
SECCIONES
Nace el 5 de febrero de 1846 en Augsburgo (Alemania). Su padre, de
vida aventurera y bohemia, trabajaba en la escribanía de un abogado
y su madre era ama de casa, pero muy instruida y de ideas liberales.
En ese tiempo existía una ley que no permitía el matrimonio
entre personas que no tuvieran suficientes recursos económicos, y los
padres de Johann, al ser de extracción muy humilde tuvieron que esperar
hasta 1848 para poder casarse legalmente y ya para entonces el niño
contaba dos años de edad.
En su infancia tuvo especial importancia para su desarrollo espiritual el
que en su casa hubiera un profundo desinterés y desdén por cualquier
tipo de religión, y eso era una cosa inaudita en una región
como Baviera y en aquellos años en que el tema religioso era considerado
de la mayor importancia y practicado por la inmensa mayoría de la población.
Most no tendría contacto con la religión hasta ir a la escuela.
Cuando tenía siete años, Johann sufrió un resfriado y
como consecuencia le sobrevino un terrible hinchazón en la parte izquierda
de la cara. El médico que lo atendió no acertó con la
cura y el mal empeoró, lo que le llevó durante cinco años
a ser examinado y tratado por infinidad de doctores, sin dar con la solución,
hasta que en marzo de 1859 un médico, viendo la gravedad del asunto,
propuso someterlo a una intervención quirúrgica que cortando
y extirpando parte del hueso desde la sien hasta la mandíbula pudiera
evitarse la progresiva degradación y muerte del niño. La operación
le salvó la vida pero le produjo la mutilación de la parte izquierda
de la cara, lo que le traería inconvenientes en la vida, y en parte
pudo ser subsanada cuando consiguió ocultar su defecto con la barba.
En 1856 murió su madre por una epidemia de cólera y con ella
sus dos abuelos y una hermana. Al año siguiente su padre se vuelve
a casar y la madrastra, de carácter verdaderamente maligno, hace la
vida imposible a Johann y al resto de hermanos, haciéndolos trabajar
sin descanso, sin permiso para ningún juego y esparcimiento, y privándoles
del suficiente descanso y alimento. El padre, teniendo que trabajar durante
muchas horas, apenas está en casa y en consecuencia no puede oponerse
a este trato con sus hijos. Johann tratará de huir varias veces de
casa por no poder sufrir todo esto, pero siempre será devuelto por
la policía.
Most en sus fragmentarias memorias recuerda su paso por la escuela, no guarda
un buen recuerdo, cuenta que era un lugar sórdido donde imperaba un
clima de violencia e intolerancia por parte de los maestros sobre los niños.
A la edad de doce años, en 1858, organizó una huelga en la escuela
para oponerse a estos comportamientos tan crueles, lo que le ocasionó
su expulsión. Tiene que ponerse a trabajar y entra como aprendiz de
encuadernador en el taller del librero Weber, el cual se hace pagar 100 florines
por sus enseñanzas, lo que no impide que Johann sea explotado laboralmente
con jornadas de trabajo exhaustivas y además realizar trabajos domésticos
para su patrón.
Esto no era un caso extraordinario ya que las condiciones de los aprendices
eran similares en todos los oficios.
La única distracción que tenía Most era el teatro, los
domingos asistía a representaciones (colándose si podía),
y disfrutaba viéndolas e imaginándose a sí mismo como
actor. Esta afición por el teatro le acompañaría toda
su vida.
Por estos días tuvo lugar su primer arresto. En Baviera era obligatorio
para los aprendices la asistencia a la iglesia y el cumplimiento de sus preceptos,
ante los plantes de Johann, la policía lo arrestó durante 24
horas.
Socialista
En abril de 1866 finalizó su aprendizaje e inicia una peregrinación
por Alemania en busca de trabajo y también de experiencias. El primer
empleo lo encuentra en Fráncfort del Meno, pero las condiciones laborales
son de explotación y el sueldo miserable.
Por vez primera conoce una sociedad de instrucción obrera, pero su
discurso conciliador no le seduce. También oye hablar del celebre socialista
Lasalle y sus planteamientos, pero lo que le llega está distorsionado,
cuando no manipulado por la prensa.
Tiene dificultades para mantener el empleo y sigue su peregrinaje, pero no
puede colocarse en muchos lugares por su aspecto físico, que lo hacía
poco atractivo y los patronos no se fiaban de él. Recorrerá
además de Alemania: Suiza, Austria, Italia del norte y Hungría.
En marzo de 1867 está en Locle (Jura suizo) trabajando como estuchero
y es aquí donde conoce por primera vez las ideas socialistas.
Son tiempos de inquietudes liberadoras y en la casi totalidad de los países,
los obreros conscientes se agrupan y tratan de obtener mejores condiciones
de vida.
Es la época del nacimiento de la Asociación Internacional de
los Trabajadores (AIT). Most se integra en una sociedad alemana de instrucción
obrera perteneciente a la Asociación de las sociedades obreras de Suiza,
pero los planteamientos y fines de ésta eran muy superficiales y poco
reivindicativos.
En el verano de 1867, en el pueblo de Chaux-de-Fond conoce las tesis de la
Internacional y queda deslumbrado; desde ese mismo momento trata de introducirlas
en la sociedad obrera a la que pertenece. Su labor obtiene resultados y ésta
abandonará sus anteriores planteamientos y abrazará los nuevos,
el número de asociados aumentará y con ellos también
sus reivindicaciones.
Pierde el trabajo y tiene que ponerse nuevamente en camino, esta vez hacia
Zúrich, noviembre de 1867, en esta ciudad se integró en la sección
de la Internacional y tiene una relación muy especial con Hermann Greulich,
esta amistad se mantendrá hasta la futura ruptura de Most con el Partido
Social-demócrata.
Most tenía pendiente el cumplimiento del servicio militar en Alemania,
para evitar ser declarado desertor y ver imposibilitada su entrada en su país
en el futuro y ya pensando en que su labor política se debía
desarrollar allí, decide presentarse, pero debido a su problema en
la cara es declarado exento.
Inmediatamente vuelve a Zúrich, pero después de un breve intervalo
se encamina a Austria, donde el desarrollo del movimiento obrero le ofrece
una gran oportunidad para su labor propagandística.
Está en Viena en octubre de 1868 y ya plenamente convencido de las
ideas socialistas, siendo un social-demócrata. Poco a poco va tomando
parte en charlas y actos dentro del movimiento obrero de la ciudad.
En mayo de 1869 tiene lugar una gran concentración de trabajadores
y uno de los oradores del acto es Most, que con verbo encendido ataca la política
gubernamental y a las sociedades obreras que la apoyan. Esto le va a costar
su empleo y también un mes de cárcel, que va a ser la primera
de una larga lista de condenas.
En este ambiente de reivindicaciones, el Gobierno va a prohibir las sociedades
obreras socialistas y a clausurar sus locales. Los obreros como protesta organizaron
el 13 de diciembre una manifestación ante el Parlamento, seguida de
un mitin.
Los organizadores, Most entre ellos, fueron acusados de un delito de alta
traición y pasaron varios meses de prisión preventiva hasta
la celebración del juicio. Éste tuvo lugar el 4 de julio de
1870 y los acusados fueron sentenciados a diversas penas, Most lo fue a cinco
años de cárcel. Los trabajadores protestaron enérgicamente
en las calles y el Gobierno se vio obligado a hacer intervenir al Tribunal
de Apelación, que rebajó las condenas, teniendo Most que cumplir
tres años en lugar de los cinco de la sentencia inicial.
Johann y el compañero Pabst fueron internados en la prisión
de Suben, pero allí gozaron de un régimen penitenciario especial
que les permitía la comunicación con el exterior y el poder
disponer de libros y material de escritura. Mientras, el padre de Most intentó
influir en él para que mostrara arrepentimiento y así poder
lograr una pronta liberación, pero éste se negó a hacer
ningún tipo de concesión, ni a renegar de sus ideas.
Most durante su encierro compuso el himno que se convertirá en uno
de los más populares del mundo obrero, el Proletarienlied (canción
de los proletarios), y clandestinamente pudo sacarlo de la cárcel y
hacerlo llegar a los compañeros.
En febrero de 1871 tuvo lugar un cambio de Gobierno, y el nuevo decretó
una amnistía general para los presos. Los condenados por "Alta
Traición" son recibidos con gran entusiasmo por los compañeros
a su salida, se celebra un mitin multitudinario y Most es elegido para intervenir
en un viaje de propaganda por toda Austria que se va a desarrollar con gran
provecho.
A su regreso a Viena, la policía le comunica que se va a proceder a
su expulsión del país como "extranjero molesto" y
pese a las protestas que se suscitan, la orden se ejecuta y es expulsado el
2 de mayo de 1871.
Vuelve a Baviera, pero se encuentra con una situación social poco seductora,
existe una fuerte represión gubernamental y además luchas internas
dentro de la social-democracia. Se dirige a Leipzig y contacta con Liebknecht
y Bebel y desde allí marcha a Chemnitz donde es el orador principal
en un mitin multitudinario. Esta intervención le va a acarrear la prohibición
gubernativa de intervenir en ningún acto público en toda Sajonia.
Periodista
En junio de 1871 se ocupa de la redacción de la Freie Presse en Chemnitz
y gracias a su labor la tirada del periódico sube hasta los 1.200 ejemplares.
El éxito molesta a las autoridades, que le llegan a plantear hasta
43 citaciones judiciales con el propósito de molestar y entorpecer
su trabajo.
Con todo, Most seguirá colaborando con el movimiento obrero local como
orador y como organizador.
En octubre y a pesar de la oposición inicial de Most que considera
que las condiciones no son las óptimas, tiene lugar una huelga de la
metalurgia en Chemnitz, Johann venciendo sus recelos iniciales será
el alma de la resistencia, pero lamentablemente, la huelga fracasa, lo que
le ocasionará alguna crítica. Pero aun en el fracaso, Most es
capaz de salvar a los sindicatos de la desorganización y evitará
la deserción de sus afiliados desencantados con los acontecimientos.
Toda esta labor se verá recompensada con el triunfo de una huelga de
carpinteros que tendrá lugar con posterioridad.
En agosto del año siguiente es nombrado delegado al congreso social-demócrata
que tiene lugar en Dresde. Allí es él quien informa sobre la
actitud política de la social-democracia. En su intervención
hace una defensa de la Comuna de París y en contra de los métodos
salvajes que se emplearon para derrotarla. La policía que controlaba
el acto interviene ante estas afirmaciones y suspende su exposición.
Sufre pequeñas condenas consecutivas que le suponen dos meses de encierro.
Pero a su salida y estando Liebknecht y Bebel en prisión cumpliendo
una condena de dos años por un delito de "traición",
todo el trabajo de propaganda socialista en Sajonia será asumido por
Most.
Por esas fechas tiene lugar en toda Alemania la celebración de la victoria
germana en la batalla de Sedán contra los franceses. Así también
en Chemnitz se querrá celebrar el "Día de Sedán",
pero los obreros no van a estar dispuestos y se oponen organizando una manifestación
bajo el lema: "Abajo los patriotas asesinos" y a continuación
un mitin con Most como orador.
Nuevamente va a ser procesado por ello y en diciembre de 1872 será
condenado a ocho meses de cárcel en Zwikan. Aprovechó su reclusión
para estudiar francés, colaborar con la prensa obrera y para hacer
un resumen y un comentario del Capital de Marx. A su salida de la cárcel
este resumen será editado. Tras cumplir su condena Most va a ser expulsado
de Chemnitz por orden gubernativa.
Los compañero de la ciudad de Mainz le proponen como redactor del periódico
Suddeutsche Volkszeitung y Most vuelve a mostrar su gran espíritu de
compromiso aceptando el puesto, a la vez que sigue con sus actividades en
giras, charlas y organización.
Parlamentario
El 10 de enero de 1874 fue elegido diputado del Reichstag, el parlamento alemán,
por la ciudad de Chemnitz, con lo que tendrá que viajar continuamente
a Berlín para asistir a sus sesiones. Con este ritmo de trabajo y viajes,
además de sus problemas crónicos con la autoridad gubernativa
le llevaron a que su matrimonio con Klara Hansch, que había tenido
lugar pocos días antes de su elección, fracasara y en 1880 se
separaron.
La experiencia de Most en el Parlamento, sirvió al menos para que comprobara
la vanidad de los llamados padres de la patria y también y fundamentalmente
para que comenzara a ver que ninguna mejora real, ni mucho menos su liberación
social, podrían esperar los proletarios por métodos parlamentarios.
El 18 de marzo, Most pronunció una charla, nuevamente sobre la Comuna,
para un auditorio de trabajadores, otra vez le traería consecuencias
y cuando cerraron el Reichstag en abril, fue arrestado y condenado "por
calumnias al ejército" a 18 meses a cumplir en la prisión
de Plotzensee, donde esta vez fue considerado como preso común, sin
ningún privilegio, hasta que las presiones populares y de los parlamentarios
socialistas consiguieron que las condiciones carcelarias mejorasen y de esta
forma pudiera desarrollar una actividad intelectual mientras estuvo preso.
De entonces son las famosas obras: Los movimientos sociales en la antigua
Roma y el cesarismo y también La Bastilla de Plotzensee.
Al fin, el 16 de junio de 1876 deja la prisión y, como había
tenido que sufrir la detención preventiva previa, más tres meses
por faltas anteriores, había pasado 26 meses en la cárcel.
En el desarrollo del movimiento socialista alemán tuvo lugar por entonces
el Congreso de Gotha, en el que se produjo la unificación de las diversas
tendencias socialistas pero todas ellas partidarias de la acción política
y parlamentaria.
Volviendo a Most, al salir se le encomendó la redacción del
periódico Berliner Freie Presse, cargo que vuelve a desempeñar
con satisfacción. Colabora con otras publicaciones socialistas y sigue
militando infatigablemente en las organizaciones obreras. Es frecuente su
participación en los llamados actos de "controversia" donde
se debate con personas de distintas ideologías sobre un tema. Fueron
muy comentados aquellos en los que se enfrentó con académicos
y eclesiásticos y de los que salió victorioso y contribuyeron
a que las masas obreras fueran abandonando sus antiguas creencias políticas
y religiosas.
Una persona que tuvo una gran influencia en la evolución del pensamiento
de Most fue Eugen Dühring, profesor de Historia, Filosofía y Economía
en la Universidad de Berlín. Era una persona de ideas avanzadas y defensor
de un socialismo antiautoritario que se oponía a las tesis de Marx
y Lasalle y que en sus escritos manifestaba que el verdadero protagonista
de la revolución no pueden ser los partidos políticos sino las
organizaciones sindicales.
Con estos planteamientos se encontró con la oposición de Marx
y Engels que elaboraron varios artículos de prensa en los que se refutaban
estas teorías, sin privarse de los ataques personales a su autor.
Most, que había conocido el pensamiento de Dühring durante su
etapa en prisión, compartía sus planteamientos y se opuso a
esta campaña difamatoria defendiéndolo públicamente.
En julio de 1877, Dühring es expulsado de la Universidad de Berlín
y Most con otros compañeros organizan el 12 de julio un mitin para
protestar contra la falta de libertad en la Universidad y contra la expulsión.
Se elaboró una propuesta que fue transmitida por una comisión
de obreros a una asamblea de estudiantes y que fue acogida con gran entusiasmo.
El 11 de mayo de 1878 Max Hoedel disparó contra el emperador de Alemania
sin conseguir herirle. Inmediatamente se toman medidas especiales contra los
socialistas, ya que el Gobierno los acusa de estar detrás del atentado.
Most es detenido en Chemnitz después de un mitin organizado para demostrar
la falsedad de cualquier relación social-demócrata con el atentado.
Es juzgado y condenado a mes y medio de cárcel.
El 2 de junio de 1878 Karl Nobiling dispara y hiere al emperador, disparándose
a sí mismo a continuación. Nobiling nada tenía que ver
con los socialistas, pero Bismark, entonces Primer Ministro, aprovecha el
atentado para emprender una nueva campaña represora aún más
intensa.
Most al cumplir su condena es de nuevo detenido y trasladado a Berlín
para ser encarcelado otra vez, ahora durante cinco meses, por sentencias anteriores
que tenía pendientes de apelación.
Bismark continua con su campaña y ahora disuelve el Parlamento, convocando
nuevas elecciones. Estas tienen lugar y ocurren graves irregularidades y también
coacciones contra el electorado y candidatos socialistas. Most pierde su escaño
por Chemnitz.
El 21 de octubre de 1878 el nuevo Parlamento aprueba la "Ley antisocialista".
Se suprimen todas las organizaciones socialistas y sus publicaciones, aunque
los parlamentarios social-demócratas pueden conservar sus escaños.
Se procedió a la expulsión de Berlín de todo socialista
significativo.
A Most se le envió la orden de expulsión a la prisión
y cuando el 16 de diciembre salió libre, se le ordenó abandonar
Berlín en 24 horas.
Se dirigió a Hamburgo, pero dado el clima represivo y el grave peligro
que corría de ser de nuevo detenido o asesinado, poco antes del día
de Nochebuena embarcó para Inglaterra.
Exiliado
Al llegar a Londres fue recibido cordialmente por la colonia alemana de exiliados
políticos.
Al estar prohibida en Alemania la prensa socialista, se pensó en fundar
un periódico que estuviera escrito en idioma alemán, editarlo
en Londres e introducirlo clandestinamente allí.
El 3 de enero de 1879 aparece el primer número del periódico
Freiheit, que es recibido con gran entusiasmo por el proletariado alemán,
pero los jefes del partido social-demócrata, en especial Liebknecht,
se opusieron de inmediato al mismo, ya que eran de la opinión de que
no había que hacer nada que pudiera dar motivo al gobierno alemán
para que prolongase y endureciese la "Ley antisocialista". Esta
actitud de apaciguamiento y claudicación se correspondía con
la de los parlamentarios socialistas que mantenían el escaño
sin manifestar la más mínima protesta por los atropellos de
que era objeto el Partido en el que militaban y al cual representaban.
Desde Freiheit estas actitudes eran criticadas por estar en clara oposición
con las concepciones tradicionalmente revolucionarias de la social-democracia.
A los jefes del Partido estas críticas les producían auténticos
quebraderos de cabeza, ya que eran conscientes de la razón que llevaban
y de que la militancia era cada vez más favorable a esa opinión.
Pero los intereses primaban y para contrarrestar la línea editorial
de Freiheit, decidieron fundar otro periódico, que fuera el órgano
oficial del Partido en el extranjero. Así apareció en octubre
de 1879 Sozialdemokrat en Zúrich, pero jamás pudo conquistar
las simpatías de la mayoría de los trabajadores en Alemania.
Para tratar de encontrar una clarificación de la situación y
para hacer frente al peligro del aumento de prestigio de los opositores, los
jefes del Partido convocaron un congreso clandestino, que se celebraría
en mayo de 1880 en Rorschach ( Suiza ).
Most acudió en representación de la organización local
de Berlín y de otras de Sajonia. Pero los jefes al ver el número
de delegados críticos a su política, renunciaron al Congreso
y con la argumentación de que la policía había averiguado
el lugar de su celebración, decidieron anularlo.
Most de todos modos aprovechó su estancia en Suiza para informar en
asambleas obreras en distintas ciudades sobre los planteamientos defendidos
desde Freiheit y en su mayor parte ganarse a los obreros para su causa.
De vuelta en Londres, los socialistas alemanes partidarios de la dirección
del Partido, crearon una plataforma para tratar de controlar la línea
editorial de Freiheit y hacerla afín con los planteamientos de los
jefes en Alemania. No lo pudieron conseguir y esto llevaría a la posterior
escisión de los socialistas en Londres, con una parte mayoritaria alrededor
de Freiheit y una minoría que lo abandonó y formó un
"Centro oficial de la social-democracia alemana en Londres.
Most durante su viaje por Suiza había profundizado su relación
con August Reinsdorf, a quien había conocido en Berlín, y la
ideología anarquista de éste ejerció un gran influjo
en la evolución ideológica en él.
Más importante aún fue su amistad con el anarquista belga Victor
Dave, que había sido miembro de la Internacional y en el Congreso de
La Haya (1877) apoyó a la facción anarquista opuesta a las pretensiones
autoritarias de Marx.
Dave había sido expulsado de Francia y se estableció en Londres,
donde mantuvo con Most una estrecha relación.
Al mismo tiempo la relación de Most con Marx y Engels, también
residentes en Londres, se fue haciendo cada vez más fría hasta
desaparecer por completo.
Poco después de la vuelta de Most a Londres, los jefes socialistas
alemanes vuelven a convocar otro Congreso, también clandestino y otra
vez en Suiza, ahora en Wyden.
Most no quiso acudir, de todos modos desde la dirección del Partido
se influyó todo lo que se pudo en la elección de delegados para
que éstos les fueran afines, para de este modo lograr sus propósitos,
que fueron la condena de las teorías heterodoxas y la expulsión
de los opositores, naturalmente Most entre ellos.
Al enterarse de su expulsión y viendo que no hay ninguna posibilidad
de entendimiento y que la ruptura es total, decide seguir publicando Freiheit
pero ahora como "órgano de los socialistas revolucionarios de
idioma alemán". Entre los compañeros que permanecieron
a su lado estaba John Neve, colaborador activo del periódico, llegando
a asumir su transporte e introducción en Alemania.
Desde sus páginas se animaba a los compañeros en Alemania a
su organización en pequeñas células de militantes, independientes
unas de otras, para hacerlas más impermeables a la represión
gubernamental. Pero la acción policial hacía cada vez más
difícil las actividades de estos grupos, todo favorecido por las denuncias
y calumnias desde las filas oficiales social-demócratas que ayudaban
a incrementar la persecución.
En una de estas caídas de grupos, resultó detenido Victor Dave
en Augsburgo, que había llegado de Londres para colaborar en el trabajo
revolucionario. En su juicio fue capaz de hacer una clara exposición
de lo que es el anarquismo, de sus doctrinas y de sus fines. Pero aunque se
demostró que las acusaciones eran falsas y las pruebas presentadas
habían sido manipuladas por la policía, Dave fue condenado a
dos años y medio de cárcel por "acciones preparatorias
de un delito de alta traición".
El 13 de marzo de 1881 el zar de Rusia, Alejando II, es objeto de un atentado
y muere. Este hecho es celebrado entre los obreros y personas progresistas
de todo el mundo, dado el carácter despótico del personaje y
la crueldad de su reinado.
El 19 de marzo, Most en las páginas de Freiheit publica su artículo
titulado "Finalmente", en el que se felicita a los autores del acto
y se congratula por el fin de tan siniestra persona.
EL 23 de ese mes la policía irrumpe en el domicilio de Most, que era
a la vez el local de redacción del periódico, y no solo lo arrestan
sino que confiscan todo el material de imprenta. Acusado de instigación
para el asesinato y por difamación de un país amigo es recluido
en la cárcel de Newgate. El 17 de mayo es juzgado y el 26 de junio
condenado a 16 meses de trabajos forzados en la prisión de Clerckenwell.
Con enormes dificultades pudo Most seguir escribiendo artículos y sacarlos
de la prisión para que pudieran ser publicados en Freiheit.
En mayo de 1882 fueron muertos lord Cavendish y el subsecretario de Estado
en Dublín por miembros del Partido Agrario irlandés. Freiheit
se ocupó del atentado en un número especial y lo justificaba
por la tiranía inglesa sobre Irlanda y mostrando su solidaridad con
los Agrarios.
Desde la detención de Most se había hecho cargo de la redacción
John Neve, y la responsabilidad por lo escrito en este número del periódico
recayó sobre él.
La policía irrumpió en el local de redacción llevándose
todo el material que encontraron y al no estar Neve presente detuvieron a
los tipógrafos Schewelm y Merten, que fueron juzgados y condenados
a 18 y 3 meses respectivamente.
Cuando el grupo editor intentó publicar otra vez Freiheit, de nuevo
la policía asaltó el local y confiscó los caracteres
tipográficos que en ese momento estaban siendo preparados para la impresión.
De todos modos se pudo componer el número correspondiente de Freiheit,
pero sin la parte robada por la policía. El número del 22 de
mayo solo aparecía impreso a medias y en la parte en blanco y con grandes
letras se leía la denuncia: "Confiscado por el gobierno inglés".
De todas maneras y por todos estos problemas solamente se pudo editar Freiheit
en Londres hasta la fecha del 3 de junio, ya que las amenazas gubernativas
a los talleres tipográficos que hubieran podido seguir con la impresión
fueron tantas, que ningún impresor quiso correr el riesgo de imprimir
un periódico tan perseguido.
Se trasladó la redacción a Suiza y para despistar a las autoridades
de allí aparecía como impreso en Londres. El primer Freiheit
suizo tiene fecha de 8 de julio.
Nueva York
El 26 de octubre de 1882 Most sale de prisión e inmediatamente intenta
volver a editar el periódico en Londres, ya que pensaba que a pesar
de todo era mejor tratar de editarlo en esa ciudad que en Suiza, donde se
estaba demostrando imposible su edición y distribución. Pero
la falta de material y de compañeros aptos para ese trabajo le demuestran
que no se puede en Londres, por lo que acepta la invitación para marchar
a EE UU y organizar la publicación de Freiheit en Nueva York.
El 2 de diciembre embarcó en Liverpool llegando a Nueva York el día
18.
Los socialistas en América eran casi todos inmigrantes con un pequeño
número de intelectuales americanos e ideológicamente estaban
mayoritariamente situados en la fracción revolucionaria.
El mismo día de su llegada, Most asiste a un mitin de bienvenida en
el Cooper Institute, al que asistieron miles de personas, como ocurrió
en las sucesivas ciudades que visitó en estos primeros encuentros por
todo el país.
La prensa capitalista se puso inmediatamente en contra de Most y sus actividades
con artículos durísimos y denigratorios.
La primera y principal tarea era la publicación de Freiheit y ya antes
de partir de Inglaterra había encargado al compañero Julius
Schwab que fuera editando algún número del periódico
en Nueva York mientras él viajaba. Cuando llegó Most, la Freiheit
americana ya contaba con dos números publicados.
Por desgracia dentro de las filas socialistas revolucionarias hubo quien se
opuso desde el principio a la publicación del periódico en Nueva
York, defendiendo la postura de que la Freiheit solo podía ser útil
en Europa y que desde América su distribución sería una
tarea imposible. Estas posturas provocaran una ruptura dentro del socialismo
americano, quedando una buena parte del movimiento con Most y la otra alejándose
de ellos. Most y su grupo, para obtener apoyos y ayudas, emprendieron viajes
de propaganda acercando la Freiheit a nuevos lectores y suscriptores y formando
redes de distribución por el país.
Most desde sus páginas fomentaba el establecimiento de una unión
práctica de los socialistas revolucionarios y los anarquistas, y con
esta doctrina en octubre de 1883 en Pittsburgh se celebró un congreso.
Se concretó una declaración de principios denominada Proclama
de Pittsburgh, donde se proponía que los medios de producción
sean de propiedad social y que el producto del trabajo repercuta en su productor.
También se denuncia que la consecución de este desarrollo social
se ve obstaculizado por las organizaciones políticas existentes, simples
ejecutoras de los deseos del Capital, por el Estado, garante de los privilegios
de las clases poseedoras y ayudado por las Iglesias que con sus enseñanzas
y sus doctrinas tratan de mantener al pueblo en la ignorancia y en la docilidad.
Los trabajadores no deben esperar ayuda de nadie, su liberación la
obtendrán por ellos mismos, no deben esperar nada de las urnas electorales,
ya que las instituciones políticas son solo instrumentos de los poderosos
para su perpetuación. De la misma manera que estas clases privilegiadas
no están dispuestas a ceder nada de ningún modo y manera, no
queda otra alternativa a los trabajadores que arrancárselos violentamente.
Esta es una necesidad universal y por esto es una necesidad la fraternización
de los pueblos tal como se expresa en la AIT.
Con estas conclusiones las organizaciones representadas en el Congreso, se
adhirieron a un nuevo organismo, la International Working People Association,
que se fundó allí mismo y que contaría con asociaciones
de trabajadores unidas en un régimen federalista y con un órgano
de relación, sin poder ejecutivo, con sede en Chicago.
Se desarrollaron actos de presentación y propaganda del nuevo organismo
por todo el país que consiguieron atraer a muchos trabajadores y también
a personas de "ideas radicales" en un corto espacio de tiempo
El Partido Socialista oficial, con sus jefes a la cabeza, olvidando al enemigo
capitalista se dedicó a atacar a la nueva organización, pero
sus esfuerzos fueron vanos y a la postre contraproducentes, ya que les supuso
la casi desaparición del Partido por la imagen que ofrecieron a los
trabajadores.
Durante este tiempo Freiheit contaba con un número considerable de
lectores en EE UU, pero no olvidaba a los de Alemania y de otros países
europeos y por ello se hacían ediciones especiales con artículos
e informes, considerados los más importantes, y destinados preferentemente
a los trabajadores en Europa. Estos números especiales se mandaban
a direcciones de compañeros en Londres y desde allí se trataba
de introducirlos en el Continente. Un comité se ocupaba de organizar
esta difusión del periódico y de cobrar las recaudaciones, pero
el dinero que se recibía de Europa no bastaba ni para cubrir los gastos
de correo y por tanto el mantenimiento financiero de Freiheit dependía
de lo recaudado en EE UU.
Most escribió y editó también una serie de folletos que
tuvieron amplia circulación, se puede destacar La peste religiosa,
que tuvo una difusión formidable y que llegó a ser traducido
a casi todas los idiomas europeos. En el examen de estos escritos se puede
apreciar el grado de evolución del pensamiento de Most en relación
con el anarquismo.
De igual modo que en la mayoría de los demás países,
en EE UU se agudizaron los conflictos entre el Capital y los trabajadores,
en especial con el movimiento por las ocho horas de trabajo. En 1884 se reunió
en Chicago el Congreso Internacional del Trabajo Organizado convocado por
los sindicatos federados de EE UU y Canadá, en el cual se fijó
la fecha del 1 de mayo de 1886 como el día establecido para la introducción
definitiva de la jornada de ocho horas y se animó a todos los sindicatos
a dedicar todos sus esfuerzos a esta campaña.
La AIT contemplaba con indiferencia este movimiento sindical ya que lo consideraba
como una actitud revisionista en referencia a la revolución total y
liberadora. Únicamente en la Federación Local de Chicago de
la AIT tenían una opinión diferente y manifestaban sus simpatías
por esta reivindicación.
El resto de los sindicatos de la AIT consideraban que el problema más
grave al que se enfrentaban los trabajadores en EE UU era el del derecho por
parte de los obreros a la posesión de armas de fuego. Este era un problema
planteado por parte del Capital y de sus periódicos que consideraban
que la mejor manera de oponerse a las reivindicaciones de los obreros era
con el empleo de la fuerza y propugnaban por la eliminación física
de los lideres sindicales y por la represión brutal de las manifestaciones
de protesta. Con estos fines se emplearon el ejército, la policía
y fuerzas privadas de matones, como la famosa Agencia Pinkerton. No hubo conflicto
laboral que no se saldase con muertos y heridos.
La AIT defendía la obligación de los obreros a defenderse y
su derecho a hacerlo con las armas de fuego que la Constitución americana
ampara para todos los ciudadanos.
Desde Freiheit fue Most el que hablaba más enérgicamente sobre
la necesidad de armarse y defenderse de las agresiones y también animaba
a conseguir la destrucción de la sociedad capitalista por las armas.
Se publicaron artículos sobre la fabricación y uso de materiales
explosivos. Todos estos artículos se agruparon en un folleto titulado
La ciencia de la guerra revolucionaria, que alcanzó varias ediciones
y que fue utilizado también por la prensa capitalista de todo el mundo
para atacar al movimiento obrero y en los procesos penales contra los revolucionarios
como prueba del carácter violento y delictivo de sus doctrinas. Por
supuesto contribuyó aún más a aumentar la fama sangrienta
de Most.
El 24 de mayo tuvo lugar en Chicago un debate público entre Most y
Grottkau, representante del ala radical de la social-democracia y miembro
de la AIT, con el tema "¿Anarquismo o comunismo?" Se impusieron
las tesis de Most y un resumen de este acto apareció como folleto.
Después de esto y despechado, Grottkau abandonó la AIT y se
reincorporó a las filas del Partido Socialista oficial.
Los socialistas "oficialistas" siguieron atacando las tesis de la
AIT sobre la necesidad de los obreros a armarse y por el apoyo que se prestaba
a los grupos que se defendían con las armas de los ataques del Capital.
El Gobierno de EE UU promulgó una serie de leyes en las que se prohibía
a los obreros -pero solamente a los obreros, no al resto de la población-
la posesión de armas y también se prohibía la enseñanza
o apología de su uso.
Polémica con Tucker
El 23 de abril de 1886 se celebró un mitin en el Germania Garden convocado
por la AIT, entre los oradores que intervinieron estuvo Most, que habló
sobre el problema del armamento y los obreros. Entre el público había
policías de paisano que en cuanto oyeron esta disertación, llamaron
a refuerzos que después de duros enfrentamientos lograron suspender
el acto, pero no lograron detener a Most, ya que con la ayuda de los compañeros
pudo escapar del local y esconderse. Las autoridades cursaron una orden de
detención bajo la acusación de "reunión ilegal".
Poco antes de estos acontecimientos tuvo Most una polémica importante
con Benjamin R. Tucker, conocido representante del anarquismo individualista
en EE UU. Éste publicó en las páginas de su periódico
Liberty el 27 de marzo de ese año un artículo titulado La bestia
del comunismo, en el que se acusaba a miembros de la comunidad alemana y militantes
de la AIT y socialistas revolucionarios de Nueva York de haber contratado
pólizas de seguros de sus viviendas y luego haberles pegado fuego para
cobrar las primas. Acusaba de estos comportamientos a las ideas inspiradas
en la "propaganda por el hecho" y establecía que esta doctrina
introducía en las mentes y conciencias de los que la practicaban el
ansia y el afán de tomar lo que les apetecía sin pararse a considerar
lo moral o inmoral de la acción. Tucker iba aún más lejos
y llegaba a invitar a la policía y a las compañías aseguradoras
a investigar estos incendios y a averiguar sus causas.
En esta polémica también intervino Justus Schwab, que se posicionó
contra los individuos que amparándose en los movimientos sociales aprovechaban
para sacar beneficios personales.
Most se enfrentó a estas acusaciones desde Freiheit con palabras muy
fuertes, calificando a Tucker de calumniador y de prestarse a ser un informante
de la policía.
El 3 de mayo el periódico Sun de Nueva York publicó un artículo
repitiendo lo dicho en Liberty, pero además insinuando lugares y autores.
Most también se defendió de estas insinuaciones, pero Tucker
llevó el enfrentamiento hasta el extremo de reproducir integramente
el artículo de Sun en su periódico y añadiendo ataques
denigratorios sobre Most y los anarquistas comunistas.
Hay que tener en cuenta que esto ocurría poco después de los
sucesos de Haymarket en Chicago y en un momento de especial represión
del movimiento anarquista en EE UU, todas estas acusaciones servían
para incitar a las autoridades contra los anarquistas y en especial contra
Most y la Freiheit. Otra consecuencia fue lamentablemente la pérdida
de confianza y la enemistad que se produjo entre Most y Schwab, ya que los
planteamientos a propósito de la llamada "recuperación
individual" no eran en absoluto compartidos entre ellos y la relación
se deterioró, circunstancia de la que Most se arrepentiría más
adelante.
Most seguía siendo buscado por la policía por el mitin del Germania
Garden hasta que el 11 de mayo fue arrestado. Un reportero de un diario socialista
publicó, para desprestigiarle, que Most había sido encontrado
escondido debajo de una cama, todo con el propósito de calumniarlo
acusándolo de cobardía.
El 27 de mayo comienza el juicio y el 2 de junio es condenado a un año
y 500 dólares de multa u otros 500 días de reclusión
a cumplir en la penitenciaria de Blackwell's Island.
En este penal se le trató con suma dureza y se le humilló hasta
el punto de afeitarle la barba con el propósito de avergonzarle por
su rostro deformado.
Most publicó estas vivencias en un artículo titulado "El
infierno de Blackwell's Island", escrito que supo hacer llegar a la redacción
de Freiheit que lo publicó con el título de "Consideraciones
de un viejo penado" y que posteriormente fue publicado como folleto.
EL 1 de abril de 1887 fue puesto en libertad con anticipación por buen
comportamiento y por el pago de la multa con dinero recogido entre los compañeros.
Fue recibido con gran entusiasmo con un mitin de bienvenida en el Cooper Institute.
Por entonces en Austria y Alemania los militantes obreros seguían sufriendo
una gran represión, lo que produjo un abandono de las organizaciones
de clase y la formación de pequeños grupos autónomos
que propugnaban la "propaganda por el hecho". Ocurrieron atentados
y se sufrieron persecuciones, procesos y ejecuciones de militantes. Las autoridades
alemanas presionaban al Gobierno Federal suizo para que su territorio no fuese
más un lugar seguro para los revolucionarios que se refugiaban allí.
Surtió efecto esta presión y de este modo muchos extranjeros
fueron expulsados y fueron prohibidas las diferentes publicaciones que desde
allí se distribuían en Alemania y en Austria, con lo que se
asestó un fortísimo golpe a la propaganda revolucionaria.
Con estos acontecimientos en el continente se produjo una nueva oleada de
refugiados hacia Londres. Entre ellos se encontraban Peukert y Rinke, que
viendo las dificultades para la distribución de Freiheit en Alemania
y Austria y también porque consideraban que el periódico prestaba
una dedicación cada vez mayor a los temas americanos, resolvieron crear
una nueva publicación que vendría a sustituirlo en Europa. Crearon
Rebell, pero con ello se abrió en las filas revolucionarias una fractura
entre los partidarios del nuevo periódico y aquellos que seguían
creyendo que Freiheit podía seguir siendo el órgano exclusivo
para representar y difundir las ideas y además se evitaba una división
de las fuerzas propagandísticas.
Tanto Most como Dave y Neve eran de esta opinión. Pronto se llegó
a una situación tal, que llevó aparejada conflictos doctrinarios
y enfrentamientos personales entre representantes de las dos tendencias en
Inglaterra, se produjo una división completa de la militancia, con
locales y prensa afines a cada planteamiento enfrentados entre sí,
con lo que el potencial revolucionario del movimiento se vio disminuido.
Los partidarios de Peukert fundaron el club Autonomie y más adelante
sacaron el periódico Die Autonomie que iba a sustituir a Rebell.
Los enfrentamientos continuaron, con lo que la labor de difusión de
propaganda en Alemania se fue haciendo menor hasta que cesó por completo.
Neve marchó a Bélgica para tratar de ponerla otra vez en marcha,
pero lamentablemente fue detenido en Lieja el 4 de febrero de 1887 y entregado
a las autoridades alemanas. Esta detención está relacionada
con las actividades de un espía policiaco, Theodor Reuss, que se introdujo
dentro de las filas "autonomistas" y pudo denunciar el paradero
de Neve, aprovechándose para conocerlo de las disputas y enemistades
entre los militantes en Londres. Victor Dave fue considerado el responsable
de haber proporcionado la dirección de Neve en Bélgica y expulsado
del movimiento el 14 de mayo, pero todo este episodio está lleno de
indiscreciones, afán de preponderancia de cada facción enfrentada
y sobre todo la irresponsabilidad de jugar con la vida de compañeros
que estaban arriesgando la libertad y la vida en esos momentos en la peligrosa
labor propagandística en la frontera alemana.
A toda esta confusión se incorporó con gusto la social-democracia,
que desde su prensa acusaba a unos y otros haciendo todavía más
turbio el panorama.
Desde EE UU Most y Freiheit trataron de salir al paso de todas las calumnias
y procuraron explicar las circunstancias que habían conducido a todo
esto. Pero el movimiento radical en Londres estaba muy dañado y nada
pudo hacerse para evitar su práctica desaparición con el alejamiento
de innumerables compañeros del que fue, y a ello contribuyó
en gran medida Most en su etapa inglesa, un movimiento radical activo y numeroso.
Neve, tras siete meses de prisión preventiva fue sometido a un juicio,
que tuvo lugar bajo la exclusión más estricta de publicidad,
el 3 de octubre de 1887 en Leipzig. Fue condenado a 15 años de cárcel
que cumplió en la prisión de Halle en un régimen de aislamiento
y en la de Moabitt en Berlín donde murió, tras haber sido trasladado
hacía poco por haber perdido la razón debido a las condiciones
de su encierro.
La noticia de su fallecimiento contribuyó a exasperar las rencillas,
con acusaciones de culpabilidad entre las dos facciones. Most no las evitó
y desde EE UU en las páginas de Freiheit explota la polémica
con el grupo Autonomie, a lo que contribuye que el periódico de éste
vaya desplazando a la Freiheit en su difusión en Europa, debido más
a la dificultad geográfica para llegar desde América que a la
superioridad doctrinal o periodística de Die Autonomie.
Las continuas migraciones de refugiados alemanes desde Inglaterra a EE UU
llevaban consigo los enfrentamientos personales que arrastraban, con lo que
el ambiente en Nueva York se enrareció todavía más y
se crearon grupos opuestos a Most y a Freiheit y la labor propagandística
se dificultó en gran medida.
Los sucesos de Chicago
Mientras Most estuvo en la cárcel tuvo lugar en Chicago el juicio a
los anarquistas por los sucesos de Haymarket, por lo tanto apenas pudo participar
en la campaña por la revisión del proceso y la liberación
de los acusados. Estos compañeros fueron finalmente ejecutados el 11
de noviembre de 1887.
El día 12 se celebraba en Nueva York el mitin semanal de propaganda
de la AIT, en el curso del cual tomó la palabra Most y se pronunció
sobre los tristes acontecimientos de Chicago. Acusó a policías,
testigos, periodistas, jueces y al gobernador de la terrible injusticia que
había tenido lugar. Al siguiente día el periódico World
publico una noticia sobre este discurso lleno de mentiras y tergiversaciones.
Este reportaje hizo que las autoridades tomaran nota del asunto y lo aprovecharan
para actuar una vez más contra Most. Mediante el falso testimonio de
dos policías que decían haber asistido al mitin, consiguieron
que un jurado promoviera una acusación y ordenara su arresto.
El 17 de noviembre compareció ante el tribunal que le puso en libertad
bajo fianza a la espera del juicio que tuvo lugar el día 22.
El 29 de noviembre fue declarado culpable y enviado a la penitenciaria de
Tombs hasta que se dictara sentencia. Desde allí pudo enviar un escrito
para su publicación en Freiheit donde contaba su arresto y la farsa
del juicio.
El 8 de diciembre de 1887 fue condenado a un año, esta sentencia fue
apelada y nuevamente quedó en libertad bajo fianza hasta que el 18
de junio de 1891 el Tribunal de Apelación confirmó la sentencia
y fue encerrado.
Durante el tiempo que estuvo libre, le fueron puestas todo tipo de dificultades
para poder desarrollar su labor propagandística, llegando las autoridades
hasta prohibir a los propietarios de locales su alquiler a Most para actos
públicos, los propietarios se arriesgaban a perder la licencia de explotación
y a sufrir fuertes multas. Mediante agentes provocadores trataron de comprometer
a Most en planes violentos para de esta forma poderlo acusar de delitos graves
y condenarlo a penas mayores que al fin lo mantendrían en prisión
durante mucho tiempo. Este fue un tiempo de zozobras y dificultades y en un
momento delicado cuando el movimiento revolucionario necesitaba de un compromiso
firme de todos sus militantes para vencer todas las desviaciones que se le
planteaban.
Pese a todo no se detuvo la labor propagandística y además de
la Freiheit publicaba una "Biblioteca Internacional" con un título
cada mes, la mayoría de su propia pluma, que incluían además
canciones y poesías revolucionarias.
Sin embargo, Most llegó a la conclusión de que a pesar del dinamismo
del movimiento revolucionario y anarquista en EE UU, éste estaba constituido
mayoritariamente por inmigrantes alemanes y desarrollado en idioma alemán;
se necesitaba que su "centro de gravedad" descansara en la población
de habla inglesa, inmensa mayoría en el país, si se pretendía
el éxito de la Idea.
Como se ha dicho, en junio, Most es encarcelado otra vez en Blackwell`s Island.
Mientra tanto el compañero Kramer se ocupaba de la edición de
Freiheit.
Most recobró la libertad el 20 de abril de 1892 y de nuevo fue homenajeado
por gran número de compañeros en el gran salón del Cooper
Institute.
Mientras estuvo en prisión, las filas de las secciones sindicales habían
sufrido una disminución de los militantes más revolucionarios
y los sindicatos habían adoptado actitudes más conservadoras.
Los compañeros más activos y que aún militaban se dirigieron
a Most para pedir su colaboración para la realización de un
nuevo periódico con contenidos revolucionarios y que sirviese como
referente en los medios sindicales. Se decidió editar un diario anarquista
junto al que aparecería Freiheit como suplemento semanal. Para ello
se necesitaban fondos económicos y se sacaron unos bonos de ayuda,
pero su venta no fue tan buena como se esperaba y el nuevo periódico
no pudo editarse. De todos modos, lo que se recaudó se ingresó
en las arcas de Freiheit, previo acuerdo de los compañeros que habían
aportado dinero, y sirvió como ayuda para su financiación.
Este fracaso era claramente un indicador de la decadencia del movimiento anarquista
en América. Muchos anarquistas perdieron el ánimo y se retiraron
del movimiento debido a la persecución gubernamental, que llegó
al extremo de negar la nacionalidad americana y amenazar con la expulsión
del país a cualquier sospechoso de anarquista. Most vio negada la obtención
de la nacionalidad largamente solicitada y siempre vivió con la amenaza
de su expatriación.
Berkman
Otro factor importante de esta decadencia fueron los constantes conflictos
entre las facciones, sobre todo entre los partidarios de Freiheit y el club
Autonomie de Nueva York. La aparición de Peukert en América
agudizó aún más el enfrentamiento.
En julio de 1892 estalló una huelga en las Fundiciones Carnagie en
Homestead, población de 12.000 habitantes, la mayoría obreros
de la factoría. El conflicto se produce por la reducción brutal
de los salarios; hubo respuesta obrera y ante esto el propietario Carnagie
decidió nombrar a su socio H. C. Frick como su representante con la
misión de acabar con el conflicto a cualquier precio.
Frick decreta el lock out de la fábricay además ordena el desalojo
de los huelguistas de sus domicilios, todos propiedad de la empresa. Contrata
guardas privados de la infame Compañía Pinkerton para proteger
las instalaciones y amedrentar a los obreros; se producen enfrentamientos
con muertos y heridos.
Los huelguistas no se rinden y Frick pide ayuda al Gobierno, que envía
al Ejército, y tras días de resistencia la huelga será
vencida.
Ocurrió un hecho que conmovió a la opinión pública:
dos días después de la aparición de las tropas, un joven
anarquista, Alexander Berkman, consiguió colarse en el despacho de
Frick y atentó contra su vida. Fracasó y Frick sufrió
solo heridas leves.
Inmediatamente la prensa se hizo eco del suceso, y junto con el Gobierno trataron
de encontrar una conspiración anarquista acusando a Most como instigador
del atentado. Gracias a la firme resistencia de Berkman, que asumió
su acción, sin ningún otro cómplice, nadie más
fue imputado.
Para el movimiento anarquista este atentado tuvo penosas consecuencias: Most
en una asamblea de la AIT condenó la acción, objetando que por
la debilidad numérica del anarquismo y por la incomprensión
doctrinal de los obreros americanos, este hecho había sido contraproducente
para el movimiento. Esta opinión quedó luego reflejada en Freiheit
el 27 de agosto en el artículo "Reflexión sobre el atentado",
que levantó una gran controversia. En el escrito trataba de demostrar
que un acto individual de "propaganda por el hecho" no tiene bondad
ni provecho por sí mismo, sino únicamente cuando es comprendido
plenamente por las masas. En este caso, él creía que la inmensa
mayoría de los obreros americanos desconocían la propaganda
anarquista y de esta manera no comprendían este tipo de acciones y,
por el contrario, se les ponía en contra del movimiento.
Dentro de las filas anarquistas, estas reflexiones crearon una gran polémica
y todavía más viniendo de Most y desde Freiheit, cuando sus
opiniones hasta entonces eran claramente comprensivas y aun favorables a estas
tácticas. Era también conocido que las relaciones personales
entre Most y Berkman no era cordiales. Berkman había estado en el círculo
próximo a Most, pero luego, y en compañía de Emma Goldman,
empezaron a asistir las reuniones del grupo Autonomie de Nueva York y esto
condujo al distanciamiento entre ellos. Se podía pensar que la actitud
de Most iba más allá de diferencias objetivas de oportunidad
táctica.
Emma Goldman desde el periódico autonomista Anarchy contesto vehementemente
a Most y no satisfecha con esta réplica, llegó a golpear a Most
en un acto público.
Berkman fue condenado a 22 años de prisión.
Most desde Freiheit, olvidando sus diferencias, mostró su solidaridad
con el condenado y a la vez denunció la monstruosidad de la sentencia.
El año que siguió a la acción de Berkman fue un período
de continua persecución a los anarquistas en EE UU. El Gobierno anulaba
derechos constitucionales, y las leyes eran modificadas para obtener unas
condenas más severas para los acusados de pertenecer al movimiento
anarquista. Los grupos de afinidad habían perdido sus lazos federativos
y actuaban sin ninguna cohesión orgánica. Para algún
grupo esto llegó a constituir una ventaja, ya que esta situación
de inorganicidad servía para distinguir al nuevo movimiento y se era
más consecuente con las doctrinas que consideraban cualquier tipo de
organización una desviación ideológica.
La situación de la AIT era igualmente desalentadora, estaba muy reducida
en cuanto al número de militantes y reducida a grupos de inmigrantes
alemanes y judíos, todos ellos agrupados alrededor de la Freiheit.
En esta situación, lo que sufrió en mayor medida fue la propaganda
en lengua inglesa, ya que el abandono de compañeros que tenían
este idioma como lengua materna constituyó una pérdida importantísima
para el movimiento.
A nivel estrictamente personal hay que constatar que en 1893 Most se unió
como pareja a Helen Minkin.
Con la decadencia del movimiento anarquista en EE UU, la financiación
de Freiheit se hizo muy difícil y su futuro se veía complicado.
Para tratar de remedirlo a Most se le ocurrió la idea de fundar un
"teatro libre" y con sus representaciones conseguir fondos para
financiar el periódico. La primera obra que se representó fue
Los tejedores de Hauptman, obra que Most produce y dirige además de
actuar en ella. Esta iniciativa aunque tuvo éxito al principio, se
tuvo que abandonar por no resultar rentable.
Most desde EE UU seguía el desarrollo del movimiento anarquista en
Alemania y desde Freiheit se estimulaba su acción a la vez se aconsejaba
su acercamiento al mundo obrero.
El 26 de junio de 1893 el gobernador de Illinois, Altgeld, concedió
la libertad a Schwab, Fielden y Nebe, los tres anarquistas condenados a prisión
en el proceso por los sucesos de Haymarket y que había llevado a la
horca a sus compañeros. Esta circunstancia dio a Most la oportunidad
de viajar a Chicago y el 24 de noviembre del año siguiente habló
en el aniversario de las ejecuciones ante la tumba de los compañeros
en el cementerio de Waldheim.
Apuros económicos
Las dificultades para la Freiheit eran cada día mayores; para conseguir
apoyos, Most realizó una gira de propaganda por todo el país
con el fin de conseguir ayudas y suscriptores. Las finanzas llegaron a un
punto que el 23 de mayo de 1896 Freiheit apareció con solo dos páginas
y realizando un angustioso llamamiento de ayuda a los lectores. Incansable,
Most siguió editando el periódico quitándose hasta la
comida para evitar su desaparición.
En el verano de 1897 se vio una posible solución a esta situación
de perpetua penuria; compañeros de Buffalo le hicieron la oferta de
trasladarse a esa ciudad y editar un periódico, el Buffaloer Arbeiterzeitung.
Most aceptó con la condición de que apareciese Freiheit como
suplemento semanal.
El 18 de septiembre de 1897 salió el primer número de Freiheit
en Buffalo.
Lamentablemente y una vez más esta aventura no tuvo mucha continuidad,
problemas de todo tipo hicieron imposible esta colaboración, se añadía
que la vida en Buffalo era insufrible para Most, a pesar de que la visita
de amigos, como la que le hizo Kropotkin, le salvaba momentáneamente
del tedio.
El 6 de agosto de 1899 reapareció Freiheit en Nueva York. Parecía
que las cosas mejoraban y así en diciembre se pudo celebrar el vigésimo
aniversario del periódico.
Algunas personas han reprochado a Most su falta de interés en el movimiento
sindical, esto es falso, como hemos visto, en sus escritos y en sus mítines
siempre se preocupó del mismo y se manifestó a favor de la implicación
de los anarquistas en los sindicatos. Es cierto que abominaba de los planteamientos
de los sindicatos americanos de la época, que solo servían como
correa de transmisión de intenciones políticas y cuyas máximas
aspiraciones eran unas reivindicaciones locales y reducidas a mínimas
mejoras sin plantearse jamás la revolución social.
Por todo esto, Most saludó con entusiasmo las aspiraciones del sindicalismo
revolucionario que se estaba desarrollando en Francia y que se plasmó
en los congresos de Limoges (1895) y Tours (1896). También apoyó
la constitución en 1905 del sindicato Industrial Workers of the World
(IWW) en EE UU que tuvo lugar después del Congreso de Chicago y que
adoptó las tesis del sindicalismo revolucionario.
En marzo de 1901 Piotr Kropotkin visitó por segunda vez EE UU, esta
vez invitado para dar una serie de conferencias sobre literatura rusa. Aprovechó
la ocasión para intervenir en mítines anarquistas y será
entrevistado por Most para la Freiheit, apareciendo la entrevista en el número
del 13 de abril.
El 6 de septiembre de 1901 Leon Czolgoez atentó y mató al presidente
de EE UU McKinley en Buffalo.
La prensa acusó al movimiento anarquista y en particular a Emma Goldman
y a los editores de la Free Society de Chicago de este hecho, ya que habían
tenido relación con Czolgoez en esa ciudad
A pesar de los esfuerzos policiales para incriminarlos, no pudieron obtener
ninguna prueba de complicidad y, además, Czolgoez hasta el día
de su ejecución mantuvo con firmeza su única responsabilidad
en el atentado.
Para Most la muerte de McKinley tuvo consecuencias negativas. Sucedió
que Most había publicado en Freiheit un artículo del revolucionario
alemán Karl Heinzen, "Muerte por muerte", escrito en 1848
y sin que Most pudiera sospechar nada del atentado que iba a ocurrir. De todos
modos, la policía pretendió establecer una relación entre
él y Czolgoez. Most fue arrestado y el número de Freiheit secuestrado.
Se le dejó en libertad en espera del juicio, pero en este intervalo
se le detuvo de nuevo durante el desarrollo de un acto anarquista en Long
Island.
El 25 de septiembre es juzgado y condenado a un año por "incitación
al asesinato".
Se recurrió la sentencia y quedó en libertad bajo fianza, que
fue pagada por compañeros y amigos.
Últimos años
Ni encontrándose en esta situación tan delicada, dejó
de publicar la Freiheit y en sus páginas hace frente a todas las calumnias
que se lanzan contra los anarquistas, condena los intentos legislativos para
limitar y hasta hacer desaparecer el derecho de expresión de las personas
contrarias al orden establecido.
Tuvo tiempo de publicar un folleto titulado Abajo con los anarquistas, que
contenía una colección de fragmentos de las obras y discursos
de los anarquistas más conocidos, con la finalidad de que se conozcan
fielmente y sin prejuicios los fundamentos del ideario anárquico y
también se denuncian las infamias y calumnias que desde la prensa y
el Gobierno se vierten sobre los libertarios. Como preámbulo aparece
el pasaje de la Declaración de independencia americana, que reconoce
el derecho de los ciudadanos a la insurrección contra el Gobierno que
trate de oprimir las libertades del pueblo.
Este escrito tuvo una buena circulación y se agotó por completo
en pocas fechas.
En la primavera de 1902 Most editó el primer tomo de sus memorias;
esta obra no la llegó a completar y el proyecto de su autobiografía
quedó inconclusa ya que murió antes de finalizarla.
La Corte de Apelación desestimó el recurso de Most y ratificó
la condena. El 20 de junio de 1902 ingresa en la prisión de Blackwell`s
Island por tercera vez.
Estuvo preso hasta el 11 de abril de 1903 y de nuevo una gran multitud lo
recibe en un gran acto de bienvenida.
El 25 de enero de 1904 se celebró el vigésimo quinto aniversario
de Freiheit. Tuvo lugar un acto de homenaje en el Bronx Casino de Nueva York.
Fue un merecido tributo al periódico, pues de toda la prensa revolucionaria
quizá no haya existido ninguno que llegase a ser tan odiado y perseguido
y sin embargo siguió publicándose gracias al espíritu
de sacrificio del editor y del pequeño grupo de colaboradores.
Con motivo de este aniversario, se publicó un número especial
con 28 páginas que contó con numerosas colaboraciones, también
se incluyó una historia resumida del periódico y se incluyeron
diversos poemas. Most escribió un artículo de introducción
"Pro domo" que es un ejemplo por su belleza para cualquier periodista.
Durante este largo tiempo, Freiheit había servido como estímulo
rebelde para los oprimidos, también como vehículo para la mejora
cultural y moral de los lectores, como libro de historia de los movimientos
sociales y como tribuna literaria.
A partir de esta fecha y con el entusiasmo de la celebración, pareció
que el periódico iba a poder superar los graves problemas financieros
que arrastraba, se aumentaron las ayudas y también el número
de lectores y suscriptores. Pronto volvieron las dificultades de siempre y
otra vez se disminuyeron el número de hojas, solamente cuatro por cada
número, para ahorrar gastos.
Para los primero meses de 1906 tenia concertada Most una gran gira de propaganda
por la práctica totalidad de los EE UU. A principios de febrero la
inició y se estaba desarrollando con total éxito y sin sobresaltos.
En la ciudad de Pittsburgh se desarrolló el acto bajo una fuerte lluvia
y sumado a la fría temperatura hizo que cogiera un fuerte catarro.
Siguió con el viaje sin suspender ningún acto programado. Al
llegar a Cinncinati tuvo un ataque de fiebre con fuertes temblores y se retiró
a la casa de su amigo Krause, donde esperaba reponerse.
En unos pocos días la situación del enfermo empeoró y
se le declaró una erisipela con alta fiebre y delirios que se iban
haciendo más frecuentes y prolongados. El desenlace fatal no tardó
en producirse y Most muere en esa casa el 17 de marzo de 1906.
La noticia de su fallecimiento recorrió todo EE UU y casi todos los
periódicos publicaron la necrológica, pese a todo, algunos de
ellos no perdieron la ocasión de injuriarlo por última vez.
La prensa socialista recogió también la noticia y publicaron
sentidos editoriales tanto en América como en Europa, excepto los periódicos
social-demócratas alemanes, que lo mismo que sus parlamentarios en
el Reichstag si lo recordaron fue para denigrarlo.
La Freiheit del día 31de marzo apareció en un formato doble
y dedicada exclusivamente a la memoria de su fundador y redactor.
La primera idea de sus compañeros fue el traslado del cadáver
a Nueva York y homenajearlo en esa ciudad. Las autoridades, temerosas de las
seguras demostraciones populares que se producirían y amparándose
en el peligro de contagio que pudiera conllevar el traslado del cuerpo, lo
prohibieron y se ordenó su incineración el día 20 de
marzo. De todos modos no pudieron impedir un acto de homenaje al que asistió
un numerosísimo público, donde hubo discursos, canciones revolucionarias
y sobre todo mucho sentimiento. En casi todas las ciudades del país
tuvieron lugar actos similares quedando patente el afecto popular hacia Most
y su obra. El homenaje más multitudinario se desarrolló en Nueva
York el 1 de abril, con el acto conmemorativo que tuvo lugar en el Grand Central
Palace, donde intervinieron muchos de sus amigos y compañeros, entre
otros tomaron la palabra Lucy Parson, viuda de uno de los anarquistas ahorcados
en Chicago, Max Baginski, Emma Goldman, desde hacía tiempo reconciliada
con él, y el español Pedro Esteve, que realizaba un gran labor
en los medios anarquistas de lengua española en EE UU.
Entonces surgió el dilema de si la Freiheit debería seguir apareciendo
o no. Hubo discrepancias, según unos era un deber moral y revolucionario
su continuación, y otros eran de la opinión de que con la muerte
de Most se cerraba el capítulo de la Freiheit y que las ideas debían
ser difundidas en otra publicación de otro nombre.
El 28 de abril de 1906 se celebró una asamblea y prosperó la
idea de la continuación de su publicación. Con la dirección
de Baginski y la colaboración activa de los compañeros, la Freiheit
pudo aparecer todas las semanas hasta que la situación financiera se
hizo crítica y ya desde el 4 de enero de 1908 solo se pudo publicar
quincenalmente. A finales de ese año la Freiheit desapareció
definitivamente.
"De todos los animales de presa el hombre es, sin lugar a dudas, el
peor". Esta expresión, muy conocida en la actualidad, sólo
es relativamente cierta. El hombre en relación con la riqueza es un
animal de presa, mas no lo es el hombre en sí mismo. Cuanto más
rico es un hombre, más grande es su codicia. A tal monstruo le podemos
llamar la bestia de la propiedad. Es ese hombre el que dirige actualmente
el mundo, el que hace miserable a la humanidad y aumenta en crueldad y en
voracidad con el progreso de nuestra supuesta "civilización".
A ese hombre vamos a definir ahora y vamos a preconizar su exterminación.
¡Mirad a vuestro alrededor! En todos los países llamados "civilizados",
de cada 100 hombres 95 se encuentran desposeídos de todo, mientras
que los cinco restantes son ricos.
No es necesario reconstituir todos los caminos que éstos tomaron para
ganar sus bienes. El solo hecho de poseer todo, mientras que otros viven o
más bien subsisten, evidencia claramente que se enriquecieron a expensas
de la mayoría.
Esta horda ha tomado, en el transcurso de la historia, posesión de
la tierra como de todas las riquezas a través de la fuerza bruta y
directa, del engaño o del fraude. La ley de herencia, el derecho de
sucesión y de cambio de manos le confieren a este robo una coloración
"venerable" y, consecuentemente, han mistificado y borrado el verdadero
carácter de esos actos. Por ello, la bestia de la Propiedad no es plenamente
reconocida por lo que es sino, por el contrario, adorada con un respeto temeroso.
Además, todos aquellos que no pertenecen a su clase son sus víctimas.
Cuando el niño de todo aquel que en este mundo no posee nada (un hombre
pobre) llega al mundo, encuentra cada esquina y rincón de la tierra
ocupados. Todo tiene "su señor". Sin trabajo nada puede producirse
y para poder trabajar es necesario no solamente la habilidad y la voluntad,
sino también un lugar, herramientas, materias primas y medios de subsistencia.
Por ello, el hombre pobre tiene, por fuerza de necesidad, que someterse a
aquellos que poseen estas cosas en abundancia. Y ¡vean ustedes!, los
ricos le darán el permiso de seguir existiendo. A cambio de ello, el
hombre pobre tiene que verse despojado de su habilidad y de su fuerza. De
ahora en adelante estas cualidades estarán a disposición de
sus pretendidos "salvadores", que lo someterán bajo el yugo
del trabajo, exigiéndole el más alto grado de sus facultades
mentales y físicas para producir nuevos tesoros, que de todas maneras,
no podrá poseer. ¿Deseará reflexionar un tiempo con respecto
a un contrato tan desigual? Los ruidos de su estómago le convencerán
rápidamente de la urgencia y le recordarán que hay millones
de seres que se encuentran en la misma situación y que el riesgo de
que centenas de otros hombres pobres se presenten en su lugar, mientras él
piensa, es grande; así su oportunidad se le escapará entre los
dedos y se encontrará de nuevo a la merced de los vientos.
El látigo del hambre obliga al hombre pobre a someterse. Para poder
vivir tiene que venderse -venderse "voluntariamente"- cada día,
cada hora, a la bestia de la propiedad.
Antaño, cuando la clase "dominante" cazaba esclavos, sujetando
a sus víctimas con hierros y forzándolos a trabajar para su
beneficio personal (en los tiempos en los que los ladrones cristiano-germanos
robaban países enteros, privando a sus habitantes del suelo, y sometiéndolos
a un sistema feudal) la época era ya terrible. Pero el orden público
contemporáneo, el sistema actual, ha alcanzado la cumbre de la infamia:
ha desposeído a más de las nueve décimas partes de la
humanidad de sus medios de existencia, los ha reducido a la dependencia de
una insignificante minoría y los ha condenado al autosacrificio. Al
mismo tiempo, este sistema ha disfrazado esta relación con diversos
pases de prestidigitación de manera que los esclavos de hoy, los esclavos
asalariados, sólo se reconocen parcialmente en su servitud y en su
puesta fuera de la ley, y atribuyen todo eso a los caprichos de la suerte.
El único propósito de la clase dominante es el de perpetuar
este estado de cosas. La burguesía, aunque raramente unida -algunos
buscan ganar ventajas sobre los otros a través de las astucias del
mercado, la estafa, la especulación y otras maniobras de la competencia-
frente al proletariado se enlaza en una sólida falange. Su ideal político
es, por lo tanto, a pesar de todas sus frases liberales, el establecimiento
de un gobierno poderoso, el más centralizado y brutal posible.
Si el hombre pobre se encuentra momentáneamente incapaz de venderse
a un explotador del trabajo, o se encuentra ya reducido a la impotencia por
la bestia de la propiedad, y recurre a la mendicidad, el burgués satisfecho
se indigna contra este "vagabundo" y recurre a la policía,
demandando la picota y la prisión para el pobre diablo que rechazó
morir de hambre en medio de una montaña de comida.
Cuando el desocupado opta por la tan cacareada autoasistencia, es decir, cuando
hace en pequeña escala lo que el rico hace impunemente a lo grande,
robar para vivir, la burguesía amontonará los carbones ardientes
de "la indignación moral" sobre su cabeza para luego, con
un rostro austero, entregarlo implacablemente al Estado, a las prisiones en
donde se le trasquilará de la manera más eficaz, es decir, la
más barata.
Cuando los trabajadores se asocian para obtener mejores salarios, reducción
de horas de trabajo u otras ventajas de este sistema, los opulentos ponen
el grito en el cielo hablando de "conspiración" y exigen
que sea contrarrestada.
Cuando los trabajadores se organizan políticamente, se denuncia esta
resistencia al "orden divino" y se exige que sea invalidada por
las leyes de excepción o de discriminación.
Si finalmente los trabajadores se preparan para la rebelión, "los
tigres de oro" profieren un tal grito de rabia que se escuchará
en todo el mundo; su fanatismo por las masacres y su sed de sangre son insaciables.
La vida del hombre pobre no tiene valor para el rico. Éste, en tanto
que propietario del buque, pondrá en peligro la vida de toda la tripulación
cuando su objetivo sea obtener fraudulentamente un elevado seguro sobre la
base de un buque a la deriva y arruinado. La mala ventilación, la profundidad
de las excavaciones, los soportes defectuosos, etc., provocan cada año
la muerte de miles de mineros, pero así se economizan gastos; por lo
tanto se aumentan beneficios y los propietarios de la mina no tienen ninguna
razón de considerarse desgraciados. El pachá de la industria
tampoco se preocupa de si sus obreros son desmenuzados por las máquinas,
envenenados por los productos químicos o sofocados por la suciedad
y el polvo. ¡El beneficio ante todo!
Las mujeres cuestan menos que los hombres: los vampiros capitalistas buscan
su sangre con una insaciable rapacidad; además la mano de obra femenina
les procura prostitutas a bajo precio.
La carne infantil es la menos cara de todas: ¿por qué nos sorprendemos
cuando los caníbales de la sociedad moderna se deleitan de sus juveniles
víctimas? ¿Qué les puede importar la ruina física
y mental de los niños pobres de por vida; que miles de ellos, miserables,
y habiendo llegado al límite de su fuerza en su tierna edad fallezcan?
Los stocks aumentan, eso les alegra.
Como la burguesía, gracias a sus capitales, monopoliza completamente
todas las invenciones, la introducción de cada máquina nueva,
en vez de reducir las horas de trabajo y aumentar la prosperidad y el bienestar
de todos, engendra, por el contrario, despidos para algunos, reducciones de
salarios para otros, así como un aumento y una intensificación
de la miseria para todo el proletariado.
Cuando un aumento de la producción va a la par con un aumento de la
pauperización de las masas, el consumo tiene que simultáneamente
decrecer, el estancamiento y la crisis tienen que sobrevenir. La concentración
de la sobreabundancia de la riqueza actual en manos de pocos engendra hambre,
tifus y otras epidemias en las masas numerosas. La injusticia, hasta la estupidez,
de lo que acabamos de afirmar es evidente. Los opulentos levantan, evidentemente,
los hombros. Esto lo seguirán haciendo hasta que una cuerda bien ajustada
por encima de sus hombros acabe definitivamente con todo ultraje.
Al trabajador no se le engaña únicamente de múltiples
formas como productor, sino también como consumidor. Innumerables parásitos
lo acosan para desposeerlo de su miserable salario.
Los productos llegan tras haber pasado por múltiples manos, tras haber
sido almacenados en diferentes ocasiones, haber aumentado su precio suficientemente
para contener el beneficio del intermediario, de los agentes de cambio, las
tasas y derechos de aduana, finalmente a las manos de los minoristas cuya
clientela está compuesta casi exclusivamente de proletarios. Los mayoristas
"hacen" (es decir, se meten fraudulentamente en el bolsillo) de
un 10 a un 20 por 100 de beneficios gracias a esas transacciones; el minorista
exige un beneficio del 100 por 100 y para obtenerlo es capaz de recurrir a
toda clase de manipulaciones y no tiene reparos en adulterar los alimentos.
Estos ladrones mantienen relaciones directas con los que envenenan y falsifican
la cerveza, el vino, el licor, etc., aquellos que por su infame tráfico
hacen peligrosas nuestras calles y nuestros centros industriales. Luego tenemos
a los propietarios de los inmuebles que buscan incesantemente envenenar la
existencia del pobre. Las condiciones de vivienda son cada vez peores, los
alquileres aumentan y los contratos son cada vez más humillantes. Los
obreros viven amontonados en los patios, en los desvanes y en los sótanos
llenos de parásitos, humedad y moho; las cárceles son generalmente
mejores para la salud que estos huecos para ratas.
Cuando el obrero no tiene trabajo, se encuentra de nuevo a la merced de una
horda de especuladores del hambre dispuestos a saltarle por encima para completar
su ruina. Los usureros, y otros prestamistas de la misma calaña, le
adelantan pequeñas sumas de dinero a una tasa de interés elevada,
a cambio de los haberes que aún le quedan al pobre. Los contratos están
tan bien construidos que es casi imposible respetarlos: los objetos desposeídos
como prenda son confiscados y el pobre arruinado se hunde en la miseria más
completa. Los estranguladores, por el contrario, amasan su fortuna en poco
tiempo. El mendigo es considerado por alguno de esos tiburones como un buen
pagador. Cada centavo provoca la codicia del propietario de las pocilgas y
otros antros innobles. Hasta los ladrones son objeto de esta expoliación
capitalista, se les transforma en esclavos de astutos encubridores y de alcahuetes
que compran las mercancías robadas a cambio de migajas. Sí,
hasta a esas mujeres sin fortuna, que el execrable sistema actual conduce
a la prostitución, los propietarios de los burdeles y de las "casas
de mal vivir" las estafan sin vergüenza alguna. Esta es la expoliación
del pobre, desde la cuna hasta la tumba; cuando produce o consume está
rodeado siempre de vampiros feroces, sedientos hasta de su última gota
de sangre. Del otro lado está el hombre rico que, a pesar de su incapacidad
de justificar su avidez, no para su trabajo de explotación. El que
posee 3.000.000 de dólares quisiera tener 10.000.000, el que tiene
100.000.000 quisiera 1.000.000.000.
La sed de riqueza y la sed de poder son gemelas. La riqueza no genera únicamente
más riqueza, sino que da luz también al poder político.
Bajo el sistema capitalista actual la venalidad es un vicio generalizado.
La regla se resume al precio que hay que pagar para comprar a aquellos que,
a través de sus discursos o su silencio, por la pluma o por los medios
de comunicación, por sus actos de violencia o todo otro medio, se ponen
al servicio de la "bestia de la propiedad", que por sus dictámenes
en oro sigue siendo el poder absoluto, la verdadera divinidad.
En Europa y en América, varias centenas de miles de curas y otros ministros
del culto envenenan el buen sentido de las masas. Innumerables misioneros
distribuyen, casa por casa, volantes desprovistos de sentido, cometiendo todo
tipo de estragos "espirituales". En las escuelas, se hacen increíbles
esfuerzos por invalidar lo poco que la lectura, escritura y cálculo
podrían aportar de bueno. La forma estúpida en que se enseña
"la historia" suscita las tomas de posición que dividen a
las gentes y les impiden reconocer que sus opresores se han ligado desde hace
mucho tiempo contra ellos y que toda política, pasada y presente, sólo
tiene un objetivo: establecer firmemente el poder de la clase dominante y
con ello asegurar la explotación del pobre por el rico.
El comercio de los gavilanes de "lealtad y otros venenos" es dirigido
por los francotiradores de tinta de la prensa cotidiana (en su mayoría
falsificadores de la historia), por los cabrones de politicastros de diferentes
bandas, camarillas, coaliciones y organizaciones en boga, por los charlatanes
de parlamentos y sus seductoras sonrisas, promesas en los labios, traición
en el corazón, y por centenas de otros politicastros, de todos niveles
y matices de bajeza.
Escuadrones enteros de bandidos son especialmente reclutados para mistificar
la cuestión social. Los profesores de economía política,
por ejemplo, interpretan el papel de lacayos de la burguesía, exaltan
al becerro de oro como un verdadero sol de vida, usan tan "científicamente"
bien la falsificación y el engaño para llegar a demostrar que
curtir el cuero de los trabajadores es benéfico para la humanidad.
Algunos de estos charlatanes preconizan la reforma social, es decir, el viejo
método de lavar sin mojarse, por no hablar de su célebre receta
para economizar y educar.
Sin dejar de embaucar a las masas, los caballeros capitalistas del pillaje
perfeccionan sus mecanismos de poder; crean nuevas funciones y los puestos
de dirección son otorgados, en Europa, a los descendientes de los antiguos
bandidos (hoy "aristócratas") y en América a los postulantes
más astutos y a los más descarados ladrones que combinan con
su objetivo original de amordazamiento definitivo del proletariado sus agradables
negocios de falsificación y el robo a gran escala. A lo que dirigen
ejércitos de soldados, de policías, de espías, de jueces,
de funcionarios de prisiones, de recaudadores de impuestos, de albaceas testamentarios,
etc. Los ejecutantes de estas tareas degradantes se reclutan casi exclusivamente
en los rangos de los no poseedores y son raramente bien pagados, a pesar de
la energía que despliegan para ser los espías, las orejas indiscretas
y husmeadoras, las garras, los dientes y las ventosas del Estado. Este último
no es más que la organización política de la horda de
estafadores y de expoliadores que, sin la maquinaria tiránica, no podría
sobrevivir un solo día frente a la justa cólera y condenación
de los oprimidos y los desposeídos.
Este sistema ha alcanzado naturalmente su punto culminante en casi todas las
antiguas naciones. El aparato disciplinario del Estado se concentra en el
poder monárquico, sus representantes, "por la gracia de Dios",
representan, como se debe, la quintaesencia de la infamia. En ellos, el vicio
y el crimen, común a toda la clase dirigente, se desarrolla a un grado
monstruoso. El asesinato sistemático (la guerra) es su ocupación
preferida; cuando roban, y lo hacen frecuentemente, roban siempre a comarcas
enteras y a centenas, léase miles de millones de gentes. Encienden
colosales fogatas para iluminar sus atrocidades. Según ellos, la humanidad
existe para que ellos puedan darle patadas, abofetearla y sentarse encima
de ella. A lo más, elegirán a las mujeres y niñas más
atractivas de entre sus "sujetos" para saciar sus lujurias más
bestiales. Los otros tienen el derecho a "obedientemente" morir
como perros.
Estos asesinos coronados de Europa se embolsan, gracias al chantaje directo,
cada año 50.000.000 de dólares. El militarismo, su amada progenitura,
cuesta anualmente 1.000.000.000 de dólares, sin contar las pérdidas
en vidas humanas y en trabajo. Una suma igual a ésta es pagada como
interés de los 20.000.000.000 dólares de la deuda que el Estado
contrajo en un tiempo incomparablemente corto. La monarquía en Europa
cuesta anualmente 2.050.000.000 dólares, es decir, más de lo
que 10.000.000 de trabajadores ganan como salario en el mismo tiempo y que
permitiría vivir a 50.000.000 personas.
El lugar que ocupan los monarcas es ocupado por los monopolios en América.
Si, en estos Estados Unidos de América, pretendidamente "libres",
los monopolios continúan desarrollándose a la misma velocidad
que en este cuarto de siglo, solamente el aire y la luz del día permanecerán
libres de monopolización. Doscientos cincuenta millones de hectáreas
de tierra en los Estados Unidos, unas seis veces la superficie de Gran Bretaña
y de Irlanda, fueron divididas en una generación entre las compañías
ferroviarias y los grandes propietarios de la tierra de origen Europeo-aristócrata.
Vanderbilt atesoró, en solamente algunas décadas, 200.000.000
dólares y varias docenas de sus competidores en los dominios del robo
prometen superarlo. Se fundó San Francisco hace apenas treinta años,
¡hoy esta ciudad cobija ochenta y cinco millonarios! Toda la riqueza
de esa gran república, a pesar de que cuenta un siglo de existencia,
todas sus minas, sus yacimientos de hulla, sus pozos petrolíferos,
etc., han sido "tomados" a las gentes y se han transformado en la
propiedad de un puñado de aventureros audaces y de hábiles intrigantes.
La "soberanía del pueblo" se prosterna en el polvo bajo la
influencia de estos reyes del dinero, de estos magnates de los ferrocarriles,
de estos barones del carbón y de estos propietarios de fábricas.
Estas gentes tienen a los Estados Unidos en sus bolsillos, y lo que se alaba
como una legislación sin obstáculos y elecciones libres no es
más que pura farsa, ilusión y trampa.
Si estas son las condiciones de la selva verde ¿qué podemos
esperar del árbol viejo? Si la joven república americana, con
su territorio casi ilimitado y sus recursos naturales casi infinitos, fue
también fatalmente corrompida y arruinada en un lapso tan corto por
el sistema capitalista ¿cómo puede sorprendemos el resultado
del abuso de similar naturaleza que se perpetúa continuamente en la
servil y podrida Europa?
En este momento, parecería que la joven república americana
tiene por única y sola misión histórica la de demostramos,
de una vez por todas, a la gente de los dos lados del Atlántico, gracias
a la presentación de los hechos desnudos, tangibles e incontestables,
que la "bestia de la propiedad" es un monstruo horrible y que ni
la calidad de la tierra, ni la extensión del territorio, ni las formas
políticas de la sociedad podrán jamás alterar la perversidad
de este animal de presa. Por el contrario, los hechos prueban que cuanto menos
la codicia individual y la rapacidad tienen razón natural de existir,
más peligroso e inoportuno para la sociedad deviene ese animal. La
"bestia de la propiedad" no es voraz para satisfacer sus necesidades,
sino que ¡devora únicamente por el placer de tragar!
¡Que los que trabajan para vivir comprendan que este monstruo no puede
ser domado, ni amaestrado, ni volverse inofensivo o útil al hombre,
que sepan que la única salida posible es una implacable, despiadada
y minuciosa guerra de exterminación! Tratarlo bien no sirve para nada.
Desprecio e ironía serán los resultados a los que el proletariado
tendrá que atenerse si, gracias a las elecciones, peticiones u otras
estúpidas tentativas similares, pretende imponer el respeto a su enemigo
jurado.
Algunos afirman que la educación general traerá los cambios,
pero esta opinión común no tiene sentido. La educación
sólo será posible si se destruyen los obstáculos, lo
que no podrá darse antes de que todo el sistema actual sea destruido.
Pero no se piense que nada se puede o debe hacer por medio de la educación.
Lejos de ello. Todo aquel que reconozca la infamia de las condiciones actuales
tiene que alzar la voz para denunciarlas y, con ello, abrir los ojos de las
gentes. Para llegar a este resultado hay que evitar solamente las reflexiones
supercientíficas, dejémosle esto a los bienintencionados hombres
de ciencia que de esta manera arrancarán la máscara de humanidad
a la "mejor clase" y desvelarán el rostro repugnante del
predador. El lenguaje necesario para el proletariado tiene que ser claro y
enérgico.
Todo aquel que pronuncie discursos será acusado por la gentuza que
nos gobierna de incitación al disturbio, será amargamente odiado
y perseguido, lo que demuestra que la única educación posible
y práctica debe tener naturaleza incitativa. Por lo tanto, ¡incitemos!
Mostremos al pueblo cómo los capitalistas de la ciudad y del campo
lo desposeen de su fuerza de trabajo, cómo los propietarios, los comerciantes,
etc., le quitan su pobre salario, cómo los curas de la cátedra,
de la prensa y del partido buscan destruir su intelecto, cómo la policía
está siempre dispuesta a maltratarlo, a tiranizarlo y a llamar a la
soldadesca para derramar su sangre. ¡Que finalmente la paciencia lo
abandone! ¡El pueblo se enfrentará y aplastará a sus enemigos!
La revolución proletaria, la guerra del pobre contra el rico, es el
único camino que conduce de la opresión a la liberación.
Algunos afirmarán: ¡las revoluciones no se fabrican! Cierto,
pero pueden prepararse dirigiendo la atención de las gentes hacia la
inminencia de tales acontecimientos, llamándolas a estar preparadas
para toda eventualidad.
El desarrollo capitalista, que muchos teóricos afirman que llevará
a la extinción total de la clase media (pequeña burguesía)
antes de que las condiciones favorables de una revolución social se
encuentren al alcance de la mano, ha alcanzado un grado tal de perfeccionamiento
que todo nuevo progreso parece casi imposible. La producción universal
(en los países civilizados) sólo podrá proseguir a gran
escala, tanto en la industria como en la agricultura, cuando la sociedad se
organice sobre bases comunistas, y (lo que es una evidencia) cuando el desarrollo
de la técnica se acompañe de una reducción de horas de
trabajo y el consumo aumente con la producción.
Esto se comprende fácilmente. A través de la producción
generalizada se puede alcanzar una producción 100 veces superior a
la necesidad que los productores tienen de mercancías, de valor equivalente
y es en este nivel donde se encuentra la fricción. Hasta hace poco,
la plusvalía no ha sido objeto de mucha atención puesto que,
de una parte, este supuesto beneficio fue capitalizado, es decir utilizado
para crear nuevas empresas capitalistas, y de otra parte, porque los países
más industrializados (mejor dicho: la "bestia de la propiedad"
en esos países) exportan enormes cantidades de mercancías. Sin
embargo, ahora el proceso comienza a andar de capa caída. La industrialización
ha generado grandes progresos por todo el mundo, equilibrando cada vez más
las importaciones y las exportaciones. Por ello es cada vez menos rentable
hacer nuevas inversiones de capitales que, en esas circunstancias, sólo
podrán revelarse rápidamente infructuosas. De ello derivará
la crisis universal que hará reventar estas incongruencias flagrantes.
Por ello, todo está maduro para el comunismo. Es solamente necesario
suprimir a los enemigos empedernidos e interesados: los capitalistas y sus
instigadores. El pueblo se preparará, en el transcurso de estas crisis,
para la lucha; todo dependerá, entonces, de la presencia de un núcleo
revolucionario bien entrenado sobre todos los puntos, dispuesto a cristalizar
en torno a él a todas las masas de gentes lanzadas por la miseria y
la necesidad de trabajo hacia la rebelión, y capaz de dirigir las fuerzas
poderosas que así se constituyen hacia la destrucción de todas
las instituciones hostiles existentes.
¡Por tanto a organizar y hacer crecer en todos lados el movimiento socialista
revolucionario, antes de que sea demasiado tarde! La victoria del pueblo sobre
sus vampiros y tiranos será segura.
En lugar de desarrollar aquí un "programa", es, bajo las
siguientes condiciones, de mucha mayor importancia describir lo que el proletariado
probablemente hará de forma inmediata, después de la batalla
victoriosa para mantener su supremacía.
Al parecer, se hará lo siguiente: en cada comunidad local donde el
pueblo haya ganado una victoria, se constituirán comités revolucionarios.
Éstos ejecutarán los decretos del ejército revolucionario,
que reforzado por los obreros en armas, dominará el mundo como un nuevo
conquistador.
El anterior (presente) sistema, será abolido de la forma más
rápida y total, si quienes lo sustentan -la "bestia de la propiedad"
y su "horda de adherentes"- son aniquilados. La cuestión
es así: Si el pueblo no los aplasta, ellos aplastarán al pueblo,
ahogarán la revolución en la sangre de los mejores, y remacharán
las cadenas de la esclavitud de forma más fuerte que nunca. Matar o
ser matado son las alternativas. Por tanto las masacres de los enemigos del
pueblo serán instituidas. Todas las comunidades libres entrarán
en una alianza ofensiva y defensiva, mientras dure el combate. Las comunas
revolucionarias deberán incitar a la rebelión en los distritos
adyacentes. La guerra no podrá terminar hasta que el enemigo (la "bestia
de la propiedad") haya sido perseguido hasta en su último bastión
y haya sido totalmente destruido.
A fin de proceder cabalmente en el sentido económico, todas las tierras
y el así llamado patrimonio del Estado, con todo sobre él, así
como el Capital variable, será declarado propiedad de su comuna respectiva.
Hasta que la completa y armoniosa reorganización de la sociedad sea
efectuada, la proclamación de los siguientes principios y medidas debe
ser considerado satisfactoria.
Cualquier deuda pendiente se encuentra liquidada. Los objetos de uso personal
que hayan sido empeñados o hipotecados serán devueltos. No se
pagarán rentas. Comités por distrito, de habitación,
de carácter permanente, proveerán de techo a quienes no lo tengan
o tengan cuartos inadecuados e infectos; tras la gran limpieza ya no habrá
déficit de casas habitables.
Hasta que cada uno pueda obtener un empleo adecuado, la comuna garantizará
todas las necesidades vitales. Comités de abastecimiento regularán
la distribución de los bienes confiscados. Si hubiera falta de cualquier
cosa, que pudiera ser el caso en los artículos alimenticios, debe ser
obtenida por los agentes apropiados. Tomarla de los grandes Estados vecinos,
por columnas armadas de expropiadores, sería una de las formas más
expeditas de proveerse de ellos.
La preparación de las provisiones podría ser hecha de forma
efectiva por asociaciones obreras comunales, organizadas para tal propósito.
La organización inmediata de los trabajadores de acuerdo a las distintas
ramas productivas, y poniendo a su disposición las fábricas,
maquinarias, materias primas, etc., para la producción cooperadora,
formarán la base de la nueva sociedad.
La comuna será -al menos por un tiempo- la medidora y reguladora del
consumo. Por tanto, pactará individualmente con las asociaciones obreras,
haciéndoles avances periódicos que consistirán en vales
sobre la mercancía comunal adquirida y almacenada, dando el golpe de
gracia al viejo sistema monetario.
Buenas escuelas, jardines infantiles y otras instituciones para la educación
deben ser fundadas sin retraso. La educación de los adultos, que entonces
será posible, no debe ser negada ni retardada. La verdad y el conocimiento
serán enseñados en iglesias, en donde ya no se tolerarán
los cánticos de los curas. Todas las imprentas estarán en servicio
para editar libros, periódicos y panfletos de valor educativo por millones,
para ser distribuidos en todas partes, particularmente en las regiones no
liberadas de la servidumbre. Todos los códigos, archivos policiales
y de los tribunales, registros de hipotecas, traspasos, fianzas y todos los
otros llamados "registros de la propiedad" deben ser quemados. Estas
indicaciones sólo sirven para mostrar que el período de transición,
que generalmente espanta a aquellos que de otro modo abogarían enérgicamente
por la reorganización de la sociedad y que se les aparece demasiado
arduo y dificultoso, no sea de una naturaleza tan enervante.
Y ahora echemos un vistazo al ideal de nuestras aspiraciones.
La sociedad libre debe consistir en comunas autónomas, es decir, independientes.
Una red de federaciones, el resultado de asociaciones sociales libres, y no
de un gobierno autoritario o de ningún modo centinela, es una. Los
asuntos comunes son atendidos de acuerdo a la deliberación libre y
al juicio de los interesados de la comuna o de las asociaciones. El pueblo,
sin distinción de sexo, se encuentra frecuentemente en parques o en
salones adecuados, no para hacer leyes o atar sus propias manos, sino para
decidir caso a caso en todas las materias relativas a los asuntos públicos,
o para elegir a individuos a fin de ejecutar sus resoluciones, y para escuchar
sus informes.
La apariencia exterior de estas comunas será por completo diferente
de las actuales ciudades y pueblos. Las calles estrechas habrán desaparecido,
las casas insalubres habrán sido derribadas, y palacios espaciosos
y firmes, rodeados de parques y jardines, habrán sido erigidos en su
lugar, acomodando a asociaciones grandes o pequeñas agrupadas de acuerdo
a sus intereses afines, aumentando las comodidades a un grado en que ni el
arreglo individual ni familiar pudiere hacerlo.
En el campo, la gente se concentrará más. Una comuna agrícola,
con las conveniencias de la ciudad, tomará el lugar de múltiples
villorrios. Habrá granjas unificadoras, en lugar de como hasta ahora
han estado separadas, y la aplicación general de la agricultura y el
constante mejoramiento de los implementos agrícolas y de los fertilizantes
químicos, el creciente perfeccionamiento de los medios de comunicación
y transporte, etc., habrán simplificado este proceso de concentración.
El antiguo contraste entre campo y ciudad desaparecerá, y el principio
de la igualdad ganará uno de sus más importantes triunfos.
La propiedad privada ya no existe. Toda la riqueza pertenece al pueblo o a
las ligas comunales. Todos, en condiciones o no para trabajar, obtendrán
los artículos de primera necesidad que requieran. La suma total de
necesidades y bienes suntuarios regulará la cantidad de producción.
El tiempo de trabajo por individuo ha sido reducido a unas cuantas horas por
día, porque todos aquellos que estén en condiciones de trabajar,
sin miramientos de sexo, tomarán parte en la producción, ya
que el trabajo inútil, dañino u otro de carácter similar
ya no será hecho, y porque la técnica, la química así
como otros medios auxiliares de la producción se habrán desarrollado
gradualmente y se aplicarán universalmente. Con mucho, la mayor parte
del día podrá ser gastado en el goce de la vida.
La más grande gratificación se encontrará en la actividad
intelectual libremente elegida. Algunos utilizarán su tiempo de ocio
en ayudar a sus compañeros, y estarán ocupados en el bienestar
común. Otros lo harán en bibliotecas, donde se emplearán
en asuntos literarios, o reuniendo material para lecciones educativas, o simplemente
en estudios privados. Otros se apresurarán a asistir a los liceos,
abiertos para todos, a escuchar ciencia. Academias de pintura, escultura,
música, etc., ofrecerán oportunidades de educación a
quienes quieran seguir las bellas artes.
Amigos de la infancia, especialmente de sexo femenino, se reunirán
en los lugares de educación, donde, bajo la dirección de verdaderos
mentores de la juventud, ayudarán en la crianza y cultura de la generación
que crece.
La educación se realizará sólo en habitaciones ventiladas,
iluminadas, y durante el buen tiempo al aire libre. Y para asegurar el igual
desarrollo de la mente y el cuerpo, alegres juegos, gimnasia y trabajo se
alternarán con los estudios intelectuales.
Los teatros y auditorios ofrecerán asientos libres para todos.
Los matrimonios forzados o arreglados serán desconocidos; la humanidad
habrá vuelto al estado natural y no se constreñirá la
ley del amor.
El vicio y el crimen habrán desaparecido con sus causas originarias,
la propiedad privada y la miseria general.
Las enfermedades en gran medida habrán cesado, ya que los malos albergues,
los talleres asesinos, los alimentos y bebidas adulterados, la explotación,
se han vuelto cosas desconocidas.
El hombre por fin puede disfrutar su vida. ¡La "bestia de la propiedad"
ya no existe!
La peor de todas las enfermedades mentales que embrutecen al hombre es la
peste religiosa.
Como todo tiene su historia, esta epidemia no deja de tener la suya: solamente
tiene de particular que es muy perniciosa, aparte de lo que tiene de bufa.
El viejo Zeus y Júpiter tronante eran unos dioses muy decentes y, podemos
añadir, esclarecidos si se les compara con la ridícula Trinidad
del árbol genealógico del buen Dios, cuyos personajes no son
menos crueles, brutales y ridículos que los primeros.
Por otra parte no queremos perder el tiempo con los dioses caducados, puesto
que en la actualidad no causan perjuicio alguno, sino que sólo criticaremos
a esos charlatanes fabricadores de la tempestad y del buen tiempo, en plena
actividad actualmente, y a estos terroristas del infierno.
Los cristianos tienen una Trinidad, es decir, tres dioses; sus antecesores,
los judíos, se contentaron con uno solo. Esto aparte, los dos pueblos
constituyen una civilización muy divertida. El Antiguo y el Nuevo Testamento
son para ellos la fuente de toda sabiduría, y por eso es preciso leer
de buen o mal grado estas santas escrituras si se desea ponerlos en ridículo.
Examinemos simplemente la historia de estas divinidades y veremos, desde luego,
que suministra materiales suficientes para caracterizar al conjunto. He aquí,
pues, la cosa expuesta sucinta y brevemente.
Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. Él se encontró
desde luego en medio de la nada, lo cual debía de ser bastante triste
para que el mismísimo Dios se aburriera de tal situación. Pero
como que es una bagatela para un Dios esto de hacer los mundos de la nada,
creó el cielo y la tierra como un charlatán sacude los huevos
y las monedas en el interior de su manga. Más tarde se dedica a fabricar
el sol, la luna y las estrellas. Ciertos herejes, a los cuales se conoce por
astrónomos, han demostrado, hace ya muchísimo tiempo, que la
tierra no es ni ha sido jamás el centro del universo, que no ha podido
existir antes que el sol, alrededor del cual continuamente da vueltas. Estas
gentes han demostrado que es una gran barbaridad esto de hablar de la creación
del sol, de la luna y de las estrellas después de la tierra, como si
ella, comparada con el sol, la luna y las estrellas, fuese alguna cosa especial
y extraordinaria. Hace mucho tiempo que los niños que concurren a las
escuelas saben que el sol es un astro, que la tierra es uno de sus satélites
y que la luna, para así decirlo, no es más que un subsatélite;
saben igualmente que la tierra, en comparación con el universo, está
muy lejos de desempeñar un papel superior, antes por el contrario,
no es más que un grano de polvo en el espacio. Pero ¿es tal
vez que este Dios se dedica a la astronomía? Él hace esto y
todavía más, y se burla de la ciencia y de la lógica.
Es por esta razón por la que después de fabricar la tierra hizo
la luz y, en seguida, el sol.
Un hotentote sabe perfectamente que sin el sol la luna no puede existir; pero
Dios
por lo visto, no llega a concebir lo que sabe el hotentote.
Vayamos más al fondo de la cuestión. La creación andaba
perfectamente; pero no había todavía vida en ella y, como el
Creador deseaba divertirse, hizo al hombre. Solamente haciéndolo prescinde
de uno de los aspectos particulares de su manera de proceder. En lugar de
hacer esta creación por un simple mandato, se encuentra de sobra perplejo
y, tomando un prosaico puñado de barro, modeló al hombre a su
imagen y semejanza; luego sopló
y le dio un alma. Como que Dios
es todopoderoso, bueno, justo, en una palabra, la complacencia y amabilidad
en su esencia, vio en seguida que Adán (con ese nombre bautizó
a su escultura de barro) si estaba solo se aburriría desmesuradamente
y maldeciría su insoportable existencia; para evitarlo le fabricó
entonces una joven, una encantadora Eva.
Seguramente la experiencia le habrá demostrado que lo de fabricar muñecos
de barro era ya un trabajo muy impropio para un Dios; así pues, prescindió
del barro y e