
SECCIONES
La banda sonora de la dictadura chilena
En estos días, cuando Pinochet descansa de una ficticia y verdadera
enfermedad, en el Hospital Militar de la pudiente comuna de Providencia, me
pregunto ¿qué música estará escuchando, mientras
tumba su cabeza sobre esa almohada tan blanca como sus viejos uniformes de
verano?
La respuesta fácil será "marchas militares". Lily
Marlen, Viejos Estandartes, algo de eso.
Yo apostaría por otra cosa, algo que pudiésemos sintetizar como
la banda sonora de la dictadura. Algún tipo de música que, aun
habiendo sido obligados a escucharla, ha quedado olvidada en su infamia y
pasea por los circuitos radiofónicos sin pena y con algo de gloria.
Creo que el ritmo de cabecera del olvidadizo y contumaz Pinochet ("no
me acuerdo pero no es cierto; no es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo")
es aquella que de manera persistente, neutra y solapada nos fue dada por vía
acústica como alimento estético y ético por una dictadura
ya madura, que habiendo pasado la etapa primera, destructiva y aniquiladora,
se dedicaba enteramente a construir el Chile de ensueño de los militares
uniformados y de civil.
Ray Conniff, Paul Mauriat, Michel Legrand, Bebu Silvetti, Waldo de los Ríos,
James Last, Franck Pourcel, Grunewaldt, Burt Bacharach, Bob Prais
todos
ellos con "sus orquestas y coros" se escuchaban en el cotidiano
dictatorial hasta bien entrados los años 80, exponiendo nuestra orientación
musical a los dictados del régimen, que encontró en estos intérpretes
el formato de orden para el aspecto sonoro y moral de su construcción.
Orden, decencia, contención y "sana alegría" eran
transmitidas en cada emisión radiofónica de los próceres
de la "música orquestada" como crípticamente se le
llamó desde entonces.
Se orquestaba el orden para ponernos a escuchar esa música severamente
armoniosa, de ritmo exacto, planeado, planificado, cuadrado, con uso abusivo
de la contención en la ejecución, para sostener interpretaciones
emanadas de la autoridad del director. Las radios, una vez acalladas las partidistas,
se involucraron activamente en la reeducación total de la "chilenidad".
Desde la FM de "El Conquistador" hasta las masivas cadenas AM de
Minería, Agricultura, Nacional, Portales, Santiago, etc., emprendieron
la tarea de condicionarnos musicalmente según el modelo de orden propuesto
por la música orquestada.
De hecho, a través de la "orquestada" finalmente podía
el auditor escuchar cualquier tipo de música, en tanto estuviese interpretada
por estas orquestas. La interpretación de temas de moda, clásicos
o "exóticos" ilumina la función primordial de esta
música en manos de la cultura pinochetista. Se trataba de un modo perspicaz
de censurar y ordenar la producción musical. No se impedía la
importación y escucha de la música "de moda", pero
a través de la radio imperaban las versiones "arregladas",
suavizadas y ordenadas que las grandes orquestas de Conniff, Mauriat, Last
y demás ofrecían.
Se trataba de que la chilenidad auditiva se construyera en el orden, con el
eterno comienzo apagado, suave, in crescendo, hasta llegar a un altiplano
constante, sin altibajos; que cada cierto rato, se interrumpía en un
nuevo comienzo para recordarte la historia y adelantar un final siempre resuelto
por un seco golpe de batería, que cumplía con el propósito
de enseñarte también cuándo aplaudir, lejos de las dudas
del jazz y todo lo experimental.
A través de las interpretaciones de estas orquestas "orquestadas"
cualquier música se hacía digerible para el régimen:
desde la música "disco" hasta ese folclore latinoamericano
de aire "resentido" se convertían en respetables. Se nos
preparaba para una sociedad de supermercado, gran superficie y consumo ritmizado
con música "ambiental" incluso en calles y paseos, como en
Ahumada, Huérfanos y Estado, en el reino de la venta al por menor.
Música ideal para un régimen que se quería eterno institucionalmente
(y, de un modo extraño, lo ha logrado). Música ideal para un
gobierno que pretendía construir buenos chilenos, apolíticos,
neutrales, propietarios y no proletarios, encerrados en sus casas y circunspectos
en sus expresiones. Expresivo era el nombre de una de las orquestas solicitadas
de la época: Il Guardiano del faro.
Incluso Juan Azúa intentó sumarse al estilo y levantó
en 1975 una orquesta que le colocara vía Gershwing en el circuito musical;
pero se confiaba más en la experiencia del primer mundo y en su lejanía
política antes que en un sospechoso director nacional, quien por lo
demás elegía al demasiado judío y pronegro Gershwing
como su puntal.
El reconocimiento del régimen a estos dictadores (directores) de orquesta
llegó por la vía del dinero y de instalarlos en lo que era el
momento "espectacular" del verano chileno, el único verano
sudamericano falto de carnaval: el Festival de Viña del Mar, levantado
por el pinochetismo como el inicio y cierre de la rutina noticiosa anual;
febrero festival, marzo "lo mejor" y en junio vuelta a comenzar:
quiénes se contratarán, quién vendrá, el show,
el jurado, in crescendo hasta febrero.
La música orquestada se hizo dueña del "festival"
controlando el jurado. Si no era Algueró, era Uribarri, o autores cercanos
a este estilo como Morris Albert o Albert Hammond.
Serían los máximos exponentes del formato musical de la dictadura
quienes recibirían los máximos elogios y esfuerzos del aparato
mediático de la dictadura para destacarles: Ray Conniff, que estuvo
en 1978 y 1981, este último año junto a Bebu Silvetti, Paul
Mauriat estuvo en 1980, Bebu Silvetti también en 1979, Waldo de los
Ríos en 1976. El régimen, ya derrotado electoralmente, traería
a Michel Legrand en 1989.
En la construcción de una chilenidad musical, de declarada raíz
criolla y tradicional, no sería de las tonadas anodinas de Los Quincheros,
ni de los aires trágicos y marciales de Willy Bascuñán
de las cuales se nutriría el pinochetismo para dejar su impronta, educar
y condicionar el oído musical de una chilenidad "buena".
Menos se nutriría de las toneladas de músicos "de fama"
llegadas para rellenar los momentos: Mari Trini, Julio Iglesias, Manolo Galván,
Roberto Carlos, Sergio y Estíbaliz, Manolo Otero, etc.
Pinochet, la cabeza en su blanca almohada del Hospital Militar, debe estar
escuchando alguna edición de Ray Conniff en Vivo en Viña, o
alguna de las colecciones de discos editadas por las Selecciones de Reader's
Digest.
Pelao Carvallo
Murió pinochet, dictador. En su currículo: comadante en jefe del ejército de Chile desde el 23 de agosto de 1973 al 10 de marzo de 1998; tiranuelo contumaz desde el 11 de septiembre de 1973 al 11 de marzo de 1990; senador "vitalicio" desde el 11 de marzo de 1998 hasta 2000. Traidor inveterado desde siempre. Asesino y ladrón eterno. Traficante de drogas, armas, joyas y blanqueador de dineros. Lacayo del imperio. Padre de la miseria de millones y autor de días terribles. Ante todo un cobarde y un liberticida. Mafioso, torturador. Deshizo sindicatos, vidas, culturas. Sembró muertes y cobardías. Cabeza del Estado depredador, se hizo de dinero ensangrentado. Golpista tenaz, en 1991 y 1993 efectuó "golpes blandos" para mantener el control político del país y silenciar negociados familiares. Pinochet muere y quizás el pinochetismo. Mas, aún prosperan en este país las visiones fascistas de una derecha neoliberal que impregna de odio, racismo y clasismo las sociedades y culturas. Deja como legado horrible, terrible, unas fuerzas armadas y una clase empresarial fortalecidas, poderosas, que operan silenciosa yeficazmente para mantener el control de esta infame república de sometidos.
Anarquistas de Santiago, Chile
10 de diciembre de 2006
Propaganda
El fin de la propaganda y de la polémica es convencer y persuadir. Ahora bien, no se convence y no se persuaae con violencias de lenguaje, con insultos e invectivas, sino con la cortesía y la educación de los modales. Solamente cuando se tiene delante una fuerza que nos amenaza o nos oprime, un obstáculo material que nos impide el camino, una violench opuesta que no se puede vencer sin violencia -sea que se oponga a nuestra propaganda, sea que obstaculice nuestro movimiento, sea que brutalmente limite nuestra libertad y nuestro bienestar- solamente entonces es lógica la violencia; pero entonces-ser violentos de palabra sería mucho más ridículo. Para presentaros una similitud, diré que es ridículo querer persuadi a la gente con la violencia (sea del insulto o del palo), como sería ridículo querer vencer una insurrección con simples argumentos escritos o hablados.
No podemos decir que las podemos considerar como algo que merezca la pena
de ser consideradas, al contrario, por doquier que nuestra mirada se ponga,
el panorama moral no puede ser más bajo. Los valores más esenciales
del individuo van desapareciendo para dar paso a una conducta que por todas
partes inmoral se presenta. ¿Cuáles son los verdaderos valores
que constatamos? ¿Qué consideraciones nos merecen? Podemos sentirnos,
nosotros, representados por ellos?
El panorama moral que actualmente tenemos la desgracia de constatar,no puede
ser más degradante, más indigno. Las mafias, el dinero, lo corrompe
todo, el sentido mafioso se va apoderando de una buena parte de nuestros "representantes"
locales que no tienen el concepto de la dignidad y se venden como míseros
cerdos en la primera ocasión que se les presenta. Es una enfermedad
en la que el lodo más indigno va destruyendo los valores más
sustanciales de los seres al faltarles el contenido más intrínseco
que jamás han llegado a conocer, porque sus vidas han sido sustentadas
en el ambiente indefinido de una ausencia total de un pensamiento nítido
y cristalino. No trascurre día sin que se nos anuncie que un grupode
sinvergüenzas nos estaban robando y ofendiendo.Su falta de valores éticos
los ha conducido a un abismo en el que el lodo los cubre, sin que podamos
llegar a conocer toda la indigna realidad.
El PSOE debe recuperar un poco el espacio en el que debiera funcionar, es
muy poco creíble la permanencia en su interior de todos esos sinvergüenzas
que lo denigran y disminuyen. La moral es algo que todos necesitamos y sin
la cual poca cosa somos. Que dejen al PP el monopolio de todas esas indignidades,
como buenos representantes del capital en todos sus aspectos, de ahí
la gran cantidad de sinvergüenzas que por todas partes de él salen.
El dinero no puede dignificar a quien con él trafica, y la verdadera
sustancia de su existencia la han debido siempre a esas inmensas fortunas
en las que históricamente han vivido, porque es el verdadero ambiente
en el que bien se encuentran, por muchos que sean su aspavientos de monjas
ofendidas, como nos quieren hacer creer.
Pero lo que mas nos puede inquietar es esa pasividad, esa quietud que el pueblo
observa con todos estos sinvergüenzas. Si otra fuese su conducta, si
comprendiese lo que esto para él representa y se prestase a tomar en
sus manos la defen sa de sus propios intereses, si fuese capaz de hacer frente
a todos estos traficantes, puede que la cosa cambiase, pero desgraciadamente,
aquellos que dicen "representarlo" se muestran incapaces de iniciar
la más mínima accion que pudiese dignoficarlo y situarlo en
el lugar que dignamente le corresponde y no en el que desgraciadamente ocupa,
que da la impresión de su inexistencia.
Pero necesario es que nosotros tambien nos interroguemos, po que siempre consideré
que es una parte esencial de nuestro deber el intentar analizar nuestro ser
y hacer, porque cuanto más claros, nítidos y nobles seamos,
mejor podremos servir el pensamiento que sustentamos y queremos defender,
para ver si corresponden mutuamente nuestras necesidades y analizar si tenemos
la verdadera dimensión de conducta que nuestro pensamiento requiere
en toda su dimensión. Necesitamos,y esto con toda urgencia, deuna actitud
más decidida, más definida y con más presencia en los
graves problemas que en nuestros lares tenemos. No podemos permanecer sumidos
en una situacion mediatizada por el poco número que constituye nuestra
organización; siempre dijimos que la calidad tiene que suplir la cantidad,
que ya estamos viendo para lo que en realidad sirven y son capaces de hacer.
Nosotros debemos hacer valer nuestra diferencia, para que en realidad logremosl
hacer aquello, que aquellos que cantidad tienen, nunca han sido capaces de
hacer.
Nosotros sustentamos la esencia del pensamiento más elevado que la
mente humana ha llegado a gestar; tenemos el deber moral todos los que somos,
de valorizarlo, de defenderlo y de exponerlo a la conciencia de los pueblos
como lo único que le puede aportar la valorizacion, la dignidad, que
en todas sus dimensiones los pueblos necesitan. Pero para ello es indispensable
que seamos concientes de este deber, que no es un pasatiempo, que es, como
hemos dicho, un deber, y al deber hay que corresponder con la digna conducta
que este deber merece, y que nosotros, si en realidad queremos, podemos darle;
es simplemente un problema de concienciación y de esa responsabilidad
que en nosotros siempre debe existir y que nunca de ella quisimos estar ausentes,
por considerar que a ella tenemos que prestar el máximo de nuestra
capacidad creativa.
Es indispensable que de nuestra parte seamos capaces de nuestros valores;
que aparte de los problemas de orden de las tan indispensables luchas sociales,
hagamos por prestar todos nuestros esfuerzos a nuestros acompanantes en la
miseria, de sus necesidades y derechos, llevando a la tribuna todo lo que
podamos tener; tanto en mítines, conferencias, charlas comentadas y
actividades culturales generalizadas, y que tan necesitadas son, llevar el
mensaje en sí de un pensamiento que supera en calidad y contenido a
todo ese comercio de bajos mercaderes que por todas partes hay. Las conferencias
fueron siempre uno de los procederes que más sustancia dio en el pasado
al permitir el desarrollo y exposición de todos nuestros valores. Ese
diálogo expositivo logró sembrar muy buena simiente que tantos
frutos aportara.
Debido a esa gran cantidad de necesidades que tenemos planteades, hay una
a la que deberiamos prestar nuestra maxima atencion, y esto en todos los aspectos
que en sí contiene. Por esa lucha que permanentemente tenemos que sostener,
al mismo tiempp que esa iniciación de actividades culturales tan indispensables,
considero que deberiamos prestar mucho, pero mucho, por analizar no ya las
necesidades que tenemos, sino también la posibilidad que pueda existir
en nuestro hogar, para llegar a reconstituir la Federación Ibérica
de Juventudes Libertarias (FIJL), ese arma de lucha y contenido nos es imprescindible,
la necesitamos. Debemos analizar todas nuestras posibilidades y ver si en
realidad tenemos los medios de dar ese paso que en el pasado tanto nos aportara.
La FIJL fue uno de los exponentes más benéficos y positivos
que en nuestra propaganda tuvimos y, sobre todo, en esa clarificación
y exposición de valores en el seno de la juventud, juventud que hoy
podemos constatar en el desastroso ambiente en que vive y en el que al parecer
bien se encuentra, de ahí la necesidad que tenemos para la constitucion
de ese medio de divulgación y propaganda tan específico como
la FIJL podría ser.
Los compañeros deben meditar serenamente en ello, sin estridencias;
sin querer aparentar más de lo que somos, sino lo que tenemos que ser.
Entre todos debemos bien meditar lo que en sí son nuestras necesidades,
pero sin nunca olvidar lo que corresponde a nuestra responsabilidad, porque
si para los demás la pedimos, es totalmente lógico el empezar
por casa.
Es indispensable recuperar un pasado que todos añoramos, que todos
quisiéramos volver a gozar; pero ello significa estar dispuestos a
reencontrar, a hacer vivir y en ellos vivir, mostrandola veracidad de nuestro
decir. Hoy no debemos ocultar nuestras insuficiencias, que es el mejor medio
de superarlas. ¿Cuándo y dónde se escucha nuestra voz?
¿Es que no tenemos nada que decir? ¿Es que estamos satisfechos
con nosotros mismos? ¿Consideramos que no tenemos nada más que
hacer? ¿Cuándo lo vamos a comprender y reaccionar?
Ya en otro espacio de nuestras publicaciones hemos hecho meción al
estado de nuestra prensa, no puedo dejar de expresar mis inquietudes y deseos
de que un análisis general se haga y tratemos de situarla en en el
lugar y altura que nuestra organización requiere y nuestro pensamiento
necesita. Este hacer a todos nos compete, dejando a los compañeros
responsabilizados la misión de llevar a efecto lo que de nuestras meditaciones
pueda salir. Sobre ellos siempre recayó un hacer al que todos los que
por allí pasaron tuvieron que hacer frente. En nuestro hogar ha sido
la recompensa obtenida: el cumplimento del deber, pero en ese hacer, no los
dejemos solos, acompañémosles en ese caminar, ya que sus frutos
para todos son.
Frente a ese mundo corrompido e indigno que al principio comentábamos,
debemos reaccionar a nuestra manera, con la exposición de nuestra conducta
y la propagación y valorización de lo que a pesar de las décadas
pasadas continúa sustentando la única esperanza de libertad
y dignidad para la conciecia humana. Este es nuestro deber, no lo defraudemos,
démosle lo que necesita y que internamente debemos poseer.
Paideia, 25 años
de educación libertaria
Lejos de los arquetipos que nos definen como utópicos e idealistas
a todos los libertarios, la Escuela Libre Paideia (Mérida) es ejemplo
y referencia incuestionable de la práctica libertaria y la vigencia
de un anarquismo rico, vivo y capaz hoy en los primeros años de este
siglo XXI, de transmitir su labor y mensaje transformador y constructivo en
la realización de una nueva sociedad basada en la libertad, la igualdad,
la solidaridad y el compromiso. Finalidad que adoptamos como medio por el
cual dirigimos nuestros pasos y esfuerzos, vivenciando luchas y proyectos
desde la práctica cotidiana de nuestra anarquía.
El pasado sábado 2 de diciembre el Ateneo Libertario de Villaverde
(Madrid) volvió a reunir entre sus paredes y espacio a unas doscientas
personas en torno a la presentación del último libro de la Escuela
Libre Paideia, escrito por su impulsora Josefa Martín Luengo y las
colaboraciones de todo el Colectivo Paideia. La historia de esta escuela resulta
incluso épica al constatar su permanencia tras más de 25 años
de trayectoria, de una educación basada en el autoaprendizaje, la responsabilidad,
la autogestión, el compromiso individual y comunitario, la no autoridad
y la libertad como derecho máximo de todas las personas. Más
de 25 años haciendo frente a multitud de obstáculos de la administración
con el fin de hacer desistir a todas las compañeras de su hermosa y
noble labor. Obstáculos que se han afrontado desde la colectividad
y la solidaridad, contando con innumerables apoyos de otros grupos, colectivos,
organizaciones y personas que han valorado la necesidad de esta escuela libre,
y han apostado sin dudar, en apoyar y extender este proyecto por todo el mundo.
La jornada se desarrolló en un emotivo y apasionado ambiente desde
primeras horas de la mañana, ya con el libro en nuestras manos, deseosos
de dar alcance a la multitud de personas ávidas de nuevas y diferentes
referencias pedagógicas lejos de la educación adiestradora y
reglamentada de la instituciones públicas y privadas.
Setenta compañeros saboreamos la deliciosa comida vegana, y tras el
café y una larga sobremesa aprovechada por todos para el encuentro
entre compañeros de otras provincias y lugares, a las siete de la tarde
comenzó la presentación del libro a cargo de un nutrido grupo
de compañeras de Paideia y de su autora, Josefa Martín Luengo.
La presentación rompió con todos los convencionalismos que se
suponen de una cita como esta. En círculo, el salón de actos
abarrotado con un lleno absoluto y compañeros que tuvieron que seguir
la presentación desde la entrada del salón, así entre
movimientos para que todos cupiéramos comenzó la presentación,
con las palabras previas de una compañera del Ateneo que nos leyó
un interesante y emotivo escrito en nombre de la Escuela Infantil Pequeñ@
Compañer@, la Federación Comarcal Sur de la CNT, Mujeres Libres
y la Distri Kañera de Villacañas (Toledo). Todos los grupos
que hemos participado en la edición de este libro y en la consumación
de un proyecto que llevaba dos años paralizado por no encontrar editorial
que quisiera asumir la edición de este trabajo.
Una a una las compañeras de Paideia fueron leyendo sus impresiones
y satisfacciones desde sus vivencias y participación en la escuela.
Entre aplausos y lágrimas de emoción comenzó Josefa su
intervención, la cual centró la atención de todos los
asistentes, por su impresionante capacidad, formación y experiencia
en el campo de la pedagogía libertaria. Concluida su intervención
comenzó un rico debate con las preguntas y curiosidades de los asistentes
al encuentro.
Para concluir con esta crónica que queríamos compartir y transmitir
a todos vosotros, señalar la importancia de un trabajo como este, 25
años de educación libertaria, manual teórico-práctico,
esperado con mucha expectación desde hacía ya tiempo, puesto
que hoy en día, cuando hablamos de pedagogía libertaria no podemos
sino que referirnos con orgullo y admiración a la Escuela Libre Paideia,
como ejemplo y portadora en nuestro tiempo de las ideas que dieron forma y
construyeron con una gran extensión los anarquistas de primera mitad
de siglo, y promovieron los obreros, anarcosindicalistas y revolucionarios
como método y medio por el cual todas las personas podían acceder
a la cultura y la formación.
Y lo que es si cabe más importante, la transmisión de nuestras
ideas a las recién llegadas generaciones, que más tarde pusieron
en práctica por medio de la revolución social del 36, el soñado
ideal de justicia, igualdad y libertad. Y aunque lejana pueda resultarnos
aquella etapa de nuestra más reciente historia, silenciada, manipulada
y desvirtuada, los anarquistas siempre hemos dado un papel prioritario a la
educación en los múltiples aspectos sociales, laborales y personales
que el anarquismo afrontaba. Y esta herencia la adoptamos como imprescindible,
de aquí el esfuerzo y la implicación de este sindicato y los
colectivos de este local, junto a la Distri Kañera en la edición
de este trabajo, que servirá como financiación autogestionaria
a Paideia y a la Escuela de nuestro local y sindicato, Pequeñ@ Compañer@.
CNT-Villaverde
Génesis del Ateneo Libertario de Hervás
La semilla tras la cual fructificara el Ateneo Libertario de Hervás,
estaba plantada tiempo atrás por el colectivo libertario y juvenil
Luna Negra. Es precisamente tras unas jornadas de formación y debate
organizadas por dicho colectivo donde surge la posibilidad, tras la incorporación
de diferentes compañeros del ámbito libertario, de empezar a
trabajar bajo el paraguas organizativo de un ateneo.
Hervás es un municipio del norte de la provincia de Cáceres,
limítrofe con la de Salamanca y cabecera de comarca del Valle del Ambroz.
Su tradición libertaria se limitaría en las ultimas décadas
a haber acogido en diferentes ocasiones, hasta tres, las jornadas de estudios
sociales que la Fundación Pío Sopena desarrolla periódicamente
en Extremadura, y por un intento fallido hace una década de formalizar
un ateneo libertario.
Ha sido ahora, 10 años después, el 14 de octubre y en la Casa
de la Cultura donde se celebró la presentación oficial del Ateneo.
Para ello contamos con la presencia de la historiadora y escritora venida
de Cataluña Dolors Marín, que conferenció sobre "70
años después de la utopía" con posterior debate;
por la tarde se proyectó el documental "El pueblo en armas".
La buena asistencia y acogida nos animó a continuar y ampliar nuestras
actividades y así organizamos las Primeras Jornadas de Cultura Libertaria,
celebradas los días 15, 16 y 17 de diciembre.
Contrariamente a lo que muchos pretenden, la teoría del global warming (el "calentamiento global", sobreentendido "del planeta") no es compartida de modo unánime por todos los científicos. Más exactamente, tienen apreciaciones e interpretaciones variadas, más o menos críticas, tanto sobre los criterios, métodos o resultados como sobre las explicaciones que se deducen de ellos. Sería demasiado largo describir con detalle las diferentes posiciones, pero sí podemos dar algunos ejemplos interesantes.
Interrogantes sobre la pertinencia del calentamiento global
Primer ejemplo, la red que registra los datos térmicos y pluviométricos
fiables tiene más de ocho mil estaciones. Eso plantea dos tipos de
problemas: en primer lugar, la capacidad de tratar correctamente el conjunto,
absolutamente monumental, de esos datos incluso con ordenadores cada vez más
expertos; en segundo lugar, la capacidad de verificar esos datos. En efecto,
hace falta una amplitud de tiempo lo suficientemente importante y unas cifras
rigurosas para poder analizar con precisión las variaciones del clima,
que es, por definición, cambiante. Incluso si se puede reconstruir
el clima más antiguo mediante métodos diversos (estudio de los
pólenes, del hielo, de los troncos, de los sedimentos, etc.), son unos
métodos más largos, más difíciles y más
dispares, siempre sujetos a la precaución.
Las estaciones meteorológicas más antiguas son fundamentales
para conocer la escala del tiempo. Así, remontándonos a finales
del siglo XIX, son menos numerosas y carecen de espacios cruciales (Amazonia,
Siberia, China interior, Asia central, África intertropical). Situadas
en las ciudades, se hallan, como consecuencia de la extensión urbana
en los países desarrollados, en pleno "islote de calor urbano",
fenómeno bien conocido por los meteorólogos. Así, han
registrado inevitable, y mecánicamente, un recalentamiento de la temperatura,
debido a ese microclima nuevo, que puede traducirse en una elevación
de uno o dos grados centígrados.
Cuando se sabe que algunas estimaciones evalúan la próxima subida
de la temperatura, esta vez planetaria, entre 2 y 5 grados, incluso con un
margen apreciable de imprecisión, y que algunos nos anuncian (o prometen
)
catástrofes climáticas sólo con una subida de 2 grados,
conviene ser prudente en tres aspectos: el resgistro de los datos, el análisis
de las causas y la evaluación de las consecuencias. Suponiendo que
todas las proyecciones hubieran rectificado por lo alto los datos de las temperaturas
de las ciudades que no estuvieron antaño afectadas por el islote del
calentamiento urbano, la suma de los microclimas no nos daría de ningún
modo el clima regional o general.
Un segundo ejemplo: el caso de los polos. Los medios de comunicación
y numerosos científicos nos alertan sobre el deshielo del casquete
glaciar del Polo Norte. Sin duda, del lado de Canadá los mares parecen
recalentarse y el famoso "Paso del Noroeste", situado entre Groenlandia
y Canadá se está abriendo, liberándose de los hielos.
Pero, por el lado de Siberia parece darse un fenómeno inverso. Desde
hace algunos años, Siberia va conociendo estaciones cada vez más
frías, y nadie habla de ello. ¿Son acaso más tímidos
los rusos o están menos equipados que los americanos? Para el conjunto
de esta zona, algunas investigaciones estiman incluso que el "análisis
de la temperatura de sesenta y nueve estaciones terrestres del Ártico
(de las que veintinueve ofrecen datos hasta 2001) ha permitido constatar que
no hay recalentamiento generalizado en esta región". ¿Y
entonces? En cuanto al Polo Sur, los estudios más recientes hablan
de un recalentamiento por el lado de la península, extendiéndose
hacia la Patagonia, donde se ha separado el gigantesco iceberg de la plataforma
de Larsen, pero hablan también de un enfriamiento en la Antártida
Occidental (uno de los escasos mapas disponibles).
Tercer ejemplo: el caso de las erupciones volcánicas. Envían
a la atmósfera gas con efecto invernadero en una cantidad bastante
más considerable que la de cualquier megapolis. Sin embargo, la coordinación
científica entre la vulcanología y la climatología es
muy reciente y sólo ha dado resultados parciales. Haría falta
reconstruir toda la cadena de erupciones y de climas del pasado para tener
una idea rigurosa. Un documental recientemente difundido por la televisión
sobre la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, que sería
el origen de un enfriamiento climático en ciertas regiones del mundo,
especialmente en Europa y en la costa nororiental de América del Norte,
resulta muy decepcionante a este respecto. Las explicaciones científicas
son escandalosamente pobres y rápidas, para favorecer, como si fuera
por casualidad en nuestra sociedad del espectáculo, escenas (costosas
en mi opinión, e inútiles) de reconstrucción del drama.
Vemos así cómo se vulgariza la ciencia.
Cuarto ejemplo: los glaciares alpinos han empezado a retroceder desde 1830.
¿Se puede decir que por entonces los efectos de la industrialización
y la urbanización eran lo suficientemente fuertes como para desencadenar
ese fenómeno, o serían otras las causas? ¿Y esas mismas
causas se dan en nuestros días?
Una prudencia necesaria
Estos cuatro ejemplos deben ponernos en alerta sobre la prudencia que se debe
tener respecto a los datos, los medios y las causas explicativas a propósito
del clima. Una toma de temperatura no nos da el mismo resultado si se toma
al caer el sol o a la sombra de un valle alpino, incluso bajo techo. ¿Cuál
es el significado de la temperatura media de la ciudad situada al fondo de
ese valle, si se dan variaciones considerables durante el día y durante
la noche? Ocho mil estaciones no son más que ocho mil puntos, y nada
más que puntos, en un planeta que cubre 510 millones de kilómetros
cuadrados. Dicho de otro modo: no representan apenas nada.
En efecto, hay satélites, globos meteorológicos, modelos informáticos,
pero no tenemos perspectiva suficiente para considerar el clima en su dimensión
secular y milenaria, espacial y geográfica, dimensiones que deben ir
juntas para considerar seriamente y de modo global la cuestión. Fijémonos
en cuaquier obra o artículo dedicados al global warming: veremos sólo
gráficos con curvas (el tiempo resumido en uno o varios puntos, extrapolados
a todo un espacio, o sea, a un país entero) o muchas fotos espectaculares
sin relación directa y demostrable con el efecto invernadero, pero
casi nunca veremos mapas que permitan considerar la extensión y variaciones
locales del fenómeno. La dictadura de la curva está acabando
con el razonamiento cartográfico.
Los informes científicos que produce el famoso GIEC (Grupo Intergubernamental
sobre la Evolución del Clima) son aprobados en su asamblea plenaria
antes de su publicación. Podemos permanecer escépticos ante
su capacidad de evaluar y verificar todas esas relaciones que llenan a veces
más de mil páginas, pero lo aceptamos. Aunque figuren ciertos
interrogantes, esa unanimidad da al discurso del GIEC el carácter de
una verdad oficial, de la única verdad. Una verdad que se autolegitima,
transmitida por los medios anglosajones, tanto científicos como políticos,
que ignoran vanidosamente los otros estudios que tienen la desgracia de no
poderse publicar en inglés. Por eso se mantiene la versión anglófona
del global warming para subrayar la dominación de Occidente (dirigido
por Estados Unidos) ejercida sobre el resto del mundo, por medio del ultraliberalismo.
¿Por qué, pues, detener la crítica anticapitalista ante
el GIEC? Resulta al menos curioso que la mayor parte de los militantes alternativos
o incluso revolucionarios no tomen distancia ante esta enorme estructura científico-tecno-política
y su retórica, mientras que sí se muestran críticos ante
organismos multiestatatales dirigidos por la ONU, ya sean militares, económicos
o de otro tipo. Y no es menos asombroso que los ecologistas de diversas sensibilidades
u obediencias, por lo habitual tan críticos e incluso refractarios
a la ciencia y la tecnología, asuman brutalmente, como si fuera dinero
contante y sonante, las declaraciones de esos informes, y se inclinen ante
la ciencia oficial.
Los científicos han comprendido en su mayoría que más
vale ir en sentido de una corriente que han contribuido a generar, ya que
tras haber pontificado sobre el enfriamiento global en los años setenta,
algunos de ellos, privados de los fondos de la investigación espacial,
bruscamente recortados por Estados Unidos, han buscado, y encontrado, un nuevo
tema atractivo, remunerador y glorioso. Los dioses de las finanzas públicas
o privadas han monopolizado todo lo que pudiera afectar al global worming
y al desarrollo sostenible. Es más práctico mantener el mito,
y más arriesgado proporcionar conclusiones contrarias a la demanda.
La investigación pública está fagocitada por esta situación.
Nicholas Stern, antiguo economista del Banco Mundial, que ha realizado informes
recientemente sobre el global warming, no habrá puesto mala cara a
sus emolumentos, seguramente interesantes. Su estimación financiera
de los daños que causaría el calentamiento climático
coincide plenamente con el desarrollo intelectual liberal, según el
cual todo tiene sentido siempre que pueda ser evaluado monetariamente, pudiendo
uno lanzarse a especulaciones fantásticas y no interrogarse sobre el
justo valor. Por no hablar de las causas reales.
¿Anarquía de los meteoros o metapolítica?
La teoría del global warming tiene algo de metapolítica que
condiciona a los individuos y sociedades con el fin de asentar su dominación
y explotación. Porque los dirigentes, no sólo políticos
sino también tecnoburócratas, han comprendido a la perfección
que no es necesario imponer leyes, sobre todo en una época en la que
los individuos están escaldados por los desastres totalitarios del
siglo XX, y que hay que organizar un condicionamiento generalizado en lo relativo
a los diferentes aspectos de nuestras vidas, sobre todo en los que no aparecen
como "directamente políticos" (costumbres, creencias, valores,
entorno
). Ese es el reto de la "hegemonía", por retomar
el vocabulario de Gramsci; ahí está la trampa.
La anarquía de los meteoros, incontrolable en estos tiempos, e imprevisible
(fiable sólo en un corto plazo de tres días, no hablemos para
varios decenios
) ha amargado siempre a los dueños del mundo.
Las religiones han instaurado un dios todopoderoso desde el origen de los
tiempos para calmar a las masas, o para amenazarlas con un castigo climático
en caso de desobediencia. Los prometeos del capitalismo quieren controlar
el tiempo (para acrecentar las recolecciones o el turismo, es decir, el beneficio,
y para protegerse de los desastres), actuando sobre los deseos y los miedos
del ser humano. No es difícil para ellos simular que son ellos mismos
el origen del global warming, porque lo que hacen en un sentido lo pueden
deshacer en el otro. Así, su poder queda no sólo intacto sino
reforzado en todos los ámbitos. En cuanto a los políticos o
los ecologistas del espectáculo, se basan en un catastrofismo que les
es beneficioso, guardándose muy mucho, ya sea consciente o inconscientemente,
de criticar las causas fundamentales de los derroches y la contaminación.
Tanto unos como otros han hecho del global warming su gombo, fruto utilizado
en la cocina camerunesa que además sirve para designar a una persona
o actividad que genera dinero, de forma fraudulenta o no. Pretenden convencernos
de que hay que volver a los "equilibrios". Pero ¿qué
equilibrios? ¿Sobre qué base, qué norma y en qué
época? ¿La de la "pequeña era glaciar" (siglos
XVI a XVIII), en la que reinaban en Europa las monarquías absolutas?
Afirman que hay que pensar en "las generaciones futuras" y nosotros,
mientras esperamos ¿reventamos?
La teoría del global warming forma parte de la ideología dominante,
del mismo modo que, por ejemplo, "the clash of civilizations" (el
choque de civilizaciones), con la que comparte en ciertos aspectos una misma
finalidad: perspectiva catastrofista, culto al miedo y sentimiento de fatalidad
y de impotencia por parte de los individuos, pero también unas políticas
cada vez más autoritarias por parte de los dirigentes.
Dios, recuerda que eres mortal
Oculta al menos mi debilidad y salva mi gloria:
Debo regir como Dios el universo previsto; mi imperio se destruye si se reconoce
al hombre.
Voltaire ("El fanatismo o Mahoma, el profeta")
Y por fin llegó el Islam. Y esa modalidad de Dios, un dios puñetero,
toma su sitio. Desde las torres gemelas neoyorquinas al tsunami, la mano armada
de los cruzados de la fe ha declarado la guerra. Pero ¿qué guerra
y con qué combatientes? Animados por ese aliento, todos los "deícolas"
que tiene el planeta y otros sectarios de todo tipo, alzan el tono y siembran
la confusión.
El mundo de los conflictos económicos y geoestratégicos se ha
recompuesto claramente. La ofensiva del arcaísmo religioso ha sido
sustituida práctica y espectacularmente por las aventuras de la guerra
social. Ésta, vasto proyecto revolucionario de emancipación
teorizado y practicado sobre todo durante los últimos dos siglos, presenta
en la actualidad un balance que se puede expresar en pocas palabras: fracaso
polimorfo inapelable. El capitalismo, pues hemos de seguir empleando algunos
conceptos generales que están todavía en vigor, ha instalado
de modo progresivo el triunfo planetario de la sociedad mercantil (por hacerlo
corto y a la moda). Las "leyes de bronce" de la nueva economía
financiada se imponen con la consecuencia notable de la generalización
de una inestabilidad crónica de las estructuras político-económicas
y de la situación concreta de los individuos. Y así es como
la batalla contra la marginación de numerosos Estados, o simplemente
individuos apenas proletarizados, ha encontrado en el recurso vehemente a
los preceptos y otros mandamientos de la religión una táctica
de supervivencia ofensiva para los primeros y un conjunto de reglas intangibles
y básicas para los segundos. Esta observación no tiene nada
de original, pero está en el corazón del regreso a la omnipresencia
de la idea de Dios, que de nuevo está por todas partes, en la política
local e internacional, en las cabezas de muchos como una novedad y, por supuesto,
en las de los que nunca habían conseguido desembarazarse de ellas y
se han revigorizado.
Para nosotros, esas batallas literalmente sangrientas en las que, en nombre
de un dios y de su pertinente profeta, se destripan unos a otros alegremente,
se hace necesario un repaso. En el plano local, Iraq vive una guerra de religiones,
Alá chiita contra Alá suní, por el control del poder,
mientras que los kurdos musulmanes se han instalado en las zonas ricas en
petróleo. Aromas de la Noche de San Bartolomé y de la Fronda.
En Nigeria, en Indonesia y en Sudán, Alá pone chinitas sangrantes
al dios de Jesús, que le ha servido bien cuando le ha sido posible,
pero el equilibrio de fuerzas está claramente a favor del primero.
El hindú y el musulmán se dedican periódicamente a verdaderos
pogromos en los diversos Estados del continente indio para, por ejemplo, la
defensa de espacios y otros monumentos sagrados. Un análisis estrecho
de esos diversos enfrentamientos sacaría a la luz su verdadero objetivo:
la apropiación del conjunto de los recursos políticos y culturales,
y de los económicos, por parte de un grupo que actúa en nombre
de una ideología basada sobre todo en la "lógica"
de una vulgata religiosa a la que se suman ingredientes específicos
(exaltación nacionalista, antioccidentalismo, reivindicaciones territoriales,
etc.).
Y si fuera necesario proseguir con la demostración, no nos asombraremos
al constatar cuán banalizado está en el ambiente político
el recurso simbólico a la adhesión incondicional a un dios,
sea el que sea. Así, un diputado del Likud, en Israel, atacó
la sustitución de Sharon en el gobierno en los siguientes términos:
"Ese hombre sin dios ha demostrado en numerosas ocasiones que todo vale
para permanecer en el gobierno". Y sí, no es ni un político
honesto ni un creyente. O el caso del nuevo zar de todas las Rusias, Vladimir
Putin, que va como peregrino a participar, con un cirio en la mano y rodeado
de niños, a la misa de Navidad (rusa, por supuesto) en Yakutsk, a unos
50 grados bajo cero. Un verdadero gracioso con pinta de serio y a sangre fría,
el hierático del KGB-FSB que ha logrado el éxito sobre decenas
de miles de muertos. Y, desde luego, el grotesco y terrible malhechor G.W.
Bush, que no para de recurrir a Dios (del tipo evangelista) y a su reinado
porque sin ellos no habría ni democracia ni, por tanto, jugosa explotación
de los recursos naturales de los países bien surtidos.
La aparición pública de Bin Laden y el desarrollo sostenido
de la nebulosa islamista internacional lanzada en la guerra santa contra un
Occidente judeocristiano impío han conducido a una situación
de conflicto mundial que recuerda a las batallas de la desaparecida guerra
fría. El campo de la "internacional terrorista islamista"
es difuso, geográficamente disperso, instalado en el poder de ciertos
Estados (Irán o Sudán por ejemplo) o en la oposición
(Pakistán, Indonesia o Afganistán). Su expresión ideológica
se puede resumir en pocas palabras: la gestión absoluta de la sociedad
y los recursos económicos en nombre de Alá triunfante. Su adversario,
el campo llamado "democrático", compuesto de Estados a los
que se opone la guerra capitalista, mantiene un discurso abstracto en el que
libertad y tolerancia (la elección de culto, por ejemplo) enmascaran
la brutal realidad de la degradación de las condiciones económicas
y sociales derivadas de la "libre circulación de personas y de
capitales". En suma, el conflicto está trucado y no nos debe asombrar
que sean admitidos todos los golpes bajos. ¿Quién manipula a
quién? El caso de las mediocres caricaturas danesas es interesante
si es que nos interesa conocer los medios en los que "el crimen"
puede beneficiarse: la derecha racista danesa en el plano político
nacional, el campo oficial occidental que encuentra la ocasión de condenar
la ofensa hecha a las sensibilidades musulmanas, los ayatolás iraníes
en el poder que demuestran su capacidad de manipular la ira islamista en numerosos
países o los grupos pro-palestinos que se quejan de un racismo antiárabe
(manipulado por un Estado judío)
Y así sucesivamente.
Las maniobras de la guerra fría del "capitalismo contra el comunismo"
casi las echamos de menos (hacemos un exceso retórico) porque, al menos,
contenían, a su pesar, la voluntad práctica de muchos individuos
de cambiar radicalmente el mundo, la vida, sin dios ni amo.
En fín, ¡vive Dios! en el seno del Occidente judeocristiano,
y en Francia en particular, la puesta en cuestión radical de la existencia
de un dios creador y fuera de nuestro alcance, ha tomado auge desde hace varios
siglos y ha abierto una batalla frontal contra la legitimidad de cualquier
religión. ¡Ah, el bello Siglo de las Luces, que se propuso con
éxito vaciar el cielo de sus entidades teologales para crear un terreno
de apasionantes experimentaciones poético-científicas! O reciclar
las iglesias de los celadores de Dios, confortablemente instalados en el siglo,
para crear almacenes municipales. Y ahora, porque el Islam lo quiere ¿hay
que echar un velo de amnesia sobre aquellas elevadas y duras luchas? La emancipación
soberana del espíritu pasa por la negación asumida de toda idea
de esfera divina separada, inaccesible, origen y fin de todas las cosas. Del
mismo modo, la moral, es decir, el conjunto de reglas sociales construido
a partir de los conceptos del bien y el mal, no debe en ningún caso
basarse en los mandamientos de un dios cualquiera. ¿Por qué
las nociones de justicia, igualdad o solidaridad deben ser engullidas en el
mundo de la trascendencia divina? ¿Por qué es necesario que
el debate sobre "la legitimidad de las reglas a las que nos plegamos"
recurra a la existencia o no existencia de Dios? Pero si Dios ha muerto
Vamos, hombre, ocúpate sencillamente de los asuntos del hombre.
Es preciso que el terreno humano siga siendo extremadamente receptivo a la
idea de Dios, tan enraizada, persistente, viva y prolífera hoy día.
Cuando trataba del rechazo de toda ficción religiosa exigida por la
razón, Freud escribía en 1927: "Pero los hombres se comportan,
todavía hoy día, de un modo muy diferente y, en el pasado, las
ideas religiosas ejercieron una poderosa influencia sobre la humanidad, a
pesar de su indiscutible falta de autenticidad. Se trata de un nuevo problema
psicológico. Debemos preguntarnos en qué consiste la fuerza
interior de esas doctrinas y a qué circunstancias deben su eficacia
independientemente del control de la razón".
A este problema claramente identificado, Freud aporta una contribución
fundamental, que debe todo a la teoría psicoanalítica que perseguía.
"Creo que la respuesta a nuestras dos preguntas ha sido suficientemente
preparada. La encontramos si volvemos nuestra mirada a la génesis psicológica
de las ideas religiosas. Estas ideas, que profesan como dogmas, no son el
residuo de la experiencia en la que el resultado final de la reflexión
son ilusiones, la realización de los deseos más antiguos, los
más fuertes, los más angustiosos de la humanidad; el secreto
de su fuerza es la fuerza de los deseos. Lo sabemos ya: la impresión
aterradora del desamparo infantil ha despertado la necesidad de protección
-protección por el ser amado- necesidad que el padre ha satisfecho,
y el reconocimiento del hecho de que ese desamparo dura toda la vida ha hecho
que el hombre se haya aferrado a un padre, a un padre esta vez mucho más
poderoso. La angustia humana frente a los peligros de la vida se suaviza pensando
en el reinado benevolente de la Providencia divina; la institución
de un orden moral del universo asegura la realización de las exigencias
de la justicia, tan a menudo irrealizadas en las civilizaciones humanas, y
la prolongación de la existencia terrestre en una vía futura
provista de tiempo y lugar en los que se realizarán esos deseos. Respuestas
a las cuestiones que se plantea la curiosidad humana en lo relativo a esos
enigmas: la génesis del universo, la relación entre lo corporal
y lo espiritual según las premisas del sistema religioso. Y es un alivio
formidable para el alma individual ver cómo los conflictos de la infancia
procedentes del complejo paterno -conflictos nunca resueltos enteramente-
son, por así decirlo, despachados y reciben una solución aceptada
por todos".
Concluyamos momentáneamente: en el hombre, la idea de Dios está
donde domina la irracionalidad infantil. Como para cualquier enfermedad infecciosa,
las condiciones socioeconómicas, los mecanismos tradicionales de la
reproducción cultural y los avatares políticos tienden a catalizar
el desarrollo de la enfermedad. ¿Qué medidas de contención
podemos sugerir? ¿Cortar la lengua/cabeza a los portavoces de la idea
religiosa? Esa es sin duda una mala solución, insuficiente. ¿Un
DDT (deicidio definitivo telecargable)? ¿Un psicoanálisis masivo
del grupo? ¿Entonces? "El buen dios a la mierda" ahora y
siempre, hasta que llegue la muerte.
El problema de la dimensión política en los escritos de Kafka
como una cuestión metafísica y psicológica separada,
ha sido descuidado por sus biógrafos y críticos. La mayoría
de ellos recuerda sus relaciones con los círculos anarquistas de Praga,
sin atribuirle significado alguno. Por otra parte, numerosos comentaristas
reconocen que uno de los temas fundamentales de la obra de Kafka es la lucha
del hombre contra la máquina burocrática en sus múltiples
aspectos.
Hurgando en el contenido de sus principales obras y a la luz de su biografía,
que es testimonio de su simpatía hacia las agrupaciones anarquistas,
se puede encontrar una relación que arroja nueva luz sobre su mundo
espiritual. Por supuesto que esta relación "política"
es fragmentaria: el mundo de Kafka es mucho más rico, más complejo
y más polifacético como para que se lo pueda trasmitir en una
fórmula condensada, aislada.
El testimonio biográfico
De la época en que Kafka comienza a trabajar en la Caja de Seguros
para Obreros datan sus contactos con los círculos anarquistas o para-anarquistas
de Praga.
Según las referencias de Mijal Kasha, uno de los fundadores del movimiento
anarquista en Praga, y de Mijal Mares, en aquel entonces un jovencito anarquista,
Kafka participó en las reuniones anarquistas del "Mlodite Club",
de la organización antimilitarista y anticlerical de la asociación
obrera "Viles Kerber"; participó también en el movimiento
anarcosindicalista checo. Ambos testigos concuerdan en que Kafka mostraba
gran interés por lo que se discutía en las reuniones, pero nunca
pidió la palabra ni participó de los debates. Kasha, que lo
estimaba muchísimo, solía llamado "Klidos", que significa
algo así como "el gigante pacífico".
Mijal Mares cuenta que, invitado por él, Kafka asistió a reuniones
y conferencias anarquistas. La primera de ellas fue una manifestación
de protesta por la sentencia de muerte al pensador y educador anarquista español
Francisco Ferrer. Kafka participó en la reunión que fue disuelta
por la policía.
En el año 1912 Kafka participó también en la manifestación
que se realizó como protesta contra la imposición de la pena
de muerte al anarquista Liabedz en París. La demostración fue
violentamente disuelta por la policía. Entre los detenidos en aquella
oportunidad se encontraba también Kafka.
Mares cuenta que Kafka leía con interés y simpatía los
escritos de los diversos teóricos y expositores anarquista s como Domela
Niewenhuis, los hermanos Reclus, Vera, Finger, Bakunin, Jean Grave, Kropotkin,
por ejemplo.
Existen otros dos testimonios de las inclinaciones antiautoritarias de Kafka
y de su simpatía por los trabajadores oprimidos. En su conocida creación
"Carta al padre" (1919) califica la actitud de su progenitor en
el comercio como tiránica y lo acusa con las siguientes palabras:
"A tus empleados los llamabas 'enemigos pagados'; y lo eran, pero aún
antes de que lo fuesen tú me parecías ser su enemigo que paga.
(
) Es verdad que exageraba, ya que sin más suponía que
causabas a esa gente una impresión tan terrible como a mí. (...)
Pero a mí se me hacía insoportable el negocio, me recordaba
demasiado mi relación contigo. (
) Por eso, necesariamente tenía
que pertenecer yo al partido del personal".
Aquí encontramos un nexo entre la rebeldía frente al dominio
paterno y la rebeldía anarquista ante la fuerza económico-política
imperante.
Es bien conocido el profundo odio que Kafka sentía hacia su trabajo
en la compañía de seguros, a la que tildaba de "nido de
oscuros burócratas". No podía soportar el sufrimiento de
los obreros perjudicados y de sus desgraciadas viudas, que eran introducidas
en el laberinto jurídico-burocrático de la Caja de Seguros Obreros.
La frecuentemente citada frase, mencionada por Max Brod, es una aguda y sugerente
expresión de su manera de pensar: "Qué mansa es la gente;
llegan a nosotros con sus súplicas, en lugar de tomar la oficina por
asalto y destruirla, nos vienen a pedir misericordia". El espíritu
anarquista de esta frase -bajo la cual Bakunin agradecido estamparía
su firma- es lo suficientemente claro como para recordarnos la posición
de Kafka frente a las instituciones democráticas.
Max Brod dice que la estructura realista de muchos capítulos de "El
Proceso" y "El Castillo" tienen su origen en la oficina de
seguros. Está fuera de toda duda que este trabajo burocrático
y la rebeldía de Kafka constituyen una de las fuentes del espíritu
libertario que traslucen sus escritos.
¿Constituye la tendencia anarquista en la vida de Kafka una pasajera
expresión juvenil limitada a los años 1909-1912? Es cierto que
después de 1912 Kafka dejó de participar en sus actividades
con los anarquistas checos y comenzó a demostrar un interés
mayor por los círculos judíos y sionistas. Pero debemos recordar
sus charlas con G. Janusz, allá por el año 1920, no sólo
porque llama a los anarquistas checos "queridas y alegres personas (...)
tan cariñosas y fraternales que casi a la fuerza creemos en sus palabras",
sino porque las opiniones sociales y políticas que desarrolla están
muy cerca del anarquismo. Así, comenta con Janusz la no admisión
de los poetas en la República de Platón: "Los poetas proveen
al hombre de nuevos ojos y de esta manera intentan introducir una modificación
en el mundo real. Por esoson elementos peligrosos para el Estado, porque reclaman
transformaciones. Pero el Estado y sus fieles servidores tienen una sola y
excluyente voluntad: permanecer''. Hay que interpretar que Kafka se considera
él mismo como uno de esos poetas que hace peligrar la permanencia del
Estado.
Kafka define al capitalismo como un "sistema dependiente de relaciones
en que todo tiene jerarquía, todo está encadenado". Este
es un pensamiento típicamente anarquista en el que se subraya el carácter
opresor y esclavista del régimen vigente.
Su actitud escéptica frente al movimiento obrero es también
una consecuencia de la desconfianza que los anarquistas han demostrado frente
a los partidos políticos y sus instituciones.
En una oportunidad se encontró frente a una manifestación obrera
que portaba banderas y pancartas; su comentario a Janusz fue el siguiente:
"Esta gente está tan segura de sí misma, tan convencida
de su justicia. Dominan la calle y piensan que son los poderosos del mundo.
Pero están equivocados: detrás de ellos están preparados
los secretarios, los funcionarios, los políticos profesionales, todos
estos modernos sultanes a quienes ellos preparan el camino del poder. (
)
La rebeldía se evapora y sólo queda el barro de la nueva burocracia.
La soga de la torturada humanidad está trenzada con los papeles de
la burocracia."
Sería extraño e incomprensible que las ideas políticas
de Kafka no tuvieran influencia sobre sus escritos porque sustancialmente
el estrato anarquista es uno de los signos centrales de sus grandes creaciones,
cuentos, relatos y alegorías.
De sus tres novelas más conocidas, "América" es la
que está menos influida por sus ideas libertarias. Sólo dos
pasajes son una excepció en este sentido, pasajes en los que se expresa
la analogía entre el autoritario grupo de oficiales de la marina, funcionarios
y representantes estatales, y el obrero que se queja por alguna injusticia.
Kafka mismo describe este estado como "los sufrimientos de un pobre hombre
que es oprimido por los poderosos". La misma circunstancia aflora en
su "Lámparas nuevas", un hecho que sirve siempre como desmostración
de las inquietudes sociales de Kafka. En este relato hace un paralelo entre
el abatido delegado de los obreros mineros, que viene a quejarse de las lámparas
que no funcionan y el "gentleman" de la administración que
se burla de su justa demanda. La profunda oposición entre el astuto
sector superior y la clase baja de la galería es la característica
fundamental en este relato. Otro hecho del mismo género encontramos
en sus "Diarios". El administrador de una compañía
de seguros (similar a la conocida por Kafka) echa, humillándolo, a
un pobre obrero enfermo y desocupado que va en busca de empleo. Toda la alharaca
de las elecciones norteamericanas son calificadas por Karl Rossman como una
gran parodia, a la luz de la desconfianza anarquista en el sisterna electoral.
En su segunda novela, "El Proceso", surge el problema de la burocracia
autoritaria como uno de los temas fundamentales de la obra. Es cierto que
en "El Proceso" está subrayada la parte burocrático-jurídica
del aparato estatal, antes que la político-militar, que los anarquistas
más combaten. Este hecho puede ser fácilmente comprensible si
tenemos en cuenta que Kafka mismo fue un burócrata de la justicia,
trabajo que le producía náuseas.
Josep K., la candorosa víctima de "El Proceso" es detenido
una mañana y nadie puede explicarle la causa de su arresto. Es juzgado
en un tribunal en el que no se le permite apelar a los jueces de suprema instancia;
que no reconoce la defensa, aunque la tolera en parte; sus decisiones resultan
incomprensibles; los jueces no se dejan conocer, pronunciándose al
final por un fallo que ordena: "muera como un perro''.
La posición de Kafka frente a las leyes de Estado surge claramente
en su relato "El problema de nuestras leyes". Aquí describe
un pueblo dominado por un pequeño grupo de aristócratas que
guardan en secreto las leyes cuya misma existencia está puesta en duda.
La observación cuasi-anarquista de Kafka es: "Si surgiera un partido
que diera por tierra no sólo con cada creencia y cada ley sino también
con la aristocracia, entonces todo el pueblo lo apoyaría".
La falta de leyes es suplantada en "El Proceso" por la presencia
de una poderosa organización jurídica que Joseph K. critica
con indignación: "Una organización que no sólo se
vale de corruptos funcionarios, inspectores imbéciles y jueces inquisidores
-que en el mejor de los casos son moderados- sino que incluso el jefe máximo
de la jerarquía jurídica se sirve de toda una caterva de servidores,
funcionarios, policías y demás ayudantes. Tampoco me abstendré
de decirle a esta poderosa organización ¡verdugos! qué
significa, señores míos, que personas que son jurídicamente
inocentes son detenidas haciéndoselas objeto de investigaciones absurdas".
"El Proceso" describe la máquina legal desde el punto de
vista de las víctimas, los hombres humildes y sumisos: una jerarquía
burocrática, absurda y de dura cerviz que no sabe de misericordias.
El Castillo
En "El Castillo" Kafka se ocupa directamente del problema del Estado,
la burocracia. El país que describe es una veraz versión de
la cruda realidad, que conoció y vivió en el Imperio austro-húngaro.
"El Castillo" opone la fuerza, el poder y el Estado al pueblo, que
tiene su símbolo en la aldea. Este castillo es pintado y representado
como algo extraño, hostil, que no permite su comprensión; constituye
una especie de lejana y caprichosa fuerza que gobierna al pueblo por medio
de una tortuosa jerarquía de burócratas de comportamiento absurdo,
incomprensible, cursi.
En el capítulo V, Kafka nos describe una parodia tragicómica
del mundo burocrático; la turbación "oficial" que
el autor define como ridícula alarma. La absurda lógica interior
de esta idea se descubre en toda su desnudez en las siguientes palabras del
alcalde: "¿Que si hay oficinas de control? Hay solamente oficinas
de control. Cierto que no están destinadas a descubrir fallos en el
sentido bruto de esta palabra, puesto que tales fallos no se producen, y aun
cuando alguna vez se produce un fallo, como en el caso suyo, ¿qién
podría decir definitivamente que es un fallo?" El alcalde de la
ciudad nos recuerda que todo el aparato burocrático está constituido
tan sólo por oficinas que se controlan unas a otras
pero en seguida
agrega que en la práctica no hay nada que necesite de un control. Por
lo tanto, errores serios no se encuentran. Cada oración niega la anterior,
y en resumen se demuestra la estupidez oficial.
En el ínterin algo crece, se extiende e inunda; papeles, papeles de
oficina (como se expresa Kafka) con los que está trenzada la soga de
la torturada humahidad. Un mar de papeles colma la oficina de Sordini.
Pero la culminación de la alienación burocrática se traduce
en las palabras del alcalde que califica al aparato oficial como "una
máquina autónoma que funciona por sí misma". Aquí
Kafka trata el íntimo y más inhumano de los contenidos de la
concepción burocrática: el proceso de alienación que
transforma una estructura de relaciones humanas en un objeto petrificado,
en una máquina ciega.
En "El Castillo" alude Kafka a la frecuente duplicidad de una serie
de héroes. Klam, por ejemplo, se parece a un águila cuando se
lo observa en sus funciones oficiales pero cuando este poderoso representante
del castillo es visto a través del ojo de la cerradura, se nos aparece
como cualquier otro burócrata: de estatura mediana, gordo, fumando
y bebiendo cerveza, con bigotes en punta y gafas. Así se nos revela
el mismo castillo: por fuera impenetrable, todopoderoso, pero mirado de cerca
se ve que sufre no menos desgracias que la aldea.
El lado corrupto y feo del poder del castillo, surge de la lectura del capítulo
Sordini-Amalia: la expulsión de la virginal muchacha, que no acepta
las proposiciones deshonrosas del funcionario.
La propensión de Kafka a descubrir el rostro de la pequeñez,
la mediocridad y la inmoralidad que están tras la magnífica
fachada del Estado, tiene también su expresión en otros escritos.
En "El Proceso" nos pinta a un juez que ocupa con descaro su estrado
judicial, pero por las declaraciones de Leni nos enteramos de que en realidad
está sentado sobre un simple banquillo de cocina cubierto por una vieja
manta; el antiguo y respetado Código en el vacío recinto de
justicia resulta ser una colección de fotografías de relatos
pornográficos. El mismo motivo lo encontramos en una cantidad de retratos
de Kafka, como por ejemplo "Poseidón"; en éste el
dios del mar se nos aparece como un burócraata mediocre, que sentado
a su mesa de trabajo se dedica a efectuar simples operaciones de aritmética.
"El Castillo" trata el problema de la impotencia del hombre frente
a la diabólica farsa, a la pedantesca, a la complicada, brutal y ridícula
táctica del omnipotente aparato de gobierno. No sólo Kafka,
como un extraño y un "perturbador", sino todos los que protestan
contra el poder son triturados sin misericordia por la "máquina",
no por medio de un golpe mortal directo sino con lentitud, indirectamente
y con astucia, absorbiéndoles la médula de sus huesos. En esta
novela se ataca al poder político y burocrático como tal. Igual
que los pensadores anarquistas, no critica una forma determinada de Estado
sino su esencial y universal contenido y significado: el poder institucional
jerárquico.
Pero este análisis de "El Castillo" y "El Proceso"
puede ser considerado como parcial si no agregamos que la actitud de Kafka
y de Joseph K. frente a la autoridad no consiste sólo en una pura rebeldía;
encontramos también en esta actitud cierta reverencia temerosa, es
un esfuerzo por ser reconocido. Esta situación ambivalente la encontramos
en la actitud de Kafka frente al padre y en su relación con la misma
autoridad divina.
En la colonia penitenciaria
Entre los relatos cortos de Kafka el más significativo desde el punto
de vista político es "En la colonia penitenciaria": un vigoroso
grito de protesta contra la bestial autoridad y la falsa y extraña
justicia.
Con frecuencia se ha opinado que a través de este relato previó
los campos de concentración nazis. Pero Kafka pintó una determinada
realidad de su época: el colonialismo francés. Los comandantes
y oficiales de la prisión son franceses que "no quieren olvidar
su hogar"; los sumisos soldados, los obreros-peones y la víctima
condenada a muerte, son nativos que "no entienden una palabra de francés".
Kafka introduce el trasfondo colonial para subrayar la brutalidad de determinados
gobernantes. Este poder autoritario es más brutal que el que encontramos
en "El Castillo" y "El Proceso".
En su obra "En la colonia penitenciaria" Kafka nos habla de la cruel
venganza de un poder iracundo. Un desgraciado conscripto es condenado a muerte
por no cumplir con las órdenes y por faltarle el respeto a sus superiores.
Fue encontrado en falta en un irrisorio deber: saludar cada hora de la noche
la puerta de su cuarto; al recibir de su capitán un fustazo en la cara,
tiene este soldado la osadía de rebelarse contra la autoridad, y faltando
toda responsabilidad de defensa de acuerdo con el reglamento de disciplina
de los oficiales, es condenado a morir por medio de una máquina de
tortura que graba en su cuerpo: "¡Respeta a los que están
delante de ti!" Pero esto no es lo esencial de su relato, pues si tan
sólo fuera ése el contenido no habría diferencia alguna
entre el relato de Kafka y centenares de otros relatos sobre presidios y correccionales.
La figura central de "En la colonia penitenciaria" no es el investigador
ni el penado, el oficial o el comandante sino la máquina.
El relato gira alrededor de la máquina infernal, su origen, su papel
y su significado. La máquina, según las palabras del oficial,
se convierte con el tiempo en un fin en sí misma. La máquina
no existe para infligir el castigo al hombre, sino que el hombre está
destinado a la máquina, para servirle como alimento, con su cuerpo,
a fin de que pueda grabar sobre él un estético texto con letras
de sangre, decorado con flores y otros ornamentos. Hasta el oficial sirve
a la máquina pues al final cae él mismo víctima del Moloch
que no satisface su hambre.
Kafka vuelve nuevamente a las raíces del problema: el proceso de alienación
que convierte al objeto, a la creación humana, en un amo opresor, autónomo
y extraño. La máquina domina al hombre y lo destruye en vez
de prestarle ayuda y servirle.
¿A qué máquina devoradora de víctimas propiciatorias
se refería Kafka? El relato "En la colonia penitenciaria"
fue escrito en octubre de 1914, tres meses después del estallido de
la Primera Guerra Mundial.
Nota: Este artículo se publicó en lengua yídish en el periódico anarquista neoyorquino Freie Arbeiter Stime (entre el 15-I-67 y el 15-I-68); aprovechamos la traducción de G. R. publicada en la revista bonaerense Reconstruir (julio-agosto 1968).
Punto y final
(Sobre la película "Salvador")
Trabajo me cuesta escribir estas líneas para un asunto que estaba más que claro: campaña de desprestigio (articulada, estoy seguro de ello, por muchas personas que no sabían de qué iba la cosa) para una notable película (en la cuestión meramente cinematográfica, pero también desde un punto de vista moral) que muy pocos habían visto y un modesto intento por mi parte de hacer una crítica honesta y personal (y que, al mismo tiempo, sirviera de contrapeso a una campaña con un claro componente irracional). Desconocía que mi texto (escrito desde una plena autonomía individual; no sé si mis amigos puristas pensarán que tengo algún tipo de sumisión o interés económico, cosa que se puede interpretar fácilmente leyendo tan encendidas proclamas contra una película "al servicio del capital") iba a dar lugar a una respuesta que resulta "más de lo mismo" y que ya cansa. No me gusta la inquisición y no me gusta la censura, venga de donde venga. Es por eso que reitero mi defensa de la película (si tengo que poner cara y voz al asunto, conozco a muchas personas que les ha gustado y emocionado el film y a ningún detractor). Pero, sobre todo, leídos los último comentarios de la contestación a mi artículo (de cuyo efecto aún me estoy recuperando), pido un respeto a los compañeros que realizan el periódico Tierra y libertad que decidieron publicar mi texto; un respeto para su plena libertad para publicar lo que consideren oportuno y si hay alguien en el movimiento libertario que sólo quiere leer lo que le reafirma en su opinión, quizá no esté militando en el sitio adecuado. Reitero también mi defensa de los realizadores de "Salvador" (Luis Arcarazo, guionista, y Manuel Huerga, director) y de otros realizadores como Fernando León (cuya película "Los lunes al sol" tiene la misma productora). Todos ellos autores de un cine social de enorme valía, estoy seguro que enfrentados a enormes obstáculos en cuanto a la producción de sus proyectos, y que si oyen que son una especie de "mercenarios al servicio del capital" se entristecerían bastante.