
SECCIONES
Nueva reforma laboral:
La estrategia del cangrejo
Las dos experiencias democráticas de la España del siglo
XX han coincidido con las dos crisis económicas más graves que
ha vivido la Europa contemporánea: la Segunda República se proclamó
en 1931, cuando llegaban a nuestro país las secuelas del estrepitoso
hundimiento de Wall Street, y la Transición democrática comenzó
en 1975, en plena crisis económica provocada por la subida de los precios
del petróleo.
Durante la década de los años setenta, tal y como había
sucedido en 1931, las dificultades que amenazaban al proceso político,
puestas de manifiesto con el golpe de Estado de 1981, relegaron a un segundo
plano a los problemas económicos del país, derivados tanto de
las graves carencias del desarrollo industrial del Franquismo como de la crisis
internacional de 1973.
Los Pactos de la Moncloa, firmados en 1977 por Adolfo Suárez y los
partidos de la oposición, trazaron el camino de la evolución
política de España, hasta la consolidación de un régimen
democrático, pero, al mismo tiempo, sentaron las bases de la política
económica postfranquista, que establecía la supremacía
absoluta de la iniciativa privada, la apertura al capitalismo multinacional
y su integración, a cualquier precio, en el Mercado Común europeo.
Y si la evolución política consensuada por unos y otros satisfacía,
en cierta medida, las aspiraciones populares, la orientación económica
aprobada en los Pactos de la Moncloa estaba muy lejos de las demandas de una
clase trabajadora que, durante la Transición, tenía un alto
porcentaje de sindicación y que había demostrado una gran capacidad
de movilización.
La renuncia de los trabajadores a introducir reformas económicas que
les fuesen favorables, en paralelo al cambio político que estaba viviendo
el país, y su renuncia a obtener ventajas sociales de la crisis económica
del capitalismo internacional, sólo fue posible por la sumisa dependencia
de los principales sindicatos españoles -CC OO, UGT y ELA- de los partidos
nacionalistas y de izquierda que, anteponiendo la reforma política
a las reivindicaciones sindicales, habían firmado los Pactos de la
Moncloa con la derecha franquista, representante cualificada del capitalismo
nacional. Cuando los trabajadores más combativos planteaban, en las
asambleas de fábricas y talleres, mayores demandas sociales o nuevos
conflictos laborales, se encontraban con los dirigentes sindicales socialistas
y comunistas que acallaban las protestas con amenazas proféticas: "¡Qué
nos viene un Pinochet!, ¡Qué vuelve una Dictadura!"
Sólo la CNT tenía la fuerza numérica -unos 200.000 afiliados-
y la autonomía sindical para oponerse a los Pactos de la Moncloa, así
que desde el poder político y económico se decidió destruir
al movimiento libertario por medio del montaje policial del caso Scala, que
fue presentado por la agencia de noticias oficial de este modo: "Un comando
de la FAI (Federación Anarquista Ibérica), integrado por tres
sujetos en cuyo poder se ha hallado asimismo documentación que les
acredita como afiliados a la central sindical CNT, ha sido autor, según
la Jefatura de Policía de Barcelona, del atentado contra el restaurante-espectáculo
Scala".
Fracasado este primer intento, se optó por domesticar al anarcosindicalismo
en el Congreso de la Casa de Campo de 1979, que fracturó a la Confederación.
Aunque la CNT no pudo ser destruida ni disciplinada por el Estado, no puede
negarse que durante casi quince años vivió en una situación
agónica, teniendo que dedicar la mayor parte de su tiempo y de su voluntad
a sobrevivir al desencanto social de los trabajadores, al silencio de los
medios de comunicación y a la confusa usurpación de su mensaje.
Con el campo sindical despejado, se implantó una política económica
que se basaba en sacrificar a los trabajadores para permitir que los empresarios
consiguiesen beneficios extraordinarios, con la esperanza de que éstos
invirtieran parte del superávit obtenido en la apertura de nuevas empresas,
que crearían nuevos puestos de trabajo. Por eso, aunque el desempleo
era la primera consecuencia de la crisis y la causa principal del resto de
dificultades económicas -déficit público y disminución
del consumo-, los gobiernos, con la complicidad de los sindicatos socialista
y comunista, se dedicaron a intentar salir de la crisis con medidas exclusivamente
monetaristas, centradas en reducir la inflación; mientras los trabajadores
se "apretaban el cinturón" y se destruía el tejido
productivo del país, crecían espectacularmente las inversiones
especulativas.
Así se explica que durante dos décadas la clase obrera española
viviese angustiada por el paro, que alcanzó una gravedad extrema, a
causa de una política destinada a proteger las inversiones antes que
los puestos de trabajo y a la debilidad de la economía que heredábamos
del Franquismo, y sin el recurso a la emigración, una solución
que se vio cegada por la repercusión internacional de la crisis económica
de los años setenta. Durante las décadas de 1950 y 1960, cientos
de miles de españoles habían emigrado, huyendo de la miseria,
hacia la Europa septentrional, donde se encontraron con los miles de exiliados
que residían allí desde la década de 1940, huyendo de
la represión; unos y otros ayudaron a levantar la economía española
con el dinero que, arañado a sus salarios, enviaban a sus familias.
Desde 1975, ya no fue posible.
Por lo tanto, el desempleo se convirtió en el primer problema social
y económico de España. Una cifra oficial de parados que, durante
años, superó los dos millones de trabajadores, por más
que los sucesivos gobiernos maquillasen los números y trampeasen la
contabilidad, a los que había que sumar una cantidad nada despreciable
de subempleados, de trabajadores jubilados anticipadamente -con empresas como
Telefónica o Iveco con prejubilados de poco más de 45 años-,
y una economía sumergida que representaba hasta un diez por ciento
de la riqueza y el empleo del país.
Además, la economía española, una vez desmantelada su
industria por los gobiernos socialistas por exigencias de la Unión
Europea, se centró en el turismo y en la construcción, dos sectores
que tienen una fuerte estacionalidad. Millares de familias, especialmente
en Andalucía, trabajaban en los hoteles y restaurantes de la costa
durante el verano y malvivían sin trabajo o con empleos ocasionales
el resto del año. No es de extrañar que el paro de los desempleados,
los subempleados y los temporeros se convirtiese en la principal preocupación
de los españoles. Sólo la economía sumergida y, sobre
todo, la ayuda de las familias, auténticas protagonistas de la protección
social en España, impidieron un estallido social.
Para colmo, en los últimos quince años, y fruto de la división
económica de un mundo globalizado, España ha conocido un auge
de la agricultura de invernadero, que permite obtener productos hortofrutícolas
antes de temporada para su exportación a la fría Europa del
norte. El Ejido, en Andalucía, ha pasado de ser una aldea perdida en
el desierto almeriense a ser la ciudad con más coches de lujo por habitante
de todo el continente. Como contraste, en la actualidad, uno de cada tres
trabajadores españoles tiene un contrato precario y, sólo en
el último trimestre, las Empresas de Trabajo Temporal han realizado
casi 550.000 contratos, muchos de ellos por unos días o por unas horas.
Esta inseguridad laboral se ve acompañada de una pérdida de
poder adquisitivo de los salarios: en los cinco primeros meses de este año
la inflación fue del 3'9 por 100, mientras que la subida salarial fue,
como media, del 3'1 por 100 y el incremento aún es menor para los millones
de funcionarios de las distintas administraciones públicas.
Al mismo tiempo que se forzaba una moderación salarial, que sólo
ha creado pobreza, y se dictaban leyes contra el paro, que sólo favorecían
la precariedad laboral, desde el Estado se imponía un modelo sindical
cerrado y fuertemente subvencionado. El descontento de los trabajadores hizo
disminuir dramáticamente la afiliación sindical hasta índices
que se encuentran entre los más bajos de Europa occidental, pero ese
quebranto económico fue reemplazado por el Estado que ha subvencionado
generosamente a todos los sindicatos que participan del modelo sindical impuesto,
que tiene como piedra angular a las Elecciones Sindicales, que trasladan el
modelo político de delegación de poder y representatividad al
ámbito sindical.
Ahora mismo, los sindicatos españoles, con la excepción de la
CNT, no podrían sobrevivir sin la ayuda del Estado y la complicidad
de la patronal. No sólo reciben locales gratuitos en todos los rincones
del país, no sólo perciben subvenciones multimillonarias, no
sólo tienen miles de liberados cuyo sueldo costean el gobierno y los
empresarios; sobre todo, han creado una potente red clientelar de privilegios
particulares: empleos seguros solo para afiliados, cargos y jefaturas intermedias
a las que se accede con el carné sindical, cursos de formación
gratuitos para los sindicados y generosamente pagados a los sindicatos
Además, los medios de comunicación públicos y privados
silencian las luchas laborales que se desarrollan al margen de estas centrales
sindicales y el Estado y la patronal sólo pactan con estas organizaciones
en negociaciones jerarquizadas al más alto nivel; es casi imposible
concertar un Convenio Colectivo en el ámbito de una empresa o una provincia.
Con este modelo de negociación cerrado, CC OO y UGT llevan años
firmando grandes acuerdos que ratifican la pérdida de derechos sociales,
algunos trabajosamente arrancados a la dictadura de Franco, con la excusa
de disminuir el paro y de reducir la temporalidad, que sigue siendo la gran
preocupación de los trabajadores. Sin embargo, con cada nuevo pacto,
los trabajadores seguimos perdiendo derechos y, ahora mismo, para los españoles
la posibilidad de conseguir un puesto de trabajo fijo es, cada vez más,
una quimera.
El último de estos pactos se ha ratificado en la primera quincena de
este mes de mayo, una nueva Reforma Laboral negociada y firmada a espaldas
de los trabajadores con el mayor secretismo y a la que los medios de comunicación
han puesto sordina, para que pasase desapercibida. Desde la CNT se han realizado
cientos de actos y charlas informativos, se ha denunciado en las manifestaciones
del pasado Primero de Mayo y se realizó el 1 de abril una manifestación
en Madrid a la que asistieron varios miles de anarcosindicalistas llegados
desde todo el país, en una nueva prueba del renacimiento orgánico
que la CNT conoce en los últimos años.
¿Qué ofrece esta Reforma Laboral? Más ventajas para los
empresarios: aquellos que conviertan en indefinidos los vigentes contratos
temporales tendrán un despido mucho más barato de sus nuevos
empleados, se crean nuevas subvenciones para los empresarios que incorporen
nuevos trabajadores y se duplica de dos a cuatro años el período
para cobrarlas, además los patronos verán reducidas sus aportaciones
a la Seguridad Social para el desempleo y para el fondo que garantiza el pago
de los salarios en las empresas en quiebra (FOGASA). Es decir, se insiste
en favorecer el enriquecimiento de la patronal, incluso con subvenciones del
Estado, con la esperanza, pero sin la obligación de que se contraten
más empleados.
En esta misma línea, se está negociando en el Congreso una serie
de medidas fiscales destinadas a rebajar los impuestos de las pequeñas
y medianas empresas, gracias al empeño de partidos que se dicen de
izquierda, como Esquerra Republicana de Catalunya. Es especialmente sangrante
que la Reforma Laboral rebaje las cotizaciones de los empresarios a la Seguridad
Social, mientras el gobierno está negociando con CC OO y UGT una nueva
reducción de las pensiones, con la excusa del futuro déficit
del sistema público de protección social.
Para compensar, la Reforma Laboral, establece que los trabajadores que estén
más de 24 meses, en un período de dos años y medio, en
el mismo puesto de trabajo, pasarán a tener contratos indefinidos.
Pero, como explica la CNT, es "un brindis al sol, porque los empresarios
han demostrado tener múltiples formas de eludir este tipo de medidas".
Muchos empresarios disponen de varias "empresas fantasmas" con las
que van contratando al mismo empleado para realizar el mismo trabajo sin antigüedad
y sin derechos adquiridos.
El último episodio balcánico: Montenegro
Quienes llevan el rumbo de la nave del Poder vuelven a dar un golpe de mano,
y la sorpresa que antes mostrábamos algunos ha dado paso a la rabia
de ver cómo culminan sus planes, por encima, por supuesto, de la vida
y la libertad de casi todos.
El pasado 21 de mayo, mucho antes de que apareciesen los resultados oficiales,
los oligarcas de la Unión Europea anunciaban a bombo y platillo con
un fervor poco disimulado el triunfo del "sí" a la independencia
de Montenegro respecto de su vecina Serbia. Los títeres que dejaron
al frente del país se encuentran entre la espada y la pared aceptando
los planes colonizadores de la metrópoli, con Alemania al frente, conteniendo
como pueden la indignación de la gente ante el negro futuro que se
les avecina.
Después de haber sondeado con otras consultas similares en años
anteriores y no haber recibido el respaldo de la población, insisten
de nuevo haciendo que el resultado sea el adecuado a sus objetivos. El propio
Milo Djukanovic, el mafioso presidente de Montenegro, reconocía en
el año 96 que la opción independentista era impensable porque
era absolutamente minoritaria. ¿Que la gente no va a votar y el referéndum
no es válido?, pues se reducen los mínimos de participación
para que el resultado sea legítimo. ¿Que encima se obstinan
en votar lo que no deben?, pues se repite una y otra vez y se reduce el porcentaje
mínimo para dar la victoria a la opción que les interesa, a
quienes por otro lado se les ofrece un apoyo económico incalculable
a cuenta de los fondos europeos para la "cooperación".
Por esto y muchas más cosas, cualquier comparación del proceso
electoral montenegrino con otro efectuado en nuestras latitudes (igualmente
manipulados) haría sonrojarse a todos aquellos que se llenan diariamente
la boca con la palabra democracia. Ha sido vergonzoso incluso el modo de plantearlo.
Todo el mundo sabe, y por supuesto ellos también, que los resultados
de una encuesta dependen en gran medida de la forma en que se redacte la pregunta,
y ésta no ha sido otra que "¿desea que la República
de Montenegro sea Estado independiente con plena legitimidad conforme al derecho
internacional?" Así ha aparecido en las papeletas de votación.
Sólo faltaba la coletilla: "¿o desea saltarse el derecho
internacional y ser aniquilado?" Ejemplos tienen.
Al mismo tiempo que en España, por ejemplo, para modificar la Constitución
exigen más de dos tercios de la cámara (66 por 100), disolución
de Cortes, nueva elección por dos tercios y luego un referéndum,
nuestros gobernantes a coro con los de la UE exigían dar validez a
la secesión, simplemente si el 55 por 100 de los votantes lo apoyaban
(cesión a la República de Serbia, porque en un primer momento
plantearon incluso el 51 por 100 solamente). Pero por si algo salía
mal, se apresuraron a dejar clara su exigencia de un Montenegro independiente
bajo pena de sanciones económicas. Y la zanahoria: la entrada preferente
respecto a Serbia en la UE. Como las amenazas a veces no son suficientes,
el siguiente paso fue hacer que todos los medios de transmisión de
doctrina (prensa, radio y televisión) se volcaran en anunciar con alegría
el triunfo de la independencia de Montenegro, mucho antes de que pudiera realizarse
el escrutinio oficial y éste se hiciese público, ¿alguien
se imagina lo que pasaría si la UE felicita al ganador y exige su reconocimiento
en las próximas elecciones generales antes de que se hagan públicos
los primeros resultados oficiales? Todo muy democrático.
El Periódico de Cataluña decía de forma muy elocuente
que afortunadamente esta vez se había conseguido por medios democráticos
lo que en otras ocasiones había costado miles de muertos. Algo con
lo que no se podría estar más de acuerdo, siempre que tengamos
en cuenta el detalle de que las guerras fueron promovidas por los mismos que
ahora apoyan la independencia de la pequeña república balcánica.
No estamos asistiendo a otra cosa que a la culminación de los planes
de desintegración de la República Federal de Yugoslavia y a
su integración por pedazos (mucho más propensos a la sumisión)
en la Unión Europea. No en vano en noviembre del año 1999 Montenegro
pasa a utilizar como moneda el marco alemán y a partir del año
2003 el euro, distanciándose de la economía Serbia que continúa
usando el dínar. Asimismo durante el mes de noviembre de aquel año
de 1999 el propio Djukanovic asistió a la VI cumbre de la Organización
de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en Estambul en exclusión
de la delegación oficial, lanzándose en brazos ya desde entonces
de organismos de rapiña del capital como la OTAN o el FMI.
Y si más arriba hemos tildado a este personaje de mafioso no ha sido
en vano. Las investigaciones del fiscal Cataldo Motta, realizadas entre los
años 1992 y 2000, relacionaban ya entonces a Djukanovic con el tráfico
de 100.000 cajetillas de tabaco mensuales desde el puerto de Bari (Italia),
lo que suponía entre 5,5 y 7 millones de dólares al mes, de
los que una buena parte iba a parar a los bolsillos del presidente. Se le
supone asimismo relacionado con los miembros de primer orden de la Mafia siciliana,
Gherardo Como y Prudentino, quien encontró refugio precisamente en
Montenegro en el año 1999 para huir de la justicia italiana.
Al parecer, en su momento se utilizó la presión ocasionada por
esta información para preparar la secesión de Montenegro de
una forma controlada, cuyo resultado fue el acuerdo del año 2003 que
prefiguraba la independencia a través del referéndum. Las experiencias
de Croacia, Bosnia y Kosovo en cuanto a la carnicería que supusieron
por parte de los nuevos dirigentes mafioso-fascistas, no pudo ser más
desastrosa. Todavía podemos ver las consecuencias del apoyo de las
fuerzas militares europeas y estadounidenses a verdaderos asesinos, dotándoles
entonces de formación y equipo con el que hoy asaltan los chalets de
la clase acomodada española. Pero tenemos memoria de pez y pocos se
acuerdan de aquellas imágenes de los telediarios mostrando cómo
los oficiales de la CIA "enseñaban" técnicas de guerrilla
a los pobres albanokosovares (los fascistas de la UCK) para defenderse del
ejército serbio.
Evidentemente la situación dejada por Tito no es lo que ninguno de
nosotros desearíamos como antiautoritarios que nos reivindicamos, pero
no podemos dejar de denunciar los proyectos del capitalismo privado que hoy
tiene la sartén por el mango y trota por el ancho mundo a su antojo
destrozando lo poco que de positivo tuvo aquella época.
El interés que para la UE tiene el control del pequeño territorio
de Montenegro no es desdeñable en absoluto, a pesar de que únicamente
contiene el 6 por 100 de toda la población de la antigua Federación
(muy parecido en población a la ciudad de Zaragoza y en superficie,
a la provincia de Córdoba) y que hablamos de una de las repúblicas
más pobres. Se trata, sobre todo, como también han apuntado
certeramente algunos diarios, de la privación del acceso al mar a la
República de Serbia, algo que puede ser crucial a la hora de obligarla
a aceptar las reformas económicas que dicte a partir de ahora el Consejo
Europeo. El gobierno serbio, a pesar de ser "guiado" por la mano
abierta de la economía francoalemana o el puño cerrado de sus
bombas, continúa siendo el malo de la película como si dicha
maldad fuera una característica intrínseca de los habitantes
de aquellas tierras. Y si no tragamos con las encíclicas del sapo de
Roma (en las que a buen seguro nos defenderá la inferioridad moral
de aquél país cismático) habrá que sustituir esa
"maldad" por discordia respecto a los planes económicos que
la UE tiene sobre aquella zona.
Y ya que centramos la vista en los Balcanes, tampoco podemos pasar por alto
en estos días la actuación de lo que desde el Poder llaman justicia.
Da toda la sensación de que su objetivo es el asesinato sistemático
de aquellos a quienes ellos llaman criminales de guerra, obedeciendo a una
política de eliminación de testigos de lo que han sido las últimas
matanzas llevadas a cabo por los principales países miembros de la
OTAN. Mientras han seguido hablando del genocidio de los serbios de cara a
la galería hasta hacerlo creíble, han tenido que revisar continuamente
todas las cifras y datos que sus mentiras habían elaborado. Pero hay
actuaciones que reconocieron sin pestañear, y que no han merecido ni
investigación ni condena por parte de ese teatro al que llaman Tribunal
Penal Internacional para la exYugoslavia. Es necesario recordar, que en abril
de 1999 los aviones de la OTAN bombardearon las instalaciones de radio y televisión
serbias, asesinando a 19 personas que se hallaban trabajando. Puentes, carreteras,
vías férreas, empresas de automóviles como la de Zastava,
guarderías y fábricas, fueron otros de sus objetivos, respetando,
eso sí, escrupulosamente cualquiera de las instalaciones que las empresas
occidentales tenían en territorio serbio. Carla del Ponte asegura que
no hay motivo para abrir un proceso a los responsables de la OTAN, y Wesley
Clark, excomandante y responsable militar, dice que consultó a los
abogados, que todo estaba en orden y que volvería a repetir todo cuanto
hizo en esa guerra. Impresionante.
La aparición de detenidos ahorcados en las celdas de aquel Tribunal
Internacional durante "apagones de luz", algo sobre lo que se ha
echado tierra informativa inmediatamente, precedía al asesinato (a
las cosas por su nombre) del propio Slobodan Milosevic. Mientras su defensa
avisaba permanentemente de su hipertensión y su necesidad de tratamiento
(llevaba más de 5 años detenido sin condena), se le impide la
salida y se le suministra Rifampicina, un antibiótico que anula los
efectos de la medicación para bajar la tensión, sin estar prescrito
en ningún momento por los médicos. Su muerte se produjo un día
después de que enviara una carta a la embajada rusa en Holanda en la
que pedía ayuda y afirmaba que "un análisis había
detectado en su sangre un poderoso medicamento que anulaba los efectos del
tratamiento contra la hipertensión". Existe una denuncia por negligencia
contra los servicios médicos de la que probablemente nunca volvamos
a saber nada más.
Lejos de las caricaturas que nos presentan a diario de personajes como Milosevic,
el verdadero crimen cometido por él en este caso, y por ende por toda
Yugoslavia, fue no solicitar nunca la integración en la OTAN, la UE,
la OSCE, etc.; el exigir una relación económica de iguales y
no de subordinados; el mantener más del 75 por 100 de la economía
en manos del Estado, cuando el tejido público es una especie en vías
de extinción en todos los países occidentales; en alienar a
su población con la Iglesia ortodoxa, el rival espiritual de los católicos
(no olvidemos el papel de Roma en la lucha contra el "comunismo");
en definitiva, en no seguir el ritmo que marcan los poderes fácticos,
algo que se ha repetido en numerosos países de la Europa del Este y
de América Latina. La apuesta por un capitalismo de Estado más
o menos social en el momento en que se encontraban fuertes no evitó
que los ataques externos a su tipo de economía y la corrupción
interna acabasen entregando a su población en manos de los carroñeros
internacionales del capitalismo.
En otro orden de cosas, vuelve a sorprendernos la manera en que algunos arriman
el ascua a su sardina. Se entiende el afán de algunos políticos
vascos y catalanes, que no han perdido el tiempo y han ido corriendo a observar
sobre el terreno el proceso de secesión de Montenegro por si encontrasen
paralelismos con lo que ellos consideran "sus" pueblos, campos y
ciudades. La comprensión nace de la suposición de que estos
personajes son manifiestamente defensores de esta criminal democracia capitalista.
Pero lo que no se podría entender, sino desde la óptica libertaria,
es que en la prensa de la "izquierda" abertzale, concretamente el
diario Gara del 27 de febrero, aparezca el titular: "Un modelo de secesión
para la Europa del XXI". Según Iñaki Soto, licenciado en
filosofía y al parecer asistente al referendum, todo es perfecto, un
ejemplo a seguir. Llegan a afirmar que la UE pone trabas (¡!) y Solana
es un inútil que se opone por su "nacionalismo españolista".
Perfecto. No sé dónde encaja con este análisis que Solana
hiciese firmar a las dos repúblicas en el año 2003 un documento
en el que se recogía la celebración de este referéndum,
o que cuatro días después del artículo de Gara (el 2
de marzo) elogiase al parlamento montenegrino y anunciase el "total respaldo
de Europa" al resultado. Una vez más la condición de "socialistas"
de la "izquierda abertzale" queda aparcada en favor de los "intereses
nacionales", si es que no es mera propaganda y de "socialistas"
tienen lo mismo que el PSOE.
Las conclusiones no pueden ser otras:
-Mucho distan los procesos electorales de reflejar la voluntad de los ciudadanos
y muy poco la de sus dirigentes. La participación en los mismos siempre
será ficticia, pues si el juego no finaliza con los objetivos planteados
cambiarán las reglas o directamente se acabará el juego y caerán
las bombas.
-Los asesinatos por parte del Poder de sus enemigos políticos o económicos
no pueden dejar de denunciarse por más que estos personajes se alejen
de nuestros objetivos anarquistas y por tanto revolucionarios. No podemos
legitimar con nuestro silencio, y mucho menos con nuestra voz, aquellos métodos
que utilizarían indudablemente con nosotros mismos si tuviesen la oportunidad.
-Los sentimientos nacionalistas se han convertido en un instrumento del Poder
en todas las épocas y lugares para enfrentar a los seres humanos en
contiendas fraticidas y estériles mientras avanzan en sus objetivos
subyugadores de toda libertad. El pretendido derecho de autodeterminación
de los pueblos se esgrime incluso como algo positivo cuando la única
autodeterminación que para los anarquistas debe tener valor es la de
las personas, derribando de una vez por todas las fronteras existentes en
lugar de crear otras nuevas. Celebrar una nueva frontera equivaldría
a celebrar nuevas cadenas y jamás deberíamos estar dispuestos
a eso.
Joaquín Jordá: la genialidad impredecible
El pasado 24 de junio falleció de cáncer Joaquín Jordá,
hombre vinculado al cine -aunque de manera intermitente, como veremos más
tarde- pero de perfil heterodoxo, ya que también ejerció de
profesor y traductor. Su trayectoria demuestra que, a pesar de los continuos
lloros y peticiones de subvenciones de los profesionales de la industria cinematográfica
de este país, es posible hacer un cine a contracorriente, sólido
y reflexivo.
Jordá nació el año anterior al golpe fascista en Santa
Coloma de Farners (Gerona). Hijo de un notario y jefe local de Falange que
trató de inculcarle con nulo éxito su ideología, vivió
su infancia durante los duros años cuarenta entre el rancio olor a
sacristía y la lógica pero desgraciada enemistad de numerosos
"hijos de rojos". Por oposición al ambiente familiar acabó
acercándose al Partido Comunista de España, convirtiéndose
en militante con solo 18 años. Al licenciarse en Derecho por la Universidad
de Barcelona, ya era fundador de la célula antifascista en su facultad.
Sin embargo, pronto olvidará su licenciatura y se trasladará
a Madrid para ingresar en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas,
futura Escuela Oficial de Cine, junto a Román Gubern, y donde coincidirá
con los que serán los principales impulsores del Nuevo Cine Español.
Pronto se vinculará a la UNINCI, productora cercana al PCE, con la
que verá la luz en 1960 su primer cortometraje: "Día de
los muertos", codirigido y coescrito junto a Julián Marcos; las
intenciones de la obra, rodada el día de los difuntos y mutilada por
la censura, eran reflexionar sobre los negocios creados en torno a la muerte.
Parece un tema que será recurrente en su obra, aunque él siempre
afirmó que utilizaba la muerte como pretexto para hablar de la realidad
que le interesaba. En el caso de este primer cortometraje, intentó
también, sin éxito debido a la censura, recuperar la memoria
de aquellos desaparecidos y olvidados que representaban a una España
heterodoxa y a una historia alternativa a la de Isabel la Católica
o El Cid Campeador.
Se puede decir de Jordá que desertó de Madrid y del llamado
Nuevo Cine Español -cuya tendencia al neorrealismo será vista
con desdén desde Barcelona, acusando de "mesetaria" a esa
forma de hacer cine- para convertirse en miembro clave de la Escuela de Barcelona
-con un afán más experimentalista y cosmopolita que sus colegas
de Madrid-. Se trataba de una generación formada por una serie de personajes
"progres" -la "gauche divine", se dieron en llamar-, fascinados
por la Nouvelle Vague francesa y cuya importancia e impronta todavía
está por analizar -el propio Jordá reflexionará sobre
ello en una de sus escasas películas de ficción: "El encargo
del cazador"-, pero que dieron lugar a unas cuantas buenas películas.
El propio Jordá hizo una especie de declaración de principios
que trataba de situar la Escuela y entre cuyos puntos se encontraban los siguientes:
autofinanciación y sistema cooperativo de producción, trabajo
en equipo con un intercambio constante de funciones, preocupación formal
en cuanto a estructura de imagen y de narración, carácter experimental
y vanguardista, subjetividad temática, producción realizada
de espaldas a la distribución... A pesar del nombre que recibió
la Escuela, nada más lejos en la intención de sus miembros que
representar un cine catalán, dejando claro su afán cosmopolita
y siendo por ello severamente criticados desde los sectores nacionalistas.
La siguiente película como realizador de Jordá será quizás
la más representativa de la Escuela de Barcelona: "Dante no es
únicamente severo" (1967), concebida como una serie de episodios
dirigidos por diferentes integrantes de la Escuela y quedando finalmente la
cosa reducida a dos nombres, el de Jordá y el de Jacinto Esteva. Se
trataba de una apuesta radical, en la que primaba -atendiendo a uno de los
"dogmas" de la Escuela- la búsqueda de lo formal frente a
cualquier lógica narrativa; las críticas fueron muy negativas,
el público prácticamente la dio de lado y acabó convirtiéndose
en una obra de culto, estandarte de la Escuela de Barcelona y referente para
un nuevo y experimental tipo de cine. La otra realización de Jordá
en esta época es "Maria Aurèlia Capmany parla d'un lloc
entre els morts", mediometraje documental concebido para que la escritora
hablara de su obra -y también de cierto personaje decimonónico
que nunca existió, y que podría muy bien formar parte de la
mística nacionalista por rellenar la historia con hechos falaces- y
lograr así financiación para una futura adaptación que
nunca vio la luz.
La Escuela de Barcelona nunca tuvo una gran éxito de público
y solo logró ser rentable gracias a las numerosas subvenciones, logradas
gracias a presupuestos declarados muy por encima de los reales. Tanta experimentación
y simbolismo, terreno al que se llegó debido a negarse a mostrar una
realidad maquillada tal y como pretendía la censura, les llevó
a un callejón sin salida. Jordá, siendo consciente de que aquello
se había convertido en un grupo de snobs que buscaban la admiración
de los grupos más elitistas, decidió irse a Italia. Allí
realizará varios trabajos producidos por la productora del Partido
Comunista Italiano: "Portogallo, paese tranquilo" (1969), sobre
el Movimiento para la Liberación de Angola; "Il perché
del dissenso" (1969), acerca de una bomba colocada en Roma por un grupo
ultraderechista; la radical propuesta "Liber Arce, liberarse" (1969),
sobre la muerte de un estudiante en una manifestación a manos de la
policía; "Lenin vivo" (1970), trabajo para conmemorar el
centenario del dirigente soviético donde vivió la censura comunista.
Su último trabajo en Italia fue su intervención en un documental,
junto a otros realizadores, acerca de una huelga en la fábrica de automóviles
de Alfa-Romeo. Esta época de autoexilio representa una parte de la
obra de Jordá muy militante; como él mismo manifestará
posteriormente, al servicio de alguien de manera deliberada, consciente y
asumida, y cuyos resultados consideraba bastante flojos.
En 1973, está Jordá de vuelta a Barcelona y se vuelca en su
faceta de escritor y traductor; actividad ésta última que le
resulta muy satisfactoria a nivel creativo. En los años siguientes,
son conocidas sus colaboraciones con Vicente Aranda, con el que se compenetra
muy bien: "Cambio de sexo" (1977), "El Lute. Camina o revienta"
(1987), "El Lute II. Mañana seré libre" (1988), "Los
jinetes del alba" (serie televisiva de 1990), llegando hasta la reciente
versión de "Carmen" (2003). Defenderá la actividad
del guionista como espontánea y ajena a cualquier método o esquema,
un trabajo exento de cualquier tentación literaria que sirve como punto
de partida al ulterior trabajo de los técnicos y del director. Dará
clases de guión en diversos centros, como la Universidad Pompeu Fabra
(Barcelona) y la prestigiosa Escuela de San Antonio de los Baños (Cuba).
Otros guiones suyos destacados son: "La vieja música" (Mario
Camus, 1987), "Golfo de Vizcaya" (Javier Rebollo, 1985), "Alma
gitana" (Chus Gutiérrez, 1995) o "Pau y su hermano"
(Marc Recha, 2001). De sus guiones de encargo, del que se encontraba más
orgulloso era de "Blanca Madison" (Carlos Amil, 2000); sin embargo,
los resultados trasladados a la pantalla, como ha ocurrido tantas veces partiendo
de un buen guión, dejaban bastante que desear.
Se volverá a colocar detrás de las cámaras en 1979, año
en el que realiza "Numax presenta..." Los trabajadores de dicha
fábrica contrataron a Jordá para narrar su lucha por tomar el
control de la producción, al declarar los dueños suspensión
de pagos. El documental se desarrolla a través de las declaraciones
de los protagonistas, en las que narran los diversos estadios de los acontecimientos:
explotación por parte de los patronos, toma de conciencia, diversos
triunfos en su camino a la autogestión, enfrentamientos entre los trabajadores
a la hora de establecer las nuevas relaciones laborales. Se alternan diversas
dramatizaciones de los hechos ocurridos por parte de los trabajadores, y la
escenificación de los manejos de la patronal realizada por la compañía
teatral de Mario Gas.
Hasta 1990 no volverá a dirigir otra película, se trata de "El
encargo del cazador". A partir de una propuesta de la hija del fallecido
Jacinto Esteva sobre material filmado por su padre en África, Jordá
elaborará un retrato del cineasta en base a las declaraciones de diversos
miembros de la "gauche divine" y de la Escuela de Barcelona, por
lo que la obra se convertirá finalmente en reflejo de toda una generación
a partir de quien fue una de sus figuras más representativas. TVE y
el ICC se implicaron en su financiación y acabaron imponiendo una serie
de cortes que afectaron gravemente al conjunto. Jordá comentará
posteriormente que la preparación y el montaje de la obra le resultó
duro y le removió bastantes cosas, ya que hacía tiempo que no
veía a Esteva y que estaba desvinculado de aquella etapa de su vida.
En 1996, Jordá realizará por fin una obra de ficción
al uso, una autodenominado "thriller rural", de género puro
y duro -aunque, seguramente, habrá quien me rebata ferozmente este
punto hablando de un realizador como Jordá-. Se trata de la muy interesante
"Un cos al bosc" ("Un cuerpo en el bosque"): el cadáver
de Montse, una joven con mala fama debido a su actitud libertina en la localidad
gerundense donde vivía, aparece en el bosque. A partir de este hecho
-que al final tendrá un giro argumentístico muy logrado en un
guión gratamente complejo-, Jordá hará una disección
implacable del ambiente provinciano catalán y servirá de eficaz
metáfora de un nacionalismo que posee diversas caras y ninguna amable;
el propio director hará un divertido cameo como el independentista
y culé dueño de un restaurante, dando la bienvenida al personaje
interpretado por Rosy de Palma, teniente de la Guardia Civil ("una representante
de las fuerzas de ocupación", sic). En el terrible juego que plantea
la película solo pierden los que están abajo en un sociedad
corrupta y jerarquizada; podía haber tenido la tentación Jordá
de otorgar un victoria, cuando menos efímera, a los débiles,
pero contemplaremos finalmente cómo las cosas cambian para que todo
siga igual, y los fuertes sigan ejerciendo sus manejos de poder.
Los trabajos que Jordá realizó en los últimos diez años
son tres impagables documentales que cuestionan las premisas sobre las que
se sustenta nuestra sociedad: "Mones com la Becky" ("Monos
como Becky", 1999), "De nens" (2002) y "Veinte años
no es nada" (2004). Poco antes de realizar "Monos como Becky",
Jordá sufrió un infarto cerebral que le supuso ciertas dificultades
de percepción pero que no impidió que siguiera dirigiendo y
analizara, acorde con sus circunstancias, la complejidad de la mente humana.
El documental traslada a la pantalla la vida de Egas Moniz, premio Nobel portugués,
incluido un atentado perpetrado contra él por uno de sus pacientes.
Una serie de expertos, sociólogos y científicos, manifiestan
opiniones que cuestionan el concepto de normalidad y convierten en difusa
la frontera entre locura y cordura. No le interesa a Jordá, o lo trata
muy secundariamente, el punto de vista de la institución psiquiátrica,
que considera el de la normalidad y que le parece de una pretensión
y vanidad inconcebibles
Este último concepto, el de lo que la sociedad considera normal -esta
vez tocando un tema tan delicado como el de la pederastia-, también
está presente en "De nens", que parte de un libro de Arcadi
Espada sobre un caso de abuso de niños en el barrio barcelonés
del Raval. Jordá intenta demostrar, colocando una cámara dentro
del juicio a los acusados, que la condena estaba decidida de antemano con
pruebas de dudosa veracidad. Era necesaria una reforma del barrio -mísero
y marginal donde los haya- de cara a la nueva Barcelona olímpica, y
dicho caso y la demonización de los acusados formaban parte del plan
para ello. El documental aporta múltiples puntos de vista y muestra
a una prensa que ya había dado a la opinión pública una
imagen de culpabilidad de los acusados. Si anteriormente Jordá utilizó
representaciones para introducir puntos de vista, en esta ocasión las
canciones del polémico y genial Albert Plá tienen un similar
cometido.
"Veinte años no es nada" es la continuación -cuya
realización ya intentó Jordá años antes- de "Numax
presenta..." y muestra qué fue de sus personajes, los cuales habían
jurado no volver a trabajar para un patrón. La mayoría cumplió
su promesa, pero lo que está presente en todos ellos es un sentimiento
de haber sido traicionados por una democracia que ayudaron a traer a este
país. Una nueva fiesta de reencuentro reúne a los desencantados
protagonistas de aquella experiencia autogestionaria -y de nuevo Jordá,
como en otras de sus obras, se mezcla con los protagonistas y aporta su propio
punto de vista- que, sin embargo, mantienen una actitud personal rebelde y
vitalista frente al enterramiento que la Transición hizo con las numerosas
esperanzas que los colectivos sociales y la clase trabajadora había
puesto en ella.
Tenía Jordá, quizá, dos facetas como cineasta: la de
hombre vinculado a la industria y ajustado a sus esquemas, como guionista
-aunque habría que diferenciar los casos en que trabajaba para un determinado
director-; y la de realizador, absolutamente independiente de los caminos
habituales del cine español. Paradójicamente, a pesar de su
faceta como escritor de cine, Jordá rechazaba la estructura tradicional
que trata de trasladar el guión a imágenes, y lo defendía
únicamente como un punto de partida o una manera de reorientarse en
pleno rodaje. El importante trabajo como profesor de Jordá -y que puede
decirse, aunque él lo negaría, que creó una escuela-
él lo definía como un intercambio que trataba de aportar a los
alumnos conversación, discusión, valoración, análisis...,
y lejos estaba el tratar de imponerles un método de trabajo que probablemente
él tampoco tenía. Consideraba que las fronteras entre producciones
de ficción y documentales eran intercambiables, y la evolución
del cine en los últimos años parece darle la razón; consideraba
que esta situación renovada, donde los géneros se contaminaban
unos de otros, era debida a que la televisión había destruido
el buen cine, banalizando la narración, utilizando ideas preconcebidas
y estructuras muy parecidas.
El desaparecido cineasta gerundense ha legado la Fundación Quico Sabaté,
en su localidad natal de Santa Coloma de Farners, concebida para la realización
de producciones cinematográficas de carácter antiautoritario
y que también albergará todo los materiales y libros de Jordá.
Según sus propias palabras, el propósito central de la Fundación
será el de las no fronteras, con tres aspectos fundamentales: discusión,
didáctica y exhibición. Como anécdota, cuando fue a explicar
el proyecto al alcalde de Santa Coloma, éste le propuso poner a la
Fundación el nombre de su padre -recordemos que fue un jefe local falangista
con el que Jordá no se llevaba bien-. Finalmente, consiguió
que el proyecto lleve el nombre del legendario guerrillero anarquista. Nos
ha dejado un gran cineasta, pero estoy seguro de que el testigo sera cogido
por una generación de nuevos realizadores con mucho que aportar.
Oriente Próximo y sus crímenes
Asistimos a la enésima crisis de Oriente Próximo. Ofensiva
tras ofensiva, ataque tras ataque, reacción tras reacción, solo
hay un resultado final: la muerte de inocentes, de civiles, de niños
que apenas han aprendido a andar, por el capricho de unos gobernantes y de
las plutocracias capitalistas. Más rencor y más odio para una
zona que lleva décadas desangrándose, donde el extremismo religioso
tiene un caldo de cultivo idóneo y donde ya nadie sabe dónde
esta el punto de inflexión para conseguir una salida coherente y justa.
El secuestro de soldados israelíes fue en este caso la mecha que encendió
la llama. Desde la victoria de Hamás en Palestina la cuerda se fue
tensando hasta puntos insospechados, y basta que le metas un poco el dedo
en el ojo a Israel para que haya una reacción, que Hamás y Hezbolá
en Líbano llevaban buscando desde hace mucho tiempo.
El horror de ver todos los días en la prensa internacional a niños
muertos, ciudades arrasadas, infraestructuras bombardeadas por las dos partes
da mucho que pensar.
No nos equivoquemos, esto no es un conflicto entre judíos y árabes,
sino un conflicto de intereses económicos y políticos con interferencia
religiosa, que está desangrando a la población de Israel, Líbano
y Palestina. No se puede ser baladí y hablar de judíos engrosando
a todos en un saco, ni hablar de árabes en la misma línea.
El Estado de Israel y su ejército son garantes de lo que todos los
Estados y ejércitos han realizado a lo largo de la historia: Matar,
asesinar, perseguir y vilipendiar. La población de Israel está
cansada de las políticas llevadas a cabo por unos gobernantes y una
ideología que desde 1948 tiene conflictos con todos los vecinos de
la zona. En Israel hay mucha gente que quiere vivir en paz, que quiere respirar
y quiere convivir. Que está cansada de que una vez cada año
sea llamada a filas para defender una causa que no es la suya. Esperazandores
son los movimientos que desde hace tiempo se vienen desarrollando en la zona,
donde dentro del propio ejercito se están negando a bombardear territorios
palestinos. Donde la insumisión crece día tras día. Donde
hay multitud de movimientos heterogéneos que están buscando
otras vías, otras ideas y otros propósitos para vivir. Entre
ellos los anarquistas.
Pero en la otra parte encontramos también grupos que no quieren, al
igual que el Estado de Israel y su ejército, vivir en paz. Porque los
propósitos de esos grupos son los mismos: el poder estatal y el control
militar para poder campar a sus anchas y poder matar con toda la "legitimidad"
del mundo. No olvidemos de dónde proceden Hamás y Hezbolá
(El Partido de Dios), enemigos acérrimos de las ideas de libertad y
progreso que todo anarquista defiende. No olvidemos qué tipo de sociedad,
por el contrario, defiende esta gente.
Desde luego que los anarquistas estamos con los débiles. ¿Pero
quienes son los débiles? Los civiles. Aunque la correlación
sea de 10 a 2, tan víctima inocente son los libaneses de Beirut y el
sur del país asesinados por los bombardeos de ejército israelí,
que como todos habla de "daños colaterales", como la víctimas
de Matula y Haifa que ya han fallecido por los lanzamiento de kathiusas por
Hezbolá.
Desde luego si la solución la quieren encontrar tanto en los representantes
criminales de Israel como en los criminales grupos de Hamas y Hezbolá,
mal iría una paz para la zona. Surgirá siempre todo lo contrario.
Hace poco escuché de boca de un representante de la comunidad árabe
que la única solución era lanzar a los judíos al mar.
Tenemos suerte de que no todos los árabes sean tan fanáticos
como tal representante. Lo mismo que no se puede ser tendencioso. No existe
ningún ejercito judío ni ejercito árabe. El ejercito
es israelí, porque pertenece al Estado de Israel y allí hay
judíos y no judíos. Lo mismo que las autoridades de Israel tiene
que dejar de decir que todo aquel que critique las acciones del Estado de
Israel es automáticamente un antisemita. Alemán no es lo mismo
que nazi, judío no es lo mismo que defensor del Estado de Israel, árabe
no es defensor de Hezbolá o Hamás. Aunque lo que sí es
verdad es que cierta propaganda de algunos grupos de izquierda tienen un aire
antisemita, tan incoherente como innecesario.
Otra cosa indiscutible es la parsimonia de la comunidad internacional. EE
UU sabemos bien dónde está y cuáles son sus objetivos.
El control económico en la zona lo busca desde hace décadas,
y por ello ha montado sus guerritas y masacres como la más reciente
de Iraq, que no sabemos dónde va, y la que prepara contra Irán
o Siria. La tan cacareada Unión Europea vuelve a mostrarse como indolente
y la ONU como un cadáver viviente. Mientras tanto los civiles, el pueblo
de Israel, de Líbano y de Palestina se desangra, es sacrificado por
intereses económicos, políticos y fanatismo religioso. Por ambas
partes la población es utilizada como escudo.
Eso sí, mientras esto ocurre el fanatismo va calando más en
la población, acercándose a vías sin salida. La influencia
del sionismo más extremista y del islamismo más radical crece
día a día.
Creo que es misión del movimiento anarquista internacional ofrecer
análisis concienzudos, hacer avanzar un movimiento y unas ideas que
ya se ofrecen como la única solución a tanta miseria y barbarie.
La anarquía tiene que ser la referencia y la solución a los
conflictos. Ella es la única esperanza.
Documentales y resistencia global
Los medios de comunicación de masas denotan una gran carencia: no informan de lo realmente trascendente, se quedan en lo especulativo y superfluo pero también callan y guardan silencio sepulcral cuando de denuncias se trata. Y es que detrás de tantas injusticias, sobre todo en Sudamérica, se esconden los intereses de grandes empresas trasnacionales que, desde una perspectiva neoliberal y acorde con la globalización, monopolizan sus intereses destruyendo cualquier forma de vida y heterogeneidad cultural, en un vapuleo donde no interesa el derecho a la vivienda, a la salud, a la alimentación ni mucho menos a elegir cómo vivir. Frente a esto el vídeo surge, primero, como medio democratizador, de fácil acceso y autonomía frente a otros medios masivos, y segundo, como una eficaz herramienta de denuncia concientizadora.
Apuntes sobre el documental social
A finales de los sesenta, y en estrecha relación con la contracultura
y las vanguardias artísticas, surgen en Nueva York una serie de grupos
críticos en torno al vídeo y la producción de documentales.
Aquellos actuarán sobre todo en relación a comunidades muy determinadas:
minorías étnicas y grupos radicales ligados a aquellas (indios,
chicanos, Black Panthers, Young Lords). Conocidos como video-freaks, muchos
de estos cineastas se convierten en nómadas críticos de la sociedad.
Simultáneamente aparecen grupos de cineastas en Londres, en Alemania
y en Francia con las mismas características. Michael Shamberg denomina
Guerrilla Televisión a un grupo de cineastas radicales norteamericanos
que proponían que el vídeo podía aportar diversificación,
complejidad, simbiosis, descentralización y heterogeneidad. Contraculturales
por excelencia, no sólo se dedicaban al proselitismo panfletario sino
que se fascinaban por el nuevo medio, abarcando diferentes experiencias, técnicas
y estrategias que cotejaban con una premeditada visión estética.
Estos cineastas y sus propuestas de documental influyeron notablemente en
la década de los ochenta, pero sobre todo se buscaron nuevos canales
de expresión a finales de la década de los noventa con las protestas
antiglobalización. Con nuevas problemáticas sociales y frente
a la prepotencia de la globalización surgieron interesantes proyectos
de vídeo como los neoyorquinos de Action Global Project o Undercurrents.
The alternative news video, con un trabajo coordinado entre activistas de
EE UU e Inglaterra. Muchos de estos movimientos se encuentran ligados, también,
a los sectores que protestan contra la guerra y contra el régimen de
George Bush. Justamente, un severo crítico del presidente de los EE
UU es el cineasta Michael Moore, quien ha utilizado el trabajo de vídeo
documental para lanzar sendas diatribas o para hacer análisis de situaciones
conflictivas a nivel mundial.
En Vídeo Guerrilla también tenemos a un renombrado exponente,
Pino Solanas, quien fundó los primeros movimientos en la década
de los sesenta en Argentina, contra la hegemonía Hollywoodense cuando
en Latinoamérica en general, se encontraba afligida por gran inestabilidad
social y política. Se había desarrollado un gran movimiento
de oposición en contra de la dictadura militar de entonces, y su documental
La hora de los hornos, por mencionar alguno, fue un vivo reflejo y buena crítica
de ese proceso. En los últimos años, el "cine piquetero"
emergió del proceso histórico del levantamiento popular del
19 y 20 de diciembre de 2001, que tuvo inicio con los primeros piquetes y
que "fermentó" durante diez años, luchando en defensa
de los intereses de los trabajadores en Argentina y actualmente se puede apreciar
en la nueva generación de realizadores y grupos, una reivindicación
del vídeo de los setenta. Decenas de grupos y realizadores están
llevando adelante un vídeo de resistencia producido en Latinoamérica.
"El Video Popular" se interesa de los problemas del pueblo y busca
una identidad cultural, este término se usa mucho desde el setenta
en Perú y Bolivia; como ejemplo tenemos a los documentalistas del Cuzco
y sus temáticas sobre campesinos y populismo urbano, luchas campesinas
contra generales y terratenientes; esta organización llamada "Sin
Amos" llevaba a cabo documentales que llegaron a ser mucho más
que simple proselitismo de carácter institucional, cuando todavía
se vivía bajo el control y censura de Medios de Comunicación
Social, represivo de la expresión libre de ideas críticas, sobre
todo durante los años 1973-1980 (gobierno militar de Velasco Alvarado),
así como también experiencias llevadas a cabo en los regímenes
de México, Bolivia, Ecuador Chile, Brasil, Uruguay y Argentina. En
los años noventa se hizo uso del vídeo en forma oculta y represiva
por parte de los organismos de seguridad de los nuevos gobiernos y, con el
pasar de los años, en la actualidad vemos que todavía pueden
ser un medio de participación y denuncia de los diferentes actores
y sectores sociales, una herramienta autónoma y que experimenta la
construcción de redes de contra-información y democratización
de la información. En Latinoamérica, productoras audiovisuales
independientes dentro de las comunidades indígenas, organizaciones
de resistencia ambiental y a las transnacionales, Activistas del Vídeo
Social son algunos ejemplos claros de que el vídeo social es un movimiento
de lucha presente.
Globalización y neoliberalismo
La globalización es una etapa expansiva del capitalismo que comienza
-como proceso- tras la Segunda Guerra Mundial con la creación de estructuras
políticas especializadas (FMI, BM, OMC, etc.) y que se reafirma como
política económica en los años ochenta con el triunfo
de los gobiernos neoliberales en EE UU y Gran Bretaña (Reagan y Tatcher),
la crisis de la deuda externa en el Tercer Mundo (1982) y la caída
del Muro de Berlín (1989). El paradigma actual de la globalización
es la transnacionalización de las empresas, es decir, que cuando ya
está saturado el mercado de una nación no hay límites
ni fronteras para (hacer) operaciones mercantiles en otros países.
Existen tres grandes bloques capitalistas: EE UU, Japón y la Unión
Europea pero EE UU se muestra como el principal impulsor y beneficiario de
la globalización económica (imperialismo). El capitalismo en
su forma histórica se apoya en una ideología propia: el liberalismo.
El liberalismo sostiene que los derechos de los individuos tienen prioridad
por encima de la soberanía del pueblo, ninguna decisión de la
sociedad podría ir en contra de ellos. Y hablando concretamente de
la globalización, ésta se apoya en el neoliberalismo como ideología
o modo de pensar las relaciones económicas y la organización
social excluyendo otras alternativas.
Se conoce como "pensamiento único" a la hegemonía
de la globalización económica como pretensión universal
de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas; esto supone
que lo económico estaría por encima de lo político, es
decir, que un reducido grupo de trasnacionales podrían definir el rumbo
de la economía mundial a través del Mercado, las privatizaciones
y otros conceptos-clave como el libre cambio, la mundialización, la
moneda fuerte, etc. Esta política económica de pensamiento único
no reconoce heterogeneidad cultural, ni diversidad, ni real valor de la alteridad
(los otros y cómo los vemos).
Por ejemplo, en Latinoamérica los efectos son altamente nocivos: las
privatizaciones generan despidos a gran escala; campesinos e indígenas
son despojados de sus territorios ancestrales por empresas transnacionales;
alimentos y productos naturales que, no sólo han servido de alimentación,
sino que han formado parte de la cultura y la espiritualidad de los pueblos,
son sometidos a regímenes de libre mercado, nativos pertenecientes
a otra cultura y con una cosmovisión del mundo diferente obligados
a incorporar en sí mismos la totalidad de la cultura hegemónica,
etc.
Para el sociólogo y conocedor de los medios de comunicación
social Raymond Williams, la comunicación conlleva un rol importante.
A finales de los sesenta, no admitía la posibilidad de relegarla a
un segundo plano. Él manifestaba que existía un abuso evidente
de la gran mayoría de los medios de comunicación para el control
político o para lograr ganancias comerciales. En la actualidad, y con
la globalización como fondo, sus intuiciones han prevalecido, pues
los medios de comunicación han adquirido una dimensión empresarial
y económica que sustentaría la ideología dominante corriendo
alguna "tupida cortina de humo" o promoviendo los valores del capital
cuando se requiere; esto implica la configuración de un nuevo poder
que trasciende las estructuras estatales para convertirse en uno de los poderes,
en palabras de Ignacio Ramonet, "más potentes y terribles".
Un ejemplo conocido es cómo cadenas televisivas al servicio de EE UU,
y en especial la CNN, desinformaron con imágenes y noticias parcializadas
en relación a la guerra en Iraq; de lo que se trataba era de legitimar
un feroz bombardeo a civiles (niños y ancianos) o tapar la política
norteamericana en busca de controlar el petróleo de la zona. En este
caso, como en muchos más, se puede apreciar la influencia clara de
varias empresas transnacionales que apoyaban la política de Bush y
al gobierno de los EE UU. En Latinoamérica, por ejemplo, con el interés
de grandes empresas multinacionales y con una política de privatizaciones
y "pensamiento único" se dan casos donde una sociedad específica
se ve afectada, existen protestas y resistencias, pero la gran mayoría
de medios de comunicación social (radio, televisión, prensa,
etc.) callan al respecto.
La resistencia del vídeo
Frente a la perspectiva de medios masivos de comunicación que poco
informan, sino más bien desinforman, deformando la realidad y sus situaciones
a conveniencia de las grandes empresas o del mismo Estado, el vídeo
surge como una propuesta sincera y autónoma (de fácil acceso
y con una horizontalidad participativa). Desde un punto de vista histórico,
el vídeo no sólo fue capaz de revolucionar la industria de la
televisión y el cine, sino que ha permitido -como vídeo- la
democratización de su uso, y -como documental- ampliar la mirada en
torno a la realidad, acrecentando los enfoques y multiplicando la posibilidad
de reproducir imágenes. El documentalista chileno Hernán Dinamarca
en El vídeo en América Latina: actor innovador del espacio audiovisual
dice: "Las organizaciones sociales y muchos comunicadores ven en el vídeo
el tiempo nuevo de una comunicación audiovisual por fin participativa
y horizontal, el mejor nuevo hecho tecnológico capaz de gestar renovadas
formas de comunicación en los sectores populares". Los medios
masivos de comunicación están inscritos en una lógica
capitalista que homogeniza, simplifica, despoja de lo plural y que se presenta
como "moneda única" a los ojos del espectador o mero receptor
de imagen-discurso. La misma identidad cultural de los pueblos, de los individuos,
se pierde dentro del modelo capital. El vídeo, entonces, intenta recuperar
aquella identidad, esa memoria perdida entre tanto monocultivo estrecho. Puede
producirse, por esto, una certera toma de conciencia frente a los problemas
cotidianos que aquejan a los que "gozan" de desinformación
total o los que aún siguen bajo los efectos de otros medios. El vídeo
documental social como alternativa se enfrenta a los medios de comunicación
social no sólo demostrando que todos tenemos derecho a informar (pero
de una manera honesta y sincera) sobre nuestra realidad y que otros nos informen
de la suya, sino también confrontando y rechazando el orden que mantienen
los medios de comunicación oficiales o aliados y legitimadores del
poder imperante.
Desde sus orígenes, el documental aparece como opuesto a la ficción
y surge con el cine mismo, con el invento del cinematógrafo por L.
Lumiere: él fue también el creador de la película documental
(la salida de los obreros de la fábrica, la llegada de un tren a la
estación). Lumiere rechazaba el teatro como modelo de las películas
en movimiento. Le interesaba mostrar un panorama de la vida francesa sin actores.
Desde sus inicios, el documental consistió, entonces, en registros
de carácter social. Los problemas fundamentales del hombre fueron la
esencia del cine, y sin embargo fueron posteriormente marginados. Pino Solanas
nos dice al respecto: "frente al cine de gran espectáculo enraizado
en los grandes medios productivos de que dispone, hay que oponerle el gran
espectáculo del hombre (...); un cine de medios productivos pobres,
pero más veraz, más humano". El documental social establece
una representación de cuestiones sobre la cultura, indagando en las
relaciones humanas y, sobre todo, en los procesos sociales. Lo que define
al documental es, fundamentalmente, la postura del realizador: considerarse
un igual a quien está siendo filmado, un trabajo no "sobre"
el Otro sino "junto con" el Otro, filmar porque se está involucrado
con aquello que está sucediendo, documentalistas implicados en esas
historias de tal manera que el afuera y el adentro se van entrelazando en
una relación de continuidad. Estas realizaciones documentales conjugan
entonces investigación social con lenguaje audiovisual. En relación
con los otros géneros de cine y vídeo, el documental, al estar
anclado en mayor medida con la realidad que pretende reflejar y representar,
posee la capacidad de mostrar, y aun de reivindicar, reclamar, denunciar y
educar de una manera más directa. En este sentido, considero que es
posible que sea esta característica del documentalismo la que permite
que sea utilizado como una herramienta de transformación social -y
por ende concientizadora- y no sólo como práctica estética,
periodística o de investigación social.
Poesía y revolución: la subversión poética
La insuficiencia del vivir y la miserabilidad del mundo son cada vez más
palpables, a tal punto que se pueden percibir en cualquier esfera de nuestra
vida cotidiana, sin que resulte necesario realizar un análisis geopolítico
o económico. En realidad, basta decir que la sociedad ha subordinado
el individuo a sus necesidades, cuando la lógica de la felicidad quiere
que la asociación humana sea una herramienta de los individuos, no
un ente superior que los desprenda de su tiempo, de su idiosincrasia y de
su esencia soportable. Ante esta situación, surge un antagonismo entre
los amantes de la vida, y las circunstancias, representadas por la explotación
del patrón sobre el trabajador y la Tierra y del hombre sobre la mujer,
así como mantenidas por un espectáculo que socava la revuelta
e imposibilita la organización de los oprimidos. Mi objetivo en este
breve apunte es presentar las pautas que, a mi juicio, ha de seguir la poesía
para sobreponerse a dicho espectáculo y, de este modo, desempeñar
el rol transformador que de ella esperamos en esta confrontación existencial.
Si, como lo pretende Bertolt Brecht, "el arte no debe ser un espejo que
refleje la realidad, sino un martillo que le dé forma", debemos
invertir un determinado tiempo de nuestra lucha en estudiar la efectividad
de los distintos martillazos posibles.
Las corrientes de vanguardia ya analizaron esta cuestión, y de manera
muy destacable en el caso del surrealismo y del movimiento situacionista.
Paul Nougé escribe en La acción inmediata: "Se suele conceder,
en los medios revolucionarios, una gran importancia a la poesía y la
literatura proletarias. Esta aceptación es cuando menos prematura.
Nosotros no podemos creer en su existencia en una sociedad capitalista que
ha conservado hasta el presente el monopolio del conocimiento y la cultura.
La poesía y la literatura proletarias, o mejor dicho los productos
que tienen lugar anticipativamente, son rutinas de vida de un cierto espíritu
obrerista, descripciones de escenas de miseria y revueltas. Nuestra mayor
confianza en medios poéticos como los que encontramos en las obras
de Lautréamont y Rimbaud, por ejemplo, y como los que venimos usando
desde hace algún tiempo, se justifica por los efectos profundos que
hemos podido constatar en personas poco fáciles de seducir. Estas personas
han alcanzado una conciencia mucho más eficaz de las necesidades revolucionarias
que con aquellas lecturas pequeño-burguesas que suelen conmover, sin
más, con la lectura de páginas que describen el trabajo penoso
de un botafuego o los peligros y accidentes de la mina. Pongámonos
entonces a abrir todas las puertas a la poesía perturbadora que nos
esforzamos en sostener en esta hora del fin del mundo."
Un buen poema es como el columpio, el porrazo y la savia de arce al mismo
tiempo: marea, golpea y modifica la percepción de la realidad en una
superación de la misma. No sirven esas sensibilizaciones pequeño-burguesas
de las que nos habla el autor surrealista y que tanto gustaban al constructivismo
ruso, pues buscan despertar la conciencia del lector, es decir, modificar
su percepción de la realidad, sin pasar por las etapas previas e indispensables,
el vértigo y el golpe, que han de generar ese inconformismo originario
del anhelo más o menos profundo de otra realidad. De la intensidad
del vértigo y el impacto provocados por el poema depende la intensidad
del inconformismo que se desprenderá como un corolario. Educado en
una sociedad que anestesia respecto a la miseria y fomenta la vertiente insolidaria
y hedonista del interés, existente en el ser humano bajo la forma "egoísta"
y la "altruista", el único modo de abrumar al consumidor
de poesía es haciendo un llamamiento a sus sentidos evidenciando lo
limitados que éstos se encuentran bajo el yugo del taylorismo. En otras
palabras, se trata de que el receptor del poema sienta que su placer está
incompleto, que sólo es una décima parte de lo que podría
llegar a ser en un marco social anárquico. Y la poesía es un
género adecuado para este fin en tanto que el desfase entre significado
y significante hace de ella una experiencia que obliga a una constante reconstrucción
interpretativa del texto; en tanto que el receptor no es un espectador que
ve desfilar una serie de ideas y emociones, sino un actor que las reproduce
una a una en el escenario de su mente. Esto es lo que yo conozco como subversión
poética.
Comúnmente, se comete el error de disociar la denunciación de
dicha subversión poética, como si ésta última
equivaliese al "arte por el arte" de los parnasianos. Sucede que
la subversión poética supera la crítica convencional
al no desenmascarar hechos concretos, sino la insuficiencia del vivir de la
que hablaba en mi primer párrafo, y esto hace que parezca poco comprometida
a ojos de quienes solamente ven miseria en el kwashiorkor* o en la represión
sindical. Así, ella considera que la retórica de la angustia
o del lamento son formas de crítica tanto o más válidas
que el ensayo o la victimización. Mas ella no se conforma con conmover,
sino que trata de instaurar el malestar en las conciencias en aras de desencadenar
el inconformismo y la desobediencia. Ella tampoco acepta el espectáculo,
al considerarlo alienante, así que rehúye las formas poéticas
puestas al servicio de la risa vacía o del vértigo no continuado
con el golpe y la toma de conciencia, aquello que algunos llaman, no exentos
de orgullo, "despertar una emoción en el espectador". Encontramos
subversión poética, por ejemplo, en ese Charles Baudelaire que
arremete contra la moral cristiana y el tedio, asociado a la monstruosidad,
y hace ver a sus lectores que el problema de la vida se extiende más
allá de las fábricas nacientes en el siglo XIX mediante el "rechazo
radical a la miseria" del que nos habla Raoul Vaneigem; o en la necesidad
de libertad que se percibe en los innumerables desnudos pintados en el franquismo.
Otro error en el que se cae muy a menudo es el de condenar toda aquella poesía
que no sea estrictamente proletaria, en un maniqueísmo simplista e
injusto que me recuerda a la Gloria Fuertes de No perdamos el tiempo, quien
etiqueta de intimista toda aquella poesía que no versifique la pobreza,
no siendo capaz de concebir que pueda convertirse en un elemento de comprensión
de la realidad, como plantean con acierto los poetas del Hermetismo. Si bien
esta poesía analítica no transforma directamente la realidad,
sí subvierte el sistema de creencias del receptor y, además,
se engloba en un proyecto humanista de aprendizaje universal que ha de emancipar
al ser humano, y acaso a todos los animales, liberándolo de su ignorancia.
Y es, en este sentido, más peligrosa que ese registro patético
que inunda toda la literatura proletaria con la pretensión absurda
de ser un "arma cargada de futuro expansivo", retomando las palabras
de Gabriel Celaya.
Llegados a este punto, no podemos sino aceptar que los antiguos métodos
diseñados para transformar la realidad mediante el acto poético
han quedado obsoletos, por mucho que intenten perpetuarse generando, quizá
con gran inocencia, insultantes maniqueísmos que, en lugar de emocionarse,
la muchedumbre ríe ante el joven que sostiene un boicot a las multinacionales.
Anticuada o, mejor dicho, absorbida por la estética burguesa, la poesía
proletaria es superada por la subversión poética, que consiste
en despertar la rebelión del receptor a través de una reconstrucción
individual del poema en la que éste descubre por sí mismo la
limitación de su sistema sensorial y, por ende, la insuficiencia y
la miserabilidad de su cotidianidad. Para conseguir esto, el poeta opta por
una de las posibilidades siguientes: la prospección seductora, la retórica
del malestar o la interpretación poética de la realidad. Según
pienso, es al perfeccionamiento de esta técnica concreta adonde han
de ir encaminados los esfuerzos de los jóvenes poetas que deseen con
sinceridad el hecho revolucionario.
* Kwashiorkor: enfermedad de malnutrición que afecta sobre todo a los niños africanos.
A lo largo de la historia y desde la adquisición de la conciencia,
se ha podido observar que los seres humanos hemos buscado incansablemente
un mundo mejor en el que no existieran todos aquellos problemas que nos han
atormentado y que nosotros mismos, como dueños de nuestro propio destino,
hemos creado. La desigualdad, el miedo, el sufrimiento, la maldad o la opresión,
desgracias que surgieron de las actividades y la mente de las personas que
más adelante las sufrieron en sus propias carnes o que condenaron a
padecerlas a otras muchas, han dejado volar nuestra imaginación en
virtud de acabar con ellas. Estos pensamientos, y la confianza en su veracidad,
nos han dado la fuerza suficiente para luchar por conseguirlas, incluso dejando
la vida en el intento.
En este sentido se puede decir que una característica unitaria de todas
estas alternativas es el hecho de que, en la cabeza de todas aquellas personas,
cualquier sistema propuesto, si fuera apoyado por todos los individuos que
lo integran, sería un sistema perfecto. De esta forma algunos de esos
pensamientos, como pueden ser la religión, el capitalismo o el anarquismo,
serían tan válidos unos comos otros siempre que todos aceptáramos
sus principios y asumiéramos nuestro papel en dicha sociedad. Por ejemplo,
una sociedad cristiana funcionaría perfectamente si todos sus integrantes
basaran su existencia en la sumisión a un dios, en la jerarquización,
en el castigo al incumplimiento de sus leyes divinas y sobre todo en la esperanza
de ver recompensada su sumisión con una vida eterna en el cielo; o
una sociedad clasista se podría considerar como exitosa si en ella
se conviviera a partir de la aceptación de que cada persona pertenece
a una clase social de la que no puede renegar y a la que van asociadas una
serie de características que se deben afrontar y sufrir.
En el tema de los principios, tanto unas ideologías como otras, ya
no sólo políticas sino también sociales y morales, se
podrían designar como similares, en el sentido de que todas se basan
en la necesidad de la globalización de unos pensamientos para convertirlas
en útiles y en que todas se basan en concepciones humanas (distintas
entre sí, pero siempre humanas y sociales). Los medios aceptados por
todas estas alternativas de vida son muy dispares y pueden ir desde la imposición
fascista o la inhibición religiosa hasta la solidaridad y apoyo mutuo
anarquistas. Y es en este apartado en el que podemos hablar de la excepcionalidad
de la concepción libertaria, que en el caso de las bases es equivalente
al resto de movimientos, pero que en el modo de alcanzar sus fines se aleja
de la tónica general, el pensamiento único. El caso ácrata
niega la imposición y se asienta en un pensamiento libre, creador,
innovador y constructivo, capaz de avanzar en conjunto y en beneficio de la
sociedad, gracias a las aportaciones de cada individuo, generadas desde la
libertad y la razón.
Es por ello por lo que, mientras que el resto de filosofías aceptan
una base teórica que deben asumir y tratan de avanzar a partir de ella,
nuestro pensamiento nos permite cuestionar, modificar y decidir libremente
nuestra propia concepción, haciéndola evolucionar a lo largo
de su historia, tal y como han hecho hasta ahora nuestros compañeros.
Otra de las características que convierten al anarquismo en una excepción
es la verdadera coherencia que existe entre sus medios y sus fines, relación
que demuestra realmente la capacidad de un movimiento de ser llevado a la
práctica. Casi la totalidad del resto de teorías han caído
o acabarán cayendo en el error de que sus medios destruyan sus fines,
en el error de ponerse la zancadilla a sí mismos. Parece evidente dicha
afirmación en otras corrientes como el fascismo, cuyo fin es el progreso
y el beneficio de un grupo de individuos de un color, un estado y una clase
social concreta y que acaba atándoles junto al resto de individuos
a unos medios que les impiden avanzar, condenándoles a vivir sumisos,
callados y obedientes a una voluntad individual (dictador) o a una mayoritaria
(democracia actual ); o en la religión, que mediante la aceptación
de una moral ultraconservadora e impuesta hace siglos, que obliga a la creencia
en una divinidad superior y a la total inhibición de cualquier conducta
contraria a dicha moral, trate de encontrar un mundo celestial en el que sólo
los verdaderos creyentes vivirán en libertad eternamente. ¿Es
la imposición y la sumisión el mejor modo de encontrar el progreso
y la libertad real? Desde nuestro punto de vista supone toda una contradicción.
Esta excepcionalidad libertaria no nos hace "inmunes" a caer en
el mismo error que el resto de teorías, sólo nos aleja de cometerlo,
pero, como ya hemos dicho, nuestro movimiento avanza gracias a las aportaciones
de todos, por lo que la responsabilidad de progresar coherente y libremente
hacia un mundo mejor recae en nuestras manos y en nuestros corazones.
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