
SECCIONES
La lucha contra la petrolera Shell en Irlanda
Según una estimación bastante conservadora, en este momento
hay en Irlanda hasta 30 campañas locales contra planes propuestos de
desarrollo que dañan el medio ambiente. Las principales son las que
se oponen a la construcción de plantas incineradoras en Ringsend, Dublín
y Ringaskiddy, otras en Cork y una más en Bantry, en la parte rural
del condado de Cork contra unas torres de alta tensión, que parece
haber concluido con éxito. Además hay otras en Erris, en el
condado de Mayo, que se opone a un gasoducto y una refinería que Shell
está construyendo.
Estas luchas han empleado diferentes métodos y formas de organizarse,
algunos legales cómo apelaciones a la "An Bord Plenala",
la junta planificadora que se encarga de recibir las alegaciones contra los
planes de desarrollo del gobierno local, o recursos legales para intentar
parar los proyectos a través del Parlamento. Protestas y acción
directa, aunque menos comunes, no son del todo desconocidas.
En general en Irlanda el sector de las ONG ecologistas es bastante pequeño,
y las pocas que hay no tiene relación con las luchas locales contra
estos planes y desarrollos. Hay un partido ecologista (Green Party), pero
sólo muestra interés en las campañas cuando se dan en
áreas en las que tenga presencia electoral y su base militante es muy
pequeña.
Erris es un zona muy remota, rural y marginal de la parte oeste de Irlanda,
la que mira al Atlántico, que se caracteriza por pequeñas granjas
de arrendatarios asentadas en tierra bastante pobre, con algo de pesca de
bajura y un ritmo de emigración muy grande. Con una estructura social
similar a la de la isla de Achill, situada más al sur y que se solía
conocer como los cuarteles de invierno de los jornaleros de las fincas inglesas,
lo único que ha cambiado en su estructura económica es que ahora
los emigrantes se encuentran en otras partes y dedicados a otros menesteres.
Una parte de la población habla gaélico (irlandés), pero
esta lengua es minoritaria a pesar de los intentos del gobierno irlandés
por favorecer la expansión del gaélico en el territorio como
alternativa al inglés, animado por su ideología nacionalista.
De hecho a mediados de los 60 los hablantes de irlandés se organizaron
en una especie de movimiento por los derechos civiles.
A diferencia del resto de la zona oeste de Irlanda, aquí el turismo
no es una parte importante de la vida económica en Erris. Probablemente
la naturaleza aislada de la economía local haya jugado un papel en
la elección de esta zona para la instalación de una refinería.
De hecho esta planta de la petrolera Shell no es la única iniciativa
de este tipo, altamente contaminante y con escasa necesidad de mano de obra,
que se ha planeado para la zona.
Desde el año 2000 se viene intentando construir un gasoductote 9 km
de largo en Erris, pasando por el pueblo de Rossport hasta una refinería
en un lugar llamado Ballinaboy. Esto se hace para extraer el gas del campo
Corrib, a unos 80 km al sur en el Atlántico, que se descubrió
en 1996. El último plan que el Estado ha hecho público es asegurarse
que todas las reservas de gas de la zona oeste son explotadas mediante la
construcción de más refinerías en Erris, pero muchos
residentes, al igual que otros activistas, creen que también se planea
construir instalaciones para la refinación de crudo.
En un principio la empresa encargada de este proyecto era Enterprise Energy,
pero luego Shell la compró, y ahora la construcción está
en manos de un grupo de empresas encabezadas por esta petrolera, pero en el
que también participan Statoil y Maratón.
Desde el principio el proyecto ha contado con el apoyo de los próceres
locales: la cámara de comercio, el clero y los representantes de los
dos partidos de derechas que tienen representación en Erris. La principal
oposición se ha organizado en torno a la campaña "Sheel
to Sea" (Shell al mar) que intenta, como su nombre indica, que los planes
con los que esta compañía trata de reducir gastos mediante una
refinería en tierra firme sean sustituidos por un proyecto más
caro de instalaciones en el mar. De hecho este suele ser el modelo más
habitual en la industria petrolífera, pero ahora Shell intenta recortar
gastos mediante un proyecto novedoso. Esta es una demanda mínima, que
se centra en pedir lo que se considera factible, pero ahora la resistencia
se ha profundizado y ha evolucionado a una crítica más profunda
del "estado de las cosas". La campaña se centra primordialmente
en los negativos efectos que puede tener en la salud de los residentes locales
en caso de que el proyecto siga adelante de la forma en que se ha planteado.
Resistencia
La parte del proyecto que concierne a la refinería se retrasó
varios años hasta que finalmente recibió el visto bueno a finales
del 2004, cuando el gasoducto se excluyó del proceso de planificación
requerido. Los trabajos empezaron la primavera de 2005 y estuvieron parados
por una serie de acciones directas desde junio de ese mismo año hasta
octubre del 2006.
Durante la primavera y el otoño de 2005 cinco granjeros estuvieron
encarcelados por negarse a permitir el paso de los constructores a través
de sus tierras, a pesar de existir una orden judicial a este respecto ya que
estas granjas se hallaban en una zona de expropiación obligatoria,
en el trayecto del gasoducto. A estos presos se les llegó a conocer
como los "cinco de Rossport" y se volvieron símbolos populares
de resistencia. Fueron liberados tras pasar noventa días en prisión.
Después de estas condenas se organizaron piquetes masivos, de varios
cientos de personas en un área que está escasamente poblada,
y se consiguió parar las obras en tres sitios distintos: Glengad, que
es el lugar por el que el gasoducto llega a la costa, Rossport, que es por
donde transcurre la mayor parte del trazado y Ballinaboy, que es el futuro
emplazamiento de la refinería. En agosto los pescadores anunciaron
su intención de bloquear el lugar en el que se trabajaba en el trazado
marítimo del gasoducto, lo que consiguió que se detuviera esta
parte del proyecto.
En junio de 2005 se estableció el Campamento de Solidaridad con Rossport,
que está en pleno trayecto del gasoducto y es un lugar que permite
alojar a la gente que se desplaza hasta la zona para participar en la lucha.
Tras todo esto el Estado se esforzó en disminuir la resistencia haciendo
alguna que otra concesión a la vez que seguía adelante con el
proyecto. Se puso en libertad a los detenidos, se nombró un negociador
gubernamental -que procedió a emitir un informe favorable a Shell-
y se propusieron modificaciones al trazado del gasoducto pero sin especificar
cuáles. Esta parte del proceso se prolongó durante casi todo
el 2006, y como parte de él se anunció que las ciudades del
condado de Mayo, en el cual se encuentra Erris, van a pasar a formar parte
de la red nacional de gas, mientras que antes se proponía que su suministro
proviniera directamente del campo oeste.
En septiembre de 2006 Shell anunció su intención de reanudar
los trabajos en la refinería, pero la presencia de gente en el piquete
se incrementó masivamente para enfrentar esta nueva amenaza. Hay que
tener en cuenta que los que participan en el bloqueo han estado acudiendo
al piquete todos los días laborables desde julio del 2005. Finalmente
el 3 de octubre de 2006 el gobierno envió 250 policías de todo
el país para forzar la reapertura de los trabajos en Ballinaboy. Hay
que tener en cuenta que en condiciones normales hay 20 policías estacionados
en toda la zona de Erris. Con este despliegue se consiguió reabrir
la obra, y ahora la estrategia ha pasado a ser la de contratar mano de obra
local para los trabajos con el objetivo de crear divisiones entre la población
local y así permitir que el Estado y los medios de comunicación
puedan presentar la situación como la de una guerra civil.
Junto a la masiva presencia policial se han producido ataques en los medios
de comunicación, cada vez más hostiles, muchas veces por parte
de políticos y hombres de negocios locales. La policía sigue
una política de no practicar detenciones para no crear mártires,
tal y como ha declarado en público el oficial encargado de la operación.
Pero en su lugar están recurriendo al asalto: desde octubre todos los
intentos de bloquear las obras han sido impedidos con cargas policiales.
De todas formas, las protestas siguen cada mañana de cada día
laborable en la ruta por la que se transportan los materiales de la construcción.
También el pasado 16 de febrero se paralizaron las obras durante dos
horas por 100 activistas que ocuparon el sitio.
Impacto medioambiental
El impacto local que tiene el vivir junto a una central de Shell tal vez se
pueda apreciar mejor leyendo declaraciones de personas que ya viven esta situación:
"Hay grandes cantidades de gente que han sido afectadas por el vertido
que Shell ha hecho de tonelada tras tonelada de productos químicos
en el aire. Esto ha dado lugar a casos de asma, leucemia y cáncer,
que se ha vuelto predominante, está por todas partes y presenta unas
tasas muy altas. En mi vecindario el 52 por 100 de los niños que van
a una escuela de primaria cercana tienen asma y los casos de leucemia son
24 veces más habituales que en el resto de Sudáfrica",
según dice Des D'sa, un miembro de la comunidad ecologista de Durban
Sur, en Sudáfrica.
"Vemos un lado de Shell que los directores y gerentes tratan que la gente
no perciba. La empresa que conocemos está a cargo de un refinería
al otro lado de nuestra calle, y operan sin tener ningún cuidado. Cada
día emite una polución tóxica sobre nuestro vecindario
que está dañando a nuestro hijos, que ya no pueden respirar
sin un inhalador", como cuenta Milton Kelley de la Community In-Power
Development Association, de Texas en los EE UU.
Además de las emisiones aéreas que producirá la refinería
se da la circunstancia de que su emplazamiento se halla junto al lago Carrowmore,
que es la fuente de agua potable de la región y se ha contaminado con
residuos de aluminio procedentes de la obra. Se planea que los deshechos de
la refinería se viertan a la bahía de Broadhaven, en la que
habitan focas, delfines y ballenas y que es una fuente de recursos para la
gente de la zona que pesca en sus aguas. Además está la contribución
al caos climático, ya que la refinería emitirá el dióxido
de carbono equivalente a 10.000 coches al año y emisiones de metano,
para redondear.
Una parte del gasoducto, desde la salida de gas del pozo hasta la refinería,
transcurre durante 9 km por tierra, por entre las casa de la gente. A finales
de 2005 se hizo público un estudio independiente de seguridad de la
instalación por la consultora de EE UU Accufacts, especializada en
gasoductos, en el se decía que: "El proyecto de Corrib no es una
instalación normal, ya que se puede dar la posibilidad de que tenga
que operar a presiones particularmente grandes. Esto puede aumentar mucho
la posibilidad de ruptura del gasoducto".
Otro tema que ha sido destacado por la campaña han sido las condiciones
extremadamente neoliberales de la producción de gas y petróleo
en Irlanda, ya que el Estado tiene unos impuestos muy bajos, posiblemente
los más ajos del mundo en términos efectivos, y además
las compañías puede desgravar los costes de construcción
de lo que pagan, con lo que en realidad acaban no pagando impuestos. Aparte
de los intereses de Shell y Statoil también Exxon-Mobil tiene una participación
del 80 por 100 en un campo de petróleo y otro de gas en la costa oeste
en el que están involucradas varias empresas irlandesas, incluyendo
una que es propiedad del magnate internacional de los medios de comunicación
Tony O'Reilly.
Papel de la izquierda libertaria
Tanto anarquistas como ecologistas radicales y sectores no jerárquicos
del movimiento antiglobalización han estado involucrados en la lucha.
Esto ha sido un factor determinante en la proliferación de grupos de
Shell to Sea en varias partes del país, además de estimular
la creación del campamento y de acciones solidarias en el Reino Unido.
Probablemente esta sea la lucha popular más significativa en Irlanda
en contar con esta movilización de la izquierda libertaria desde las
campañas contra la extracción de Uranio y las centrales nucleares
a finales de los 70 y principios de los 80.
La campaña de Shell to Sea ha contado con bastante apoyo internacional.
El 10 de noviembre de 2006 hubo una protesta frente a la refinería
de Shell en Durban, Sudáfrica, al mismo tiempo que se llevaba a cabo
un día de acción en Erris en el que el intento de bloquear las
obras se enfrentó a la violencia policial. La fecha marca el aniversario
de la ejecución de diez oponentes de Shell en Nigeria, el más
famose de ellos Ken Saro Wiwa. Las visitas entre Durban y Erris han sido recíprocas
y también familiares de Saro Wiwa han viajado a Irlanda para participar
en manifestaciones y encuentros públicos, y la conexión entre
Erris y Nigeria se halla plasmada en pinturas murales, carteles de protesta
y una hilera de cruces blancas en conmemoración de los ejecutados.
Otros visitantes han sido personas que mantienen luchas en torno a la extracción
de recursos naturales en Appalachia, Islandia, Ecuador y Bolivia. Se han hecho
acciones de solidaridad con la lucha contra Shell en otros países,
principalmente el Reino Unido, pero también en los EE UU, España,
Holanda, Alemania, Noruega, Suecia y Australia.
El futuro
A pesar de que Shell vuelve a tener el control de la refinería de Ballinaboy
tras el invierno de 2006 a 2007, debido a razones climáticas y geológicas
(dicho en otras palabras, lluvia y suelos blandos de turba) el trabajo se
halla menos avanzado ahora que cuando se detuvo la primera vez en 2005. De
momento todo lo que se ha podido hacer es trabajo preparatorio sobre el terreno,
previo a poder comenzar con la obra en sí.
Los medios de comunicación y la policía han tenido su efecto
sobre la campaña y han disminuido la militancia. Hay que tener en cuenta
que todo esto ocurre en un lugar en el que nunca antes se había dado
una movilización de este tipo. A pesar de todo esto los manifestantes
han seguido acudiendo a la cita cada mañana de todos los días
laborables, y la breve interrupción de los trabajos el 16 de febrero
puede anunciar una vuelta a los métodos de acción directa que
tan útiles han sido a la lucha hasta ahora.
La construcción de la refinería en sí, planeada para
el verano del 2007, durará unos dos años y es obvio que Shell
está buscando una ruta alternativa para el gasoducto, lo que podría
abrir un nuevo frente para la lucha. Puede ser que el Estado se retire de
la lucha porque aún hay formas institucionales de parar las obras,
bien mediante cuerpos reguladores o bien mediante el Parlamento, sobre todo
cuando se acercan elecciones a mediados de este año. En cualquier caso,
aunque la lucha de Shell to Sea sea derrotada eso no significa el final de
la historia, tal y como ha pasado con otras luchas desde las cercanías
de este tipo de instalaciones que viven puerta con puerta con las refinerías,
ya que sirven para minimizar los efectos, o conseguir que se limpien los desastres
que provocan las ya existentes. Además parece que este proyecto es
el primero de una serie, y que habrá más.
Mientras que el asunto del impacto medioambiental tiene una capacidad limitada
para captar el interés de la mayor parte de la clase trabajadora de
otras partes de Irlanda, que pudiera llevar a su implicación, sí
lo tiene la posibilidad de que se extienda la rabia por las imágenes
de represión encaminada a forzar la instalación de una empresa
contaminante y peligrosa. Además, la naturaleza neoliberal de la explotación
de recursos en Irlanda une lo que está pasando en Erris con el descontento
que se ha extendido por el país por los recortes al sistema educativo
y de salud.
La solidaridad y las protestas en el exterior tienen un impacto extremadamente
positivo en la moral de la gente que lucha en primera línea contra
Shell, Statoil y el Estado irlandés. Se pueden hacer protestas contra
todos aquellos intereses relacionados con estas empresas, además de
consulados y embajadas irlandesas. Siempre se da la bienvenida a la llegada
de voluntarios al campamento de Rossport.
Se supone que Jesucristo vivió en los primeros treinta años
del primer siglo de nuestra era. Palestina estaba ocupada por Roma; Augusto
y luego Tiberio fueron los emperadores, de lo que nos quedan numerosos documentos
escritos por historiadores, por letrados o simplemente por la administración
romana. Sin embargo, ningún texto contemporáneo menciona los
hechos espectaculares descritos en los Evangelios, como la matanza de los
inocentes por el rey Herodes, la aparición de una nueva estrella anunciando
el nacimiento de Jesús, las espesas tinieblas que habrían envuelto
toda la tierra -incluida la ciudad de Roma- durante tres horas en pleno mediodía
tras la crucifixión, ni las numerosas tumbas que se abrirían
por entonces para dejar salir a los justos resucitados. Nada menciona tampoco
a Jesucristo ni ninguno de sus actos. No hay ni un solo informe de la administración
romana, a pesar de su reputada burocracia, que evoque la crucifixión
por los hombres de Pilatos de un hombre llamado Jesús.
Los primeros interrogantes sobre el personaje histórico de Jesucristo
aparecen tras la estela de las guerras de religión, en el siglo XVI,
cuando los reformados cuestionaron algunos de los dogmas según ellos
extrapolados por la Iglesia católica a partir de textos sagrados. En
aquella época, el debate se centra principalmente en la manera de interpretar
las numerosas contradicciones entre los cuatro Evangelios, pero nadie osaría
poner públicamente en duda -bajo pena de muerte- la credibilidad de
los textos "revelados".
La cuestión de fondo es llevada a la plaza pública por los enciclopedistas,
en el siglo XVIII: fuera de los Evangelios, por fuerza sujetos a prevención,
¿qué pruebas históricas muestran la existencia de Jesús
y la veracidad de los hechos descritos en el Nuevo Testamento?
Desde los primeros Padres de la Iglesia y hasta el Siglo de las Luces, los
cristianos han dado siempre prueba de un testimonio irrefutable de la existencia
histórica de Jesús. Ese testimonio, aunque único, constituía
según la Iglesia una "prueba" nada discutible por ser incluso
aportada por un adversario del cristianismo: el historiador judío Flavio
Josefo. Éste, en efecto, menciona de modo explícito a Jesús,
sus milagros y su antigüedad en su obra Antigüedades judías,
escrita en el año 93. En estos veinte volúmenes traza la historia
del pueblo judío, y figura este corto pasaje: "Por aquel tiempo
apareción Jesús, hombre sabio, si lo podemos llamar hombre.
Porque era un hacedor de milagros y el maestro de los hombres, que recibían
de él con alegría la verdad. Atrajo a muchos judíos y
a muchos griegos. Era Cristo. Y cuando, ante la denuncia de nuestros primeros
conciudadanos, Pilato lo condenó a la crucifixión, los que lo
habían querido al principio no dejaron de hacerlo, porque se les apareció
tres días después, resucitado, mientras los profetas divinos
anunciaban esa y mil otras maravillas al respecto. Y el grupo atraído
por Jesús, el de los cristianos, no ha desaparecido todavía"
(1).
Algunas líneas constituían, pues, la única mención
explícita de la existencia de Jesús por parte de un autor contemporáneo
de los hechos a la vez que no cristiano, hasta que llego Voltaire.
En el siglo XVIII se puede todavía morir, como el caballero De la Barre,
decapitado en 1766, "por haber pasado delante de una procesión
de capuchinos sin quitarse el sombrero" (2), pero la sangrienta dictadura
de la Iglesia católica vive sus últimos decenios, al menos en
Francia. El primer libro de bolsillo de la historia, el Diccionario filosófico
portátil (llamado también Evangelio del día a modo de
burla), publicado en Ginebra en 1764, oculto como una obra colectiva de varios
hombres de letras, permitirá al patriarca de Ferney difundir a gran
escala sus argumentos contra "la superstición".
Entre dos artículos en los que despelleja conscientemente a "la
Infamia" (la Iglesia) y ridiculiza sus dogmas, el filósofo ajusta
sus cuentas con la famosa "prueba" de la existencia de un denominado
Jesús ante Pilatos: cómo creer ni por un segundo, se indigna
Voltaire, que Flavio Josefo, fariseo ortodoxo convertido en ciudadano romano,
haya podido hablar así de Jesús y llamarle "Cristo"
como lo habría hecho un cristiano. "¿Cómo pueden
encontrarse unos teólogos tan imbéciles o tan insolentes para
tratar de justificar esta impostura de los primeros cristianos, reconocidos
como fabricantes de imposturas cien veces mayores?"
Hoy, lo sabemos, la "prueba" no era más que una burda falsedad,
un pasaje añadido por un clérigo, probablemente en el siglo
IV (3). Por el contrario, una vez demostrada la superchería y apartadas
las líneas apócrifas, el texto de Flavio Josefo se convierte
en una mina de argumentos para el filósofo combatidor de "la Infamia".
Flavio Josefo nació en el año 37, en una gran familia de Jerusalén,
unos años después de la supuesta fecha de la muerte de Jesús;
su padre pudo haber sido testigo de la aventura del "galileo". ¿Cómo
explicar entonces que esta historia en veinte volúmenes no haga mención
alguna a acontecimientos tan cercanos y destacados como la matanza de catorce
mil recién nacidos por orden de Herodes, los milagros, las resurrecciones,
el jucio ante Pilatos y la liberación de Barrabás, o incluso
las diversas manifestaciones estelares y meteorológicas que siguieron
a la crucifixión?
El asunto parece fácil de entender para cualquier persona de buena
fe, pero eso no impide que los propagandistas cristianos, aprovechándose
descaradamente de la ignorancia generalizada, sigan hoy incluso afirmando
que Flavio Josefo "demuestra" la existencia de Jesús, cuando
es exactamente lo contrario
Ningún documento de la época menciona a Jesús si descartamos
el de Flavio Josefo. Sólo quedarían los Evangelios para testimoniar
la existencia del galileo crucificado
Se sabe poco sobre el origen de los textos llamados Evangelios: fueron escritos
probablemente a partir de los años 70 (o sea, cuarenta años
después de los supuestos acontecimientos), cada uno por varios autores
no contemporáneos de los hechos, y muy probablemente fuera de Palestina,
como lo reflejan numerosos errores geográficos, botánicos, etc.
Nos han sido transmitidos en griego.
Para comprender la génesis de los Evangelios hay que situarlos en su
contexto histórico, político y religioso. Hasta el año
70, el judaísmo se dividía en tres grandes corrientes -fariseos,
saduceos y esenios- llenas de sectas a su vez, que discuten y se combaten
sobre un fondo de debate político-religioso: ¿hay que colaborar
con los romanos, o separar lo espiritual de lo temporal como aconseja el fariseo
Flavio Josefo, o bien combatir contra Roma y restaurar la teocracia, como
desean los sicarios, los idumeneos o los zelotas?
Las nacionalistas integristas desencadenaron en el año 66 la insurrección
de Judea. En el año 70, Jerusalén fue tomada y el Templo destruido
por el ejército de Tito. Tras el desastre, la corriente farisea, vencedora,
representaba la "religión oficial" y emprendió la
labor de refundar el judaísmo a partir de un texto, la tora. Esta nueva
ortodoxia de la religión judía obligaba a los supervivientes
de las sectas rechazadas en la marginalidad a definirse respecto a ella. Los
baptistas -que profesaban que San Juan Bautista era el Mesías-, los
galileos -que creían en Jesús-, los agnósticos, los judaítas,
los terapeutas, etc., debían abandonar su doctrina distinta del judaísmo
fariseo, bajo pena de desaparecer. A esta necesidad responde la redacción
de los Evangelios.
El primer Evangelio reconocido hoy día por las Iglesias occidentales,
es el de San Marcos, destinado a frenar los errores de la tradición
oral entre los galileos, y a fijar las bases dogmáticas de lo que aparecería
a partir de entonces como una herejía frente al judaísmo "oficial".
Los Evangelios siguientes -llamados sinópticos- fueron escritos sucesivamente
para corregir lo que decían sus predecesores, a medida que evolucionaba
la nueva creencia.
Se ve que estos textos teológicos están muy lejos de constituir
un testimonio histórico. Podemos por otra parte preguntarnos si los
Evangelios que han llegado a nosotros son los mismos que se redactaron a finales
del siglo I.
Hasta cerca del año 200, ninguno de los pasajes citados por los Padres
de la Iglesia como procedentes de los textos evangélicos se corresponde
con alguna de las cuatro versiones admitidas en nuestros días en el
Nuevo Testamento. En el año 325, durante el Concilio de Nicea, se censaron
una cincuentena de evangelios. De todos ellos, los obispos fijaron cuatro,
que son los que conocemos hoy en Occidente, pero muchos de los relatos que
se rechazaron subsistieron y se siguen reconociendo en algunas Iglesias orientales,
como el Evangelio de Santiago (que sería el más antiguo), el
de Santo Tomás (llamado "de la infancia") o el de Nicomedes.
La costumbre de producir falsedades para alimentar la fe popular estaba ya
muy extendida, por lo que la Iglesia admitía como auténticas
desde comienzos del siglo IV las cartas de Cristo, las cartas de María,
e innumerables reliquias
Entre tanto, la pequeña secta de los galileos había emigrado
hacia el Mediterráneo entre la diáspora judía, tomando
prestado de la filosofía griega, penetrando los medios de los judíos
platónicos, después de los no judíos, convirtiéndose
poco a poco en una religión de vocación universal apartada del
judaísmo.
A partir de 313, el emperador Constantino, comprendiendo la fuerza que le
daría a su poder temporal la adopción de una religión
monoteísta y universalista que predicaba "darle al César
lo que es del César", hizo de esta secta, a pesar de estar dividida
en una multitud de capillas, la religión del Estado en el Imperio Romano.
A ello siguió una sangrienta represión contra los politeístas,
los agnósticos y también los herejes cristianos, en particular
los arrianos, aunque eran mayoritarios entre los sacerdotes, pero negaban
la "consustancialidad del Padre y el Hijo" (a mediados del siglo
IV, la naturaleza divina de Jesús se convirtió en dogma definitivamente
establecido, si bien no se hizo mención de ello en San Pablo, y los
Padres de la Iglesia no habían debatido respecto a ello en trescientos
años; en cuanto a la Trinidad, no se "adoptó" hasta
el siglo IX).
Una vez en el poder, los cristianos emprendieron la represión sistemática
de todas las demás formas de pensamiento, la reescritura completa de
la historia y la falsificación o la destrucción de los textos
"paganos" (numerosos textos de Platón, por ejemplo). Al contrario
que la leyenda fabricada por los clérigos, está históricamente
probado que los primeros cristianos fueron más protegidos que perseguidos
por los emperadores romanos (como mucho, hubo unos cientos de muertos en más
de doscientos años), lo que les permitió celebrar más
de cincuenta concilios en tres siglos. Sabemos que ellos mismos, una vez en
el poder, persiguieron encarnizadamente a los politeístas, que sin
embargo eran tolerantes desde siempre. Y sabemos también que el emperador
Constantino, celebrado por la historia cristiana, era en realidad un bruto
sanguinario, mientras que el emperador Juliano, cuya familia había
sido masacrada por los cristianos y que quería restablecer la libertad
de culto en el Imperio, pasó a la posteridad bajo el nombre de "el
Apóstata" y fue cubierto de calumnias. Durante los quince siglos
siguientes, la Iglesia reinó por medio de la mentira y el terror en
nombre de la religión cristiana.
El descubrimiento de un predicador más en la Judea de Herodes, de un
predicador que sería llamado Jesús y al que se crucificaría
por haber tenido la osadía de pretenderse "rey de los judíos"
no habría sido ninguna conmoción histórica. Pero no es
nada, y hay más indicios a favor de la existencia del monstruo del
lago Ness o del Yeti, que de la de Jesús. A pesar de eso, cada día,
en la prensa, en la radio o en la televisión, doctos eruditos glosan
sobre los detalles de la vida de un hombre que no ha existido jamás.
Doscientos cincuenta años después de Voltaire, la mentira histórica
de la existencia de Jesús ha seguido enseñándose en las
escuelas, y el jefe de Estado que dirige el mundo es un creyente fanático
de esta religión, cuyos fundamentos descansan sobre falsedades y sobre
una leyenda.
François Roux
(Le monde libertaire) ![]()
Notas:
1.- Antigüedades judías, XVIII.
2.- Diccionario filosófico, de Voltaire.
3.- Flavius Josèphe, le juif de Rome, de Mireille Hadas Label.
Apartheid y pequeñas victorias en Palestina
Frente a un descontento creciente, el ejército israelí ha decidido,
el miércoles 17 de enero, aparcar indefinidamente un nuevo orden de
apartheid que prohibía a los israelíes y a los extranjeros llevar
palestinos a Cisjordania. A pesar de esta pequeña victoria, el camino
para poner fin al apartheid en Palestina sigue siendo largo.
El 19 de noviembre de 2006, Ya'ir Naveh, el general en jefe del ejército
israelí para la región central, publicó un decreto que
prohibía la conducción de palestinos por israelíes a
Cisjordania. Esta orden -ejecutora de lo más execrable de la política
israelí de segregación racial- debía comenzar el viernes
19 de enero, e impondría por primera vez penas legales a los miembros
de los diferentes grupos nacionales en la esfera privada.
Este decreto es la apoteosis de una discriminación institucional deliberada,
concebida para aumentar la dominación de un grupo nacional sobre otro,
la definición legal exacta del crimen del apartheid. Pero el peso moral
de ese decreto es aún mayor, pues ni siquiera bajo el régimen
sudafricano se llegó a ejecutar semejante prohibición.
Inspirado por los Freedom Ribes ("trenes por la libertad") de los
años sesenta, que contribuyeron a poner fin a la segregación
en el sur de Estados Unidos, se ha organizado un convoy de israelíes
y de internacionales como reacción al decreto. Su intención
era transportar a los palestinos por una ruta reservada a los colonos, con
el riesgo de arresto y de condenas, como desafío a esa ley racista.
Mientras que los anarquistas actúaban como motores para organizar y
convencer a los israelíes a infringir la ley, la voluntad de participar
ha venido de círculos mucho más amplios. Cientos de personas
han prometido abierta y públicamente seguir su conciencia antes que
la ley, algo nada desdeñable en una sociedad como la israelí,
tan despojada de tradiciones revolucionarias e infectada por el fetichismo
hacia la ley.
Hacia medianoche del martes 16 de enero, el ejército ha retrocedido
ante la presión y ha decidido congelar el decreto de apartheid de forma
indefinida, justo tres días antes de su entrada en vigor. Aunque la
anulación de la puesta en marcha del decreto sea una victoria importante,
persiste el peligro, porque el decreto no ha sido totalmente retirado, sino
simplemente aparcado.
Por muy escandaloso que sea este decreto, no sorprenderá a nadie que
conozca la política el hecho de que Israel dirija desde hace años
Cisjordania. A través de una multitud de eufemismos sobre seguridad,
Israel ha podido instaurar un régimen de apartheid y de segregación
racial extremadamente sofisticado. Desde Jenin al norte hasta Hebrón
al sur, desde Qalqiya al oeste hasta Jericó al este, Cisjordania se
divide en pequeños islotes cerrados y aislados. Cinco de esos "islotes"
están bajo el control absoluto de Israel. Con el muro, las colonias,
las rutas de apartheid y otros medios para limitar los desplazamientos, Israel
ha conseguido crear una red de control casi invisible.
Ahora es fundamental que no nos entusiasmemos con esta pequeña victoria
sobre el decreto como si supusiera el fin del apartheid israelí en
Palestina. La lucha continúa todos los días en los puestos de
control, en las carreteras reservadas a los colonos, y contra el muro. Se
trata de un único y mismo combate.
Un sorpresa muy agradable ha sido esta película alemana, y con mayor motivo cuando se sabe que detrás de su escritura y realización está un tipo novel de 33 años llamado, nada menos, Florian Henckel von Donnersmarck. No es casualidad que una película sobre la antigua República Democrática Alemana, y su eficaz y perversa organización policial, nos sitúe en 1984 (el nombre de Stasi es abreviatura del alemán Ministerium für Staatssicherheit, Ministerio para la Seguridad del Estado, que sería de total adecuación al universo orwelliano). Tiene el film un guión sorprendente, plagado de recovecos, sin trampas ni fisuras, donde un funcionario policial, de vida triste y plenamente dedicada al socialismo real, decide adelantarse a la maquinaria totalitaria a la que representa y consigue carta libre para investigar a una pareja de artistas, aparentemente fieles al régimen. El protagonista, magistralmente interpretado por Ulrich Mühe (habitual en películas de Michael Haneke), observará detenidamente la vida de sus sospechosos, y descubrirá hechos que despertarán algo en su interior para llevar a cabo una conmovedora redención; de su existencia gris y posterior evolución, seremos testigos los espectadores, en una especie de ejercicio de metalenguaje visual. Una hermosa idea está presente en la película, pero también su reverso: la de que una persona honesta puede finalmente "venderse" a un régimen perverso, y la de que un súbdito de la iniquidad es capaz de vencer todos los obstáculos y hacer lo correcto. De esta última idea, la evolución positiva de las personas, presente en la obra de teatro del dramaturgo que interpreta Sebastian Koch (no tiene precio la ironía presente en las dos versiones del texto que se representan: la de la extinta RDA, que el autor observa con una complacencia que quizá esconda demasiadas cosas, y la de la reciente Alemania unificada, recibida con desencanto e indiferencia), se mofa un detestable ministro del país, calificando al escritor de ingenuo humanista. Soy incapaz de encontrar un defecto a la película de Henckel: a los magníficos actores ya mencionados, se unen un plantel de secundarios impresionante (cuyos rostros nos serán familiares gracias a un cine germano de alto nivel, que ha encontrado distribución en nuestro país en los últimos años); la fotografía, oscura y tendente a los grises, y la sobria puesta en escena están al servicio de la represiva atmósfera que envuelve el film; ya he mencionado lo que me parece un guión perfecto (y recomiendo al lector que mantenga sus sentidos alerta para disfrutar de cada secuencia, así como de los numerosos guiños), pero iría más allá al comprobar que una narración, que hubiera acabado de forma coherente con su estupendo desarrollo en un aparente desenlace, da un nuevo giro nada artificioso, se extiende más allá de lo que es una duración normal de un largometraje (la película dura cerca de dos horas y media, sin que le sobre ni un minuto, otra increíble valía más en el cine moderno, que tantas concesiones realiza) y nos deleita con un desenlace esperanzador para con la condición humana, cargado de ganas de vivir, con la forma de la sonrisa de un hombre que fue capaz de desprenderse de toda su condición dogmática, de renunciar a todo en lo que creía y a un prometedor futuro en el Estado socialista. Si hay una lectura política en el film es la de que el socialismo es incompatible con el autoritarismo, sin que exista asomo de ninguna apología de la "libertad" que llegará tras la caída del muro (más bien, lo contrario: el ser humano, incluso aquel más condicionado, es capaz de rebelarse contra la más feroz de las máquinarias represivas; su posterior desubicación y rechazo que sufre en el Estado liberal que llega tras el totalitarismo, no es más que una de las muchas aristas presentes en la película). No quiero desvelar nada del argumento, pero quiero mencionar algo que me señaló un lúcido amigo: para vergüenza de nuestra complaciente y constitucional democracia, existe una secuencia en "La vida de los otros" donde las víctimas de una dictadura solicitan abiertamente información sobre sus verdugos, algo prohibido en nuestro país. La recuperación de la memoria, que no terminamos de agarrar con firmeza frente a una interesada clase política que la utiliza como freno, nada tiene que ver con ningún "ajuste de cuentas", tiene que ver con la justicia y con la apropiación de nuestro futuro.
Calentamiento global
y catastrofismo:
tapando el sol con un dedo
Uno de los temas que se está poniendo de moda desde hace un par de
años es el calentamiento global y sus consecuencias, al que ya le hemos
dedicado algunas líneas desde esta publicación. Aunque en la
gran mayoría de las menciones que se hacen en los medios de comunicación
coinciden en que el calentamiento global y su consecuente cambio climático
son una realidad a la que tenemos que irnos acostumbrando, fue para mí
algo inesperado el enterarme que había opiniones libertarias que planteaban
importantes discrepancias sobre el asunto. Más aún teniendo
en cuenta que habían sido vertidas en un periódico tan prestigioso
como Tierra y libertad de España, una de las publicaciones anarquistas
más perennes, tradicionales y prestigiosas de nuestro movimiento. El
artículo se titulaba Del empleo del catastrofismo
en la ideología dominante y estaba firmada por Philippe Pelletier,
un compañero de origen galo. La argumentación intenta probar
cómo el discurso del calentamiento global -de una retórica y
una estética catastrofista- además de falso, es funcional al
sistema, es decir, sirve como un instrumento para consolidar la dominación
social. Si bien el autor de la nota opina indudablemente desde una postura
anarquista, mi visión del calentamiento global es diametralmente opuesta
a la de Pelletier. Por lo tanto no pretendo desde este lugar hacer una crítica
ideológica del compañero sino debatir posturas con respecto
a la específica temática del calentamiento global.
La mayoría de los estudios e informes sobre el calentamiento global
han llegado a la conclusión de que, en mayor o menor medida, ha sido
causado por la emisión de gases invernadero -en especial CO2- producto
de la actividad humana. Lejos están los científicos del desacuerdo
que Pelletier imagina sobre el asunto y más aún de existir una
invención periodística del problema. Más bien existe
un interés creciente de medios de prensa allegados a sectores industriales,
petroleros y automotrices, cuando no al gobierno norteamericano en desinformar
sobre el asunto y poner paños fríos a una situación que
es injustificable éticamente e insostenible políticamente. Aunque
pueda parecer vergonzoso, no deja de ser menos real que el huracán
Katrina hizo perder más votos a Bush que toda la muerte y destrucción
que llevó adelante en el Golfo Pérsico. Lo que está en
juego no son teorías científicas acerca de si es la acción
humana o es un patrón cíclico natural el generador del cambio
climático, sino políticas industriales, modelos de desarrollo
y de expansión de las grandes potencias, así como costos políticos
frente a desastres naturales cada vez más frecuentes. Los propios EE
UU están reconvirtiendo su industria automotriz no por causa del calentamiento
global sino por la futura escasez de petróleo: la energía barata
se terminó y las alternativas se revelan como de primitivo desarrollo
y capacidad (energía eólica o solar) o de utilidad controversial
(energía termonuclear e hidroeléctrica). Aún nos resulta
inimaginable un mundo sin petróleo. Si los pocos años de "energía
sucia" que nos quedan a los humanos los estigmatizamos como una amenaza
a nuestra supervivencia, nos enfrentaremos a la crisis económica, las
hambrunas y la destrucción de los estándares de vida actuales
antes de haber hallado una solución al problema energético,
argumentan desde los despachos de las multinacionales.
He aquí una de las razones para negar que sea la actividad humana la
que produce el calentamiento global. En realidad nos referimos a la actividad
industrial -mayormente de las grandes potencias- y al transporte, sin olvidar
que los desmontes de las selvas y bosques, los incendios forestales, la agricultura,
la ganadería y la espantosa sobrepoblación humana, que ha llevado
a la raza humana prácticamente a la categoría de una plaga destructiva,
son igualmente responsables de la amenaza. El recalentamiento tal vez no esté
lo suficientemente probado -como sostiene el compañero Pelletier- pero
eso no nos debe llevar a sostener que es una ficción. Las pruebas de
que los cambios climáticos responden a un patrón cíclico,
están menos probadas aún. O acaso hemos creído que esto
se trata de la conspiración de la comunidad científica para
dominar al mundo por el miedo al cambio climático.
Los políticos y los periodistas hablan del cambio climático
y lo utilizan como panacea explicativa de todos los males, y tiene intereses
para hacerlo, sostiene Pelletier. Es verdad, coincidimos; también dicen
que los nazis asesinaron a millones, que hay que acabar con el hambre en África
y que el cigarrillo es malo para la salud, es verdad y coincidimos también.
Como igualmente coincidimos con los marxistas en que hay que acabar con el
sistema capitalista de dominación: ¿eso nos convierte en sus
aliados? Las verdades en boca de los mentirosos (sean políticos o no)
no dejan de ser verdades ni se convierten en verdades a medias. Pareciera
que este no es el razonamiento de Pelletier.
Sostiene nuestro autor que "para imponerse en un mundo moderno en el
que se mezclan a la vez racionalismo y religiosidad, ya sea antigua o nueva,
escepticismo y fanatismo, revuelta y fatalismo, toda ideología de vocación
hegemónica debe pegar fuerte. Recurre siempre al catastrofismo. Por
eso, no duda en cultivar la más grande confusión". A través
de las imágenes televisivas de estética apocalíptica
y de un discurso sentimental se construiría el fraude. Pelletier afirma
que "son raros los reportajes sobre la contaminación efectiva
y no fantasmal, incluyendo nuestro propio espacio, y no los dedicados a los
bosques vírgenes o los casquetes polares que, desde luego, son mucho
más exóticos, estéticos y glamorosos a la vista. No veréis
a obreros en la miseria o casas de mierda". La razón -según
Pelletier- es que "vende menos"; el negocio está en la "estetización
de la catástrofe". Si el fenómeno del calentamiento global
es un invento de los medios y los políticos para vendernos algo, sea
lo que fuere eso, da lo mismo vender calentamiento global que pingüinos
empetrolados, bosques que se desmontan o pandas en peligro. Deberíamos
preguntarnos además por qué nos quieren vender algo que no deja
bien parado al mundo industrializado, cuando ellos forman parte del stablishment.
No será, en cambio, que los políticos y los medios de comunicación
intentan apropiarse de un discurso que ya no pueden ignorar, para encauzarlo
en su favor. Ese parece ser el caso del documental An inconvenient truth (una
verdad incómoda), protagonizado y patrocinado por Al Gore, ex hombre
de Clinton y candidato presidencial derrotado por Bush, en unas fraudulentas
memorables elecciones. Como documental acerca del cambio climático
es altamente pedagógico y nadie puede alegar que la argumentación
no es coherente, consistente y convincente. Es verdad también, que
mucho de lo que aparece en la película coincide con el análisis
del compañero francés, especialmente con esa estética
de la catástrofe omnipresente, con el panorama negro, desolador y prácticamente
irreversible de la situación. Clima que Gore aprovecha para forjar
su imagen de chico bueno de la película, de obvias perspectivas electorales:
"si no me votan, vendrá el Apocalipsis". El hombre surfea
sobre la ola de un tsunami y le saca provecho; actitud contraria a la de Bush,
que se empecina en negar la ola. Las dos son estrategias válidas para
perpetuarse o para acceder al poder, así ambos sean tanto mentirosos
como sinceros en sus argumentaciones.
De todos modos los discursos no pretenden que la gran mayoría tome
conciencia real de las cosas y que se pierda el control y el cauce de la indignación
popular. En el documental de Gore no se culpa a las grandes industrias, al
consumismo, al capitalismo, a la explosión demográfica o al
imperialismo militarista de las emisiones de dióxido de carbono: se
culpa a la ignorancia de todos los ciudadanos, a la falta de conciencia ecológica
de la población, a unos cuantos políticos -a Bush en especial-
y unas industrias, pero del sistema capitalista mejor no hablar. Las soluciones
para la catástrofe que se vislumbra dan risa: comprar aparatos eficientes
de bajo consumo, cambiar los termostatos de heladeras y acondicionadores de
aire, reciclar, utilizar el transporte público o ir en bicicleta y
todo tipo de recomendaciones y máximas morales y sentimentales; la
mejor de todas: "si los políticos no te hacen caso, postúlate
al Congreso". El resultado es un manual de la inacción, la acción
aislada, individual e intrascendente.
Muy por el contrario a nuestra opinión, el compañero Pelletier
afirma que "la evocación de las catástrofes medioambientales
actuales (
) funciona como un espantapájaros destinado a asustar
y culpabilizar a los individuos pasivos e indiferentes. Asusta a las masas
del mundo pretendidamente post-industrial, estigmatizando a las masas del
ex Tercer Mundo, que son juzgadas culpables de pretender incorporarse al mundo
industrializado". Creemos que las masas del mundo están muy lejos
de aterrorizarse frente al cambio climático, que a nadie, ni en el
Tercero ni en el Primer Mundo, se le ocurriría siquiera obstaculizar
la instalación de una industria en nombre del calentamiento global
(aunque, paradójicamente, sí lo han hecho para evitar la contaminación).
Me resulta también imposible visualizar como lo hace Pelletier el papel
de espantapájaros que atribuye al catastrofismo, cuando el sentido
común también podría hacernos vislumbrar algún
aspecto movilizador hacia la acción. Y creo que es por lo menos contradictorio
afirmar, como lo hace Pelletier, que: "teóricamente, el catastrofismo
pretende, sobre todo entre algunos militantes sinceros, hacer reaccionar a
los individuos. Trata de imponerse como un imperativo moral que justifica
la revuelta". No nos queda claro entonces, cómo es que ahora el
espantapájaros incita a la revuelta.
El anticatastrofismo del camarada Pelletier termina desbordándose cuando
sostiene que el catastrofismo "ha permitido carreras políticas",
"refuerza el egoísmo colectivo" (incoherencia semántica
que se ahorró de explicarnos qué significa), fomenta el terrorismo
ecológico y la creación de opciones ilusorias y escapatorias
como son la contracultura alternativa y el "capitalismo ético"
de Soros. En este revuelto incoherente e injustificado termina Pelletier,
por deducir propiedades al catastrofismo ecológico que son de hecho
contradictorias. El calentamiento global es presentado como el fraude del
siglo, con argumentación científica harto sospechosa y proveniente
de sectores más oscuros aún, directamente salidos del riñón
del enemigo capitalista. Si bien es justa la indignación del compañero
sobre la utilización del discurso ecologista por el sistema capitalista,
y más aún del movimiento político que se apañó
tras los numerosos partidos verdes y ONG surgidos después del mayo
posmoderno del 68, con los cientos de desertores y vendidos como Cohn-Bendit,
no podemos tapar el sol con un dedo. El calentamiento global es una amenaza
tan real como la posibilidad de una guerra termonuclear entre las grandes
potencias; argumentar que la destrucción del planeta con armas nucleares
es un mito, debido a que nunca se llevó a cabo dicha guerra, sería
considerado absurdo, un razonamiento monstruoso. Creer que el calentamiento
global y sus consecuentes desastres ecológicos son un mito pergeñado
por el enemigo, es no solo una actitud irresponsable sino que favorece a aquellos
a quienes pretende atacar.
P. Rossineri
(Periódico ¡Libertad! de Buenos Aires) ![]()
¿Catastrofismo o abandono del sentido crítico?
¿Por qué el análisis crítico que hemos propuesto
a propósito de numerosas cuestiones técnico-científicas,
como los OGM (organismos genéticamente modificados), el descifrado
del genoma humano, la procreación humana artificial o la fabricación
de energía electronuclear, no se ejerce con la teoría del calentamiento
global (global warming)? ¿Por qué esa prudencia, si no desconfianza
de que hacemos gala ante las creencias admitidas (Dios, el Estado, la autoridad,
la cárcel
) queda olvidada? ¿Porque lo del clima nos supera?
¿Porque procede de la naturaleza y nos remite a la psiqué de
un antiguo animismo subsistente en algún recodo de nuestro cerebro
reptil?
No, nada de eso, ningún motivo nos impide conservar nuestra razón
crítica, practicar nuestra filosofía de la duda, que no es incompatible
con las convicciones. Y resulta que, en el caso del calentamiento global,
los científicos no son unánimes, contrariamente a lo que se
pretende.
Sí, la mayoría de ellos admiten las conclusiones de los informes
del GIEC (Grupo Intergubernamental para el Estudio del Clima), pero los anarquistas
están bien situados para saber que la mayoría no siempre tiene
razón. Existen sabios que, en grados diversos, se interrogan sobre
la realidad del calentamiento climático. Si se toma el caso de Francia,
se puede citar por ejemplo a los geógrafos Marcel Leroux y Jean-Pierre
Vigneau, al ingeniero Yves Lenoir, y a otros que se muestran prudentes sobre
tal o cual punto de la hipótesis o sobre una u otra interpretación
(como Robert Kandel, Martin Tebeaud o Pierre Pagney).
Alejémonos provisionalmente, para avanzar serenamente en nuestro análisis,
del argumento que consiste en decir que los que niegan (o minimizan) el calentamiento
global tienen que ver con las grandes petroleras o con la familia Bush. Podríamos
oponer a ello el lobby de las electronucleares, argumentando que la energía
atómica no produce gases con efecto invernadero.
Alejémonos también de las constataciones empíricas: la
nevada invernal ha disminuido, por ejemplo, en el Macizo Central y en los
Alpes del norte de Francia desde hace unos veinte años, lo que confirmaría
la hipótesis de un recalentamiento (no global, pero sí local,
que no es lo mismo). Podemos también replicar que algunas regiones
de Siberia no habían conocido antes un invierno tan frío (en
2006 se ha batido un récord centenario).
La necesidad de una prudencia científica y metodológica
Los desacuerdos entre científicos son variados y graduales. Se centran,
de modo general, en cuatro puntos en particular, más la cuestión
de su síntesis:
1. La validez de las medidas, especialmente las mediciones de temperatura
(las estadísticas disponibles, su distribución geográfica,
la reconstrucción de las temperaturas anteriores
)
2. La relación entre recalentamiento y gas con efecto invernadero (GES)
3. La función de los GES de origen humano
4. La pertinencia de los modelos climáticos utilizados por los ordenadores
para prever el futuro climático
Sin poder entrar en una discusión erudita, que llevaría varias
páginas, podemos plantear, sin abandonar la prudencia, varios interrogantes.
1. No disponemos de datos térmicos (ni climatológicos) científicamente
sólidos anteriores a siglo y medio (desde 1850 hasta nuestros días).
Eso es muy poco en la escala del tiempo planetario. El período es más
restringido todavía para los datos que afectan a grandes regiones fundamentales
(África subsahariana, Asia central, Amazonia
). Dicho de otro
modo, para analizar el clima del conjunto de la Tierra y del tiempo, no tenemos
más que datos fragmentarios.
Hay que reconstruir climas antiguos, lo que resulta muy difícil a pesar
de la ayuda reciente de la glaciología y la palinología. Una
de sus consecuencias es la utilización de medias, a menudo abusivas,
de generalizaciones y aproximaciones que aumentan el margen de error.
Fundamentalmente, la propia noción de calentamiento global es tan ambigua
que puede aludir a un "clima global" o a un "tiempo medio".
¿Cuál es el "clima terrestre" si somos africanos,
esquimales o aborígenes? ¿Y si somos argentinos o franceses?
Si la Tierra se calienta aquí pero se enfría allí, ¿cuál
es el valor de la media térmica?
2. La relación entre calentamiento y GES está comúnmente
admitida. Pero no hay que olvidar que el vapor de agua forma parte de ello,
y que representa las dos terceras partes del efecto invernadero. Esto es en
primer lugar un fenómeno natural, sin el cual el planeta sería
tan frío como Venus. Por eso, hay que hablar más bien del "efecto
invernadero adicional" para evocar las causas de origen humano.
La Tierra ha conocido ya muchos recalentamientos, entre los últimos,
las épocas interglaciares, el optimum del Dryas (de -10.000 a -8.500
años BP), el pequeño optimum boreal de los siglos X al XIII,
en la época en que Groenlandia era el "país verde"
(green land) de los vikingos, antes de que éstos lo abandonaran tras
un enfriamiento. O bien esos episodios de recalentamiento, de observación
fundamental porque nos permiten evaluar concretamente un fenómeno en
lugar de glosar sobre el futuro, no son forzosamente el corolario de una elevación
de los GES. Dicho de otro modo: el recalentamiento no está ligado a
la abundancia de CO2 en la atmósfera.
3. La existencia de GES de origen humano no ha sido rebatida. Sin embargo,
la amplitud y el impacto de esos GES plantean interrogantes. Se ha observado
un ligero enfriamiento climático de 1950 a 1970 en Europa occidental,
mientras que las industrias pesadas de los "treinta gloriosos",
emisoras de GES, actuaban a toda máquina. Este recordatorio basta para
hacernos prudentes respecto a las relaciones entre industria, CO2 y calentamiento
climático. Por otra parte, los científicos y los ecologistas
de la época nos pronosticaban un enfriamiento del clima a causa del
polvo contaminante, que bloquearía los rayos del sol.
4. La manipulación de miles de datos por ordenadores cada vez más
potentes ¿basta para reconstruir el tiempo y para prevenir el futuro?
Se puede dudar a la vista de la incapacidad actual que tienen los meteorólogos
para predecir aquí y ahora el tiempo más allá de tres
días, e incluso dentro de esos tres días los errores son numerosos.
Cualquiera puede darse cuenta, por no hablar de algunos fracasos monumentales
de la meteorología (como la famosa tempestad invernal de 1999 en Francia).
El problema es por lo menos doble para los cálculos del ordenador:
a. Los modelos climatológicos aplicados no han sido revisados desde
hace lustros, especialmente los relativos a la circulación general
de la atmósfera. Los trabajos de Marcel Leroux, que inciden en la circulación
meridiana (norte-sur) generada por los AMP (anticiclones móviles polares)
se ignoran porque molestan al dogma comúnmente admitido.
b. No todos los parámetros están integrados, o lo están
mal: la nubosidad, la velocidad del viento, las emisiones de GES causadas
por erupciones volcánicas
La circulación general de los
océanos, durante mucho tiempo apenas tenida en cuenta, de ahí
las numerosas críticas justificadas a este respecto, son objeto de
nuevas investigaciones, que suscitan nuevas cuestiones.
La menor de las cosas -la menor de las "precauciones", por retomar
un término a la moda- es de tal complejidad, complejidad del clima,
del mundo, de los cálculos, que debe hacernos permanecer prudentes,
interrogativos y mesurados. Como subrayaba con acierto Elysée Reclus
en el prefacio de Dios y el Estado de Bakunin (1882), "el sabio del hoy
no es sino el ignorante de mañana". Y si no ¿qué
demuestra el desenfreno del catastrofismo ecológico, los pronósticos
tan inquietantes, la desmesura de todo tipo? ¡Son excesos de los que
se alimentan los eternos profetas de la desgracia, los gurús, los medios
sensacionalistas, los políticos demagogos! El anarquismo, que no constituye
una alternativa más extrema, a pesar de que algunos lo desearían,
tiene, a mi parecer, más a perder que a ganar si se alinea con ese
cortejo del miedo, del exceso y del extremismo.
El catastrofismo, técnica de dominación
Hay que preguntarse sobre la utilización del catastrofismo ecologista
tal y como se utiliza de modo dominante por los dominantes. A mi parecer,
el interés más o menos súbito que tienen los dirigentes
por el medio ambiente no procede de un simple oportunismo. Desde luego existe
en términos de táctica electoral, de cálculo político,
de demagogia y de estrategia de promoción. Pero eso no basta para comprender
lo que pasa. Hay muchos factores en juego y no necesitamos una "teoría
del complot" que interese a la extrema derecha.
Los capitalistas han comprendido que no pueden cortar indefinidamente la rama
ecológica sobre la que se asientan sus beneficios. La fórmula
(catastrofista) de Lenin, según la cual venderán la soga con
la que los revolucionarios los colgarán, es sin duda impresionante
pero también tiene su parte de verdad. La externalización de
los costes ecológicos tiene sus límites, incluso para los capitalistas.
Plantearse otros recursos (materias primas, energía
) es ya para
ellos una necesidad en el marco de una competición feroz por la supervivencia
económica, incluso en el sector petrolífero y automovilístico.
En esta como en otras actividades, no basta con forrarse a costa ajena o buscar
un proletariado más manejable y explotable, hay que extender el mensaje
ecologista de "apretarse el cinturón" y de "la lucha
por la supervivencia". Un discurso social-darwinista al gusto del consumidor.
Este mensaje es además práctico porque conforta a las bases
de la dominación. Cultiva el eterno principio de los dominantes afirmando
"estamos todos en el mismo barco", la Tierra en competencia, es
decir: no hay clases sociales, no hay dominantes y dominados, no hay lucha
de clases. Se le reviste de una dimensión mística, la "diosa
Gaia" (a la que hay que salvar), que es mucho más atractiva que
el "índice Dow Jones" (que hay que aumentar). Esta dimensión
mística, que llega hasta la divinización de la naturaleza, es
aún más necesaria y bienvenida porque palía en los países
industrializados el retroceso del sentimiento religioso clásico, permitiendo
un retorno a esto: sea por medio de las nuevas sectas que hacen de la Naturaleza
su nueva religión, sea por una vuelta a las Iglesias tradicionales
que, como el Vaticano, han adoptado un discurso ecologista.
El catastrofismo ecológico añade una dimensión de miedo
que tiene varias consecuencias. Paraliza a una parte de las masas desarrollando
en ellas "el egoísmo colectivo", es decir, el "cada
uno a lo suyo, y Dios y el Estado para todos". Lanza a algunas minoría
a posturas de urgencia (el activismo ecológico más o menos radical)
o de repliegue (las pequeñas comunidades, el primitivismo, la secta)
con sus inquietantes derivaciones políticas, como la "dictadura
acogedora" reclamada por el filósofo Hans Jonas con el fin de
"salvar el planeta".
El miedo conducido por el catastrofismo ecologista engendra reacciones histéricas
que proceden más de la "peste emocional", que Wilhelm denunciaba
a propósito del fascismo, que de la argumentación reflexiva
y respetuosa. Basta con consultar Internet para ver el nivel de estupidez
e incompetencia de ciertas reacciones ante los que se interrogan sobre la
veracidad del calentamiento global. Afortunadamente, el compañero argentino
no forma parte de ellas, pero la tendencia es casi siempre más a la
exclusión que al diálogo.
Los plazos lejanos, apocalípticos y casi milenaristas, de la hipótesis
del calentamiento global reducen o reconfiguran la problemática de
las necesidades inmediatas, incluyendo las medioambientales, y más
aún si no se trata directamente del clima (la contaminación
de las aguas, la peligrosidad del trabajo, de algunos productos
). El
efecto perverso es que numerosos actores sociales están interesados
en incluir el calentamiento global entre sus reivindicaciones para obtener
satisfacciones (y algunos científicos lo han entendido muy bien y se
sirven de ello para obtener créditos o notoriedad
).
De modo más general, el calentamiento global, que se da cada vez más
como LA causa única y explicativa de todo, o de casi todo, nos conduce
a una filosofía monista, monocausal, en la que reinan los sistemas
de causalidad lineal, y los principios únicos (Dios, la Tierra
)
pueden explicarlo todo y
dictar nuestra conducta. Aquí es donde
se establece la conexión entre ciencia e ideología: porque entre
algunos estudiosos, la toma en cuenta de varios factores, de parámetros
diversos, de amplias escalas de tiempo y espacio, es a menudo atajada de modo
apabullante. Y no hablemos de los medios de comunicación, que caricaturizan
y simplifican a más no poder. La sumisión del razonamiento complejo
supone cuestionar nuestra inteligencia y nuestro sentido crítico. El
sistema escolar dominante lo enloquece. Simultáneamente, el pueblo
soberano se siente presionado por los sabios, que lo mantienen en la ignorancia.
La tecnociencia, que detenta la legitimidad del discurso sobre el calentamiento
global puede todavía imponerse y reinar.
Viva la anarquía de los meteoros
Por último, hay dos paradojas. Porque la retórica sobre el calentamiento
global, su pretensión de prever el tiempo en un siglo, el aumento de
los océanos casi al centímetro, la elevación térmica
casi al milímetro, mientras que ningún boletín meteorológico
es capaz de darnos el tiempo exacto de aquí a una semana, tiene como
corolario la pretensión de afirmar que la humanidad es responsable
del desastre climático. Bajo la capa de una denuncia anti-prometeica,
esta retórica cultiva y rehabilita en realidad el pensamiento prometeico.
Y lo practica en los dos sentidos: al denunciar la actuación de la
humanidad sobre la naturaleza y su irresponsabilidad, anuncia al mismo tiempo
que lo que la humanidad ha deshecho lo puede rehacer: puede modificarlo todo
a su antojo. Dicho de otro modo, pretende decir que la humanidad puede controlar
el clima en su beneficio, que es dueña del tiempo y del espacio. Podemos
ver enseguida el desarrollo de preparativos y políticas de todo tipo
que preparan los dirigentes... Por otra parte, ya existen soluciones de lo
más tecnocrático o peregrino para luchar contra el calentamiento
global
Algunos proyectos se plantean nada menos que sembrar los océanos
con limaduras o con sulfato de hierro para favorecer la multiplicación
de fitoplancton que elimine el CO2. Menuda oportunidad para los siderúrgicos
No es esa la menor de las sorpresas; es la segunda de las dos paradojas que
hemos anunciado. Efectivamenten, no es una sorpresa que los ecologistas, a
pesar de las críticas abiertas de la filosofía prometeica y
de la tecnociencia, se hayan sometido con tanta facilidad a la retórica
del calentamiento global, que se ha basado en la ciencia, pero que es a priori
pura y dura, y sin embargo resucita a Prometeo.
Eso no es nada asombroso si vemos los orígenes de la historia, en realidad
mal conocida, de la ecología y del ecologismo desde Haeckel, inventor
de la palaba ecología en 1866, cuyo libro sobre El monismo fue prologado
por el racista George Vacher de Lapouge, que sugería sustituir la divisa
"libertad, igualdad, fraternidad" por "determinismo, desigualdad,
selección". ¿Deben seguir los anarquistas este camino cenagoso?
Sí, el tiempo es inestable, cambiante, complejo, multiforme, vivo,
libre. Todos los sacerdotes, gurús y reyes han tratado desde hace lustros
de controlarlo a su gusto (el reloj, las fiestas, el calendario) pero en vano.
Lo han querido disfrazar de dios omnipotente, con sus sacerdotes, sus gurús
y sus profetas de la desgracia
Pues bien, el tiempo se burla de ellos
porque les muestra la realidad, la de la humanidad y su entorno en toda su
riqueza. ¡Viva la anarquía de los meteoros!
Libertad Ródenas nació en Chera, Valencia, en 1892. Su padre
Custodio, después de vivir en París y conocer los escritos de
Voltaire, quedó ganado para el librepensamiento. Volvió a Valencia
y se unió a Emeteria Domínguez y tuvo tres hijos: Volney, Progreso
y Libertad. Durante el resto de su vida fue un firme propagandista de las
ideas liberales.
Libertad ingresó con cinco años en una escuela laica, pero pudo
asistir por poco tiempo.
Era aquella una época de agitación política y social
contra el régimen monárquico y contra el primer ministro Cánovas
del Castillo. Libertad, ya con más años, comenzó a frecuentar
los mítines y reuniones políticas y pronto participó
en las controversias que se suscitaban adquiriendo una capacidad oratoria
y expositiva muy importantes. Pronto habría de decantarse hacia la
defensa de la idea anarquista y a partir de entonces multiplica su presencia
en actos públicos y en los conflictos que se plantean entre el Capital
y los obreros.
En 1918 se traslada con su familia a Barcelona y puede intervenir en el Congreso
de la Confederación Regional de la CNT que tiene lugar en Sants. Posteriormente
participa en giras de propaganda organizadas para exponer y explicar los acuerdos
del Congreso y también para ayudar en la constitución de sindicatos
en las localidades donde no existieran.
Durante una de estas giras conocerá a quien luego será su compañero,
José Viadiu, militante confederal.
Su casa en Barcelona se convirtió en centro de reunión y de
refugio de los perseguidos por parte de las autoridades, a nadie faltó
cobijo. También sirvió como depósito de armas que habrían
de servir como defensa ante los ataques del Estado y de sus mercenarios que
por entonces y sobre todo en Barcelona proliferaban, donde no había
día que militantes obreros no fueran encarcelados, deportados o asesinados.
Martinez Anido, Arlegui y el llamado Barón Koenig y sus pistoleros
hacían de la ley y de la justicia una sucesión de violencias
y crímenes.
La familia Ródenas no quedó indemne; Volney y un primo llamado
Armando fueron detenidos y una noche les fue aplicada la "ley de fugas",
quedando Armando tan malherido que habría de fallecer en breve; afortunadamente
Volney pudo escapar ileso y ocultarse.
En otro tiroteo también fue herido su otro hermano Progreso.
El 13 de diciembre de 1920, tras el atentado y muerte del policía Espejo,
Libertad fue detenida y llevada a presencia de Arlegui en la jefatura de policía.
Allí rechazó las insinuaciones de soborno para que abandonara
su militancia. Esto le costó pasar tres meses en prisión.
Una vez liberada y en unión de Rosario Dulcet viaja a Madrid para dar
una charla en el Ateneo denunciando el terror gubernamental que asola Barcelona
y toda Cataluña.
Continuó con las giras propagandísticas por toda España,
lo que le acarreaba arrestos y detenciones, como aquella vez que fue arrestada
en Guadalajara por unas charlas que dio en compañía de Juan
Peiró.
Libertad actuó en el grupo "Brisas Libertarias" de Sants
con Rosario Segarra y luego con Rosario Dulcet, Miralles, García y
otros.
También habrá de participar en los comités pro-presos
barceloneses.
Con el compañero Viadiu tuvo tres hijos y su militancia quedó
suspendida por un tiempo.
En julio de 1936 salió con la Columna Durruti hacia Aragón,
y en el frente participó como una miliciana más, igual al resto
de sus compañeros. Se ocupó de la evacuación hacia Barcelona
de los niños aragoneses evacuados de los frentes de guerra.
Va a colaborar también en las actividades de Mujeres Libres y en su
órgano de propaganda.
Al final de la guerra cruzará la frontera francesa, pudiendo más
tarde establecerse en México, donde fallecería en enero de 1970.
* * *
Rosario Dulcet nació en Vilanova y la Geltrú, Barcelona, en
1881 (otras fuentes dicen en 1890).
Su padre, Jaime, es un republicano federal y ardiente defensor de la cultura,
por lo que la envió a una escuela librepensadora que tenía como
maestra a Teresa Mañé (la futura madre de Federica Montseny).
En esta escuela y también por lecturas, Rosario irá conociendo
el anarquismo.
A los 14 años comienza a trabajar en una fábrica textil y se
afilia a la sociedad obrera "Las Tres Clases de Vapor", constituida
en 1869 y que en 1913 se integraría en la CNT.
Dentro de la lucha sindical, Rosario se da cuenta de la inutilidad de las
mejoras parciales y restringidas al salario y propugna por una lucha que conlleve
la liberación total de la opresión capitalista.
Con 20 años se une libremente con un hombre, primer caso en la ciudad,
lo que le acarrea el estigma de la sociedad bienpensante y el despido e imposibilidad
de trabajo en Vilanova. Marcha a Sabadell, pero su implicación en la
huelga textil le obligará a emigrar a Francia.
Es el comienzo de la I Guerra Mundial, y en la ciudad de Sete realiza propaganda
antimilitarista entre las tropas francesas. Perseguida tiene que salir para
Montpelier donde permanecerá unos años.
En 1917 regresó a Barcelona. En estos años y debido al gran
aumento de precios de todo tipo de productos, aún los de primera necesidad,
ya que los fabricantes se aprovechaban y especulaban con las necesidades bélicas
europeas, se produjeron manifestaciones y actos de protesta para conseguir
su abaratamiento. Rosario tomará parte activa en los mismos, llegando
a intervenir en un mitin republicano donde tomará la palabra incitando
a los presentes para que abandonaran los partidos políticos y se unieran
a las organizaciones obreras para conseguir la destrucción del Capitalismo
y el Estado.
También participará en innumerables actos de la CNT y en giras
de propaganda.
En la decada de 1920, durante la represión de Martínez Anido,
Rosario acogió en su casa a perseguidos, entre ellos a Marcelino Silva,
con quien posteriormente uniría su vida. A Marcelino en 1937, durante
los sucesos de Mayo en Barcelona, lo asesinarían los comunistas.
Ya se ha comentado la intervención de Rosario junto a Libertad Ródenas
en la charla en el Ateneo madrileño para denunciar el terror gubernamental.
Durante la dictadura de Primo de Rivera fue encarcelada dos veces: por reparto
de propaganda y por delito de incitación a la rebelión.
En marzo de 1933 fue delegada al Pleno Regional de la CNT.
En 1936 hizo giras de propaganda y colaboró con distintas colectividades
campesinas.
Con la derrota, se exilió a Francia, a Carcasona, donde moriría
atropellada por un automóvil a los 87 años.
La liberación es la condición política
o histórica de las prácticas de libertad
Michel Foucault
En nuestra lengua (el castellano) se da una clara diferencia entre ser y
estar, asunto que no es tan evidente en otros idiomas, esta separación
es más difusa o al menos no existen dos verbos que señalen de
forma precisa esta diferencia, sirva de ejemplo la lengua inglesa: el verbo
to be designa tanto el significado de ser como estar, sus matizaciones se
reflejan no en un verbo sino mediante usos verbales como son los diferentes
modos del presente: continuo, habitual, etc.
El término estar etimológicamente proviene del latín
stare, el Diccionario de la Academia lo define como: "existir, hallarse
una persona o cosa en este o aquel lugar, situación". Este verbo
indica una forma de permanecer en un lugar, expresa una situación,
por ejemplo cuando afirmo "estoy libre" quiero decir que me encuentro
y se dan las condiciones de la libertad; sin embargo cuando indico lo mismo
con el verbo ser "soy libre" expreso una cualidad, un modo de existir.
El Estado etimológicamente deriva de estar, no de ser. Siendo rigurosos
su etimología es latina de status, y proviene de la misma raíz
del verbo estar. El Estado sea cual fuera su definición hace referencia
a categorías espaciales. Ya se defina de modo positivo y muy optimista
como el lugar de la reconciliación, es decir, como la institución
capaz de hacer prevalecer el interés general, como instrumento de solución
al problema de la colectividad heterogénea, múltiple y enfrentada,
como integración social de los diferentes grupos cuyos intereses armoniza.
O de un modo peyorativo como el uso legítimo de la fuerza, como el
instrumento de una clase dominante para regular las relaciones humanas, como
la más refinada expresión jurídico-política del
poder. De una manera o de otra el Estado está.
Cronológicamente apareció en Europa en el Renacimiento, con
anterioridad se daban otras formas de organización política
y social pre-estatales, como la polis, civitas, imperio... El Estado es, pues,
sólo una forma actual de la organización político-social
sujeta a la desaparición, cuya extinción no implica el fin de
la vida política. Han existido otras formas de organización
previas y existirán otras futuras.
El Estado es un lugar, una topología, un modo de habitar y rellenar
el espacio público que satura, inunda, no deja nada vacío, hormigona
y cementa aunque en sí mismo el Estado sea etéreo, sin cuerpo,
ni sustancia: es todo y nada.
Esto es posible por su espacialidad, el Estado hoy cosifica, su sombra y su
rostro determinan los lugares de nuestras relaciones y nuestro ser como hombres.
El gobierno (su esbirro más fiel) organiza nuestra existencia hasta
el paroxismo. A día de hoy estamos moviéndonos por espacios
de dominación absolutos, nuestros cuerpos están completamente
controlados: no podemos ni enfermar sin cargo de conciencia, alegremente,
inocentemente; vivimos en un mundo en el que a la desgracia y desazón
que supone contraer un cáncer de pulmón hay que añadirle
los remordimientos, no es una enfermedad sólo genética, sino
que se escucha una voz que grita: ¡no tenías que haber fumado,
ya te lo dije!
El Estado es omnipresente, habita todos los lugares, está hasta en
la sopa, cómo se explica si no la actual ley sobre el anisaquis. No
podemos ni fumar (ley antitabaco), ni estar gordos (pensemos en la polémica
del Ministerio con una famosa cadena de comida rápida sobre las calorías
de una mega-hamburguesa. -¡Es una cuestión de salud pública!-
argumenta la ministra con una hipocresía manifiesta ya que peor es
para la salud la gran mayoría de relaciones laborales, jornadas abusivas,
escasas vacaciones, ridículas bajas ya sea por maternidad, defunción
familiar...) ni movernos más que en sus redes (1).
El Estado no es una institución, está regulando nuestra existencia.
Estado deriva de estar. El Estado ocupa espacios y lugares que le pertenecen
a otro, a los hombres y a las sociedades.
Pero espacio y tiempo van unidos, transitan juntos, son consustanciales. Esta
macro expansión estatal esta en uno de sus últimos momentos,
dando sus últimos coletazos, asistimos a sus postreras horas, se muere;
está siendo devorado, aniquilado, vivimos los últimos tiempos
de su existencia. El Estado también es perecedero, nació en
el Renacimiento y está anciano y decrépito, su tiempo se está
consumiendo. Su espacio está siendo ocupado, devorado por una realidad
material que está suplantándolo, desplazándolo: su nombre
es el Capital.
Nota:
1.- La legislación jurídica sobre el bio-control aumentará
en los próximos años.
La lucha contra la petrolera
Shell en Irlanda
Apartheid y pequeñas
victorias
en Palestina
Calentamiento global y catastrofismo: tapando el sol con un dedo