista
(que creo eran los que convocaban) había dado ese paso. Nosotros nos
fuimos pero muchos intentaron seguir por su cuenta y por otras callejuelas.
Felizmente, nos metimos por el madrileño barrio de Lavapiés
y entramos en el primer bar que estaba abierto, hacía años que
no nos veíamos y teníamos ganas de contarnos la vida. Todos
habíamos sido compañeros de fatigas pero habíamos seguido
caminos distintos. Era un buen momento para reencontrarnos. Nos lo estamos
pasando bien cuando al rato empezamos a escuchar unas voces y unos cánticos.
Al tal bullicio nos asomamos para ver lo que pasaba con la ingrata sorpresa
que desde la calle de arriba venían unos energúmenos con la
cara tapada rompiendo mobiliario urbano. Delante nuestro quemaron un contenedor
de basura al ritmo de la Varsoviana. Imaginaos qué cara se nos puso
a nosotros, también anarquistas, ante tal panorama y al ver el caos
que estaban organizando otros supuestos anarquistas. Al poco tiempo toda la
calle era un desastre, una cortina de humo negro infectó a los vecinos.
Los inmigrantes no sabían dónde meterse, ya que por esas fechas
estaba recién vigente la nueva Ley de extranjería.
Al mismo tiempo los antidisturbios aparecieron con sus bocachas. Lavapiés
fue tomado por la policía. Pasó de ser un domingo tranquilo
y soleado a ser un esperpento. Mi gran pregunta: y todo, ¿para qué?
¿Qué consiguieron esos energúmenos? ¿Qué
es lo que querían demostrar o conseguir?
Al poco tiempo me enteré de que ese mismo día detuvieron a tres
o cuatro chavales menores de edad. Muchos podrán decir que fueron víctimas
de la represión policial; desde mi punto de vista fueron víctimas
de ellos mismos y de la ignorancia. Entonces, desde ese momento, lucho contra
la ignorancia dentro en nuestras filas y en el movimiento social. Siempre
he pensado que sociológicamente el fascista es un ignorante, por eso
me da pena ver que muchos de los que dicen ser compañeros son tan ignorantes
como los fascistas.
Cada vez que veo a los que dicen que son mis compañeros hacer el vándalo,
taparse la cara en las manifestaciones o en los actos públicos como
si estuvieran cometiendo un atraco, a beber litronas como en los bares, me
dan pena. Me da pena que un acto legitimo como es manifestarse se convierta
en ilegítimo. No entiendo, ¿por qué se tapan la cara
y terminan rompiendo escaparates? No entiendo que en un acto de libertad y
de expresión se tengan que tapar la cara. ¿De quién se
esconden? Muchos podrán alegar que no quieren ser reconocidos, entonces,
¿por qué te manifiestas? ¿Por qué haces una cosa
legal cuando lo que quieres hacer es otra ilegal? ¿Acaso piensas que
no saben quién eres? ¿Acaso no sabes que desde que sales de
casa hasta que entras te están grabando constantemente?
Por eso me da pena, porque convierten la libertad en algo borroso y, lo peor,
hacen que la lucha pierda dignidad.
Eso mismo es lo que ha pasado en la manifestación del Primero de Mayo
en Guadalajara: gracias a unos energúmenos se ha empañado la
imagen de la dignidad libertaria. Aprovechándose de la convocatoria
de la CNT han hecho alarde de su ignorancia para acabar siendo los más
cobardes y vándalos de toda La Alcarria. Lo que no han logrado ni la
policía ni los medios de comunicación ni siquiera los fascistas
(que habían convocado una manifestación en el mismo lugar y
a la misma hora) lo han conseguido unos vándalos. Dicen que son anarquistas,
pero ¿qué compañero que se precie puede reventar un acto
convocado por otros compañeros? ¿Qué clase de compañero
es el que va a un acto libre con la cara tapada, como quien va a robar un
banco? Creo que quien actúa así es un autoritarios fanático
al que no le gusta que le marquen la línea de actuación (a nosotros
tampoco) pero que luego te marca las suya.
Quiero dejar bien claro que la anarquía es creación y no destrucción.
Que la anarquía es comunicación y no imposición. Que
la anarquía es respeto y no vandalismo. Que la anarquía es orden
y no caos. Que la anarquía es libertad y no imposición. Que
la anarquía es ciencia y no ignorancia. Que la anarquía es responsabilidad
y no pasotismo. Que la anarquía hace a las personas dignas y no miserables.
Estos principios son tan simples que cualquiera que se precie de ser ácrata
los debe tener en cuenta.
S. O.
Violencia y más violencia
Cuando la acción directa se convierte en violencia:
Se dejan atrás las ideas,
se destruyen los fundamentos
y se olvidan los argumentos.
Se imposibilita el análisis crítico,
se pierde la conexión con la realidad
y la realidad desconecta con el movimiento.
La traición y la desconfianza encuentran sustento,
la persecución se vuelve ciega
y las bases están en el punto de mira.
Todo el trabajo anterior pierde su sentido,
la destrucción se multiplica en nuestro entorno
y llegan el desorden y el caos a nuestras vidas.
Cuando la violencia se convierte en acción directa:
Llegan el desorden y el caos a nuestras vidas,
la destrucción se multiplica en nuestro entorno
y todo el trabajo anterior pierde su sentido.
Las bases están en el punto de mira,
la persecución se vuelve ciega
y la traición y la desconfianza encuentran sustento.
La realidad desconecta con el movimiento,
se pierde la conexión con la realidad
y se imposibilita el análisis crítico.
Se olvidan los argumentos,
se destruyen los fundamentos
y se dejan atrás las ideas.
Interrogantes sobre el concepto "desaceleración"
El concepto desaceleración está de moda. Pretende volver a
cuestionar nuestros modos de producción y de consumo con el fin de
resolver la cuestión medioambiental y, en consecuencia, mejorar nuestras
vidas e incluso salvar el planeta. ¿Y quién no? Pero adoptar
una palabra sin ver lo que encierra en su profundidad es dar un paso corto.
El concepto de desaceleración se opone al de crecimiento. Se trata
de acabar con éste, y de proponer hacer otra cosa. ¿Qué
es entonces el crecimiento económico?
El crecimiento económico se define por lo general como el aumento de
la producción económica o, si se tiene en cuenta la demografía,
como el aumento de producto por habitante. Esta es la concepción que
propone el economista Rostow a partir de los años cincuenta. En sentido
estricto, el crecimiento económico no se confunde con el desarrollo
económico, que supone además una mejora en los sectores no productivos.
Desde los años cincuenta, los debates no han cesado de interrogarse
sobre la relación entre crecimiento y desarrollo, sobre cuál
de los dos debe preceder al otro y sobre en qué medida uno u otro constituye
una condición necesaria o suficiente.
No hay que olvidar que varios economistas, como Joseph Schumpeter o François
Perroux, marcaban bien la distinción entre las dos nociones y los dos
procesos y, sin conformarse con un enfoque puramente cuantitativo de la economía
o de la sociedades, Schumpeter, por ejemplo, célebre por su teoría
de la "destrucción creadora" (se creía que era de
Bakunin
), ya había indicado que el crecimiento no era la multiplicación
del número de velas, sino su sustitución por la electricidad.
La desaceleración supone, por tanto, en oposición al sentido
estricto e inicial a la definición de crecimiento, una reducción
de la producción económica. Dos cuestiones se plantean entonces:
¿Es obligatoria? ¿Es deseable?
Y a la inversa, ¿es necesario el crecimiento entendido como aumento
de la producción? ¿Es posible? Porque en los razonamientos de
la mayor parte de los teóricos de la desaceleración la respuesta
es negativa, ya que el crecimiento no sería ya físicamente posible
vistos "los límites del planeta".
Hay, por tanto, que abordar los dos aspectos de la necesidad y de la posibilidad.
La respuesta debe también considerar la cuestión de las necesidades
y los recursos, adoptando una postura en relación con los problemas
concretos del presente y del futuro próximo (1).
La necesidad de evaluar las necesidades
Las necesidades humanas son grandes: esenciales (las biológicas) a
la vez que infinitas (las que proceden de la realización de uno mismo,
de lo artístico, lo estético, lo imaginado
). La consideración
asociada a estos dos aspectos constituye una de las diferencias fundamentales
del anarquismo respecto a los demás socialismos y religiones, que ponen
freno a las potencialidades de la realización humana. El anarquismo
considera, por el contrario, la relación crucial, el campo en que eso
que se desea pueda ser realizable. Este enfoque constituye uno de los escollos
históricos para los que habitualmente aducen que la anarquía
no es posible, y colocan a los anarquistas, con conmiseración en el
mejor de los casos y con violencia en el peor, en el rincón de la utopía,
sobreentendiendo con ello de lo irrealizable.
El socialismo, en cuyo seno se coloca históricamente el anarquismo,
constituye una ruptura con los antiguos regímenes porque se niega de
forma decisiva a dejar a las sociedades conducirse según los caprichos
de la naturaleza o de los soberanos. Rechaza la fatalidad biológica
o social, quiere que la humanidad dirija su propio destino y sus asuntos.
Se comprende que eso desagrade a los dirigentes, pero también a los
eternos profetas de la desgracia, a los catastrofistas de ayer, a los curas,
pastores o mulás que prometen el apocalipsis o el paraíso en
otro sitio, siempre que no se trate de la Tierra.
Bajo esta base socialista, el anarquismo tiene la preocupación de acoplar
la evaluación de las necesidades y de la satisfacción de éstas
sobre una base racional, científica incluso, no temamos esa palabra.
Se distingue de las promesas gratuitas y demagógicas del socialismo
parlamentario o bien del "ya veremos mañana" del comunismo
marxista que, podemos verlo en los textos de sus fundadores, no indica nunca
los marcos de la sociedad futura que se plantea. Esta es sin embargo una de
las obsesiones de Elisée Reclus o, mejor aún, de Piotr Kropotkin,
que nos recuerda "la gran pregunta es ¿qué debemos producir
y cómo?" (2).
Aunque el mundo haya cambiado desde Kropotkin, no se ha hecho "post-industrial"
como pretenden abusivamente los ideólogos de la postmodernidad, sino,
por el contrario, "hiper-industrial". No se trata de exhumar a nuestros
antepasados, sino de retomar y actualizar sus razonamientos. "Olvidar"
como hacen casi todos los teóricos de la "desaceleración"
(en Francia, Serge Latouche, François Ramade, Paul Ariès, Pierre
Rabhi, Nicolas Ridoux
), la existencia histórica de ese razonamiento,
en absoluto neutral, y merecedor de una examen serio (3).
Las necesidades materiales
¿Cuáles son las grandes necesidades materiales de la humanidad
en la actualidad y en un futuro próximo? Son considerables. En lo fundamental,
la alimentación, el alojamiento y las comodidades de la vida, muy numerosas,
en primer lugar porque los seres humanos son también muy numerosos.
Se puede lamentar que sea así de numeroso todo, pero esa es la situación.
A menos que recurramos a soluciones misántropas radicales consistentes
en desear hambres, guerras y epidemias para expurgar el planeta de su exceso
demográfico (4). Dicho sea de paso, los que consideran que somos demasiado
numerosos no han propuesto nunca ser los primeros en desaparecer, sino que
son los demás los que deberían sacrificarse. La postura lógica
y clásica de los jefes y del clero.
Según estimaciones de la FAO, entre treinta y cincuenta millones de
personas sufren hambra aguda, y cerca de ochocientos millones malnutrición
(5). Según las proyecciones de la sección demográfica
de la ONU, la población mundial pasará de los seis mil millones
actuales a una cifra comprendida entre siete mil trescientos y diez mil setecientos
millones para 2050; el cálculo más problable son ocho mil novecientos
millones.
Desde Malthus la demografía es un desafío político e
ideológico, el pretexto para los políticos antihumanos más
radicales a la misantropía y al catastrofismo. Después de todo,
Malthus fue una respuesta al igualitarismo social del anarquista Godwin y
al progresismo de Condorcet. Proclamaba desgracias para los pobres, imponiendo
la imagen -falsa- del banquete en el que no hay sitio para todos, y equivocándose
en cuanto a la oposición entre progresión aritmética
de las subsistencias y progresión geométrica de los recursos
(6).
Las catástrofes de la demografía facilitan los pronósticos
alarmistas, que han resultado generalmente erróneos. En 1964, un tal
Gaston Bouthoul escribía lo siguiente: "El mundo actual contiene
tres mil millones aproximadamente de seres humanos, de los que dos mil están
infraalimentados. Así, según las tasas actuales de crecimiento
mundial, en el año 2000 habrá seis mil millones de habitantes
en el planeta, de los que no se podrá alimentar a tres mil millones".
Ese Bouthoul, que se autoproclamaba demógrafo, aunque en realidad era
un especialista en conflictos militares, no se equivocó en la cifra
de seis mil millones, que es la cifra actual. Pero sí erró sobre
el resto: no son tres mil millones los individuos sin alimentar, sino ochocientos
mil millones (lo que no deja de ser demasiado, añadimos). Como vemos,
es un error de bagatela, de un 400 por ciento. La revolución verde,
por mucho que se diga o se piense, tiene mucho que ver. En cuanto a la previsión
de veinte mil millones de habitantes de aquí al año 2100 según
el propio Bouthoul, es un poco inverosímil. La transición demográfica
está bien encarrilada, incluyendo los países del tercer mundo.
El ejemplo del agua potable
Con casi nueve mil millones de individuos en cuarenta años, las necesidades
humanas están y estarán en crecimiento. Podemos olvidar el mundo
futuro: ya está aquí.
Tomemos un ejemplo. Según ciertas estimaciones, entre un tercio y la
mitad de los africanos no tienen acceso al agua potable en nuestros días.
Eso representa varios millones de personas. Partamos del principio de que
esos millones de individuos deben beneficiarse de ese acceso, y de paso, de
unos buenos desagües que permitan reducir la suciedad y las enfermedades.
Reconozcamos al menos la idea de que esos individuos aspiren a esto; y no
empleo la palabra confort, excepto si consideramos que es formidable para
la humanidad extraer agua, a menudo de mala calidad y a veces a varios metros
de distancia del hogar. Los que añoren ese tipo de vida pueden probar.
Para abastecer a esos millones de personas con agua potable y darles desagües,
hay que reunir agua. Eso es posible porque los recursos hídricos son
potencialmente importantes. La humanidad no aprovecha actualmente más
que un veinte por ciento de las precipitaciones. Queda por tanto un buen margen
de recursos hídricos, incluso teniendo en cuenta las variaciones según
las regiones, incluyendo África (7). El agua no es escasa, es su reparto,
su utilización o no utilización lo que plantea el problema.
Captar el agua y encauzarla hasta las casas es posible en África. Para
ello hacen falta presas, canales, conductos, tuberías, lavabos, grifos,
y cemento, hormigón, ferralla y acero a toneladas. Para obtenerlos,
habrá que producir, abrir canteras y minas, construir fábricas,
alimentarlas, conducir los materiales y, por tanto, hacer carreteras, camiones,
etc. Dicho de otro modo, habrá que aumentar la producción -no
bastará con reciclar los útiles de los países ricos,
por no hablar de la condescendencia que significa- hará falta el crecimiento.
Entendámonos bien: hablamos de crecimiento en el sentido primero del
término, que hemos recordado antes, no al referido al modo de produccion
y de consumo (reparto). No hay que confundirlos.
Si este razonamiento desagrada, no seré yo quien vaya a explicar a
los africanos (o a otros
) que los habitantes de los países ricos
no quieren, en nombre de la desaceleración, que tengan acceso al agua
potable y a desagües (y a otras cosas fundamentales).
Necesidades crecientes
Satisfacer las necesidades de miles de millones de individuos significa que
hace falta más arroz, más trigo, más mijo, patatas, soja
y lácteos. Y más cemento, hormigón, ferralla, cables,
tuberías. Y más escuelas, centros de salud, hospitales. Sí:
más de todo.
Evidentemente, se podría construir de otro modo, evitar los obstáculos,
hacer más economías, utilizar las energías renovables
(fabricando además aparatos capaces de alimentarlas) o multiplicar
las precauciones (pero los aislamientos, por ejemplo, exigen también
materiales), desarrollar una agricultura que no arruine los suelos ni las
capas freáticas, soluciones múltiples que no son necesariamente
ubicuas y que deberán adaptarse a las posibilidades del lugar. Ya hay
arquitectos que utilizan materiales interesantes (como el bambú), que
conciben sistemas habilidosos (solar, recuperación del agua de la lluvia
)
o que fabrican incluso un buen hormigón.
Producir mejor, más inteligentemente, sin estar sometidos a la lógica
del beneficio o a los dictados de la tecnoburocracia, repartir de modo diferente,
igualitariamente, sí, pero también producir más.
Repartir lo que ya existe no será bastante, hay que decirlo claramente.
Distribuir lo almacenado sólo paliará provisionalmente las necesidades.
Eliminar los derroches, racionalizar los usos de las materias primas y de
energía, parece poco para nueve mil millones de individuos. Ocupar
las viviendas vacías no resolverá la cuestión del alojamiento.
Sólo en Francia, se cifra en 300.000 el número de viviendas
sociales que son necesarias para construir en un año.
Eliminar las chabolas del mundo entero, renovar los inmuebles y las casas,
dar acceso al agua corriente, a los desagües, a la electricidad, construir
presas (incluso pequeñas) para recoger el agua, estaciones depuradoras
para devolverla limpia, todo ese exige y exigirá esfuerzos enormes.
Dicho de otro modo, hay que producir más. Y eso es lo que, precisamente,
denuncian los defensores de la "desaceleración", que consideran
que hay que producir menos.
Reducir el tráfico de automóviles, promover los transportes
colectivos o la bicicleta, no construir más puertos o aeropuertos ¿por
qué no? Pero con la condición de que los recursos disponibles
para satisfacer las necesidades vitales estén disponibles para los
que están al lado, lo que suscita varios problemas:
-Queda por demostrar, y todavía no es posible: las plantas tropicales,
por ejemplo (algodón, cacao, hevea, caña de azúcar, café
)
son cultivables bajo
los trópicos, pero no bajo latitudes menores,
a menos que se utilicen invernaderos (lo que plantea la cuestión de
su construcción y su climatización).
-Cuando es posible, significa que hay que roturar, abrir nuevos campos, modificar
los ecosistemas (que no son naturales en las latitudes medias, porque son
el resultado de roturaciones milenarias, al igual que en los trópicos,
donde la sabana es resultado de los incendios provocados por los hombres desde
la noche de los tiempos).
-Queda siempre la cuestión de la conducción: transporte, carreteras,
motores
La cuestión de los límites
Las respuestas a este gran número de necesidades por parte de los defensores
de la "desaceleración", así como por parte de la casi
totalidad de los ecologistas, es decir que "el planeta está agotado",
que "los recursos son limitados", resumiendo, que es imposible satisfacer
las necesidades en cuestión. Uno de los argumentos consiste en decir
que si todo el mundo viviera al mismo nivel que los Estados Unidos (o Francia,
o Japón, etc.), harían falta al menos tres (o varios) planetas.
Una constatación apriorística inapelable.
Sin embargo, hay que examinar esto de forma seria. Dejemos a un lado las estimaciones,
que varían según los interlocutores y las épocas. Pero,
a pesar de mis investigaciones, yo no he encontrado nunca un modo de calcular
que permita llegar a esos resultados, lo que plantea un problema. Y no obstante,
el razonamiento sigue siendo el mismo.
Podemos constatar que se abandona un aspecto importante: sin duda los países
industrializados y desarrollados consumen mucho más que la mayor parte
de los otros, pero lo que fabrican -gracias a materias primas y energías
importadas, sin duda, pero también producidas por ellos- es exportado
ampliamente, y consumido en el mundo entero. Sobre ese comercio internacional
se ha construido su riqueza. Dicho de otro modo, la producción y el
consumo no son unilaterales y están muy imbricados. Lo que un país
pobre empezara a producir y a consumir por sí mismo vendría
a sustituir, en todo o en parte, los bienes que le proporciona actualmente
un país industrializado, que así produciría menos y utilizaría
por tanto menos recursos. Entonces habría que volver a hacer el cálculo
En realidad, respecto a las evaluaciones de los recursos y los límites
del planeta reina la mayor de las confusiones. Las cifras son raramente verificadas,
los modos de cálculo casí nunca son explicados. Mientras que
las estadísticas de numerosos países son sospechosas (China,
Rusia, África
), tampoco se sabe siquiera cuántos habitantes
viven en Córcega, ni se puede prever con exactitud el tiempo que hará
de aquí a una semana, muchos no temen endosarnos cantidades de cifras,
retorcerlas y, a partir de ellas, lanzar pronósticos sombríos
de manera perentoria y pseudocientífica.
Por ejemplo, los recursos fósiles, no renovables por definición,
se mezclan con los recursos renovables. La cuestión del agua (recurso
renovable) es ejemplar al respecto. Se trata de un desafío fundamental
en todas sus dimensiones (alimentaria, sanitaria, agrícola, ecológica,
geopolítica
). Como hemos visto, la humanidad sólo utiliza
aproximadamente un veinte por ciento de las aguas que proceden en su estado
actual de las precipitaciones, lo que no impide a algunos decir que al planeta
le falta agua. Algunos habitantes, numerosos, carecen de agua, es cierto,
pero el planeta no: matiz importante. Según el primer punto de vista,
se considera el agua como una cuestión social, de justicia económica.
Según el segundo, se la reduce a una cuestión puramente ecológica,
lo que permite servirse del miedo, enmascarar las verdaderas responsabilidades
y, por tanto, proponer soluciones falsas.
Del desliz semántico a la deriva política
El concepto de "desaceleración" tiene sus ventajas y sus
inconvenientes. Es útil cuando se trata de denunciar los derroches,
las producciones inútiles, los instrumentos inservibles, los trabajos
superfluos, la carrera de las políticas económicas. También
a la hora de cuestionar la política impulsada por Estados Unidos y
sus expertos tras la Segunda Guerra Mundial para "desarrollar" los
países del tercer mundo con el fin de que no cayeran en manos del comunismo.
Por el contrario, no lo es desde que nos interrogamos sobre el significado
pleno y profundo de la palabra, sobre la lógica última que encierra,
sobre algunas de sus implicaciones económicas y sociales, sobre la
orientación política de sus creadores.
En el ámbito de la "desaceleración", como en otros
("sociedad de consumo", "equilibrio natural", "superpoblación",
"huella ecológica", "límites del planeta")
sigue siendo necesario interrogarse y guardar una retaguardia crítica:
para evitar el abuso (aquí como en todas partes), para actuar mejor
sobre el presente y preparar mejor el porvenir. También es importante
tener a la vista los objetivos.
Entonces ¿cuál es la finalidad del anarquismo sino ser una respuesta
a la cuestión social? Postula una satisfacción de las necesidades
materiales y espirituales de la humanidad con el fin de que los individuos
realicen su emancipación según sus afinidades. Dicho de otro
modo, una articulación de lo colectivo y lo individual, por una relación
liberada del poder y de las restricciones materiales, si es posible o en lo
posible.
De dos cosas, una: o el movimiento anarquista reivindica la necesidad de responder
a las necesidades humanas, de producir más y mejor, de repartir de
modo igualitario los bienes, o bien la rechaza. En ese caso, que se lo explique
a los millones de desfallecidos de hambre y a los pobres.
Y si no, podrá preguntarse por qué hace treinta años
el lema correcto de "producir y consumir de otro modo" se ha convertido
en "viva la desaceleración" (un desliz que no es sólo
semántico sino también, subrepticiamente, político) porque
los principales teóricos de la desacelaración evitan en lo posible
hablar de anticapitalismo, desdeñando soberanamente el anarquismo,
sus cuestionamientos y su historia. Plantear la cuestión es ya responderla
Notas:
(1) Dejemos de lado los problemas de método y de interpretación
suscitados por el modo de cálculo del crecimiento o de la desaceleración.
De todos modos, rompiendo el termómetro no vamos a hacer bajar la fiebre.
(2) Piotr Kropotkin (1910), Campos, fábricas y talleres o la industria
combinada con la agricultura y el trabajo intelectual con el trabajo manual,
prefacio de la primera edición inglesa. El dar el título completo
del libro permite recordar la ambición del autor en toda su dimensión.
(3) No tengo espacio suficiente para hacerlo aquí. Ya habréis
adivinado que no se trata de un verdadero "olvido", sino más
bien de una postura política (en el sentido amplio), que no está
por delante del anarquismo, sino todo lo contrario.
(4) Recordemos que los ecologistas radicales de Earth first!, por ejemplo,
han saludado al sida como "una solución necesaria al problema
de la superpoblación" (Christopher Manes) y que ante la hambruna
de Etiopia "lo peor que podríamos hacer sería aportar ayuda,
pues lo mejor sería simplemente dejar a la naturaleza encontrar su
propio equilibrio y dejar a la gente de por allá morir de hambre"
(Dave Foreman). Es cuanto menos destacable que la posición de los ecologistas
radicales norteamericanos se acerque a la posición capitalista liberal
clásica del "laissez faire" adoptada por los dirigentes norteamericanos.
Eso da lugar, por lo menos, a la reflexión.
(5) El criterio es el de menos de 2200 calorías por día por
persona.
(6) Hervé Le Bras (1994), Les limites de la planète, mythes
de la nature et de la population, ha hecho un desmontaje científico
en toda regla de las teorías de Malthus (que no hay que confundir con
el término mal elegido de neo-malthusianismo).
(7) Las precipitaciones y los recursos de agua pueden aumentar de sobra si
se admite la teoría del calentamiento global, porque la humedad, el
vapor de agua y las precipitaciones están condicionadas por el calor.
En primer lugar, voy a plasmar unas pequeñas pinceladas de sucesión
de la genealogía borbónica.
Fernando VII - Isabel II - Alfonso XII - Alfonso XIII - Juan de Borbón
- Juan Carlos de Borbón - Felipe de Borbón - ?
Tras esta puntualización cabe la posibilidad de que surjan dos críticas,
entre otras: tratamiento anodino de sucesión monárquica o, qué
coño importa el nombre de los verdugos del momento, precedentes y sucesores.
La primera crítica me provoca indiferencia, ya que para mí el
verdadero "glamur" está en compañera y no en la soberana
gilipollez de excelentísimo, don o señor. Y, a la segunda, respondería
que esto es una breve alusión histórica para abordar la Ley
Sálica, por muy anacrónico que pueda parecer.
A principios del siglo XIX, Fernando VII llevó a cabo la abolición
de la Ley Sálica, la cual impedía a las mujeres heredar el trono,
para que así fuera su hija, Isabel II, la que accediera a la cúspide
de la pirámide, y no su hermano, el infante Carlos, dando lugar a las
Guerras Carlistas, con posicionamientos liberales y absolutistas respectivamente.
Sin embargo, ahora, a principios del siglo XXI, la Constitución vigente
recoge que, preferiblemente, sea el varón el heredero al trono.
Evidentemente, como ácrata, no reivindico la sucesión al trono
de la figura femenina, sino que critico todas aquellas retahílas acerca
del liberalismo, hoy llamado progresismo, que han heredado "los Borbones".
No obstante, si este punto constitucional fuera modificado, y llegase a ser,
la primogénita de los príncipes de Asturias la "reina"
se trataría, como en tiempos precedentes, de una cuestión de
permanencia y posesión de poder, y no de un progreso para la mujer,
dado que disfrazado de feminismo se estaría perpetuando la opresión
de unos sobre otros.
Pensemos que tenemos que avanzar hacia el bienestar de todos y todas, y esto
de forma implícita y explícita requiere sustentarse en pilares
tales como la equidad, la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad
Pero,
quién aboga y lucha por ello
¿La Constitución?
¿Los Borbones? ¿El pueblo?
El
violín:
una película mexicana sobre los que resisten
Este año, el festival de Cannes ha primado dos películas relacionadas
con México: Babel, del mexicano Iñarritu (Amores perros
),
que se ha llevado el premio al mejor guión y ya se ha visto en las
pantallas francesas. Después, en la categoría "Un autre
regard" (Una cierta mirada), la película del realizador Francisco
Vargas ha obtenido el premio de interpretación masculina. Podréis
admirar en la pantalla la presencia de don Ángel Tavira.
La historia, que dura 98 minutos, transcurre en cualquier lugar de América
latina. Podría ser en México, pero nada lo indica de modo seguro.
Un anciano, con la mano derecha amputada, sale de la ciudad con su hijo y
su nieto. El anciano toca el violín, su hijo la guitarra y el niño
recoge las monedillas que les permiten sobrevivir un día más.
Sin embargo, viven en un pueblo del que ellos mismos son también campesinos.
Pero la miseria los empuja a tocar para un público raro y tan pobre
como ellos. Al volver del pueblo, mujeres y niños huyen: llegan los
federales en busca de guerrilleros y de guerrilleras, muy presentes en aquellas
montañas.
La película ha sido rodada en blanco y negro, para hacer más
densa la atmósfera, ensombrecer los rostros y acentuar la miseria y
la muerte que encontramos por doquier. En el origen de este proyecto está
el libro Aventuras increíbles de un violonchelo, de Carlos Prieto.
"La elección del blanco y negro es también una decisión
que me permite asociar una dimensión documental a mi película"
declara el director. De hecho, los largos planos sobre los rostros inquietos
o aterrorizados, los planos en los que se nos ofrece ante los ojos la vida
comunal más sencilla, las panorámicas sobre los vastos paisajes
rezumantes de desolación
nos dan esa sensación de una
obra a medio camino entre ficción y estudio social de un pueblo brutalizado
por la miseria y la violencia militar. Por otra parte, F. Vargas dice que
la película Los olvidados de Luis Buñuel le marcó.
Esta dimensión realista deseada por el joven cineasta, que firma aquí
su primera obra, debe mucho también al hecho de que sólo cuatro
de los actores de la película son profesionales; todos los demás
son aficionados, conocidos de Francisco Vega, pues todos proceden del mismo
pueblo. "La tierra de la que vengo es la misma que la de ellos; en mi
película, los guerrilleros, los aldeanos, los federales
han salido
del mismo medio, a veces incluso han crecido juntos, y sin embargo han hecho
diferentes elecciones. Eso es lo que me fascina". Ese es el motivo de
una secuencia que establece un paralelo sorprendente entre los dos ejércitos
enemigos que tienen, sin embargo, las mismas actitudes, dictadas por los mismos
gritos, con las mismas palabras, las mismas intenciones. No busquemos aquí
una película de buenos y malos: esa es una de las dimensiones más
fuertes del filme. "No creo que el empleo de las armas permita acceder
a la paz y la justicia social, pero comprendo que se tomen las armas porque
es la única voz que les queda". De hecho, da que pensar con las
situaciones a veces elípticas que ofrecen materia de discusión
sobre la orientación del guión.
El papel del violinista en esta película es esencial para comprender
la intención del director. "El pueblo y la cultura de donde vengo
me han enseñado que la gente mayor es la que tiene el conocimiento
y la sabiduría; pero eso se olvida: ¿cómo se considera
hoy a una persona que no puede producir a causa de su edad? ¿Cuál
será su suerte?" En El violín, don Plutarco es el que resiste
mediante la astucia, "tantea" su vida para no someterse, será
el que arrojará el último desafío al brutal oficial,
pero bajo el encanto de la música que sale de su violín. Esa
es una de las conmociones de la película: un anciano ocupa su puesto
en la lucha por la vida y contra la opresión, como los jóvenes
guerrilleros de las montañas, pero de modo diferente. Se trata de un
tema frecuente en el cine latinoamericano contemporáneo, que ilustra,
con más o menos éxito, bien es verdad, pero con tenacidad, el
tema de la dignidad de los "viejos", de su sed de vivir dignamente
entre los otros y a pesar de ellos: Elsa y Fred, Conversaciones con mamá,
Al otro lado de la calle. Como podréis ver en la película, la
voz de la resistencia a la opresión no se calla nunca
La música
no académica interpretada por don Plutarco es también un vistazo
a esa cultura musical popular de la que habla Vargas con respeto y a la que
rinde homenaje en El violín.
La película, aparecida en salas de Grecia y de Francia (30 copias),
se exhibe en España desde el mes de mayo. En México saldrá
más tarde, pues las condiciones para orquestar la salida de una película
como esta son más complicadas. "Yo esperaba que la película
se proyectara primero en el extranjero, que adquiriera cierta notoriedad,
antes de exhibirla a los mexicanos". Estamos seguros de que los aldeanos
que tanto han trabajado para realizar la película, y don Angel Tavira,
hoy en silla de ruedas, apreciarán la llegada de este filme a los mexicanos.
¡Larga vida a Francisco Vargas y al espíritu de resistencia del
viejo don Plutarco!
Mayo francés, la pesadilla de Sarkó
En 1968 la primavera de París explotó sorpresivamente insurrecta
y, sobre todo, profundamente libertaria. Lo que pasó, siendo ministro
de cultura André Malraux, aviador republicano en la guerra civil española,
está en las bibliotecas. Casi cuarenta años después,
la coincidencia de amplísimos sectores, incluso opuestos, en denunciar
aquella revolución como causante de los males que nos asolan demuestra
que la propaganda por el aburrimiento repetitivo es eficaz.
La derecha más curil, la que piensa otra vez en canonizar "mártires
de la cruzada", ha repetido hasta la nausea sartriana las consignas contra
aquella explosión de la imaginación. No soportan la herencia,
mundial, de aquellos días, no soportan un Estado laico, ni un país
de tradición revolucionaria, no aguantan la antipsiquiatría,
ni eso que el Papa inmóvil de las SS llama relativismo. Les molestan
las canciones de Leo Ferré o Brassens, la educación antiautoritaria,
las libertades individuales. Quieren, ahora, lo ha explicado Sarkozy en campaña,
que los niños en las escuelas se levanten al entrar el profesor, que
la policía se emplee a fondo en los barrios, que las condenas aumenten.
Vieja mercancía, lo de siempre: mano dura, moral, disciplina, sacrificio,
esfuerzo, fe.
Quieren, lo han hecho durante siglos, aunque lo nieguen, pegar a los niños
insumisos disfrazándolo de "por tu bien", como hacen en la
envidiada Inglaterra. Para que aprendan. Para que sepan muy bien quien manda.
Nostalgia de aquellas soberbias hostias a mano abierta que nos daban los maestros
franquistas (mala polilla les roa el culo) por "salvajes".
Aquellos que no están de acuerdo con semejante barbaridad, quienes
piensan que el autoritarismo solo es otra cara de la estupidez y la incompetencia,
son hijos del 68, chusma, rojos, anarquistas. Lo peor. Los culpables de la
ola de violencia que invade los colegios. Los culpables, sin duda, de Columbine,
de las matanzas, ya habituales, en los campus de las modernísimas e
irreprochables universidades estadounidenses, refractarias a todo lo francés,
congénitamente inmunes a lo "sesentayochista".
Para muchas personas, también en la izquierda, incluso extrema, el
mayo francés es algo despreciable: una fiesta de hippies, un pronunciamiento
pequeño-burgués, el delirio de los odiosos progres. Ante coincidencias
de ese tipo entre enemigos irreconciliables que encuentran un objetivo común,
Haro Tecglen solía escribir, para resaltar lo sospechoso de tales consensos,
un expresivo nombre propio: ¡Moriarty¡
Aznar y Sarkozy, entre muchos otros cafres de distintas "sensibilidades",
tienen en el Mayo del 68 su particular obsesión, su muñeco de
vudú, su "explicatodo" de cabecera.
La libertad siempre es culpable a los ojos de individuos capaces de hacer
chistes sobre la destrucción de un país o de llamar "chusma"
a la población más pobre.
Junto a Sarkozy desfila por la pasarela del cretinismo André Glucksmann,
un supuesto pensador que también odia las primaveras y pide el voto
para el Aznar francés. Ya se sabe que los conversos son los peores.
Este anti-todo lo que huela a mayo era, en 1968, nada menos que maoísta.
En España también había maoístas en aquellos tiempos.
Hoy están en la extrema derecha o en la emisora del infierno explicándonos
a todos las maldades de aquel "libertinaje".
Ahora, como maniobra electoral, pretende ser, Nicolás el justiciero,
el enterrador del 68, el sepulturero de lo libertario. Patina, y más
que va a patinar. En Francia los anarquistas no solo existen, sino que crecen
en una envidiable buena salud. Estudiar los últimos resultados electorales,
sin los anteojos trucados, puede que nos dé claves que no estamos acostumbrados
a valorar.
En la elección anterior, cuando el "lepenazo" se cargó
el gobierno de Jospín, la gauche plurielle de las 35 horas, la abstención
fue altísima. Nadie habló de anarquistas. Ahora, con una participación
del 80 por ciento, tampoco. No existen. Le monde libertaire, de venta en los
kioscos, deben comprarlo ectoplasmas sin cuerpo físico. Los sindicatos
anarquistas, incluidas dos CNT, están formados por espíritus
volubles sin contorno visible. Los cientos de colectivos y agrupaciones libertarias
solo habitan las enfebrecidas imaginaciones de los malditos sesentayochistas.
Razonemos, solo un poco, para no cansar. Si el espectro electoral abarca desde
varias extremas derechas, hasta distintos grupos de troskistas, pasando por
un abanico de posibilidades bastante surtido, no veo yo cómo interpretar
el veinte por ciento de abstención sin pensar que una parte, aunque
sea pequeña, es libertaria. Nadie lo menciona. Por algo será.
En cambio nos repiten constantemente los porcentajes de partidos que no llegan
al tres por ciento, incluido el en otros tiempos poderosísimo Partido
Comunista Francés, la candidatura de Bové, o la de Arlette Laguiller
y su Lucha Obrera.
Sarkozy quiere enterrar el Mayo francés. No creo que se deje. A lo
mejor este mayo lo entierra a él, como hizo con Aznar un marzo ventoso.
A Jose Mari y Sarkó, esa extraña pareja, no les gusta el 68.
Siempre pueden probar el 69. Que lo disfruten con salud.
Venezuela:
Chavismo y anarquismo hoy
Desde El Libertario va nuestra réplica a las habituales requisitorias
que suelen endilgarnos la derecha rústica o esa izquierda plegable
que, dentro y fuera de Venezuela, se encandila con el espejismo pseudo-revolucionario
del chavismo. Bastante más deberíamos, podríamos y querríamos
decir sobre este tema, pero de momento aquí se condensa y actualiza
lo esencial de nuestra perspectiva, que no por expresada antes deja de ser
necesario repetir ahora.
Hugo Chávez habla de socialismo, soberanía popular y participación.
¿Por qué plantear desacuerdos si eso coincide con el ideario
anarquista? Las arengas de Chávez son muy surtidas. Pero él
mismo ha reiterado que hay que fijarse en lo que hace y no en lo que dice.
Así, su "socialismo del siglo XXI" en los hechos no ha pasado
de mero paternalismo y capitalismo de Estado, con base en la abundancia de
la renta petrolera. La soberanía popular es soberanía de una
élite integrada por militares, empresas transnacionales y la naciente
"burguesía bolivariana". Basta ver la reciente concesión
de poderes extraordinarios a la Presidencia, o el modo como se apabulla a
los aliados que han expresado reservas frente a su decisión de constituir
un partido oficialista único, para tener una idea de lo que el Comandante
entiende por participación. En el anarquismo no se admiten liderazgos
permanentes y omnipotentes, sino sólo los que sean constantemente refrendados
por aquellos a quienes en alguna circunstancia representan y eso es expresión
de la soberanía y participación, lo que no se muestra en este
proceso ni en ningún otro que se asiente en el poder jerárquico
permanente y el Estado.
La intención proclamada de este gobierno es hacer una revolución
pacífica y democrática. ¿Por qué no esperar a
que se profundice la revolución antes de emitir juicios sobre el proceso?
Chávez parlotea de una revolución, pero su palabra no basta
para creer que la hace y que deba ser respaldado. Demasiados tiranos y demagogos
en este continente han dicho lo mismo, sin que hubiese razón para apoyarlos.
En nuestro caso ha habido una "revolución" en tanto que nuestro
modo de vida ha sido desarticulado en muchos sentidos, pero lo que vemos de
construcción no nos inclina a secundarlo. Permitir su consolidación
es hacer las cosas más difíciles de cambiar, porque los cambios
que los anarquistas pretendemos van en dirección muy diferente a la
que ha tomado este "proceso", que con más de 8 años
al timón se muestra pleno de autoritarismo, burocráticamente
ineficaz, estructuralmente infectado de corrupción, con orientaciones,
personajes y actitudes que no podemos avalar.
Si bien su proyecto es distinto al libertario, el chavismo llama a enfrentar
a la oligarquía y al imperialismo. ¿Qué tal si se establecen
alianzas estratégicas con ellos y más adelante, derrotados el
golpismo oligárquico y la agresión imperialista, tratar de hacer
la revolución anarquista? Las alianzas estratégicas son un modo
de acción política para ganar el control del Estado por un grupo
de aliados, mientras que los anarquistas buscamos disolver al Estado con la
participación de todo s. La derrota de lo que se llama reacción
y oligarquía (motes con claras miras propagandísticas) sólo
serviría para consolidar en el poder a los que ganen, quienes necesariamente
conformarán una nueva oligarquía porque así lo impone
la lógica del poder estatal, como ocurrió en la URSS, China
o Cuba. Esto haría más difícil la revolución anarquista
y España en 1936 fue un ejemplo. También es inexacto identificar
al proyecto chavista como en oposición al golpismo, cuando su afán
originario fue dar un golpe militar, y constantemente alardea de su identificación
con el lenguaje y las prácticas cuarteleras. La lucha contra el gobierno
de la minoría (oligarquía) dentro de los regímenes estatales
se reduce a reemplazar a unos pocos por otros pocos.
En cuanto a la pelea con el imperialismo, si atendemos a las políticas
que se proponen y ejecutan en el petróleo, en la minería, en
la agricultura, en la industria, en el plano laboral, etc., parecen perseguir
ser escuderos del Imperio, no sus enemigos.
Ahora se anuncia desde el gobierno venezolano una explosión del poder
comunal (municipal), con la masiva implantación y cesión de
potestades a los Consejos Comunales (ayuntamientos), organizaciones comunitarias
y horizontales de participación popular. ¿Los anarquistas apoyan
estas estructuras de base? Lo que empezamos a ver de la instauración
y funcionamiento de los Consejos Comunales apunta a que su existencia y capacidad
de acción dependerán de su lealtad al aparato gubernamental,
la cual se asegura dejando en manos del Presidente la facultad jurídica
de dar aprobación o no a dichas organizaciones, como se expresa en
la ley correspondiente. En eso hay experiencia en Venezuela, donde tantas
agrupaciones de base (como los sindicatos sin ir más lejos) siempre
se han parecido mucho a los tranvías, que reciben corriente desde arriba.
Ciertamente, hay intentos por una real agrupación de abajo hacia arriba,
y eso ocurre en ámbitos vecinales, obreros, campesinos, indígenas,
ecologistas, estudiantiles, culturales, etc., aunque no cuenten con la simpatía
del oficialismo. Nos parece que la sumisión legal, funcional y financiera
de los Consejos Comunales ante el poder estatal será un severo obstáculo
para iniciar desde allí un movimiento de base autónomo. Esto
vale igual con los anunciados Consejos de Trabajadores para las empresas,
en los que se vislumbra un modo de
cancelar a un posible sindicalismo independiente.
¿Por qué los anarquistas critican a la Fuerza Armada Venezolana
-de clara raíz popular y nacionalista- y a su capacidad de sustentar
un proyecto revolucionario? En todo ejército moderno, desde Europa
en los siglos XVII y XVIII a Latinoamérica hoy, el grueso de las tropas
son reclutas de los sectores populares. Pero pese al origen social de la mayoría
de sus integrantes, la razón de ser del ejército es la defensa
de una estructura de poder y a sus detentadores, por lo que no puede nunca
sustentar una revolución a favor de los oprimidos. A lo más,
cambiará un personaje por otro y algunas reglas de la estructura de
poder, pero no eliminarla porque el mando y la obediencia es su esencia. Por
eso no respaldamos a ningún ejército, ni policía, ni
privilegiados que en su provecho puedan usar la fuerza y las armas contra
otra gente. El nacionalismo no es una postura que el anarquismo apruebe, porque
implica circunscribirse a los intereses de ciertas personas, encerradas artificialmente
por un Estado en cierto territorio-nación, a quienes se considera diferentes
y hasta superiores a las demás. Somos enemigos de todo tipo de privilegios
por nacimiento, raza, cultura, religión o lugar de origen. Además,
la historia nefasta de la estructura castrense venezolana habla por sí
sola: institucionalizada por el tirano Gómez para liquidar las aspiraciones
federales regionales; consolidada en su vocación represiva durante
la lucha contra la insurrección de izquierda en la década de
1960; y ejecutora de la masacre de febrero de 1989.
¿Acaso los anarquistas venezolanos son "escuálidos"
(apodo con el que el chavismo alude a sus oponentes) y, por lo tanto, apoyan
a la oposición socialdemócrata y de derechas? Escuálido
es una calificación netamente mediática, despreciativa en su
uso político oficial y con aires de consigna, que nada dice acerca
de quienes así se califican. Pero, si en todo caso con ella se quiere
señalar a quienes no admitimos claudicar de nuestra libertad y autonomía
para someternos a la imposición autoritaria de una persona, de un partido,
de una ideología, lo somos. Y si con eso se quiere decir que aupamos
corrientes identificadas con el liberalismo económico, con el desprecio
cuasi-racista de las élites hacia las mayorías, con la estafa
de la democracia representativa o el retorno a formas de organización
socio-políticas superadas por la historia, entonces no lo somos. De
hecho, no apoyamos al régimen de Chávez ni a sus contrincantes
electorales; podemos coincidir con algunas acciones de unos y otros, con algunas
declaraciones de unos y otros, pero en lo fundamental criticamos la mayoría
de los hechos y los discursos de unos y otros. Repudiamos la frustración
repetida de las esperanzas de la gente que ha apoyado a Chávez, pero
rehusamos convalidar las maniobras politiqueras del hato de oportunistas que
fungen como oposición institucional. Y sobre todo, no podemos, por
razones de principio, respaldar a quienes fundamentan la búsqueda de
una vida mejor en cualquier tipo de subordinación de las personas a
la jerarquía estatal, como lo pretenden ambos bandos.
Hay quienes se dicen libertarios y defienden el proceso de Chávez.
Si por ello se les atribuye ser menos ácratas, ¿se trataría
entonces de una acusación contraria al espíritu antidogmático
del anarquismo? El anarquismo no es un estado anímico, es una manera
de enfrentar las cambiantes circunstancias sociales buscando el bienestar
de cada uno en el seno del bienestar de todos, con propuestas que surgen de
personas concretas y se discuten, adoptan o rechazan por los demás
en determinadas circunstancias espacio-temporales.
Cualquiera puede autonombrarse ácrata, porque no tenemos un carnet
ni un bautismo que nos identifique. Sólo la mutua interacción
nos ubica y son los demás anarquistas quienes nos determinan como perteneciendo
o no al movimiento, dependiendo de nuestras conductas y de nuestras ideas.
Pero, como no somos perfectos, podemos adoptar conductas o defender ideas
que el colectivo no apruebe. Eso no hace a nadie más o menos, nos hace
diferentes, aunque a veces la diferencia es tal que se torna insoportable
para los demás y dejan de reconocernos como suyos.
Los anarquistas sólo sermonean sin aportar nada. ¿Cuál
es su propuesta para transformar positivamente la actual realidad venezolana?
Nuestra lucha no es coyuntural ni de circunstancias, es por una nueva modalidad
que hemos de adoptar para la vida colectiva e individual, donde la acción
directa y la autogestión hacen que nuestra existencia esté en
nuestras propias manos, sincera y honestamente, educándonos en el estudio
y en la relación con los otros, sabiendo que nuestra libertad se extiende
con la libertad del otro, respetando la igualdad, ya que las diferencias no
crean superioridad, teniendo siempre presente que nuestra vida es posible
gracias a los otros, cuyos intereses debemos atender prioritariamente para
así poder alcanzar los propios, a los que no debemos renunciar porque
aspiramos a disfrutar de una existencia plena. Cada uno vive su vida y es
responsable de ella ante sí mismo y ante los demás, pero nadie
puede asumir nuestra "salvación". Por lo tanto, no hay una
"receta" hecha para ésta -o cualquier otra- realidad social,
pues las propuestas y acciones para transformarla deben ser resultado de un
esfuerzo colectivo consciente y continuo, para el que ya procuramos aportar
nuestra participación entusiasta, promoviendo y potenciando la recuperación
de la autonomía por parte de los movimientos sociales del país,
donde será posible el espacio de tensión necesario para el desarrollo
e influencia de las ideas anarquistas de libertad e igualdad en solidaridad.
Colectivo de Redacción de El Libertario ![]()
Manifiesto solidario con anarquistas y movimientos sociales de Venezuela
En el primer trimestre del 2007, 23 manifestaciones populares fueron reprimidas
por el gobierno venezolano y 99 activistas resultaron detenidos. Este dato
habla del creciente malestar así como de la criminalización
de las reivindicaciones sociales en el país latinoamericano, realidad
encubierta por la propaganda y mixtificación de un régimen que
se publicita como vanguardia del "socialismo del siglo XXI", con
apoyo de diferentes agrupaciones y personajes ligados a la izquierda autoritaria
del mundo entero.
Sin embargo, quienes se interesan por la situación real de los oprimidos
y explotados en Venezuela conocen las inconsecuencias y contradicciones del
gobierno populista liderado por el militar Hugo Chávez. Lejos de avanzar
estructuralmente en la reducción de las desigualdades y el incremento
de las posibilidades de desarrollo social, el gobierno reinante en Caracas
continúa manteniendo una de las distribuciones de riqueza más
injustas del Continente, profundizando además el papel asignado al
país por la globalización económica como proveedor seguro
y fiable de energía al mercado mundial, con las corporaciones transnacionales
petroleras como socios mimados y beneficiarios principales de la acción
del Estado venezolano. Tras 8 años y medio de gobierno contando por
obra de los altos precios petroleros con el ingreso fiscal más alto
de la historia nacional, los resultados sociales de las políticas del
chavismo son mediocres, siendo lo más destacable la aparición
de una nueva burguesía parasitaria del favor estatal, la "burguesía
bolivariana".
Según estadísticas e informes gubernamentales recientes, sobre
5 millones de trabajadores -46,5 por 100 de la fuerza laboral- se mantienen
en el sector informal de la economía, el 43 por 100 de los trabajadores
reciben una remuneración inferior al mínimo legalmente permitido
-poco más de 200 dólares al mes-, 2 millones y medio de personas
carecen de vivienda digna, el 18 por 100 de la población sufre de desnutrición,
la red de hospitales públicos presenta carencias y limitaciones de
todo tipo, el 90 por 100 de la población indígena vive en condiciones
de pobreza, más de 400 personas mueren violentamente por año
dentro de las cárceles y hay un promedio de 15 personas asesinadas
al mes por los cuerpos represivos del Estado.
El gobierno venezolano ha mantenido en los últimos cinco años
una disputa intra-clase con ciertos sectores tradicionales de la burguesía
local, en medio de una fuerte polarización político-electoral
que ha permitido dividir, inmovilizar y recuperar a los movimientos sociales
del país. Cualquier crítica a la corrupta, ineficaz y frondosa
burocracia oficial se califica de inmediato como "al servicio del imperialismo"
y, bajo excusa de "enfrentar al golpismo y las provocaciones reaccionarias",
se han promulgado diversas leyes que penalizan con mayor rigor las acciones
de calle y las huelgas en las empresas básicas del Estado. Estos son
parte de los mecanismos legales que desde 2006 se han utilizado contra las
movilizaciones populares que, intentando recuperar sus propias reivindicaciones,
manifiestan todas las semanas por el derecho a la seguridad personal, vivienda
digna, empleo y condiciones laborales decentes. La respuesta gubernamental
ha sido con bombas lacrimógenas, perdigones y detenciones.
Ante la tramposa polarización vivida en el país, y en especial
como réplica al mandato presidencial de disolver partidos y otras agrupaciones
previamente existentes para afiliarse al partido único del chavismo,
de siglas PSUV, diversas organizaciones de Venezuela procuran construir espacios
de autonomía para los movimientos sociales. Entre éstas, destaca
la actuación de compañeros y compañeras anarquistas,
que desde diferentes iniciativas, como la publicación y difusión
del periódico El Libertario (www.nodo50.org/ellibertario), construyen
una alternativa ajena tanto a la oposición socialdemócrata y
de derechas como al capitalismo de Estado bolivariano. Pero ese esfuerzo anarquista
por construir opciones y vías consecuentemente autónomas implica
riesgos: El Libertario, por ejemplo, debe enfrentarse a una sistemática
campaña de recriminaciones y descrédito por parte de agrupaciones
ficticias pagadas por el Estado, así como a un creciente hostigamiento
contra el activismo antiautoritario.
Este manifiesto quiere recordar a compañeros y compañeras ácratas
dentro de Venezuela, así como a las demás organizaciones sociales
autónomas de base en ese país, que cuentan con nuestro aprecio,
respaldo y solidaridad. Nuestras organizaciones e iniciativas anarquistas
denunciarán, en la medida de sus posibilidades, la demagogia e incoherencia
encubiertas bajo el alias de "revolución bolivariana", activando
los mecanismos de apoyo necesarios ante cada arremetida gubernamental contra
las aspiraciones concretas de justicia social y libertad del pueblo venezolano.
Internacional de Federaciones Anarquistas ![]()
El
violín:
una película mexicana
sobre los que resisten
Mayo francés, la pesadilla de Sarkó
Venezuela:
Chavismo y anarquismo hoy
Manifiesto solidario con anarquistas y movimientos sociales de Venezuela